Capítulo 10.
Enamorándonos.
Luffy y Hancock se habían quedado unos instantes completamente quietos, disfrutando de la amena sensación provocada por la unión mutua de sus manos entrelazadas, ninguno había dicho absolutamente nada. Se observaban fijamente, observando las facciones de la persona que tenían enfrente, como si estuvieran intentando memorizar cada una de sus facciones.
La mujer serpiente, ya había ansiado ir a verlo cualquiera de esos días, gracias a la información que el acosador de su primo le había proporcionado, sin embargo, no se había podido armar del valor necesario para hacerle frente aún, y sin embargo, ahí estaba, en ése instante, disfrutando de su magnífica presencia, había sido él quien dio el primer paso; Cosa que por supuesto, le alegraba de sobre manera, a decir verdad, nunca se hubiera imaginado que aquél peli negro iría a su casa a visitarla de nuevo, pensó que tal vez aquella ocasión en que la acompaño no había sido más que un simple suceso que sería borrado apenas éste cruzara la puerta de su hogar, que no habría significado nada importante, pero ahora se le había demostrado todo lo contrario.
Puede que se estuviera haciendo ilusiones de más, puede que éste simplemente haya simpatizado con ella, pero en ése momento su mente no quería pensar de manera lógica, cuando estaba con ése simpático monito, su actitud, la cual solía ser metódica por lo general, se iba a cualquier otra parte, dejando que su imaginación se fuera al país de las maravillas, pensando de manera irracional. Eso era algo que nunca antes le había pasado en todo lo que llevaba de vida, por lo que en situaciones amorosas, a pesar de tener ya 29 años de edad, parecía una adolescente enamorada, en plenos días de colegio.
Ahora que lo pensaba... ¿Cuántos años tenía ése carismático chico?, ¿Era menor de edad?, probablemente lo era, no se veía de 18 años, mucho menos mayor que eso, aunque tampoco se veía tan menor, su cuerpo por lo menos era la indicación de aquello, ya que su rostro era demasiado redondeado, con un toque un tanto infantil, y esos enormes ojos impregnados de inocencia, hacían que pareciera un niño, junto con esa personalidad infantil.
Hancock de pronto había entrado en pánico, llevo ambas manos a su rostro mientras abría los ojos cuan grandes eran y abría la boca en señal de impresión, a la vez que comenzaba a tornearse azul. De un momento a otro ya había caído al piso de rodillas, dándole la espalda al chico, mientras se mordía nerviosamente la uña de su dedo pulgar intentando poner su mente a trabajar. ¿Cuántos años se llevaban?, ¿Más de 10?, ¿Acaso eso la convertía en una asalta cunas?, ¿Qué pensarían sus hermanas de ella?, ¿La encerrarían?, eso no podía ser verdad, ella no había hecho nada malo, ¿Verdad?, sólo estaba comenzando a tener sentimientos por una persona que sólo había visto en dos ocasiones, y que casualmente era mucho menor que ella, pero no era su culpa, ¿Verdad?, había escuchado ya en varias ocasiones que para el amor no había edades y ahora más que nunca ansiaba con todas sus fuerzas que aquello fuera verdad.
- Hancock... ¿Qué pasa?, ¿Hancock? - Hablaba Luffy tratando de hacerla reaccionar.
Definitivamente, estaba completamente segura de que sus padres nunca jamás, ni en sus sueños más remotos le permitirían que se juntara con un chico que no perteneciera a la "alta", pero bueno... Eso a ella nunca le había importado, además, aunque ella no le ganara por tantos años a Luffy, de todas maneras nunca lo aceptarían, sus padres jamás aceptarían a nadie que ella escogiera. Recordó de manera fugaz, aquella ocasión en la cual quisieron obligarla a contraer matrimonio, ya habían hecho todos los preparativos necesarios, habían organizado una enorme fiesta en la mansión del mencionado, hicieron un festín con diferentes tipos de comida exótica de todo el mundo, contrataron músicos, violinistas, pianistas, entre otros. Se trataba de un gran baile que usarían para que ella conociera a su "futuro prometido", se supone que era una fiesta, para que ambos pudieran conocerse y decidir si querían compartir lazos familiares. Ése despreciable hombre, era quien por supuesto quería contraer matrimonio con ella, después de todo, como todos saben, ella es una verdadera preciosidad; Pero eso no significaba que ella estuviera de acuerdo, además más que una sugerencia, le había sido ordenado que aceptara la propuesta ya que aquél lazo le traería muchos beneficios económicos a la familia.
Por supuesto, Hancock siempre se había destacado por ser una chica "malcriada", así que a la primera oportunidad que vio, se había encargado de golpear a ése hombre, cuando quiso propasarse con ella. Por supuesto, eso había ocasionado una muy mala impresión, aquella familia la había maldecido, jurando interponerse en su camino a partir de ahora. En casa, había recibido tremenda golpiza, por parte de su padre, quien la llamaba mujer estúpida, entre otras cosas, pero bueno... Ella ya estaba demasiado acostumbrada a ése tipo de situaciones.
- ¡Hancock! - El grito del hermoso chiquillo la había traído por fin a la realidad, se levantó dándose cuenta de que había estado en ésa posición por algunos minutos y Luffy la observaba con una expresión entre preocupada y desesperada. - ¿Te sientes mal? - Aquella consideración hizo que una tierna sonrisa se formara en sus labios antes de que pudiera levantarse de nuevo.
- Sí, no te preocupes, perdón por dejarte esperando tanto tiempo. - Se sacudió levemente los restos de polvo que se le habían quedado en la ropa, antes de ordenarle al guardia que abriera las rejas para que él pasara.
Zoro se encontraba caminando con un tanto de dificultad, en todo el día había tenido a ésa mocosa con apariencia de muñeca pegada a su brazo como si se tratara de un chicle... Sí, un chicle rosado y molesto, de esos que se quedaban pegados en la suela de tu zapato y luego era un verdadero martirio poder despegar. Aquella mujer tenía las mejillas un tanto sonrosadas, se meneaba de un lado a otro dificultándole aún más el paso y se encontraba tarareando una melodía. Su voz era suave, alegre, y energética.
Al estar la mujer tan pegada a su cuerpo no podía evitar que aquél olor a fresas que impregnaba de su cuerpo, volviera a llegar a las fosas nasales del peli verde, quien odiaba admitirlo, pero aquél aroma resultaba ser demasiado refrescante y exquisito, aunque claro... Jamás lo diría en voz alta, sonaría como un verdadero pervertido. Además, la única pervertida ahí era ésa mujer acosadora, quien sin ningún pudor se había lanzado a sus labios, ¿Quién demonios se creía?, nunca le había ocurrido eso antes, obviamente no era su primer beso, pero eso no era lo que importaba.
- Oye... ¿Cuándo se supone que regresarás a tú casa?
- No hables Kumashi... No eres lindo cuando te quejas.
- ¡Cómo si me importara ser lindo!, ¡Y deja de llamarme Kumashi, mi nombre es Zoro!
- Ya lo sé Kumashi.
Una vena se formo en la cabeza del hombre, tenía tantas ganas de soltarle una serie de insultos, pero se controlaba al ser una "dama", como Sanji diría, aunque para él de dama no tenía absolutamente nada. Era molesta, habladora, maniática, insistente y todos los insultos que se le pudieran ocurrir. Lo peor es que, ahora resultaba que se había inscrito en su escuela, de manera que tendría que aprender a convivir con ella de ahora en adelante, o más bien... Tendría que aprender a soportarla, si eso no funcionaba, siempre podría regresar con su plan inicial y mandar una orden de restricción para recuperar su preciado espacio personal.
Mientras Zoro se quejaba mentalmente y la peli rosada festejaba cada momento, un auto negro se estaciono frente a ambos, el mayor obviamente tuvo un mal presentimiento ante aquello, por lo que en un movimiento inconsciente se puso frente a la chica para protegerla en caso de que algún pervertido fuera el dueño de ése auto y quisiera bajarse a hacerle daño. La mujer muñeca ante eso, desvió la mirada un tanto apenada, mientras bajaba la mirada; Y es que, el que aquél hombre se preocupara por ella la llenaba de una sensación extremadamente agradable. Sin embargo, quien había bajado del auto no era nadie más ni nada menos que Dracule Mihawk, quien veía al campeón de kendo con una mirada asesina, mientras el pobre chico se tensaba en exceso, mientras le corría un escalofrío por todo el cuerpo.
- ¿Qué haces con mi hija?
- Ah bueno yo... Ella... Ella fue la qué.
- ¿Qué haces aquí papá? - Habló Perona molesta mientras volvía a aferrarse al brazo del chico pegando sus pechos peligrosamente al hombre quien no había podido evitar que los colores se le subieran al rostro... Al igual que a Mihawk, pero a éste por la rabia.
- Vine por ti, ¡Vámonos a casa de una vez!, ¿A dónde desapareciste ésta mañana?
- Estuve en casa de mi novio Zoro.- Dijo en voz de reproche mientras le mostraba la lengua a quien la estaba "molestando".
- No...No.. ¡¿Novio?! -Exclamó el cabeza de alga más sonrojado y más asustado a la vez.
- ¿Novio?, ¿En su casa? - Susurró el hombre de ojos dorados, quien era uno de los padres más sobre protectores que podía existir en el planeta. - Tú. - Señaló a Roronoa quien dio unos pasos hacia atrás mientras tragaba saliva. - ¿Qué le hiciste a mi pequeño tesoro?, ¿Por qué estaba en tú casa?, ¡¿Acaso te atreviste a ponerle tus sucias manos encima?! - Con un aura obscura rodeando su cuerpo comenzó a desenvainar una espada, ¿Qué demonios hacía ése hombre en plena calle, con una espada de verdad?, él tenía la de Kuina perfectamente guardada en su casa, pero en ésa época no era común andar paseando una a todos lados. - Escúchame, si realmente quieres a Perona, primero tendrás que derrotarme, y dado que tuviste las agallas como para tocarla sin mi autorización, no tendrás objeción cuando tome tu cabeza como castigo.
- Yo... Yo... ¡Yo no le hice nada! - Gritó aterrado, sacando la espada de madera que usaba para entrenar, la cual se veía completamente patética frente a una espada de verdad.
- Nos besamos, ¿Y eso qué?, ¿Tienes algún problema? - Decía Perona echándole leña al fuego.
- Waaaaaaaaaaaaaa... ¡Lo siento! - Gritó Zoro echándose a correr siendo perseguido por aquél padre celoso, siendo observados por los ojos curiosos de las personas, quienes pensaban que se trataba del ensayo de alguna película de samurais, o algo por el estilo.
Luffy se encontraba bastante inquieto curioseando de un lado para otro, fascinado por la magnitud del hogar de Hancock, el cual le parecía un verdadero castillo. La mujer se encontraba en la cocina preparando un delicioso té para ofrecerle al chico, podía habérselo pedido a las chicas, pero tenía unas enormes ganas de prepararlo por sí misma.
Las sirvientas por su parte miraban la escena bastante curiosas, su ama nunca había invitado a nadie a la casa, mucho menos a un chico ya que era mundialmente conocido que ésa mujer los odiaba a todos. ¿Se trataría de una persona con buen status social de alguna familia importante?, ¿Acaso vino por negocios?, no parecía más que un mocoso ante sus ojos, además la sencilla ropa que más bien parecían harapos ante sus ojos, hacía que ésa idea les resultara imposible. Sin embargo, una de las sirvientas estaba realmente maravillada con lo que estaba observando. Se trataba de Margaret, quien parecía haber sentido un flechazo en su pecho desde el momento en que el morocho entró al lugar.
Cuando Hancock terminó de preparar el té, volvió junto a Luffy, justo a tiempo antes de que éste tirara al piso una valiosa pieza de porcelana, el menor sonrió ampliamente al momento que seguía a la mujer directo a su habitación. Ésta había ordenado a las chicas que les trajeran algunos postres para acompañar la bebida, a lo que éstas simplemente asintieron, sin atreverse a preguntar sobre el muchacho.
Subieron las escaleras, cruzando el pasillo alfombrado de rojo con tonos dorados, hasta llegar frente a una puerta doble de color hueso. Luffy la miró extrañado, ella estaba demasiado nerviosa, sus manos temblaban, haciéndole dudar si quitarle la charola con las tazas, ya que parecía que en cualquier momento podría tirarlas. Sin más abrió la puerta por ella quien lo agradeció mentalmente.
La habitación estaba completamente alfombrada del mismo color rojizo que estaba en casi toda la casa, tenía un estampado de rombos con florecillas que hacían contraste con los colores de las paredes las cuales estaban pintadas con una base de color hueso, con marcos y toques dorados. Alrededor había bastante muebles, mesitas de noche, una pequeña mesita en el centro de la habitación hecha de una de las maderas más finas, a los costados de ésta había unos cuantos cojines que a su vez funcionaban como asientos. Enfrente de ellos la habitación era completamente alumbrada por un ventanal enorme que dejaba vista al extenso jardín trasero, en donde por supuesto se hallaba la piscina, la cual estaba cubierta por las cortinas blancas como base, junto con otras del mismo color rojo con tonos dorados, las cuales se encontraban amarradas. Del lado derecho se encontraba una cama matrimonial, blanca como la nieve cubierta por tela la cual colgaba de ésta, semitransparente con puntos dorados, que la hacían ver como una cascada de estrellas. Al lado de la cama estaba la puerta que dirigía al baño privado, el cual tenía por supuesto un jacuzzy para la ocasión. Del otro lado de la habitación frente al baño se encontraba otra puerta doble del mismo material, que si la abrías llevaba a un ropero, repleto de joyas, zapatos, vestidos, faldas, y demás cosas.
Cabe mencionar que Luffy estaba completamente impresionado, tenía la mandíbula hasta el piso, amenazando con romperse. Apenas vio el ventanal, se acercó corriendo, mientras en sus ojos se formaban estrellas al ver la piscina, deseando con todas sus ganas darse un buen chapuzón, por lo que se arrepintió por no haber llevado su traje de baño. Hancock había dejado la charola con las tazas encima de la mesita, suspirando aliviada cuando ya no tuvo la presión de dejarlas caer.
Después levantó la mirada para ver como el chico ya se encontraba revisando todo el lugar, mientras seguía exclamando emocionado, cosa que provocó soltara una suave risa. Otro gritó aún más enorme se escuchó cuando entró al baño y vio el jacuzzy, ella no hizo comentario alguno. Se sentó encima del cojín sobre sus piernas, con la espalda completamente recta, como la habían acostumbrado desde niña, para tomar la taza y comenzar a soplar suavemente para enfriar el líquido, sus mejillas seguían de un suave tono rosado, mientras sus azulados ojos brillaban con intensidad, sólo de escuchar al chiquillo cerca.
Éste ya estaba dispuesto a correr hacia el otro lado de la habitación para ir a husmear ahora al lugar dónde se encontraba su ropero, sin embargo se detuvo en seco cuando vio a la mujer tomando ya su té. Ésta tenía puesto su típico vestido color morado, que dejaba al descubierto gran porción de su pierna. Ella tenía los ojos cerrados debido a que estaba saboreando la bebida, su espeso y largo cabello negro caía por su espalda como cascada, éste estaba peinado con una simple diadema que había hecho con su mismo cabello la cual parecía una corona hecha de trenzas, dejando lo demás suelto, el cual llegaba hasta el piso. Algunos cabellos rebeldes caían por su rostro, esas mejillas coloreadas, junto con aquella piel de porcelana hacía contraste con la luz que entraba de la ventana la cuál le daba de lleno, dándole una vista completamente angelical.
Sin poder evitarlo, el corazón del chico comenzó a latir desbocado, cosa que lo desconcertó de sobre manera, ya que nunca antes se había sentido de ésa manera por nadie, podía escuchar el palpitar de su alterado corazón hasta sus oídos, y sin poder evitarlo su rostro se había puesto completamente rojo hasta las orejas. Una extraña sensación había comenzado a nacer en su estomago, como si tuviera un montón de bichos corriendo por ahí, su respiración comenzó a tornarse pesada, y sentía pequeños escalofríos correr a lo largo de todo su cuerpo. Desvió la mirada un poco mientras cubría su rostro con su brazo derecho, para después volver a verla, ella ya había abierto los ojos, los cuales le habían fascinado tanto desde la primera vez que se topo con ellos encima del escenario y sin poder evitarlo, sacó su celular tomándole de manera discreta una foto, cosa que lo apeno aún más, ya que nunca había hecho eso sin el permiso previo de la persona contraria.
El sonido de un "click", hizo que la mujer serpiente volteara a ver hacia la dirección del morocho dándose cuenta de que le habían tomado una foto. Ante eso el chico se puso aún más rojo de lo que ya estaba en un principio, y en un patético intento de ocultar la evidencia, escondió el celular tras su cuerpo mientras daba unos pasos hacia atrás quedando su espalda completamente pegada a la pared. Había vuelto a desviar la mirada, mirando hacia el piso apenado, sus negros cabellos tapaban parte de su rostro.
- Lo... Lo siento... - Se disculpo en un susurro mientras ella lo veía aún más curiosa además de fascinada por la vista que se le estaba otorgando. - Es... Es sólo que te veías tan hermosa que... Quise tomarte una foto. - Continuó con su acostumbrada sinceridad, cosa que logró que ahora la que estuviera como tomate fuera otra.
- No... No importa.
Tras aquello Luffy se sentó en el cojín que quedaba frente a la mujer, en ése instante llego una de las sirvientas para dejarle los bocadillos para después salir del cuarto con la misma velocidad con la que entro, no sin antes hacer una leve reverencia. El pequeño monito comenzó a comer, más lento de lo que acostumbraba, el ambiente estaba un tanto tenso, ninguno sabía como comenzar con la conversación, a pesar de que la vez anterior todo había fluido de manera normal gracias a la naturaleza carismática del contrario, quien ahora se encontraba totalmente nervioso, lo cual resultaba bastante extraño viniendo de él, quien no podía comprender toda la serie de emociones nuevas que sentía estando junto a ella.
- Es... Es impresionante la casa que tienes. - Habló por fin el menor intentando romper el hielo, pero ésta se avergonzó un poco, ya que no estaba del todo orgullosa de su familia, y con su familia se refería a sus odiosos padres, porque a sus hermanas las amaba, también quería a la anciana Nyon, y por supuesto, aunque le costara admitirlo, le tenía aprecio a Bartolomeo. - Algún día yo conseguiré una así. - Ante aquello Hancock lo miró con ojos curiosos para que le contara más. - Ya sabes que soy músico, nos conocimos gracias a eso... Bueno, de hecho no tenemos tanto tiempo en el que comenzamos con el proyecto pero... Pero... Sin duda nos volveremos populares, nos haremos mundialmente conocidos, y entonces yo también podré comprarme una mansión, aunque no sé si sería tan lujosa como ésta, ya que parte de las ganancias las donare a la empresa de mi padre.
- ¿Empresa?, ¿Qué clase de empresa?
- Oh... Él hace caridad a los más necesitados, viaja a través del mundo ayudando a los de menos recursos, les proporciona comida, agua, se dedica a hacer campañas para que la gente done, cuando yo era pequeño solía acompañarlo mucho a todo tipo de lugares, muchas veces done mis juguetes, gracias a eso encontramos a los que son ahora mis hermanos, quienes son 3 años mayor que yo, mi padre los adopto, y aunque no estemos unidos por la sangre, yo los considero como tal.
- Vaya... - Exclamó fascinada. - Tú padre es una muy buena persona, qué lindos niños, seguro han de ser una monada.
- Sí, como me dijo siempre mi viejo, "Tú puedes brillar no importa de qué estés hecho", no espera... ¡Ésa era la frase de una película de robots o algo así!, ¿Entonces cuál era? - Luffy comenzó a soltar una lista de frases de personajes de caricatura mientras la mujer, de un momento a otro no pudo soportar más antes de echarse a reír, de manera animada, fuerte, dejando atrás lo "refinado", por primera vez se sentía tan bien al estar al lado de alguien del sexo contrario.
Con eso el ambiente de antes se recuperó por completo, ambos comenzaron a hablar de cualquier cosa trivial que les hubiera pasado en algún momento de su vida; Por ejemplo, lo que le había pasado a su amigo Zoro esa mañana junto a una pequeña acosadora de cabello rosa, relato que provocó que Hancock se tensara un poco al recordar que su primo los había estado siguiendo también por algún tiempo, aunque claro... No iba a mencionarle nunca aquello.
Ella por supuesto le comentó sobre la manera en la que luego la acosaban los hombres, cosa que molesto al muchacho sin que ésta se diera cuenta, le comentó que había sido nombrada como la mujer más hermosa del mundo, aunque ella nunca había hecho absolutamente nada como para ganarse el título. Él por su parte, le comentó acerca de aquella revista que le había "regalado" Sanji, le dijo que no se había imaginado que ella fuera popular, debido a que él no acostumbraba seguir mucho a los medios, o leer ése tipo de revistas, ya que todo su tiempo lo ocupaba la música, pero que realmente le había sorprendido verla en aquél póster, logrando que ésta se pusiera un tanto nerviosa cuando éste le comentó que había recortado sus fotos.
Cuando terminaron de tomar té, la mujer invitó al morocho a dar un paseo por el jardín mientras continuaban con la conversación a lo que éste acepto igual de emocionado por poder seguir explorando. Afuera el monito seguía contándole información acerca de los integrantes de su banda y cómo los había conocido a todos, ella ya había escuchado al menor hablar de su mejor amigo la noche anterior cuando se conocieron, pero fue agradable que éste comenzara a contarle más a fondo como lo conoció y la muy buena manera en la que se llevaban. Por supuesto, no podía faltar la extensa plática de sus amados hermanos, también les comentó como los conoció, como Dragon se había conmovido al ver como se querían, la manera tan exagerada de cómo lo protegían, y las tantas locuras que habían realizado juntos, cosa que hacía reír a la mujer, quien a turnos también le contaba anécdotas sobre sus hermanas menores, de como solían molestar a la anciana Nyon, de que sus sirvientas la idolatraban como si de una Diosa se trataba, entre otras cosas.
Entre plática y plática el tema sobre el festival musical del que Nami les había hablado ésa misma mañana, salió a flote. Él comenzó a comentarle sobre todos los detalles, invitándola a asistir, aunque claro... Por su forma de hablar, más que petición, lo decía en tono de exigencia, ya que si quería que alguien asistiera, obviamente era ella. Hancock obviamente acepto al instante, fascinada por poder escucharlo de nuevo, después de todo había quedado enamorada de su voz... Sí, solo de su voz, ¿Cierto?
Después de estar un buen rato hablando, se dieron cuenta de que el cielo ya se estaba poniendo de un tono naranja, sorprendiéndose al descubrir que habían estado así por horas, las cuales se pasaron volando al estar en compañía. El sonido del estomago de Luffy fue lo que hizo que se dieran cuenta de aquello, y antes de que alguno de los dos pudiera articular palabra, el timbre del celular del chico, el cuál tenía una canción de "Jolly Roger", comenzó a sonar. En un rápido movimiento sacó el aparato de su bolsillo trasero para después contestar con su inusual tono de voz despreocupado.
- ¡Dónde demonios te metiste maldito mocoso! - Gritaba Ace furioso, amenazando con romperle los tímpanos al pobre; Al instante el teléfono de la otra línea le fue arrebatado al pecoso y ahora era Sabo quien comenzaba a regañarle con tono de mamá asustadiza. - Luffy, ¿Estás bien?, ¿Te paso algo?, ¡Sabes que si vas a pasarte a otro lado después de la escuela tienes que avisarnos, ya no tarda en anochecer! - Al momento se empezaron a escuchar sonidos de interferencia, a la vez que los gritos de los hermanos se expandían, peleándose por recuperar el teléfono, mientras el menor tenía una expresión aburrida y una gotita de sudor caía por su nuca. - ¡Regresa de una vez, mocoso del demonio! - Gritó Ace por fin antes de que la llamada se cortara.
El pequeño mugiwara, soltó un suspiro pesado ante aquello, para después mirar nuevamente a la oji azul quien la veía un tanto divertida, ya que había comprobado a la perfección que cuando Luffy dijo que lo sobre protegían, no estaba exagerando en lo más mínimo.
- Bueno... Creo que escuchaste todo. - Río un tanto apenado. - Mmm... Supongo que ya es hora de regresar, porque sino mis hermanos me mataran de verdad.
- Sí... - Respondió bastante decepcionada mientras lo miraba con aires un tanto desanimados, lo cuál provocó que al menor se le hiciera un pequeño vuelco en el corazón.
- No te preocupes, volveré, además podremos vernos en el festival musical, y si eso no es suficiente. - Le dejó un pequeño papel en la mano, ella lo abrió lentamente viendo que estaba anotado con una letra bastante curiosa el nombre de su escuela. - Puedes venir cuando quieras, en caso de que yo no pueda venir.
- Ya veo. - Sonrió. - Y por si acaso. - Ella de pronto se echó a correr dentro de su hogar a lo cuál Luffy la miró un tanto extrañado pero esperó hasta que regresara, ésta se puso frente a él para después tomarlo de la muñeca para después voltearla, de manera que la palma de su mano quedara hacia el cielo, y destapando un plumón comenzó a escribir en ésta su número telefónico para que pudiera mandarle mensajes.
Cuando ella termino, al chiquillo se le salió una deslumbrante sonrisa y después agradeció por aquello. La oji azul a continuación lo acompaño hasta la salida, ahí se quedaron unos instantes parados mirándose mutuamente, ninguno de los dos quería separarse, pero no había nada que hacer. Al momento, el pequeño de ojos hermosos, se acordó de la despedida que tuvieron la pasada ocasión, por lo que, tras soltar una sonrisa traviesa, jaló la muñeca de la mujer para ponerla a su altura para después, en un rápido movimiento soltar un beso en la mejilla de ésta, y después marcharse tras una risita de triunfo.
Después, sin decir más que un simple "adiós", salió de la escena dejando esta vez a Hancock pasmada, ella, tras una suave sonrisa, regresó al interior de su casa con un humor completamente renovado, el cual sus hermanas notarían de inmediato pero por mucho que preguntaran jamás podrían sacarle la razón de aquella imprevista felicidad. Ella le había dicho a sus chicas que no mencionaran absolutamente nada de la visita que había recibido, a lo que éstas asintieron.
Cuando Luffy regresó por fin a casa, sus hermanos no tardaron ni una milésima de segundo en lanzársele encima, para la encuesta rutinaria, de cada ocasión en la que el mocoso no les avisaba sobre nada. Aunque tuvieron que guardarse sus regaños para otra ocasión al darse cuenta de que él no estaba reaccionando con su usual actitud caprichosa que mostraba cada que lo regañaban, lo cual era un poco... ¡Demasiado! Raro. Se separaron del chico para después comenzar a examinarlo de pies a cabeza, últimamente su hermanito se había estado comportando demasiado diferente, desde aquella vez en la que tuvo su primer concierto sentían que había algo que éste les estaba ocultando, cosa que los preocupaba ya que él siempre les contaba absolutamente todo.
Al instante notaron el número telefónico que el menor tenía pintado con marcador negro en el brazo, cosa que hizo que de inmediato su sensor de "hermanos celosos", se pusiera al 100%, en especial Ace, quien como ya habíamos mencionado anteriormente, es el más celoso y posesivo de los dos. Obviamente empezaron a interrogarlo sobre quien le había escrito eso, pero el menor simplemente había escondido su brazo tras su cuerpo mientras miraba hacia algún otro lado inflando sus cachetes para después comenzar a silbar intentando fingir que nada estaba pasando, aunque claro; Ése tipo de distracciones no funcionaba con ellos, de manera que comenzaron a meterle más presión pero se detuvieron en seco cuando vieron que las mejillas de su asexual hermanito se coloreaban de rojo, acto que los dejo pasmados, sus cuerpos habían comenzado a perder color quedando de un tono completamente blanco, sin saber como reaccionar.
Luffy aprovechó ésa oportunidad para escapar de inmediato, no se iba a arriesgar a que sus tontos hermanos quisieran lavarle la muñeca con toda la intensión de que no le llamara a la mujer, porque sabía que esos dos eran capaces de absolutamente todo. Tras encerrarse en su habitación, sacó su celular y guardó el número entre su lista de contactos. Después se aseguró de ponerle una contraseña al teléfono para quien quisiera husmear entre sus cosas... Y con husmear se refería a los mismos mencionados, pero, no conforme con eso, se aseguró de esconder el celular en caso de que quisieran romperlo y anotó el número en cualquier otra parte por si llegaba a ocurrir algún incidente.
Zoro estaba todo golpeado, apoyaba su peso en un palo de madera que usaba como soporte, había estado huyendo de las garras de Mihawk por toda la ciudad, éste le había estado lanzando varios artefactos filosos con la intensión clara de asesinarlo, aunque lo que había provocado sus heridas no había sido eso, si no que, al estar tan entretenido tratando de huir, no se dio cuenta de que había llegado a un camino pastoso el cual llevaba colina abajo, al parecer estaban en un campo o algo parecido, y no podía comprender como es que había llegado a ése lugar.
Tras pisar mal había tropezado, comenzando a caer rodando pegándose con rocas ramas, o cualquier cosa que se le cruzara por el camino, aunque no todo había sido malo, ya que gracias a eso había podido escapar de las manos de ése padre loco.
- Joder... No sé quien es más celoso... Si Mihawk, o Ace, ¡Los dos son unos desquiciados!, esa mujer me las va a pagar.
Continuara...
Agradecimientos:
StArLoRdMac2: Jajajaja, sí de hecho quise conservar la personalidad de Perona, ya que siempre anda molestando a Zoro y eso me parece de lo más divertido, y acerca de lo de Mihawk, adivinaste lo que había preparado precisamente para éste capítulo, jajajaja. Desde un principio tenía toda la intensión de que los encontrara. Después de todo éste será el encanto del ZoRona, su romance un tanto extraño.
zenkat: Yo también me estuve riendo mucho mientras escribía el capítulo anterior, y en éste, debo decir que me andaba riendo, y emocionando a la vez por las escenas de romance, no sé ni como me quedo. Todo comenzó a fluir de manera natural, pensé que me costaría más trabajo pero al parecer hoy me inspiré.
miree3D2Y: Hablando de naturalidad, creo que lo que describe al capítulo de hoy es precisamente eso, porque todas las escenas me empezaron a salir de manera natural, normalmente me cuesta un tanto de trabajo idear las cosas en mi cabeza, pero ésta vez todo salió de manera fácil. ¿Me creerías si te digo que ni siquiera tenía planeado bien lo que iban a hacer Luffy y Hancock antes de comenzar a redactar el cap?
Veizser: Espero que no hayas esperado demasiado, jejeje, y que el segundo encuentro de Luffy y Hancock haya podido cumplir con tus expectativas, espero tus comentarios, me gustaría saber si te gustó.
Tomoyo: Bueno, nuevamente fuiste la primera en leer el capítulo como siempre, ésa es tú ventaja por conocerme en persona, jajajajaja. Pero espero que hayas fangirleado como es debido, porque yo estuve así todo el capítulo.
Kumikoson4: Jajajaja, Bartolomeo se me hace un personaje realmente fácil de escribir y colocar en mi historia ya que él tiene la misma personalidad que yo tengo hacia los personajes, así que lo que le pongo a hacer al chico es lo que yo haría. xD, por otra parte, sí... Puede que yo no haya tenido una experiencia amorosa realmente, pero por alguna razón siento que se me da bien escribir mis comedias románticas. Por cierto, pensé que ya te habías olvidado de mi fic, dado que ya no habías comentado desde hace muchos caps. TT-TT Lloro... Ok, no, xDD, para mí es suficiente con que te gusten los capítulos.
