Kyaaaaaaaaaaaaaa ¡Por fin llegué hasta éste capítulo!, estaba ansiando poder subirlo lo más pronto posible y por fin, aquí está. Debo decir que es uno de mis favoritos, y es la primera infancia que tocaré, espero que les guste.
Capítulo 15
Un amor color rosado.
De niña hubo un breve lapso de mi vida en el que al igual que ahora, yo viví en la ciudad, mamá y papá habían querido mudarse a la extensa ciudad para probar un nuevo ambiente, a decir verdad yo no me había sentido muy a gusto con la idea, quería seguir asistiendo a mi escuela, con mis propios amigos, no quería mudarme. Pero esa es una idea que cualquier niña sentiría a sus escasos 7 años de edad, ¿No es verdad?
Entrando a la escuela en mi nueva ciudad, yo era bastante tímida, no sabía si había diferencia entre los niños de campo a los de ciudad, ¿Acaso serían distintos?, yo no lo sabía, simplemente quería regresar a mi hogar, tenía los deseos de hacerlo. Sin embargo, tome valor para presentarme frente a la clase, y a continuación me senté en un asiento vacío, podía escuchar a mi alrededor como todos susurraban cosas sobre mí, hacían comentarios bastante desagradables acerca de mi cabello rosado, decían que era demasiado extraño e inusual, aunque yo estaba consciente de eso, no se me hacía cosa del otro mundo ya había visto a personas con mi mismo tono de cabello, en todo caso el tono entre azul y platinado de una de mis compañeras de clases era el que se me hacía extraño, al parecer ella se llamaba Vivi, pero bueno, no es como si realmente me hubiera importado demasiado.
Mi vida escolar en aquél tiempo no era como lo había deseado, al parecer no le agradaba del todo a mis compañeros de clase, los comentarios groseros acerca de mi tono de cabello seguían de manera constante, cosa que a decir verdad me irritaba demasiado pero prefería guardarme mis comentarios para mí misma, eso era mucho mejor a armar un alboroto del que después papá me regañaría. Solía llevar todo el tiempo conmigo un pequeño peluche de oso llamado Kumashi, el cual había hecho yo misma con ayuda de tutoriales, por lo cual tenía algunos puntos un tanto extraños, además de que estaba cocido con telas desiguales y demasiadas imperfecciones, tenía un enorme sombrero color azul a rayas que había encontrado en una tienda de segunda mano, la boca del osito no me había salido para nada adorable, razón por la cual había cortado un pedazo de tela cociéndole a continuación formando un pequeño cubre boca. De más está decir que era un peluche demasiado extraño, incluso escalofriante para algunas personas, pero yo lo adoraba, lo había hecho con todo mi afecto, misma razón por la que no me gustaba despegarme de él en ningún momento, solía llevar uno que otro peluche de más pero Kumashi, definitivamente no podía faltar nunca. Pero eso, era otro rasgo de mi personalidad que al parecer mis compañeros no soportaban, ya que me tachaban de ser demasiado infantil, lo cual ahora me parece una verdadera estupidez, ya que; ¿Quién es maduro a los 7 años de edad?
Mis facciones siempre han sido demasiado suaves, de piel color leche, acompañado de mi ondulado cabello color rosa pálido que traía siempre atado en dos coletas altas, junto con mis peluches y mi actitud "aniñada", hacía que las personas a mi alrededor empezaran a esparcir rumores sobre mí, los chicos eran simplemente unos inmaduros, dispuestos a querer molestar a cualquier persona peculiar que se cruzara por su camino, mientras que las niñas, al parecer sentían envidia de esa misma peculiaridad, solían llamarme "muñeca", ellas lo decían a manera de ofensa pero para mí sonaba como si ellas también quisieran parecerse a una y por eso solían hacer aquello.
Gracias a mis actitudes y lo tímida que era las personas comenzaron a excluirme, quedándome sin ningún grupo de amigos con quien pudiera conversar. Nadie quería tomarse la mínima molestia para intentar conocerme, lo cual resultaba ser bastante doloroso, las personas que habían empezado los comentarios de burla hacia mí no eran mucho peores a las personas que no se me acercaban simplemente por querer encajar con los demás.
En los recesos solía deambular por el patio, comiendo mi almuerzo en algún lugar en soledad, parecía como si yo fuera invisible para los demás, nadie me dirigía una mirada siquiera, pero si lo hacían era sólo para compadecerse sobre mí o comentar nuevamente sobre mi "extraña apariencia", yo solía darle un gran mordisco a mi sandwich tratando de no hacer caso a la opinión pública. En el patio de la escuela siempre había un trío de personas bastante particular, se trataba de un chico de cabellos de un color verde bastante extraño, junto a dos chicas con cabello azul que eran idénticas la una de la otra, obviamente eran gemelas, aunque no sabía distinguir muy bien a la una de la otra, esos tres solían retarse mutuamente a peleas, con sus espadas de bambú, lo cuál me hacía sonreír levemente al recordar a papá quien era maestro de kendo.
Había recibido entrenamiento sobre aquél deporte en contra de mi voluntad, dado a que mi celoso padre estaba desesperado que aprendiera técnicas de defensa por una extraña razón, pero para ser sincera, nunca le había tomado demasiada importancia a las prácticas, por lo que solía dejarlas hacia un lado sin tomárselas demasiado enserio, ya que claro. El estar sudorosa, con aquél uniforme incómodo no era para nada lindo.
De todas maneras solía observar a ésas personas como medio de entretenimiento, era bastante divertido ver como el pobre peliverde era cruelmente derrotado por una de las gemelas en todas las ocasiones, éste era quien solía buscar peleas, retándola una y otra vez, pero siempre solía ser cruelmente derrotado. La otra hermana por su parte, a diferencia de a la que ése chico llamaba Kuina, era mucho más débil, por lo que él solía derrotarla invirtiendo así los papeles.
En casa, de manera contraria la vida me sonreía, tenía unos padres magníficos que me consentían absolutamente todo al ser hija única, papá sobre todo era quien solía llenarme de peluches de todos los tamaños posibles, mi mamá por su parte se dedicaba más a colocarme adornos de cabello, a peinarme de diferentes maneras, probarme vestidos, y demás cosas, de donde se quedó mi gusto por éstos. Yo no había comentado nada de lo que sucedía en la escuela pero no por eso significaba que me importaba menos, lo único que quería en la vida era aunque sea un amigo.
Un día, tras salir de casa en dirección a la escuela, por alguna razón no quería irme, aquél extraño presentimiento que había sentido la primera vez que hube entrado a la gran ciudad había vuelto con más ganas. Aunque había dicho que quería faltar, por supuesto había obtenido una negativa ante aquella petición, de manera que tuve que estar con los nervios a flor de piel por el resto del día. Ése día, hubiera deseado con todas mis fuerzas que esos presentimientos fueran tan sólo una mala jugada de mi imaginación, pero cuando vi a mi padre en la entrada de la escuela, con los ojos desorbitados en desesperación, aquella mínima fuerza que pude haber intentado conservar se había hecho trozos.
Él me había sacado del salón con permiso de la profesora a cargo diciendo que había ocurrido una urgencia familiar de manera discreta por supuesto. A continuación papá me llevo hacia la casa de un amigo que él tenía en la ciudad dejándome a su cuidado diciéndome solamente que no podría recogerme más tarde por lo que era mejor que lo hiciera de una vez y que ya más tarde vendría.
Tras darme un cariñoso beso en la mejilla a manera de despedida me dejó con aquella persona, mientras veía a lo lejos su espalda alejarse entre la multitud de personas dejándome una extraña sensación en el pecho que no supe explicar. De ahí esperé por horas y horas, el tiempo se me hacía mucho más lento de lo normal, al mismo tiempo que todo mi cuerpo se llenaba de un pesar espeluznante, quería huir de ahí, escapar hacia algún lugar, regresar nuevamente al campo donde mis queridos amigos estarían esperando por mí.
Cuando el sol ya se estaba ocultando, papá regresó por mí, su mirada se encontraba opacada, esos ojos dorados que siempre irradiaban felicidad ahora no tenían brillo alguno, en ése momento sentí un gran vuelco en el corazón. Definitivamente algo estaba muy mal, algo había ocurrido pero no podía siquiera imaginarme que cosa era. Tras agradecer al dichoso amigo, él me cargo entre brazos para después dirigirse hacia casa arrastrando las suelas de los zapatos con pesar mientras que yo me quedaba observando las facciones de su rostro sorprendiéndome al ver su cabello despeinado, junto con aquellos ojos tristes rojos por haber estado llorando al parecer.
Cuando le pregunté la razón del porque había llorado, éste no quiso contestar absolutamente nada, intentó pronunciar unas palabras pero su voz se corto al instante haciéndole imposible articular palabra alguna. Yo quise darle ánimos por lo que volví a preguntar con mayor fervor pero al ver que mis esfuerzos al parecer estaban resultando ser inútiles cambie la pregunta resignada.
- ¿Dónde está mamá?
En ése momento él paró sus pasos, su cuerpo se tensó en exceso y comenzó a estrujarme con mayor fuerza contra su pecho imposibilitándome respirar con facilidad. Levantando la mirada arqueando una ceja pude notar como éste volvía a caer en llanto, las lágrimas caían de su rostro como si de una fuente se tratara, tenía los ojos cerrados con fuerza, yo podía escuchar el alocado palpitar de su corazón como si fuera a tener un paro cardiaco en cualquier momento.
- Ella... No está más con nosotros.
Yo no comprendí al principio, estaba más que claro que mamá no estaba con nosotros, si lo hubiera estado yo no hubiera preguntado por su paradero desde un principio, ¿No es así?, entonces, ¿Qué es lo que le pasaba?, ¿Se había ido a comprar acaso los ingredientes para la cena?, tal vez se encontraría en casa también angustiándose por aquello que no querían revelarle, ella esperaba que ella estuviera comprando más moños para su cabello, o algo por el estilo.
- Si no está aquí, ¿A dónde fue? - Volví a insistir.
- En el cielo...
- ¿He?, ¿Qué hace mamá en un avión?, no me digas que la hiciste enojar y se fue a otra parte.
-No... Perona. - La apartó un poco de su pecho para que pudiera verlo a los ojos. - Tu mamá... Ella... Éstá muerta... Un conductor borracho la atropelló.
Me costó unos momentos asimilar la información adquirida, no podía tragarme eso , es decir, ¡La había visto esa misma mañana!, ¿Cómo era posible que ahora me dijeran que estaba muerta?, ¡Eso no podía ser cierto!, ¡De ninguna manera podía serlo!, su mamá no merecía morir, ella era una mujer realmente buena, hermosa, responsable, cariñosa y respetable que siempre había vivido ayudando a los demás, ¿Cómo era posible que alguien pudiera llevarse a una mujer tan valiosa como ella?, ¿Qué es lo que había hecho para ser castigada de aquella manera?, no quería ver la realidad que estaba llamando a mi puerta de manera más pronto de la que hube esperado, pero sabía que papá no era ningún mentiroso, así que no tenía razones para dudar de él.
De un momento a otro me había quedado sin una figura materna que me ayudara a peinarme, que me comprara accesorios femeninos, o me ayudara a colocarme preciosos kimonos para los festivales, a nadie con quien hablar respecto al amor en cuanto se tuviera que presenciar en la pubertad, tampoco a alguien que me explicara en su momento a que se debía el fenómeno menstrual, es decir... Había cosas que simplemente no podía hablar de manera tan abierta con papá, había cosas que ya no podría disfrutar junto a ésa persona, momentos que aunque quisiera evitarlo, no podría evitar comenzar a envidiar de las personas "normales".
Una tremenda soledad invadió mi pecho, junto con una punzada de dolor y un frío infernal que no era causado por el viento nocturno, mi expresión facial estaba totalmente trabada, mis ojos habían perdido aquél mínimo brillo, que me había esforzado por mantener aún en los malos momentos, y mis lágrimas habían comenzado a caer por mis mejillas de manera silenciosa haciendo aparición de manera inesperada. Mi pensamiento infantil empezaba a formular miles de cuestionamientos que no podía responder yo misma, el dolor en mi interior era tan potente que sentía claramente como si algo me estuviera desgarrando por dentro.
Sin poder evitarlo me solté a llanto, un llanto escandaloso junto a unos gritos desgarradores que soltaba en un vano intento de que esa sensación se detuviera. Papá intentando ser fuerte me había abrazado con fervor mientras caía de rodillas al piso aún conmigo en brazos, quedándonos a mitad de la calle, juntos en nuestro dolor, siendo observados tan sólo por los ojos curiosos de la luna que brillaba en todo su esplendor en un intento de darnos consuelo.
Aquel trágico día paso, en la escuela mi actitud estaba decaída debido al dolor palpable, junto a ésa fría soledad que se había hecho más fuerte. Supongo que fue aquello lo que provocó que mi actitud se transformara aún más anti social, ya no tenía ánimos para absolutamente nada; Si antes aunque sea me esforzaba por dar un suave saludo a las personas que me rodeaban, ahora ya ni siquiera hacia el intento, no tenía las fuerzas necesarias. Supongo que fue en aquél momento de debilidad, en el que las personas comenzaron a tomarme como el "factor débil" de la clase.
¿Saben?, las personas suelen sacar a flote sus instintos más bajos en cuanto se les da la oportunidad de actuar como los depredadores, y dado que en ése momento el frágil cordero rodeado de lobos feroces era simplemente yo. Fue en ése preciso instante en que las burlas se hicieron aún más constantes y molestas.
Las personas comenzaron a hacer más comentarios ofensivos siempre sobre mi cabello, y dado a mi tristeza me había aferrado mucho más a Kumashi, quien de cierta forma me causaba un poco de consuelo, pero gracias a eso me llamaban "niña infantil", o "rosadita", solían esconder mi mochila, romper mis colores, lanzarme aviones de papel en la cabeza, se la pasaban llamándome fenómeno, y yo simplemente callaba, tenía un miedo enorme a que si les decía algo lograra que su enojo aumentara.
De esa manera comencé a usar una chaqueta de un horrible color verde opaco, la cual tenía una capucha trasera con la que comencé a ocultar mi cabello, llegó un punto en el que yo comencé a odiarlo, ya que lo culpaba de todos los abusos que recibía en la escuela, incluso había tenido ganas de cortarlo o pintarlo de algún otro color, pero sabía perfectamente que eso sólo sería una razón para recibir aún más burlas. Solía preguntarme constantemente, ¿Por qué a mí?, o ¿Qué había hecho mal?, yo nunca había buscado molestar a nadie, pero ellos a cambio se divertían a costa mía.
En una ocasión volví a ver a ése niño de cabello color césped, estaba siendo perseguido por una de las gemelas pero éste al parecer la estaba ignorando rotundamente, cosa que me extraño de sobre manera. No le tome demasiada importancia, ya que después de todo yo tenía mis propios asuntos de los cuales hacerme cargo, no tenía tiempo para andar indagando en la vida de los demás como ésas personas que se metían en la mía ya que no tenían nada mejor que hacer.
De ésa manera, el primer año escolar transcurría de manera tortuosa pero para mi desgracia los grupos no iban a cambiar, por lo que nada cambiaría a como ya estaba. Yo intentaba a toda costa mantener mi boca cerrada, pues me había dado cuenta que si no decía nada, ellos terminaban aburriéndose y tarde o temprano me dejaban tranquila.
El tiempo siguió su curso, con la rutina habitual, siendo regañada por los profesores por "perder mis útiles", otro tiempo de feos apodos que herían mis sentimientos de una manera en la que ellos ni siquiera podían imaginar. Un año cursando, en el que recordaba la sonrisa ausente de mamá, y a mi papá quien hubo un tiempo que se había sumido en el alcohol como un recurso desesperado para querer olvidar.
En pequeños momentos veía al cabeza de pasto pasar sus recesos en completa soledad, yo supuse que se había peleado con las gemelas y por eso ahora se encontraba de aquella manera, lo cuál en cierta manera me fastidiaba, ya que él teniendo amigas las estaba dejando a un lado y yo que quería aunque sea uno, no podía conseguirlo. Por otro lado también miré el asunto desde el otro lado, ya que las culpables de su soledad pudieron ser ellas, en dado caso las culpables serían ellas y no él.
Al ver ésa mirada vacía del chico dirigiéndose hacía un punto muerto del patio, despertó en mí una enorme curiosidad, ya que de alguna manera me había sentido identificada con él. Pero como era de esperar, no encontraba la manera adecuada de acercarme, pensaba que tal vez, él sería la persona con la que podría entablar una amistad ya que él también estaba excluido de su alrededor, aunque lo que nunca me hubiera imaginado es que ése cabeza de musgo se ponía una barrera solo a diferencia mía.
Un día, que no sabía si describir como desastroso o maravilloso, me encontraba nuevamente en el patio a la hora del almuerzo, pero a mis estúpidos compañeros de clase se les había dado por querer fastidiar el día entero. Ése día los abusos habían llegado a otro nivel, habían robado a mi querido Kumashi, lo estaban lanzando entre ellos sin darme la oportunidad siquiera de acercarme. Estaba muy molesta, frustrada y desesperada, porque era mí querido peluche, aquél que había logrado darle forma con tanto esmero, tenía miedo de que se descociera o se manchara ya que era bastante frágil. Estaba lloviendo, mis calcetas blancas ahora estaban horriblemente manchadas debido al lodo de los charcos, mi cuerpo estaba empapado lo que hacía que la ropa se me pegara. Ellos seguían burlándose de mi cabello rosado y uno de ellos se había encargado de quitarme la capucha para luego jalarme una de mis coletas.
- Por mucho que lo ocultes, nunca te desharás de éste horrendo cabello, rosadita. - Habló un niño de cabello castaño desordenado.
- Es demasiado horrendo. - Siguió un niño regordete con una sonrisa ladina - ¿Por qué no te hacemos un favor y lo cortamos para ti? - Sugirió mientras le mostraba unas tijeras.
- Nooo. - Gritaba desesperada intentando zafarme del agarre. - ¡No mi cabello!, ¡Quiero a Kumashi! - Lloraba mientras en un rápido movimiento me volteaba para después morder la mano de quien me tenía presa logrando de ésa manera que me soltaran.
- ¡Eres una idiota! - Gritó el regordete mientras me empujaba fuertemente hacia uno de los charcos logrando que mi ropa quedara totalmente sucia.
De un momento a otro observe como esos niños se desquitaban con mi pobre e inocente osito de peluche, usaron las tijeras para enterrarlas en el estomago de Kumashi y después hacer un corte en vertical que logró que el relleno comenzara a salirse, a continuación lo tiraron al piso logrando que éste quedara igual de sucio que yo. No conformes con eso comenzaron a pisotearlo en el piso, yo veía dolida aquello pero ni siquiera pude hacer nada para evitarlo ya que un tercer niño se puso sobre mí, colocando su rodilla contra mi espalda a la vez que presionaba mi cabeza contra el frío piso. Llena de impotencia comencé a llorar, en ése momento desee haberle hecho caso a papá, si hubiera tomado enserio las clases de kendo, ahora no tendría que estar pasando por esto.
- ¡Kumashi, devuélvanme a Kumashi! - Lloriqueaba intentando zafarme de mi captor, pero ellos simplemente parecían disfrutar más con todo aquello.
Frustrada y derrotada baje la mirada, pegando mi frente contra el frío piso logrando que la capucha de mi suéter volviera a cubrirme por completo, en mi cuerpo ya se habían formado unos cuantos moretones, y raspaduras gracias a los tratos tan "gentiles" que estaba recibiendo. Sin ninguna esperanza había decidido ya no ver absolutamente nada, porque de ésa manera por lo menos evitaría seguir dándoles gusto.
Empecé a escuchar unos extraños sonidos, pero ni por eso quise levantar la mirada, la persona que estaba encima de mi ya no estaba, eso lo sabía gracias a lo ligero que sentía ahora el cuerpo. Tras unos momentos de silencio seguía sin levantarme del lugar a la vez que mis diminutas manos se aferraban a mi cabeza, agarrando fuertemente la capucha para que no volvieran a bajarla y a jalarme el cabello de nuevo. Sentí unas manos sobre mis hombros intentando hacer que me levantara pero eso sólo me tensó mucho más por lo que sólo me encogí como si quisiera aferrarme al lugar dónde me encontraba.
- Oye... Levántate.
Ésa vos era completamente distinta a la de alguno de mis compañeros de clase, por lo que tras levantar la mirada nuevamente, me encontré con unos ojos obscuros que me observaban con un tanto de frialdad y una muy, muy leve pisca de preocupación que apenas si alcancé a percibir. Se trataba del cabeza de musgo al cual sólo había observado desde lejos. Confundida vi hacia mi alrededor, todos se encontraban tirados en el piso y él se encontraba con su espada de bambú encima de su hombro lo cuál me indicaba lo que había ocurrido.
Con su ayuda me puse de pie, aún no terminaba de llorar, las piernas me temblaban por lo que apenas si podía caminar, pero aún así lo intenté, me dirigí hacia dónde estaba mi ahora desmembrado osito de peluche y mis sollozos volvieron. Comencé a tallarme mis ojos, mientras repetía una y otra vez el nombre del pobre muñeco al que tanto amaba.
Aquél chico, tras soltar un suspiro que pude escuchar a la perfección se acercó hacia mí y luego me arrebató de las manos a Kumashi, yo le reclamé, estaba aterrada porque quisiera destrozarlo más de lo que ya estaba, pero en cambio él simplemente me agarro por la muñeca y luego me llevó hasta enfermería, ahí le preguntó al personal si tenía algo de ropa deportiva extra que pudieran prestarme para cambiarme la que estaba mojada y después salió de la habitación sin regresarme mi peluche. Supuse que pensaría que ahora era un artefacto inútil y se encargaría de tirarlo a la basura por lo que me deprimí, pero no pude ir tras él ya que la enfermera, quien estaba curando mis heridas me lo estaba impidiendo; Además... De cierta manera había sentido un poco de temor al ver aquellos ojos grises que se veían tan vacíos.
Alrededor de 20 minutos vi como ése chico regresó, la enfermera había salido, al parecer la habían llamado para algo, realmente no importaba. Yo apenas lo vi queriendo ingresar a la habitación y me apresuré a cubrirme con la sabana de las camillas para evitar que me viera, ya que no quería permitir que al ver mi cabello rosado me considerara un fenómeno como los demás. Él ni siquiera se dio cuenta de aquella acción, al parecer creyó que yo me encontraba durmiendo cosa que hizo que entrara con mayor confianza. Lo sentí sentarse en la orilla de la camilla sin decir absolutamente nada, cosa que me confundió demasiado.
Tras unos minutos en que no vi que realizara ninguna acción, me atreví a asomarme por un pequeño hueco que hice con ayuda de la sabana en donde pude verlo ahí, sentado en su lugar, con Kumashi entre sus manos, lo estaba rellenando con algodón para después sellar la cortada con aguja e hilo, de una manera bastante torpe. Los puntos que cosía eran un verdadero desastre, estaba dejando mi pobre peluche con un montón de coseduras provocando que su apariencia se transformara como la de un oso zombie, cosa que poco me importo.
En ése momento mis ojos brillaron, por primera vez en mucho tiempo alguien estaba siendo amable conmigo, era bastante cómico ver como se quejaba de vez en cuando al pincharse los dedos con la aguja, lo cuál me indicaba que era su primera vez cosiendo, luego se llevaba el dedo afectado a la boca como si la saliva fuera a ser la cura para aquella herida. Cuando éste termino, dejó a Kumashi encima del mueble al lado de la cama y salió en el mismo silencio con el que había entrado, pero antes de que éste pudiera salir yo susurre un tenue "gracias", que él al parecer escuchó claramente porqué levantó la mano a manera de despedida; En ése momento decidí que me haría su amiga, pero para eso no dejaría que el viera bajo la capucha de mi suéter, tenía que evitar ése incidente a toda costa porque sino terminaría detestándome como todos los demás.
Después de eso regresé a casa, intentando dirigirme directamente a mi cuarto para que papá no viera mis heridas pero fue inútil, no por nada le decían "ojos de halcón", cuando me preguntó que es lo que había ocurrido yo le mentí, no quería que se preocupara más de lo que de por sí ya hacía, de manera que le dije que había tropezado de las escaleras, a lo que él preocupado me dijo que tuviera más cuidado.
Al día siguiente me dije a mí misma que no llevaría a Kumashi de vuelta a la escuela, ya que eso sólo era un factor para que esas horribles personas siguieran molestándome, entrando al salón todos me observaban como si de un monstruo se tratara. Los rumores sobre la paliza que esos tres se habían llevado a causa de un alumno de grado superior, había dado indicio a nuevos rumores. Supuestamente yo le había pedido ayuda a un superior para que actuara como mi guarda espaldas personal, me habían tachado como una persona "baja" y "cobarde", ¿Cómo podían decir eso?, sí ellos me golpeaban eso estaba perfecto, pero si alguien llegaba a defenderme, ¿Entonces eso estaba mal?, el salón entero estaba enfermo. La única que nunca me había insultado era Nefertari Vivi, pero bueno... Tampoco es como si me hablara, ella pertenecía al grupo de personas que sentían temor al hablarme ya que serían excluidas de igual forma.
En el receso lo primero que hice fue buscar a mi salvador, encontré a una de las gemelas hablando con él, pero éste simplemente la ignoraba, después de unos momentos parecieron tener una pelea y ella se fue realmente molesta. Cosa que hacía mucho más difícil acercarme, quería agradecérselo nuevamente pero ésta vez de frente, ya que la ocasión anterior no había podido hacerlo debido a que sí me movía éste me vería al descubierto.
A pasos lentos, con las piernas temblando, me acerqué, de manera lenta, sin saber a donde dirigir mi vista exactamente, estaba demasiado nerviosa, asustada de que me gritara como a la chica de lentes, no sabía siquiera como comenzar una conversación con ése chico, lo único que sabía es que le gustaba el kendo, por lo que ése podría ser un buen tema de conversación para iniciar una amistad. Sin decir nada me senté a su lado, sentándome en el pasto; Él pareció notarme pero no dijo absolutamente nada, al parecer justo como sospechaba estaba de mal humor, o tal vez ésa fuera su actitud habitual, no lo sabía.
Ése fue el primer paso para acercarme a él, así que los días en que lo veía completamente sólo simplemente me sentaba a unos cuantos pasos suyos comiendo en silencio sin decir absolutamente nada, ambos nos lanzábamos miradas de vez en cuando. A él no parecía molestarle mi presencia y yo pues... Por alguna razón me sentía maravillada estando ahí, aún cuando no tuviéramos una charla de absolutamente nada, aquella sensación como de bichos dentro de mi estomago, aunque algo molestos, también resultaba ser una sensación agradable, era algo muy difícil de explicar. Así paso un año nuevamente, en donde sólo nos dirigimos una que otra palabra al otro, inicialmente porque yo le pregunté su nombre, ahí me enteré de que su nombre era Zoro; Roronoa Zoro.
El año próximo ya no volví a ver a la mujer peli azul que tenía a su alrededor en ocasiones, me había enterado de que el nombre de ésa mujer era Tashigi, y a simple vista se podía ver que era mayor que él, por lo que supuse que ella ya habría salido de la escuela primaria, eso me facilitaba mucho más las cosas, ahora podría comer junto a él todos los días, de todo el año que se aproximaba... O por lo menos eso es lo que había querido, ya que justo cuando un rayito de esperanza me había invadido, otro se había opacado, cuando vi a un extraño chico de piel morocha con una extraña cicatriz bajo el ojo izquierdo, quien comenzaba a seguir a Zoro de un lado para otro pidiéndole ser su amigo, de manera que ahora tenía mucho menos oportunidades de estar con él; Razón por la que empecé a sentir una clase de enojo y celos hacía ése mocoso que tenía la confianza suficiente para hablarle, confianza que yo no poseía.
De todas maneras hubo una ocasión en la que sí pude entablar una conversación con él, al parecer ése chico de enorme sonrisa había enfermado y no había asistido a la escuela por lo que había podido hablarle, y aprovechando la situación, le pregunté por fin lo que tanto había esperado, sacando de tema principal, el tema sobre el kendo. El cual fue mucho más efectivo de lo que pude haber esperado, al momento la expresión en el rostro de Zoro cambio por completo, por primera vez lo vi sonreír cosa que hizo que mi corazón diera un brinco, asustándome, por lo que me voltee dándole la espalda mientras mi rostro se empezaba a tornar extrañamente del mismo tono rosado que mi cabello.
Ése mismo día fue el momento en que conseguí una sencilla relación lo cual fue la más cercana a una amistad que yo pude realizar en aquellos años que llevaba en la ciudad, de esa manera lo veía de vez en cuando, en algunas ocasión lo encontraba perdido y yo le guiaba hacia su destino, él me hablaba con total naturalidad, que hacia que la calidez que en algún momento me fue arrebatada comenzara a regresar poco a poco. Pero, aún en ésos breves momentos, en aquellos encuentros fugaces que llegaba a tener con él, ni una sola vez me había atrevido a mostrarle mi cabello, yo tenía miedo, tenía mucho miedo de que él lo viera, o de que alguien se acercará y le dijera que yo era un fenómeno, luego el me miraría con desprecio y ya nunca podría volver a acercarme, eso era lo que más me aterraba.
En un día lluvioso, salí a la calle con un impermeable que papá me había comprado, quería estrenarlo así que lo hice, con su permiso claro está. Me dirigí al parque para saltar sobre los charcos de agua, tenía ganas de empaparme un rato, ya después me encargaría de darme una ducha para no enfermarme. Tras caminar unos momentos vi una cabellera verde bastante familiar la cual me extraño un poco, y tras unos segundos, con un brillo inusual en los ojos y una enorme sonrisa corrí hacia aquella dirección esperando encontrarme con Zoro, no esperaba realmente que fuera él pero tal fue la sorpresa cuando vi que sí lo era.
Sin pensarlo demasiado mi cuerpo reaccionó por sí mismo, corrí a su dirección y me lancé a su pecho rodeando su cuello con mis brazos a la vez que hundía mi cabeza en él, intentando inhalar aquél aroma suyo, el cual tanto me fascinaba, pero debido a la lluvia no podía olfatearlo muy bien. Me quedé así por unos instantes, pude notar como él estaba más que confundido, pero aún así no hacía nada para alejarme, ¿A qué se debería?, fuese lo que fuese, tomaría aquello como si tuviera un derecho especial para poder abrazarlo. Tras breves momentos levante la mirada y le sonreí, pude notar como su rostro se ponía del color de un tomate ante aquello, cosa que me dio una enorme curiosidad, desde entonces quise ver ése rostro colorado de manera más seguida.
Al parecer él se había perdido nuevamente cosa que me causó demasiada gracia, nos sentamos bajo un enorme juego para ocultarnos de la lluvia ya que él no tenía nada con que cubrirse, en ése tiempo hablamos de cualquier cosa trivial, acerca de la escuela, él me habló de su nuevo amigo Luffy, quien yo pude adivinar que era el chico de la cicatriz quien tanto me fastidiaba por quitarme tiempo a solas con él, pero en cierta manera se lo agradecí por alguna razón, ya que suponía que si Zoro había cambiado para bien, era gracias a ése morocho, así como yo estaba cambiando gracias a Roronoa.
Cuando la lluvia se detuvo, salimos del escondite y yo lo dirigí a la calle a la cual él se estaba dirigiendo desde un principio, yo seguía saltando por los charcos, estaba contenta, no quería regresar a casa nunca, quería quedarme aquí con él para toda la vida. Al estar tan distraída dentro de mis pensamientos, no me di cuenta de lo que estaba haciendo por lo que pise mal. Pude sentir como perdía el equilibrio por completo y mi cuerpo estaba a punto de chocar contra el duro piso pero él me sostuvo de la muñeca, a momento en que me jaló a su pecho, de manera que ambos quedamos en una posición bastante comprometedora, yo tenía ambas manos sobre el pecho masculino, mientras que él aún sostenía mi muñeca y con la otra mano rodeaba mi cintura, nuestros rostros estaban a escasos centímetros el uno del otro. Pero lo que había sorprendido a Zoro, era precisamente que al momento de casi caer, la capucha del impermeable había caído también, dejando al descubierto mi espesa cascada rosada de cabello, el cual estaba suelto.
- ¿Mmm?, huele a fresas...
Aquél comentario despreocupado hizo que me diera cuenta de que lo que tanto me había esforzado por ocultar hasta ahora se había ido totalmente al caño, por lo que rápidamente me separé de él, poniéndome de rodillas mientras volvía a cubrir mi cabeza con la gorra, mi cuerpo había comenzado a temblar levemente y todos mis malos presentimientos habían salido a flote.
- ¡No me veas!, ¡Ya sé que es horrible! - Grité mientras me levantaba para después dar una media vuelta e intentar echarme a correr, con la idea de que ahora él me detestaría.
Él me detuvo nuevamente poniéndose rápidamente frente a mí, tomándome por los hombros, mientras yo intentaba liberarme, sólo quería escapar de ahí, de todas las personas la última quería que se enterara del horrible color de mi cabello era precisamente él, no quería que me dijera "rosadita" y mucho menos "fenómeno". Tras escuchar que empezaba a soltar palabras cerré los ojos con fuerza a la vez que mi cuerpo volvía a temblar, como el primer día que entré junto a ése endemoniado grupo de alumnos abusivos, y temiendo lo peor no me quedó de otro más que escuchar.
- ¿Por qué ocultas tú cabello? - Preguntó confundido.
- Es... ¡Es horrible!, todos me llaman fenómeno debido a que lo tengo de ésta manera... Yo, ¡Lo odio!
- ¿Enserio? - Preguntó mientras arqueaba una ceja. - Pues yo creo que es hermoso.
En ése momento mis miedos desaparecieron, ¿Por eso me había estado preocupando tanto tiempo?, ¿Para ocultarle un atributo que él mismo había llamado hermoso?, sin poder evitarlo mis lágrimas volvieron a inundar mis ojos, pero en ésta ocasión eran lágrimas de felicidad, esa persona me había aceptado, ésa persona me había ayudado cuando lo necesite, había arreglado a mi querido Kumashi, me había mostrado una amabilidad que al llegar a la ciudad había comenzado a olvidar, me había brindado la compañía que necesite tras la muerte de mi madre, con él me sentía segura. Yo simplemente... Me había enamorado.
Después de eso, me quedé aferrada en él, en un abrazo bastante húmedo debido a mis lágrimas y la propia lluvia a la cual empecé a amar gracias a los hermosos momentos que me ayudo a pasar con él. Zoro no dijo ni una sola palabra, pudo comprender gracias a la primera ocasión en la que nos vimos, la razón de mis lágrimas por lo que simplemente me apoyó en silencio, al momento que sin yo saberlo, una rabia enorme se formaba en él, debido a aquellos que se habían atrevido a hacerme llorar por tanto tiempo. Ahí nos quedamos hasta el momento en que teníamos que marcharnos.
Pero si algo tenía la vida, es que era impredecible... Después de esa ocasión jamás lo volví a ver ya que mi padre no mucho tiempo después se había enterado del bullying escolar, y sin esperar ni un solo momento más, nos habíamos mudado de vuelta a nuestro pueblo natal. Era extraño que tras tantos años queriendo regresar a casa, ahora sintiera tanta nostalgia al marcharme, y ahora no me quedaba más opción que despedirme. Adiós niños abusivos, adiós soledad, adiós ciudad... Adiós Zoro.
Continuara...
Agradecimientos:
Bowen: ¡Qué bueno que te gustara!, me esforzaré por terminar ésta historia ya que me gusta demasiado. Por cierto tengo curiosidad, ¿De qué pensabas que sería la historia en un principio?
pbgg: Me alaga que pienses que tengo talento, en verdad es muy reconfortante saber que hay personas que aprecian lo que hago, porque eso me demuestra que el tiempo que invierto escribiendo los capítulos, son para algo y logran gustar. Por cierto solo una pequeña aclaración, en el comentario me dijiste "amigo", pero soy mujer. xD Ah.. y no te preocupes, desde un principio he tenido pensado juntar a esos dos, ¡Los adoro!
StArLoRdMac: Jajajajaja, sí, creo que aquí queda claro porqué Mihawk se comporta de ésa manera con su hija, y es que, al tener que criarla solo desarrolló también aquél instinto paternal extremadamente posesivo. Lo de Robin pues... digamos que está comenzando a darse cuenta de que precisamente sí siente algo por Ace, aunque claro... Es tan testaruda que no piensa admitirlo tan fácil. Y sí... Zoro tiene muy mala suerte... Bueno, no tanto, porque es un tanto masoquista por la manera en que se aguanta todo lo que le sucede jajajaja.
Veizser: Sip... En éste capítulo dejo totalmente claro la razón por la que Perona acosa a Zoro, aunque como mencioné en el capítulo anterior, ella al verlo nuevamente no supo como reaccionar de manera adecuada y se dejó llevar por meros impulsos pero bueno... Lo hecho ya está, y ahora solo queda saber la reacción de Zoro al enterarse de la verdadera identidad de ella. Y sí.. Mihawk está loquito, pero todo es porque ama a su hija.
Tomoyo: ¿Lumusina?, pero sí yo nunca mencioné una limusina, xDDD, bueno... Aquí tienes el capítulo esperado, ¡Aunque tú ya lo leíste!, xDDD, pero bueno, ya que te gusta sé que lo leeras nuevamente. Por cierto... Casi no cambie nada porque al leerlo de nuevo me di cuenta que quedó muy bien logrado así que está bien. En fin... Ahora tendrás que sufrir esperando la continuación muajajajajaja.
