Capítulo 18.

No me di cuenta.

El sonido constante de la alarma de un despertador, sonaba de manera estruendosa llenando la rosada habitación de Tashigi, quien entre quejas buscaba en un mueble pequeño de madera ubicado al lado de su cama, el molesto aparato para desactivarlo. Cuando el sonido cesó empezó a palpar nuevamente el mueble en busca de sus anteojos para a continuación colocárselos y levantarse lentamente con un rostro de sueño total.

Tashigi llevaba una sencilla pijama amarilla con estampado de flores blancas que constaba de un camisón delgado y holgado de botones que iba a juego con un pants de la misma fina tela. Los dos primeros botones del camisón se encontraban desabrochados, dejando a la vista un poco de su suave y tersa piel rosada; Su azulado cabello se encontraba suelto, y levemente desordenado dándole una apariencia infantil, y sus ojos estaban levemente rojos por haber estado llorando la mayor parte de la noche. Estaba cansada y sin ganas para hacer algo productivo en aquél fatídico día que para colmo resultaba ser un aburrido Lunes por la mañana, pero fuera de su gusto tenía que ponerse de pie y comenzar con la rutina diaria.

Tras soltar un suave bostezo fijó su mirada en el reloj colgado en la pared que indicaba que eran las 5:00 am de la mañana. Fastidiada se dirigió al cuarto de baño para poder ducharse a gusto con agua caliente que esperaba la ayudaran a despertarse, en lugar de adormilarla aún más.

Podía sentir el agua empapándola y resbalando por su cuerpo llevándose junto con el jabón todo rastro de suciedad y relajando a la vez sus músculos. Con delicadeza había comenzado a enjabonarse el cabello con una pequeña porción de shampoo que había vertido entre sus manos, masajeando su cuero cabelludo en círculos con sus finos dedos. Enjabonando después una pequeña esponja, había comenzado a limpiar su cuerpo de manera suave, asegurándose de no dejar ninguna zona sin atender; Al estar tan sumergida en su tarea, relajada nuevamente debido al agradable baño que se estaba dando, no pudo evitar que a su mente regresara la imagen de Zoro riendo al lado de ésa mujer, provocando que un enorme nudo se le formara en la garganta.

Resultaba bastante inusual que Roronoa pusiera ése tipo de expresiones al socializar con las personas, él era una persona muy seria que rara vez sonreía a no ser que estuviera con ella o con Luffy respectivamente.

Era cierto que Tashigi podía llegar a ser un tanto celosa en algunas ocasiones, pero eso era simplemente lo normal. No era la primera vez que veía a Zoro al lado de una mujer, él ya había tenido amigas con anterioridad, pero hasta el momento todas esas relaciones amistosas, incluso las pocas que terminaron en noviazgo, no duraron lo suficiente, debido a una falta de interés por parte del peli verde.

Las relaciones en las que había estado relacionado el chico, habían terminado porque las chicas siempre decían que Zoro era bastante seco o que carecía de afecto que otorgar, y ella sabía que ésa acusación fuera probablemente 100% acertada; Pero ella había estado a su lado desde la niñez, por lo cual podía asegurar orgullosa que era una de las personas que mejor lo conocían, y por eso podía decir a ciencia cierta, que si él era frio en sus relaciones no era precisamente porque fuera indiferente o porque quisiera causarle daño a la otra persona, sino porque a él le resultaba extremadamente difícil exteriorizar sus sentimientos, además de que ella estaba segura de que Zoro en alguna parte de su ser seguía atormentado por el acontecimiento con Kuina.

Una solitaria lágrima resbalo por su mejilla confundiéndose con el agua de la regadora que caía de lleno sobre ella arrastrando el jabón en su camino, haciendo que la mujer se lavara rápidamente la

cara en un intento de que su rostro recuperara vida, en lugar de parecer el de un muerto al haber estado llorando tanto.

Al salir del baño se vistió con un pantalón pegado, una colorida camisa y unos zapatos negros, nada fuera de lo común. Ella se quedó mirando fijamente al espejo al darse cuenta de que su guarda ropa era bastante sencillo, y que no tenía muchos atuendos que podrían considerarse realmente provocativos o "sexys", recordando nuevamente la forma de vestir de ésa peli rosada, que mostraba más piel, con corsets y escotes que remarcaban más su silueta femenina.

Dio un fuerte golpe en la pared, para después colocarse su chaqueta azul y salir de su habitación, atravesando su casa para llegar a la cocina en donde no se molestó en encender la luz y del refrigerador tomo un envase de leche, vertiendo el líquido en un vaso de cristal que tomó tras agarrar una pieza de pan de la mesa, en donde estaba recostado un hombre completamente dormido al lado de una cantidad considerable de botellas de cerveza vacías.

Fastidiada, se apresuró a ingerir su sencillo desayuno, para después salir de la casa y cerrar con llave, como si intentara huir de su propia casa que comenzaba a agobiarla. Eran alrededor de las 5:45 cuando salió de casa, encontrándose con su vecina que al parecer se dirigía a trabajar.

-Buenos días Robin. - Saludó ella tras hacer una pequeña reverencia, que la mayor le regreso de vuelta.

-Tashigi-chan. - La llamó cuando ella estuvo a punto de marcharse en el sentido contrario. - ¿Sabes algo de mi tonto hermano?, ayer salió a dar un paseo y no regresó. Supongo que se habrá perdido de nuevo.

-Ah... - El nudo en la garganta de la peli azul regresó con mayor intensidad. - ¿No paso la noche en casa?

-No, Chopper y yo estamos un poco preocupados, ya sabes que tiene un sentido de la orientación nulo. ¿No lo viste rondar por la calle ayer?

-No, lo siento Robin... Si lo veo te avisaré.

Tras despedirse de la mayor, regresó sobre sus pasos a gran velocidad, hasta el punto de comenzar a correr en un intento de drenar su dolor con actividad física; Podía pensar en una enorme cantidad de posibilidades por las cuales Zoro podría haber no decidido ir a casa, pero no quería ni siquiera imaginárselo, ya que cada una de ellas resultaba ser dolorosa para su persona.

Al estar tan a prisa llegó a su objetivo antes de lo esperado, frente a ella había una casa blanca, con gran cantidad de ventanas y una sencilla puerta de madera, ubicada en un barrio tranquilo. Tras ubicarse tras el timbre, comenzó a inhalar y exhalar aire de manera tranquila, intentando desacelerar su ritmo cardiaco conteniendo nuevamente las lágrimas que desde la noche pasada no la dejaban sola por más de unos minutos.

Decidida, tocó el timbre dos veces cuando se hubo calmado, y tras esperar unos segundos la puerta se abrió siendo recibida por un hombre alto y fornido de piel extremadamente pálida al igual que su albino cabello, tenía un rostro severo, junto con unos afilados ojos color cafés casi llegando a lo dorado, lo cuál endurecía aún más su apariencia.

-Tashigi reportándose, señor. - Dijo con voz firme a la vez que juntaba ambos talones, enderezaba su postura y saludaba colocando su mano derecha en su frente.

-No tienes que hacer eso fuera de horas laborales, te conozco desde hace años. - Respondió el hombre al momento que arqueaba una ceja e inclinándose levemente comenzaba a mirar fijamente a la mujer quien estaba comenzando a sudar frío. - Tienes los ojos hinchados, ¿Estuviste llorando?

-¡No! - Se apresuró a negar al momento que cerraba fuertemente los ojos, intentando inútilmente engañar al hombre, pero tras un momento de silencio en el que ella no escuchó respuesta se atrevió a abrir nuevamente los ojos encontrándose con que el albino la miraba de forma seria indicándole que no le creía. - S... ¡Smoker-san! - Estalló por fin al verse descubierta para a continuación abalanzarse a los brazos del hombre desahogando todas sus frustraciones.

El nombrado Smoker no apartó a la mujer de su cuerpo, pero en cambio miró a su alrededor asegurandose de que ningún ojo curioso los estuviera observando, y tras "asegurar el perímetro" correspondió el abrazó dando pequeñas palmadas en la cabeza de su subordinada y alumna.

-Tal parece que no podremos comenzar con el entrenamiento por el día de hoy, pero bueno... Por el momento entra. - Invitó éste dejándole el paso libre a la muchacha quien aún entre gimoteos asintió con la cabeza.


La mujer serpiente había dormido de maravilla, gracias a la calidez y aroma que el monito impregnaba de su cuerpo. Tras perder la vergüenza al final de la noche en donde se resignó, por fin había podido disfrutar en toda su plenitud de la compañía inesperada de éste, entrando en una fase de relajación extrema y felicidad que apenas si podía contener dentro de su cuerpo.

Hancock acostumbraba madrugar, pero en ésa ocasión estaba tan cómoda que ni siquiera su reloj biológico había logrado despertarla, y bien podría haber durado más horas en su zona de confort, pero de pronto sintió un inesperado frío recorriendo su cuerpo, a la vez que el mismo se sentía repentinamente ligero, por lo que asustada abrió los ojos aterrada al darse cuenta de que Luffy ya no se encontraba aprisionándola, temiendo porque sus padres o alguien de la mansión hubiera entrado y los hubiera descubierto.

Al enfocar su mirada, a escasos centímetros de su cuerpo se encontraba un hombre con mirada de psicópata y cabello verde, éste tenía toda la pinta de criminal y hubiera soltado un sonoro grito que sin duda traería a Rob Lucci dentro de su habitación en segundos, junto con todos los guardias que sus padres tenían contratados a socorrerla, pero que no hizo debido a que ése misterioso hombre le tapo la boca al instante.

-Shhhh... - Se apresuró a silenciar Zoro en estado de pánico y comenzó a explicar rápidamente. - Sólo vengo por éste idiota. - Dijo señalando a un Luffy dormido a quien tenía cargando encima de su hombro cual costal de papas. - No tenía intención de burlar la seguridad de tu casa, pero mi vida pende de un hilo... - Susurraba.

Hancock intentaba liberarse del agarre del hombre, ya que... En primera detestaba que alguien del género contrario se atreviera siquiera a intentar ponerle un dedo encima, (Acepción de Luffy por supuesto), y en segunda... Era demasiado brusco y comenzaba a dejarla sin aire.

-¡Lo siento! - Dijo éste al darse cuenta de su error y apartarse para darle espacio. - Soy Zoro... - Aclaró de inmediato. - Tengo que regresar a ése idiota junto con su mamá. - Dijo en tono burlón pensando en el rubio.

La oji azul reconoció entonces al muchacho con apariencia criminal, como el mejor amigo de Luffy a quien había visto en una única ocasión, aquella noche en donde el monito como muestra de cortesía

se había ofrecido a acompañarla a casa. Aquella ocasión, la cual fue, la noche en la que conoció al vocalista de mugiwara boys, aquél peliverde había estado presente en la salida trasera de aquél club momentos antes de que Luffy lo dejara atrás tras indicarle que no podrían regresar juntos a casa.

Zoro por su parte había estado bastante impresionado al escabullirse en la casa de aquella mujer, y descubrir que su despistado amigo estaba dormido totalmente aferrado a la mujer. Debía de admitir que lo dejaba sorprendido que ése chico a quien creía un ser completamente asexual hubiera logrado la atención de semejante belleza como lo era Boa Hancock, y es que bueno... Quisiera o no, él era un hombre, y no estaba ciego como para ignorar que la mujer que tenía enfrente, y con quien había pasado Luffy la noche entera, era una verdadera preciosidad.

Al pensar eso último, el cabeza de musgo se dio cuenta de la manera tan provocativa en que la mujer dormía y sin poder evitarlo los colores se le subieron al rostro, al momento que mentalmente se preguntaba, hasta qué punto había llegado su amigo con ésa mujer, y no porque fuera una persona mal pensada, sino porque, la escena en sí era demasiado sugerente.

Boa, por su parte, tras ver como el muchacho desviaba la mirada hacia la pared, la había incitado a bajar la mirada hacia su propio cuerpo dándose cuenta de que aún se encontraba en aquél provocativo camisón que mostraba una cantidad bastante generosa de piel, por lo que tras soltar un leve grito apenado volvió a taparse con las cobijas a la vez que fulminaba con la mirada al hombre.

-Mira... Yo me iré ya, pero preferiría que guardes silencio sobre lo que sea que haya sucedido entre ustedes anoche.

-No... No sucedió nada. - Dijo totalmente apenada elevando levemente el tono de voz.

-Créeme que no quiero saber... - Se apresuró a interrumpir. - Pero si pudieras olvidar lo sucedido, sería estupendo, no le menciones nada a Luffy... Deja que piense que fue un sueño, ¿O acaso quieres recordar algo como esto?, yo creo que para ambos sería muy incómodo.

-Mmm... - Lo miró dudosa. - ¿Por qué tan desesperado en que lo mantenga en secreto?, ¿Acaso ocultas algo?

-Mira... Sabo, el hermano de Luffy está furioso, pero de alguna manera logré convencerlo de que él se quedó en casa de un amigo... Y si éste acontecimiento sale a la luz, ni tu ni yo saldremos ilesos, así que te sugiero cooperes.

La mujer tras escuchar aquella explicación no pudo evitar sentir un escalofrió corriéndole la espalda, y de inmediato se apresuró a asentir con la cabeza repetidas veces, mostrándole al peli verde que comprendía la situación y que mantendría la boca cerrada. Éste tras ver eso, soltó un suspiro aliviado y sin decir absolutamente nada salió al balcón para después saltar sin importarle que se encontraban en un segundo piso, cruzando después el jardín y finalmente la barda con increíble habilidad, sin despertar en ningún momento al monito quien dormido era como un tronco.

-Hancock-sama, ¿Está despierta?, la escuché susurrando cosas. - Se escuchó la voz de Rob Lucci fuera de su puerta, logrando fastidiarla.

Ella, tras tranquilizarse e intentar eliminar de su mente todo lo ocurrido la noche anterior, se colocó una bata de baño para cubrir su cuerpo y salió de su habitación en dónde estaba un hombre alto, de tez levemente tostada, cabello largo, ondulado y negro atado con una liga, que estaba vestido con un traje negro y en la cabeza tenía un sombrero del mismo color, a la vez que una peculiar paloma blanca reposaba en su hombro derecho.

-Rob... - Habló ella de manera fría. - Tenemos que reforzar la seguridad. - Dijo asintiendo con la cabeza varias veces. - Ayer me despertaron quejándose de un fallo con las cámaras de seguridad, ¡Eso es inaceptable!, ¿Qué tal si alguien decidiera saltarse los muros de la casa y entrar descaradamente a mi habitación?

-Eso es imposible my lady.

-Todo es posible. - Insistió ella. - Quiero que refuerces la seguridad, y que remodelen los muros, háganlos mucho más altos, o lo que sea necesario. - Demandó provocando que el hombre la mirara arqueando una ceja confundido más sin decir nada para contradecirla, simplemente la obedeció.

Por otra parte en las afueras de la mansión de la mujer serpiente se encontraba el invasor peli verde quien estaba junto a dos de sus amigos. Sus nombres eran Yosaku y Johnny, se conocían desde hace un par de años, se llevaban bastante bien y consideraban a Zoro como una clase de salvador a quien admiraban con todas sus fuerzas.

Resulta que el peli verde después de asegurarse de acompañar a Perona a casa, había llamado a Johnny por teléfono para preguntarle si podía quedarse a dormir en su casa en donde vivía solo, éste por supuesto había respondido de manera afirmativa. Con mucha suerte había logrado llegar al lugar donde su amigo vivía a altas horas de la madrugada, en donde se sorprendió al darse cuenta de que Yosaku también se encontraba ahí.

En todo caso sus escandalosos amigos habían querido festejar su reencuentro después de según ellos, tanto tiempo pero después de todo lo ocurrido estaba hecho polvo; Después de todo el sábado se había pasado compitiendo el día entero en el festival musical, luego en la noche había sido secuestrado por el maniático "taka no me", había logrado dormir unas cuantas horas en el día pero después se había topado con su loca acosadora y había dicho cosas que ahora lo avergonzaban de sobre manera, para después reunirse con sus amigos y armar una escandalosa fiesta a mitad de un restaurante familiar, para finalmente lidiar con su borracho amigo quien había desaparecido en la casa de una mujer... Y no cualquier mujer, sino la catalogada como la más hermosa, para después pelear con la peli rosa y convencerla de que regresara a su casa.

Cualquiera estaría agotado si hubiera pasado siquiera por la mitad de lo que él había tenido que vivir en ése largo fin de semana, sin embargo ni Yosaku ni Johnny parecían tener ni una pisca de consideración, pese a que después de haberles dicho que sólo quería dormir, habían ignorado olímpicamente sus deseos y habían formado su propia fiesta nocturna, imposibilitándole dormir con facilidad debido a la molestia que comenzaba a nacer en su interior.

No fue sino hasta que Zoro les soltó una serie de golpes a ambos hombres que éstos decidieron guardar silencio, que el pobre hombre logró dormir por aproximadamente unas dos horas, antes de tener que levantarse nuevamente para recoger al tarado de Luffy a quien tenía que entregar al Baratie sano y salvo, antes de que los hermanos locos fueran a buscarlo.

Luego de eso, se había dedicado a buscar nuevamente la mansión de la peli negra tardándose años en ubicar la dirección correcta; Sus amigos lo habían acompañado con la intensión de aligerar su carga y a decir verdad lo agradecía de sobre manera puesto que estaba muriéndose del sueño.

-Tomen. - Habló el cabeza de musgo regresando a la actualidad mientras le entregaba el menor a Yosaku. - Llévenlo al Baratie, ¿Saben dónde es no?

-Sí, aniki. - Afirmaron seguros.

-Y apresúrense... Yo regresaré a casa, ni loco iré hoy a la escuela. - Susurró lo mismo.

Tambaleándose por el cansancio, Zoro había comenzado a caminar en la dirección errada hacia su hogar, tenía unas enormes ojeras marcadas en su rostro y apenas si podía mantenerse en pie, pero aún así se esforzaba por no caer dormido a mitad de la calle, como cierto par de hermanos con narcolepsia que conocía (Ace y Luffy). Por supuesto que Johnny tras ver el estado en que se encontraba su aniki, se había ofrecido a acompañarlo hasta casa para que éste no tomara más desvíos de los necesarios, dejando a Luffy al cuidado del otro individuo.

Tal vez en cualquier otra situación Roronoa hubiera rechazado la oferta de que le indicaran el camino a su propio hogar por el enorme orgullo que cargaba siempre consigo, pero debido al cansancio no le quedaban ni siquiera ganas para negarse.


Tashigi había tomado asiento en el sillón de la sala del albino mientras éste iba a la cocina para preparar un poco de café para que la mujer pudiera calmar un poco sus ansias. Ella por su parte estaba bastante avergonzada por haberle mostrado a su superior una escena tan vergonzosa en donde demostraba su debilidad, pero hasta cierto punto resultaba ser una escena conocida, ya que Smoker era un amigo de la familia desde hace ya bastante tiempo.

Incluso había estado junto a ella apoyándola cuando sucedió la muerte de su hermana, en ése entonces se había sentido totalmente abatida pero aún con todas sus preocupaciones se había esforzado por parecer una persona fuerte, no lloraba frente a los demás e inclusive se esforzaba al máximo para subirle los ánimos a Zoro, quien desde ése acontecimiento se había convertido en un envase vacío que no demostraba alguna clase de emoción. Smoker fue el que se dio cuenta al instante del mal rato que estaba pasando la peli azul y fue gracias a él que pudo llorar desahogando así todas sus frustraciones.

-Ten. - Escuchó la varonil voz del hombre quien le había dejado una taza blanca enfrente a la vez que él se sentaba en un sillón individual recargando su pie derecho encima de su pierna izquierda a la vez que entrelazaba los dedos de sus manos tras su nuca, recargándose como si fuera una almohada.

Ella tras tomar la taza había comenzado a soplar suavemente el líquido para enfriarlo, antes de beberlo de manera calmada sin formular palabra alguna. Estaba avergonzada, muy avergonzada, ya que no era la primera vez que el hombre frente a ella la veía en un estado de depresión como ése, al pasar los años él se había convertido en su confidente, quien escuchaba todas sus preocupaciones y quejas en silencio, sin burlarse en ningún momento. Puede que él no le diera consejos, pero sólo con que estuviera ahí, prestándole atención era suficiente consuelo.

Smoker era un importante oficial de la marina a sus 34 años, a quien ella había respetado desde que era tan solo un principiante terminando apenas sus estudios, desde aquél entonces ella se había formulado la meta de convertirse en una responsable marine como su superior. Actualmente Tashigi se encontraba aún aprendiendo y esforzándose como la mujer fuerte e independiente que era, y casualmente uno de los instructores que le habían otorgado era el afamado "cazador blanco".

En ocasiones, antes de ir a sus clases, visitaba primero a Smoker quien le hacia un riguroso entrenamiento para capacitarla, pero aquél enorme favor era resultado tan solo del esfuerzo que había hecho Tashigi para convencerlo, ya que después de todo, ahora que era su instructor en la academia , tenían que mantener cierta distancia.

-¿Y bien? - Preguntó el hombre con voz calmada a la vez que encendía un puro para llevárselo a la boca y encenderlo. - ¿Qué sucedió ésta vez?, ¿Roronoa de nuevo?

Tashigi se encogió en su lugar nuevamente avergonzada por ser siempre tan obvia, y es que... No podía ocultarle absolutamente nada a Smoker ya que él la conocía incluso mejor que sus padres. Con él había alcanzado un nivel tan alto de confianza, que le contaba absolutamente todo, incluso las decepciones amorosas que tenía constantemente con Zoro. En las ocasiones en las que el peli verde había llegado a tener novia, siempre fue junto con el albino a llorar, siendo regañada en ocasiones por seguir fijándose en alguien que no le correspondía.

- ¿Recuerda que le hablé de cierta mujer aparecida de la nada que seguía a Zoro últimamente? - Preguntó ella con voz apagada intentando sonrojarse lo menos posible a la vez que se esforzaba por no ponerse a llorar nuevamente.

-No me digas. - Respondió él a la vez que espiraba el humo del tabaco hacia un lado procurando no dirigirlo hacia dónde se encontraba la chica, para después soltar un pesado suspiro. - ¿Se ha conseguido una nueva novia?

El albino ya estaba más que acostumbrado a ésa situación, después de todo había ocurrido en más de una ocasión. Había pensado que ella por fin había superado esa especie de traumas debido a que ya hacía una buena temporada en que no llegaba a quejarse sobre el tema. De vez en cuando se quejaba de alguna que otra chica que posaba su mirada en el peli verde, pero ya no armaba un alboroto por cualquier cosa.

-No es eso... - Negó con la cabeza. - Zoro podría conseguirse una nueva novia y yo no estaría de ésta manera. - Confesó para darle un nuevo sorbo a su bebida y continuar. - Usted me dijo que no debería seguir aferrándome a alguien que después de tanto tiempo ni siquiera se ha dado cuenta de mis sentimientos, y sé que tiene razón. - Suspiró - Sin embargo, a pesar de que lo he intentado por tanto tiempo aún no lo he logrado. Siempre me he esforzado por mantenerme a su lado, hasta ahora hacer eso era suficiente felicidad para mí, poder ayudarlo a mi manera y reírme junto a él... Había comenzado a creer que haciendo eso algún día se diera cuenta de mi, que a pesar de las novias que él llegara a tener, al final se terminaría dando cuenta de que yo siempre estuve ahí para él.

Smoker miraba hacia un punto muerto de la pared escuchando de manera silenciosa a la vez que cerraba los ojos y apretaba los puños fuertemente al notar como el tono de voz de la muchacha comenzaba a romperse.

-Pero me doy cuenta de que he sido siempre una simple cobarde... Nunca le dije nada por miedo a ser rechazada, no quería arruinar nuestra amistad, y todo este tiempo he estado aterrada. - Su voz cada vez comenzaba a subir más de tono. - Ayer en la noche... Lo vi a él y a Perona hablando con una familiaridad increíble... Yo... Hace mucho tiempo que no veía a Zoro tan feliz... Con las chicas que se ha relacionado hasta ahora, siempre lo note un tanto distante, como si él realmente no estuviera ahí, es por eso que sus relaciones han fracasado hasta ahora y sin embargo, pude ver claramente como con ésa chica es diferente. Su tono de voz, sus expresiones corporales, su risa... Me recordó al momento en que estaba perdidamente enamorado de Kuina. - Sin desearlo las lágrimas comenzaron a correr nuevamente por sus mejillas, a la vez que gritaba eso último. - Lo conozco perfectamente, y a diferencia de las otras chicas, puedo saber que Perona no le es indiferente.

El albino apagó el puro en el cenicero a la vez que se levantaba de su lugar caminando lentamente de un lado de la sala hacia el otro extremo parándose de espaldas a la mujer, a la vez que apretaba la mandíbula fuertemente, y es que... Nunca le había agradado Roronoa, ya que desde que tenía memoria, ése hombre hacía llorar continuamente a su subordinada, de quien estaba enamorado en secreto.

-A éste paso sé que comenzaran a salir... Pero ésta vez será una relación seria... Y sigo sintiéndome estúpida por querer por tanto tiempo a alguien que me considera como una hermana menor. - Bajó la mirada hacia el piso para después preguntarle. - Smoker-san, ¿Alguna vez ha estado enamorado de alguien que nunca se ha dado cuenta de sus sentimientos aún estando a su lado?

Ésa fue la gota que derramó el vaso, sin poder evitarlo el hombre regresó sobre sus pasos bastante fastidiado, para después tomar a la mujer de los brazos y aprisionándola entre sus brazos, para después, de manera brusca robarle su primer beso. No estaba pensando de manera coherente en ése momento, pero había estado bastantes años reprimiendo sus sentimientos por 3 obvias razones. La primera es porque él era un amigo de la familia de Tashigi a quien le des debía demasiado, en segunda, ella era una muchacha de 22 años, y él un hombre de 34, y la diferencia de edad era algo que siempre le había dejado un mal sabor de boca, la tercera y última razón es que ella había estado enamorada de su mejor amigo desde hace ya 12 años.

Él había estado por años intentando olvidarse de aquellos sentimientos que según él eran impropios, e inclusive había intentado mantenerse alejado de ella para olvidarla, pero Tashigi siempre iba en su busca, usándolo como pañuelo de lágrimas. Ella siempre bajaba la guardia cuando estaban juntos, y había tenido que soportar una y otra vez escucharla hablar sobre otro chico que ni siquiera la veía como mujer, sino como familia. Por eso y mucho más, sus emociones apresadas se habían liberado en un instante obligándolo a actuar de manera impulsiva.

Tashigi por su parte estaba en total estado de shock, no sabía que pensar, dentro de sí todo era un caos total. Él hombre que ahora la estaba besando era nada más ni nada menos que Smoker, la persona a quien más admiraba en el mundo, quien la había inspirado y apoyado desde que tenía memoria. Nunca había pensado en él más que de una manera profesional y un afecto sano hacia un superior... Y sin embargo, ahí estaba él, rompiendo totalmente con la imagen mental que sola se había formado.


Zoro por fin había regresado a casa con ayuda de Johnny, en la entrada se había encontrado con que Chopper estaba esperándolo preocupado, por lo cuál había levantado la mano saludándolo, logrando que el menor se lanzara a sus brazos llorando cual niño pequeño, cosa que lo hizo sentir culpable, ya que por tantas cosas que habían sucedido se le había olvidado por completo avisarle a sus hermanos en donde estaría.

Del otro lado de la calle a una casa de distancia, estaban saliendo Ace y Sabo, quienes tenían ropa doblada dentro de una bolsa de plástico, comida dentro de un tupper y la mochila de Luffy. Irían al Baratie para entregársela al menor para que pudiera ir a la escuela con normalidad.

Cuando el pecoso distinguió aquella cabellera verde, se le abalanzó encima amenazando con matarlo por haberle mentido de aquella manera, ya que obviamente, el rubio tras llamar a Sanji quien le aseguró que Luffy se encontraba en su casa durmiendo, le había avisado a Ace para que dejara de comerse las uñas, y éste había sentido un enorme coraje al resultar ser el conejillo de experimentos del cabeza de musgo.

Zoro por su parte, estaba tan agotado que ni siquiera se esforzaba por responder a los gritos escandalosos del pecoso, a quien comenzaron a lanzarle trastes y demás objetos en la cabeza por estar gritando a tales horas de la mañana.

-¡Voy a entregarle esto a Luffy y ya después me encargaré de golpearte! - Afirmó el pecoso para después marcharse con el orgullo herido.

-Y será mejor que realmente esté ahí. - Siguió Sabo mientras lo fulminaba con la mirada en un instinto para después cambiar su expresión dibujando una enorme sonrisa. - Si no tanto a ti como a Sanji les irá mal. - Afirmó logrando que al peliverde le diera otro escalofrío y agradeciera internamente por acertar en raptar al monito de la casa de Hancock y enviarlo al Baratie, aún cuando si Perona se enteraba de que había estado en la habitación de una preciosidad que tenía puesto tan solo un camisón provocativo terminaría por destrozarlo.

-¡Anda ve! - Gritó. - Te aseguro que está ahí.

-Eso espero. - Terminó la conversación para después marcharse junto al pecoso quien ya comenzaba a gritarle que se apurara.

Continuara...

Una disculpa: Ocurrió un error, a decir verdad luego suelo volver a leer los capítulos subidos para ver si no cometí errores, para redactar con mayor claridad o evitar la repetición continua de palabras, entre alguna cosilla que se me pueda llegar a ocurrir, en fin, estaba releyendo el capitulo 19 para corregir unas cuantas cosillas que por ahí me encontré, y por error al momento de reemplazar el capitulo por la versión corregida, lo subí en el 18, por lo cual tuve que volver a colocar en el capítulo 18 de la página de Word dónde tengo el fic completo, pero como resultado las respuestas a los comentarios que me dejaron en el capítulo 17 se perdieron, disculpen por eso, fue un error de dedo. :(