Bueno... Después de mucho tiempo por fin pude colocarles la continuación, y como siempre (historia de siempre), quiero disculparme por la tardanza y aunque tal vez a ustedes no les importe demasiado quiero aclarar la razón por la que me tarde mucho, y quiero justificar algo para evitar que al final del capítulo me ataquen con tomatazos.

Primero me tarde demasiado porque como ustedes saben éste no es el único fanfic que escribo, también escribo "Conquistando al futuro Rey de los Piratas", y ... Ése fanfic me cuesta mucho más trabajo redactarlo puesto a que como ése está completamente basado en la historia original de One Piece, obviamente tengo que agregar escenas de batallas, ¡Y soy pésima con las escenas de batalla!, por eso me estuve quemando el coco para poder terminar ése capítulo el cual lleva el mismo tiempo sin ser actualizado que éste.

La segunda razón fue la siguiente... Éste capítulo estaba planeado para un máximo de 15 hojas en Word en las cuales describiría toda la historia de Zoro con Kuina, de hecho tenía la intención de escribir todo desde la perspectiva de Zoro y todo desde la perspectiva de Tashigi, pero conforme fui empezando a escribir me di cuenta de que eran demasiadas ideas, y no podía simplemente ponerlo todo, ya que sino nunca iba a terminar con éste arco. xD, al principio tenía la intención de publicarles un anuncio en el cual sometería a votación si querían que subiera ahora o después el capítulo ya que me quedó mucho más largo de lo que tenía previsto. La idea era poner TODO y concluirlo en éste capítulo, pero llegué a un punto que llegue a 9 hojas en Word y no llegaba ni a la mitad, por lo cual si continuaba escribiendo iban a quedarme más de 20 páginas en Word, y por ende me iba a precionar mucho más porque ya de por sí me estaba tardando en actualizar, e iba a terminar por dejar puntos huecos en la historia que a mi parecer son importantes. Por ejemplo, tenía la intención de cortar la escena de cuando Zoro conoce a Luffy, pero tras pensarlo con calma me dije que no quería hacerlo, y para evitar más presiones lo dividí en 2 partes para poder llevarlo con calma. SÈ que dejé el capítulo en un punto muy importante, pero creo que fue la mejor decisión para no bajar la calidad de la historia, por eso espero puedan comprender un poco el haberlo dejado el capítulo en... En eso, ya lo veran. Sin nada más que agregar los dejaré leer.

Capítulo 23.

Trágico accidente.

Roronoa Zoro era un niño orgulloso desde siempre, tenía energía de sobra, una gran ambición, y siempre correteaba de un lado para otro buscando contrincantes fuertes a los cuales enfrentarse. La razón de su afición al kendo era porque su padre había sido campeón de Japón, y por lo tanto el había desarrollado aquél deseo de practicar el deporte como una manera de superar a su viejo. Aún así nunca había ido a un dojo para entrenar, ya que era su propio padre quien le había enseñado todo lo que sabía a su corta edad de 6 años, momento en que entró a la primaria y un nuevo objetivo había surgido en él.

Zoro había tomado la decisión de entrar al dojo de un hombre que a simple vista parecía un tanto atolondrado, él tenía el cabello largo color negro atado en una coleta baja. Era muy diferente a la figura paterna que él tenía, su papá era un hombre alto fornido que tenía el mismo tono de cabello color verde, estos estaban desordenados y encajaban a la perfección con su rostro el cual indicaba que era un hueso duro de roer, su viejo siempre tenía la frente en alto, nunca huía de un enfrentamiento y defendía su titulo con orgullo, era un ser recto y estricto aunque sensible cuando se trataba de su hermana mayor, y mucho más cálido con el pequeño Chopper de apenas 2 años de edad.

De cualquier manera su padre al cual tanto respetaba era todo lo contrario a la persona que en breve se convertiría en su maestro. Realmente había resultado ser un shock que el niño hubiera decidido ser entrenado por aquélla persona que a simple vista parecía bastante débil. Pero para entender la razón por la que se había interesado en entrar, debemos primero regresar a la tarde del Lunes de la semana pasada.

La adolescente de 15 años de Edad Robin había salido de la casa acompañando a su hermano menor quien insistía en ver la escuela a la cual asistiría. La muchacha sonreía mientras veía al peli verde corretear de un lado para otro agitando su espada de bambú al aire. En el camino se encontraba entrenando, según él, pero lo que realmente hacía era apuntar su arma a cualquier hombre que se atreviera a mirar a su hermana, cosa que a la muchacha le parecía sumamente tierno.

Llegando a la academia Zoro no pudo evitar soltar un grito de impresión, al ver las instalaciones que le parecían enormes. Realmente no era la gran cosa, se trataba de una escuela común y corriente, pero a su corta edad todo se veía mucho más grande de lo que realmente era. Los papeles necesarios para la inscripción del muchacho ya habían sido leídos y adecuadamente firmados, pero había unos papeles que habían pasado por alto y eran necesarios de entregar, por lo que se le había pedido a Robin que se encargara de ir a entregarlos, y en el proceso el menor se le había pegado.

Cuando iban a entrar se escucharon unas voces femeninas que llamaron la atención del peliverde por unos momentos. Se trataba de sus vecinas, a quienes había visto en unas cuantas ocasiones ya que resaltaban a la vista al ser completamente idénticas, pero a las cuales hasta el momento no había prestado real atención.

-Mira que eres torpe por olvidarte de las fotos en la casa. - Regañaba Tashigi.

A Zoro le brillaron los ojos al momento al percatarse que en la espalda de una de las gemelas se encontraba una espada de bambú, por lo que inmediatamente se colocó frente a ella retándola a un duelo como era costumbre. Si bien era cierto que no era costumbre suya retar a chicas, eso en el momento no le había interesado debido a que llevaba tiempo sin luchar contra alguien que no fuera su padre.

-¿Ah?, ¿Qué le sucede a éste mocoso? - Preguntó Kuina arqueando una ceja a la vez que miraba al menor de manera indiferente.

-¡¿A quién llamas mocoso, vieja?! - Respondió fastidiado.

-¿Vieja? - Cuestionó ofendida.

Mientras que Tashigi intentaba calmar el temperamento alto de su hermana, Robin intentaba hacer lo mismo con el suyo. Sin embargo ése había sido solo el inicio de lo que sería su relación dentro de los próximos años. En cuestión de segundos Zoro y Kuina se habían liberado de los brazos de las personas que estaban intentando retenerlos, y se habían lanzado una serie de insultos el uno al otro terminando por apuntar al contrario con su espada.

-Te voy a enseñar buenos modales.

En un instante la muchacha lo había derrotado... Ni siquiera le había costado trabajo, no se veía agitado, no se había despeinado siquiera, y eso le había herido el orgullo profundamente. Lo habían derrotado a él, a Roronoa Zoro, el hombre que deseaba con todas fuerzas superar a su padre, quien estaba completamente seguro de su habilidad, quien jamás había pensado siquiera en la posibilidad de perder.

-Hum... Que tipo tan débil. - Refunfuñaba la niña peli azul quien tenía el ceño fruncido y miraba hacia abajo al peli verde quien estaba tendido en el suelo con un enorme chichón en la cabeza.

-Hermana... Creo que te excediste. - Dijo la gemela menor mirando al pobre muchacho en ése deplorable estado.

Robin preocupada había corrido a asistir al menor, al momento que miraba a las chicas con ojos que demostraban desaprobación. Zoro por su parte había rechazado la ayuda de su hermana, y se había levantado por cuenta propia guiado por su orgullo, él tenía las rodillas raspadas y sucias al igual que partes de su rostro, sus mejillas estaban enrojecidas debido a la vergüenza y la ira que sentía en su interior, fastidiado apretaba los dientes de tal manera que rechinaban.

-¡¿Cómo te llamas?! - Preguntó en un grito.

-...Kuina. - Respondió tras un breve silencio al momento que se metía al interior de la escuela siendo perseguida por Tashigi.

Después de eso Zoro había echado a correr directo a su casa dejando a Robin a cargo de todos los papeleos correspondientes. Con pasos rápidos había buscado a su padre por los alrededores pero al recordar que no se encontraba en casa por el momento, había salido al patio trasero a practicar una y otra vez con su vieja espada de bambú. Se había desquitado con cualquier cosa que se cruzara por su mirada intentando sacar todo ése enojo e intentando dejar de pensar en la humillación que había pasado.

Una niña lo había derrotado, una sucia y vulgar niña. Desde que tenía memoria había empezado a entrenar inspirado por su padre, quien por supuesto había estado maravillado cuando éste le dijera que quería seguir sus pasos, y él confiaba en la fuerza del mayor. Los chicos de su edad no solían ser rivales, de hecho terminaban por aburrirlo por lo que él ya tenía el nivel suficiente como para enfrentar a personas unos cuantos años mayores que él.

Después de unas 2 horas de haberse ejercitado sin descanso, se había tirado sobre el pasto, tenía la respiración agitada, lleno de sudor, los cálidos rayos del sol alumbraban el cielo cubriéndolo por completo. Aún se sentía cabreado, quería ir inmediatamente a la casa de ésa muchacha y pedir la revancha, maldecía al aire constantemente. A punto estuvo de volver al entrenamiento, pero justo en ése instante el gruñir de su estómago se hizo sonar, lo cual lo había hecho percatarse de lo hambriento que estaba, por lo cual no sería mala idea ir a comer algo.

El día transcurrió con lentitud para el pequeño Zoro, pero alrededor de las 5:00 pm, su padre por fin hizo acto de presencia, cosa que lo alegró y sin hacerse esperar se abalanzó sobre él cuestionándolo por ésas gemelas, ya que sabía que él debía tener información sobre ellas al estar dentro del mundo del Kendo, y siendo vecinos, con mayor razón. Se sorprendió al enterarse de que él era amigo del padre de las gemelas.

-¿Tú amigo? - Preguntó confundido pero antes de que pudiera empezar a cuestionarlo el timbre de la casa sonó.

El hombre dejó momentáneamente a su hijo para ir a atender sin darse cuenta de que el niño le seguía los pasos. Al abrir la puerta lo primero que vislumbraron los ojos del pequeño Roronoa, fue la silueta de un hombre de mediana estatura, éste tenía la piel pálida, una amable sonrisa, sus ojos solían estar cerrados, su negro cabello siempre se encontraba atado en una coleta baja.

Él era Koushiro, un hombre que luego iba a visitarlos para hablar un rato con su papá, en ocasiones salían juntos a tomar, y demás cosas. Ante los ojos de Zoro, ése hombre llamado Koushiro se veía como un completo perdedor, con ése cuerpo delgado y ése rostro de rata de laboratorio, a decir verdad no llegaba a entender como era que era el mejor amigo de su papá, seguramente habían sido compañeros en la escuela, ésa era la única explicación que su pequeña mente podía formular.

-Zoro. - Lo llamó el peliverde mayor. - Él es el padre de Kuina y Tashigi, ¿Acaso no lo sabías?, deberías por lo menos de conocer a tus vecinos.

-¿Ehh? - Exclamó incrédulo al momento que su mandíbula se abría tanto como le era posible. - ¡Eso es imposible!, ¿Éste perdedor es el padre de ésa vieja?

-¿De qué estás hablando? - El hombre soltó un golpe en la cabeza de su hijo por ser tan descortés al momento que se disculpaba con su amigo. - Koushiro es un preciado amigo y también mi rival, él también tiene varias medallas de campeonatos en kendo... De hecho es maestro de su propio Dojo.

-¿Cómo, éste viejo? - Preguntaba incrédulo al momento que veía a los dos hombres parados frente a sí... Mientras que uno era su ejemplo a seguir, un hombre fuerte, recto y varonil, el otro parecía todo lo contrarío, y no podían llegar a tener algo en común, pero tras haber sido derrotado por la hija de éste, no tenía ya más dudas. - Viejo. - Repitió recibiendo otro golpe por parte de su padre, pero ni por eso se detuvo. - Conviérteme en tu discípulo.

-De... ¡¿De qué estás hablando Zoro?! - Regañó su ofendido progenitor. - Yo soy tu entrenador, ¿Acaso no estás conforme conmigo?

-Por supuesto que sí. - Afirmó totalmente confiado. - Tú eres mi meta pero... Yo perdí contra ésa niña... ¡No lo aceptaré!

-¿Es cosa de orgullo? - Preguntó orgulloso al entender a la perfección sus sentimientos. - Bien, bien, en ése caso no hay problema, pero seguirás entrenando conmigo de todas formas.

Koushiro veía la escena en completo silencio, a decir verdad en ningún momento se había planteado siquiera la idea de que el hijo de su amigo pudiera ser capaz de pedirle eso. Realmente no tenía problemas en aceptar nuevos discípulos, de hecho eso era una ventaja para su dojo, cualquiera sabía que Roronoa era excelente en lo que hacía, por ende se debía suponer que la fuerza de su niño debía estar más alta que la media. La idea parecía interesante, de manera que lo aceptaría, de cualquier forma por lo que había escuchado él había sido derrotado por Kuina, lo cual era una ventaja. Si bien la mayor de sus hijas era increíblemente hábil, lo que ella tenía de malo era su orgullo, había llegado a tal punto de arrogancia puesto que ni siquiera los adultos podían derrotarla, claro... Sin incluirlo, pero el punto es que quería hacer madurar a Kuina.

-Está bien, ven la semana próxima.

A Zoro no le había importado realmente la fecha, lo único que tenía en mente era entrenar arduamente en los días próximos para que cuando llegara el momento de reencontrarse con ésas gemelas, pudiera retar a la mayor. No era de su agrado haberse vuelto discípulo de ése hombre escuálido, sin embargo su manera de actuar siempre había estado guiada por sus ideales propios, pensaba que al haber sido derrotado por la hija de éste, entonces tenía que corresponder de alguna manera por su debilidad.

La semana pasó rápido, había tres horarios diferentes en los entrenamientos de ése hombre, ya fuera en la mañana, tarde o noche para adaptarse a la vida rutinaria de sus discípulos. Él iría en la tarde después de la escuela, era su primer día de clases y realmente no se encontraba muy emocionado por asistir, sino por lo que iba a ocurrir después. Llevaba la mochila con sus útiles colgada de su hombro derecho, Robin se había encargado de intentar peinar su desordenado cabello pero él no se había dejado y lo había alborotado nuevamente con la mano, entrando a las instalaciones de la escuela miraba a su alrededor con curiosidad, los alumnos de los diferentes grados iban entrando, algunos ya tenían sus grupos de amigos marcados mientras que los que iban solos eran de primer grado como él.

Entrando al salón de clases lo primero que hicieron por ordenes de la profesora asignada, fue levantarse uno a uno, decir su nombre, edad, gustos, y aficiones entre otras cosas, esto con el objetivo de que se conocieran unos a otros. Zoro solo observaba a sus nuevos compañeros sentados desde su pupitre, por alguna razón desde que había entrado todos lo habían visto con ojos que demostraban miedo, seguramente ocasionado por el extraño color de cabello del chico, o por su rostro ya que él sin darse cuenta acostumbraba mantener el ceño fruncido, no porque estuviera enojado, sino que era algo inconsciente.

Cuando le tocó su turno de hablar lo primero que mencionó fue su experiencia en el kendo, cosa que aumentó la tensión en sus compañeros. Mientras que las niñas comenzaban a murmurar entre sí sobre lo aterrador que se veía el niño, los chicos entre sí veían a Zoro como una clase de deidad a la cual no debías molestar, ya que para sus ojos era algo así como el macho alfa, alguien a quien debían respetar y obedecer sin rechistar.

La hora del receso llegó, y ya para ése momento el pequeño Roronoa se había convertido en un lobo solitario, lo cual no era sorpresa ya que el hacer amigos no era una habilidad que poseyera. En cualquier caso estaba más enfocado en encontrar a las gemelas, lo cual no le costó nada de trabajo, ya que inmediatamente se topó con dos cabelleras azuladas que paseaban por el patio. Sin esperar echó a correr hacia ellas al momento que desenfundaba su espada de madera apuntándolas al momento que preguntaba cual de las dos era Kuina, ya que por el momento no sabía diferenciarlas.

-Piérdete. - Decía la mayor mientras fruncía el seño. - No voy a pelear contra ti en la escuela, me metería en problemas por darle una paliza a un mocoso.

-¡¿Qué dijiste?! - Gritó aún más cabreado.

Tashigi por su parte miraba a los dos individuos bastante preocupada de que iniciaran un escándalo en el primer día de clases. A decir verdad le resultaba patético como es que su hermana se dejaba llevar por las provocaciones de un niño de tan solo 6 años, pero no podía decirle nada ya que se enojaría.

-¿Es cierto que te uniste a nuestro Dojo? - Preguntó la niña de lentes para intentar calmar el ambiente.

-Sí. - Respondió como si nada.

-¡Ja!, ¡El dojo no necesita debiluchos como tú, mejor ni lo intentes, dañarías nuestra reputación! - Fanfarroneo Kuina.

-¡Cállate!, deberías agradecer por tenerme como miembro, después de todo soy el hijo de Roronoa Jin. - Normalmente él no era el tipo de persona que presumía del nombre de su padre pero simplemente no podía dejar que insultaran su kendo el cuál había aprendido de él.

-¿Cómo?, ¿Eres hijo de Jin-sama? - Preguntaron ambas chicas sorprendidas. - Eso no es nada... - Susurro Kuina. - Aunque seas su hijo eres un completo debilucho.

-Lo sé. - Afirmó. - No soy ni una cuarta parte de fuerte de lo que él es... Pero sin lugar a dudas, yo algún día lo superaré.

Kuina se sorprendió al escuchar esas palabras, veía los ojos del menor empapados de determinación cosa que había ocasionado que empezara a tomárselo más enserio. De pronto una molestia inminente había nacido en su pecho, de alguna manera tenía envidia, ya que sólo era necesario ver las agallas que tenía ése chico para darse cuenta de que se volvería en alguien importante. Aunque aún era muy pronto como para hacer suposiciones, comparado con ella, se trataba solo de un enclenque grosero y engreído, esperaría a verlo en los entrenamientos antes de juzgarlo por completo.

Mientras que Kuina se revolvía en sus propios pensamientos, Tashigi por su parte estaba bastante sorprendida con la tenacidad del peliverde. Ella de alguna manera podía entenderlo puesto que no era tan fuerte como su hermana, desde que tenía memoria habían estado practicando juntas con la tutoría de su padre, pero Kuina desde siempre había demostrado tener un talento innato, aprendía con facilidad, día a día se la había pasado entrenando sin descanso. Al principio a ella no le había interesado mucho practicar el deporte, sin embargo al ver a su hermana esforzarse diariamente, un sentimiento de admiración había nacido en su pecho, quería poder compartir esa pasión con ella, por lo que había empezado a correr tras de ella, había intentado alcanzarla constantemente, quería poder mirar el escenario al lado de ella, pero siempre que creía que estaba a punto de alcanzarla, ella corría con mucho más intensidad y se alejaba. Por eso mismo podía entender la frustración que aquél chico debía de estar sintiendo al verse abrumado por una fuerza abrumadora que había aparecido de la nada.

Ciertamente era sorprendente que ése niño fuera hijo de Roronoa, aunque debió de habérselo imaginado en un principio al ver ésos cabellos color pasto idénticos a los de su padre. Era un tanto gracioso como no se habían dado cuenta de que eran vecinos, ya que después de todo Jin y Koushiro eran mejores amigos, después de todo era tan solo cuestión de tiempo para que se conocieran.

-¿Cómo te llamas? - Preguntó agachándose levemente para estar a la altura del menor. - Yo me llamo Tashigi, a partir de hoy seremos compañeros. - Extendió su mano derecha para que el otro la estrechara.

-Zoro... - Respondió después de analizar a la chica de lentes por unos instantes, a diferencia de la otra chica, ésa tal Tashigi no le provocaba molestia.

-Tashigi, no te pongas amistosa con ése tipo. - Replicó Kuina tomándola por la muñeca para alejarla.

Las gemelas se alejaron dejando al pequeño Roronoa solo. No entendía como era posible que pudiera existir una niña tan molesta en el mundo, y es que hasta el momento el no había tenido la oportunidad de tener una amistad con personas del género contrario, puesto que generalmente ellas le tenían miedo. La única chica con quien podía ser completamente él, era por supuesto con su hermana Robin a quien adoraba con todo su corazón, aunque jamás lo diría en voz alta, y claro... Robin era una chica completamente diferente a ésa odiosa de Kuina; Su hermana era preciosa, amable, cariñosa, responsable y muy madura, por eso mismo esa mocosa le provocaba tantas nauseas, ya que era grosera, y nada linda, incluso parecía chico.

De ésa manera la jornada de clases avanzó rápidamente, y cuando la campana que indicaba la hora de salida se hizo sonar. Roronoa echó a correr hacia la salida esperando ver a las hermanas para perseguirlas, y es que su papá le había dicho la dirección exacta, pero para ser sincero no tenía idea de como llegar. De cualquier manera empezó a moverse de manera sigilosa tras las chicas intentando imitar ésa película de ninjas que había visto hace tres noches.

-Sé que estás siguiéndonos, sal de ahí... Pareces estúpido.

El sonrojo en las mejillas del niño no se hizo esperar, no pensó que lo descubrirían con tanta facilidad, y ahora se sentía totalmente patético. De cualquier manera ya no servía de nada ocultarse, por lo que había salido soltando gritos debido a la vergüenza. Por supuesto la hermana mayor no había perdido oportunidad para hacerlo sentir peor mientras que Tashigi por su parte intentaba darle consuelo.

De ésa manera fue su encuentro, se conocieron de manera casual en el momento en que Zoro entró a la escuela primaria. Tal vez en un principio su relación fuera bastante extraña debido a las constantes peleas que tenían dos de ellos, pero eso tan sólo era el principio para la amistad que sería una de las más hermosas.

Llegando al Dojo, el primero en darle la bienvenida fue Koushiro, quien ignoraba los reclamos de su hija mayor los cuales había estado escuchando desde que le mencionó que lo había convertido en su discípulo. De cualquier manera lo primero que quería hacer era la capacidad del hijo de Jin por lo que había decidido a ponerlo en combates uno a uno, primeramente con los niños de su edad a los cuales derrotó sin esfuerzo alguno, a continuación puso a unos chicos dos años mayores que él, pero de igual manera los venció, cosa que ya se esperaba.

-Papá... - Dijo Kuina pero al ver el rostro del hombre corrigió de inmediato. - Quiero decir... Maestro, déjeme pasar a mí.

-No. - Contestó de manera firme al momento que seguía pasando a sus alumnos de manera gradual a la fuerza que poseían. - Es increíble. - Dijo en voz alta sin darse cuenta. - Y pensar que solo tiene 6 años, no hay duda que es hijo de Jin. - Ése comentario despreocupado molestó aún más a Kuina, sin embargo no podía hacer nada si no tenía el permiso para ello.

Después de una racha victoriosa uno de los alumnos por fin venció a Zoro, sin la necesidad de llegar a utilizar a Tashigi o a Kuina. Era cierto que para su edad tenía una habilidad impresionante, pero todavía era tan solo un niño, podía tener la agilidad necesaria para moverse con velocidad, pero no la fuerza, sin embargo eso no negaba que era un diamante en bruto que podía ser pulido. Koushiro ahora podía entender porque Jin no se lo había querido dejar en un principio, después de todo era una joya que él quería pulir por si mismo.

-Maldición... - Se quejó el niño levantándose lentamente al momento que miraba a la peli azul quien al momento había desviado la mirada dándole a entender que no estaba siquiera cerca de rozar su nivel.

Había sentido la necesidad de echar a correr por unas pesas para entrenar y pulir su cuerpo, sin embargo se había quedado ya que no podía darle la espalda a las instrucciones de la personas que de ahora en adelante debía llamar maestro. Hizo una reverencia a su contrincante para agradecer el duelo, y después fue junto a los demás alumnos los cuales estaban sentados, por lo cual adoptó la misma posición. Ésas peleas aparte de ser una prueba para asignar su nivel de fuerza, fueron también una presentación hacia el nuevo compañero que se les unía. Cabe destacar que la mayoría estaban encantados al ver que había llegado un niño tan prometedor.

De ésa manera el verdadero entrenamiento comenzó, los alumnos en pie, hacían golpeaban con las espadas de madera una y otra vez practicando las posiciones básicas, por supuesto antes de eso habían realizado el calentamiento adecuado, como trotar, hacer flexiones y demás cosas. Tashigi miraba divertida como Zoro y Kuina parecían estar en una constante competencia, ya que para cualquier cosa que el entrenador pedía, intentaban hacerlo mejor que el otro, siendo la chica quien terminaba por ganar en todas las aptitudes.

Poco a poco la tarde fue pasando, la clase había finalizado, ya todos los alumnos se habían marchado y el único que se encontraba aún entrenando era Zoro, quien seguía sin estar conforme con su nivel actual. Ya que las instrucciones de Koushiro habían terminado podía actuar con libertad, de manera que se encontraba acuclillado con las manos tras su cadera saltando de un extremo de la amplia habitación hasta el otro, en la espalda se había atado unos cuantos ladrillos con ayuda de unas cintas para aumentar el peso y la dificultad.

-¿Es necesario que exageres tanto? - Preguntaba Koushiro sentado en el piso de madera con un vaso de porcelana el cual contenía té verde, él le hacía compañía observando su entrenamiento.

-Necesito... Ser más fuerte... - Respondía jadeante al momento que las gotas de sudor resbalaban de su frente cayendo al piso. - Y superar a su hija... De lo contrario... Nunca podré superar a mi padre.

-Es cierto que la perseverancia y el trabajo duro siempre son bien recompensados. - Decía al momento que tomaba un sorbo de té para después continuar. - Sin embargo... Para alguien como tú, que está tan obsesionado con el trabajo duro, de vez en cuando le hace falta un poco de holgazanería.

-Si hago eso... Nunca llegaré a nada.

-Mira que eres testarudo... Lo único que te estoy diciendo es que de vez en cuando disfrutes un poco más de la vida. Sal a pasear, a jugar con tus amigos, comete un helado o ve y gasta todo tú dinero en un centro de juegos, después de todo solo tienes 6 años... Tienes toda la vida por delante, aunque te lo tomes con calma tienes mucho tiempo para mejorar.

Zoro había dejado ya los ladrillos a un lado y ahora estaba golpeando unos palos que se encontraban en el jardín justo al lado del salón de entrenamiento, en donde Koushiro podía verlo con claridad debido a que su hogar era de estilo tradicional por lo que las puertas eran corredizas.

-Vaya, vaya, por eso Jin se preocupa tanto. - Dijo eso más para sí mismo que para él antes de salir de la habitación y dejarlo solo.

Cuando el hombre se fue el pequeño Roronoa dejó de moverse, respiraba de manera agitada, aún podía entrenar más y más sin embargo ése último comentario había sido suficiente como para activar su curiosidad. Había querido voltearse para preguntarle a su maestro, ¿A qué se refería con eso?, sin embargo al ver que ya se había ido, se quedó unos instantes totalmente quieto al momento que se ponía a pensar.

-Mi papá... ¿Preocupado? - Preguntó al aire sin darse cuenta de que lo había escuchado cierta peli azul, quien había estado espiando al cabeza de césped desde hace ya un buen rato.

De ésa manera el tiempo fue pasando de poco a poco con la vida rutinaria de Zoro, quien nunca faltaba a una sola sesión de entrenamiento. De igual manera seguía con los entrenamientos de Jin, mientras que diario se encargaba de retar a Kuina a batallas, una y otra, y otra y otra vez. No importaba cuantas veces ésta le pateara el trasero, él seguía corriendo para retarla las veces que fueran necesarias. Por otra parte su relación con Tashigi era mucho más tranquila, ella era muy comprensiva y siempre se encargaba de tratar de calmar ambos lados, a ella también la había enfrentado un par de veces, pero tampoco era capaz de vencerla, y aunque eso le enojaba, la única con la que sentía ésa ferviente rivalidad por alguna razón era con Kuina.

Un año entero paso, un año en el que los tres se la pasaban juntos la mayor parte del tiempo, y por mucho que Zoro dijera que Kuina era su rival, por mucho que Kuina lo negara, y aún con las peleas diarias, ellos de alguna manera se habían convertido en buenos amigos. Aunque eran un grupo inusual ya que su vida giraba en torno al kendo, no salían a divertirse o a matar el tiempo en actividades que niños normales practicarían.

A sus 7 años, Zoro ya había dejado de pensar en que su entrenador era un perdedor. Tras conocerlo se había dado cuenta de que era una persona realmente fuerte pero que las diferencias que él y su papá tenían eran meramente de personalidad. Por ejemplo... Mientras que Jin era un hombre sumamente estricto, Koushiro era mucho más comprensivo. Por otra parte Jin era pésimo para dar consejos, mientras que Koushiro no, él solía dar muchas lecciones de vida por medio de las palabras. Cada uno tenía sus formas de enseñar, eran tan distintas pero a la vez se podía apreciar que eran muy buenos maestros.

Un día tras llegar al Dojo, se sorprendieron al ver que no había ningún alumno dentro por lo que las gemelas le preguntaron a su papá la razón, a lo que éste les contesto que quería tomarse unas pequeñas vacaciones por lo que no abriría durante las próximas dos semanas, cosa que por supuesto los exalto, ya que... ¿Qué harían sin dos semanas de kendo?, esa era su vida, su medio de entretenimiento y su rutina.

Claro que intentaron protestar pero sus quejas no fueron escuchadas, y ahora tenían que ver que hacer. Zoro fue el primero a quien se le ocurrió una solución, y propuso que en ése tiempo podrían ir a entrenar con su papá, a lo que tanto Tashigi como Kuina estaban de acuerdo, ya que admiraban al hombre; Sin embargo, se llevaron una enorme sorpresa al llegar puesto que Jin les dijo que tampoco estaba dispuesto a trabajar dentro de ésas dos semanas debido a que se había presentado una serie de competiciones a las cuales debía de asistir, y no quería distraerse con otras cosas.

-Vamos, deberían estar felices. - Dijo Jin al ver sus rostros decepcionados. - Eso significa que ustedes también tienen vacaciones.

-¡No queremos vacaciones! - Gritaron al mismo tiempo.

-Tengan. - Les dio algo de dinero. - Vayan a comer una pizza o algo. - Dijo corriéndolos de la casa cerrando la puerta en su cara. - Esos niños tienen que relajarse de vez en cuando.

Aislados se habían quedado mirando la entrada disgustados, tenían la tarde libre y dinero en las manos, sin duda alguna el sueño de cualquier niño, y sin embargo no tenían ni la más remota idea de que hacer, por lo tanto se habían sentado en una banca que estaba al lado de la casa, tenían la cabeza clavada en el frío piso, y un aura de depresión los rodeaba por completo.

Momentos después había salido Robin quien se había molestado con su despreocupado padre por dejar salir a unos niños a la calle completamente solos. Al salir se había sorprendido al ver a los menores en ése estado lamentable, cosa que le había ocasionado un poco de risa. Acercándose a ellos se había acuclillado frente a ellos para que pudieran verla directamente a la cara.

-¿Por qué tan tristes?

-Robin. - Dijo Zoro poniéndose de pie. - No nos van a dar clases por dos semanas.

-¿Y qué tiene eso de malo? - Preguntó ladeando la cabeza confundida.

-¡Robin! - Gritó ahora enojado.

-Jaja... - Soltó una suave risa. - Lo siento, lo siento... Sé que ustedes aman el kendo pero... Son tan solo dos semanas, ¿Por qué no aprovechan el tiempo para hacer algo diferente?

-¿Otras cosas? - Preguntó confundido frunciendo levemente el ceño.

-Así es. - Sonrió al momento que revolvía los verdes cabellos de su hermanito provocando que éste se avergonzara, ya que estaba enfrente de Kuina y Tashigi.

Mientras que Tashigi le había parecido divertido ver al rebelde de Zoro como un niño ordinario frente a su querida hermana, Kuina por su parte se había irritado levemente. No entendía la razón por completo, pero cada vez que Zoro estaba con Robin, la actitud del chico se modificaba por completo, ése chico que consideraba un completo patán, se convertía en un ser cariñoso y comprensivo, lo cual le daba a entender que el niño simplemente adoraba a su hermana mayor, y eso no es que le pareciera algo malo... Sino que de alguna manera le molestaba saber que con ellas no se comportaba de ésa manera, y por una razón que no comprendía eso la fastidiaba.

-Vengan conmigo. - Animo Robin al momento que los obligaba a levantarse. - Les mostraré todo lo que pueden hacer. - Emocionada había tomado de la mano a Zoro quien había enrojecido completamente cual tomate e intentaba liberarse mientras veía a sus amigas con rostro de pánico.

En un instante Kuina había sacado su espada de madera y había golpeado a Zoro en la cabeza, al instante el chico había volteado para reclamar sin embargo cuando lo hizo un nuevo golpe cayó dándole en la cara, lo cual provocó que se le quedara una marca roja dividiendo su rostro.

-¡¿Qué demonios te pasa?! - Gritó furioso sacando al instante su espada de bambú. - ¿Quieres pelea? - Lo que no se esperaba era que Kuina tan solo lo ignorara tras soltar un quejido. - ¿Qué le sucede? - Preguntó para sí mismo.

Robin por su parte sobaba suavemente su barbilla mientras veía la escena divertida, a decir verdad no se esperaba eso. Realmente ya se esperaba que entre ellos dos algún día pudiera haber algo, después de todo ya todo mundo sabe que del odio al amor hay un solo paso, pero sinceramente ella pensaba que cuando sucediera, quien diera el primer paso fuera Zoro, y no se imaginó que sucedería tan rápido.

Primeramente la muchacha los llevó a comer, y a pesar de que ella prefería entrar a comedores familiares, al ser ésta la primera vez que ésos niños tenían un descanso pensó que podría darles gusto. De manera que tomando la idea de su despreocupado padre, los había llevado por un poco de pizza. Había pedido un montón de ingredientes que sabía los niños adoraban, mientras que ellos solo la observaban en silencio, ya que a decir verdad era la primera vez que iban a un lugar como ése, puesto que acostumbraban comer en casa.

Mientras la pizza se preparaba, Robin les consiguió una mesa, ellos se sentaron pero los menores no parecían querer conversar, probablemente porque el único tema que habían tenido en común hasta el momento era el Kendo. Ella se encargó de llevar el ritmo de la conversación y empezó a hacerles preguntas comunes, para que empezaran a conocerse mejor.

-¿Y cómo les va en la escuela? - Preguntó casualmente.

Tashigi orgullosa empezó a alardear sobre sus perfectas calificaciones, mientras que Kuina y Zoro se encogían un tanto apenados, ya que el estudio no era precisamente su fuerte. Afortunadamente la comida no tardó mucho, y en un instante ya estaba en el centro de la mesa.

Los niños veían la forma redonda de la pizza con completa curiosidad, tomaron un trozo y lo observaron antes de dar una mordida. Al instante los tres abrieron los ojos enormemente con un nuevo brillo impregnado e irremediablemente comenzaron a devorar su comida como si llevaran días sin probar bocado alguno de alimento.

-¿Qué es esto? - Preguntaba Tashigi.

-¡Está bueno! - Continuaba Zoro.

-¡Nunca había comido algo tan bueno!

Robin volvió a reír al ver aquella reacción tan exagerada, digna de cualquier niño primerizo en el arte de devorar pizza. Kuina al darse cuenta de eso no había podido evitar sonrojarse, y es que por alguna razón se sentía indignada, y seguía sin comprender porque se sentía tan incomoda estando al lado de la hermana del cabeza hueca de Zoro, pero definitivamente no le gustaba nada que se burlara de ella.

La comida no duró prácticamente nada, puesto que desapareció en cuestión de minutos y tras darse cuenta de lo desesperados que habían parecido, intentaron recuperar la compostura, ya que aún así no estaban conformes con no tener clases de kendo. La adolescente por su parte, como si les hubiera leído la mente, se había levantado y les había indicado que la siguieran, ya que después de todo se encontraban al lado de una enorme plaza, el cual debería ser un paraíso para ellos.

-Oi, hermana. - Reprochaba el peli verde fastidiado. - ¿A dónde nos llevas?

Robin no decía nada, simplemente los dirigió a un centro de juegos. El trío de amigos curiosos observaban la habitación obscura repleta de maquinas ruidosas y de chicos de todas las edades ingresando su dinero a éstas para jugar. En el centro había un hockey de mesa , mientras que a los lados habían otros mini futbolitos, máquinas traga monedas, entre más cosas que los habían dejado atontados.

A la velocidad del rayo, los niños se habían echado a correr probando cualquier juego que se les topara por la vista, al momento que Zoro y Kuina iniciaban nuevamente con sus usuales competencias por ganar. Uno de esos juegos había resultado excesivamente adictivo, se titulaba The King of Fighters, y los rivales jugaban con tal entusiasmo que la pobre maquina se movía de un lado al otro debido a la fuerza con la que éstos presionaban las teclas. A continuación pidieron unas fichas para el hockey de mesa, en el cual las gemelas formaron un equipo contra Roronoa, quien hacía su mayor esfuerzo para bloquear, pero al final terminó perdiendo.

El resto del día se la pasaron jugando, y cuando hubieron pasado unas cuantas horas en las cuales a la oji azul no le quedó más opción que cuidar de los niños, salieron por fin, siendo Robin quien se encargó de comprarles unas frituras, dulces, refrescos y demás cosas que se les antojara. Así comenzó a obscurecer y la muchacha los hizo volver a la fuerza, debido a que ellos ya no querían volver a casa, ya que después de haber experimentado tanta diversión en un solo día, se habían dado cuenta de que se perdían de muchas cosas.

Gracias a Robin se habían animado, y habían quedado en regresar al día siguiente para averiguar que más podían hacer en el tiempo en el que estarían de "vacaciones", tiempo en el cual habían tenido la oportunidad de conocerse mucho más afondo fuera del ambiente deportivo. Como por ejemplo... Zoro y Kuina se habían dado cuenta de que no eran sólo rivales en el kendo, sino en cualquier cosa que se les pudiera presentar, ya que debido al enorme orgullo de ambos, se tomaban cualquier competición enserio. Tashigi por su parte era sorpresivamente buena en los juegos de baile, cosa que nunca en la vida se hubiera imaginado de no ser por la hermana del marimo.

Los primeros días fueron de puro libertinaje, pero después ya para el quinto día, Zoro estaba increíblemente aburrido, y no se le había ocurrido una mejor manera de matar el tiempo, que ir nuevamente a la casa de Kuina para retarla a un duelo. Después de todo no quería oxidarse, y flojear en su entrenamiento era algo que hasta el momento jamás había hecho. Después de todo su primer obstáculo era derrotar a ésa fastidiosa niña.

Era la noche del sábado y estaba ansioso por volver a pelear, por lo cual se había escabullido de su casa, con su espada de bambú en su espalda, y se había infiltrado exitosamente en la casa de las gemelas. No quería llamar demasiado la atención porque sino el entrenador lo mandaría de vuelta a casa, y ésa no era una opción. Cruzando con velocidad el patio había buscado a Kuina con la mirada intentando esconderse en el pasto que aún no había sido podado, sin importarle que se le pegara lodo. Tras dar una mirada rápida a la ventana que pertenecía al cuarto de la muchacha, se dio cuenta de que estaba apagada por lo cual debía de estar dormida, o en otra parte, y conociendo que ella no era el tipo de persona que se dormía temprano, debía de suponer que no estaba ahí.

Recorriendo la casa se había dirigido al patio trasero el cual solía estar generalmente desierto, por lo menos en las noches. Koushiro había colocado unas cuantas bancas puesto que era el patio de juego de sus hijas, y él sabía que en ocasiones Kuina salía a tomar el aire cuando quería estar sola, por lo que había una probabilidad de más de la mitad que la muchacha se encontrara ahí. Al asomarse sigilosamente había visto a su rival sentada, ella tenía la mirada clavada en el cielo, y no parecía percatarse en lo más mínimo de su alrededor, por lo cual a él, debido a lo travieso que era por naturaleza, se le había ocurrido asustarla.

Acercándose con pasos sigilosos observaba a su presa, quien seguía inmersa en su propio mundo. A medida que iba acortando la distancia pudo observar como la blanca luz de la luna cubría por completo a Kuina, haciendo un contraste perfecto con su tono de piel color leche. Su cabello le cubría los ojos por lo cual no podía verle con claridad el rostro, pero eso no evitaba que se hubiera quedado embelesado con la belleza de la muchacha, la cual había ignorado hasta el momento.

-¿Qué quieres? - Preguntó la chica con un tono de voz frío al darse cuenta de la presencia del niño, quien se había quedado parado como un completo idiota mirándola sin decir nada. - ¿Acaso vienes a burlarte? - Dijo al momento que lo volteaba a ver revelando las gruesas lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

-¿Eh? - Él se había sorprendido demasiado ya que era la primera vez que veía a la chica demostrar sus sentimientos de manera tan abierta. - Yo solo quería... - Ella vio la espada de bambú del chico y comprendió de inmediato.

- Bien... Terminemos con esto.

-Tú... - Zoro había apretado los puños fuertemente al momento que temblaba levemente. - Tengamos un duelo con espadas reales, sé que tienes una.

No supo porque lo dijo, simplemente fue un impulso, tal vez intentaba animar a la muchacha intentando que ésta sacara lo que sea que la estuviera perturbando por medio del deporte, o tal vez simplemente era un idiota incapaz de saber como dirigirse a una chica, y su única manera de demostrar su apoyo era por medio del kendo. Después de todo tanto para él como para ella, el kendo era una forma de vida, y era lo más preciado que tenían, así que si tenían algo que decirse, ¿Qué mejor manera de hacerlo que mediante el mismo?

De alguna manera ella había terminado aceptando, había sacado la espada de su padre, al instante que Zoro robaba la que tenía su papá en su casa. Ambos sabían que esos no eran objetos que debían estar al alcance de niños, y que en ésa época las espadas estaban prohibidas, pero en sí las espadas no estaban afiladas, se tenían todos los papeles requeridos, y claro... Ningún adulto se enteraría de la locura que estaban a punto de cometer.

Al final quien ganó fue Kuina como era de esperarse, y Zoro no pudo evitar ser el que se pusiera a llorar ahora, debido a la frustración que sentía. Ella era fuerte, extremadamente fuerte, tanto que dolía, tanto que quería esforzarse aún más, tanto que incluso había olvidado temporalmente su sueño de superar a su padre, y quería vencerla a ella más que a nada más en el mundo. Kuina era fastidiosa, altanera, grosera, y poco femenina, y aún así su habilidad para el kendo era preciosa, pulida, bien trabajada y le dejaba una impresión de primera, la veía como una mujer increíblemente talentosa, la cual lo abrumaba de tal manera que incluso resultaba patético... Podía sentir a kilómetros de distancia, la diferencia de fuerza entre él y ella, y eso era tan pero tan frustrante que no podía hacer nada más que llorar.

-Maldición... Maldición. - Decía una y otra vez cubriendo su rostro con su brazo derecho al momento que apretaba fuertemente la mandíbula mientras la chica lo observaba.

-Te tengo envidia Zoro... - Admitió la chica. - ¿Sabes?, papá dijo que yo no puedo convertirme en la mejor... ¡Después de todo soy mujer!, que patético... - Gruñía con rabia. - No sabes como me hubiera gustado haber nacido varón... Mis pechos comenzarán a crecer en cualquier momento. - Dijo al momento que se tocaba su aún plano pecho provocando que el chico se pusiera completamente rojo.

-¡No digas cosas tan patéticas! - Gritó antes de que ella pudiera continuar. - ¡Tú eres mi meta!, ¿Eso vas a decir cuando te derrote?, ¡Eso haría que mi esfuerzo pareciera inútil!

-Zoro... - Susurro sorprendida.

-¡Promételo!, ¡Alguna vez uno de nosotros será el mejor!

-Prometido. - Dijo a la vez que por primera vez en mucho tiempo sonreía de manera sincera.

Después de eso las cosas mejoraron entre ambos, aún continuaban con sus peleas continuas y la rivalidad mutua, pero a diferencia de antes ya no querían asesinarse cada vez que se veían, y sentían respeto por el otro. Incluso habían comenzado a bromear el uno con el otro y por supuesto que Tashigi se había dado cuenta de ése repentino cambio de actitud, pero nunca se llegó a enterar a qué se debía.

Mientras el tiempo pasaba Zoro y Kuina se hacían más y más cercano, después de todo se parecían demasiado, su actitud era tan similar, y les gustaban las mismas cosas, por lo cual tenían temas de sobra de los cuales conversar. Claro que en ningún momento quisieron excluir a Tashigi, pero estaban tan inmerso en ellos, que no se dieron cuenta el momento en el que empezaron a dejarla atrás.

Unos dos o tres meses después el par de rivales, eran también los mejores amigos, y se llevaban mejor que nunca, tanto así que una ocasión después de quedarse toda la tarde entrenando. Ambos se habían tumbado en el frío piso del dojo intentando recuperar el aliento. Tashigi se había ido inmediatamente ya que últimamente no soportaba estar a su lado cuando no había un adulto en los alrededores.

Zoro y Kuina habían comenzado una conversación trivial acerca de los asuntos de la escuela, mientras miraban al techo. Reían y bromeaban, al momento que se preguntaban, ¿Como era que en el pasado habían podido detestarse tanto?, si tan solo con estar uno al lado del otro ya eran lo suficientemente felices.

-¿Sabes Zoro?, yo detestaba a Robin porque tú solo eras amable con ella.

-¿Enserio? - Preguntó sorprendido para después sonreír divertido. - ¿Celosa?

-Jaja, creo que sí. - Admitió para la sorpresa del menor. - Creo que he comenzado a quererte demasiado.

Con los ojos abiertos cual grandes eran, él había volteado el rostro para ver a la chica que se encontraba acostada justo a su lado, sus rostros habían quedado a escasos centímetros el uno del otro, y ambos podían ver el rostro completamente enrojecido del contrario, sus corazones palpitaban al mil por hora, tan fuerte que incluso podían jurar escuchar el palpitar del contrario, perfectamente sincronizado con el suyo.

-Yo... Yo... Yo también te quiero. - Admitió Zoro tartamudeando completamente avergonzado.

El primer beso del pequeño Roronoa fue cuando éste tenía 7 años de edad, y fue la emoción más fuerte que había tenido hasta el momento, su corazón parecía querer salirse de su pecho y su sangre le quemaba la piel. Era la primera vez que quería a alguien con aquella intensidad, tan profunda que incluso dolía, era la primera vez que sentía la necesidad de abrazar a alguien con tanta fuerza, para no soltarla jamás. Era tan solo un niño y aún no entendía muchas cosas, lo único que sabía era que había adorado que su más experta amiga diera el primer paso en ése entonces, y sabía que aquél beso era uno de los recuerdos más preciados que tenía.

El resto del año fueron lo que los mayores mencionaban como "novios", aunque verdaderamente su relación era algo perfectamente inocente y puro. Se tomaban de la mano, comían juntos, iban a comprar helado, y sí... Aún con todo eso seguían enfrentándose una y mil veces a enfrentamientos de kendo. No importaba cuanto tiempo pasara, no importaba lo que sucediera, ellos tenían que insultarse mutuamente aún con el amor que se tenían, ya que era una rutina, era su manera de llevarse, era la manera en la que se habían conocido y no querían cambiar absolutamente nada.

Cuando Zoro cumplió 8 años, y Kuina había cumplido ya los 11, habían salido a la plaza que les había enseñado Robin el pasado año. Habían vuelto a jugar al hockey de mesa, habían comido pizza nuevamente, habían ido a ver una película, todo con el dinero que les habían dado sus tutores completamente complacidos porque ahora ellos mismos ya hacían otras actividades para distraerse en lugar de solo encerrarse en su pequeño mundo. Cuando estuvieron satisfechos, regresaban a casa debatiendo sobre quien había ganado más combates en The King of Fighters, ya que a decir verdad habían jugado tantas veces que se habían olvidado de contar las victorias o las derrotas.

En ése instante un auto venía a toda velocidad, siendo manejado por un conductor borracho, al que poco le importaba respetar los señalamientos de tránsito, y había ignorado la luz roja. El claxon había sonado lo suficientemente rápido o lento para que Zoro se diera cuenta de que estaban a punto de atropellar a Kuina, por lo cual había saltado abrazándola protegiendo el cuerpo de ella con el suyo. Habían rodado por el vidrió para después golpear de lleno contra el piso, y lo último que él recordaba eran los gritos aterrorizados de la gente que había presenciado el accidente, mirando a su lado vio que Kuina se había desmayado y después de eso todo se volvió negro.

Continuara...

Agradecimientos:

Miku-chan: No te disculpes por nada... La verdad no necesitas disculparte T-T, la que debe de disculparse por la tardanza soy yo... Me he tardado años en actualizar y la verdad estoy extremadamente avergonzada porque sé que ahorita estamos en un momento crucial en la historia, y para colmo yo los dejo esperando... Y aparte los dejo picados, verdaderamente ésta no era mi intención yo quería traerles el capítulo completo, pero al final se alargo demasiado y eso me fue imposible, no me quedó más opción que dividirlo en dos partes porque esto que vez... Es tan solo la mitad de todo lo que tengo planeado... Entonces, yo ya no quería hacerlos esperar más y pues... Resultó de ésta manera. En fin, tienes razón en lo de Tashigi, por fin se sinceró tras reprimir por tantos años lo que siente, pero creo que aquí también justifiqué porque Zoro fue tan "injusto" con Tashigi, y no es porque quisiera hacerlo apropósito, sino que él amaba profundamente a Kuina, y fue algo que le pegó muy MUY fuerte, hice mi mayor esfuerzo para representar el amor que siente hacia ella en éste capítulo, espero haberlo logrado expresar adecuadamente.

MugiwaraNoAndrea: ¡GRACIAS POR LEER!, siempre me alegra recibir nuevos lectores, ¡Es el mejor regalo que puedo recibir!, me complace demasiado que te guste la manera en la que escribo, la verdad es que me esfuerzo para que me quede lo mejor que puedo, a veces hasta me doy golpes yo sola en la cabeza para que me lleguen las ideas. Yo también adoro dar celos a los personajes, y el papel de Sabo "mamá gallina" es de mis favoritos, porque me encanta recalcar el cariño que se tienen los personajes, eso es algo que SIEMPRE voy a recalcar, y de lo que jamás me cansaré. Las escenas de comedia me salen naturales, creo que después de ver mucho shojo pues... algo se queda, en fin, muchas gracias por darle una oportunidad a mi historia y perdona por la tardanza.

HuntressSB: ¿Verdad?, yo también me emocioné mucho cuando lo estaba escribiendo, ¡AUNQUE MÁS EMOCIONADA ESTOY AHORITA CON ÉSTE CAPÍTULO!, que espero a ti te guste de la misma forma en la que yo disfruté escribiéndolo. A decir verdad yo tampoco tenía una idea clara de como hacer que Tashigi se declarara, pero un buen día me llegó la inspiración, y pensé que sería muy dramático pintarlo de ésa manera, y creo que logre mi cometido de tomarlos por sorpresa. Por cierto, lo que me preguntaste sobre Chopper, de por qué casi no interactua con los demás, te confieso... ¡Me hiciste pensar mucho!, tienes la razón por completo, casi no he mencionado al pequeño niño hermoso, pero creeme que no es intencional, ésta historia está principalmente enfocada en Luffy y Zoro como puedes darte cuenta (y sus respectivas parejas), pero es que como puedes darte cuenta tengo un montonal de ideas disupestas a desbordar en cualquier momento, y tengo que tocar varios temas importantes para el desarrollo de la historia, por tanto no me queda demasiado espacio para mencionar a los demás personajes, como Chopper, Garp, Shanks y Makino, entre otros que me gustaría sacar. Pero tu pregunta me hizo pensar demasiado y pensé que tal vez... Y solo tal vez, no te aseguro nada porque no quiero darte falsas esperanzas, pero tal vez después un capítulo se lo dedique al pequeño Chopper, sería una vez que quieran festejar halloween y vestiría a Chopper de reno (voz interna: Ay que original (sarcasmo)), ¿Qué dices?, ¿Te gusta la idea?

HuntressSb: Tú me dejas doble comentario, así que es justo que yo te de doble respuesta. :3 Hacerte feliz me hace a mí feliz, jajajaja enserio, uno de mis mayores placeres es que a ustedes les guste, ya que después de todo es gracias a ustedes que yo continuo escribiendo, me dan motivación para seguir creando e inspiran mi imaginación de una manera que tal vez ni siquiera se imaginan. Tienes razón en que Garp se enorgullece de Luffy, ya que bueno... Después de todo es su nieto y aunque no apruebe los métodos en los que ellos han decidido vivir, lo que si respeta es que ellos hayan decidido vivir su vida al máximo y es algo que considero es muy respetable por parte de Garp. ¡Yo también amo cuando Zoro baña a Chopper, son tan monos!, y yo nunca emparejo a Robin con Franky, no tengo nada en contra de la pareja pero no es mi estilo.

nathaly-ab: Tienes razón, todo eso es necesario para que Tashigi pueda superar por fin el amor no correspondido que siente por nuestro querido Zoro. Yo también adoro la pareja de Zoro por Perona (voz interna: Dhaaa si no te gustara no harías un fanfic ZoRona Yo: ¡Cállate!, déjame ser feliz) Y gracias a ti por leer.

Kumikoson: ¡He logrado mi objetivo!, eso que dices de tener el nudo en la garganta, yo siempre que escribo ése tipo de escenas pongo un poco de mí, para transmitirles a ustedes por parte de lo que escribo mis sentimientos. Si consigo hacerles sentir emoción, tristeza, desesperación o cualquier emoción que pueda transmitirles mi historia, yo con eso me enorgullezco, porque quiere decir que realmente pude transmitir éso que quería. Y no te preocupes con lo de Luffy y Hancock, mi historia se divide por diferentes arcos, ahorita el arco de Zoro x Perona podríamos decir que ya acabo, (aunque no por eso dejaran de salir), el arco actual es el de TashigixZoroxKuina, el cual ya no falta mucho para que termine y el arco final será el de HancockxLuffy, el cual es el más largo y desarrollado de todos los anteriores, así que ¡Te espera MUCHO LuHan!

StArLoRdMac: Tienes razón, aún cuando me he estado tomando mi tiempo en actualizar, últimamente quedo muy conforme con los capítulos que escribo al finalizarlos, en éste en especial siento que he podido expresar todo lo que quería, me siento orgullosa y conforme, y es por eso que espero les haya gustado tanto como a mí. Y enserio xD te reitero que no tengo nada contra el pobre de Zoro, lo que pasa es que... No sé, tengo cierto gusto sádico por hacer sufrir un poco a los personajes serios, es algo así como mi hobby, y lo disfruto demasiado, además es algo bueno porque las escenas de Zoro y Perona es algo de lo que más gusta en mi historia, así que está bien. Yo también amo a los hermanos D, y Sabo se tomó tan enserio lo de la comida de Sanji por su lugar de "mamá gallina", no puede perder a su hermanito en el gusto culinario... Por lo menos así piensa él. Y yo creo que aún puede empeorar mucho más lo de Nami con Hancock... Pero ya veré que se me ocurre más adelante.

Veizser: Que bueno que te haya llegado la intriga que trate de meter con el capítulo, puse todo mi esfuerzo en poner a Tashigi estallando al estar reprimiendo todos sus sentimientos hasta el momento, y al final aunque pudo haber salido un tanto cursi, creo que quedó bien. Me encantó que tú entendiste a la perfección lo que Tashigi quiso decir cuando le dice a Zoro que la rechace, ¡Precisamente eso es lo que quería dar a entender!, que Tashigi al decirle eso a Zoro, podía por fin liberarse y decir adiós a ése amor, para comenzar desde cero nuevamente. Y tienes razón en que me estoy tomando mi tiempo en profundizar la relacion de Hancock y Luffy pero debes entender que ése es el arco final, y cuando acabe todo éste embrollo de Tashigi y Zoro, POR FIN, me dedicaré con mayor fervor al LuHan.

Tomoyo: Uf... Por fin terminé el capítulo, y como puedes ver me quedó increíblemente largo, pero valió la pena, valio la pena todo el tiempo que invertí, y espero te haya gustado tanto como a mí. Después de todo te di el romance que tanto te gusta, y pude exteriorizar todos los sentimientos de Zoro al cual normalmente tachan como frío e insensible, creo que pude dejar muy en claro cuanto ama a Kuina, y pude justificar a la perfección porque se sentía tan decaído. En fin... Espero poder actualizar pronto y me esforzaré por hacer un capítulo de la misma calidad que éste.