Universe of watercolors.
V
Un quizás.
— ¡Sasuke! — el grito de Karin lo sacó de su enfrascamiento
— ¿Qué pasa? — contestó Sasuke, Karin tenía una expresión de enfado
— Te hé estado hablando por más de diez minutos y no me has tomado atención — le espetó con fastidio
— Que delicada, Karin. Sabemos que no me pierdo de mucho, capaz que me estuvieses hablando de alguna pobre víctima que te hayas llevado a la cama
—¿Y qué si es así? Tu deber como amigo es escuchar te guste o no — puso sus brazos en jarra, haciendo rodar los ojos cuando Sasuke le hizo un gesto de indiferencia — oye, has estado muy distraído últimamente
— ¿Sí? No lo hé notado — contestó con ironía, dejando al descubierto sus pocas ganas de zanjar el tema
— ¡Cielos, Sasuke! Tómame en cuenta cuando te hablo — exclamó exasperada mientras agitaba sus brazos para llamar la atención del azabache
— Lo hago, Karin, pero no estoy interesado en tus idioteces
— Es una chica ¿No?
— No Karin, no es una chica — dijo con fastidio y calma a la vez, mientras fruncía levemente el entrecejo
— ¡Lo es! — chilló Karin tan fuerte como lo hacía un gato pidiendo comida
— Que no Karin, ya déjame en paz
—¿Quién es? Jamás te hé visto así de distraído a causa de alguien, te tiene mal, eh — lo golpea disimuladamente con el codo en las costillas, en señal de burla mientras alzaba sus cejas repetidas veces
— Ya cállate, y si es así qué ¿Harás algo por eso? — le espetó desafiante el azabache
— Ya veo, no quieres decir nada
Mierda, Karin era fastidiosa en la misma medida que perceptiva, claro que era buena amiga y todo lo que eso implica, escuchaba y aconsejaba dentro de lo que podía aconsejar con sus extravagantes experiencias, era un poco celosa, más bien muy celosa, pero dentro de todo era un apoyo. Aun que la extravagante pelirroja tenía un pequeño problema; era entrometida, en especial con la vida de Sasuke.
— Ya cállate y cuéntame lo que te paso ayer
— Ah no, no, no, no. Quieres cambiar el tema — sentenció cruzándose de brazos, dedicandole una mirada altanera y desafiante — ya entiendo que ocurre aquí; Yo la conozco ¿No?
¡Y vaya que la conocía! Desde que Sasuke tuvo el encuentro con Sakura en la cafetería su nombre e imagen aparecía por todos lados, todos le hablaban de algo relacionado a ella y ver a diario al Dobe de su amigo no se le era de mucha ayuda... Aunque ahora ya no estaba más Naruto gracias a su estupidez y poco tino al hablar. En fin; Karin odia a Sakura, la odia con toda su vida, con cada hebra de su ser. Sasuke aun no tenía el motivo muy claro, simplemente un día comían en la cafetería y la pelirrosa paso a un costado de la mesa, Karin le quedo mirando hasta que se sentó junto a su chillona amiga y luego de eso soltó con veneno y pesadez un "maldita pelos de chicle", Sasuke la observó por un momento esperando el porqué saliera de su boca, pero Karin se limitó a responder que era "una zorra que le encanta calentar platos" y en la cabeza del azabache no encajaban esas palabras con Sakura.
— ¿Me vas a contar que cojones hiciste ayer? — le espetó con fastidio y un ápice de enojo en su voz
— Que no me cambies el tema, vamos, dime ¿Quién es la chica? — preguntó Karin con pose desafiante, elevando levemente la barbilla y sosteniendo la mirada al Uchiha para así no dejarle oportunidad de escapar
Joder.
Cuando a Karin se le metía algo en la cabeza no había como quitárselo, ella seria capaz de desplegar todo su arsenal de artimañas para poder averiguar el nombre de la chica que estaba haciendo suspirar como un idiota a su mejor amigo, aunque Sasuke no pensara que sea el caso, él jamás suspiraría por nadie.
Por fortuna, o desventura, una extraña y distorsionada jugarreta del destino salvó a Sasuke del inminente interrogatorio, quizás el destino no quiera verle en aprietos por culpa de Sakura, o simplemente quería darle una mala jugada a la pelirroja, quizá solo era un golpe de suerte o la intromisión de su mejor amigo que por primera vez no le afecta, sino favorecía. Sea cual sea la razón, lo que importa era que la cabellera rubia y despeinada tan típica de Naruto estaba cruzando la puerta a por su salvación, mentalmente Sasuke se sentía tranquilo de que fuera a sacarlo de ese fastidioso momento, por otro lado le aquejaba la razón por la cual su ex mejor amigo iba donde ellos.
—Teme, Karin — saludo con un movimiento de cabeza
—¿Qué hay, Naruto? — saludó ella con coquetería, a pesar de ser su primo no guardaba el respeto por la familia como debía, aunque no hiciese nada con el rubio
— Necesito hablar con Sasuke, déjanos a solas
Algo serio debía ser para no tomar en cuenta a Karin. Si algo había que molestara de sobremanera a Sasuke era cuando ese par se juntaba con su constante de discutir, molestar y fastidiar, además, Naruto había dejado en claro el día anterior que la amistad que tuvieron por casi diez años se terminaba y Naruto no era de faltar a su palabra o arrepentirse de sus actos. Si había algo o alguien que era capaz de enfriar la cabeza de su rubio ex-mejor amigo era Sakura, así lo había demostrado ayer.
— Que mal educado, no puedes echarme así sin más del salón — Karin infló las mejillas en señal de protesta
— No fastidies Karin y déjame a solas con el Dobe
—¿Tú también, Sasuke? es qué acaso no se percatan que hablan con una dama
— Qué dama ni qué ocho cuartos, lárgate, no vez que interfieres
— Ya verás Sasuke, después te arrastraras por mi cuando te pelees con este bruto
— Ya me hartaste Karin — dijo Naruto con poca paciencia — ven aquí teme — agarró a Sasuke de la chaqueta con poco tacto, pero ¿Quién mierda se creía?
Salieron del salón y se encaminaron a las ventanas del corredor, las que daban hacia el patio del establecimiento, tenían vista a la cafetería y se podía divisar a los demás alumnos ir donde ella para desayunar en el primer receso de la mañana. Sasuke buscó rápidamente a la pelirrosa con la mirada sin siquiera quererlo o pensarlo, mientras, esperaba la charla de Naruto sin siquiera tomar con la debida importancia a la manera en la cual lo sacó del salón. Naruto estaba de espaldas a la ventana, no le dirigía su mirada y podía notar que su cuerpo estaba tenso, las ojeras que tenía bajos sus ojos estaban torpemente ocultas tras un fallido intento de aplicarse algún producto para ellas, Naruto no es de los que duermen poco o se trasnochan, algo pasaba y estaba buscando la forma de decírselo a Sasuke.
— ¿Cuánto conoces a Sasori? — preguntó después de una larga pausa, era el primer receso que no hacían la rutina de siempre y a Sasuke le pareció raro
— ¿Qué quieres saber de él? — ese maldito bastardo primero se había metido en el camino con Sakura y ahora Naruto venía a preguntarle por él ¿Qué tenía ese tipejo?
— Ayer Sakura llego cerca de las diez y media de la noche con él a casa
Diez y media.
Diez y media.
Diez y media.
¿Qué mierda hacia tan tarde con ese capullo de cuarta? Se preguntaba mil y una vez en su cabeza.
— ¿Eso debe importarme? — Sasuke no podía disimular la rabia e impotencia que se apoderaban de su voz
— Diablos, Sasuke, nos peleamos por tu estupidez e insistencia de ir a por ella, ¿Y ahora vienes a hacerte el desentendido? ¿Ves? Por esto mismo es que estaba en contra de que te la liaras, ella es buena y no podrá con tu constante de cretino, coqueto, cretino, coqueto — respondió Naruto pareciendo no poder captar el tono de voz en el Uchiha
— Que exagerado, pero es ella la que no me da oportunidad, no le intereso
— Pues búscala — soltó el rubio ya desesperado por la actitud sátira del azabache
— Yo no me humillo — le respondió indiferente
— Mierda — el Uzumaki lo apuntó con su dedo índice, a punto de estallar en furia, sus ojos destilaban impotencia y su rostro tenso se deformaba junto a su mandíbula apretada — Que te pillo molestándola de nuevo y te golpeo con tus testículos
— Ya calma, Naruto. No le haré nada a tu hermanita, sólo pienso ser su amigo
— Bien — relajó su pose — volviendo al tema que me trajo contigo; No me agrada ese tal Sasori, ayer Sakura estuvo muy insistente en saber algo de él
— Mph
— Oye, es en serio. Tú ya sabes cómo soy con ella, cuando llegó tuvimos esas charlas que solíamos tener antes
— No sé de qué me estás hablando — y era en serio, Sasuke no tenía idea de esas charlas
— Teme, siempre que tenía esas charlas con ella llegaba a contarte a la mañana siguiente
— ¿Sí? No lo recuerdo
—¿Siquiera me prestabas atención?
— No lo sé, quizás — se encojió de hombros
— Cielos, eres imposible
— No es eso, simplemente no me interesaban tus charlas con doña desconocida
—¿Y ahora si? — lo observa interrogante y burlón
— Cállate, usuratonkachi — y se sumieron en un silencio que era de todo menos incomodo
— Oe, Sasuke — llamó su atención el rubio con una ridícula expresión de pena — perdón por lo de ayer — soltó mientras rascaba su nuca disimulando sus nervios, sus ojos azules destellaban con nostalgia — tu sabes, ella es como una hermana, no quisiera que le pasase algo
— Descuida, no tuve la mejor actitud
—¿Amigos?
— Amigos
Se sonrieron como antes, dirigiéndose a la cafetería para comer algo antes de que la campana indicara el inicio de las clases.
— Oye teme
— mph
— ¿Va en serio lo de Sakura?
— A qué viene esa pregunta — una sonrisa algo burlona y triste se asomó por los labios de Naruto
— Ella en verdad te detesta
Te detesta.
Ouch, golpe bajo.
— ¿Y qué sabes tú? — le interrogó con un tono gélido
— Lo suficiente
— Solo quiero ser su jodido amigo, maldita sea — refutó molesto
—Si, claro
— Odio tanto historia, anda Sasuke préstame el trabajo
Karin estaba sobre su banco completamente desecha en su aburrimiento, Suigetsu acariciaba su cabello para relajarla, si Karin fuese más observadora se daría cuenta que el peliceleste había estado enamorado de ella desde el primer día en que sus ojos violetas repararon en su persona, había sufrido innumerables veces por las conquistas fugaces de la Uzumaki, pero aun así seguía ahí, a pie del cañón para recibirla con los brazos abiertos luego de cada fiesta, cuando Karin se sentía como una tonta por revolcarse con aquel chico que le prometió el sol y la luna, o con el que le prometió el cielo y la tierra, etc. Aun que todo sería mucho más fácil y más efectivo si el Hozuki evitara discutir con ella o ponerle apodos como"zanahoria"o "cuatro ojos", pero quién los entiende, el amor era raro en diversas formas y Sasuke se estaba dando cuenta de ello, por él, en su lugar, la hubiese mandado al carajo después del primer rechazo, nadie lo hacía rogar, menos por amor... ¿No? Porque Sakura aún no lo rechazaba, si, quizás era cortante con él y le terminaba despreciando en todos sus encuentros gracias a la bocota del azabache, pero eso no era rechazar ¿O sí?
Sasuke negó varias veces para despejar las ideas, no podía ser que el gran Sasuke Uchiha estuviese acongojado por una pequeña molestia, ella no tenía nada en especial, nada. Quizás llevaba el cabello rosa y largo hasta las caderas, sedoso y brillante resaltando así sus bellos ojos jade, o que siempre trataba de llevar una sonrisa en sus labios destacando aun más el rosa natural de ellos, pero eso no la hacía especial, a pesar de que Sasuke amara el cabello largo o su boca cuando se curvaba.
— Toma, anota rápido antes que Kakashi nos pille — le extendió la guía que estaban desarrollando en clases
En realidad para Sasuke la clase de ese día estaba más que fastidiosa, Kakashi había llegado temprano como nunca, llevaba las guías bajo sus brazos, entró al salón y saludo, luego de eso repartió las guías y se sentó a leer su libro erótico como siempre, pensando que cambiándole las caratulas pasaba desapercibido, pero una vez Sasuke lo pilló con un ejemplar de cincuenta sombras de Grey, descubriendo así su oscuro, sucio e infantil secreto, como su fuese un quinceañero.
No había transcurrido más de treinta minutos desde el inicio de la clase y Sasuke ya había terminado la actividad, después de eso era el infinito aburrimiento, cosa que no soportaría. Jugo estaba ensimismado, Karin presa del pánico por no entender la materia y Suigetsu atrapado entre los ojos de la peli roja, nadie con quien hablar, nadie con quien distraerse. Se levantó de su puesto y fue donde Kakashi, la ventaja de ser bueno en la materia son las regalías que se llevaba por eso.
— Kakashi ¿Puedo ir al baño?
— Cuántas veces te he dicho que te dirijas a mi por el apelativo de profesor, Sasuke — Se quejó el peliplata sin despegar ojo de su libro
— No te importa realmente si te digo profesor o Kakashi — respondió Sasuke indiferente
— Pero a la directora si
— Bien, intentaré no dirigirme a ti frente de ella — Kakashi esbozó una tenue sonrisa que no alcanzó a ser descubierta gracias a su bufanda, el Uchiha era terco
— Y cuando dices al baño quieres decir que no volverás ¿No? Sasuke — él y Sasuke sabían que el "¿No?" Estaba de más en aquella "afirmación"
— Mph
— Anda — culminó sin despegar la vista de las páginas amarillentas del libro
Generalmente cuando Sasuke pasaba de las clases se iba a la enfermería sin vacilar, siempre llegaba alguien con quien hablar, algún chico haciendo lo mismo que él o alguna chica queriendo saltarse la clase de deportes, en el último de los casos se quedaba platicando con el inspector el cual no daba mayor importancia a si estaba fuera de clases o no, era bastante relajado en su trabajo.
Entró a la pequeña salita que destinaban como la enfermería, no había nadie y le pareció extraño que la hubiesen dejado abierta. Un escalofrío recorrió su columna al escuchar un pequeño y suave quejido al fondo del salón, donde estaban las camillas ocultas por unas cortinas, tomó una bocanada de aire para relajar el reciente susto y se encaminó con curiosidad y algo de recelo, corrió lentamente las cortinas dejando al descubierto una cabecita rosa envuelta en un cobertor marrón, estaba con las mejillas sonrojadas, un poco sudada y se quejaba entre sueños. Sasuke se acercó a la silla que estaba en el costado de la cama y se sentó en ella a observar a la terca pelirrosa que se había apoderado de todos sus pensamientos esos últimos días, acercó su mano a su frente más por instinto que por curiosidad, estaba perlada por el sudor.
Mierda, no la podía despertar.
Era de suponer que no estaba haciendo el tonto, de verdad ardía en fiebre.
Sasuke se quedó unos minutos acariciando su cabello hasta que el sueño lo venció a él tambien, acomodó su cabeza al lado de la de Sakura, quedando a escasos centímetros de su rostro, observó cada detalle en él, sus mejillas levemente coloradas, el lunar que resaltaba bajo sus labios y el que adorna la punta de su nariz, su nariz tan fina y pequeña, lo suficientemente respingada para agradar a cualquiera, sus labios asimétricos que le parecían perfectos, siempre coloreados por ese tono fresa tan natural en ella, sus cejas definidas de ese tono cerezo y sus pestañas que a pesar de la delgada capa de máscara de tono negro que se aplicaba, aún bajo de eso se podía vislumbrar el tono rosa natural de ellas. En poco tiempo esa imagen lo envolvió en una sensación cálida, colándose en cada rincón de su cerebro para no salir más, para no olvidar jamás ¿Y cómo olvidar algo así? Esa belleza sobre humana que lo había cautivado como nunca nadie pudo, le gusta todo de ella, su voz, sus ojos, sus manos, su cintura, su cabello, su terquedad, su orgullo, lo pre juiciosa que solía ser a veces, su amor por los libros, por la historia, por el mundo, porque creía ser el único en percatarse el cómo miraba a su alrededor, con ese sosiego e ilusión.
Poco a poco Sasuke se fue perdiendo en su cabello, en esas hebras rosas que cubrían parte de su rostro y que caían libremente por su cuello, se fue perdiendo entre sus pensamientos, en cómo le haría para que quisiese ser su amiga y de eso pasar a algo más.
¡Demonios, Sakura!
Creo que me estoy enamorando. Dijo por último antes de cerrar los ojos.
Los minutos fueron pasando, alejándose cada vez más de la hora de entrada y acercándose más al receso, extrañamente nadie más había ido a enfermería, dejando tranquilos a los únicos alumnos que estaban en ella. Sasuke estaba recostado sobre el colchón, con su ojos frente los ojos de la chica, su cuerpo descansaba en una silla mientras el mayor peso recaía sobre el hombro que sucesivamente recaía en una parte del colchón. Sakura se removió entre sueños.
Maderoso.
Sus fosas nasales estaban inundadas en ese aroma tan fresco, en esa fragancia cautivante que la relajaban, y no era lo único, resulta que entre sueños podía sentir una mano cálida acariciando su cabello, jugando con algunos mechones, tomando su temperatura de vez en cuando. Podía sentir aquella profunda y suave voz susurrándome cosas que en ese minuto odiaba no poder recordar, y también odiaba que hubiese parado. Aún podía sentir esa respiración templada que chocaba contra su rostro, bañando todo el oxigeno bajo una exquisita esencia a menta, se apoderaba de sus sentidos, su tacto, sus sonidos, su aroma, ese regusto amargo y atrayente que le dejaba su aroma, quería despertar, quería que su vista disfrutara al igual que sus otros sentidos, anhelaba saber de donde provenían las cosas que despertaban sus emociones, quería ver quién era el que alteraba su mundo, él que estaba haciendo que su corazón quisiera salir de su cavidad, que latiera tan deprisa como si el mundo dependiera de ello, pero inevitablemente Sakura ya tenía la corazonada de que en el fondo sabía quién era.
Le gustaba esta sensación.
Le gustaba su tacto.
Le gustaba su calidez.
Le gustaba su voz.
Le gustaba su aroma.
Se sentía como una enamorada.
¿Le gustaría lo que vería al despertar?
La Haruno lentamente intentó abrir los ojos, al principio vio todo negro, sus corneas trataban de adecuarse al brillo enceguecedor que inundaba la pequeña sala de enfermería, instintivamente llevó sus manos a sus sienes, el dolor de cabeza la estaba matando y al parecer la fiebre no había disminuido ni un grado.
¡Dios mío!
¡Dios mío!
¡Dios mío!
¡Dios mío!
¡Dios mío!
Sasuke está a unos pocos centímetros de su rostro.
Jamás había visto su rostro con un semblante tan relajado, su entrecejo estaba levemente fruncido, algo imperceptible por los demás, más no para ella.
Le gustaba lo que veía.
¿Pero qué estaba pensando?
Hablamos de Sasuke Uchiha, el petulante que la insultaba y humillaba cada vez que tenía la oportunidad.
Y si es así.
¿Por qué le acariciaba el cabello?
Acercó su mano a la mejilla del azabache, en realidad no sabía qué era lo que le impulsaba, si las ganas de rozar su piel con la de ella o la fiebre que seguramente estaba desintegrando sus neuronas, no sabía qué era lo que la llevó a eso, lo único que le quedaba claro era que al tocar su cutis sentía recorrer el océano por su cuerpo, una corriente fría e intensa, llena de vida y capaz de robarle hasta el aliento en un segundo, ahogó un quejido de placer y sorpresa al sentir su calidez. Ese toqué para Sakura fue como la brisa del verano. Acarició su mejilla deseando internamente que él pudiese sentir el deleite de aquella brisa, que pudiese rozar el cielo como ella lo hacía, porque inevitablemente aún que quisiese odiarlo con la vida, la verdad era que le gusta mucho más de lo que desearía,m y no le importaba que hubiese pasado dos días o tres, el amor era así; llegaba de golpe, abriéndose paso por cada rincón, sin piedad, golpeando paredes y desordenando todo lo que estuviese a su paso, sin permiso ni previo aviso. Y es qué casi se acababan de conocer y todo eso parecía ridículo, era amor a primera vista, o calentura.
— ¿Sakura? — Sasuke susurró mientras entrelazaba sus dedos con los de ella
— Di-Disculpa — tartamudeó
— Mph
No despegaban su vista del otro, ambos con los rostros sobre la cama, él posaba sus profundos ojos ónix sobre los jades de Sakura, como si una batalla se hubiese librado entre ellos y ella tenía todas las de perder.
— ¿Cómo te sientes?
— No muy bien
—Tienes fiebre
—Sí, ayer llegue tarde a casa
— Mph — Sasuke dejó su monosílabo en el aire — deberías cuidar más de ti
A Sakura le sorprendió percibir ese atisbo de preocupación en él, era poco usual en especial hacia ella, él no había sido especialmente amable con la ojijade ese último tiempo.
— Tengo algo que te alegrará —dijo de repente Sasuke con una tierna sonrisa que dejaba al descubierto sus hoyuelos
—¿Sí? ¿Qué es?— preguntó con parsimonia
— Toda la información que puedas necesitar sobre Gregorio VII
— ¿En serio? Pero ¿Cómo?
—Te lo dije, nada que un poco de lectura no encuentre — Sasuke la observó fijamente provocando un sonrojo en su rostro y una sensación eléctrica en el cuerpo — ¿Me perdonaras ahora?
—Mph... Quizás
—Eres mala
— Quizás — respondió Sakura encogiéndose de hombros, Sasuke estrechó un poco más su mano contra la de ella
— ¿Tienes castigo hoy?
—Algo así — susurró
— Bien, me quedaré contigo
—¿Qué? — preguntó la ojijade estupefactada
— Que me quedaré contigo
—¿Y por qué?
— No quiero que te pase nada — susurro casi para sí mismo pensando que la pelirrosa no escucharía sus palabras — porque se me apetece — sentencio por último como respuesta
Quizás el Sasuke Uchiha que conoció antes no era más que una barrera de protección, la imagen de un chico engreído y seguro de sí mismo, Sakura no podía perdonar todo el daño que le hizo, o más bien que se hizo a sí misma, al fin y al cabo él no le pidió que se enamorara, quizás ni siquiera la encontraba linda.
Sakura solo podía conformarse con ser su amiga, porque no creía que un chico como él reparara en su existencia como algo más que una amistad, no tenía nada interesante, su mayor hobbie era la lectura, algo no atractivo para un deportista. Su físico era menudo y poco voluptuoso. Su rostro siempre casi sin maquillaje, aun que eso le permitía tener un cutis de envidia. Para un chico como él no era atracción una chica como ella. Quizás solo tomaba su mano para llamar su atención, quizás era de los que les gustaba tener un ejército de fangirls tras él, quizás solo lo hacía por Naruto y se preocupaba de que ella no estuviese realmente ardiendo en fiebre, si tan solo pudiese haber algo más entre ellos, algún tipo de posibilidad aparte de la amistad, alguna mirada más profunda que las que se dedicaban dos desconocidos, Sakura lo deseaba con todas sus fuerzas, quien a pesar de todo no dejaba de dedicarle esa mirada tan intensa que venía de su alma
—Sakura — aún no despegaban los ojos del otro
—Dime
— Tienes unos ojos preciosos
Dicho eso el corazón de la ojijade se detuvo para así comenzar a latir con furia, con violencia, con intensidad, con nervios, con vigor, con excitación, con esperanzas. Sasuke se acercó precipitadamente a Sakura, uniendo sus frentes, chocando sus narices como si fuese tan solo un tropiezo, casi rozando sus labios, sin despegar los ojos del otro, envolviéndose, inundándose, rebalsando con sus irises oscuros los jades de ella, con su mirada de eterno campeón.
¡Santa mierda!
¿Me besará? ¿Lo hará?
¡Hazlo, maldita sea! ¡Hazlo ya!
La mente de Sakura estaba hecha un lío, la presencia de Sasuke no la dejaba pensar, no la dejaba ser ella misma, su esencia era consumida por la imponente imagen del azabache.
— Qué raro, tienes la frente menos caliente que antes, pero tu rostro está completamente rojo — dijo Sasuke en tono suave, buscando no molestar a la ojijade si continuaba con dolor de cabeza
Joder.
Joder.
Joder.
Sakura se sentía avergonzada, como una tonta, ¿Por qué había pensado en aquello? Él jamás buscaría algo más con ella que lo que ya tenían ahora, porque pensándolo mejor ni siquiera una amistad le podía brindar, ella, la chica de los rumores.
— D-Debe ser e-el ca-calor — respondió con mucha dificultad
— ¿Segura te sientes mejor?
— S-Si
— Si tú lo dices — culminó encogiendose de hombros
La campana toco dando inicio al segundo receso de la jornada, Sakura se sentía pésimo, esa mañana le había llegado su periodo menstrual y como siempre hacía estragos en ella, dolores de cabeza, terciana, vómitos y fiebre solo eran un pequeño porcentaje de aquello, los inspectores y la enfermera ya lo sabían y la dejaban estar sin peros en la enfermería lo necesario para volver a clases, si bien se saltaba algunas o todas a veces, era mejor que quedarse en casa sin posibilidad de reintegrarse a una durante el día. Pero en ese minuto no quería nada más que la campana dejase de sonar, el estridente ruido resonaba en su cabeza causando ecos y dolor, cerró los ojos por un momento en busca de aliviar la sensación desagradable.
¡Maldición!
Sasuke despegó su frente de la de Sakura y se irguió en la silla, estiró sus brazos dedicandole una sonrisa sincera a la pelirrosa ¡Oh, rayos! Sus hoyuelos otra vez, una debilidad para la ojijade. Sus ojos la escudriñaban tan dedicadamente ¿Qué debía hacer? ¿Debía mirarlo también? ¿Sonreírle? Sakura estaba nerviosa, miles de pregunta y suposiciones surcaban por su cabeza, Sasuke la miraba intensamente, ¿Acaso tenía baba en el rostro? Instintivamente llevó su mano libre hasta la comisura de sus labios, Sasuke la observó interrogante.
— ¡Sakura! — el estridente grito del subnormal de Naruto la hizo salir del letargo en el que la habían dejado los ojos de Sasuke
— Aquí Naruto — Sasuke había desviado su mirada, su bella sonrisa fue reemplazada por un semblante neutro
— ¿Cómo estás? ¿Es lo que creo? ¿Te duele mucho? — llegó al lado de ella como un rayo, pasando por alto la presencia de Sasuke — Estas rojísima — posó su mano en la perlada frente de la ojijade — tienes un poco de fiebre
— Ya está mejor que hace un rato — acotó Sasuke
— ¿Teme? ¿Tú qué haces aquí?
— Haciendo el tonto —respondió encogiendose de hombros
— Bien, pero ya no estamos en clases — el rubio le dedicó una mirada severa
— Mph
Ambos se observaron, Sasuke asintió y dejo el cuarto sin decir más.
— ¿Qué te sucedió?
— Em, digamos que tengo una escena del crimen —hizo una pequeña pausa— entre mis piernas
— Dios, Sakura — Naruto negó varias veces con la cabeza mientras una sonrisa se asoma por sus labios, Sakura solo actuaba así con él e Ino —no digas esas cosas
Sakura se encogió de hombros, para luego sentarse en la cama.
— Naruto tengo mucha hambre — hizo un pequeño puchero
— Y esperas que gaste mi dinero en ti
— Lo valgo ¿No?
— Eres una maldita bruja manipuladora
— Y tu un maldito ogro sobre protector
— Anda, duerme un rato, luego del receso te traigo un capuchino de vainilla y unas medias lunas
— Y chocolate
— Y chocolate — repitió él con una sonrisa que ilumina la habitación
Naruto abandonó la habitación sin dejar de sonreír, él la conocía perfectamente, sabía todo lo que Sakura podría necesitar en esos minutos y no tenía reparos al consentirla en ello. Sakura sin Naruto en esos momentos se volvería loca, no sabría que haría sin él, lo necesitaba más de lo que creía, y apreciaba de sobremanera cada cosa que el rubio hacía por ella. Ambos sabían cuanto necesitaba Sakura toda esa ayuda extra, sufría de una muy común condición; anemia. A pesar de que el conteo de glóbulos rojos estaba en los parámetros normales, su sangre no transportaba el suficiente oxigeno a todos los sitios de su cuerpo, por consiguiente tampoco transportaban las suficientes vitaminas y otros suplementos como el fierro o magnesio, por eso siempre estaba pálida y ojerosa, y cuando llegaba su periodo esto se acentuaba dejándola débil y cansada.
Naruto caminaba por el patio en dirección a la cafetería. Por supuesto que no dejaría que la ojijade esperase todo el receso para poder comer, claro que no, de él dependía su desayuno. Sakura era muy ingenua, ya se había enamorado una vez y todo resultó en un gran desastre, en llamadas de apoderados y acosos en el supermercado, terminó con su corazón roto, con una serie de rumores a cuestas, infundidos por los bastardos que se hacían llamar sus mejores amigos, sola por los pasillos, con citas al psiquiatra y una gran depresión que apenas estaba dejando atrás, a Naruto le molestaba rememorar todo aquello. El rubio no se creía capaz de soportar todo aquello una vez más, verla así de derrotada otra vez, sin ganas de comer, sin ganas de dormir, sin ganas de leer, de escuchar música, de dibujar, de escuchar su horrible banda de rock alternativo a todo volumen coreando sus canciones, sin ganas de ver películas de terror con él o con Ino, sin ganas de fotografiar, sin ganas de ser ella misma, de vivir. Naruto podía decir que la amaba, claro que si, era su familia, esa familia que uno construye sin lazos biológicos, esa que queda para toda la vida, que permanece sin llamadas o charlas durante años, pero que si se volviesen a ver sería como si el tiempo no hubiese transcurrido jamá que la protegería, de todos y todo, de los malditos desgraciados que quisiesen aprovecharse de ella, no quería verla caer dentro del abismo que le costó tanto salir. Sabía que tal vez no habría otra oportunidad.
Cuando la vio llegar el día anterior con Sasori fue terrible, una ola de furia azotó su rostro, sus puños se apretaron de tal manera que parecía que sus nudillos explotarían por la tensión, si Sasori no se largaba en menos de un minuto lo más seguro era que Naruto le partiría su cara de niño malo en el maldito asfalto, cuando se acercó a Sakura y beso su frente no lo soportó más y salió de la casa a darle al pelirrojo de lo que buscaba, pero fue tarde, había desaparecido en la penumbra de la noche y la inocente Sakura estaba observando paralizada el camino por el cual el idiota temerario se había marchado. Además, para pesar del rubio, debía coronar la situación con que horas antes había pillado al cretino de su mejor amigo tratando de ligar con quien considerase su hermana ¡Ese imbécil sabía quién era Sakura y aún así intentaba quién sabe qué con ella! Se negó a dejarla en paz y en un arranque de cólera ante la maldita bocota del azabache, que no sabía cuando callar, Naruto tuvo que reventarle el estomago. Ahora para agregarle dulzor al asunto su querida pelirrosa no tuvo nada mejor que hacer que interrogarlo casi toda la noche por Sasori... Siquiera le dijo lo que había pasado en la casa del pelirrojo, acaso pensaba que bastaría con un "solo hicimos un trabajo", no señor, no.
La cafetería estaba llena, si no fuese por lo temperamental que Sakura se ponía en su periodo Naruto pasaría de comprar su desayuno, pero el cariño y la afición secreta que tenía el rubio en consentirla cuando estaba así de convaleciente se lo impedía.
Naruto empujo a los demás para sobresalir y así atendiesen su pedido primero.
— ¡Vieja, deme un capuchino y dos medias lunas... y chocolate, no olvide el chocolate!
— Naruto, deberías cuidar tu lengua, querido— aseveró la anciana de la cafetería— , recuerda que yo te hago el almuerzo
— Gracias abuela—Naruto hizo caso omiso a las palabras de la madura mujer
— Ya vete a dejar el desayuno a Sakura—sonrió la mujer
La anciana de la cafetería ya conocía los ciclos de Sakura y también conocía la rutina que se implantaba en esos días entre el rubio y la pelirrosa, eso hacía todo más fácil para él.
Al salir de la cafetería Naruto se encaminó rápidamente al edificio donde estaba la enfermería, corrió sin mucho cuidado, esquivando a duras penas a los demás inútiles que se le cruzaban por el camino, a todos y cada uno menos a una chica de cabellos oscuros que se le cruzó en frente de un momento a otro.
— Mierda — masculló con rabia — ¡Ten más cuidado! Casi voto el desayuno de Sakura
Se quejó él mientras se ponía en pie sin mirar atrás, continuando con su "misión". Con quién fuese que se hubiese cruzado, podía esperar su respuesta o disculpas, aun que pensó haber escuchado apagadamente de los labios de la misteriosa chica un "disculpa", o eso pensó, era difícil de saber si un tartamudeo insistente empapaba la palabra.
Anne J. M.
Hola chicos, hoy si subí dos capítulos :)
A pesar de que hoy me he entretenido mirando el viaje de Chihiro y cinco centímetros por segundo he logrado concentrarme lo suficiente para subiros el quinto capítulo de este fic.
Os quiero, hasta luego.
