Capítulo 28.

Cosas que desconozco.

Un nuevo día se asomaba, Luffy había llegado temprano el día anterior después de ir al Baratie con sus amigos. Como era temprano había probado ir a la casa de Zoro pero éste aún no había llegado, por lo cual no le quedó opción más que resignarse y regresar a casa, en donde descansó un poco junto a Dadán y sus hermanos, tras ir a la tienda habían comprado palomitas, papas, y demás bebidas y caramelos para después desvelarse viendo películas de terror, el cual era uno de sus hobbies preferidos.

De cualquier forma ya era de día, sus hermanos habían salido y la única que se encontraba era Dadán, quien se había encargado de prepararle el desayuno. Hacia mucho que el chico no veía a Hancock, y a decir verdad eso lo estaba exasperando, por lo cual apenas terminó de comer se apresuró a volver a su habitación, para ducharse y ponerse algunas de sus prendas favoritas. Él generalmente no se preocupaba mucho por su apariencia o higiene personal, pero por Hancock había empezado a ser un poco más cuidadoso en ése aspecto.

Se colocó su inseparable collar de sombrero de paja, y salió de casa en lo que sacaba de manera rápida su teléfono celular en el cual marcó de memoria el teléfono de la chica, quien no tardó en contestarle. Él sabía que debía de haberle llamado antes de arreglarse para saber si estaba o no disponible, pero su ansiedad era tanto, que su cuerpo había comenzado a moverse de manera inconsciente, casi mecánica. Por suerte Hancock estaba disponible y ahora ya no tenía nada que lo detuviera, por lo cual con una enorme sonrisa en el rostro había comenzado a trotar en dirección de la estación del metro para llegar a donde estaba la muchacha.

Cuando estaba en el transporte, daba pequeños saltos en señal de desesperación, y había decidido a colocarse sus audífonos escuchando algunas canciones de Jolly Roger, intentando que la voz de Shanks le ayudara a tranquilizarse un poco.

Luffy no entendía por qué se sentía de ésa manera. Desde ése primer encuentro con Hancock él había notado una serie de cambios en su interior, era la primera vez que una chica lo deslumbraba de ésa manera, cuando pensaba en Hancock no podía evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro, disfrutaba mucho el tiempo que pasaba a su lado, aún cuando fueran pocos. También había notado que la mujer se encontraba constantemente dentro de sus pensamientos, es como si Hancock hubiera decidido anidar en sus pensamientos, y no podía evitar recordarla constantemente en sus labores diarios. Cuando la veía, sentía una serie de cosquilleos en el estómago, y su corazón se aceleraba, y la única explicación que él encontraba, es que Hancock le ocasionaba algún tipo de alergia, o algo por el estilo, ya que solo "enfermaba" cuando estaba cerca de ella.

El tren se había detenido anunciando la parada correcta, y Luffy sin pensarlo demasiado había bajado, había quedado de verse dentro de la estación para que pudieran dirigirse a otra parte. El menor conocía una pista de hielo en una plaza cercana y ya que nunca habían ido a una, le había parecido un buen lugar al cual ir.

Mirando a su alrededor había comenzado a buscar esos azulados ojos que tanto le fascinaban, los cuales no tardó en encontrar. Parada completamente recta, ahí se encontraba la chica con la misma peluca rubia de siempre, llevaba una blusa de algodón pegada color negro con mangas largas que se encontraba abierta por los hombros dejando al descubierto un poco de piel, tenía unos pantalones entubados color blancos, y unos zapatos abiertos cafés con un tacón de no más de cinco centímetros. En la cabeza llevaba una boina del mismo color que los zapatos, con la cual intentaba inútilmente esconder su rostro, entre manos llevaba un bolso verde agua, pulseras de oro y sus amados aretes extravagantes y de gran tamaño.

Hancock había estado parada ahí un buen rato, y es que desde que colgó la llamada con Luffy se la había estado pasando el tiempo arreglándose, y no queriendo permanecer en su cárcel, había salido y dirigido a la estación no importándole el tiempo que tuviera que esperar al menor. Sus hermanas ya sospechaban que algo estaba pasando, pero no le preguntaban nada por respeto a su privacidad, su primo seguía apoyándola en las sombras, él estaba fascinado ya que después de todo gracias a que ella le había pedido un autógrafo a Luffy como regalo al peli verde, Bartolomeo se encontraba en las nubes.

-Oi... - Había llamado el adorable niño mientras se asomaba un poco desde abajo intentando sorprender a la chica. Él la observaba directamente al rostro, y sin poder evitarlo le había sonreído como solo él sabía hacer.

-Luffy... - Dijo feliz de verlo.

-¿Ya comiste? - Preguntó en el momento justo en el que su estómago gruñia. - Yo desayune hace nada, pero ya me dio más hambre. - Lloriqueo, ocasionando una sonrisa de la oji azul quien para complacerlo respondió.

-Podríamos pasar primero a comer algo.

Pronunciando las palabras mágicas Luffy había empezado a gritar de felicidad con los brazos al aire, festejando como un pequeño niño, y Hancock no podía evitar observarlo anonadada, Luffy era un ser demasiado puro, sus ojos chocolate redondos e inocentes, ajenos a toda maldad. Su rostro redondeado, mejillas suaves con ésa característica cicatriz bajo su ojo izquierdo, ese cabello corto y desordenado, su complexión delgada que a simple vista parecería ser frágil, pero realmente era todo lo contrario. Luffy era alegre, era fuerte, la mayor parte del tiempo era un chico despreocupado que no le haría daño ni a un insecto, pero cuando la situación lo ameritaba el podía mostrar sus colmillos, transformándose inmediatamente en una bestia que pelearía hasta el final por sus seres queridos.

Hancock miraba en Luffy muchas cosas de las que ella carecía, como ésa sinceridad con la que el menor mostraba sus sentimientos de manera tan abierta. Eso era algo que a ella le costaba mucho trabajo, puesto que gracias al ambiente en el que fue criada, se le enseño a ser una chica reprimida, ella no sabía demostrar lo que sentía de forma abierta, y el demostrar afecto era algo que se le complicaba mucho más que alguna operación matemática. Luffy tenía un sueño, y luchaba por él, siempre hablaba de su sueño sin perderlo de vista, cosa que de cierta manera le ocasionaba un poco de envidia, ya que ella también deseaba un sueño. Tenía su vida asegurada siendo la heredera de la compañía de su padre, teniendo los conocimientos y experiencia necesaria, pero, ¿Para qué le servía eso?, para pasar el resto de su vida haciendo un trabajo que le disgustaba, enfocándose en el trabajo y solo en el trabajo, sin tener tiempo para divertirse, para hacer lo que le gustaba, ganando enormes cantidades de dinero... Dinero que si bien, podría conseguirle tantas cosas materiales, jamás le traerían lo que ella en realidad deseaba; Y lo que ella añoraba era la felicidad.

Por eso mismo Luffy era un ser deslumbrante, porque él sonreía aún cuando los tiempos se tornaran difíciles, porque siempre reía de cualquier pequeña cosa, porque pasara lo que pasara siempre veía la vida de una forma positiva. Porque él era un chico al cual era fácil tomarle cariño, y atraía a las personas a su alrededor como el sol que era. Luffy era su ángel, y aunque sabía que aún no lo conocía lo suficiente, de alguna forma sentía que su encuentro con él había sido algo deparado por el destino, y era una de las mejores cosas que le había tocado vivir, él había empezado a pintar su vida monocroma en un montón de colores que desconocía.

En el restaurante familiar, Luffy había pedido un montón de carne, pasta, y demás alimentos como era costumbre, mientras que ella simplemente había pedido una ensalada, jugo de naranja, y de segundo un omelette pequeño que ni siquiera se terminó. Su estómago era pequeño a diferencia de la del chico, y aunque ella le dijera que no tenía más hambre, él la observaba con esa mirada preocupada, ya que él pensaba que no se alimentaba de manera adecuada.

-¿Estás bien?, ¿Te sientes mal?

Ella sonrió al recibir las preguntas habituales que el chiquillo siempre le preguntaba cuando veía lo poco que comía. Se había vuelto una rutina, y aún cuando él le hacia cientos de preguntas sobre lo mismo, ella le respondía con toda la paciencia del mundo a cada uno de sus cuestionamientos y no se detenía hasta que el menor por fin se relajaba y le sonreía aliviado, feliz de que no se sintiera enferma.

-Ey, Hancock, ¿Segura que estás bien? - Seguía preguntando el pequeño.

-Sí, no me siento mal.

-¿Segura?

-Segura.

-¿Me lo prometes?

Ah, que felicidad sentía con solo tenerlo ahí, frente a ella. ¿Cómo era posible sentir tanta dicha?, él le traía paz a su corazón, cuando estaba junto a Luffy podía llegar a sentir que el tiempo pasaba muy lento o muy rápido, todo dependía de la situación en la que se encontraran. Pero eso sí, el sentimiento que siempre se encontraba presente en su cuerpo, era esa tranquilidad que la inundaba por completo, ése hormigueo en el cuerpo y calidez en el pecho el cual convertía un día simple en algo extraordinario.

Luffy por su parte seguía lanzando preguntas a Hancock aún cuando ésta ya le hubiera prometido que se encontraba sana, y solo se detuvo en el momento en el que se dio cuenta la manera en la que ella lo estaba mirando. Se sorprendió al ver como el rostro de la chica se iluminaba, sus azulados ojos brillaban más que cualquier joya, y sus mejillas tomaban un adorable color rosado que la hacían lucir deslumbrante.

-"Es hermosa"

Ése fue el único pensamiento que cruzó por la mente del menor, sintiéndose tímido de repente. Algo que solo había comenzado a sentir desde que conoció a Hancock. En ése momento sus preguntas cesaron, puesto que su corazón había empezado a bombear más sangre de la normal, volvía a "enfermarse" por la compañía de la mayor. De pronto se le complicaba más respirar, y no podía apartar sus ojos del rostro de la muchacha, ésta lo había hechizado.

-¿Luffy? - Preguntó ésta cuando se dio cuenta de que el usual parlanchín, había dejado de aportar conversación.

-Va... Vamos a la pista. - Había dicho éste tartamudeando e intentando desviar la atención de Hancock hacia otra cosa.

-¿Eh?, ¿Acaso ya llenaste tu estómago?

En ése instante el estómago del menor gruño nuevamente dándole su respuesta a Hancock, quien estuvo a punto de preguntar el porqué éste se quería ir, pero antes de que pudiera pronunciar palabra se dio cuenta como el rostro del menor empezaba a tornarse como una remolacha, él escondía sus ojos con ayuda de su flequillo y miraba al piso avergonzado.

-"¿Qué es esto?" - Preguntó la mujer dentro de su mente. - "¡Es muy lindo!, creo que me voy a desmayar."

Mientras ella se introducía en su mundo de fantasía, Luffy en un ataque de pena se había introducido toda la comida a la boca, masticándola con rapidez y tragándosela apresuradamente, ocasionando que un poco de ésta se atorara y se viera obligado a beber la jarra entera de jugo para poder aclarar su garganta.

-¡Ya terminé!, ¿Vez? - Aclaró mientras se levantaba lleno de energía. - ¡Vamos a la pista!

Tras pagar, salieron del lugar mientras Luffy se daba constantes palmadas en las mejillas queriéndose obligar a regresar a la normalidad. Por suerte no le tomó mucho tiempo despabilarse, puesto que notó como la muchacha miraba a su alrededor algo perdida, cosa que le hizo recordar que ésta no acostumbraba mucho a salir a lugares atiborrados de gente. Por tanto, en un acto de consideración había tomado la mano de Hancock guiándola a través del mar de gente, brindándole seguridad.

A decir verdad, ésos pequeños roses se habían vuelto costumbre entre ellos con sus escapadas juntos. Ahora esos gestos de cariño se daban de forma natural y sincera.

Llegando a la pista de hielo, Luffy fue corriendo a pagar, mientras que la muchacha veía todo de forma curiosa, ella sabía patinar, gracias a los constantes viajes que había tenido, pero generalmente iba a lugares privados, que eran propiedad de su familia. Por lo tanto se encontraba algo perdida y no hacía más que seguir al morocho. Entrando, Luffy se fue a formar. Hancock seguía mirando dudosa mientras la fila avanzaba, y cuando por fin les tocó su turno Luffy dijo algún número y al instante le entregaron unos patines.

-¿Número? - Le preguntó la chica que atendía ocasionando que Hancock la mirara confundida.

-Te está preguntando por tú número de calzado.

La mujer respondió y al momento le dieron otro par de patines, los cuales observó por unos instantes antes de tomarlos con la punta de sus dedos, siguiendo al pelinegro hasta unas bancas. Él había comenzado a abrochar los patines mientras que ella seguía observándolos un tanto asqueada, sobre todo al ver como la chica encargada de entregarlos, solo había colocado un poco de aromatizante en estos para que no olieran mal.

-¿Estos patines son de uso público? - Preguntó la mujer con un tono de voz aterrado.

-Mmm... Sí.

-Mentira... ¿Por qué no traje mis patines? - Se lamentó. - Quien sabe cuántas personas se han puesto estos patines, han de estar sucios, puede haber un sin número de gérmenes, es anti higiénico. - Seguía quejándose ocasionando que el chico la observara confundido.

-No pasa nada, mientras uses unos calcetines.

-¡Imposible, no traigo nada de eso, tengo tacones! - Se levantó poniendo su mano en su frente en una pose dramática.

-Ah... Pensé que algo así pasaría, así que te compré unos cuando venía en camino.

-¿Eh?

Ella observó el deslumbrante rostro de Luffy quien le sonreía animado, mientras que ella seguía observando los patines insegura, deseando salir corriendo a alguna tienda de deportes para comprar unos nuevos, ya que ella era demasiado hermosa para ponerse algo usado; En una ocasión pasada se hubiera negado por sobre todas las cosas, pero no queriendo parecer fastidiosa, y teniendo en cuenta que Luffy se había tomado la molestia de ser considerado y conseguirle unos calcetines, había optado por colocarse el calzado.

Después se dirigieron al interior de la pista, había mucha gente dentro dando vuelta tras vuelta, los inexpertos se agarraban de las orillas para no tropezar. En el centro había un área asignada para los que practicaban el deporte del patinaje artístico, el área estaba marcada por medio de conos, que formaban un ovalo lo suficientemente espacioso para que el tutor y su alumna tuvieran clase.

Hancock había comenzado a patinar con total naturalidad, pero antes de irse lejos había volteado para poder ir junto a Luffy, sorprendiéndose cuando éste se acercaba a ella con movimientos torpes, tambaleándose un poco al momento que soltaba cómicos gritos. Dándose cuenta de que él no sabía patinar bien, había querido acercarse para brindarle ayuda, pero era muy tarde, éste había resbalado aterrizando sobre su trasero.

-¡Luffy! - Gritó preocupada para después ayudar al chico a levantarse. Él estaba riéndose sin verse afectado por la situación. - ¿Acaso no sabes patinar?

-No mucho, vine en ocasiones junto a mis hermanos pero esto es complicado.

Sonriente Luffy recordó momentos de su infancia, cuando fue a una pista de hielo por primera vez junto a Ace y Sabo. Ninguno de ellos sabía patinar y sin embargo Ace y Sabo habían agarrado el ritmo rápidamente, por lo que en cuestión de 35 minutos ya se encontraban patinando con total normalidad. El pequeño monito por su parte aprendía más lento que sus hermanos, y no quería apartarse de la orilla, aferrándose a la barda como si su vida dependiera de ello.

Ace se la pasaba burlándose de él, pero aún así le tuvo paciencia y lo ayudo pacientemente junto a Sabo. Cada uno lo tomaba de una mano, y lo animaron para que éste se soltara y se animara a intentarlo. Era gracias a ellos que sabía un poco, aunque casi no iba a patinar, ya que su hobbie principal era cantar y tocar la guitarra, que era en lo que ocupaba la mayor parte de su tiempo.

-¿Quieres que te ayude?

-No. - Negó de inmediato. - Te alcanzaré en un momento, ya lo verás.

A diferencia de sus días de infancia en los cuales el monito era un pequeño llorón, ahora rara vez se asustaba. Por lo cual no era difícil para él lanzarse en el centro de la pista, impulsándose de manera apresurada y descuidada cuando ni siquiera sabía como frenar, lo cual terminaba en él estrellándose contra la barda, o con muchas caídas que en ningún momento lo detenían, y seguía intentándolo aún cuando Hancock le seguía los pasos no queriendo que éste se hiciera daño.

Así estuvieron durante unos momentos, hasta que el único problema de Luffy era aprender a frenar. Hancock por su parte, cuando comprobó por si misma que el menor estaba completamente bien por su cuenta decidió disfrutar un poco del tiempo que les quedaba, y empezó a patinar por su cuenta, era distinto estar dentro de la pista cuando había tanta gente a su alrededor, eso la imposibilitaba en algunos aspectos y hacía que sintiera envidia de la estudiante que se encontraba en el centro, quien podía ensayar sin necesidad de ser molestada.

Ahora que recordaba, de niña también había tenido unas clases privadas de patinaje artístico, principalmente porque sus padres querían entrenarlas a ella y sus hermanas a un sin número de actividades, ya que éstos gustaban presumir de sus hijas "multi usos", aunque de cierta manera eso era algo que le agradaba, ya que gracias a eso sabía hacer varias cosas, entre las cuales incluían patinar, cantar, tocar instrumentos como lo era el piano, la flauta y el violín, bailar, y confeccionar ropa, ésa última la había aprendido por cuenta propia. También sabía hablar en inglés, español, francés e incluso italiano, después de todo los idiomas era algo que debía de dominar a la perfección para el puesto que le pertenecía por herencia.

Algunas personas habían comenzado a despejar la pista, para ir a descansar o retirarse a hacer otras actividades, dejando más espacio libre, el cual Hancock aprovechó y tras tomar un poco de velocidad realizó un salto girando sobre su propio eje para después aterrizar exitosamente. Luffy la había estado observando todo el rato y no pudo evitar maravillarse nuevamente, y es que le sorprendía la cantidad de cosas que la chica sabía realizar, ya que él solo sabía cantar, tocar guitarra y algo de historia sobre la música, todo siempre sobre la música, aunque también sabía pelear debido a incidentes de su infancia, y gracias a que convivió con salvajes como Ace, Sabo y Zoro.

-Hancock. - Llamó dirigiéndose hacia ella, intentado ir lento para no seguirse de largo y volver a estrellarse contra la barda por milésima vez. - ¿Está bien que hagas esas cosas?, Creí que no querías que se cayera la peluca.

En ése momento la chica recordó que debía de tener cuidado, por lo que aterrada se había llevado las manos a la cabeza comprobando que la peluca siguiera en su lugar. Estando en ése estado de pánico temporal, había perdido el equilibrio y no se había dado cuenta que un chico se encontraba pasando tras de sí, por lo cual tras retroceder un poco éste la empujó sin querer ocasionando que la chica perdiera su centro de gravedad. Luffy desconcertado había querido agarrarla para que ésta no tropezara pero el efecto fue el contrario y al final los dos habían terminado por caer.

Hancock había aterrizado de manera suave, deslizándose sobre sus rodillas, mientras que Luffy si se había dado otro golpe en el trasero, pero debido a que era muy resistente casi ni lo sintió. Ambos se miraron desconcertados, parpadeando varias veces intentando interpretar lo que acababa de suceder, y después de unos segundos se soltaron a reír.

Después de levantarse, se quedaron otro rato más para después salirse y comenzar a pasear por las distintas tiendas dentro de la plaza. Luffy había terminado por adentrarse en la tienda de mascotas en donde habían unos conejos que se podían acariciar abiertamente, con la única condición de que no se podían cargar; Aunque claro, nuestro fiel capitán como siempre desacató esa única regla y cargó un montón de conejos entre brazos dejando que la chica le tomara una foto con su celular, y aunque al final resultó en que los corrieran de la tienda de mascotas, valió la pena.

La siguiente parada fue en el centro comercial, en donde nuevamente el monito se adentró robando todas las muestras de comida gratis que pudiera, en un momento tomó un pedazo de jamón que no era muestra gratis, Hancock había querido advertirle pero antes de que siquiera pudiera hacerlo, éste se lo había devorado cual bestia salvaje. Por supuesto tuvieron que pagar todo lo que éste había ingerido en alimentos, junto a la tonelada de golosinas que éste había comprado en el trayecto.

-¿No quieres Hammock? - Había preguntado el menor con la boca llena, al momento que le ofrecía unas papas.

Ella se había negado, y en su lugar continuaron con su recorrido. Hancock estaba ansiosa por ver cual sería la próxima tienda de la cual los correrían, pero contrario a sus expectativas, el siguiente lugar al que entraron fue una curiosa tienda de discos. Ésta estaba decorada con colores oscuros e iluminaciones en colores cálidos, las paredes pintadas de un morado intenso, los discos ordenados por género

El peli negro miraba alrededor con ésa curiosidad de siempre, buscando una categoría en especial, por fin se acercó a una mesa, ésta tenía un mantel rojizo y encima había un montón de discos acomodados de manera meticulosa. Él tomó uno de los discos entre manos y se quedó observándolo fijamente, en su mirada se vio reflejada un amor y calidez inigualable. Curiosa se había acercado al chico, asomándose para observar el CD, éste se titulaba "Dreams of Pirates", y era de la afamada banda "Jolly Roger".

-Luffy... Eso es.

-Es el nuevo disco que sacó Shanks.

-¿Por qué se titula "sueños de piratas"? - Preguntó dudosa.

-Oh, Shanks adora las historias sobre piratas, él siempre ha dicho que los piratas son geniales y que demuestran el romanticismo varonil. - Rió un poco recordando sus momentos junto al pelirrojo. - Cuando visitaba el bar de Makino-san, siempre se la pasaba contándome historias sobre piratas, leyendas sobre sirenas, gyojin, gigantes y demás aventuras... Él siempre ha dicho que las personas más libres en el mundo son los piratas y los músicos... Bueno, aunque yo creo que en nuestro caso, no somos nosotros los músicos los que somos libres... Más bien la música es libre; Nuestro trabajo es tan solo un atributo a ella.

-Vaya que te gusta la música. - Sonrió la oji azul mientras sonreía.

-Ah... Terminé hablando nuevamente de lo mismo.

-No importa, me gusta mucho cuando hablas de tu música, de tus amigos, tu familia y de Akagami, tu actitud cambia por completo.

Y no era mentira, cuando Luffy hablaba de Shanks, sus ojos tomaban otro tipo de brillo, podías ver el cariño que el menor le tenía al pelirrojo tan solo viendo como paseaba de un lado para otro ése collar, lo cuidaba más que a cualquier otra cosa, sin duda alguna ése sombrero de paja era su tesoro. Hablando de su tesoro, ésa era otra de las cualidades que adoraba del chiquillo, éste tenía una sensibilidad extrema, tanto como para darle ése valor simbólico a un objeto. Ésa sensibilidad y lealtad no la tenía cualquier persona, y era algo que admiraba mucho de él.

-¿Alguna vez haz escuchado algo de Jolly Roger? - Preguntó el monito.

-Mmm... La verdad es que no sé mucho sobre la música actual. Soy más de escuchar música clásica, como Beethoven, Mozart, Camille Saint-Saëns, etc. Me gusta escuchar el saxofón, aunque mis instrumentos favoritos son el piano y el violín, también adoro la ópera.

-Ahora que recuerdo, me mencionaste que sabes tocar algunos instrumentos, ¿No es así?

-Sí, tomé lecciones de pequeña.

-Algún día deberías acompañarme a los ensayos, podrías tocar el violín, estoy seguro de que a los chicos no les molestaría, solo tendría que convencer a Nami.

-Nami... - Gruñó el nombre por lo bajo. - Estoy segura de que ésa mujer no me querría allí.

-¿Por qué lo dices?, Nami es muy buena.

Nuevamente el chico no entendía nada, era demasiado inocente para captarlo.

Hancock había suspirado derrotada, y cuando quiso darse cuenta el morocho ya se encontraba en la caja comprando el disco, pero no se esperó que hubiera comprado dos en lugar de uno solo. Cuando quiso preguntarle la razón, él le extendió una bolsa negra dentro de la cual estaba el disco de la banda a la cual él idolatraba.

-Es un regalo. - Aclaró. - Puedes escucharlos en casa, y después me dices que opinas.

-¿Un regalo?, ¿Para mí?

Estaba impresionada, conmovida, era la primera vez que recibía un regalo sincero aparte de los que le habían preparado sus hermanas y su primo. Después de todo las cosas que le daban sus padres, eran cosas materiales, sin sentido, sin emociones impregnadas en estos, eran regalos vacíos que ellos creerían que le traerían felicidad, cuando la verdad era que no le interesaba la ropa, los teléfonos o demás regalos caros. Sus padres creían que podían comprar su felicidad con eso, y la verdad lo único que ésa pequeña niña había querido en su infancia era un poco de amor y comprensión.

Sandersonia, Marigold y Bartolomeo habían sido los únicos en los cuales había podido apoyarse, cosa que le había resultado imposible con las demás personas gracias a su estatus social y su físico. Hasta el momento los que se acercaban a ella eran interesados, personas a las que solo les importaba conquistarla ya sea por su belleza o por el dinero del cual era heredera. Muchos habían querido comprometerse con ella por la misma razón, pero sus padres no aceptaban a cualquier "basura" como ellos les decían a los que no llegaban a la altura de la magnífica Boa Hancock. Pero Luffy era diferente, incluso en ésa ocasión, o en las anteriores, jamás le había pedido pagar nada, jamás se había visto interesado en su dinero, o en su posición social, y cuando éste le hacía algún cumplido se lo decía mirándola a los ojos en todo momento. Las miradas lascivas jamás se habían visto reflejada en esos orbes chocolate, él era puro de corazón, y ésa persona le estaba obsequiando algo que para él era importante, y eso la hacía extremadamente feliz.

-Muchas gracias. - Respondió mientras abrazaba la bolsa con unas pequeñas lágrimas botando de sus ojos.

Después de eso Luffy acompañó a Hancock a su hogar, no sin antes pasar a comer nuevamente claro está. El resto del día la chica había entrado en un estado de ensoñación, abrazaba la bolsa como si su vida dependiera de ello, y no la soltaba por ningún motivo, era el primer regalo que le daba Luffy y lo atesoraría para siempre.

El tiempo había transcurrido más rápido de lo que hubieran querido, antes de que se dieran cuenta el sol comenzaba a meterse, el cielo estaba coloreado de un hermoso color naranja y amarillo, estaba despejado y daba una vista esplendorosa. Se encontraban a una distancia razonable del hogar de la muchacha aún, y habían querido llegar caminando puesto que aún no querían separarse, pero extrañamente las calles parecían deshabitadas, no pasaba ni una sola alma por el lugar, lo cual les dejaba un momento de privacidad.

-No es necesario que lo cuides tanto. - Dijo Luffy haciendo referencia al disco.

-Si es necesario, es el primer regalo que recibo de un amigo.

-¿Eh?, ¿Nunca te habían dado uno?

-Bueno sí... Pero... Todos y cada uno de ellos eran regalos vacíos... Luffy. - Volteó observándolo directamente a la cara. - Eres el primero que me ve por lo que soy y no por lo que aparento... Yo... Yo... - Empezó a tartamudear al momento que sus ojos se inundaban de lágrimas. - Yo he odiado a los hombres... Ellos me hicieron daño y yo... Llegué a pensar que todos eran así pero... Pero tú.

-Hancock. - Interrumpió el chico mientras tomaba la mano de la chica entre las suyas. - ¡Yo jamás te haré daño, lo juro! - Dijo decidido con una voz firme y seguro de sí mismo. - Y si alguien lo intenta, ¡Le patearé el trasero!

Hancock se quedó sin palabras, nuevamente tenía un licuado de emociones en su interior, pero las que más destacaban era la felicidad y emoción, la dicha de saber que podía contar con Luffy, el saber que no estaba sola, que había alguien que la quería por ser quien era. Se sentía la mujer más afortunada del universo, por primera vez empezaba a disfrutar de su vida, por fin estaba saliendo de la vida rutinaria que tanto le agobiaba.

La emoción era demasiada, ella no sabía como expresar afecto puesto que nunca se le había enseñado, pero eso no era necesario puesto que su cuerpo se había encargado de reaccionar por sí mismo. Sin notarlo su mano que había estado libre hasta el momento se posó encima de la de Luffy y la apretó con fuerza, sin notarlo fue agachándose poco a poco hasta colocarse a la altura del chico, sin notarlo posó sus labios encima de los del chico. Los labios de Luffy eran suaves, ella no sabía bien qué es lo que estaba haciendo, pero sus sentidos hablaban por sí mismos, al principio solo había colocado sus labios encima de los del chico, pero pronto su cuerpo empezó a solicitar más, y comenzó a profundizar el beso un poco, moviendo los labios suavemente, con sumo cuidado, lentamente como si quisiera que el tiempo se detuviera.

Debía agregar que Luffy tenía sabor a carne, aunque ése sabor se iba mezclando con el caramelo y toneladas de chocolate que había comido con anterioridad. Su mente le estaba dando vueltas, no sabía lo que hacía, pero por lo menos se sentía feliz de que él no la estuviera rechazando, sino al contrario, intentaba corresponderle a su gesto con pasos torpes e inocentes.

El menor de los D. no entendía nada, solo sabía que le estaba gustando lo que fuera que estaba sucediendo. Su corazón palpitaba fuertemente, casi podía jurar que le daría una taquicardia, su cuerpo temblaba levemente al igual que el de ella, lo cual hacía que el beso se entorpeciera aún más. No sabía como es que debía de corresponder, pero lo intentaba. Ella era frágil, sus labios sabían dulces gracias al brillo labial de cereza que llevaba puesto, debía decir que era el manjar más exquisito que había probado hasta el momento, las manos de Hancock entre las suyas se sentían suaves, tenía piel de seda. Había querido aumentar el rose de sus cuerpos pero no había podido debido a que ésta se había separado de manera rápida, ella parecía una remolacha de lo roja que estaba, sus ojos se abrían mostrando la vergüenza que sentía, simplemente lucía preciosa, iluminada bajo esos resplandecientes rayos del sol, se veía preciosa.

-Lo... ¡Lo siento! - Gritó para después darse la vuelta y echarse a correr apenada, mientras él se quedaba parado en su lugar, con el corazón en un puño, tocando sus labios con su dedo medio e índice recordando la sensación del beso que había compartido con la chica.

Luffy había aprendido algo nuevo, Hancock tenía sabor a cereza.

Continuara...

Nico in Fire: ¡Por favor, no seas tan adorable!, Haces que me sonroje O/O, ¿De verdad creaste una cuenta en Fanfiction solo para comentarme?, ¡Muchas gracias!, lo aprecio mucho, me alegra mucho que te guste lo que escribo, la verdad es que tengo una mente muy traviesa y aunque a veces quiero ser directa e ir al grano, las ideas surgen en mi cabeza y en lugar de acortar el fic lo voy alargando. Ésta es la historia más larga que he escrito y la que más he disfrutado escribir hasta el momento, así que no te preocupes que no me fuerzo a nada, es cierto que me preocupa tardarme en actualizar, pero de todas maneras disfruto escribiendo, y para mí es muy gratificante saber que ustedes los lectores disfrutan leyendo de mis ocurrencias, es algo que me anima a continuar, y no te preocupes que no tengo intención de dejar abandonado éste fic, mucho menos siendo el que como ya mencione, me ha gustado más escribir. Es gracioso que me hayas dicho lo que te hubiera gustado que pasara con Luffy con Hancock, porque acabo de leer tu review, justo en el momento en el que estaba terminando de escribir éste capítulo en donde se mostró un enorme avance en la relación de estos dos tortolos, y tienes razón, ya tengo todo planeado, aunque para llegar al climax aún falta un buen tramo.

MugiwaraNoAndrea: Jajaja, no te preocupes no eres retrasada, lo que sucede es que como me tardo mucho en actualizar, en ocasiones sé que ustedes no saben a ciencia cierta cuando es que voy actualizar, y es por eso que a veces se les pasa. Pero no te preocupes, que de todas maneras aprecio la intención, y me basta con tu comentario sincero. PD: También amo la relación de los hermanos D. Es simplemente hermosa.

StArLoRdMac: Que bien que te entretengas, la verdad es que me esfuerzo mucho por hacer los capitulos interesantes, ya que sé que no todos tienen la misma intensidad, algunos son más tranquilos, pero aún así intento hacerlo todo de una manera amena puesto que sé que mi historia es larga, y pues... No me gustaría que dejaran de seguir la historia hasta el final porque en algún punto se torne aburrida, es una de las razones por la que agrego tanta comedia, me gusta mucho hacerlos reír, y no solo enfocarme en el drama. Por cierto, ¿Consideras el romance de Zoro y Perona bizarro?, Jajajaja, seré que yo estoy ya muy loca, pero a mí me parece perfecto de ésa manera, molestarse mutuamente es su manera de demostrarse afecto, y eso es bastante tierno debo agregar. En fin, por fin te traje tu momento LuHan que tanto ansiabas, y espero te haya gustado.

Tomoyo: Dime, dime, dime ¿Qué opinas?, ¡Por fin la relación de esos dos avanzó!, me siento muy orgullosa de haber llegado a éste punto, la verdad es que parece que hace años que espero escribir una escena romántica más marcada, y ahora que lo hice me siento satisfecha, aunque debo decir que aún no haz visto nada. Me hubiera gustado ver tu rostro cuando leías el final, seguramente no te lo esperabas. En fin, hazme saber que opinas al respecto, será muy entretenido ver como entras en tu modo fangirl.