Bueno, tal como les prometí aquí les traigo el especial de Halloween, es el primero que escribo, y siento que me quedó bastante largo porque a decir verdad mientras iba escribiendo más y más idea iban invadiendo mi mente. Sé que tal vez ustedes hubieran preferido que escriba la continuación del fic, pero no se... Este acontecimiento del lindo Chopper y la razón por la que quiso convertirse en doctor es parte de la historia original, y como querían un especial, me pareció una buena manera de anexar ése acontecimiento en el especial y de ésa manera profundizarlo.
Espero que lo disfruten.
Especial de Halloween.
Nace el increíble Tony Tony Chopper.
Chopper era el miembro menor de la familia Roronoa, hijo de Jin, y el consentido de Zoro y Robin. Chopper era un niño dulce, de cabello castaño y enormes ojos color caramelo, piel blanca, mejillas rosadas, cuerpo menudo, era un pequeño muy amable, de personalidad tímida, era risueño pero un cobarde, gracias a las constantes atenciones de sus hermanos que lo habían vuelto en todo un consentido.
Pero el pequeño Chopper, a pesar de que era bastante inocente, solía ser intuitivo con algunas cosas, y era bastante inteligente. El sabía que su madre había muerto el día de su nacimiento, ya que después de todo, era en la fecha de su cumpleaños cuando solían ir al cementerio a visitar a su progenitora, y ponerle incienso además de mostrarle sus respetos, por lo cual no hacía falta ser un genio como para darse cuenta de que la razón por la que su madre había muerto era debido a él.
Por supuesto, su familia se había encargado de ocultarle la verdad al pequeño durante un gran periodo de tiempo, puesto que no consideraban correcto hacérselo saber cuando seguía siendo un pequeño niño indefenso, de ésa manera solían subestimarlo en ocasiones, pensando que él no sería capaz de deducir por cuenta propia lo que había sucedido. De manera, que cuando fue hasta Jin para preguntarle la razón por la que su madre había muerto, no fue sorpresa enterarse de que ésta había muerto al momento del parto. Se había enterado de eso a su joven edad de 6 años, cuando Jin había considerado justo decirle, debido a que no tenía sentido mentirle, y porque de alguna manera pensó que decírselo en ése momento sería mejor a ocultárselo y que éste creciera sabiendo que su familia vivía mintiéndole.
Jin se había esforzado por hacerle saber a su hijo, que la muerte de su madre no había sido culpa suya, sino que ésta había querido tenerlo por decisión propia, y porque lo amaba, también le había dicho innumerables veces que ningún integrante de la familia le tenía rencor, o lo culpaba por nada, pero aún así a él se le había quedado ése hecho grabado profundamente en la cabeza. Después de todo el sabía que ni su padre ni sus hermanos lo culparían nunca por nada, él estaba perfectamente consciente de ello, puesto que en todo momento lo habían llenado de afecto, y le brindaron todo el amor que se le puede otorgar a un niño, pero aún así, él no podía evitar pensar que era el culpable de la muerte de su madre, aún cuando todos se lo negaran.
Tal vez él no tuvo oportunidad de conocer a su madre, pero sabía que había sido una persona muy amorosa y dulce, puesto que cuando se llegaba a hablar de ella, sus hermanos se ponían muy contentos, y siempre se encargaban de alagarla como si de un ángel se tratara. Y era precisamente ésa razón por la que el menor se sentía tan culpable, ya que pensaba que había sido él quien les arrebató a su madre, quien les quitó el tiempo que pudieron haber pasado con ella, también percibía que Robin había pasado a tomar el rol de madre, y que Zoro era una persona bastante estricta consigo mismo, y todo eso pensaba que se debía a ésa perdida. Pérdida, de la cual él se culpaba por completo.
Pero cambiando a un tema más alegre, fuera de que se sintiera triste por ése hecho, por otra parte él no podía quejarse demasiado. Ya que, como se ha mencionado, él era el consentido de la familia Roronoa, su apariencia y cuerpo frágil hacía que lo cuidaran como si fuera una frágil hoja de papel que podía romperse o salir volando ante la menor ventisca. Chopper no tenía muy buena condición física, pero se esforzaba por entrenar ya que después de todo Zoro era muy fuerte y resistente, y siempre había crecido admirándolo, queriendo ser como él, es por eso que de vez en cuando tomaba la espada de bambú entre sus manos, y se ponía a imitar al peliverde, intentaba cargar con la misma cantidad de pesas que él hacía, pero no duraba ni cinco minutos antes de que cayera al piso totalmente agotado.
Su padre lo entrenaba en sus ratos libres, pero por supuesto se encargaba de ponerle ejercicios que estuvieran a su nivel para así no hacer que ése sobre esforzara su cuerpo, y se lastimara. Después de todo él no era como el monstruo que tenía por hijo, el cual solía tener más fortaleza y resistencia que un adulto promedio. En todo caso Jin ya se preocupaba bastante por Zoro, quien jamás había intentado tener una infancia común y corriente, y vivía su vida entrenando, queriéndose hacer más fuerte cada día, sobre esforzándose, cargando pesas sumamente pesadas, yéndose a correr en las mañanas, y después en las tardes saliendo de la escuela, cargando tres espadas de bambú al mismo tiempo. Misma razón por la que Jin no quería que Chopper siguiera su ejemplo, ya que aunque éste se enorgullecía de tener dos hijos interesados en el kendo, no es como que quisiera precisamente eso como el futuro de sus hijos, simplemente deseaba que éstos vivieran plenamente.
Pero al final Chopper siempre salía frustrado ya que, por mucho que se esforzara, y mucho que sudara, no podía llegar a hacer ni una décima parte del trabajo que su hermano mayor realizaba. Después de todo él era del tipo intelectual, le fascinaba leer, en especial libros sobre medicina. Su sueño era convertirse en un gran doctor, y es por eso que solía pedirle a su padre que le comprara libros sobre la materia, y él, como el niño prodigio que era, los devoraba, es por eso que a sus 6 años había comprendido lo que era un parto, y la razón por la que su madre había muerto.
Ahora él tenía 7 años de edad, y su admiración ya no estaba dedicada únicamente a Zoro, sino al mejor amigo de éste. Monkey D. Luffy era un chico muy alegre que después de un tiempo había comenzado a visitar frecuentemente a su hermano, ya que después de todo eran vecinos, por lo cual solían salir a jugar con frecuencia. Luffy era muy divertido, tenía una hermosa voz debido a que desde edad muy temprana se había metido a clases de canto, pero no solo eso, sino que además, al igual que Zoro, Luffy era extremadamente fuerte, éste había empezado a entrenar por cuenta propia junto a sus hermanos Ace y Sabo.
A diferencia de Zoro, los hermanos D, habían aprendido a pelear por cuenta propia, después de todo al parecer los tres habían estado en lugares salvajes con continuidad gracias al trabajo de Dragon, quien al estar muy ocupado trabajando, solo había podido ayudarlos a entrenar en contadas ocasiones, al igual que Garp, quien era un Vicealmirante muy famoso de la marina, quien también se encargaba de darle sus rigurosos entrenamientos cada que se dignaba a aparecer. En general, la familia de Luffy estaba rodeada de monstruos.
-¡Oi, Zoro! - Había gritado una voz alegre fuera de su casa, provocando que los ojos del pequeño se iluminaran.
-¡Luffy!
En cuanto Chopper escuchó la voz del mayor, había salido de sus pensamientos y sin pensarlo demasiado había echado a correr con todas sus fuerzas, atravesando así el largo pasillo que conectaba la sala con la entrada. Después abrió la puerta, y en cuanto vio al pelinegro enfrente se había abalanzado a sus brazos siendo exitosamente atrapado por el morocho.
-¡Hola, Chopper! - Saludó Luffy quien ya estaba más que acostumbrado a los recibimientos del menor. - ¿Está Zoro? - Preguntó contento.
Definitivamente él le tenía un tremendo cariño a Luffy, no solo porque fuera un estupendo atleta, un gran cantante, y un chico con un enorme carisma que era amado por todos. Sino porque fue Luffy quien había ayudado a que su hermano saliera de su depresión. Después de todo, fue bastante notorio que Zoro empezó a recuperar su humor, y a superar la muerte de Kuina desde la aparición de Luffy.
-Sí, justo estaba en...
-Te he dicho que no abras la puerta de manera tan descuidada Chopper. - Había interrumpido la voz de su hermano quien había decidido salir, antes de que su amigo comenzara a corretear como loco por su casa. - ¡Mira, una plaga se le ha pegado a Luffy!
-¿¡Qué dijiste, Roronoa!? - Gritó Ace furioso.
Era bien sabido que Ace y Sabo seguían a su pequeño hermano a todas partes, ya fuera para jugar al parque, para ir a entrenar, para ir a comer a algún restaurante, o para cualquier lado al que el menor deseara ir. Por eso, no debería ser extraño que sus hermanos estuvieran junto a Luffy en el umbral de la puerta, pero aún así Ace y Zoro por alguna razón parecían odiarse a muerte, aunque la principal razón de ése rencor era por culpa del pecoso quien era un celoso compulsivo. El único que no parecía darse cuenta de que esos dos se detestaban era el mismísimo Luffy, quien estaba convencido de que tanto su hermano, como su amigo eran unas estupendas personas, y ya que eran tan geniales, era imposible que no se agradaran.
-Lo que escuchaste, Portgas. - Respondió haciendo énfasis en el apellido del pecoso.
-Ya te he dicho, que desde que Dragon-san nos adoptó, mi apellido es Monkey D. - Corrigió fastidiado, ya que sabía que Zoro utilizaba su apellido como manera de insulto, y eso lo molestaba en gran medida ya que era el apellido de su difunta madre a la cual le tenía un amor inmenso.
-¿Qué has dicho, Portgas?
El pecoso, con una vena naciente en la frente había sonreído de manera brillante, al instante que cerraba los ojos y con una actitud jovial se había acercado al peliverde quien tras ver ése cambio de actitud tan repentino, se colocó en posición defensiva, a la vez que un escalofrió recorría su espalda y observaba al pelinegro quien lentamente iba abriendo sus ojos, éstos se veían fríos y distantes, y estaban ensombrecidos cosa que le daba un muy mal augurio.
-Creo haberte dicho que no me fastidies. - El pecoso había rodeado a Zoro por el hombro al momento que le susurraba ésas palabras al oído, como si se tratara del siseo de una serpiente. - ¿No es así, Roronoa? - Había preguntado ésta vez en voz alta al momento que sonreía nuevamente de manera deslumbrante.
Al peliverde en un impulso había dado un salto hacia atrás para mantenerse a una distancia segura del pecoso. No era que a él le gustara provocar al mayor, y no es como que él hubiera sido el que comenzó una relación de peleas con el hermano de su amigo, y a pesar de que él era bastante fuerte, sabía reconocer cuando alguien estaba en un nivel superior al suyo. Y es que, si bien Luffy ya podría ser considerado como un monstruo debido a su magnifica fuerza, sus hermanos lo eran mucho más, era mala idea hacer enojar a alguno de los hermanos, en especial si el tema incluía al distraído hermanito de ambas bestias.
-Jaja. - Sonrió Luffy de manera inocente. - Ace y Zoro se llevan muy bien. - Agregó ignorando completamente el ambiente pesado que les rodeaba.
-¡Por supuesto! - Respondió Ace al momento que regresaba junto al menor, para después rodearlo por el hombro y revolver sus negros cabellos despeinándolo por completo.
-¡Basta, Ace! - Decía el menor riendo al momento que intentaba alejarse de su hermano.
-¿Y, a qué se debe tu visita? - Había preguntado el adorable Chopper, al momento que miraba a su ídolo con emoción.
-Ah, cierto... - Golpeó la palma de su mano con su puño al recordar porqué había ido a la casa de Zoro en primer lugar. - Tenemos nuevos vecinos. - Dijo emocionado al momento que se asomaba a la calle y señalaba una casa que estaba cruzando la calle a dos casas de distancia de la suya.
Zoro y Chopper curiosos, se habían asomado, siguiendo el dedo del chico que señalaba el hogar, enfrente del cual estaba estacionado un enorme camión de mudanzas, éste tenía la parte trasera abierta, de la cual varios trabajadores estaban sacando enormes cajas y demás muebles para introducirlos a la casa.
-¡Tenemos que ir a ver!
Sin esperar respuesta, el monito había echado a correr hacia el lugar, siendo seguido por sus hermanos y por su amigo quienes ya estaban acostumbrados a las respuestas impulsivas del menor. Ace y Sabo no habían tardado ni una milésima de segundo en correr junto a Luffy tomando así la delantera, mientras que Zoro se había quedado atrás debido a que Chopper se encontraba un tanto inseguro y tímido, cosa que le pasaba con normalidad cada que debía de conocer a nuevas personas. Por lo que, tras soltar un suspiro, el peliverde había tomado la mano del menor animándolo a caminar, mientras él lo seguía, intentando ocultar su cuerpo con el de Zoro.
-Vamos Chopper, no te van a comer. - Había animado el mayor.
En cuanto llegaron, lo primero que vieron fue un hombre el cual tenía tres enormes cajas cargando, las cuales tapaban por completo su visión. Éste se tambaleaba intentando llegar al interior de la casa, pero en su intento de hacerlo había tropezado con una roca la cual había provocado que cayera de lleno al piso golpeándose el rostro y logrando que las cajas salieran volando unos centímetros adelante. De inmediato, Chopper había corrido para asegurarse de que el hombre estuviera bien.
Ante los llamados del castaño, aquél hombre se había levantado, tenía la frente roja debido al golpe, pero aún así se había parado con tremenda rapidez fingiendo que no le había dolido. Éste era un hombre de edad mayor, con el pelo totalmente blanco, el cual estaba arreglado en un peinado bastante extraño, con grandes extensiones de pelo paradas tanto a los lados de su cabeza, como encima y atrás, haciéndole preguntar al pequeño, cómo es que eso pudiera suceder. Tenía unos pantalones color rosa, aguados con estampados de manchas, y una camisa verde abotonada, cabía mencionar que parecía un tipo demasiado llamativo.
-¡Estoy bien! - Había agregado éste al momento que señalaba al cielo con su dedo índice. - Esto no es nada.
-Viejo, es patético que no pueda con unas cuantas cajas. - Había dicho el desconsiderado de Luffy, quien siempre sorprendía con su insensible sinceridad. - Por cierto, ¿Por qué tiene un peinado tan raro?
-¡Qué grosero! - Había respondido el hombre, al momento que fulminaba a los dos chicos mayores que se habían soltado en carcajadas ante el comentario del mocoso. - ¿Ustedes quiénes son? - Los había señalado.
-Ah... - Respondió el rubio una vez que había terminado de divertirse. - Yo soy Sabo, él es Ace y éste rufián es nuestro pequeño hermano Luffy.
-No me sorprende que el mocoso sea tan mal educado, con unos hermanos tan permisivos.
-¿Qué dijiste? - Respondieron los dos al momento que lo fulminaban con la mirada.
-Será mejor que se detenga. - Se había metido el mayor de los Roronoa al momento que se ponía enfrente del anciano. - Si se mete, o dice cualquier cosa de Luffy, ése par de hermanos locos podrían matarlo.
-¿Qué quieren decir con permisivos? - Había preguntado inocentemente Luffy, siendo recibido por los consentimientos de sus hermanos quienes le habían dicho que no tenía importancia.
-Sí... Ya me di cuenta. - Había respondido el hombre, al momento que Chopper se le acercaba nuevamente.
-¿Es usted nuestro nuevo vecino?
-¡Sí! - Respondió de manera entusiasta. - Mi nombre es Hiruluk, mi esposa y yo acabamos de llegar, pensábamos ir a saludar a los vecinos cuando termináramos con las mudanzas. - Se acuclilló a la altura de Chopper para después revolverle el cabello. - Pequeño... Si alguna vez te sientes mal, no dudes en venir a buscarme, ¡Soy doctor!
-¡¿En serio?! - Preguntó mirando al hombre con ilusión, al momento que sus ojos se convertían en estrellas.
Al momento Hiruluk había comenzado a hablar sobre sus hallazgos médicos, sobre la enorme cantidad de pacientes que había tratado, como él y su esposa habían recorrido diferentes regiones en busca de pacientes que no tenían acceso a servicios médicos, entre muchas otras cosas. Chopper escuchaba con atención, la emoción había ocasionado que sus mejillas se tornaran de un color rosado y que su corazón se agitara.
-¡Créeme, pequeño! - Seguía alardeando el hombre. - ¡No hay enfermedad que no se pueda curar!
Justo cuando Chopper estuvo a punto de soltar otro grito de emoción se había visto interrumpido por el chasquido de lengua que había realizado su hermano, cosa que lo había obligado a llevar toda su atención a Zoro. Éste había estado escuchando en silencio al momento que su sangre se iba calentando poco a poco, y había terminado por estallar cuando escuchó la última frase que aquél charlatán había soltado.
-No le llene la cabeza de mentiras a mi hermano. - Había dicho éste con un tono de voz tremendamente frío. - Si eso fuera verdad, existiría una cura para el cáncer.
Sin más que agregar éste había tomado de la mano al castaño y lo había obligado a seguirlo mientras caminaba con paso apresurado de vuelta a su hogar. Luffy quien había notado de inmediato la ausencia de su amigo, había realizado un puchero y se le había lanzado a la espalda realizándole una llave en el cuello, logrando asfixiar al peliverde.
-¡Detente idiota! - Intentaba decir con dificultad.
- ¡No te irás así, vinimos a saludar a los vecinos!, ¿Dónde están tus modales?
-¡Cállate, odio a los charlatanes como él!
De un momento a otro Zoro se encontraba dando vueltas sobre su propio eje, al momento que intentaba quitarse a su amigo de encima, pero éste era escurridizo y se mantenía aferrado a él. Al momento que lo ahorcaba con sus brazos, se había aferrado con sus piernas al chico, colgándose como un mono, y el pobre Roronoa comenzaba a pasar de tener el rostro rojizo a uno morado.
-¡Si, Luffy, hazlo como te enseñe! - Gritaba Ace, levantando el puño derecho hacia el cielo como si estuviera presenciando una batalla de box. - ¡Haz más presión! - Animaba.
-Ya... Ya... - Había terminado por tranquilizar el rubio, mientras tomaba a su hermanito por detrás alejándolo del peliverde, logrando que Zoro por fin pudiera aspirar un poco de aire limpio. - Luffy, te he dicho que es peligroso que hagas eso.
-Pero Saboo... - Se quejaba por lo bajo al momento que jugueteaba con sus dedos índices mirando hacia el piso avergonzado. - Fue culpa de Zoro por ser tan grosero. - Se quejaba inflando sus mejillas, y desviando la mirada hacia otra parte.
Mientras tanto Zoro seguía intentando reponerse de casi morir asfixiado, mientras que Ace, aprovechando la distracción de Luffy, se las arreglaba para burlarse del peli verde de manera abierta, mientras el pequeño Chopper intentaba asegurarse de que su hermano se encontrara bien. Hiruluk por su parte observaba la escena con interés, no cabía duda que se había mudado a un lugar que prometía ser interesante. Por otra parte, le había intrigado lo que el joven cabeza de alga le había mencionado acerca del cáncer, había notado cierto desprecio en su manera de dirigirse hacia él, desde el momento que había mencionado ser doctor.
Cuando Hiruluk por fin había logrado salir de su ensoñación se había levantado rápidamente, para agarrar nuevamente las cajas que descuidadamente había dejado caer minutos antes, e hizo un intento nuevo por meterlas a su nuevo hogar, pero no se había fijado que al tener las agujetas desamarradas, había terminado por pisar una y eso había ocasionado su reconciliación con el piso.
-Viejo... En verdad es patético. - Repitió Luffy quien había regresado su atención al anciano, cuando escuchó el golpe. - Oi, ¡Vamos a ayudarle!
En cuanto el morocho había dicho eso, había corrido en dirección al camión de mudanzas para recoger algunas cajas. Ni siquiera se había detenido a esperar por alguna respuesta, ya que después de todo era un pequeño caprichoso, y sabía que por mucho que los mayores se quejaran terminarían por acceder y ayudarlo de todas maneras, así que éstos ya ni siquiera hacían un esfuerzo por llevarle la contra.
Zoro había suspirado de manera cansada, ya que lo único que él había querido era regresar a casa sin necesidad de involucrarse más con esas personas, pero dado a que tenía un amigo tan impulsivo y desconsiderado tenía que quedarse un poco más de tiempo hasta que éste estuviera satisfecho. Sin más había acompañado al menor, mientras Chopper se quedaba al lado de Hiruluk y había tomado tres cajas grandes al igual que Luffy, quien al igual que él, podía manejar el peso con gran facilidad. El único problema es que se encontraban en las mismas, y las cajas no les permitían ver hacia donde se estaban dirigiendo.
-Creo que deberíamos llevar menos cajas para no andar caminando sin destino como idiotas.
-¡No! - Renegó el menor. - ¡Mira a mis hermanos!
Ante eso, Zoro había volteado curioso observando como el pecoso y el rubio habían comenzado una competencia para ver quien era capaz de levantar más peso. Ambos llevaban cargando tres cajas apiladas sobre si mismas en la mano izquierda mientras que con la derecha llevaban cuatro, las cuales se encontraban equilibrando de manera espectacular para que no fueran a caerse, y a una velocidad monstruosa las metían al interior de la casa, para después salir como rayo de vuelta al camión y apilar un nuevo montón de cajas, repitiendo así la acción.
-¿Ya te he dicho que tus hermanos son unos monstruos?
-Jajaja. - Se soltó en carcajadas. - Siempre me lo dices.
Con la ayuda de los mayores de los D. habían logrado terminar de meter las cosas con facilidad. Éstos inclusive habían apartado a los trabajadores y habían metido los muebles con mayor eficacia y rapidez que los adultos, cosa que era suficiente para dejar a Hiruluk con la boca abierta debido a la impresión. Pero cuando había salido de ésta, no había dudado en invitarlos a tomar un descanso, mientras él les invitaba unas bebidas frías, ya que después de todo, se lo merecían después de haber trabajado tan duro.
-Doctor. - Había dicho Chopper mientras se acercaba a él con paso inseguro. - ¿Podría convertirme en su discípulo?
-¿Discípulo? - Repitió al momento que miraba al castaño. - ¿Te interesa la medicina?
-¡Si! - Contestó de manera entusiasta.
Con una enorme sonrisa había estrechado la pequeña mano del niño, aceptándolo como su discípulo de manera entusiasta. Después de todo le alegraba su corazón saber que los jóvenes estuvieran interesados en la profesión que amaba. Era cierto que a la edad de ése pequeño, muchos niños querían ser médicos, bomberos, o cualquier profesión del estilo, pero sabía que si era él quien lo instruía de manera adecuada, definitivamente lo convertiría en un estupendo profesionista.
Al momento en que pensaba eso, la puerta de la casa se había abierto nuevamente, lo cual lo obligó a voltear a esta, encontrándose con su esposa. Ésta era unos cuantos años mayor que él, aunque ella siempre lo negaba y se quería auto convencer de que aún era bastante joven, era una anciana con cabello blanquecino largo y ondulado el cual dejaba siempre suelto, y en su intento de mantener su juventud vestía con una ombliguera naranja, pantalones y chaqueta moradas, además de lentes de sol que utilizaba en todo momento a pesar de no necesitarlos.
-¡Hola, Kureha! - Saludó de manera despreocupada ignorando por completo las miradas confundidas de sus invitados, quienes estaban bastante desconcertados al ver a una mujer de su edad vestir de ésa manera. - ¡Tengo un nuevo discípulo! - Al decir ésa última frase, una vena nació en la frente de aquella anciana y con una voz potente gritó.
-¿De nuevo?, ¡Anciano, inútil, que tú no eres doctor! - Había maldecido al momento que se acercaba a Hiruluk y sin piedad le pateaba el trasero. - ¿Quién de ustedes es su discípulo? - Preguntó, pero no hizo falta obtener una respuesta, ya que vio al pequeño castaño comenzar a temblar. - ¿Eres tú? - Se acercó con pasos peligrosos a Chopper. - Eres muy lindo. - Había dicho con una sonrisa mientras le acariciaba la cabeza. - ¡No seas idiota! - Había gritado golpeando la cabeza del menor no muy fuerte. - No te dejes engañar por éste viejo embustero, no es un doctor.
-Oi... - La había interrumpido una voz varonil que la hizo voltear, encontrándose con un mocoso de unos 10 años de edad que la fulminaba con la mirada. - ¿Qué crees que le haces?
-¿Ah? - Al momento Zoro también había recibido un golpe por parte de la anciana, quien a continuación los corrió a todos de su casa, sacándolos gentilmente con una patada.
-¿Qué le pasa a esa vieja? - Preguntó Luffy fastidiado por no haber podido probar el trozo de pastel que Hiruluk le había ofrecido momentos antes.
Después de eso cada quien había regresado a su respectiva casa. Zoro se la había pasado un buen tiempo diciéndole a Chopper que se alejara de ése hogar, puesto que los nuevos vecinos parecían estar mal de la cabeza. Pero como era de esperarse, el pequeño castaño no parecía querer creer las razones de su hermano, ya que después de todo había logrado convertirse en el discípulo de Hiruluk, y no quería creer en las palabras de ésa tal Kureha.
Por ésa misma razón, desobedeciendo por completo a su hermano, había regresado la mañana siguiente a buscar a Hiruluk, quien lo había recibido con los brazos abiertos, y tras unos minutos en los que se quedaron platicando sobre conocimiento básico de medicina, habían terminado por salir a la calle ya que éste decía, que la mejor manera de aprender era con la práctica. Chopper no lo entendía del todo, así que tan solo lo había seguido, notando como éste iba tocando de puerta en puerta buscando personas que pudieran estar enfermas, y cuando por fin tenían suerte y los dejaban pasar, Hiruluk hacia unos diagnósticos y remedios extraños que terminaban por enfurecer a los pacientes, quienes se encargaban de correrlos aventándoles cualquier objeto que tuvieran a la mano.
-¡Corre, Chopper! - Había gritado Hiruluk tras salir de la tercera casa, en la cual una madre enfurecida había comenzado a perseguirlos con una sartén en la mano.
-¡Dijiste que eras doctor! - Había reclamado arrepintiéndose por no creerle a la vieja loca.
-¡Por supuesto que lo soy! - Reclamó ofendido. - Por el momento debemos salir de aquí. - Comentó tras notar que la señora que los perseguía no parecía querer dejarlos ir hasta estar satisfecha. - ¡Técnica del señuelo! - Tras gritar eso último le había metido el pie al pequeño dejándolo abandonado a su suerte con un ama de casa muy enojada, quien lo estuvo sermoneando por un muy buen tiempo.
Cuando terminó su sufrimiento, se había dirigido nuevamente al hogar de su vecino, dispuesto a reclamarle por haberlo utilizado de carnada, pero para su mala suerte se había encontrado con la anciana demoniaca, quien volvió a regañarlo por dejarse engañar con los trucos de Hiruluk, y se había dispuesto a volverlo a patear, con toda la intención de que éste dejara de visitarlos.
-Chopper, ¿Dónde has estado? - Preguntó Robin completamente preocupada, cuando éste había entrado por el umbral de la puerta.
-Estuve con el vecino. - Respondió riendo de manera nerviosa, ya que se le había pasado por completo avisar que saldría.
Después de eso, se volvió a ver envuelto en una serie de regaños, tanto de sus hermanos como de su padre. Pero cuando por fin pudo dirigirse a su cuarto y tumbarse en su cama, no había podido evitar soltarse a carcajadas. Después de todo era la primera vez que se divertía tanto, podía ser que Hiruluk y la vieja bruja fueran extraños, pero eso poco le había importado. Y así, ir a casa de su vecino, salir a buscar pacientes para después salir huyendo, después regresar para que Kureha los regañara se hizo algo común. Apenas había pasado semana y media desde que ellos habían llegado al vecindario, pero ya se sentía muy unido a ellos, y les había tomado un gran cariño, incluso la "vieja bruja" había pasado a ser llamada "Doctorine" de cariño.
Zoro había dejado de intentar que su hermanito dejara de ir a ésa casa, ya que había notado que Chopper estaba bastante feliz, y él no era nadie para quitarle eso. Además de cierta manera la aparición de sus vecinos había resultado bastante buena, ya que normalmente quien cuidaba a Chopper era Robin, quien tenía que salir corriendo de la escuela para estar con el menor. Aunque Chopper salía mucho más temprano, regresaba solo a casa, pero se quedaba solo unas cuantas horas antes de que su hermana o él llegaran a casa, y el hecho de que éste ahora estuviera la mayor parte de sus tardes junto a los vecinos era algo bastante tranquilizador.
-Chopper, vamos a escoger tu disfraz para halloween. - Había animado Zoro mientras se acercaba al castaño y hablando con voz tenebrosa decía. - Me encargaré de conseguirte algo muy aterrador.
-¡No! - Interrumpió Robin quien había golpeado al cabeza de alga para después tomar a Chopper entre sus brazos y decir. - Seré yo quien escoja su disfraz.
-¿Eh? - Reclamó. - Pero tú escogerás algo muy aburrido.
-¡No! - Repitió. - No toques a mi niño.
Es cierto, con la aparición de Hiruluk y Doctorine, Chopper había olvidado por completo que la fecha para Halloween estaba próxima. Todos los años salían a pedir dulces, y estaba bastante emocionado sabiendo que Luffy los acompañaría. Faltaba poco menos de una semana para que llegara la fecha y tenía que estar preparado, por lo cual estuvo de acuerdo en ir junto a Robin a conseguir su disfraz, y aunque le hubiera gustado mucho más utilizar algo escogido por Zoro, le siguió la corriente a su hermana sabiendo que ésta estaría muy feliz.
Su emoción era comprendida por Hiruluk quien estaba adornando su hogar con un montón de chucherías que había comprado por ahí, también había conseguido varias bolsas con caramelos para dárselas a los niños, y Doctorine insistía en agregar algunos decorados de sangre, y muñecos mucho más tenebrosos, después de todo ésa mujer era un tanto sádica cuando quería.
Por otra parte Chopper continuaba con sus estudios independientes, pidiéndole a Robin que lo llevara a comprar libros de medicina, para después llegar a encerrarse a su cuarto y leerlos, o de vez en cuanto ir con el doctor para aclarar algunas dudas o simplemente estudiarlo juntos. Y cuando no estaba con los vecinos, en la escuela o estudiando, salía con Zoro, Luffy, Ace y Sabo a jugar cualquier cosa que se les pudiese ocurrir. Ya no se preocupaba por seguir los rigurosos entrenamientos de su hermano, ya que después de todo el tenía habilidades completamente diferentes y prefería seguir leyendo libros al igual que su hermana.
De ésa manera el tiempo había pasado volando, y cuando menos se lo esperó el día de Halloween, había llegado y él se encontraba en su habitación dejando que Robin terminara de arreglarlo. Ella había estado bastante entusiasmada por el día, había salido al centro comercial a comprar un montón de materiales para confeccionar un traje original, en lugar de Zoro a quien le había dado pereza y decidió simplemente comprarse lo primero que se le viniera en gana. De manera que le había preparado unos shorts color vino que le llegaban arriba de la rodilla, una camisa sencilla a botones color blanca, en un sombrero de copa rosado con una cruz blanca enfrente que le había regalado Hiruluk con anterioridad, había colocado unos cuernos que había confeccionado con tela para después rellenarlos con algodón, y a continuación ponerlos de decoración a los lados del sombrero haciendo ver que salían de éste. De la misma manera en que había hecho los cuernos, había realizado una pequeña colita que había cosido al short con anterioridad al igual que unos guantes en forma de pezuñas. Para finalizar éste se había puesto unos botines pequeños del mismo color que el short, los cuales Robin había querido tapizar con más tela para simular las pezuñas, pero Chopper se había negado diciendo que ya estaba cómodo de ésa manera.
-¡Termine! - Exclamó contenta apreciando al pequeño castaño quien estaba tan avergonzado que su rostro entero se había coloreado de rojo. - ¡Eres un reno muy bonito!
-¿Terminaron? - Había preguntado cierto peli verde quien había entrado a la habitación cuando escuchó el grito victorioso de la mujer.
Zoro llevaba puesto un pantalón con unos zapatos para vestir y una camisa de tela abotonada, todo de color negro, siendo contrastado por una gabardina roja que le llegaba hasta los tobillos y se ajustaba muy bien a su figura. Tenía puesto un cinturón plateado, unos guantes blancos, una corbata ancha del mismo color que la gabardina, la cual se encontraba algo floja, sus verdes cabellos habían sido peinados hacia atrás con gel dejando tan solo algunos mechones rebeldes correr libremente por su rostro. Al principio había sido Robin quien le había puesto gel en el cabello intentando aplacar aquella mata de cabello verdoso, pero él, inconforme se había encargado de revolver un poco su cabello para darle un toque más despeinado y disparejo. Para finalizar el disfraz tenía puesto unos colmillos falsos de vampiro y un hilo de pintura roja cayendo de su labio hacia su barbilla simulando sangre. También Robin le había hecho el favor de sombrearle los ojos de negro.
-¡Zoro, te ves genial! - Había exclamado Chopper mientras corría al lado de su hermano para admirarlo, mientras que el mayor lo miraba con curiosidad y guardaba silencio por unos instantes para después agregar. - ¿Por eso estabas tan emocionada?, ¿Para vestirlo de mapache?
-¡Soy un reno! - Había gritado ofendido a la vez que sus mejillas volvían a encenderse.
Interrumpiendo sus pensamientos, se había hecho escuchar el escandaloso grito de Luffy quien había llegado temprano para recoger a su amigo. Zoro, tras soltar un suspiro pesado, sabiendo que Portgas también los acompañaría, se dirigió a la puerta con pasos lentos, abriendo de manera desganada. Afuera, lo primero que vio fue a Luffy, éste tenía una camisa color vino, pantalones y un saco negro, sobre puesta, llevaba una gran gabardina con aros de color dorado en el lugar en donde se abotonaba, de la misma manera que en las mangas, justo casi al llegar a la parte final, había un acabado de tela dorada, y otra de peluche adornando la misma. Tenía puesta una corbata de igual manera negra, y contra restando todo ése atuendo elegante, tenía puesta sus confiables sandalias. (Tome prestado el atuendo de One Piece Strong World).
-Déjame adivinar, ¿Rey pirata?
-¡Por supuesto! - Gritó éste entusiasmado en lo que daba una vuelta sobre su propio eje, orgulloso de su vestimenta.
-¿Y tú eres un perro sarnoso? - Le preguntó al pecoso.
El disfraz de Ace era bastante sencillo, ya que no le gustaba tomarse demasiadas molestias en escoger su ropa, o en arreglarse en general. Tenía puesto unos pantalones rotos de mezclilla, una camisa roja a cuadros la cual estaba completamente abierta, dejando ver su torso, en la parte trasera tenía puesta una cola grande y esponjosa de lobo color café, y en su cabeza tenía puesta una diadema negra que se disimulaba con su cabello, de la cual salían dos grandes orejas. Tenía unas muñequeras de peluche color cafés, al igual que unas tobilleras del mismo tipo, y sus típicos zapatos negros. Al igual que Zoro, tenía sus colmillos falsos.
-¿Y tú que eres, un mosquito? - Respondió Ace regresándole el insulto y ocasionando que ambos empezaran a querer asesinarse con la mirada. - ¡Robin-san! - Gritó éste ignorando por completo al peliverde en cuanto la mujer salió de la casa.
Robin tenía puesto un vestido morado bastante corto con encaje negro, unas calcetas largas color negro que le llegaban arriba de la rodilla, junto con unas botas con tacón. Tenía una capa color negra de la espalda y morada por enfrente. Su cabello estaba suelto, y en su cabeza se levantaba un enorme sombrero en punta, tenía puesto un maquillaje sencillo, que consistía simplemente en un delineado, con unas sombras moradas, y en su mano llevaba una escoba para hacer el disfraz más real.
-¡Una bruja!, te queda de maravilla. - Decía el pecoso mientras a su alrededor comenzaban a salir un montón de corazones flotando que al llegar hasta cierta altura explotaban. - No estoy diciendo que te quede el papel de bruja porque lo seas, sino porque el atuendo combina muy bien contigo, te hace ver aún más hermosa. - Seguía alagando sin pena alguna. - ¿Qué dices si tú y yo damos un paseo solos? - Invito mientras tomaba las manos de la chica entre las suya mirándola hacia arriba, ya que en ése entonces ella le ganaba en altura por mucho.
- Me niego - Respondió de manera seca, rompiendo en mil fragmentos el corazón de Ace, quien se había ido a llorar a una esquina.
-Completamente rechazado. - Dijo una voz femenina antes de partirse en carcajadas.
-Koala... No está bien que te rías... - Había dicho un rubio intentando aguantar la risa, pero sin poder evitarlo había estallado en risas de igual manera.
Koala tampoco había querido esmerarse tanto escogiendo un disfraz, tan solo se había colocado un short de mezclilla, una blusa morada con olanes, unas calcetas largas rayadas, de color morado y blancas, zapatos abiertos color negro, una gargantilla de la cual colgaba un cascabel, orejas y cola, además de unos guantes en forma de patitas de gato Sabo por su parte había decidido disfrazarse de catrín. Habilmente había pintado las cuencas de sus ojos de color negro, extendiéndolas hasta tapar la ceja, y así contornear un circulo perfecto, sus ojos azules ayudaban bastante a resaltar aún más el color. En medio de sus labios había pintado una fina línea negra que se extendía hasta la mitad de las mejillas y a continuación había pintado de blanco tanto arriba como debajo de la línea, la figura de los dientes y colmillos. La segunda mitad de ambas mejillas estaba igualmente pintada de negro siguiendo la forma de los pómulos logrando de esa manera que su rostro se viera más alargado y fino, en la parte baja de su mandíbula, siguiendo hasta su cuello, terminando al inicio de su camisa se había esforzado para pintar la laringe. Para finalizar, su atuendo estaba vestido con una camisa blanca abotonada, corbata, pantalón negro, y zapatos para vestir, dejando su rubio cabello caer de manera libre.
-¡Wow, Sabo-kun se esforzó mucho en su disfraz! - Había admirado Robin quien era una fanática a ése tipo de detalles.
-Sí. - Respondió tranquilo, Koala me ayudo a afinar los detalles.
-¡Maldición, Sabo! - Se quejó Ace al momento que tomaba al rubio de la camisa agitándolo aún en un mar de lágrimas. - Debí esforzarme más en mi disfraz... Maldición. - Volvió a caer al piso en un aura de depresión.
-¡Vamos! - Animó el chiquillo al momento que empujaba a Zoro por la espalda animándolo a seguir. - Rápido, rápido. - Decía ya cansado de estar parado enfrente de la casa del peli verde sin hacer nada.
-¡Ahhh! - Grito Portgas. - ¡Roronoa, no te aproveches de la confusión para robarte a mi hermano!
-Calla y camina de una vez, shotacon.
-¡¿Qué dijiste?!, ¡No estoy tan enfermo!
-¿Qué es shotacon? - Preguntó inocentemente el monito.
-Nada. - Respondió Zoro secamente, dando por cerrado el tema.
Sin más que agregar siguieron su camino pasando a pedir dulces de casa en casa, la gente caminaba tranquilamente, muchas madres salían con sus hijos, había todo tipo de disfraces, desde pequeños imitando a sus héroes favoritos, o incluso de personajes de caricatura y hasta cosplayers. Robin al ser la mayor, era quien dirigía a donde irse, seguida de Ace quien no se le despegaba para nada a la chica, y junto a ella lideraba al grupo, ya que era quien le seguía en edad. Zoro mientras tanto se encontraba por detrás haciendo corajes y maldiciendo al pecoso por acercarse tanto a su hermana, y en cuanto podía se metía entre ellos, lo empujaba o lanzaba rocas y éste no podía hacerle nada gracias a que no quería quedar mal enfrente de ella.
Por otra parte Sabo y Koala caminaban por detrás, platicando entre ellos, haciéndose bromas y jugueteando al mismo tiempo que cuidaban a los menores del grupo, Luffy y Chopper, quienes hablaban entre ellos. Aunque la mayor parte de la conversación era Luffy hablando sobre ser el rey pirata, sobre su sueño de formar una banda, y por supuesto, idolatrando a Shanks como siempre solía hacer, mientras que el pequeño Chopper se dedicaba a escuchar cada palabra de su ídolo como si estas salieran del mismísimo buda.
Estuvieron recorriendo casas alrededor de una hora y media, cuando decidieron regresar, ya eran alrededor de las 8:40 y pronto empezaría la hora de los "grandes", según los hermanos D. Por lo cual deseaban dejar a Chopper a salvo en casa, pero éste aún no quería regresar, en su lugar deseaba ir junto a Hiruluk y Doctorine, para saber como estaban pasando ellos aquella noche, de ésa manera Robin tampoco tendría de qué preocuparse de que se sintiera solo, aunque no se sentía a gusto pensando que tal vez podría ocasionarle molestias a los vecinos.
-¡Doctor, doctor! - Gritaba el pequeño mientras tocaba nuevamente la casa.
-¡Oh!, Chopper, ¿No ya te había dado caramelos?, pedir dos veces es trampa.
-Disculpe las molestias. - Había dicho Robin mientras hacia una breve reverencia. - Chopper insistía en querer venir aquí, y no sé si sea molestia poder encargárselos un tiempo.
-¡Por supuesto que no es molestia! - Contestó alegre. - Chopper siempre será bienvenido, es más, si quieren podría quedarse aquí, haremos un especial de cuentos de terror. - Habló con voz terrorífica logrando que al castaño le diera un escalofrió.
-No quisiera molestarlos.
-¡Digo que no es ninguna molestia!, incluso comienzo a considerar al pequeño como el hijo que nunca tuve.
-¿De verdad? - Preguntó mientras una cálida sonrisa se grababa en sus labios. - ¿Tú que dices Chopper?
-¡Quiero quedarme con el doctor! - Contestó entusiasmado
Robin atendiendo la petición hizo una rápida llamada a su padre para preguntarle si estaba bien que Chopper pasara la noche en la casa del vecino, a lo que éste contestó que no había problema. Y de ésa manera se despidieron del castaño, mientras los demás se dirigían a seguir paseando. El primero en reaccionar fue Luffy quien entró rápidamente a su casa para después salir con una mochila roja bastante descuidada y algo rota, la cual abrió y de ella sacó un montón de rollos de papel.
-¡Bien!, ¡Vamos a llenar de papel las casas! - Dijo éste entusiasmado mientras reía por lo bajo. - ¡Empecemos por esa!
-¡Ésa es la mía, idiota! - Gritó Zoro dándole un golpe en la cabeza al morocho.
-Por cierto... ¿Por qué no invitaste a Tashigi? - Preguntó el menor curioso, al darse cuenta de que había pasado algún tiempo en el cual no veía a la peli azul.
-No lo sé... - Contestó por lo bajo. - Ella ha estado evitándome últimamente.
-Mmm... Bueno, no importa, ¡Llenemos de papel ésa casa!
-¡Te digo que es la mía!
-No creo que sea correcto que hagas tantas travesuras Luffy. - Dijo Robin tapando su boca con su mano derecha. - ¿Quién te enseño eso? - Preguntó al momento que fulminaba con la mirada a Ace quien asustado de inmediato contestó.
-¡No fui, yo!, ¡No fui yo!, él ya lo sabía desde antes de que nos adoptaran.
-Luffy, ¿Qué dices si vienes conmigo? - Decía mientras el aura a su alrededor empezaba a tornarse un poco extraña.
-¿Eh?, ¿Por qué?
-Vamos, vamos, te daré algo de comida.
-¡Si!, ¡Cómida! - Gritó el pequeño entusiasmado, sin saber que lo que le esperaba era una larga sesión de probarse ropa, gracias a Robin quien desde hace tiempo quería experimentar un poco con Luffy debido a lo adorable que era.
-Luffy... Suerte... - Lamentó Zoro mientras negaba con la cabeza, sabiendo que su amigo tendría que soportar a su hermana y sus extraños gustos.
-Oii... - Lo llamó una voz por detrás mientras le tomaba el hombro provocando que Zoro volteara a verlo. - ¿Qué tanto estuviste haciendo mientras tu hermana estaba presente?
Nuevamente el cabeza de musgo sintió un escalofrío correr por su espalda, se había olvidado por completo de la presencia del pecoso, y ahora que no estaba ni su hermana ni Luffy presentes, era completamente inmune a las locuras de Portgas. Sabo solía ayudarlo, pero en ése momento se encontraba completamente embobado hablando con Koala y parecía no querer prestarle atención a nada que no fuera la chica.
-Vendrás conmigo. - Sentenció el pelinegro al momento que tomaba a Zoro de la muñeca para después cargarlo como costal de papas.
Mientras tanto Koala quien había estado contando algunos chistes con el rubio, había terminado por aprensarse al brazo del mayor al momento que recargaba su cabeza en el hombro de éste, logrando así que los colores se le subieran al rubio y al mismo tiempo se quedara petrificado. Con nerviosismo había empezado a sudar frío, y su mente ya se encontraba divagando en alguna parte, sintiéndose en el paraíso, permitiendo que de ésa forma los gritos de Roronoa llamándole, desaparecieran por completo.
-Sabo-kun... ¿No deberías ayudarlo? - Señaló Koala haciéndolo volver a la realidad, dándose cuenta de que su hermano se llevaba a gran velocidad al cabeza de alga.
-Ay... No otra vez. - Se lamentó.
Mientras tanto en la casa de Hiruluk, se encontraba Chopper hablando entusiasmado con el doctor de los nuevos libros que había leído. Doctorine se encontraba recargada en una de las paredes de la sala escuchando atentamente todo lo que el menor tenía por decir, y sorprendiéndose nuevamente, de que a tan corta edad ya fuera capaz de entender varios de los términos que venían en aquellos libros. Sin duda podría convertirse en un estupendo doctor, pero no lo lograría si aprendía con el descuidado y torpe de su esposo, quien más que doctor, tenía el titulo de curandero.
-¡No hay enfermedad en éste mundo que no se pueda curar! - Volvía a decir su frase favorita, logrando que Chopper recordara a su hermano, quien se molestó la primera vez que lo escucho decir aquello.
-Si... - Afirmaba con la cabeza al momento que bajaba la mirada, clavándola en el piso. - Es por eso, que quiero ser doctor.
-Hiruluk, deja de llenarle la cabeza de mentiras al niño. - Regañaba Doctorine al momento que golpeaba a su esposo. - Escucha Chopper, los doctores no somos magos. Salvamos una vida tras muchos estudios y práctica médica, pero lo que hacemos simplemente está basado en la ciencia, no somos deidades y no podemos hacer milagros. Si quieres ser doctor debes saber que no siempre podrás salvar a todos tus pacientes aún si pones todo tu empeño en ello.
-Ya sé eso. - Contestó el menor con firmeza al momento sin despegar su mirada del piso.
-¿Ah si?, Si en verdad lo sabes, deberías comprender que ser doctor no es fácil, ¿Entonces, por qué quieres serlo?
Al mismo tiempo, en el parque cercano a la colonia, se encontraba el mayor de los D riendo a carcajadas, al momento que amarraba a cierto peliverde contra un poste. Zoro se resistía, y con su fuerza descomunal hacia un esfuerzo enorme para resistirse, cosa que le dificultaría su trabajo a Ace, de no ser porque éste era mucho más fuerte y experimentado. Y solo había bastado realizarle una llave al menor para lograr inmovilizarlo, y a continuación continuar con su labor.
-¿Y ahora qué pretendes hacer Portgas?, ¿Qué es ésta vez?
-Silencio. - Contestó de manera cortante. - No quiero escucharte, tú te lo buscaste por querer quitarme a mi hermano, por andar de insolente cuando estaba Robin presente, y por pronunciar la palabra "shotacon" enfrente del inocente Luffy.
Ace sacó algo de carne cruda que había comprado con anterioridad en una tienda de 24 horas. Zoro lo miraba desconcertado, pero antes de que pudiera siquiera preguntar, el pecoso se encontraba poniéndole los trozos de carne en el cuerpo, logrando que éste gritara asqueado y empezara a intentar nuevamente desamarrar sus muñecas las cuales tenían un nudo tras el poste, pero eso no era todo, como si no fuera suficiente, el pecoso lo había reafirmado poniendo otra capa de sogas en todo el torso para asegurar que éste no pudiera escapar por cuenta propia. Sin más, el pecoso siguió poniendo los trozos de carne en el cuerpo del peliverde, además de unas cuantas salchichas y demás porquerías que encontró en la tienda.
-¡Eh!, ¡¿Qué pretendes con esto, Portgas?!
-Oh... Nada. - Contestó éste de manera indiferente al momento que sus ojos se obscurecían y después se levantaba tomando su tubería preferida que utilizaba en las peleas cuando vivía en la calle junto a Sabo.
-Oi... ¿No irás a golpearme con eso? - Preguntó sin apartar la mirada de la tubería.
-No, no, no, no golpearía directamente a un amigo de Luffy, no es mi política... Además de que Luffy ya está familiarizado con mi forma de pelear, se daría cuenta si lo hice yo... En lugar de eso, se lo dejaré a alguien más. - Contestó con voz maléfica a la vez que se acercaba a una reja que pertenecía a la casa de alguien. Tras ésta había unos cuatro perros que ladraban ansiando la carne que el pecoso acababa de colocar en el peliverde, y lo único que los separaba era aquella puerta de alambre, la cual podría abrirse de manera sencilla con la fuerza del pecoso.
-No... - Susurro por lo bajo, uniendo las piezas del rompecabezas al instante. - ¡No lo hagas, maldito psicópata! - Gritaba intentando desatarse con mayor desesperación.
A lo lejos se encontraba Sabo quien había llegado corriendo tras estar buscando varios lugares posibles en los cuales su hermano podría haber llevado a Zoro, encontrándolo por fin a la lejanía, observando al menor atado al poste, la carne, y los perros, entendiendo a la perfección el plan diabólico que había realizado el pelinegro. Incluso para él, que era su hermano, y que lo conocía prácticamente en toda su corta vida y además de conocer las tendencias sádicas que éste había adquirido gracias a haber crecido en un barrio bajo de mala fama, le pareció perturbador que su pecoso hermano hubiera armado ése plan en tan solo un instante. Definitivamente Ace tenía un tornillo flojo.
-¡Ace, no lo hagas! - Grito corriendo hacia él para intentar taclearlo, pero el pecoso sin escuchar había saltado dando una patada a la puerta logrando que ésa saliera disparada con gran facilidad dejando libre a los perros que ahora corrían extasiados por el olor a carne. Sabo tras abrir la boca cuan grande era debido a la impresión había frenado para cambiar la dirección hacia donde se dirigían los perros, y de pronto todo alrededor parecía haberse detenido, como si todo estuviera sucediendo en cámara lenta. De la nada había salido Luffy corriendo hacia Zoro colocándose delante de éste al momento que exclamaba.
-¡Zoro, estás cubierto de carne!, ¿Podemos freírla y comerla después? - Animaba al momento que de su boca empezaba a escurrir litros de saliva.
-¡Luffy, quítate de en medio! - Había gritado el peliverde con rostro cargado en pánico, ya que prefería mil veces que los perros lo mordieran a él, a que atacaran a su capitán.
-¿Eh? - Exclamó confundido mientras volteaba tras de si encontrándose a un montón de perros corriendo en su dirección, al igual que sus hermanos.
-¡Nooooooo! - Había gritado el pecoso de manera dramática a la vez que corría a una velocidad impresionante rebasando a los perros y saltando justo enfrente de su hermanito justo al momento en que los perros se abalanzaron, igual que en las películas de acción cuando alguien saltaba enfrente de un amigo o pareja para recibir el balazo. - ¡Duele!, ¡Maldición!, ¡Ayuda! - Había empezado a gritar mientras era mordido por su propio karma.
Sabo por otra parte se encontraba abrazando a su hermanito, había llegado al mismo tiempo que Ace se abalanzaba para proteger al pequeño, y en un acto protector lo había cubierto con sus brazos, imposibilitando así que alguien le hiciera daño. Justo en ése momento, Ace se había levantado en un santiamén harto de ser maltratado y les había propinado unos golpes lo suficientemente fuertes para tan solo tranquilizarlos y lograr que éstos se quedaran sentados obedeciéndolo. Una persona normal estaría frita al haber sido atacado por tantos perros a la vez, pero él era un monstruo y tan solo parecía como si se hubiera metido en una pelea callejera.
Koala mientras tanto había ido a auxiliar al peliverde, intentando desatar los nudos que inmovilizaban a Zoro, aunque le estaba costando trabajo puesto que estaban bastante bien hechos. Fue Sabo quien la ayudó cuando la situación estuvo controlada, logrando que el cabeza de musgo por fin se encontrara en libertad y se deshiciera al instante de los trozos de carne, al mismo tiempo se quitaba el polvo y cualquier otro rastro de comida que se le hubiera poder quedado en el cabello o alguna otra parte.
-¿Qué estaban haciendo? - Preguntó el inocente Luffy quien seguía sin ser capaz de imaginar a sus hermanos haciendo alguna maldad. - ¿A qué estaban jugando?, ¿Puedo hacerlo yo también? - Contestó a la vez que sonreía de manera amplia, con una inocencia tan grande que hizo que todo a su alrededor empezara a brillar, deslumbrando a todos los presentes por la amabilidad del menor.
-Luffy... ¿No estabas con Robin-san? - Preguntó Koala curiosa.
-Ah... Me escape en cuanto pude. - Confesó.
-¡Nos vamos! - Exclamó Sabo furioso, no solía ponerse de ésa manera, pero no toleraba que Luffy se viera expuesto al peligro, y mucho menos si la razón de eso, era por las acciones impulsivas de su estúpido hermano quien no pensaba antes de actuar. - Koala... Lo siento, nos veremos otro día. - Sentenció sin animo de ser amable debido a la rabia que estaba sintiendo, tras haber tenido un susto de muerte. Koala, no había dicho nada entendiendo la frustración de su amigo, y tan solo se despidió. - Y en cuanto a ti. - Señaló a Ace quien tenía varias mordidas, de las cuales algunas estaban sangrando, moretones y raspones. - No es suficiente. - Respondió con voz sombría a la vez que empezaba a darle la paliza de su vida al pecoso, y después desapareció de escena tomando a Luffy de la mano, y arrastrando a su otro hermano medio muerto hasta su hogar.
-Sabo-kun da más miedo que Ace cuando se enoja. - Dijo Koala por lo bajo, y Zoro no pudo evitar estar completamente de acuerdo con ella.
Mientras tanto, regresando a la casa de la pareja casada. Doctorine le había preguntado a Chopper sus razones para querer estudiar medicina ya que quería comprobar la ambición de éste, quería conocerlo más a fondo. Hasta el momento, Doctorine se había encargado simplemente de gritarle o de patearlo ya que se había convertido en el discípulo de Hiruluk, quien se daba aires de médico cuando era un simple curandero, pero si el pequeño resultaba realmente tener la ambición para ser lo que quería, entonces ella no se quedaría de brazos cruzados observando como su estúpido esposo lo arruinaba.
-Entonces... ¿Por qué quieres ser doctor? - Volvió a preguntarle animándolo a contestar.
-Porque deseo ayudar a los demás... - Dijo tras pensar un poco. - Mi papá es un maestro del kendo, y Zoro es idéntico a él, ambos son muy talentosos, él también está aprendiendo a tocar la guitarra gracias a Luffy, Robin desea ser arqueóloga. Mi familia está llena de gente increíble, y yo quiero estar ahí para cuidarlos... Después de todo, se los debo.
-¿Se los debes? - Preguntó sin entender.
-Mi mamá murió en el parto. - Confesó dejando sin palabras a la pareja de doctores. - Mi familia no lo dice, pero sé que todos la extrañan y que ella fue una gran madre. Nadie nunca me ha culpado de nada, pero la verdad es que ella murió por tenerme y...
-¿Y piensas que los compensarías de alguna manera si te conviertes en doctor? - Contestó Doctorine mientras soltaba un pesado suspiro y después agregaba. - Lo siento pero si esa es tu ambición yo...
-No... Al principio pensaba eso... Creía que si me volvía doctor, podría curarlos cuando estuvieran heridos, ellos me alagarían y eso sería mi manera de compensar aunque sea un poco su dolor... Pero ya no es de ésa manera. - Juntando sus manos de manera nerviosa contesto. - No le digan a Zoro que les conté esto pero... Su mejor amiga murió de cáncer. - Confesó haciéndole recordar a Hiruluk el día en que lo conoció, y comprendió por fin la razón por la que éste le contestó de manera tan grosera. - El sabía que Kuina estaba muriéndose, pero cuando le preguntaba a los doctores por su estado, ellos le decían que ella estaba bien, que se recuperaría, pero al final ella murió. - Con voz temblorosa empezó a relatar. - Desde entonces Zoro no fue el mismo... No quería comer, solo entrenaba sin preocuparse por su cuerpo, antes de conocer a Luffy incluso llegó a sufrir lo que los doctores diagnosticaron como anemia, por no alimentarse de manera adecuada y el exceso de ejercicio. - Huruluk y Kureha guardaban silencio, tan solo escuchando la historia con atención. - Pero... Zoro no le hace caso a los doctores, dejo de confiar en ellos porque le mintieron, y porque no pudieron salvar a Kuina... Él no se preocupa por su salud, y aún cuando llega herido, se niega a que lo traten... Es por eso que pensé... Que si me convertía en doctor, yo podría ayudar a Zoro... Porque si soy yo, Zoro se deja vendar, y accede a comer aún si no tiene ganas... Deseo poder cuidar a mis seres queridos.
-¡Ahhh! - Gritó Hiruluk conmovido, al momento que sus lágrimas salían como dos fuentes. - ¡Chopper, eres tan amable!, ¡Tan amable! - Repetía abrazándolo con todas sus fuerzas. - ¡No te preocupes, tu puedes hacerlo!, ¡Te enseñaré todo lo que sé!
-¡Cállate, viejo tonto! - Regañó Kureha alejándolo con una patada. - Escucha, Chopper, si quieres aprender medicina, nada bueno saldrá de que aprendas de éste curandero. Puedes aprender lo que quieras, pero desde hoy serás mi discípulo, no el de Hiruluk.
-¿Eh?, ¡¿Enserio?! - Preguntó entusiasmado, para después comenzar a festejar.
-Pero Chopper... No quiero sonar como entrometido pero... Si tu madre murió cuando naciste, ¿Alguna vez han celebrado tu cumpleaños? - Preguntó Hiruluk contrariado, a lo que el menor simplemente negó con la cabeza de manera triste. - ¡Eso no puede ser, los cumpleaños son sagrados! - Reclamó al momento que ponía su mano en su barbilla pensando. - ¡Ya sé!, de hoy en adelante, hoy será tu cumpleaños.
-¿Hoy? - Preguntó sin entender.
-¡Sí!, ¡Desde éste momento celebraremos tu cumpleaños en éstas fechas!, ¡Renacerás como una nueva persona!, pero para eso te bautizaré primero.
-¿Bautizarme? - Preguntó sin entender.
-¡Sí!, desde hoy serás... Mmm... - Pensó al momento que lo observaba de pies a cabezas, observando su disfraz de reno. - ¡Ya sé!, ¡Desde hoy serás Tony Tony Chopper, el discípulo de Hiruluk y Kureha!
-¡Solo será mi discípulo, tonto!
-Vamos, vamos, no seas así Kureha.
Chopper por su parte se había quedado mudo, pensar que ahora era discípulo de la pareja de doctores, y que Hiruluk le hubiera dado una nueva fecha para su cumpleaños, ahora por fin podrían celebrarlo sin sentir tristeza o arrepentimientos en ningún momento, y también había sido bautizado como Tony Tony Chopper gracias a Hiruluk, no sabía porque, pero todo eso lo llenaba de gozo y felicidad, y ahora, por fin podía sentir que su vida estaba empezando a tomar un nuevo rumbo, sentía que las cosas mejorarían de ahora en adelante, y él al igual que sus hermanos, y al igual que su héroe Luffy, había encontrado un lugar al cual pertenecer.
Agradecimientos:
Tomoyo: Bueno, ésta vez fuiste la única en dejarme comentario, así que te lo agradezco. (Aunque debo admitir que si me deprime un poco el asunto u.u), pero no hay problema, ¿Qué te pareció el capítulo?, sé lo que me dirás, fue un especial super largo xD. ¿Puedes creer que me salieron alrededor de unas 17 hojas en word?, con razón me estaba tardando tanto, pero es que ya sabes que mi imaginación es traviesa, se me iban ocurriendo más y más cosas, y al final terminó de ésta manera. Es el primer especial que escribo, y la verdad no sé si escriba alguno más adelante, puesto que éste lo escribí simplemente porque me llegó una idea que se acopló muy bien a la ocasión, y que encajaba con la linea de historia original.
