Universe of watercolors.

XI

Vestigios.

¿Vergüenza? Por supuesto.

Claro que estaba avergonzada, le avergonzaba tener que admitir que muchas veces le habían advertido.

Sakura siempre había estado muy preocupada por la relación que mantenía su mejor amiga con el mujeriego de Sai, siempre estuvo pendiente por los sentimientos de Hinata, a pesar de conocerla hace tan poco tiempo, y en la hora de los que hubo siempre era la primera en estar al pie del cañón.

Ino siempre se había destacado por ser la más tranquila de las dos, por supuesto esto era subjetivo, pero la rubia creía fervientemente que era la más centrada en lo que respectaba a las decisiones. Aun que con Sai todo era diferente. Cuando lo vio por primera vez no eran más que dos críos en un mismo salón, él siempre en lo suyo y ella siempre en lo de ella, cada cual por su lado y así iban creciendo, avanzando año tras año, pasando de curso y encontrándose a ellos mismos, pero siempre con distancia, aún así la rubia siempre tuvo un ojo en él, en su mirada interesante y oscura, tanto como la noche; en su piel tersa y pálida, en sus cabellos semi alborotados y sus ojos dulces, porque Ino creía ser la única en encontrarle calidez en su sonrisa falsa. Sai siempre le gustó.

Ino se consideraba una mujer, una mujer fuerte e indomable, pero dócil y apasionada con quien quería, siempre había caído bajo el embrujo del azabache, siempre luchó contra ellos, con sus sentimientos y contra ellos y él, contra el dolor que le causaba verlo con otras chicas y contra los impulsos que tenía por cogerlo de los hombros y gritar a los cuatro vientos que era lo que sentía por él, como si fuese una tormenta arrasando con todo. Cuando el chico de piel pálida agarró la muñeca de la rubia en el corredor antes de llegar al auditorio, ella pensó que la insultaría, que le gritaría o la humillaría como siempre solía hacerlo, al fin y al cabo, así habían sido sus años como compañeros de clase, como un jueguito tonto que no paraba nunca. Pero las cosas fueron diferentes, eran diferentes. Los recuerdos de ese momento invadía su cabeza, se agolpaban en su mente dándole una imagen clara y nítida de lo que había ocurrido, de lo que hablaron, de como se sintió, las emociones, todo, ese día.

—Déjame Sai, no seas pendejo

—Escúchame loca

Sai era un idiota cuando se lo proponía, y siempre solía serlo, claro, era su jueguito personal, algo entre ellos, que no conocían, o que se hacían los ignorantes de ello. Pero esa vez era diferente, llamarla "loca", de dañarla nuevamente, no, no, no, eso sí que no, ya vería él quién era Ino Yamanaka.

—Sakura—soltó de repente

—¿Sakura? ¿Por qué quieres saber de ella?—un calor poco agradable invadió su cabeza, celos pujando a salir

—Quiero ver si la feita nos molestará en este rato

—Es mi amiga, y no, está en la bodega—respondió escupiendo fuego e ira

—Bien, tengo algo que decirte

—Si es otra de tus estupideces puedes ir ahorrándotelas...

—Shuu—Sai puso su dedo sobre los labios suaves de Ino—te ves menos mal cuando callas

—Serás...—el pálido chico agarró sus muñecas evitando que escapase, luego desvió su mirada—Ino—una pausa larga quedó en sus labios—sal conmigo

Y ahora, ahora todo se derrumbaba frente sus ojos.

—Sai—musitó atónita Ino

Hinata entrelazó su mano a la de ella con fuerza, sujetándola con determinación y buscando reconfortarla tal como ella misma lo había hecho segundos antes. Sai sujetaba a Shion por la cintura.

Algo se quebró en el interior de Ino, algo que venía quebrándose con las miles de discusiones que tenían a cuestas. Se sentía pequeña, tonta y vulnerable, ¿Cómo había pasado? Se suponía que ella era la valiente, pero al observar a Sakura no podía evitar sentirse diminuta, tan solo podía admirar la fortaleza de su amiga por querer ayudarlas.

—¡Sai, eres un pendejo!—gritó la pelirrosa mientras se trataba de deshacer del agarre del rubio —¡Capullo de segunda!

—Hacen demasiado alboroto —dijo Shikamaru con aburrimiento —que fastidio —agregó cruzándose de brazos tras su nuca

—¡¿Qué sucede aquí?! —la voz furiosa y potente de la directora resonó por la cancha—¡Ustedes!—apuntó al pequeño grupo que se arremolinaba alrededor de las dos chicas que se habían peleado—¡Dispérsense!

Tsunade se abrió paso entre los reunidos hasta llegar frente a Naruto y Sakura, este la tenía aferrada desde bajo los brazos hasta sobre los hombros a esta última.

—Tú y tu, a mi oficina —apuntó a ambos y estos obedecieron, Sakura a regañadientes. Shion sonrió triunfante—y ustedes dos vayan a enfermería y de ahí no salgan hasta que yo los mande a llamar — demandó con voz autoritaria apuntando a Sai junto a Shion, el corazón de Ino se seguía rompiendo

Los cinco desaparecieron del patio.

—Ino—Hinata la observaba con culpa en sus perlados ojos

—Esto no es tu culpa Hinata —le sonrió la rubia con desánimo— Sakura se hubiese agarrado con ella de todos modos, Naruto no es el único celoso con el otro

—Pe-Pero yo—empezó a replicar mientras jugaba con sus dedos

—Tranquila, la directora será indulgente con ellos

Las discusiones, las peleas y gritos resonaban en la cabeza de la rubia. ¿Por qué se calló todo eso todo ese tiempo? Se maldecía mil y una vez por su ingenuidad, por su torpeza, por su desconfianza ¿Por qué no pidió consejos a sus amigas? Oh si, la repuesta era clara, tenía miedo de admitir que Sakura tenía razón. La Haruno siempre la tenía cuando se trataba de Sai y eso era lo que realmente le fastidiaba a Ino, que Sakura no siendo nada de él, que odiándolo como ella siempre vociferaba, a pesar de todo aquello lo conocía más de lo que Ino pudiese llegar a conocerlo jamás, le dolía admitir que su mejor amiga era capaz de predecir reacciones y acciones que Sai podía tener frente a todas las situaciones que ella se podía imaginar, porque al no quererlo, Sakura, era capaz de pensar analíticamente y comprender la forma de ser de Sai.

Los recuerdos que vivió con Sai se agolpaban en la cabeza de Ino con la misma velocidad que le llegaba sangre a ella.

—Y ¿Esta cena por qué es?—preguntó mientras esperaban su orden

—Es porque la chica más linda del liceo aceptó salir conmigo—sonrió, pero esa sonrisa ya no era falsa

—Sai no intestes ligar conmigo, eso no resultá

—No estoy ligando, soy sincero

¿Por qué entonces tenía que ser tan tonto?

Cuando Sakura se enteró de que Ino había tenido una cita con Sai casi estalló de rabia, la rubia podía aun escuchar el eco de sus reclamos en su cabeza, ver sus ojos destilando fuego y luego sus miradas homicidas hacia Sai, aun podía escuchar sus risilla ante ello, pero lo que más retumba en su cabeza eran las veces en que la pelirrosa le recordaba que se había enredado en las sabanas de Shion hacía un mes, hacía un poco más de un mes, hacía casi dos meses, y las pocas veces en que Sai mencionó que si se daba la oportunidad lo haría de nuevo, claro, antes de ligar con ella. Sakura siempre tenía razón, porque aunque Sai en ese momento no estuviese en la cama de Shion, si fue capaz de separarla de Sakura y agarrarla con protección desde la cintura, e Ino estaba segura que la rubia ramera la había observado por un segundo con ojos triunfante, aunque entre ellas no se hubiese desplegado ni una guerra directa.

—¿Por qué ella te habla con tanta confianza?

—¿Quién? ¿Shion? Oh, sí, es una vieja amiga

—¿Amiga?

—¿Celosa?

—Claro que no, tan solo es que se me hizo raro... Parece más una entregada que una amiga

—Oh, ¿Sí?, bueno, será donde me metí con ella hace un tiempo...

No solo eran rumores.

Hinata e Ino subieron hasta la oficina para esperar a Sakura, los ánimos de la Yamanaka le gritaban que no debía esperar a Sai al menos que quisiese discutir con él, ella estaba esperanzada de hacerle caso a esa corazonada. Al llegar ambas chicas al tercer piso del edificio central se encontraron con Sasuke apoyado en la pared al costado de la puerta que daba hacia donde estaban las oficinas, estaba cruzado de brazos sobre el pecho mirando por una ventana con el ceño levemente fruncido. Una ola de rabia y calor subió por el cuerpo de la rubia hasta agolparse en su rubia coronilla, sus puños se apretaron con levedad y la determinación creció en ella. Mal momento Uchiha, mal momento para encontrarse con Ino Yamanaka.

— ¿Qué haces aquí?, Sasuke—le espetó Ino, el azabache pareció ignorarla, pero rompió esa sensación al responder ante la pregunta sin dejar de mirar por la ventana a quién sabe qué

—Espero a Naruto

—¿Sí? ¿Solo a Naruto?—Ino pudo notar como el cuerpo del azabache se tensaba ante la pregunta, este dejó de observar por la ventana y le dedicó una mirada de reojo a la rubia

—También a Sai, ¿Tú no? —contrarrestó queriendo verterle sal a la herida, Sasuke sabía que Ino estaba dolida en ese momento, claro que si, él no era tonto

—Espero a mi amiga—pero Ino no iba a caer en trucos baratos—pensé que tu igual—agregó levantando con orgullo su barbilla en un intento acertado de infundirse confianza y valor—yo digo, por lo sucedido

—No sé de qué mierdas estás hablando — la mandíbula del azabache se tensó con notoriedad, Ino sonrió satisfecha

—¿No? ¿Tan rápido lo olvidaste? Pensé que ustedes, los hombres, alardeaban de sus conquistas con cualquiera— continuó con cinismo

—Yamanaka, alto, eso no te incumbe—advirtió con tono amenazante y áspero el Uchiha. Hinata se removió incomoda al lado de la rubia

—¿Qué no me incumbe?—repitió con amargura y acidez—¿Qué no me incumbe?—su voz había subido unos tonos y en ella era palpable la rabia—claro que me incumbe, me incumbe el hecho que un patán hijo de puta quiera meterse entre las sabanas de mi mejor amiga y luego largarse sin más, me incumbe, ¿Crees que Sakura no se sintió mal, que no lloró toda la tarde del sábado y el domingo por ello? Eres un jodido bastardo si no lo notas, pero ella... Ella—las amargas palabras se le agolparon en la garganta, sin saber que decir comenzó a vacilar un momento ¿Estaría bien soltar todo sin más?

—¿Ella qué?—una voz a sus espaldas sobresaltó a Ino, ¿Qué mierda había hecho?—¿Qué ha ocurrido entre Sakura y Sasuke? —la voz pasiva y perezosa, pero demandante, de Sasori resonó por el pasillo, Ino había metido las patas hasta el fondo. Sasuke pareció desvincularse del tema y se perdió nuevamente por la ventana— Ino —el nombre sonó más fuerte de lo cualquiera esperaría que los labios del ojimiel pudiesen soltar

—Sasori —soltó Ino en un intento de ganar tiempo—No es lo que piensas...

Sasori levantó su mano hasta la altura de su cabeza en un acertado intento de hacerla callar.

—Sasuke—Sasori alzó su imperturbable voz —¿Qué ha querido decir Ino con eso de meterte entre las sabanas de Sakura, que ha pasado entre ella y tú?—demandó saber, Sasuke dejó de mirar por la ventana con desinterés y lo observó sin emociones palpables

La tensión en la atmósfera fácilmente se podía cortar con un cuchillo. Entre Sasuke y Sasori se había librado una batalla de miradas y al parecer ni uno quería ceder ante el otro. Sasuke esbozó una sonrisa ladina, algo satisfecha y llena de arrogancia.

—No tengo ni una obligación para contigo, que tu no-vi-a te responda —y como si fuera magia o realmente el jodido destino, Sakura y Naruto salieron del pasillo donde se encontraban las oficinas

Naruto fue el primer en cruzar la puerta, su semblante era de alegría y fácilmente se podía distinguir una gota de sudor correr por su sien hasta situarse en su mejilla, casi como una caricatura, luego lo secundaba Sakura con su ceño fruncido y gritoneándole algo un tanto furiosa con su acento español asomándose como sucedía cada vez que se molestaba o reprendía a su querido hermano, algo más habitual de lo que cualquiera pudiese imaginar. Ambos se detuvieron al notar la presencia de todos a la espera de ellos.

—¿Sucede algo?— interrogó Naruto perdido como siempre, en cambio Sakura al notar la presencia del Uchiha y de Sasori se quedó petrificada en su lugar tras el rubio —¿Teme? —llamó el rubio en busca de respuestas

—Nada Dobe, te esperaba— respondió sin desviar la mirada de Sasori

—Bien, pero debo ir a avisar a Sai y Shion que deben ir a dirección

—Mph, date prisa—Sasuke levantó levemente su barbilla, soltó una sonrisa arrogante dedicándole una suspicaz mirada a la pelirrosa que no cabía de vergüenza y culpa, para luego retirarse junto a Naruto hasta la enfermería

—Nos vemos Sakura, Hinata, Loca—se despidió el rubio pasando por alto a Sasori apropósito, la culpa que consumía a Ino le impidió replicar al apodo que empleó el hiperactivo chico para referirse a su persona

—¿Sucede algo chicas?—preguntó Sakura alternando la mirada entre Hinata e Ino, parecía aun no enterarse de lo ocurrido, aunque esperaba lo peor —¿Sasori?—dijo ahora dirigiéndose al pelirrojo mientras le sonreía con genuina culpa, algo que no pudo ocultar la ojijade

—¿Cómo te ha ido en dirección?—preguntó la rubia con precipitación tratando de alargar el momento

—Oh, eso —sonrió Sakura ahora algo apenada—bueno, me han suspendido por unos días, mamá no estará muy contenta

—Sakura —interrumpió Sasori serio y con voz firme—tenemos que hablar

La Haruno le dedicó una furtiva mirada a Ino, para luego enfocarla en su novio, asintió ante la petición y se despidió de sus amigas sacudiendo su mano para luego seguir al Akatsuki hasta la salida. Hinata observó afligida a la Yamanaka.

—Ino—susurró

—Vayámonos Hinata— resolvió Ino sin mirarla

—Pe-Pero... ¿Y Saku?

—Ella sabrá arreglárselas sola— respondió con rudeza—tu misma lo dijiste, Sasori merece saber la verdad, y aunque fue parte mi culpa que se enterara, también lo es de Sakura por crear todo este lío en primer lugar

—Ya veo—susurró

—Tranquila, ella sabrá que hacer, ya veras

—Si —musitó para luego mirar temerosa a su amiga—y ¿Sai?—la sangre de Ino se congeló con su tan sola mención

—Él, él sabe cómo llegar a su casa solo

Hinata e Ino se encaminaron hacia las escaleras para abandonar el lugar, pero en un pequeño descuido y mal cálculo de tiempos se toparon con quienes menos querían ver, o por lo menos así era para la rubia; Shion y Sai. Este último no dudó en tomar a la Yamanaka del antebrazo para llamar su atención.

—Ino —afirmó esperando la respuesta a una pregunta no formulada

—Sai— correspondió, evitando responder si se quedaría o lo dejaría ahí

—¿Vas a casa?— soltó al fin luego de un incomodo y largo silencio, sus miradas se conectaban sin siquiera quererlo, los aguamarina de la rubia se entrelazaban con los ojos oscuros del pálido chico

—Si —afirmó en un susurro

—Me lo temí —y ahí estaba esa sonrisa falsa que siempre esboza Sai después de cada pelea que tenía con la rubia

El camino hacia delante era más frío y húmedo de lo que Ino podía recordar segundos atrás.

—¿Qué ha pasado entre Sasuke y tú?

Sakura y Sasori habían caminado en silencio la mayoría del camino, tomaron el trayecto que regularmente recorrían hasta sus casas, ambos en silencio y cada uno ensimismado en sus propios pensamientos, completamente raro entre ellos dos que aveces no hacían más que hablar de un montón de temas convencionales.

Sasori estaba devastado, bueno, lo estaría si esa palabra describiese lo mal que se sentía en ese momento. Decir que estaba enamorado era mucho, nadie se podía enamorar en tan poco tiempo ¿O si?, fuese lo que fuese lo que sintiese le estaba doliendo, quemaba de la peor forma. Él quería a Sakura, cada momento que pasaba a su lado lo confirmaba, pero lo que había sucedido, o más bien, lo que se insinuaba que había ocurrido escapaba de sus manos, escapaba de todos. La traición dolía más de lo que podía recordar. Sakura en cambio no quería ni imaginar la clase de bomba que había estallado mientras ella estaba en la oficina de la directora, la imaginaba, no podía hacer otra cosa al observar la expresión de los rostros de los presentes, la proporción de los daños se notaba a simple vista, los silencios de Sasori no ayudaban mucho a pensar en otra cosa y las furtivas miradas que el ojimiel le dedicaba no hacían más que confirmar sus temores; seguramente había estallado una bomba nuclear, y a juzgar por la mirada que su mejor amiga le había dedicado antes de irse, la expresión que su rostro le reflejó, la culpa y la advertencia; la mirada triste que le dedicó Hinata y la sonrisa triunfante del azabache, no estaba lejos de lo que en verdad había sucedido. El infierno se había liberado en su ausencia, eso era seguro.

La pregunta de Sasori le había helado la sangre, calándole hasta los huesos.

—¿A qué te refieres?—interrogó Sakura con cinismo queriendo ganar tiempo

—No vengas a hacerte la desentendida conmigo, he sido bastante claro contigo y tu eres demasiado lista como para no entender— respondió con calma, tal como era Sasori siempre

—Sasori —musitó sin mediar más palabras

—Sakura, no quiero que esto vaya a sonar como una declaración de amor, porque no lo es, no en este momento; tampoco son las palabras de un hombre lastimado y adolorido, aunque lo cierto es que si lo estoy—la ojijade podía sentí su pecho oprimirse ante las palabras del ojimiel

—Entonces no digas nada, déjame explicarlo

—¿Y qué quieres explicarme? —interrogó con retorica y tono frío—¿El cómo me engañaste con Sasuke?— los ojos verdes se ensancharon ante las acertadas palabras —¿Es eso? Porque si es así no tengo ánimo ni el tiempo para escucharte

—... —sus frías palabras la habían dejado sin habla

—Me gustas, de verdad que me gustas, pero no soy masoquista Sakura, si lo que sientes por él es más fuerte que lo que podrías sentir por mí, dímelo en este momento, así no hago de tonto mientras busco algo que jamás encontraré, que jamás tendré

—Pero tu si me agradas—refutó en un intento de callar las duras palabras del pelirrojo

—Esa es la cuestión, Sakura, tan solo te agrado. Quizás te gusten las cosas que tenemos en común, o mi compañía, pero no sientes nada por mi —sonrió con amargura —piénsalo, creo que te han dado unos días para ello

Sasori se acercó a ella aun con su sonrisa amarga estampada en su rostro, sus ojos eran un acertijo indescifrable, pero su aura solo destilaba pena, una acogedora pena. La mano derecha del Akatsuki se aventuró desde la altura de la oreja de la pelirrosa hasta llegar a su nuca, acercándola a él con delicadeza, depositando un beso suave y casto en su frente sobre cogiéndola en un profundo sentimiento de culpa.

—No quiero pensar que los rumores son ciertos —susurró aún contra su frente dejándole un amargo sabor en la boca

Sakura llegó a su casa, la cual estaba vacía, las luces estaban apagadas y las cortinas cerradas dándole un aire más triste y melancólico al ambiente, tal como se sentí el alma de Sakura, un impulso de correr las cortinas se apoderó violentamente de ella, pero desechó la idea tan rápido como había llegado, no había caso en abrirlas, quedaban tan solo unos minutos de luz natural que pudiese aprovechar, luego la profunda e infinita oscuridad, tal como ella se sentía. Su precario humor le impedía querer ver los rayos del sol.

Era de lo peor.

Sasori no había sido más que bueno con ella, era el chico que no temía en decir que ella era guapa, en juntarse y disfrutar cada charla que compartían, Sasori no temía de las repercusiones sociales que significaba meterse con ella, había demostrado toda su amabilidad en ese tiempo y la compañía de este siempre le era cálida a la Haruno, si no fuese por Sasuke todo sería más fácil, pero la vida se empeñaba en ponerle difícil la cosa a Sakura y lo cierto era que su pequeño y menudo corazón solo se aceleraba cuando sus ojos jades se encontraban con los ónix del azabache, sin importar si a quien mirase fuese ella o alguien más. Sasori no se merecía lo que ella le había hecho, no se merecía que Sakura le dijese si dándole rienda suelta a sus esperanzas y sus sentimientos, no se merecía que los pensamientos de la Haruno solo fuesen gobernados por el insufrible azabache, ni menos se merecía que Sakura no le quisiese como él a ella si.

—Jamás pensé que esto fuese posible

—¿Qué cosa? ¿Ver la puesta de sol en la playa?

—No, eso no—respondió entre risas

—Porque sería muy raro, vivimos en la costa

—Lo sé, Sakura, hablaba de estar aquí contigo—Sakura lo observó con las ojos un tanto abiertos—no me mal interpretes—agregó luego—no es que sea el sueño de mi vida, solo es que pensaba que te gustaba Sasuke antes

—Oh, Sasuke—murmuró para si

—Pero eran puras estupideces mías—se encogió de hombros con desinterés, pero en realidad si estaba interesado en lo que él mismo decía—eres muy inteligente para exponerte a las estupideces del Uchiha ese

—Vosotros no os lleváis muy bien, ¿Eh?— Sasori giró hacia ella y la observó con un tranquilo sosiego—¿Sucede algo?

—Nada, pensé que estabas molesta

—¿Por qué?

—Porque hablaste con tu peculiar acento

—Oh—Sakura repasó sus propias palabras en su cabeza—a veces ocurre—resolvió luego encogiéndose de hombros—es raro que lo notaras tan de prisa

—He aprendido a conocerte—frunció el ceño mientras su mirada se perdía en el horizonte—

aun eres un universo por descubrir—susurró luego sin tener conciencia de que sus palabras fueron escuchadas, o eso pareciese

Sakura se echó en su cama recordando los pocos día que había salido con Sasori, las imágenes daban vuelta por su cabeza sin darle tregua al asunto; los paseos que daban de vez en cuando por la costa, las puestas de sol que vieron desde el pórtico de la casa del pelirrojo, los momentos que compartían en silencio, las conversaciones de libros y música que gustaban ambos, la mirada profunda del ojimiel. Sasori no era de la clase de chicos que se arrastraba por una chica, no, pero si era de la clase que ponía todo de si para que cada momento fuese diferente y agradable, en cambio Sasuke solo podía poner todo de si para que cada momento fuese doloroso, sus brillantes habilidades para insultarla e ignorarla siempre salían a relucir cuando Sakura se acercaba a él. Aún así Sakura no podía entender como podía estar tan perdidamente enamorada de él.

Un universo por descubrir.

Y lo realmente chistoso de todo el asunto era que el único universo por descubrir era Sasuke. Porque a pesar de que sakura lo observaba todo el tiempo que podía, de conocer su lado grosero y las miradas lujuriosas, o que tuviese largas, pero pocas, conversaciones con él, a pesar de todo lo que sentía, de estar perdidamente enamorada; la realidad era que no lo conocía para nada, y cada mirada que le regalaba el azabache a la ojijade, o cada palabra que pronunciaba, o cada movimiento que hiciese él, para ella seguía siendo un misterio, uno de los más grandes de su vida. Y temía, temía por su bien, temía que si lo llegaba a conocer en toda su esencia, a descubrir cada centímetro de lo que era Sasuke Uchiha, quizás hasta comprenderlo: terminaría perdida e irremediablemente amándolo.

Me gustan tus ojos.

Pero estaba Sasori. Sasori, el chico que a pesar de su tranquila y perezosa personalidad, era un chico muy curioso y directo. Desde pequeño él había tenido la sana obsesión de ser el mejor en todo lo que se proponía, no tanto por los demás, sino por él, no era un chico competitivo y mucho menos engreído, o por lo menos no apropósito y a cada segundo. En un principio, Sakura, había tenido la impresión de que el pelirrojo era el típico chico malo que habían en todos los liceos, como en las películas; con cazadoras de cuero oscuras, con expansiones y brazos llenos de tatuajes, cabellos alborotados y alguna que otra perforación a la vista, pero a pesar de que el aspecto de Sasori lo era así, oscura; su personalidad estaba lejos de serlo. Eso era lo que le atraía a la pelirrosa del Akatsuki.

No quiero pensar que los rumores son ciertos.

La última frase de Sasori quedó flotando en la testaruda cabeza pelirrosada, paseándose y tocando todas las puertas que Sakura había cerrado ante el dolor, ante los prejuicios. Sasori la quería con rumores y todo, la había aceptado al igual que Ino y Naruto no le habían dado la espalda. Sasori sabía de ella, Sasori sabía lo que había empezado y terminado hace algunos meses a tras, y en realidad no era tan difícil de conocer, Sakura no podía darse el lujo de ser tan ingenua, o tonta, aunque a veces seguía siéndolo, en especial tratándose de Sasuke.

Hace unos meses todo era distinto, hace unos meses todo lo que Sakura se proponía lo podía conseguir, hace unos meses era la envidia de muchos, hace unos meses tenía otros mejores amigos, o eso creía ella. Nunca fue adepta a la 'popularidad' que significaba ser amiga de Neji Hyuga, las ventajas del singular color de cabello que por genética había heredado de su padre, lo pendiente que estaban los demás de las sonrisas que se compartían Ten-Ten y ella, de los sentimientos de Rock Lee, de las ocurrencias de Karui, definitivamente ser parte de uno de los grupos más popular de todos la había puesto en el ojo del huracán en especial por ser considerada como la mejor amiga de la novia del codiciado Neji Hyuga, y por consiguiente muy buena amiga de este. En un principio la atención fue muy abrumadora, a Sakura le sobrecogía enterarse por boca de Karui de los blogs que hacían para hablar de ella, para subir fotos que solo había subido a suFacebook, para comentar de su cabello o para hablar de lo linda que se encontraba, de la ropa que ocupó en el Jeans daysde la semana pasada o del nuevo arreglo que llevaba para recoger su cabello. Luego todo fue costumbre, ya no le molestaban las miradas fijas en ella, fijas en lo que hacía, en cada detalle y posible error, fue tanto lo acostumbrada que estaba que no le interesó su actuar, fue descuidada, las lenguas eran más rápidas de lo que imaginaba y los rumores fueron creciendo con tanta fuerza como lo fue las malas decisiones que tomó, como los malos entendidos que no supo como despejar.

No, no había sido su culpa.

Sakura decidió ponerle pausa a sus pensamientos, con la esperanza de que la culpa la abandonara, por lo menos un poco, que se disipara por los oscuros pasillos de su casa, pero nunca sería así, porque lo que evitó por tanto tiempo, lo que todos esos rumores infundados decían de ella se estaban materializando gracias a su propia imprudencia y estupidez, convirtiéndose en verdades certeras más que en rumores de pasillos, haciendo que la pelirrosa comenzase a dudar si es que alguna vez jugó con los sentimientos de Rock Lee, o con la confianza de Ten-Ten, si de verdad jamás se insinuó a Neji, empezaba a dudar si alguna vez habló mal de ellos durante su amistad o si alguna vez alguien habría escuchado algo realmente malo de su boca y no solo malas interpretaciones como ella siempre pensó. Porque todo lo que podía pensar en ese momento era que lo que alguna vez juró jamás haría, lo estaba haciendo sin querer.

Se arrojó sobre la cama con esperanzas de dormir, dormir y olvidar, quitarse la sensación culposa de en sima y las caricias que Sasuke le había dado la noche que pasaron en la casa del rubio. Otra vez estaba mandando su vida al carajo.

Puedo hacerme adicto a ti.

Las palabras de Sasuke estaban haciendo ecos en su cabeza. Todas ellas variantes de la lujuria del minuto, sinónimos de lo que hacían con sus cuerpos, de lo desesperados que estaban por el otro. No. De lo desesperada que estaba ella por él. Porque el único que podía sentir algo en verdad ahí entre Sasuke y Sakura, era únicamente ella. Sasuke no la quería, a Sasuke no le gustaba, solo era una más de su extensa lista, o quizás no tan extensa, de chicas que caían ante sus encantos y caricias.

Una tonta más.

Los días habían pasado con rapidez, y ya para cuando se había dado cuenta el viernes había llegado a la puerta, cuatro días de reclusión en su casa, sin visitas— incluyendo a Naruto —, sin móvil y sin música. Mebuki, la matriarca de la familia Haruno, no estaba muy contenta por la suspensión de su hija, menos por los motivos que le había dado ella de su comportamiento, al parecer decir que protegía los sentimientos de sus amigas no era una razón lógica para irse a los golpes con cualquiera. Luego de que la mujer le arrojara uno de los castigos más crueles de la historia para un espíritu libre como el de Sakura, la reprendió con sus charlas de "cada uno debería pelear su propia batalla", pero lo que realmente no entendía la madre de la ojijade era que la batalla de la menor estaba perdida desde el primer minuto en que inició, que soldado que arranca sirve para otra guerra, y ya que la de la pequeña Haruno estaba abandonada y acabada, no encontraba nada de malo inmiscuirse en las de sus amigas, quizás así se sentiría mejor viendo la felicidad en sus rostros.

En esos cuatro días la rutina de Sakura se fue impregnando de vagancia, la cual había crecido potencialmente, asemejándose a la de Shikamaru cuando no quería ser interrumpido en sus siestas de media tarde antes del taller del viernes; la cosa era así; si Sakura no dormía estaba leyendo, sino observando por el balcón la carretera internacional que se escabullía por los bosques de la región, siempre tan verde y viva. Si de algo nunca se cansaría de ver sería de ver los autos salir de la ciudad o llegar a esta, la sensación que le causaba imaginar las ansias de quienes buscaban su futuro al salir o la alegría de quienes volvían a su hogar la sobrecogían, le ayudaba a olvidar todo lo que la acongojaba.

Los pensamientos de la Haruno se vieron interrumpidos por el chirrido de la puerta de su habitación, su madre se asomaba por ella con una expresión suave. Sakura se levantó de la pequeña silla de mimbre de su balcón para sentarse en su cama, su madre se aventuró hasta el lado de ella y se sentó a hacerle compañía en silencio por unos minutos. Sakura y Mebuki no eran tan expresivas una con la otra, no era que no confiaran en ellas, sino que tenían la costumbre de hablar de sus problemas cuando ya estaban solucionados, no buscaban consejos de la otra, ni mucho menos consuelo, solo aceptación. Y por lo mismo Sakura jamás había visto a su madre ansiosa o acongojada, ni triste, ni menos nerviosa, siempre estaba con esa expresión alegre o su máscara de madre aprensiva, que en verdad lo era un tanto; lo mismo pasaba su madre con ella, jamás la había visto llorar desconsolada por algún problema, o afligida, jamás hasta que pasó lo de Rock Lee, Ten-Ten y Neji, fue una de las pocas veces en que mebuki vio llorar a su hija, que vio lo vulnerable que podía llegar a ser, tampoco era como si Sakura lo ocultase mucho de los demás, se sumergió en una depresión tan profunda que era visible para todo el mundo, incluso para quienes no la conocían.

La rubia rodeó con el brazo a la menor a la altura de los hombros hasta posar su mano en uno de ellos, acercó a su hija hasta donde ella en un ligero, pero cálido abrazo.

—No sé qué te ha pasado últimamente— susurró mientras acariciaba los cabellos de su hija —, pero tampoco pido que me lo digas

—No ha pasado nada, lo prometo —respondió en un hilo de voz

—No quiero ver que estés mal otra vez, florecilla

—No lo estaré —el silencio volvió a hacerse presente en la conversación

—No me habías dicho nada de un Sasori— soltó luego

—Oh— los colores se le habían subido a la Haruno—¿Có-Cómo sabes de él?

—El día martes llamó a tu móvil, el cual tengo requisado—se jactó la mayor

Sakura había pasado completamente por alto el hecho de que sus padres no sabían nada respecto a su novio. La madre de esta no tenía ningún inconveniente de que su hija estuviese de novia de alguien, pero su padre, su padre era otra historia. Para Kizashi era inconcebible que su única hija, su princesita, la niña de sus ojos, que su florecilla estuviese creciendo, para él Sakura aún tenía seis años y jugaba con muñecas en la alfombra de la sala. Sakura aun podía recordar el sonar de los crujidos del corazón de su padre cuando ella le dijo que se había casado con un compañero de curso en el jardín de infantes, el patriarca de los Haruno estuvo una semana lloriqueando porque había dejado de ser el héroe de su pequeña princesita.

Por la cabeza de la pelirrosa cruzó la idea de admitir que solo era un amigo, la cual fue desechada tan rápido como apareció gracias a la mirada suspicaz de su progenitora.

—Se escucha un buen chico— comentó la rubia

—Lo es —respondió con sinceridad

—Espero lo valores

—Claro

—Tu padre se enterará de esto, ¿Lo sabes?

—Sin duda— admitió encogiéndose de hombros

—Anda, Ino te ha llamado— la madura mujer extendió su mano alcanzándole el móvil a su hija—tu castigo ha sido levantado

—¿De verdad? ¿No me estas tomando el pelo? —su madre soltó una carcajada

—Saldremos esta noche tu padre y yo, no te queremos dejar sola en casa

—Gracias— dijo Sakura abrazándola por la cintura— sois los mejores

—Lo sabemos —aseguró la mujer acariciando las hebras rosas de su hija—, pero — pero ahí he el problema, siempre había un pero, una trampa a su amabilidad—estarás bajo la protección de Naruto, y no me mires así jovencita, es el castigo de él y el tuyo. Ya lo hablamos con los padres de ese chaval

—Ya sabía que en vosotros no se os puede confiar, todo lo hacéis con pillería - masculló falsamente molesta

—¡No!—bramó una rubia encolerizada

—Bien, allá tu. No te rogaré, deberías saberlo —concluyó Sai con su típica pose y tono de calma, sonrió con falsedad, de esas sonrisas que daba para alivianar el ambiente

—¡Bien! Tampoco es como si quisiese que lo hicieras—contrarrestó Ino con un falso orgullo

—Nos vemos, loca

Ya eran tres días desde la pela de Sakura y Shion.

Sai y Naruto se salvaron del castigo por poco, si no fuese porque Shikamaru se entrometió y dio su punto de vista neutro, los dos varones estarían en la misma condición que ambas chicas. Era fácil persuadir al Nara, en especial si lo hacía la rubia problemática que tenía como amiga.

Ahora no entendía porqué lo había hecho.

Definitivamente Naruto no era la prioridad de la Yamanaka, y a pesar de querer darle algún dolor de cabeza a Sai, la verdad era que ella misma habló con el Nara para que el pálido chico no saliera perjudicado. Aun así Sai faltó tres días a clases, sin contestar los mensajes o llamas de entre clases que le hacía la rubia, sin llamar en la tarde e ignorando o tomándole poca importancia a las conversaciones que intentaba entablar por las tardes, por lo que Ino no se dejó esperar y se encaminó a la casa del azabache. Tenían que hablar.

Pero las cosas no estaban a su favor, o quizás sí, el destino era algo caprichoso, algo duro, al igual que los sentimientos. Una cuadra antes de llegar, Ino pudo ver cómo Sai despedía a alguien en el pórtico.

Shion besó castamente a Sai en los labios.

La rubia se detuvo un momento sin cambiar expresión, sin empeñarse en ocultar su presencia o huir de ahí con su poco orgullo. No.

Shion subió a un Spark rojo que estaba fuera de la casa de Sai, aparcado a un costado de la calle esperándola hacía tan solo unos minutos, lo sabía, ella misma lo había visto ir hacía una cuadra solo con el chófer en él.

Sai la engañaba.

Luego de que el Spark desapareciera en la línea del horizonte, Ino avanzó decidida hasta la gran casa en la que Sai vivía, su corazón aceleraba con cada paso, sonando en su pecho con más fuerza que el galopeo de una estampida de caballos, amenazando con reventar dentro de su caja torácica o salir despedido como cual cohete. Un nudo se asomó a la garganta de la rubia, el temor y la rabia le dejaban un regusto amargo en la boca, y pensar que Sai buscaría cualquier excusa para zafarse de la farsa la hacían crispar en nervios. Ya en frente de la gran puerta de madera entallada Ino tragó grueso antes de tocar el timbre, disipando todo rastro de molestia, impresión y pena de su níveo rostro, pero el ácido revuelto de su estómago estaba impregnado de sensaciones desagradable que nacieron minutos antes cuando fue espectadora de todas las cosas que Sakura le había advertido, pero la Yamanaka se negó a creer.

—Ino—el tono de voz un tanto elevado de Sai lo delató de sus nervios—no esperaba que vinieras

—Yo no esperaba que faltaras

—Si, no tengo excusas—respondió el pálido chico encogiéndose de hombros

Ahí todo reventó.

—¡Quién carajos te crees!—bramó molesta la rubia mientras entraba a la casa sin ser invitada

—¿Qué te ocurre, loca?— masculló en un vano intento de hacerla callar—agradece que aun no llega mi madre

—Me importa un cuerno— bramó nuevamente con un tono en el cual su mejor amiga lo haría—tú y tu jodido mundo se pueden ir yendo bien a la mierda, Sai

—Me dirás qué mierda te está pasando en este momento— el azabache era tan inexpresivo que ni el tono que emplea se escucha alterado a pesar de la dureza de sus palabras

—Qué te vi, imbécil, te vi— apuntó Ino con su mano estirada hacia la puerta queriéndole hacer llegar el mensaje sin decirlo realmente, pero Sai no cooperaba—¡Me estas engañando con Shion!— le espetó en un tono alto, los labios del azabache se movieron hasta formar un círculo perfecto, un oh

—No —respondió con descaro, pero antes de que Ino siquiera pudiese pensar en replicar algo, Sai continuó con lo que iba a decir —no somos novios, no te estoy engañando

—Tu puedes enredarte con quien se te dé la gana, Ino. ¿No lo has hecho?—preguntó con retórica —¿Creíste que iba en serio? — continuó él, y para Ino fue definitivo, su corazón se partió, y sonó tal cual como Sakura había descrito el sonido del suyo

—No, claro que no —musitó con la voz quebrada, había sido descubierta

—Oh. Bueno, te sirve de experiencia — Sai sonrió con falsedad, a Ino la sangre se le subió a la cabeza—puedes estar con quien quieras, no estabas atada a mí, no me debías fidelidad, yo ya conseguí lo que quería

Sakura tuvo razón todo el tiempo, siempre lo hacia.

—Podríamos tener una noche de chicas ¿No?

Ino sabía que su mejor amiga no pararía de parlotear por el auricular aunque se lo pidiese, la llamada de teléfono fue un imprevisto, pero la rubia quería seguir manteniéndose como si nada ante la pelirrosa, aunque su actitud no ayudaba en nada a pasar invertida ante la suspicaz persuasión de la ojijade, que ya estaba notando que algo raro pasaba con la Yamanaka, aun así no se detuvo a contemplar sus palabras y continuó hablando como si nada, a pesar que para Ino las palabras que su amiga le decía quedaban en su mente, paseándose de aquí para allá y desvaneciéndose en el aire.

—¡¿Estas tomando atención de lo que digo?!— interrogó esta

—Lo lamento, estoy en otra—se excusó

—Si, lo noté, por eso insisto en que nos veamos. Las extraño mucho, ¡No supe de ustedes en una semana!

—Si... organízate con Hina, las veré en mi casa

—Vale, sube ese ánimo, tía, no quiero ver que estés mal

—Claro, haré lo que esté en mis manos

—¿Fue ese chaval no?

—Hablamos acá, Saku —murmuró

—Lo sabia—afirmó segura —. Espera que ponga mis manos alrededor de su cuello, ese cabrón no se salvará de mi...

—Claro, a la noche hablamos— Ino alzó la voz sobre la montaña de improperios que empezó a recitar su mejor amiga y antes de que siquiera pudiese quejarse, esta cortó la llamada

Ino se recostó de golpe sobre su cama quedándose perdida en el cielo blanco de la habitación y entre sus pensamientos.

¿Por qué las mujeres somos así?

¿Estará en nuestra genética?

Porque en lo único en lo que podía pensar la rubia era el hecho de que su mejor amiga, Sakura, estaba devastada por sus encuentros y desencuentros con el Uchiha, y que a pesar de lo que pudiese decir estaba caladísima por él, encantada bajo su influencia; que su otra amiga, Hinata, estaba enamorada del Uzumaki desde antes de poder hablar con él y sufría por sus estupideces, y que ella misma caía de un precipicio por Sai.

—Te amo— musitó, rozando sus suaves labios con el lóbulo de la oreja del azabache. Sai se estremeció con el contacto, pero no dijo nada—Sai, te amo— repitiójunto a un gemido que no alcanzó a ahogar luego de que este la penetrara con rapidez

Sai tan solo guardó silencio, y de él solo pudo escuchar los gruñidos roncos que soltaba de vez en cuando.

Se sentía una tonta, tuvo que haberlo sospechado, haberse dado cuenta que los silencios de Sai, cuando evitaba responder a sus cariños, a sus te amos, cuando la besaba hasta hacerla olvidar de sus propias palabras y su nombre, y todo, tan solo era para acallar la curiosidad de saber que sentía él por ella.

Sai no podía sentir nada.

E Ino había llegado a comprender que las sonrisas falsas de Sai no guardaban ni una pizca de calidez.

Solo fue su imaginación.

Y se sentía como una tonta, torpe e ingenua. Le entregó todo su amor, todo su cariño a quien no se lo merecía. ino se había precipitado, se había lanzado al vacío sin paracaídas y ahora no había quien la esperase abajo con algo que pudiese amortiguar su caída, la cual se había alargado más de lo usual a pesar de las horas que habían pasado

Un sonoro golpeteo en la puerta de su habitación sacó a Ino de su ensimismamiento y cavilaciones. Ya habían llegado y sin darse cuenta de nada la hora había pasado más rápido de lo que pudiese imaginar, al igual que los días.

—¡Adelante!— gritó con voz queda

— Ino-cerda— entró Sakura secundada por Hinata

— ¿Cómo has estado?— preguntó la morena evidentemente preocupada por la actitud que la rubia había tenido en el día durante clases

— Bien, supongo—respondió encogiéndose de hombros

— ¿Pero qué carajos te ha ocurrido?— preguntó molesta Sakura

— Sai, él ha ocurrido —soltó la rubia, Hinata agachó la cabeza

— ¿Qué te ha hecho ese cabrón? — los aguamarina de Ino viajaron hasta donde Hinata inmediatamente, buscaba apoyo, aprobación, contención, cualquier cosa que no fueran las reprimendas de la ojijade— ¡Ino, que qué te ha hecho ese cabrón!— repitió la Haruno tratando de controlar el tono que emplea

—Nada—soltó al fin

— Entonces

— Sakura, es mejor dejarla en paz — trató de aliviar en vano el ambiente una tímida Hinata

— No Hina. Aquí cada una de nosotras debe estar lista para aceptar sus errores. Yo lo hice con Sasuke— el tono de voz de la ojijade cambio un tanto al pronunciar el nombre del Uchiha — , tu lo hiciste con Naruto y sus inmadureces y ahora Ino debe decirnos y desahogarse de las pelotudes que haya hecho ese otro crío

— Saku, por esta vez concuerdo con Hina

— Que no tía. No seáis porfiadas y contadme ahora lo que sea que os guardáis vosotras dos - gritoneó, cada vez con menos paciencia— desaparezco una semana y quién sabe en qué clase de lío os habéis metido

— ¡Para, quieres! ¡Estoy harta de tener que soportar tus puñeteras palabras y acentos cuando se te riega la regalada gana. No. No quiero hablar de Sai, no quiero decir que tenías razón y no quiero que sepas que él tuvo el descaro de engañarme para luego decir que no fuimos y no somos nada como para deberme algo. No quiero que sepas que lo quiero tanto que duele, que arde, que lastima y que... y que... — la pequeña boca de Ino se abría se cerraba sin encontrar palabras para explayar sus emociones, su voz y fortaleza se quebraron al mismo tiempo en que sus piernas flaquearon y comenzó a llorar

— Ino— susurró Sakura arrepentida— no tenía idea...

— ¡Claro que no!— exclamó la rubia exasperada, tratando de librar todo el daño que su pecho había acogido según avanzaban los minutos— solo tienes tiempo para Sasuke — escupió sin querer decirlo en verdad, sin sentirlo siquiera

— Sabes que no es cierto, solo... Perdóname

Los bellos aguamarinas de Ino se abrieron inmesuradamente, dejando a la vista su impresión. Sakura no era de las que se disculpaba con mucha frecuencia, menos si no tenía la culpa. Culpa, era la culpa.

Sakura tomó a Ino como pudo entre sus delgados brazos y con ayuda de Hinata la recostaron sobre la cama, mientras la Yamanaka solo lloraba como una esponja que estrujaba todo el exceso de líquido que había en ella y este salía en forma de lágrimas, de cientos de lágrimas llenas de tristeza, empapando el mundo completo, el mundo de ella misma, dejandolo frío y desolado,inundándolo de vulnerabilidad.

Oh, Sai.

Ino no tuvo la certeza de cuanto tiempo había transcurrido, su noción del tiempo se veía afectada por su pena y dolor, lo único seguro para ella era que cuando fue realmente consiente de como estaba con sus amigas, pudo notar a Hinata que la cubría con una manta, Sakura acariciando sus rubios y largos cabellos y ella misma tratando de callar sus lamentos. La ojijade frunció el ceño de repente.

—Bien, estoy harta de todo esto— comenzó a parlotear mientras agarraba su teléfono y se mensajeaba con quién sabe quién

— ¿Qué haces?—interrogó ya más calmada Ino

— Naruto va a una fiesta— medió sin explicación

— ¿y?

— Estoy a cargo de él— dijo en voz baja

— ¿Nos dejaras solas aquí por una tonta fiesta?

— Claro que no— respondió sin despegar la vista del aparato— sabes que no soy muy adepta a esas cosas— explicó mientras sus dedos seguían en lo suyo— pero no pienso quedarme aquí a ver como se hunden en la mierda, joder Ino, mira como estas, tú no eres así. No permitiré que el gilipollas de Sai te arruine un viernes por la noche y si para eso me debo de enredar en otra fiesta, pues así será

Sakura parecía realmente segura de lo que decía, Ino trató de sonreír ante la decisión de su amiga, algo totalmente descabellado para la ojijade, pero que era capaz de hacer por quienes quería.

— Me cago en la puta fiesta— dijo Naruto desde la ventanilla del copiloto con un falso acento español

— Cierra la boca, zopenco— se quejó Sakura, Hinata estaba sonrojada

Luego de que Sakura quedara con su rubio hermano en ir por ella y sus amigas, se dedicó prácticamente a obligar a sus dos queridas amigas a arreglarse, tal como si hubiese tomado el lugar de la rubia. Primero fue la morena de ojos perlados, Hinata, a la cual la pelirrosa le entregó un vestido gris plata y una remera blanca con la palabra "Smile" en negritas estampado en medio de esta, no lucia como una princesa, pero para Ino era algo impresionante que su mejor amiga, la mojigata, la señorita "yoodiolasfiestas" hubiese logrado darle un aire coqueto a la tímida Hinata. En segundo lugar se vistió a si misma, más que nada porque obligar a Ino a levantarse de la cama le llevaría demasiado tiempo como para intentarlo en ese mismo instante. Sakura eligió para si misma del guarda ropa de la rubia un jeans mom's del tono celeste claro clásico, un top crop negro que dejaba al descubierto el poco abdomen que quedaba desde la pretina alta del pantalón hasta la basta del top, luego se puso una cazadora oscura para terminar el look, también dejando levemente sorprendida a su destruida amiga. Y por último y en tercer lugar se ocupó de Ino, eligiendo para ella una minifalda acampanada tono lila, un top rosa pálido que se ceñía a su figura y realzando su busto, y una chaqueta de jeans blanca.

Ino se en jugó los ojos con dramatismo, alegando que su pequeño capullo por fin había florecido, Sakura solo rodó los ojos ante los melodramas de su mejor amiga.

Cuando la ojijade por fin vio listas a sus amigas, lo que incluía maquillaje y peinado, sonrió con melancolía informando que su hermano llegaría en unos quince minutos. Y aunque para Ino sonase raro o incluso medio loco, no le molestaba en lo más mínimo que el escandaloso rubio se hubiese visto envuelto en sus problemas de manera indirecta y hasta le agradaba la idea de que él hubiese terminado como chófer esa noche. Pero justamente luego de la resolución y el pequeño agrado que había tomado momentáneamente por el nuevo chófer de esa noche, es que se dio cuenta de que este estaba como copiloto, que no se trataba del chillón naranja escarabajo el auto que estaba frente sus narices y en el cual el Uzumaki estaba montado, y lo tensada que estaba la mandíbula de la ojijade, cayendo en cuenta que el auto no era de Naruto, y que este no era su chófer. El distintivo escarabajo naranja que Naruto manejaba con orgullo era reemplazado por un Audi oscuro.

— ¿De quién es el auto?— Ino consultó en voz baja a Sakura, curiosa de su negativa en acercarse

— Sasuke— siseó ella entre dientes, la rubia ahogó una exclamación

— ¿Qué esperan nenas? ¿Van a subir o no?— empezó a presionar Naruto

— Claro que subiremos, suripanto

Sakura avanzó con pasos toscos y tensos hasta el auto, abrió la puerta con una brutalidad completamente ajena a su vestimenta y se deslizó hasta el otro lado de los asientos, a lo lejos sus amigas pudieron escuchar la voz de Sasuke exclamar un "¡Hey! Trata bien a Susanoo" y a Sakura responder con un "Me la suda tu maldito coche".Ino sonrió sin tratar de ocultar lo simpática que le parecía la escena y lo mucho que le agradaba el hecho de que su mejor amiga fuese capaz de sacrificar tanto su orgullo como su corazón por ella, Ino no aguardó más y tomó a Hinata de la mano y la guió hasta que entraron al auto junto con los demás, Naruto festejó la lenta entrada con demasiada alegría fingida y luego ordenó al azabache que se fuese directo a la casa de un tal Deidara de último año, a Sasuke se le marcó una pequeña vena sobre su ojo izquierdo que empezaba a tiritar con notoriedad, observó con rabia a su mejor amigo durante un minuto y luego bramó algo parecido a que si continuaba creyéndose su jefe y no cerraba la boca acompañaría, en el mejor de los casos, a la rueda de repuesto atrás, en el maletero, sacandoles unas cuantas carcajadas a las tres chicas que iban en el asiento trasero.

La casa del tal Deidara quedaba en la parte baja de la ciudad, donde vivía la mayoría de la clase alta. Sasuke masculló una horda de improperios lo suficientemente alto como para que los demás escucharan, no le agrada el tal Deidara. Se bajaron del auto segundos después de que Sasuke aparcara el auto a un costado de la acera, Ino pudo vera a lo lejos el sedan de Sai.

— Hey, Sakura — el escandaloso rubio llamó a la pelirrosa con voz sobre protectora— tienes prohibido juntarte con cualquiera en esta fiesta — comenzó a ordenar mientras se aferraba de la mano de esta — te harás pasar por mi novia y no te alejaras de mi— dijo ideando uno de sus torpes planes nuevamente

Las desventajas de ser mejor amiga de Sakura Haruno, para Ino, era escuchar y presenciar las innumerables peleas que la pelirrosa tenía con Naruto. Al parecer este nunca superará el hecho de que su hermana putativa ya era mayor y estaba interesada en los chicos. Naruto siempre buscará protegerla. Pero esa vez, a diferencia de muchas otras veces, Ino sonrió ante el espectáculo que estaban montando.

— Naruto— comenzó a hablar Sakura— Sasori está en la fiesta

— Mierda — se quejó el rubio

— Déjala, Dobe, a ella le gusta ese imbécil— se entrometió Sasuke ya harto de la discusión, o quizás por el hecho de que Sasori estuviese ahí

— No bebas nada que no esté en una lata que tu abras — advirtió el rubio mientras era arrastrado por el Uchiha

— Claro

— Hablo en serio, jovencita

— Si, si, si, ya entendí, ahora te puedes ir con Sasuke

Los dos chicos se marcharon hasta la fiesta sin mirar atrás, dejando a las tres chicas afuera de la casa sin siquiera presentarlas al anfitrión.

— Saku, sé que siempre digo que hay que improvisar, pero no estoy de humor como para buscar al tal Deidara y avisarle que nos colaremos en su fiesta—dijo Ino cuando ya habían perdido de vista a los dos chicos

— No lo harás, estamos invitadas— sonrió Sakura desviando la vista del camino por el cual habían desaparecido los dos muchachos hasta centrarla en su amiga

— ¿In-Invitadas?— preguntó Hinata

— Si, Hina, invitadas — Ino enarcó una ceja instando a Sakura a explicarse, ella asintió sin siquiera esperar palabras— Deidara es amigo de Sasori— explicó encogiéndose de hombros— no estamos en nuestro mejor momento con Sasori, pero él es muy atento cuando se trata de mis amigas— sonrió con parsimonia, el tema le afectaba

—Gracias—susurró la rubia

— ¿Eh, por qué?—preguntó confundida la ojijade

— Por todo esto, a ti y a Hinata no les gustan las fiestas y de todas formas vienen a una para animarme, subiste al coche de Sasuke y suprimiste tus sentimientos mientras Hinata hacia lo mismo por la presencia de Naruto, aguantaste la charla estúpida de ese loco rubio y le pediste a tu novio que nos invitara a la fiesta de su amigo a pesar de estar peleados... Son muy buenas amigas

— Oh, vamos tía, tú haces lo mismo por nosotras siempre— dijo con una sonrisa buscando animar a la rubia— teníamos que retribuir

Ambas le sonrieron con sinceridad.

Las mejores amigas que podría pedir.

La fiesta era un caos, llena de chicos de último año y universitarios. El alcohol estaba a la orden del día, al igual que las drogas y el sexo, como en toda fiesta, pero por alguna razón que Ino no podía entender en su totalidad, esa vez no se sentía acorde ni a gusto, en realidad nunca antes tuvo la oportunidad de apreciar el ambiente al cual se exponía todos los viernes por la noche, a la atmósfera que Sakura y Hinata rehuyen con tanto recelo, ahora podía entender porqué no les agradaba a sus mejores amigas.

Sakura había agarrado unas botellas de cerveza, "para apagar los sentimientos" dijo ella, Hinata quiso negarse, pero terminó cediendo ante la mirada de la ojijade.

Para apagar las emociones.

Pero las emociones de Ino... Sus sentimientos eran fuego vivo, del infierno y sus profundidades, imposibles de apagar o de suprimir. Sai había calado hasta el fondo de su corazón. Porque siempre estuvo enamorada de él, siempre le había gustado y esperaba amarlo profundamente alguna vez, y ahora, ahora que lo quería con tanta intensidad solo pedía poder arrancar todo ese amor de su corazón, sacarlo de su pecho, despojarse de todo lo que significaba Sai para ella, eliminar cada rastro de él de si misma, para siempre.

—Necesito un cigarrillo— soltó Ino de repente sacando del bolsillo interior de su chaqueta una cajetilla de Marlboro y extendiéndola como invitación

— No fumo, gracias— declinó Hinata

— No tengo ganas, ve tu, no quiero dejar sola a Hina

— Claro, no tardaré— respondió para luego desaparecer de la fiesta

La verdad Ino no quería compañía, por lo que se sintió enormemente aliviada cuando ambas chicas declinaron la muda invitación. Necesitaba pensar, necesitaba quemar esos sentimientos, esas sensaciones, dejarlas huir de sí como el humo del cigarrillo colado entre sus finos dedos.

Sai.

Su cabeza no deja de pronunciar ese nombre, lo gritaba como quien quería que viniese en su ayuda, lo susurra como si buscara a su amante perdido entre las sabanas, lo cantaba como si su vida se le fuera en eso.

Sai, Sai, Sai.

Calada, tras calada, Ino dejaba que el humo entrara por su cuerpo, lo recorriera desde la punta de sus dedos hasta sus pulmones, llenándola de tabaco y nicotina, el regusto amargo que dejaba en la faringe y el dulzor de la menta que la hacía salivar más de lo debido. Su cuerpo se relajaba. Se relajaba solo hasta encontrar al otro lado de lo que era el patio trasero a un grupo de chicos y chicas, entre ellos a Sai junto a una rubia que no era Shion.

Maldito.

— ¿Me convidas un cigarro?— una voz profunda sacó a Ino de sus divagaciones y el dolor de aquella vista

— ¿No tienes los tuyos? — soltó sin coquetería, sin enojo, sin frustración, con voz neutra y apagada

— Oh, vaya, rubia, ¿Así tratas al dueño de casa?— soltó en broma, Ino se volteó a encararlo quedando deslumbrada por un minuto

Claro que Ino había escuchado del tal Deidara en el liceo, cómo no, si era uno de los chicos de último año, parte del grupo Akatsuki, jugador estrella del equipo de futball, surfista como la mayoría de su nivel, el mejor artista y escultor de la institución con un presumible futuro, pero jamás de los jamases había hablado con él de cerca, en realidad nunca había hablado con él, solo tenía una idea de quien era, siempre era un "Conoces a Deidara ¿No?, es el chico de por allá"y apuntaban a la distancia. Por lo que no fue extraño que ella se sorprendiera un tanto por los ojos azulinos del chico, más azulinos que los de ella misma o los de Naruto, cabello rubio, largo y lacio, una sonrisa socarra y brillante, nariz definida y mirada dulce, porque no era esa mirada presumida que los chicos de ultimo año les regalaban a segundonas como ella, no, esta era de esas miradas que regalaba un chico cuando te conocía por casualidad, cuando te encuentran sin buscarte, esas que nacían sin importar el nivel que cursas, esas miradas que te daban cuando te pillaban fumando un cigarrillo sola con una expresión desolada y solo buscaban hacer compañía. Ino estaba embobada, maldecía internamente a Sasori por que jamás le había presentado a su amigo antes de Sai, y también maldecía a Sakura que no fue capaz de presentarle al anfitrión de la fiesta antes de negarle un cigarrillo.

— Di-Disculpa— soltó sintiéndome igual de tonta que Hinata cuando tartamudea

— Tranquila— él se encogió de hombros— ¿Qué hace una chica cómo tu sola en un sitio como este?

— ¿Estás coqueteando?— interrogó algo divertida mientras dejaba la colilla ya extinta en un cenicero que estaba cerca— porque eso no funciona conmigo, querido

— ¿No? — continuó con su juego divertido de la situación— claro que no, una chica tan lista como tú no cae en estas cosas

— Me alagas, pero no estoy de humor para clichés—respondió con una sonrisa aun divertida

— Bien, bien, lo lamento— Deidara le dedicó una sonrisa tranquilizadora, apagando todos los oscuros sentimientos que Sai había despertado en ella— pero de verdad quería un cigarrillo— agregó luego con sorna

— Toma— Ino le ofreió de su cajetilla al igual lo había hecho con sus amigas

— ¿Mentolados? Son cigarros de maricas— comentó

— Así evitan sentirse menos hombres tú y tus amigos

— Ah, estamos de listillas— sonrió ampliamente mientras encendía el cigarro que había cogido de la caja— me llamo Deidara, ¿Tu?— preguntó mientras encendía el cigarro que Ino se había calado en la boca

— Ino— respondió mientras exhalaba el humo

— Lindo nombre, te queda

— ¿Seguirás coqueteando conmigo? Esos trucos baratos no funcionan

— Vale, vale, lo tengo— rió levemente— y cómo llegó una chica tan linda como tu a mi fiesta de borrachos— escondió su mano libre en sus vaqueros oscuros, la leñadora añil que usaba resaltaba más sus ojos

— Sakura dijo que estábamos invitadas — soltó la rubia simulando toda la tranquilidad y seguridad del mundo

— ¿La novia de Sasori?— preguntó para confirmar

— Esa misma

— La rosadita— murmuró— así que tu eres Ino— ella asintió algo confusa— Sasori ha hablado mucho de ti, cosas buenas, cosas buenas, cambia esa expresión — ella relajó su entrecejo luego de eso, por dentro imaginaba un sin fin de pelotudeces que su amigo el pelirrojo le habría dicho al rubio— ¿Y qué hacías aquí afuera sola?

— No lo sé — soltó después de un suspiro cansado

— Cambia esa expresión, no quiero muertos en mi fiesta— la reprendió con gracia, sin sonar cruel o hiriente

— Ino—pero las interrupciones en momentos buenos nunca acabarían en el mundo

Esa voz...

Sai...

— Ya veo— Ino escuchó a Deidara musitar a su lado, sacando conjeturas antes de siquiera saber nada— Ino, ¿Vamos?—habló este para ayudar a la bella chica que había visto sola en el patio

— ¿Ah?— preguntó esta confundida

— A bailar, habíamos quedado en eso —Ino iba a replicar que cuándo se habían puesto de acuerdo para ello, pero la voz aterciopelada de Sai llamó su atención

—Ino—llamó el azabache de nuevo, Deidara lo observó con reprobación

— Sai— pronunció Deidara haciéndose el desentendido — qué haces aquí, qué se te ofrece— interrogó con cínico tono

— Vine a hablar con Ino, Deidara — soltó molesto el azabache dejando sorprendida a la rubia

— Oh, ella está ocupada— continuó el rubio con tono hipócrita y juguetón buscando provocar a Sai

— No respondas por ella— se quejó el azabache

— No estoy respondiendo por ella, Sai — Deidara observó de reojo a Ino y luego rodeó su cintura con su firme brazo dándole una sobrecogedora sensación de protección — . Además, tu vienes con una cita ya, ¿No sería descortés dejarla sola por hablar con otra chica?— Deidara continuó con su juego haciendo caso omiso al dolor que se estaba expandiendo en el rostro y pecho de Ino, tampoco era como si pudiese sentirlo él

— ... — Sai no medió palabra

— La habitación que pediste para ella está lista, la misma de la semana pasada — cortó de una el mayor

Deidara se volteó y se fue del pórtico donde estaba, con Ino casi a la arrastra, dejando a un Sai más pálido de lo usual en él, dejando el corazón de la Yamanaka hecho trizas a su lado, evitando que Sai admirara su dolor y despertandola a ella con un metafórico y certero golpe de la poca ilusión que aun albergaba, de la poca esperanza que aun poseía. Las palabras de Deidara fueron un puñal de realidad, Sai la había engañado todo ese tiempo.

Sai nunca la quiso.

Anne J. M.

Hola a todos! tanto tiempo sin saber de vosotros 3

Bueno, no sé por donde comenzar, creo que diré que nuevamente estuve hospitalizada unos días, por lo que no había tenido tiempo de escribir ni hablar con vosotros, pero henos aquí, devuelta en toda mi gloria, jajajaja, que dramática.

Bueno, está demás decir que os extrañé a todos, si, por supuesto. Estar nuevamente cerca de la muerte hace que uno valore las pequeñas cosas a su alrededor y vosotros sois demasiado importante para mi, por mucho que no lo parezca.

Espero vuestros votos y comentarios, porque de verdad os extrañé.

Sobre el capítulo; bueno, esta vez hablamos de la pena de Ino, lo cual se me había ocurrido de improviso, pero que ahora tengo toda una trama planeada para ella.

Espero que os guste y gracias por que habéis esperado todo este tiempo a por mi. Un beso gigante, os quiero.