Bueno, creo que me desvie un poco del tema principal en éste capítulo, tenía pensado hacer el concierto en éste capítulo, pero por alguna razón siempre que pienso en algo termino alargándolo más de lo que tengo planeado (No por nada llevo escrito tantos capítulos), xD Pero son preparaciones necesarias para los eventos que se aproximan, por lo menos estoy conforme con que la relación de Luffy con Hancock por fin está avanzando, incluso yo que soy la escritora he sentido que ha sido una eternidad, para que pudieran darse cuenta de lo que sienten el uno por el otro (Aunque cierto monito sigue sin captarlo del todo).

Capítulo 33.

Decisión de corazones entrelazados.

Los días pasaban y el ambiente navideño inundaba las calles, en ése tiempo Luffy se encontraba en un dilema. Por una parte se encontraba feliz y entusiasta por el nuevo proyecto en el que trabajaban, para el cual primero habían debido dirigirse hacia dirección para pedir permiso para el concierto que tenían en mente. Aunque fue difícil al principio, y tras las explicaciones de su manager, la propuesta había terminado siendo aceptada, aunque Nami estaba un poco disgustada al respecto, ya que para poderlos convencer obviamente tuvo que dejar que los fondos recaudados en el concierto se donaran a la escuela para utilería y mejorar las instalaciones, a ellos les darían una parte por el trabajo realizado pero la pelinaranja ya les había prometido esa ganancia a los del club de música por haberlos ayudado, de manera que ellos no obtendrían ni un solo centavo.

Debido a eso Nami se encontraba bastante malhumorada por lo cual se había puesto aún más exigente con ellos, dejándolos sin tiempo para un descanso decente. Ya que cuando estaban en la escuela debían preparar los materiales necesarios. Los alumnos se encontraban tomando las primeras clases como era debido pero a partir de la cuarta hora, se dejaba el tiempo libre para que cada club pudiera preparar las actividades de su clase o respectivo club. En el salón de Luffy, Zoro y Sanji por ejemplo habían decidido armar una cafetería con temática navideña, por lo cual el grupo se había dividido entre las personas que confeccionaban la ropa, los que arreglaban el salón, los que definían el menú, entre otras cosas.

Aunque era un verdadero alivio que a ellos tres les hubieran dejado el espacio libre, nadie les pedía ayuda para nada relacionado a la actividad en clase puesto que ya toda la escuela estaba enterada del concierto programado, y como estaban igual de emocionados preferían dejar a la banda moverse libremente, dejándolos dirigirse junto al club de música para seguir con los preparativos. Al terminar las clases se dirigían a la casa de Franky en donde se la pasaban el resto del día ensayando, y terminando de escoger entre las canciones que ya habían escrito. Como ya se ha mencionado antes, Nami les había pedido hace tiempo que escribieran la mayor cantidad de canciones posibles para que ella pudiera escoger o descartar, y quedarse tan solo con el mejor material.

Todo ése trabajo mantenía a la banda bastante ocupada, y una vida atareada era lo que al hiperactivo capitán más le gustaba, por lo cual accedía a cada uno de los caprichos de su manager con tal de seguir ensayando, después de todo la música era su vida. Lo único que a Luffy no le gustaba era que al estar tan atareado, los días seguían pasando y el seguía sin poder volver a ver a su amiga Hancock.

La última vez que la había visto había sido aquella vez en la cual ella le había robado un beso que no le había disgustado para nada. Pero había algo que lo incomodaba, y es que a pesar de ser usualmente despistado y de que la gente creyera que él no se enteraba de nada, ciertamente podía decirse que Luffy tenía un don especial para notar cuando las personas a su alrededor se sentían confundidas o había algo que los preocupaba, y eso es lo que él había estado notando en la oji azul. Desde aquél día notaba distinta a Hancock, a pesar de que tan solo se habían comunicado a través de mensajes, podía notar que había algo diferente en la chica, y no saber qué es lo que le sucedía tan solo hacía que se desesperara.

Había pasado alrededor de dos semanas y media desde que Luffy le había mandado ése mensaje a la chica preguntándole sobre lo sucedido en aquella última salida. En aquél mensaje pedía explicaciones para entender la razón por la que la chica había hecho eso, ya que después de todo era de conocimiento público que Monkey D. Luffy era un completo despistado en los temas referentes al amor, hasta el momento había sido catalogado como un ser completamente asexual cuyo único interés era la música.

Luffy era bastante popular entre el género femenino, tenía varias pretendientes dentro de la escuela quienes quedaban maravilladas por la personalidad vivaz del morocho. Ésa había sido una de las razones por las que Sanji lo detestaba en un principio, ya que éste antes no entendía la razón por la que él fuera tan apreciado por las mujeres. Sin embargo, cuando el rubio pudo acercarse más a Luffy pudo entender la razón de la popularidad del vocalista.

No era que Luffy fuera inteligente, o increíblemente apuesto, de hecho era bastante despistado, tonto, impulsivo y siempre traía problemas a cualquier lugar al que fuera. En sí solía ser un gran dolor en el trasero tratar con los desastres que siempre traía consigo, pero lo verdaderamente atrayente de Luffy era su forma de ser, era un chico demasiado optimista, demasiado risueño y un tanto idealista, siempre hablando de sus sueños, de sus aspiraciones, y esforzándose más que cualquiera para lograrlo. Era una persona que por muchas veces que tropezara o quisieran lastimar sabía levantarse, él tan solo se sacudía el polvo y sonriendo se decía a sí mismo, "volvamos a empezar".

Era un muchacho increíblemente sincero, una persona que podrías estar cien por ciento segura que jamás te engañaría, alguien fiel que ofrecía a los demás su amor incondicional, alguien que a pesar de todo siempre estaba a tu lado apoyándote, dándote ánimos, sirviendo de ejemplo a seguir para aquellos que deseaban rendirse. Una persona tan estúpidamente honesta que hacía que desearas ayudarlo, alguien con una personalidad tan magnética que incluso había conseguido hacer a alguien tan antipático y orgulloso como Roronoa Zoro su mejor amigo.

Zoro también era una persona con una fidelidad envidiable, objetivos claros, y de personalidad justa y honrada, pero él era complicado de tratar, puesto que se consideraba su propio jefe y hacía siempre lo que se le venía en gana, generalmente sin tomar en cuenta a los demás, a no ser que ésas personas fueran su familia. De hecho la única persona a la que Zoro le había entregado su fidelidad de manera voluntaria era a Luffy y solo a Luffy.

Si cualquier otra persona intentara darle una orden al peliverde, estaba claro que ésa persona terminaría con la nariz rota, o por lo menos con una buena reprimenda de su parte. Pero era todo lo contrario si quien le hacía peticiones era su capitán, porque entonces Zoro sería capaz de abandonar por completo su orgullo y obedecer sin rechistar, solo por tratarse de la persona que más admiraba y respetaba. Y eso por sí solo, ya decía demasiado de Luffy.

Muchas chicas se habían resignado a tan solo admirar al menor de los D. desde la distancia. Después de todo el pelinegro no solía entender nada respecto a confesiones, o sentimientos románticos, y aún cuando varias chicas habían sido rechazadas por el menor de manera directa o indirecta, éstas simplemente no podían odiarlo o desear alejarse de él, por lo que se conformaban siendo una más de las tantas amistades que el morocho tenía. Después de todo era mejor estar cerca de Luffy que lejos, y ésa era precisamente la habilidad más peligrosa que el capitán tenía; La habilidad de amarrar a las personas, convirtiéndolas en leales seguidores que tirarían complacientes su vida con tal de ayudarlo. Sin duda alguna, Monkey D. Luffy era un peligro para la humanidad.

Por tanto todas aquellas nuevas emociones que el menor había empezado a desarrollar desde el momento de su encuentro con Hancock eran completamente desconocidas. Lo único que él sabía es que Hancock era especial, ya que él pensaba en ella constantemente, porque tenía deseos de verla diariamente, cosa que no le había pasado nunca con otra persona, y también porque Hancock era la única que había logrado que él se quedara embelesado mirando con aquella intensidad a algo que no fuera su fiel collar de sombrero de paja o su guitarra.

Ella lo confundía mucho, lo confundía demasiado, y eso era algo que él no toleraba, algo que lo hacía enojar y frustrarse, se desesperaba. Y su enojo solo aumentaba más cuando recordaba la respuesta que ella le había dado en aquél mensaje.

*No ha sido nada importante, no te preocupes.*

¿Qué se supone que significaba aquello?, ¿Cómo que no había sido nada importante?, según Zoro y la reacción de su hermano Ace, eso no podía simplemente ser "nada", eso es algo de lo que estaba completamente seguro.

-Maldición. - Se quejó por lo bajo al momento que pateaba una pobre lata de refresco que se encontraba tirada a mitad del camino.

Zoro lo miró de reojo al notar ésa acción de rabia contenida, por lo cual lo único que pudo hacer fue suspirar intentando retener aquella risa contenida que tenía desde el momento en que su amigo le había enseñado la respuesta que le había dado ésa mujer a su mensaje. Es que era imposible no reírse con aquello, era la primera vez que veía a Luffy tan emocionado y feliz por haber hecho algún tipo de contacto con una chica, que incluso él se había esperanzado.

Habían pasado tantos años desde que conocía al menor, tantos que incluso podía decir que lo conocía mejor de lo que se conocía a sí mismo. Había empezado a resignarse a la idea de que él pudiera conseguirse una novia algún día, pensaba que sería un completo asexual por el resto de su vida, que se convertiría en una gran estrella del mundo del espectáculo cuya única preocupación sería cantar hasta morir.

Boa Hancock había aparecido de la nada, y desde su aparición Luffy había empezado a cambiar y madurar en varios aspectos, por primera vez había podido observar cómo es que Luffy también era un chico a pesar de todo, y como podía perder la cabeza por una chica, cosa que de cierta manera le alegraba y tranquilizaba al saber que no era el único que había quedado bajo las redes de ésas endemoniadas mujeres. En especial él, que había terminado siendo un completo masoquista por culpa de su inusual novia.

-¿Sigues pensando en eso?, ¿Si te molesta tanto, por qué no vuelves a preguntarle? - Respondió con aparente indiferencia, mientras por dentro seguía aguantando la risa.

-Hancock ha estado actuando raro, ni siquiera me responde bien los mensajes. - Se quejaba recordando las respuestas cortantes que había empezado a recibir desde ése día. - ¿Qué le pasa? - Preguntó por lo bajo en tono de reproche al momento que inflaba sus mejillas.

Zoro aún no conocía formalmente a la mujer, solo la había visto unas contadas ocasiones por lo cual no la conocía demasiado. Aún así de cierta manera podía imaginarse lo que estaba pasando por la cabeza de la oji azul, después de todo un beso podía ser mucho más importante para una mujer que para un hombre, además de que las mujeres estaban locas, era un enigma intentar saber lo que estaban pasando. Debería existir una guía completa para entender a las mujeres, sería un éxito.

-Bueno, si fue ella quien te beso definitivamente es porque le gustas. - Contestó de manera despreocupada ganándose la mirada confundida del menor.

Ambos chicos se encontraban caminando en dirección a la casa de Franky, ya todos se encontraban allá menos ellos quienes se habían retrasado debido a que Brook los había hecho quedar terminadas las clases. Después de todo la condición para que el hombre del afro los ayudara fue haciéndoles prometer que tocarían un solo antes de empezar con su concierto, por lo cual debían quedarse de vez en cuando a ensayar las partituras que Brook había escogido especialmente para ellos.

-¿Le gusto?, a mi también me...

-A ti también te gusta, ¿No? - Lo interrumpió tras soltar un suspiro cansado. - ¡Te he dicho miles de veces que dejes de usar ésa palabra a la ligera! - Regañó. - Creo que en algún punto de ésa cabeza hueca que tienes deberás entenderlo. - Decía al momento que picoteaba levemente la frente de su amigo.

-Creo que lo entiendo un poco. - Confesó al momento que asentía con la cabeza para después ladearla a un lado al momento que cerraba los ojos y se ponía en pose pensativa. - Mis hermanos me lo han dicho, tú también me lo has dicho, e incluso puedo ver la forma en la que Sanji trata a las mujeres.

-Por supuesto, aunque no deberías fiarte mucho del cocinero del amor, lo suyo es perversión. - Tras decir aquello Luffy soltó una carcajada que se le contagio al peliverde por lo que soltó una sonrisa ladina. - Pero tienes razón, lo que yo siento por Perona, lo que Sabo siente por Koala e inclusive, lo que Portgas siente por mi hermana, eso es algo especial.

-¡Hancock también es especial! - Afirmó sin ninguna señal de duda.

-Por supuesto... - Contestó de una manera casi sarcástica. - Si no lo fuera, ni siquiera estarías enojado por aquél mensaje.

-¡Oh! - Exclamó el menor mientras golpeaba la palma de su mano con su puño, como si acabara de darse cuenta de eso.

-Pero Luffy. - Sonrió divertido al saber que estaría a punto de encender la mecha de la bomba que haría estallar nuevamente a Portgas en un futuro. - Si tan preocupado estás deberías ser tú quien tome la iniciativa en la siguiente ocasión en que la veas.

-¿Tomar la iniciativa? - Preguntó sin entender.

-¡Escucha! - Volvió a señalarlo en plan amenazante. - Por muy asexual que seas, no soporto que mi mejor amigo esté comportándose en plan pasiva.

-¿Pasiva? - Respondió sin entender a lo que él ignoró y continuó con su discurso.

-La próxima vez que la veas, serás tú quien lleve el control de todo, te pararás enfrente de ella y la besarás, ¿De acuerdo?

-¡Sí! - Contestó entusiasmado sin ningún síntoma de vergüenza, logrando que incluso Zoro sintiera un poco de envidia. Después de todo Luffy era tan expresivo que tal vez aquella muestra de afecto le parecía demasiado natural, y eso lo molestaba un poco porque incluso él sintió vergüenza cuando tuvo que hacer lo mismo con su novia.

Dando por cerrado el tema continuaron su camino hacia la casa del extraño peliazul en tanga.

Franky, Usopp y Sanji se encontraban ensayando con sus instrumentos, pero no podían empezar realmente con la práctica a no ser que se apareciera el vocalista; Y claro, la presencia de Zoro también era esencial, ya que aún con las protestas de Sanji, el peliverde tenía muchos espacios para realizar sus solos de guitarra.

Lo peor para el rubio es que por mucho que le molestara ése protagonismo de Zoro en la banda, no podía verdaderamente quejarse teniendo en cuenta que Zoro había seguido y apoyado a Luffy en su sueño desde sus días de infancia. Tenía puntos por años de antigüedad.

-Estúpido marimo. - Se quejó por lo bajo tras soltar un gruñido justo en el momento en el que Luffy y Zoro habían hecho acto de presencia, permitiendo que el cabeza de musgo escuchara a la perfección aquél insulto logrando que se iniciara una nueva batalla verbal.

De ésa manera siguieron con su rutina, con Nami regañando a ése par por andar perdiendo el tiempo, Franky haciendo una que otra forma e insistiendo en posar en tanga a la vez que Usopp y Luffy se soltaban a carcajadas .

Por supuesto Luffy aún seguía incómodo y fastidiado por no poder entender los sentimientos de la pelinegra, pero al saber que no podía hacer nada por el momento y también sabiendo que el evento navideño de su escuela se encontraba cerca, lo único que podía hacer era seguir trabajando, dejando así que el tiempo siguiera su transcurso. Por supuesto seguía mandando mensajes en cuanto podía a Hancock con la esperanza de que ella se sincerara aunque no estaba recibiendo las respuestas deseadas, por lo cual solo quedaba callar su orgullo y esperar tranquilamente hasta el día del festival para tenerla frente a frente.

Después de todo la plática con su amigo Zoro lo había animado, empezaba a ser más consciente de sus sentimientos, y aunque aún era un inexperto, y seguía habiendo una infinidad de cosas que simplemente no entendía, se esforzaría. Por supuesto confiaba plenamente en los consejos que le daba el peliverde, a diferencia de Ace, quien a pesar de tener su amor incondicional y plena confianza, a veces ignoraba por completo cualquier comentario que el pecoso tuviera respecto a temas amorosos, ya que sabía que Ace era celoso, por lo cual solo le creía a medias cuando decía comentarios referentes a eso.

Así pues, el tiempo seguía con su transcurso, avanzando de manera rápida mientras que ellos seguían preparándose, y a tan solo unos días del concierto, Luffy y Zoro se habían dado el lujo de faltar al ensayo de aquél sábado en particular, claro que con el permiso de Nami quien hizo una excepción especial.

Tanto Luffy como Zoro, Chopper, Ace y Sabo, además de Perona quien se había dado el lujo de acompañar a su novio se encontraban parados recargados contra una pared para no estorbar a la gente que iba y venía de un lado hacia otro cargando con enormes maletas. Robin había avisado que volvería a Japón ése día, y claro, como buenos hermanos que eran Zoro y Chopper habían ido a recibirla, al igual que los hermanos D. siendo que al ser vecinos por tantos años eran prácticamente familia.

-¡Chicos! - Saludó la mujer cuando localizó a sus hermanos a lo lejos.

El primero en enfocar la mirada fue Ace, quien observó a la hermosa mujer, quien llevaba su negro cabello atado en una coleta alta dejando caer su flequillo, llevaba puesto un vestido de una pieza que le llegaba cuatro dedos encima de la rodilla, éste era de color morado y se ajustaba a su cuerpo mostrando sus preciosas curvas, tenía un escote no muy pronunciado, también llevaba unas botas pequeñas del mismo color.

-¡Robiiin! - Gritó Ace al momento que sus ojos brillaban, y sus pecosas mejillas se teñían de un leve tono rojizo. Y sin hacerse esperar empezaba su carrera hacia la mujer que había extrañado tanto.

Con una cara de idiota enamoradizo, había extendido los brazos y parado los labios como si quisiera besarla en un claro intento de abalanzarse a la mujer. Pero como era de esperarse de Portgas, nada salía como lo planeaba, y antes de que hubiera podido siquiera tocar a la mujer, Chopper se había abalanzado hacia los brazos de su hermana permitiendo que ésta lo apapachara todo lo que fuera necesario.

-Robin... - Lloraba por lo bajo con pequeñas gotas de agua salina resbalando por sus mejillas. - ¡Quería verte!, papá y Zoro tan solo compran comida preparada, ¡Son un par de inútiles! - Se quejaba logrando que el cabeza de musgo se sonrojara debido a la vergüenza.

La mujer fulminó brevemente con la mirada al peliverde por haber descuidado de ésa manera a su pequeño, y a continuación comenzó a mimarlo, solo para después darse cuenta de cierto pecoso quien se encontraba acuclillado, con las mejillas llenas de aire y pequeñas lagrimas en los ojos, éste se encontraba marcando círculos en el piso con su dedo índice. Reacción que de cierta forma logró cautivarla ya que aunque no lo dijera voz alta, le gustaba ver ésas actitudes infantiles en Ace, era algo que le parecía bastante lindo.

-¿Qué pasa? - Preguntó con un tono de voz suave mientras se acercaba al mayor de los D y le daba unas palmaditas en la cabeza. - ¿No me saludaras?

Al instante la mirada de Ace se iluminó, y con sus mejillas sonrojadas además de una sonrisa deslumbrante quiso abrazar a la mujer, pero ésta al no estar acostumbrada a ése tipo de contacto optó por alejarse en un acto de reflejo, siendo una reacción acertada teniendo en cuenta que si no se quitaba el pecoso la hubiera terminado por tirar. Al final, Portgas, quien no se había dado cuenta de que Robin se había apartado había terminado por abrazar a un completo desconocido quien lo miraba con miedo al confundirlo con un pervertido.

De inmediato se escuchó a Luffy soltarse a carcajadas, seguido de Sabo quien hacía un vano intento por mantenerse serio, aún cuando por dentro quería soltarse a reír al igual que su hermanito. A Robin también le había causado risa, mientras que Zoro tan solo observaba la escena con una gota de sudor cayendo de su nuca, y Chopper solo miraba a todos confundido.

-¿El pecoso es novio de la hermana Robin? - Preguntó Perona al no entender lo que estaba observando.

-¡Si! - Respondió Ace corriendo a una velocidad impresionante hacia la pelirosada tomándola de las manos.

-¡Por supuesto que no! - Respondió Zoro al mismo tiempo.

-¿Eres la novia de ése musgo parlante no?, cuando lo siento por ti, pero... - Seguía tomándola de las manos y agitándolas. - Si alguna vez te casas con ése estúpido marimo, entonces seremos familia, un placer conocerte.

-¡Como si pudiera aceptar eso! - Gruñó Zoro fastidiado al momento que jalaba a Perona hacia él para alejarlo de Portgas. - Nunca te entregaré a Robin.

-Pero eso lo decide ella, ¿No es así Robin? - Preguntó entusiasmado mientras volteaba en la dirección en la que se encontraba su mujer amada, quien ya había pasado del tema y se encontraba hablando con Luffy, Chopper y Sabo.

Nuevamente el pecoso se sumió en un aura de depresión, mientras que Zoro empezaba a caminar huyendo de una Perona quien había empezado a hablar sobre el matrimonio como si nada, logrando que el pobre chico quisiera echar a correr debido a la vergüenza, y el miedo al pensar en qué es lo que haría Mihawk si escuchara aquella conversación.


Hancock se encontraba en su habitación metida en su enorme ropero el cual se encontraba dividido por secciones, en una parte se encontraban todos sus vestidos, en otra sus abrigos o chaquetas, en otra sus faldas, blusas o pantalones que llegase a necesitar, en la parte derecha había una enorme cantidad de zapatos y botas, al lado de la cual se encontraba su sección de accesorios, collares, anillos, aretes, pulseras, además de su kit completo de maquillaje.

-¡Esto no sirve, esto tampoco! - Se escuchaban los gritos de la mujer desde el interior de la habitación continua en donde se encontraba su enorme colección.

En el piso había un montón de ropa tirada, de vez en cuando ella se probaba algún atuendo y se observaba en el espejo de cuerpo completo que se encontraba en el interior del mismo ropero, llevaba puesta una falda rosada entablada, con una blusa blanca con estampado de rosas, tacones color hueso, un collar de oro blanco con diamantes, pulseras color oro, su negro cabello se encontraba atado en una media cola, el cual tenía amarrado con una hermosa pinza para cabello en forma de mariposa del mismo color rosado que la falda.

-¡No! - Regañaba a su figura en el espejo mientras posaba. - ¡Esto no es suficiente! - Se deshizo de la blusa y la falda en un instante quedando tan solo con su ropa interior, sus accesorios y los tacones, después caminó con pasos lentos hacia su colección buscando un nuevo atuendo, sacando un vestido rojo con escote en la espalda y bordados negros. - ¿Debería probar con algo más provocativo? - Se preguntó a si misma mientras colocaba el vestido frente a sí, probándoselo con la mirada ante el espejo. - ¡No, Luffy no es de esos! - Lo tiró casi con rabia al piso y sacó otro vestido ésta vez de un color azul, éste tenía un aire más juvenil, era sencillo pues apenas si tenía escote, era plano y los pliegues de tela caían suavemente hasta la mitad de su muslo.

Tras colocarse la prenda se apresuró a deshacerse de los tacones colocándolos en su lugar, y a continuación empezó a buscar otro par de zapatos color plata. Conservó las pulseras, pero se deshizo del collar, reemplazándolo por uno de conchas, se quitó el broche para el cabello permitiendo a éste caer libremente por su espalda, pero no conforme con eso lo tomó entre sus dedos llevándolo por delante de su hombro derecho comenzando a trenzarlo con una velocidad increíble, dejando la parte superior un poco suelta, permitiendo de ésa manera dejar caer pequeños mechones de cabello por su rostro, dándole un estilo más fresco. Era increíble como a pesar de estar usando un atuendo de lo más simple, era capaz de llevarlo a más, y hacerlo lucir como algo espectacular.

-¿Esto estará bien? - Se preguntó a si misma con algo de nerviosismo. - No quiero que sepa que me esforcé escogiendo la ropa.

-¡Hancock! - Se escuchó el gritó de una voz masculina logrando que ella soltara un agudo grito debido a la impresión y volteara a ver hacia la puerta encontrándose con su detestable primo que se había asomado al notar que el ropero se encontraba abierto.

-¡Bartolomeo! - Bramó molesta. - ¿Qué hubieras hecho si no hubiera terminado de cambiarme? - Reclamó al momento que le lanzaba una secadora que tenía a la mano logrando atinarle en la frente haciendo así que éste cayera al piso. - ¿Qué es lo que quieres? - Preguntó indiferente mientras se acercaba al chico notando como la frente de éste empezaba a enrojecer debido al golpe. - ¿Te volviste a colar a la mansión verdad? - Suspiró cansada. - Rucchi te matará si llega a encontrarte.

-¿No crees que ése vestido es demasiado corto? - Preguntó ignorándola. Seguía tirado en el piso. - Se te ve todo. - Respondió burlón.

-¡Qué vulgar! - Al momento jaló la tela del vestido hacia abajo en un vano intento de cubrirse, su rostro había enrojecido, y como Bartolomeo había logrado hacerla enojar, había optado por pisarlo encajando su tacón en la mano del chico.

-¡Duele! - Gritó apartando su mano al momento que se levantaba para después empezar una batalla verbal. - ¿Qué te sucede?, ¡Solo dije la verdad!

-No eres más que un pervertido... Vulgar, basura... Desaparece.

-¿Ahh?, no es mi culpa que gustes de andar enseñando todo. - Recriminó. - ¿Luego por qué te andas quejando de que los hombres te miren?

-Yo... Eso no importa. - Se excusó mientras se cruzaba de brazos. - Falta poco para que pueda volver a ver a mi amado, así que tengo que lucir perfecta. - Dijo entrando en un estado de ensoñación recordando los rasgos del menor. - Esto es por Luffy y él no es un vulgar como tú.

-Puede que Luffy-senpai no sea así, pero la mayoría de idiotas sí. Deberías andar con más cuidado en la calle o podrían faltarte al respeto.

-¿Ahh?, ¡Lo dices como si fuera una exhibicionista!

-Tú ya llamas la atención aún usando pantalón.

-Hm... - Soltó una breve risa egocéntrica. - No es mi culpa haber nacido tan hermosa.

La pelea se extendió hasta que ambos terminaron con las frentes pegadas, ambos gruñían y seguían insultándose, eso continuó por unos minutos hasta que pudieron tranquilizarse, a lo que Hancock fue a sentarse al borde de su cama al momento que observaba a su estúpido primo dispuesta a escuchar la razón por la que había ido a buscarla.

-¿Y bien? - Interrogó. - No tengo tiempo de hablar contigo, como puedes ver no logró encontrar un atuendo digno de Luffy, no tengo ropa, creo que deberé salir de compras nuevamente.

-… ¿Lo dices enserio? - Preguntó dudoso mientras veía la enorme cantidad de ropa dispersa en el piso. - Eres un verdadero dolor en el trasero, ¿Cómo es que Luffy-senpai se ha fijado en una mujer tan egocéntrica? - Reclamó por lo bajo pero antes de que ella pudiera responder y empezar una nueva batalla verbal, él se adelanto. - Vine para repasar nuevamente el plan, ¿Has leído los mangas que te dejé de tarea? - Ella asintió con la cabeza. - He investigado, y el concierto será temprano, si todo sale bien incluso podrían escaparse a otro lado cuando el evento haya finalizado, ¡Eso es importante, tienes que asegurarte de estar a solas con senpai!

Hancock escuchaba con atención las recomendaciones de su primo, hasta el momento había estado satisfecha solo con estar al lado del chico, estar junto a él era suficiente para que estuviera feliz, pero con el tiempo había empezado a ser más exigente, saber de la existencia de Nami era algo que la mantenía constantemente preocupada, también saber que Luffy era popular entre las alumnas de su escuela, y el estar consciente de que pronto Luffy sería aún más sorprendente, puesto que cuando empezara a ganar más fama se haría mucho más difícil verlo.

Sabía que tal vez estaba siendo demasiado malcriada, que estaba pidiendo demasiado, que debería sentirse feliz de tan solo poder ser capaz de compartir mensajes con él, de poder escuchar su voz o verlo de vez en cuando, todo lo que estaba viviendo era demasiada felicidad para ella teniendo en cuenta los años que había pasado encerrada en ésa cárcel que llamaba "su hogar". Sabía que no debía ser exigente, que ya había sido un enorme privilegio el solo hecho de haber podido conocerlo, pero aún así. Aún cuando pensaba de ésa manera, y cuando no quería convertirse en una molestia para el chico, aún deseaba más, quería ser importante para Luffy, ahora que había descubierto sus sentimientos quería asegurarse de que él fuera solamente de ella. ¿Era demasiado pedir?, ¿Estaba tan mal que se hubiera enamorado?, no es que quisiera estar como el resto de las parejas, alagándose, saliendo a citas y besándose en cuanto la situación se prestaba.

No, eso no es lo que ella quería, para Hancock todas esas personas que decían ser "novios", pero solo se la pasaban viviendo el día en rutina, diciéndose que se amaban, cuando lo que en realidad sentían era mera atracción física, eso para ella era simplemente jugar a ser novios. Porque cuando realmente se ama a alguien no importa si solo se ven cinco minutos, o si cuando lo hacen simplemente hablan de cualquier cosa trivial, el contacto físico es lo que menos importa, lo único que ella deseaba era seguridad, saber que Luffy estaría ahí para ella, y ella para él. Por esa razón, haría un esfuerzo, le molestaba mucho tener que estar escuchando a Bartolomeo darle consejos amorosos, pero en ésa situación era lo mejor que podía hacer, tenía que dar su mejor esfuerzo para averiguar si era o no correspondida, y en caso de no serlo, lucharía para poder ganarse el corazón del chico.

Mientras tanto Luffy tras haber llegado a su casa se había ido a encerrar a su habitación, faltaba poco para que el día del concierto llegara y él se encontraba muy nervioso, aunque extrañamente el que fuera a cantar no tenía nada que ver con ésa ansiedad.

Sentía que habían pasado siglos desde la última ves que vio a Hancock y saber que volvería a hacerlo, por alguna razón hacia que empezara a sentirse inquieto y un tanto inseguro, sobre todo tras recordar los mensajes que había recibido y que no le habían gustado para nada.

-"¡La próxima vez que la veas la besarás!" - Recordó las palabras que Zoro le dijo en aquella ocasión. - Bien... - Dijo, mientras se tomaba su tiempo para inhalar aire intentando regresar a la normalidad, cerrando los ojos había exhalado por la boca, solo para después repetir la acción hasta que sintió que su corazón volvió a palpitar a su ritmo habitual. Después abrió los ojos los cuales estaban ahora empapados de determinación. - Todo se resolverá en el festival.

Continuara...

Agradecimientos:

Gold Roger: Qué bueno que te guste, espero no haberme tardado mucho en la actualización.

StArLoRdMac2: Jajaja, no sé como terminó por que se me ocurriera la idea de Bartolomeo y el manga, la verdad es que supongo que ya te habrás dado cuenta pero soy una gran fanática de los triángulos amorosos (Creo que ya lo he dicho muchas veces), eso lo aprendí de Rumiko Takahashi (Creadora de Inuyasha y Ranma 1/2), y pues fue gracias a series de ése tipo que empezaron a fascinarme las comedias románticas, entonces me hice fanática del shojo (Aunque mi género favorito es y siempre será el shonen), de hecho no sé si vayas a creerme, pero yo soy algo así como Hancock en el aspecto amoroso, no tengo mucha experiencia (por no decir nula), y muchas cosas las he aprendido o las he sacado de leer tanto shojo, así que fue por eso que se me ocurrió combinar mi experiencia y meterla en el fic. (TT-TT Soy una forever alone). Es una lástima que no pudiera coincidir mi fanfic con las fechas navideñas, pero al ser mera coincidencia no puede evitarse, de hecho tenía planeado realizar el concierto para éste capítulo pero al final no pude hacerlo, siempre termino extendiéndome.

Tomoyo: Creo que ya por fin estoy pudiendo darte tus dosis de romance que tanto esperas, aunque sé que tú quieres seguir linchándome por escoger el LuHan antes del LuNa, y también por escoger el ZoRona antes del ZoRo, pero ya sabes... Son mis parejas favoritas dentro de One Piece, y por lo menos a mí me gustan las parejas egocéntricas y fuera de lo común (Creo que tú puedes entenderlo a la perfección si tomas en cuenta el elemento "J"). Me gusta más éste tipo de parejas pues puedo agregar tanta comedia como se me venga en gana, y considero que las relaciones extrañas son mucho más bonitas.