Chapter 5: Don't Say It

Todo era oscuro de repente. Elsa caminaba por el pasillo principal de su casa... hasta hace unos instantes iluminada, pero después se había producido "el apagón". Ella siguió caminando, no pudiendo ocultar el terror que se había instalado en su interior...

La invadía un frío intenso. Un escalofrío que no la dejaba en paz. La inquietaba. Seguía caminando... a pasos decididos pero al mismo tiempo vacilantes. Hasta que llegó a la sala de estar. Era más tétrica que de costumbre (lo cual ya es mucho decir) más oscura, más... creepy. Tembló. Miró alrededor... ¿realmente todo aquello era cierto? miró sus manos... y las vio con una claridad excelente, con lo cual era estaba consciente... y volvió a levantar la vista. La sala de estar se veía diferente, pero al mismo tiempo igual. Tenía una sensación extraña, como de estar en su morada, y al mismo tiempo de no estarlo... bajó las manos y siguió caminando.

Cuando estaba aproximadamente por la mitad de la sala de estar, vio al enorme cristo de yeso, de 50 cm aproximadamente, colgado en la pared. Siempre le había asustado... de pequeña había tenido unas pesadillas horribles con él, pensaba... unas pesadillas horribles. Pero todo estaba en penumbras... no podía ver con claridad, así que se acercó. Su corazón le dio un vuelco al comprobar que el enorme cristo de yeso, no se encontraba en su cruz. Suspiró agitadamente. Se agarró la cara y el pelo con desesperación. ¿Cómo demonios se había "salido" el cristo de ahí? no era materialmente posible... aquello tenía que ser una pesadilla. Entonces escuchó un ruido y se dio la vuelta a la misma vez que el ruido penetró en sus oídos. Solía tener los sentidos bastante desarrollados. Y justo al darse la vuelta, se encontró con él.

El cristo malherido la miraba, con su cara ensangrentada y sus ojos azabache. Casi parecía la versión demoníaca del Señor, como solía llamarlo su madre, y se apoyaba maltrecho en una muleta. Ella lo miró y ahogó un grito que quedó congelado en su garganta, mientras sus ojos se salían de sus órbitas. No era posible lo que estaba viendo. El cristo se encontraba a unos metros escasos de ella, y entonces, como si fuera un espectro, se encaminó hacia ella, como si sus articulaciones fueran de agua, como si él mismo fuera de agua. Se disolvía a medida que daba un paso y se recomponía de nuevo, como si estuviese lisiado. Roto.

Elsa lo miraba con tal terror que ni siquiera pudo moverse o pensar. Estaba absolutamente inmovilizada, presa del pánico. Todo era atenuado a su alrededor. Ella no podía ver más que al lisiado cristo moverse en su dirección, a los muebles tornados de un color cobrizo, con una tenue luz que había visto tiempos mejores, lo que parecía ser plena luz del día. Finalmente, cuando un enorme estruendo causado por la muleta del cristo la hizo volver en sí, el cristo ya se encontraba a menos de diez centímetros de su cara. Se aterró. Dio un grito y lo apartó como pudo. Corrió, corrió como si no hubiera mañana, y de repente toda su casa fue devorada por un remolino, dejando solamente enormes pasillos oscuros que parecía que no iban a terminar nunca.

El sonido infernal de la muleta del cristo golpear el suelo le recordaba que él seguía persiguiéndola, moviéndose de esa forma, y sus ojos lagrimeaban aún más y su corazón latía aún más cada vez que miraba hacia detrás. Corría y corría hasta que su respiración y sus piernas no le permitían más, para finalmente llegar a una enorme sala cubierta de fuego, que enseguida fue reemplazada por la enorme imagen del cristo maltrecho delante de ella, agigantado, ella era diez veces menor de lo que medía realmente, y lo miraba desde la altura, como si fuera a devorarla en cualquier momento. Caminó hacia detrás, tropezando, y cayendo al suelo...

Pensó que era su fin, cuando el lisiado cristo la miró con sus ojos rojos, y acercaba su puño sangriento para aplastarla...

Ya ni siquiera tenía fuerzas para gritar... cerró los ojos fuertemente. Todo había acabo. Así, de ese modo. Antes de que pudiera hacer o pensar nada, desde detrás de aquel averno, se escuchaba lo que parecía ser una voz... que pareció serle familiar. Detrás de una especie de luz blanca cegadora, estaba Anna Green. La miraba, con una sonrisa hermosa en el rostro. Amplia, limpia, y pura. Elsa sonrió con sus ojos llorosos... Anna Green había venido a rescatarla de su trágico final. Ella, que últimamente no se despegaba de lo que parecía ser sus sueños, su ser... su mente. Ella...

Y justo en ese momento parpadeó lentamente, varias veces, con los ojos hinchados, molestos por la poca luz que entraba en la habitación. "Solo ha sido un sueño..." pensó, incorporándose lentamente, y agarrándose la cabeza, un poco aturdida. Enseguida los recuerdos del sueño se le evaporaron, y volvió a imponerse la cruda realidad.

El recuerdo de la invitación de Tommy, y los de antes de acostarse. Ella debía poner fin a todo aquello... si no quería meterse en algo que no estaba dispuesta a tolerar. Tenía planeado buscar a Tom Snell en el instituto, y decirle que lo había pensado bien y que no era correcto decirle que sí a un chico que tenía pareja, (y menos a esa pareja) que eso iba contra sus principios, y...

Dio un pequeño grito. Su cabeza le dolía terriblemente... era la primera vez que había sentido que le doliera tanto. Ni con dos sesiones de prácticas intensivas... le ardían las sienes, le ardían los ojos, le ardía todo el cuerpo. No entendía por qué de aquella sensación... pero pensó que por nada del mundo iba a dejar que todo aquello se extendiese, ella necesitaba aclararlo... zanjarlo. Así que se levantó, con pesadez. El día prometía ser largo, pero no le importaba... estaba dispuesta a afrontarlo. A hacer lo correcto...

Desayunó con desazón. No le apetecía nada, así que la galleta que había mojado de más en su café se le caía antes de comerla, salpicándolo todo un poco, pero ni siquiera eso que a veces la molestaba, lo hizo en ese preciso instante. Solo tenía en mente una cosa... y eso estaba bastante claro.

En poco tiempo, había pasado de ser una chica ignorada por todos, pero igualmente una chica tranquila, a ser parte de una situación de semejante calibre, sin habérselo planteado. Era algo que no estaba acostumbrada a sentir, y la ponía nerviosa. Ella prefería, aunque mayormente estuviera triste, estar sin cargas, sin complicaciones... pues se creía torpe para aquello, aunque realmente no lo fuera.

Cogió su bolso y se lo colgó a un costado, como siempre solía hacerlo... encaminándose hacia la puerta. Minutos antes, ella había saludado a su madre mientras desayunaba, deseando aunque fuera sentir el apoyo de ella, la compañía, oír su voz para convencerse de que no estaba sola, pero su madre tan solo le había dicho, mirándola con aquella expresión desahuciada: "Volveré más tarde, Elsa". Había bajado su rostro tras decir aquello, y había salido por la puerta, como si nada.

Amaba a su madre... aunque ella no fuera la madre más normal del mundo, la amaba igualmente. Era... lo único que tenía en el mundo. Pensó en ella mientras iba de camino al instituto, con gesto decidido y nítido, pareciese como si hubiera retomado un poco de "complicada" vida... pues ahora ya tenía un deber, ajeno a los trabajos del colegio, y ni siquiera ahí la tomaban demasiado en serio...

Llegó al Preston. Observó de un vistazo rápido todo el panorama, esperando encontrar a Tommy Snell, pero no le vio. Entró en el instituto. Seguramente ya estaría en clases...


Christine Hamilton y su "panda", se encontraban charlando a las afueras del instituto. Ajenos al tiempo, pues faltaban cinco minutos para las clases, pero a ellos parecía darles igual. También se encontraban Alex Norton y Bobby Nolan. Estaban charlando como siempre de cosas intrascendentes, ellos y ellas, aunque esta vez, lo intrascendente solamente provenía del lado de Tina Summer, que estaba hablándole a Christine Hamilton. Pero su voz fue interrumpida por la voz autoritaria de Hamilton, de forma casi cruel. Ella había escuchado que estaba hablando emocionada del baile de graduación... por eso, se vio obligada a comunicarle lo que había oído ayer mismo en la oficina del señor Town.

–No te hagas ilusiones con eso. No vamos a poder ir.

Había dicho de una forma seca e inalterable. Summer la miró con un gesto de sorpresa en su rostro.

–¿De qué estás hablando, Chris? Sabes que ese baile lo es todo, ni de coña pienso faltar a...

–La perra de Gibbs no se quedó conforme con tenernos toda la maldita semana haciéndonos sudar como cerdos, así que también ha pedido que nos prohíban ir al baile. –La había interrumpido con dureza en su tono y en su rostro.

Summers quedó en shock. ¿Qué demonios significaba eso? Llevaba años esperando poder graduarse y celebrarlo por todo lo alto... Debía de estar vacilándole, con total seguridad.

–¿Qué tratas de decirme? Yo he cumplido mi castigo por eso de la anormal de White, no tengo porqué no asistir al baile. No entiendo por qué demonios me dices eso en este momento.

Se quedó parpadeando confusa, mientras Hamilton la miró y alzó una mano, tras chasquear los dedos.

–¿Es que no escuchas cuando te hablan? Idiota, te estoy diciendo que ayer mismo el imbécil de Town me llamó a su oficina. Me dijo que era intolerable lo que habíamos hecho con Elsa White, y que una semana de arresto no era suficiente, así que me dijo, cito textualmente: "La profesora de gimnasia y yo hemos tomado la decisión de prohibiros, a ti y a todas las participantes de aquella parodia, la asistencia al baile de graduación de este próximo viernes, para asegurarnos de que incidentes como estos, no se vuelvan a repetir jamás". Traté de protestar pero el muy estúpido me dijo que era una decisión irrevocable, y que me fuera, que tenía mucho trabajo.

Dio un suspiro y se cruzó de brazos con claro gesto de fastidio... Summer no era capaz de reaccionar todavía. Aquello le había sentado como un jarro de agua fría.

–Pero... –dijo al fin, débilmente– pero llevamos esperando meses, no es posible, ¿seguro que no hay nada que hacer?

Y una voz de chica, que venía justo detrás de ellas, había irrumpido en medio de su conversación.

–Sí, haberlo pensado antes, por ejemplo.

Era Anna Green... quien tenía en su rostro un claro signo de no haber dormido más de dos horas la noche anterior, adquiriendo esas semi sombras debajo de los ojos, con sus dos trenzas perfectamente niveladas, con su camiseta roja, su chaqueta negra y sus vaqueros pitillo negros, al igual que sus zapatos, ya estaba pasando de largo de ambas, como queriendo darles a entender que había escuchado parte de su conversación, y tan solo quería manifestarles que se lo habían buscado ellas solitas.

Pero Christine Hamilton, naturalmente, no iba a dejarla marchar así como así.

–¿Ah, sí? ¿Eso crees? –la miró con un gesto irónico y duro en su rostro, y los brazos en jarra–. Esa estúpida se la pasa diciendo que todos vamos a ir al infierno menos ella y su santa madre, ¿y tú la defiendes?

Adquirió un gesto incrédulo y frunció el ceño. Anna Green se paró en seco, y se giró para mirarla, mostrando entonces sus cansados ojos. Su lánguida voz salió con timidez por su garganta.

–Tan solo sé reconocer cuando algo está bien... y cuando algo está mal. No quiero... volver a tener nada que ver con esto.

E hizo un amago de girarse para marcharse. Era el momento menos indicado para ponerse a discutir sobre asuntos que tenía tan claros como el agua. Hamilton la vio alejarse, y le gritó.

–¡Eso! ¡Vete! No te necesito. Ni a ti, ni al engreído de tu novio. ¡Que te den!

Y se cruzó de brazos, pateando el coche que estaba a su lado, haciendo que sonara la alarma del mismo.

Anna siguió caminando sin más. Ya se sentía lo bastante miserable como para tener que ponerse a discutir en ese momento, y menos con alguien que era totalmente distinta a ella, quien solo le hablaba porque era popular y destacaba, y por la posición social de su familia. A medida que entraba en el colegio, un nudo se le iba haciendo en el estómago, haciéndola gesticular de forma continuada. ¿Qué iba a decirle a Tom Snell si se lo encontraba en clase? Eso la hizo casi querer vomitar... pero continuó caminando. Ella siempre había hecho frente a sus problemas.


Cuando entró en clase, Elsa se había dado cuenta de que Tommy Snell no se encontraba allí. Frunció el ceño. ¿Dónde demonios se habría metido? Ahora que tenía que decirle eso tan importante... tenía que encontrarlo. Debía estar en alguna de sus clases especiales, o... o entrenando para algún partido, sí, sería eso seguramente... él tenía que estar en el colegio. Ella no quería alargar eso mucho más... ella tenía que decirlo, que quitarse ese peso de encima, ella tenía que...

Se abrió la puerta. Anna Green había entrado en la clase sin más, y al parecer de mal humor, puesto que la abrió con tal fuerza que ésta fue a chocar contra la pared. Elsa la miró, y su corazón le latía tan deprisa, que pensaba que iba a hacer volar toda la clase. Ya sabía lo que pasaba cuando se alteraba de más. Aunque por fortuna, había aprendido a controlar sus impulsos... pero siempre, el solo hecho de tener a Anna Green cerca, la hacía salirse de control.

Siempre tan hermosa. Destacaba por sobre toda la clase, que para faltar apenas un minuto o dos para el inicio de las mismas, se encontraba semi vacía. Apenas dos o tres alumnos sentados en las mesas o charlando cerca de la ventana y de la pizarra, dibujando cosas blasfemas en su mayoría, y algunos más que iban entrando en masa, hasta que consiguieron taparle de la visión a Anna Green por unos instantes, para después volver a verla de nuevo. Como estaba al final de la clase, en ese asiento "adoptado", Anna no la había visto... había entrado tan rápidamente en la clase, descolgando su bolso y sentándose en la segunda fila, que ni siquiera se había dado cuenta de que ella estaba allí...

"Quizá haya sido lo mejor..." pensó para sus adentros, y bajó la cabeza. Se sentía realmente intimidada, se sentía realmente rara cuando veía a Anna Green. No sabía del todo por qué, pero por un momento la hacía olvidar todo y concentrarse solamente en ella... en... ¿había pensado "tenerla cerca"? Se sonrojó... y sacudió su cabeza, tratando de expulsar esos sentimientos de su mente... aún no quería volver a la realidad... la realidad que creía que era aún peor. ¿Y si estaba de mal humor porque se había enterado de que su novio la había invitado a ella al baile? Eso haría que la odiara eternamente, y no, ella NO quería dar problemas a esa chica por nada del mundo, ella tan solo quería decirle, claramente: "No me interesa ir al baile con tu novio", y había pensado por un momento: "Ojalá pudiera ir contigo" y... todo se había vuelto confuso en su interior, todo... ¡Oh, Dios! debía apartar esos pensamientos de su mente... ella estaba pensando cosas ridículas. "Por favor, Elsa, ¿cómo demonios crees que alguien como Anna Green se va a fijar en ti? Si ni siquiera sabe que existes, y si lo sabe, ya te odia eternamente". Una ola de frío recorrió su cuerpo, justo cuando el profesor entró en la clase.

Casi fue un alivio... casi suspiró aliviada. Historia. Era lo que necesitaba justo en ese momento, su asignatura favorita, para poder concentrarse en otra cosa, y dejar de lado a esa joven y hermosa pelirroja que tenía cuatro filas más hacia delante... porque la ponía nerviosa. Porque la hacía perder la noción del tiempo, y de la realidad. Porque... porque ella...


La clase acabó a la hora después. Elsa no había podido mirar la mayor parte del tiempo a Green, sin poder contentarse demasiado, igualmente. Esa angustia de no saber si ella la odiaba o no le oprimía el pecho, de tal modo que era como si tuviera un puñal clavado y le vibrase, sangrándole. Debía encontrar a Tom, debía decirle lo que había pensando mejor, y así, aunque volviera a su odiosa rutina diaria de vida de mierda, al menos... al menos habría hecho lo correcto, y podría estar en paz.

Green había salido rápido de clases, dejando sus cosas en la mesa, e incluso casi antes del profesor. Ella necesitaba aire fresco, necesitaba distraerse...

Elsa la vio alejarse, impotente, y recogió sus cosas (no tenía buenos recuerdos de cuando las dejaba allí) metiéndolas en el bolso y colgándoselo al costado. Sabía que tenía que hablar si no con Tom, con ella, pero... hablar con ella... eso era como plantearse si presentarse a un concurso de historias o no, ella sabía que era una locura, que no tenía talento... que era ridículo, y que se reirían de ella. Pero esta vez, el asunto era más delicado... esta vez sabía que, sí o sí tenía que hacerlo, y ahora que el receso se había hecho presente, de al menos unos 5 minutos, no debía desaprovechar esa oportunidad, pero las piernas comenzaron a temblarle, su corazón, todo su cuerpo le vibraba como si ella misma fuese un objeto vibrante.

Se encontraba ahí parada, como si nada, agarrando el asa de su bolso, mirando al frente, sin poderse mover.

Y, al cabo de unos segundos, Anna entró con la misma decisión de antes, pero esta vez, al ser ellas dos las únicas en clase, la vio... y todo se paró por un instante. Frunció el ceño. Anna creía saber quién era aquella silueta rubia que vislumbrada a lo lejos, pero no lo tenía del todo claro.

Elsa estaba tan anonada que ni siquiera se había dado cuenta de la presencia de Anna, quien justamente estaba mirándola, encima, en esos precisos instantes. Anna pensó que debía acercarse a comprobarlo, y con el gesto fruncido, así lo hizo.

"Vamos, Elsa... debes hacerlo, debes decirle a Anna Green que realmente no quieres entrometerte entre ella y su novio, que simplemente él te invitó, que tú JAMÁS le hablaste, que simplemente estabas leyendo, justo cuando él se te acercó sin más a decirte todo aquello, que no era tu intención para nada, que tú no quieres hacerle daño, que..."

Anna se había parado justo a escasos centímetros de Elsa. Y la miraba confusa, con la boca entreabierta, y el ceño aún fruncido. Aquella chica parecía estar en trance, en tal que no se había dado cuenta todavía de su presencia, pese a lo cerca que estaba de ella, y entonces la miró...

Sus ojos, aún cubiertos por sus párpados, se veían azules, tanto como el cielo, y su pelo semiondulado le caía a la perfección en abundancia por sus hombros y sus pechos, junto con su camiseta (la más decente, según ella) azul con ciertas tonalidades blancas, que parecía ser como un reflejo del azul dentro del otro color, con una textura agrietada, y de manga corta, con los bordes blancos. Era el más ajustado que tenía, y aunque no lo fuera, ella tenía prominente pecho, y ese era el más "normal" de su vestuario, y su favorito. No llevaba falda, sino pantalones vaqueros oscuros (los prefería antes que las faldas laarrgas... que odiaba) y su bolso grisáceo que le colgaba a un costado de su cuerpo. Incluso se fijó en sus manos... finas y blancas, como de porcelana. Parpadeó rápidamente varias veces, y al igual que Tommy, pensó que nunca antes había visto a Elsa White tan de cerca, como para apreciar los rasgos tan finos y... y hermosos, que tenía esta chica...

Tanto lo era, que incluso ella misma llegó a hipnotizarse, por unos instantes... mirando con detenimiento cada detalle de la chica que tenía justo enfrente.

Sacudió su cabeza... parpadeó, y se aclaró la garganta. No recordaba que a lo lejos, cuando la vio en aquellas duchas, Elsa White fuera del modo en que la estaba viendo ahora.

–¿Elsa White? –dijo con su fina voz, no teniendo un comienzo demasiado diferente al que había tenido el día anterior su novio.

Elsa salió de golpe de su trance, y fue doble susto: salir del mismo de forma imprevista, y que justo al levantar la vista, Anna Green estuviera enfrente. No se lo podía creer... era casi como si la hubiera invocado con sus pensamientos, y ella hubiera venido. Sus ojos la miraron con tal gesto asustado e impresionado, que no fue capaz de pronunciar palabra. No podía creerse que la tuviera delante. Pero tenía que hacer algo. Le gritó a su interior, a su cerebro, que saliera la voz de ella, porque sino Anna Green iba a pensar que realmente sí estaba desequilibrada, porque obviamente cuando alguien te habla le respondes, y ella no iba a pensar que era que se encontraba tan shockeada por su presencia que las palabras no le salían ni a balazos. Eso no iba a pensarlo, ¡así que...!

–S-si. –Dijo finalmente, con la voz temblorosa y entrecortada, agachando la cabeza.

Anna la miró, e incluso ella se había quedado en shock, al ver que de nuevo Elsa White levantó su vista, y sus ojos la miraron de frente por unos instantes. Esos ojos que la hipnotizaron, haciendo que entreabriera la boca... haciendo que por un momento, se le olvidase todo lo que tenía para decirle. Se había quedado en blanco.

Carraspeó, parpadeando para salir de aquel trance hipnótico, que ya que recordaba, no era la primera vez que lo vivía.

–Esto, sí, así que eres tú... "¿Qué demonios estás diciendo ahora, joder?" –movió su cabeza rápidamente para desviar aquellos pensamientos propios, y trató de continuar hablando. Coherentemente, a ser posible–. No había tenido la oportunidad de... hablar contigo antes, y creo que...

Sus palabras se congelaron en su garganta. Había desviado desde que empezó a pensar aquello su cabeza hacia el lado, no sabía qué demonios le pasaba, pero se sentía como un absurdo flan a punto de ser comido: temblando, jugosamente, frente a su divertido y hambriento agresor. ¿Qué demonios le estaba pasando? Trató de levantar la vista y de recuperar la compostura, pero justamente la voz de Elsa White la sacó de sus pensamientos de lucha.

–Supongo que vienes a decirme lo de... lo de tu novio.

Elsa, que también llevaba un buen rato tratando de recuperar la compostura, no se creía del todo que hubiera sido capaz de decirle diez palabras seguidas a Anna Green. La sentía como tan cercana... al recordarla en sus sueños, que le dio cierta confianza... porque ella sentía que Anna no era como los demás. Ella... ella tenía que ser buena. Ella era inteligente, diferente... ella era perfecta.

La miró, parpadeando. Incluso su voz era hermosa... lo era en demasía. Anna estaba comenzando a calmarse por completo de su mal humor, y estaba entrando en un estado que desconocía, en apenas unos segundos... todo el tiempo que la observó y ahora debía responderle al intento de diálogo que estaban teniendo. Tenía que recuperar la compostura y comportarse como una persona normal. Ya.

–¿L-lo de Tommy? –tartamudeó con un disimulo astuto.

Y entonces Elsa, en un ataque de nervios sinceros, la interrumpió...

–Y-yo verás, yo en ningún momento he querido ir al baile con él, simplemente él vino, se me acercó y me invitó, de verdad, yo nunca le he hablado, ni le he mirado, ni...

–Supongo que no. –Anna le devolvió la interrupción anterior. Su tono era certero, pero tranquilo.

Elsa la miró boquiabierta, estaba totalmente en shock... Pero Anna Green no iba a confersarle que la idea había sido suya propiamente, para compensarla por el incidente de las duchas.

–Y-yo, verás... solo...

–Solo ve. –La interrumpió de nuevo, con el mismo tono de antes.

Otra vez la miraba boquiabierta... ¿Acaso era cierto lo que estaba escuchando? ¿Cuál era el problema con esta chica, que dejaba que su novio se fuera con otra a un baile propiamente de parejas? No era normal, ¿qué estaba pasando que ella ignoraba?

Y justo cuando iba a responderle, a punto de salir de su ensoñación momentánea, la profesora de Arte entró en el salón de clases, y Anna Green inmediatamente se alejó dándose la vuelta, mirándola de reojos con el gesto algo fruncido.


Creía haber hecho lo correcto. Tommy... estaba claro que entre Tom y ella las cosas no iban a ir jamás bien, y ese era justo el problema. Que iban bien en un área que a él no le interesaba, y eso ella lo entendía perfectamente. No podía negarle la oportunidad de ser feliz con otra chica, y... aunque todos dijeran que Elsa White no era un modelo de chica normal, a ella le había parecido todo lo contrario. Elsa era hermosa. Una chica peculiar y merecedora de Tom Snell. O al menos, ella no iba a impedirlo... no tenía ese derecho. Sabía que le había hecho ya demasiado daño, y por primera vez estaba viendo las cosas claras... cristalinas.

Y al igual que no tenía derecho alguno de reclamarle a Tommy nada, tampoco tenía derecho de privarle a Elsa, (quién pensaba que le gustaba Tommy) el derecho de probar una relación con él, quizá estaban hechos tal para cual, quizá...

Pateó una lata que se encontró en el suelo. Hacía tiempo que habían acabado las clases, y se encontraba caminando a las cinco de la tarde, en pleno crepúsculo, caminando por Belmont. Sola. Necesitaba aire puro, aunque casi nunca lo tenía, debido a las fábricas que se encontraban rodeando la pequeña ciudad. Aunque estuvieran algo lejos, el humo era tan potente que igualmente era como tenerlas justo enfrente. Odiaba eso, odiaba ese olor... odiaba haber pensado que Tom Snell y Elsa White pudieran estar hechos el uno para el otro.

Volvió a patear otra lata con la fuerza y precisión de un futbolista. Si había algo que sobraba en las calles de Belmont, era basura. La gente del ayuntamiento no es que limpiaran demasiado bien, y si lo hacían, se ve que la guerra la iban ganando los adolescentes con sus botellonas. Encontraba latas vacías de refresco, cerveza y Coca Cola por todos lados. También botellas rotas de cristal, con la de niños que iban a jugar a los alrededores del parque. Odiaba todo ese ecosistema que reinaba en Belmont, y nadie se preocupaba por mejorar aquello.

"Debería de haber una ley que prohibiera las botellonas cerca de los parques infantiles" pensó, y siguió caminando. Ahora todo se había vuelto confuso en su mente, y eso era lo que la tenía trastornada, hasta límites insospechados. Ella que siempre creyó tenerlo todo bien ordenado... Ahora era todo un torbellino sin sentido, que cada vez la hacía enfardarse y frustrarse más. ¿Qué era lo que más le molestaba de que Elsa y Tommy pudieran conectar? A pensar de que llevaba cinco meses saliendo con el anterior, la imagen de los ojos de Elsa, y de Elsa en sí, se le iba imponiendo en su mente. Cerró los ojos fuertemente. Seguro era un trastorno pasajero... ¿acaso esa chica realmente era bruja? No se circulaban rumores nada buenos de su persona, y su madre ciertamente era un personaje extraño...

Se sentó al borde de un sucio parque. Casi oscurecía y ella no tenía ganas de volver a casa.


Elsa había salido del colegio tarde... y esperando encontrarse de nuevo con Anna Green, pues tras que le dijo aquellas extrañas palabras, había tenido que tragarse su respuesta, puesto que la chica se había rehusado a hablar con ella. No es que le hubiera negado la palabra, simplemente al sonar la campana de fin de clases, se levantaba y se iba, y volvía cuando el profesor ya estaba dentro de la misma. A veces detrás de él, o al mismo tiempo que él. Y no lo entendía. ¿Por qué le dice eso, y luego se niega a darle la importunidad de responder? Ella no le había hecho nada malo, ¿no?

Una punzada oprimió su pecho, justo al pensar en eso... estaba de regreso a casa... ya bastante tarde. Por suerte, las palabras de su madre esa mañana la habían hecho recordar que ella tenía hora intensiva ese día en la tintorería donde trabajaba, y posiblemente regresase sobre las seis de la tarde a casa. Suspiró de alivio, pues ya eran las cinco cuando ella se encontraba de camino a la misma, y eso a su madre seguramente no le haría ninguna gracia. La inquiriría diciéndole que por qué llega a esas horas, y la obligaría a rezar en el altar maldito, como ella lo consideraba, donde más de una vez había pasado varias horas...

Por fortuna ya casi llegaba a su casa, aunque iba caminando lentamente... pero sabía que tenía tiempo de sobra. Quería sentir el aire fresco de Belmont, antes de encerrarse a pensar en cosas que la harían sentirse aún peor.

No se esperó que su casa fuera el paraíso, frente a lo que se encontraría a medida que fuese avanzando hacia ella... caminando tan tranquilamente, tratando de ordenar sus pensamientos, Tommy Snell la observaba desde el césped de su casa, en la acera. Sonrió al verla venir, tan distraída como siempre.

Él estaba cruzado de brazos... con su porte atlético y seguro de siempre. Con su chándal de Preston y sus vaqueros en perfecto estado.

Elsa aún no había levantado su cabeza, seguía caminando como si nada. La leve conversación con Anna le había hecho olvidarse incluso de que tenía que rechazar la invitación de Tommy, pese a aquella incitación tan rara de su propia novia para que fuera con él. De repente se puso nerviosa en exceso. ¿Y si se habían puesto de acuerdo para gastarle otra broma pesada? No podía ser...

Anna Green no era de ese tipo de personas. "Pero se junta con Christine Hamilton" se burló de ella su consciencia. "Pero no son amigas". Le respondió aún más temerosa y comenzando a enfadarse. "Además... ¿qué ganarían Anna y Tom con esto? De la estúpida de Hamilton lo puedo entender, ¿pero de ellos? Y Anna... ¿ofrecer a su novio para una broma? No, no, no puede ser... Ella es una chica seria, íntegra... no se presta a chiquilladas". Había tratado de callar a su malmetida conciencia, pero ésta seguía riéndose en su cara... y trató de ignorarla, a veces sin éxito.

Sacudió su cabeza para alejar sus pensamientos de tal forma que, levantó la vista de golpe, y de golpe se encontró al sonriente y seguro Tommy Snell frente a ella. Se quedó boquiabierta.

Arqueaba su ceja levemente y sonreía sin mostrar los dientes. Su actitud casi parecía cómica. Parado ahí, con las piernas abiertas y sus fuertes brazos cruzados con decisión y perfección.

–Llegas un poco tarde, ¿no? –Le dijo de golpe, sin apartar su sonrisa de su rostro, y con cierto tono de broma en el mismo.

Ella parpadeó, miró inquieta a los lados, y lo inquirió, casi.

–¿Qué estás haciendo aquí? –Le respondió, con un tono nervioso, y a la vez confiado.

Él se descruzó de brazos, hizo un gesto acorde con su encogida de hombros y se puso los brazos en las trajillas traseras del pantalón.

–No sé. Me apetecía venir a verte.

Elsa no tuvo demasiado tiempo para pensar.

–Ya, pero es que no puedes estar aquí.

Elsa seguía mirando a los lados inquieta. Obviamente tenía miedo de que su madre apareciese de la nada, y la viera hablando con un chico. Él arqueó la ceja de nuevo, y volvió a sonreír.

–¿Y por qué no? ¿Es que tu casa es algo así como el hotel del resplandor? ¿Va a salir Jack Nicholson en cualquier momento para matarme con un hacha? –Bromeó.

Ella sonrió levemente ante la ocurrencia del joven atleta, su sonrisa era francamente hermosa. Pero seguía nerviosa.

–Tommy... en serio. Te agradezco el detalle y todo, pero tienes que irte.

Él se volvió a cruzar de brazos y la siguió mirando con la misma actitud de siempre.

–No lo haré hasta que me des un motivo coherente. Además, si vamos a ir al baile juntos, qué menos que nos conozcamos un poco mejor, ¿no?

Ella sintió como se le oprimía todo eso en su memoria. Debía decírselo...

–En cuanto a eso... –comenzó a decir, y bajó la cabeza, luego la subió–. Yo te agradezco el detalle, en verdad, pero... no puedo aceptarlo. Lo siento.

La sonrisa de Tommy se esfumó con una rapidez pasmosa de su rostro. Después sacudió la cabeza y sonrió con ironía, un poco confuso.

–¿Qué? –risita, como era su costumbre–. Pero si ya habías aceptado... ¿Cuál ha sido el motivo de que te has retractado?

La miró de un modo serio.

Elsa vaciló.

–Yo... No puedo, Tommy, lo siento. –Dijo, y a la misma velocidad del rayo, tan propio y característico de ella, se dio media vuelta y casi corrió la poca distancia que quedaba hasta la puerta de su casa. Pero Tommy, que ya la conocía en esos arranques, la agarró y la detuvo un poco, aunque ella se zafó de nuevo.

–¡Elsa, vamos! Me gustó tu verso, era del apocalipsis, ¿no? –recurrió a su último y débil recurso.

Ella se paró en la puerta, a punto de cerrarla... Tommy la miró casi implorando. Ella sonrió apenas un poco.

–¿El viernes próximo a las 19:30? –le volvió a insistir–. Lo pasaremos bien, te lo prometo, haré que lo pases tan bien, que querrás repetir eso cada mes. –Hizo otra pausa–. Elsa, yo...

Y se quedó en silencio de repente. Ella lo miró con gesto normal, y al verlo así tan cabizbajo de repente, abrió la puerta... e hizo el amago de tocarlo para consolarlo. Él levantó la vista. Ella tenía la puerta abierta y estaba mirándolo, fuera de su casa. Suspiró.

–¿Y qué pasará con A...? –carraspeó y se tragó su nombre. No le pareció correcto... pero no pudo evitarlo–. ¿Con tu novia?

El rostro de Tommy se tornó sombrío de repente. Obviamente, seguía sintiendo cosas por Anna Green, aunque supuestamente habían terminado su relación, nada estaba claro todavía. Ni sus sentimientos, y pensaba que tampoco los de Anna. Tardó unos segundos en respondes.

–Ya te dije que ella no vendrá.

Su tono fue duro, y bajó la cabeza, con claro gesto de dolor en su rostro. Fruncía el ceño.

Elsa le miró... aunque no entendiese del todo, ambos estaban muy raros... algo no andaba bien entre ellos. Estaría mal prestarse a eso, estaría mal en cierto modo "jugar" con Tommy, o más probablemente que Tommy jugase con ella... y pensaba en Anna. Volvió a meterse en su casa.

–No puedo, Tommy.

Y cerró la puerta.

El chico se quedó allí, parado, con la cabeza bajada y sin saber qué hacer. Pensaba tantas cosas... y al mismo tiempo no pensaba nada. Comenzó a caminar automática y lentamente, el crepúsculo se había pronunciado bastante, e incluso un rápido quejido del cielo le anunciaba que pronto iba a llover.

A medida que caminaba con las manos metidas en los bolsillos, ciertamente abatido, en su mente comenzaban a agolparse los pensamientos. El rompimiento con su novia, el rechazo de Elsa White. Todo aquello eran cosas sin sentido. Hasta hace poco, había pensado en proponerle a Anna formalidad, presentarla a sus padres, lo que era una formalización digamos... convencional. Y ahora, se había dado cuenta de que Anna no podía darle lo que él quería como persona humana, no entendía el motivo, pero no era tonto y sabía que así era, y justamente ahora que creía haber encontrado el escondite idóneo, adopta la misma actitud que su ex novia...

Ya no le dolía tanto llamar a Anna Green "ex novia". No sabía qué le había pasado, pero quizá él también había malinterpretado sus propios sentimientos, o quizá es que se encontraba en la posición "poderosa" por haber sido el que había "cortado" y se sentía con la libertad y el derecho de volver cuando quisiera. Y sabía que eso no podía ser tan fácil...

Sabía, también, que posiblemente estuviera actuando con despecho, y eso no le hiciera pensar con claridad. Siguió caminando. El camino a casa era algo extenso, pero de todas formas... ¿tenía algo mejor que hacer? Y debía hablar con Anna. Sí, debía decirle qué era o qué no era, no podían ignorarse ya para el resto de sus vidas, porque ante todo eran personas maduras, y... y amigos. Tommy Snell había pensado en Anna Green como su amiga...

Sonrió negando irónicamente, pero al mismo tiempo se sintió un tanto liberado. Ya lo había decidido... la llamaría y se lo aclararía todo. Hacía tiempo que no se sentía tan en paz consigo mismo, y no sabía a qué se debía ese estado.


Esta vez Anna Green soltó las llaves en la mesita de la entrada, y tras anunciar a su madre que había vuelto, soltó su bolso en la entrada. El olor a comida recién hecha le hicieron olvidar por un momento todo el cacao mental que se había formado en su mente magullada. Se acercó a la cocina. Saludó a su madre con un beso, y ésta le dijo que hoy había hecho verduras para comer. Ella adoraba las verduras... ¿Qué mejor que una buena comida para ahogar las penas? Pensó...

–La comida ya casi está lista, cariño.

Le había dicho con ternura su madre, y ella sonrió...

–Gracias, mamá. Me hará bien comerme ese rico plato... no te quepa duda. –Sonrió y guiñó el ojo. Su madre también lo hizo–. Voy a cambiarme y a darme una ligera ducha.

Corrió escaleras arriba, y escuchó de fondo la voz de su madre diciendo que no tardara. Entonces justo mientras subía las enormes escaleras, le sonó el móvil, y al sentir la vibración, se agarró el bolsillo para cogerlo; ante tal expectación se tropezó, y él móvil también se precipitó, porque lo tenía justo en sus manos. Frunció el ceño y lo cogió, nerviosa.

Miró la pantalla azul... donde el nombre de "Tom Snell" relucía.

Se le encogió el estómago... "Es Tommy... ¿qué hago?". Caminó lentamente con el ceño fruncido mirando el móvil sonar, había llegado a suelo firme, a la segunda planta donde daba al pasillo de las demás habitaciones. Y, sin pensarlo ya más, lo cogió sin más, y se lo puso en la oreja.

–¿Anna? –era la inconfundible voz de su ex novio.

Ella tragó saliva.

–Ya sabes que soy yo... –dijo tímida y lánguidamente.

Del otro lado, se oyó una leve sonrisa, pues el chico estaba sonriendo con un gesto seductor. Era propio de Tommy Snell.

–Sí, claro. –Sonrió, quedándose en silencio de repente.

A ella le ponía nerviosa el silencio, así que decidió romperlo.

–Y... ¿Me llamas por algo específico? –se comenzó a poner nerviosa, de nuevo. Pero eso no duraría demasiado.

–Sí, Anna. –Le dijo él bastante tranquilo...–. Sobre lo de anoche, verás...

Un nudo se le formó en su garganta. Tragó saliva de nuevo, y miró hacia los lados, inquieta.

–...Quería decirte que no te preocupes. Está olvidado. –Dijo con tono tranquilizador–. He estado... reflexionando, paseando esta tarde, y... me he dado cuenta de que tienes razón, de que es lo mejor, y... porque supongo que hemos roto, ¿no?

Esa pregunta le pilló de sorpresa, pero no se dejó achicar ante ella.

–Dímelo tú. –Su tono y su gesto eran serios. Ella lo sabía, e iba a decírselo, pero realmente tenía miedo y confusión, ella estaba demasiado acostumbrada a tenerlo a su lado, a contar su apoyo... Aunque muy en el fondo supiera que lo "usaba" como chaleco salvavidas emocional.

Se oyó un claro "uf" al otro lado del altavoz, y el chico se rascó la frente.

–No sé, Anna, la verdad es que esto es una parodia. Perdona que te lo diga así, pero es lo que siento, y...

–Lo sé. –Lo interrumpió con seriedad.

–¿Y entonces? –Tommy estaba tranquilo...

–Tommy. Yo te amo, pero entiendo que te mereces más.

Él entreabrió la boca... y puso gesto sorprendido.

–¿Has... dicho que me amas?

Sinceramente no se lo esperó... aunque Anna Green no estaba considerando esa palabra con claridad en ese instante. Ella se sentía confusa, demasiado confusa... como para aceptar todo aquello de golpe. La mirada de Elsa White la acosaba, y no era dueña de sus pensamientos, ni de sus palabras.

–¿Acaso te extraña oírlo? –Puso un gesto algo más tranquilo, y se apoyó en la pared del pasillo de la segunda planta. Suavizó el rostro.

Él vaciló su tono.

–Bueno, no es algo que suelas decir demasiado. –Sonrió.

–Pues es la verdad. –Su tono seguía siendo serio.

–Anna... –Él negó a través de la línea, sonriendo con ironía suavizada.

Ella pareció ver aquel gesto.

–Lo sé, Tommy. Lo siento. Me he excedido. Tienes toda la razón. Sí. Hemos cortado.

Su código morse casi sonó cómico, pero ella realmente estaba abriéndose a sí misma en ese momento... estaba entendiendo que algo en su interior estaba ganando, y que ya estaba comenzando a ver con claridad por qué estaba entiendo que nunca amaría a Tommy. El chcio tardó segundos en reaccionar. Se pasó la mano por la cara.

–... Creo que es lo mejor.

Él también se encontraba apoyado en la pared de su habitación, pero estaba tranquilo, aunque cortar una relación de cinco meses no era nada fácil. Cortarla definitivamente... porque de eso no quería retractarse. Sabía que no tenía ningún sentido.

–Por supuesto...

Ella sintió un escalofrío que le oprimió el pecho, aquello no estaba siendo fácil, pero sabía que tenía que dejar ir todo aquello. Tommy le daba amor, todo el amor amistoso que ella aceptaba, pero sabía que eso no era ni mucho menos un motivo como para tener una "relación" con alguien, y que no debía ser egoísta ni manipuladora, atando al joven a ella, sabiendo que cuando alguien más... alguien como...

Se oyó una voz de mujer a través de la línea de Tommy.

–Me llaman para cenar, Anna... ya nos veremos por el insti, y oye... me alegro de que esto haya acabado bien.

Colgó.

Anna se quedó con el teléfono en la oreja por unos instantes, y lo bajó lentamente...

Procesaba toda la información de la manera más eficaz que podía, aunque no fuera nada fácil hacerlo. Sabía que Tommy era un amigo, un gran amigo, que le daba protección, seguridad, compañía... pero sabía que eso no era suficiente para retenerlo, obligándose a sentir algo que no sentía. Debía sobreponerse a su egoísmo, a su egocentrismo, y dejarle ser feliz realmente con una chica que lo amara de verdad, alguien como...

Golpeó la pared con el puño de lateral, estando de espaldas como estaba. No podía pensar aquello. Se inquirió a sí misma. "¿Por qué demonios me molesta tanto pensar en Elsa y Tommy juntos? ¿Es que me he vuelto estúpida de repente?".

Volvió a golpear la pared, y la voz de su madre interrumpió su rabia por unos instantes. "¡Anna, a cenar!", fueron las palabras que oyó. Ella abrió la puerta de su habitación con el móvil aún en la mano, y se adentró en ella, obviando incluso a su benévola madre. No tenía ganas de cenar, pero sabía que tenía que hacerlo. Necesitaba pensar en comida, no en...

Se cambió rápidamente. Tiró la ropa conforme se la quitaba, así que su rosa y moderna habitación acristalada, con una cama redonda en el centro (y los cristales rodeando la cama, al menos cuatro) se quedó toda desordenada. Pero le daba exactamente igual. En ese momento tan solo quería comer, ducharse y después dormirse.

Sabía que la noche de nuevo iba a ser larga, y se estaba planteando cosas que prefería no pensar... pero que no podría evadirlas por mucho tiempo. La mirada azul e hipnótica de Elsa White le había calado hasta el fondo, y de estar ordenada y protegida, pasó a estar desordenada, desprotegida, y sola. Era una de las pocas veces que se había sentido así, y eso la ponía de mal humor.

"Don't say it". Pensó de repente. Y de nuevo la mirada azul de Elsa White se hizo ama de sus pensamientos.