Chapter 8: You'll Be Mine...
Eran exactamente las 8:00 de la mañana cuando Helen White abrió la puerta de la alacena bajo las escaleras. No le había temblado el pulso, ni tampoco le había alterado el sueño haber dejado toda la noche a su única hija durmiendo en el rocoso suelo, y además lo había hecho durante diez horas. No una, ni dos... sino diez horas. La miró, todavía dormida.
Helen solía guardar la llave de aquella puerta en un lugar bastante seguro: su cuello. Se colgaba la llave en una cadena de oro. Ciertamente Elsa no era una chica violenta en ese extremo, ni tampoco iba a intentar robarle la llave mientras durmiese o algo similar...
Pero Helen no confiaba en nadie. Si ella conseguía copia de la llave, entonces sus castigos serían totalmente inútiles, puesto que se escaparía en cuanto se descuidase. Es por eso que solo podía estar segura teniendo siempre la llave a buen recaudo. Ahora la estaba mirando, y estaba pensando cómo en posición fetal, su pecadora hija dormía, con claros indicios de que lo hacía profundamente. Se agachó para contemplarla mejor. Su mirada perdida y sin brillo pareció adquirir un poco más de vida en ese momento en el que acercó su mano para tocarle el hombro, muy levemente. Ya era hora de levantarse, pero no quiso de igual modo aplicar demasiada fuerza.
Elsa se remoloneó y se dio la vuelta, pero ya no pudo evitar despertarse, y lo hizo con cierta violencia. Se incorporó inmediatamente, como alarmada, como si de repente se hubiera dado cuenta de que no era posible que algo la hubiera tocado si estaba completamente sola en ese horrendo lugar. Pero se encontró con la mirada de su madre... y después le chistó.
–Quédate tranquila. Shh... –Le dijo mientras le acariciaba la cara.
Elsa se estuvo quieta y sonrió apenas un poco, la verdad era que su madre tenía pocas muestras de cariño hacia su persona.
–¿Has hecho tus rezos? –le preguntó de repente Mrs. White.
Por supuesto que no había rezado. Su madre podía esperar de ella de todo, menos eso... porque rezar, consideraba, era cuando tenías una necesidad muy grande, o cuando querías ser perdonado por algo malo que habías hecho... y ella no consideraba como suya ninguna de las dos cuestiones. Se sentía en paz consigo misma. Había aceptado sus sentimientos. Y tampoco creía demasiado en el Dios del que le hablaba su madre. No creía que existiera un Dios que supuestamente te da libre albedrío, pero que después te condena por tus errores. Tampoco creía que un Dios bondadoso impusiera tantas reglas (como las que había leído en la biblia) que manejaban tu comportamiento y te impedían actuar con libertad. Pero obviamente eso no podía decírselo...
Y, dejándose acariciar todavía, le mintió, con una sonrisita inocente.
–Sí, mamá.
Su madre seguía deslizando su mano sobre su rostro, cariñosamente.
–¿Y volverás a cometer el mismo error? –Su voz seguía tan ronca como siempre, pero se le notaba más femenina y al mismo tiempo apagada.
–No, mamá. –Elsa negó con la cabeza.
–Esa es mi niña. –Dijo su madre dándole un beso en la frente, y levantándose.
Elsa se incorporó también, y a los pocos segundos de hacerlo, sintió que le dolía todo el cuerpo. La espalda, el cuello, las piernas... pero ante todo la espalda. Se estiró y sus huesos le crujieron. Hizo una mueca de leve dolor.
"Demasiado tiempo tirada en el suelo..." pensó para sí misma, y posteriormente salió de la alacena. De una penumbra a otra... aunque por las mañanas penetrase un poco más el sol en su casa. Agradecía que eso fuera así. Las cortinas eran de un velo semi transparente, por suerte no eran de tela opaca. No quería olvidarse de cómo era la luz del sol...
Lunes. Al fin Lunes. Eso había pensado Anna Green, que se levantó con bastante optimismo esa mañana. ¿Es algo lógico en un Lunes? cuando todo vuelve a la rutina, y encima a la rutina final, que es la peor de todas... pues quedaba poco tiempo para que se festejara el baile de graduación, y eso conllevaba por ende el final del curso, y con esa cuestión, los temidos pero al mismo tiempo sanadores exámenes finales... donde quedabas exento de todo, o de nada.
Ella, por supuesto, sabía que su suerte estaba echada, y era una de las mejores alumnas de Preston, así que dudaba que le hubiera quedado alguna. Se levantó de la cama y se fue directa al baño, casi corriendo... ¿cuál era el motivo de su alegría, o de su optimismo, o de su elocuencia? Posiblemente ella ya lo sabía...
Se miró al espejo, y vio como su arañazo en la barbilla ya le había cicatrizado del todo. Se le notaba bastante, pero pensó que eso era hermoso, porque tenía un "punto de unión" con Elsa White. Y ella sabía que esa mirada... sabía que...
"Oh, vamos, Anna... parece que es la primera vez que haces esto".
Sonrió para sus adentros, se lavó la cara y los dientes, se peinó dejando su pelo suelto, con su flequillo corto hacia el lado, perfectamente caído sobre su frente. Se vistió. Su atuendo se componía de una camisa roja de seda, y un pantalón corto negro, con algunos destellos grises. Se puso unos pequeños tacones negros, y además añadió a sus uñas un rojo oscuro. También añadió una diadema del mismo color que la camisa a su cabello. Se maquilló levemente los ojos, sombreándolos un poco, aplicando máscara de volumen. Quería que sus ojos relucieran aun más esa vez, como si eso fuera posible. Sus ojos ya de por sí nunca podían relucir más de lo que ya lo hacían. Ese verdoso azulado era todo lo que más destacaba de su cara, o al menos lo que más te hipnotizaba. Su figura era sencillamente perfecta. Anna Green se cuidaba muy bien... y eso se le hacía notar, pues esa camisa se le ajustaba perfectamente al cuerpo; a su pecho y a su abdomen. Sabía que ella estaba radiante esa mañana... y sabia que no podía pasar desapercibida.
Desayunó, poco tiempo después. Su madre también se encontraba dispuesta para ir al trabajo, ella era médico en un hospital cerca de Belmont. Ambas se encontraron en la cocina, y entonces Anna se acercó a ella y la saludó con una efusividad que no era común en su hija. Le dio un abrazo y un beso apretado. Su madre se extrañó al instante y enseguida le preguntó, cuando se sentaron en la mesa.
–Anna, cariño, ¿te encuentras bien? –Frunció el ceño la Sra. Green.
Ella soltó una risita encantadora.
–Sí. ¿Por qué lo dices? –Su mirada era pícara.
Su madre gesticuló en modo duda.
–Mmm... pues no sé, normalmente no sueles ser tan... eh... bueno, tú ya me entiendes. –Sonrió.
Su hija chasqueó levemente la lengua, y su tono adquirió ciertos aires de cerebrito. Aunque en realidad lo era.
–Ciertamente no, querida madre. El cielo está despejado, yo estoy despejada –la miró de medio lado– todo está despejado, hace sol... ¿cuál es el problema?
Dio un mordisco a su tostada.
Su madre la miró más extrañada aún, y algo boquiabierta. Ciertamente aquél comportamiento no era normal en su hija... no era habitual, mejor dicho. Pero decidió inclinarse porque era bueno que su hija estuviera contenta, y que el motivo de su felicidad no era asunto suyo, si ella no se decidía a contárselo... así que le sonrió.
–¿Sabes qué? Tienes razón, hija. –Le rozó la punta de la nariz, juguetonamente–. Siempre es bueno levantarse con optimismo, te ayuda a afrontar mejor el día a día.
Sonrió de nuevo, y después tras unos segundos miró el reloj.
–¡Mierda! ¡No llego! –Exclamó.
Se apresuró a comerse el resto de la tostada y beberse el café a toda máquina, ante la mirada divertida de su hija, pues no era común oír a su correcta madre decir tacos. Pero esa mañana todo le parecía divertido y optimista...
Ella también salió hacia su coche, pocos minutos después. Se acercaba el momento de ir a Preston, y eso la ponía... ¿feliz? pues deseaba volver allí.
Michael Grady, su chófer, ya la esperaba con la puerta abierta de su amplio coche negro. Ella lo saludó de buenas maneras, pues mantenía una buen relación con Grady, y eso se amplió muchísimo más debido a su estado de ánimo esa mañana.
Durante todo el trayecto se fue imaginando cosas... contemplando el paisaje por el cristal. Bajó la vista varias veces, y cerró los ojos. Aún era pronto para imaginar... pero no podía evitarlo. Ella... simplemente aún no podía creérselo. Pero era cierto... y no podía negar que todavía en ciertos aspectos la asustaba un poco.
La clase de arte había comenzado a primera hora de la mañana. Los alumnos ya se habían amontonado en sus asientos, unos al lado de otros, y charlaban de cosas intrascendentes para matar el tiempo hasta que la profesora apareciera para imponer orden.
Elsa se encontraba en la última fila como siempre, leyendo un libro. Su postura era rígida, y esta vez se había tomado parte de su cabello suelto hacia el lado...y como era abundante, incluso por la parte de arriba, le daba un aire como de chica misteriosa y casi inalcanzable. Llevaba de nuevo esa camiseta azul a tonos blancos. Su pantalón era el más corto que podía permitirse, de tela vaquera. Llevaba unas sandalias de dos tiras que servían para simplemente meter el pie dentro de ellas. Normalmente le gustaba llevar zapatos más recogidos, pero el calor ya no lo permitía tanto. Su piel era hermosa; fina y blanca pura. Porcelana.
No apartaba la mirada del libro, ni aún cuando Anna Green también entró en la clase, y enseguida buscó con la mirada a Elsa White, y al poco tiempo la divisó. Ya era fácil hacerlo, puesto que su sitio "adoptado" no dejaba margen de error ni de duda.
"¡Ah, allí está!"
Exclamó Anna sin poderlo evitar, y la miró, la miró fijamente, y como si le estuviera transmitiendo su energía o diciéndole mentalmente a ella que la mirase también, Elsa White así lo hizo.
El tiempo se volvió a parar. Elsa seguía sosteniendo su libro a la altura de sus hombros aproximadamente, pero ahora sus ojos solo se concentraban en Anna Green. La noche anterior había aceptado por fin que la amaba, pero sin embargo no estaba dispuesta a dejar que eso se le notase demasiado. Bajó la vista... como si tal cosa. Volvió a su libro.
Anna Green frunció el ceño al ver aquello. ¿Será posible? Se sentía desafiada, de repente.
"¿Por qué ha actuado como si... como si hubiera mirado... a alguien normal?"
Pensó, y se sintió indignada, su diosa interior se estaba descojonando de ella en ese momento. La mandó a callar, desahogando su rabia frotándole la cabeza con los nudillos.
Ella no era para Elsa White una chica normal. ¿O sí? No, no podía ser, esas miradas... esas conexiones; ¿Qué pasaba con esas conexiones que ella había sentido? No podían ser así sin más... No. Algo no encajaba. Tenía que aclararlo, tenía que hacerlo de la forma más disimuladamente posible... o no. Estaba un poco enfadada en ese momento. Pensó en acercarse... pero a medida que iba caminando y que la iba viendo más de cerca, no pudo evitar sentirse de repente inferior, sentirse un poco insegura. Contrajo su rostro... y lo puso serio, casi neutral... debía ir un poco más despacio. "Cálmate, Anna Green..." se repetía en su cabeza.
Se sentó justo delante de ella, en el pupitre de enfrente. Elsa alzó la vista al notar ruido y en cuanto vi una cabellera pelirroja que conocía bastante bien justo delante de ella, sintió que todo su cuerpo dejó de funcionar. Tragó saliva.
"¿Qué demonios está haciendo ahí?"
Pensó... y su corazón ya le bombeaba desvocadamente y sin control alguno en su pecho. Tenía un hipódromo ahí dentro.
"Maldita sea. Anna Green, no me hagas esto. No sabes... no entiendes ni entenderás nada..."
Desvió su mirada y se revolvió incómoda en su asiento. Sonó un poco, y entonces Anna giró su cabeza... y de nuevo se miraron.
La mirada de Green era seria, y al mismo tiempo sugerente. Demasiado sugerente. Le estaba mandando una intensidad increíble, siendo su mirada neutral, pero aún así si la observabas bien, sabías que estaba demasiado lejos de ser solo eso.
La mirada de Elsa era todo lo contrario, era más asustada que otra cosa. Anna la sacaba de su autocontrol... ¿y por qué la miraba tanto de repente? ¿Por qué se acercaba a ella? No quería pensar que era por Tommy Snell... ella no tenía nada con él, y además tampoco era su intención.
Sintió cómo todo su ser se partió en mil pedazos por un momento, al pensar que esa mirada pudiera estar dirigida a ella con ese reproche... pero no pudo evitar perderse. La miró... la miró queriendo decirle tantas cosas... demasiadas cosas.
Y, justo cuando ya estaban entrando casi en otra dimensión, sobre todo Elsa que casi estaba hipnotizada (pero al mismo tiempo se sentía un poco culpable) Anna Green le devolvió la jugada y desvió la vista, girando la cabeza.
Elsa bajó su mirada en cuanto se hubo roto el contacto visual, pero pudo jurar que ella había sonreído al hacerlo. Se sentía culpable... y no era capaz de pensar con claridad. Posiblemente ella estuviera enamorada realmente de Tommy, y eso...
"¡NO! No pienses en eso... ella te miraba a ti, solo a ti... ¿no? Ninguna novia despechada miraría o sonreiría en cierto modo a la chica que piensa que es la responsable directa de que su relación no cuajase".
Ya no volvió a coger su libro. Toda la clase se la pasó mirando a Anna furtivamente de espaldas, pero ésta no giró su cabeza ni una sola vez más. En cierto modo lo entendía... o quería entenderlo, al menos. Pero realmente se sentía abatida e intimidada en cierto modo por ella... e inferior. Muy inferior a Anna Green.
Elsa se había encontrado a Tommy en el receso. Ella estaba leyendo como acostumbraba a hacer, sentada en una de las últimas filas de la biblioteca, pero él se le acercó con efusividad tras visualizarla y la codeó un poco incluso, comentándole lo del sábado, y la invitó a salir al patio con él...
Y casi la arrastró, no pudo negarse... aunque lo intentó, la levantó de la silla bromeando ante su resistencia, y entonces ella finalmente cedió, tímidamente y aguantando la sonrisa. Tommy era demasiado gentil... pero en el fondo, debía admitir que era el primer chico que la trataba como deberían tratarla los demás.
Así que ahora estaba allí en el patio. Por primera vez en todos sus años en Preston. ¿Cómo podía ser eso posible? Pues ciertamente lo era. Observó el cielo azul... despejado y soleado. Sintió el aire fresco en la cara... y escuchó el murmullo de los demás alumnos. Se sentía viva, por un momento... y Tommy la pilló sonriendo con los ojos cerrados. Le pareció curioso...
–Hey, te veo muy bien... –Le sonrió el amable caballero moderno, y se giró hacia ella, apoyándose en la barandilla.
Elsa enseguida abrió sus ojos, y lo miró tras sonreír encantadoramente, pero tiernamente. Concienciadamente... pues se estaba sintiendo liberada... ¿feliz, tal vez? sentía que eso era lo más cerca a esa palabra que había sentido nunca. Y era justo en ese momento.
–Gracias, Tommy. Por... traerme. –Dijo con cierta timidez, pero sinceramente.
Snell sonrió de medio lado... y levantando la ceja, una vez más.
–Mejor agradéceme cuando te lleve al baile.
Sonrió ampliamente, realmente con aires de seductor...
Ella también sonrió, habiéndose girado también del mismo modo que él, apoyando su codo en la barandilla, justo como él... por primera vez se sentía suelta, libre... sin temor, se sentía en cierto modo protegida. Ahora estaban frente a frente.
Tommy la miraba con detenimiento, mientras el tiempo parecía detenerse o hacerse más lento, y sonreía levemente con timidez, sin saber qué hacer a continuación... pero sacó ideas improvisadas de su pozo de la creatividad.
–Hey, parece que las heridas te persiguen, ¿no? –Sonrió divertido y le señaló con el dedo desde lejos a su labio, que poseía una herida como las que son provocadas por la fiebre–. Ya van dos veces, en un tiempo récord, que te veo cosas "raras" en el rostro...
Y rió.
Ella lo miró con ternura, entreabriendo levemente su boca. En ese momento no le importaban las circunstancias por las cuales se hizo esa herida, porque en ese momento sentía que algo la protegía de todo mal... de todo pensamiento negativo, de cualquier cosa que quisiera hacerle daño...
Así que solo se limitó a sonreírle y a decirle "eso parece" con una sonrisita juguetona en su rostro.
Realmente era hermosa cuando sonreía de ese modo... y eso Tommy lo estaba entendiendo demasiado bien. No podía evitar ponerse algo serio de repente, presa de sus propios pensamientos concienciándose de lo que realmente estaba pasando dentro de él. Nunca hubiera pensado que ella fuera así... pero lo era. Lo era y ahora él la tenía a tiro para poder conseguir algo decente con aquella hermosa chica rubia... y la observaba con una leve sonrisa mientras ella le hablaba. Frente a frente... como dos tortolitos que recién comienzan.
Eso había pensado seguramente Anna Green... que llevaba observándolos hacía algunos minutos, desde que salió de la cafetería y se dirigía hacia el patio central. Aún estaba caminando, cuando los divisó a lo lejos, a Elsa ante todo, y a su sonriente ex novio, justo de cara a ella, pues Elsa daba de espaldas, al encontrarse frente a él...
Sintió como su rostro se le neutralizaba de un modo sobrehumano. Y apenas sostenía con demasiada fuerza su refresco. Se estaba acercando demasiado a ellos, en realidad a la escalera que daba hacia el campo de fútbol del patio, y había comenzado apenas a bajarla, justo cuando escuchó la voz de Tommy Snell llamarla a lo lejos.
–¡EH, ANNA! ¡EH! ¡AQUÍ! –Gritó, alzando la mano, y haciéndole ademanes para que se acercase.
Ella giró su cabeza y lo primero que hizo inevitablemente fue mirar a Elsa. La miró con cierto dolor en sus ojos, un dolor despechado. Pero Elsa al verle esa mirada enseguida desvió su vista, tan solo entreabrió su boca con algo de lo que parecía ser abatimiento en su rostro, pero con su postura firme bien marcada, de hecho demasiado marcada. Se gastaba unos aires que no solía gastarse... y sus ojos estaban más brillantes y enormes que nunca. Sentía que ahora la estaba viendo de otro modo, quizá como realmente era...
Anna también desvió su mirada, tras observar la ausente de Elsa, que tan solo se la sostuvo por apenas dos segundos (y ya es mucho decir) y después había parpadeado... para desviarla. Así que agarró con fuerza su refresco y sin poder evitar su molestia, se encaminó hacia ellos.
Elsa contuvo la respiración y disimuló que tragó saliva tosiendo y poniendo la mano en puño sobre su boca. Después aclaro su garganta y seguía mirando hacia algún punto desconocido de enfrente, como hasta hace unos segundos. ¿Y ahora por qué no la miraba? Supuestamente debería ser ELLA la que estuviera molesta, no al revés...
Anna la estaba mirando no obstante, pero molesta ante su aparente comportamiento de que la estaba ignorando fríamente, dirigió su mirada hacia Tommy. Estaban los tres muy cerca, pero Anna se puso enfrente de Elsa, que se encontraba ligeramente ladeada hacia la izquierda, pero igualmente de frente...
–Hey, ¿qué tal? Hacía bastante tiempo que no hablábamos... –comenzó Tommy, con su típica sonrisa de ceja levantada.
Anna tardó unos segundos en responder, puesto que seguía mirando con cierta molestia a Elsa, que a veces volvía a tragar saliva aún sin alterar su gesto, y parpadeaba ligeramente, notándose su nerviosismo, que Anna no interpretó de la forma correcta. Aún mirándola al pronunciar sus primeras palabras, Anna le respondió:
–Pues bien, aunque supongo que no tanto como otras personas. –Dijo con ironía. Desvió su mirada hacia Tommy.
El chico se extrañó y frunció el ceño con ironía también, e inentendimiento en su rostro.
–¿Mejor que otras personas? ¿Por qué lo dices? –su tono era intrigado.
De nuevo miraba a Elsa con despecho.
–Nada... –su tono también era despechado.
El ambiente comenzaba a ser un poco incómodo... se respiraba cierta tensión.
Tommy miró entonces de cerca a Anna... y por supuesto no le pasó desapercibido su arañazo en la barbilla, el cual a plena luz del día se le notaba bastante.
–¡Vaya! ¿Tú también? –Exclamó un poco sorprendido. Anna lo miró de repente, pues se distraía de nuevo hacia Elsa, sin poderlo evitar... y puso gesto intrigado hacia Tommy, como pidiéndole explicación. El chico entendió–. Que también tienes una especie de herida, justamente le estaba comentando a Elsa el pasado sábado cuando salimos que tenía la mejilla izquierda hinchada.
Se sorprendió. ¿Había dicho "el sábado cuando salimos"? ¿Salir dónde? ¿Y por qué demonios ella no se enteró de nada?
Se revolvió molesta. Se tocó la cara inquieta. Se tragó su refresco casi de un tirón. Elsa ahora parpadeaba más pronunciadamente. Pero todavía no apartaba su vista del mismo sitio perdido, como si realmente no estuviera ahí con ellos.
Por supuesto Anna no se iba a quedar con la intriga de preguntar.
–¿El sábado cuando salisteis?
–Sí, este sábado pasado, en realidad...
Ella levantó un poco su labio, y casi asintió con la cabeza con ironía. Realmente aquello le parecía totalmente un despropósito planeado a sus espaldas para reírse de ella en su cara. Se sentía ofendida, muy ofendida.
–Ah, bien, que bien. "Veo que Elsa no pierde su tiempo, finalmente". Pensó... y realmente la molestia irónica se le notaba por doquier.
Tommy vio que Anna no tenía un buen día, así que se dirigió a Elsa, que todavía no había articulado palabra alguna.
–¿Aún no sabes con qué te hiciste lo de la mejilla? –preguntó por preguntar.
Ella abrió la boca un poco antes de hablar, y tras unos segundos lo hizo, con su postura de nuevo algo más volcada hacia Tommy, dándole casi el perfil a Anna.
–Supongo que me habré caído o algo así... o quizá durmiendo contra el pico de la mesilla de noche. La tengo a la altura de la cara...
Su voz era apaciguada pero al mismo tiempo inquieta.
¿Cómo demonios podía mentir de ese modo? No era algo para ocultarlo, ¿no? ¿Por qué lo hacía? Pensaba Anna, que en ese momento no entendía por qué Elsa estaba actuando de aquella manera. Algo se apoderó de ella y no pudo evitarlo. Odiaba las mentiras, aunque en realidad lo que odiaba en ese momento era lo que parecía ser la frialdad y el despotismo de Elsa sin motivo alguno.
–No mientas. –Le dijo con dureza, dirigiendo su mirada hacia ella–. Sabes perfectamente cómo te lo hiciste.
Tommy las miró bastante intrigado y con el ceño fruncido. Aquellas dos se estaban comportando de un modo ciertamente demasiado extraño. Una alarma interior le estaba saltando y no podía apagarla.
–Espera... ¿Qué está pasando aquí? –Frunció su ceño al mismo tiempo que levantó levemente las manos hasta la altura de la cintura, acompañando al gesto–. ¿Por qué dices que lo sabe?
Elsa iba a intervenir, incluso se movió, pero Anna la interrumpió con aires de mandona.
–Se lo hizo en un choque fortuito conmigo. Ya está. –Se quedó tranquila de repente. Miró a Elsa–. Es algo normal, ¿no? No pasó nada, es lo más normal del mundo, ¿no te parece? cosas que pasan en una clase de gimnasia.
Elsa la miró al fin ahora fijamente, frunciendo levemente el ceño, ahora la que estaba un poco despechada era ella...
–Supongo, pero aquello no fue por mi culpa, y no me pareció...
–Ah, ¿insinúas que fue por la mía? –la interrumpió Anna. Entreabrió un poco su boca en modo sorpresa e incredulidad.
Tommy pasó a ser segundo plano completamente. En ese momento solo estaban ellas dos. Parecía no importarles nada...
–No, yo no... –comenzó a decir Elsa tranquilamente, pero después endureció su gesto y quitó sus manos de la barandilla, poniéndose un poco erguida frente a Anna Green. Como cuando le plantas cara con decisión a un matón–. O bueno, sí.
Anna abrió su boca con asombro y sonrió de forma irónica e incrédula. La encaró con decisión y volcó todo su despecho en ella. Esta vez no iba a callarse nada de lo que sentía.
... O casi nada...
–¿Perdona? –cómicamente movió su brazo hacia el lado, como una negra del Bronx. Pero después se puso los brazos en jarra y la miró frunciendo el ceño.– ¿Te he de recordar que estabas ahí ausente en pleno partido, como un pasmarote, y que me tuve que ver en la obligación de intervenir por ti, y que por eso nos chocamos? Chica, leyes de la inercia; Además, maldita la falta que me hace. ¡Mira! –Se señaló el arañazo que le ocupaba casi toda la parte izquierda de la barbilla–. ¿Sabes lo incómodo que es esto? Si fuera al baile, no se quitaría ni con tres kilos de maquillaje.
Se cruzó de brazos, y giró su cabeza indignada... Elsa no sabía que Anna Green fuese tan pija. Ahogó una risa en su interior.
Entonces la miró con cierta diversión en sus ojos, por un momento... y dio un paso adelante. Se quedó un poco más cerca de ella. La miró, clavando sus enormes y profundos ojos azules en los suyos.
–¿Y quién te impide ir al baile?
Anna, al notarla tan cerca, o más cerca que antes, entreabrió la boca y por un momento se dejó atrapar por su mirada, con su gesto de rendición deseosa y desesperada... estaba sintiendo su aroma... su esencia. La desalmaba. Se comenzaba a descruzar de brazos lentamente, como prueba evidente de su rendición interior.
Después lentamente cuando volvió en sí, se volvió a cruzar de brazos y volvió a fruncir el ceño.
–Eso no es asunto tuyo. –Su tono había bajado considerablemente, ahora era como más roto, más rendido, aunque firme. Miró hacia otro lado, bajando un poco la cabeza.
Elsa se sintió victoriosa por esa vez y sonrió sin poderlo evitar, ocultando los dientes. Fue entonces cuando Tom intervino.
–Realmente no sabía... que os llevaseis tan mal.
Parpadeó naturalmente, no se espetaba haber presenciado aquella escenita en ese momento. Estaba sorprendido. ¿Pero no era que estas dos ni siquiera se hablaban, o apenas se conocían?
Anna seguía cruzada de brazos, con el ceño fruncido y dándoles completamente el perfil, mientras que Elsa la miraba y sonreía victoriosa aún... y no era para menos: si había conseguido bajarle los humos a Anna Green, eso sin duda tenía que ser por algo. Eso le brindó seguridad, así que continuó provocando en cierto modo a Anna...
–Muy bien, dice que no es asunto mío... sin embargo, no sabía que tuvieras pensado no ir al baile. –Miró a ambos–. Ahora que estamos los tres aquí, y aunque quizá esté siendo un acto incorrecto de mi parte, quiero saber por qué me invitaste a mí, Tommy, en lugar de... bueno, ya sabes, no hace falta decir más.
Su tono fue decidido... el más decidido que había emanado en toda su vida.
Se hizo un leve silencio. Tommy se agarraba la cabeza un poco incómodo, sin saber qué decir, porque sabía o creía saber que no le iba a agradar a Anna que dijera los verdaderos motivos.
Fue Anna la que levantó su vista, se descruzó de brazos y le devolvió a Elsa el gesto de acercarse un poquito de más a ella. La miró con dureza y seriedad.
Elsa no pudo evitar tragar de nuevo saliva, aunque trataba de mantener sus aires de chica fuerte inalterable, no lo conseguía, pese a que tenía su cabeza bien alta. Literalmente.
–Tommy tiene derecho de invitar a quien quiera. En ese momento él y yo ya no estábamos saliendo. Tenia todo del derecho del mundo de elegir a quién más invitar, aparte de mí.
Su tono fue certero... profundo, decidido. Casi de película. Su ceño seguía fruncido, y su despecho presente, pero más la ofensa derrotada, era lo que emanaban sus ojos...
Elsa tardó unos segundos en reaccionar.
–E-eso no responde a mi pregunta inicial. –Dijo con un tono firme, aunque tambaleado, y con su cabeza algo altiva, frente a Anna Green. Pocos centímetros las separaban.
Anna la miró en silencio por unos instantes. Su mirada seguía firme, entre neutral y seria, aunque predominaba lo serio.
Tommy las observaba, realmente había demasiada tensión entre ellas dos, y no entendía por qué.
–Chicas, ya, parad. –Dijo metiéndose un poco en medio. Realmente parecía que se iban a "matar" con la mirada, y las separó un poco–. No tiene importancia, yo invité a Elsa porque me pareció agradable, y tal y como dice Anna... –la miró un tanto serio, a sabiendas de que estaban mintiendo–. Ya no estábamos saliendo.
Los tres se quedaron en silencio. Anna seguía mirando del mismo modo a Elsa, pero ella no se prestó a mirarla de ese modo. Pues era ahora ella quien se sentía derrotada. Derrotada por una derrotada... qué curioso concepto acaeció en ese momento.
La campana sonó y caminaron hacia las clases en silencio... Anna se adelantó y los dejó atrás, mientras que Elsa después de mirarla alejarse con aires de enfadada, se despidió de Tommy, y se alejó del mismo modo... evitando encontrársela.
Las tres clases restantes tras el receso fueron muy similares. Anna se había vuelto a poner en la primera fila. Elsa había estado pensando, al verla ahí de nuevo, tras que en la primera hora se puso justo delante de ella... ¿Por qué el cambio? Vale, habían discutido... ¿pero no se supone que ella estaba enfadada con ella por otros motivos? Creía que era por Tommy, más sin embargo, según el comportamiento que había podido observar en ella, su enfado parecía ser directamente dirigido a su persona. A su persona, sin más. Sin Tommy's de por medio...
Se puso la mano en la barbilla para pensar mejor, y frunció el ceño. ¿Era eso posible? ¿Estaría Anna enfadada con ella directamente? Y si era así... ¿Por qué motivo? Si no era por Tommy... ¿Qué la podría haber enfadado? Porque habían discutido acaloradamente, con tan solo haber cruzado dos o tres palabras anteriores a esa vez...
En teoría no debería de haber tanta conexión entre ellas. Puesto que no habían hablado demasiado, y apenas se conocían. Más, sin embargo... parecía que sí la había. Siguió pensando...
¿Cuáles eran los motivos? Por qué había esa conexión entre ellas dos... por qué sentía como si tuvieran derechos ambas sobre la otra para discutir de ese modo, como si fueran...
Sonrió levemente. "Tortolitas. Qué tontería..." pensó Elsa para sus adentros, y posteriormente miró hacia la dirección de Anna. La vio de espaldas... Ese rojo pasión le quedaba demasiado bien...
Sintió un escalofrío acompañado de una leve contracción en el bajo vientre. Se sonrojó...
"Dios mío Elsa... ¿Qué demonios se te está pasando por la cabeza? ... Pero es que está... ay Dios"
Pensaba mientras bajaba su cabeza y trataba de despejar su mente. Ella no era de esas chicas, pero sentía que Anna sacaba tanto lo mejor como lo peor de ella. Es que Anna era tan perfecta... y ahora había demostrado ser una chica muy cuidadosa, obviamente preocupada por su aspecto, y le encantó realmente haberla visto así, de ese modo, indignada y reclamándole que por su culpa se había hecho aquel "horrible" (como ella lo había definido) arañazo...
La verdad era que Elsa sentía que se estaba dejando atrapar demasiado... y tenía que evitarlo. Debía cuidarse de ese sentimiento que posiblemente podría destruirla. Demasiada vulnerabilidad... como para ser sano. Eso estaba pensando.
Bajó su cabeza y continuó haciendo su tarea.
Anna, por su parte, no había levantado la vista del cuaderno en toda la clase. Se sentía demasiado mal como para hacerlo. No quería que su mente enfurecida la traicionara y la hiciera mirar hacia detrás (donde tenía a Elsa) o hacia el lado izquierdo, a unos metros (donde tenía a Tommy)
Sentía que en cierto modo los "odiaba" a los dos. En ese momento así lo había pensado... ¡Estaban saliendo a sus espaldas! eso era algo imperdonable, sin duda alguna... y se sentía despechada con Elsa, porque ella había dicho tantas cosas con su mirada, y ahora resultaba que al final ella misma iba a tener razón, y le gustaba Tommy.
"Maldita sea..." pensaba interiormente, y golpeaba sin poderlo evitar y camufladamente la mesa... "Ellos saliendo a mis espaldas, y yo... y yo..." Suspiró interiormente y parcialmente también exteriormente. Había pensado sin quererlo, "Y yo enamorada de ella", pero le dolía considerarlo conscientemente. ¿De qué le servía, pues? Sabía ahora que ella no era como esperó, que sus miradas no fueron lo que había pensado... que las había malinterpretado, que se había prendado de una chica, de una esencia, de un todo que nunca sería suyo...
Una honda punzada invadió todo su pecho. En el fondo no quería pensar eso... en el fondo quería confiar en su corazón por una vez en su vida, quería pensar que ella había interpretado correctamente las vibraciones que le transmitían esa mirada... Quería pensar que eso era inequívoco, que había sido demasiado potente como para ser algo autosugestionado por ella misma, pero sin embargo sus dos partes interiores estaban enfrentadas: una parte de ella pensaba una cosa, y la otra parte, pensaba todo lo contrario. Había pasado de estar supuestamente tranquila, a estar de repente en ese lío interior del cual no sabía cómo iba a salir.
Trató realmente de pasar el resto de la clase en paz... pero antes de que se diera cuenta, la estridente sirena había sonado. Cerró los ojos brevemente antes de levantarse, y se sintió el cuerpo pesado. Aunque más se sintió su alma pesada.
De forma imprevista en realidad, mientras estaba recogiendo sus cosas porque ya era la hora de marcharse, sintió una mano en su hombro. Enseguida se dio la vuelta para ver de quién se trataba.
Tommy la miraba con sonrisa gentil.
–¿Estás bien? –le dijo amablemente, con voz calmada, y metió las dos manos en sus bolsillos.
La joven pelirroja lo miró por unos segundos antes de reaccionar, pero no tardó demasiado en hacerlo, en cuanto hubo salido de su leve asombro, y entonces asintió levemente con su cabeza. Cerró la cremallera de su mochila.
Tommy sonrió del mismo modo. Sinceramente se le notaba extraño.
Pero obviamente ella no estaba bien... estaba deseando preguntarle si estaba saliendo con Elsa White, o qué era lo que se traía entre manos con ella, pero sentía miedo de la posible respuesta que podía recibir... aún así se armó de valor. No podía quedarse tampoco con la duda toda su vida...
–Realmente... –se calló por unos instantes–. Realmente quiero hacerte una pregunta.
Lo miró firmemente. Tommy frunció el ceño, confuso.
–¿Qué pregunta?
Anna guardó silencio por unos instantes. Observó toda la clase, y notó que no había nadie.
Lo volvió a mirar fijamente.
–¿Qué es...? –breve pausa–. ¿Qué es lo que tienes con... Elsa White?
Por extraño que le hubiera parecido en ese momento, (que le parecía bastante) Tommy no se alteró, y continuó con sus manos en los bolsillos, y sonriéndole de una forma extraña. De una forma tranquila, como era su sonrisa habitual que tan bien conocía.
Entreabrió la boca casi chasqueando la lengua, para responderle con tono tranquilo.
–No, Anna. –Negó con la cabeza sin dejar de sonreír–. La pregunta es: ¿Qué es lo que tienes TÚ con Elsa White?
Debemos admitir que la pregunta descolocó por completo a Anna. Lo miró medio boquiabierta, sin poder evitar fruncir el ceño. ¿Cómo le preguntaba...? ¿Cómo podía preguntarle eso?
Se puso nerviosa.
–¿Q-qué quieres decir? –lo miró con cierto reproche en su cara, mientras sus mejillas tomaban color.
Él siguió con el mismo gesto inalterable.
–Quiero decir que creía que ni siquiera apenas se conocían. –Sacó sus manos de los bolsillos y gesticuló–. Y ahora resulta que os habéis montado lo que podría llamarse "un numerito" que francamente no he entendido, y...
–Espera... –lo interrumpió con el gesto serio–. ¿Cómo que un numerito?
Se cruzó de brazos. Él sonrió con ironía.
–Oh, vamos, Anna. No me dirás que no ha sido un numerito... –alargó su tono–. Algún motivo habréis tenido, y si no es mucho preguntar, me gustaría saber cuál.
Anna se puso violenta, sin más.
–¡No hay ningún motivo, Tommy! –abrió un poco los brazos–. Simplemente me... "Me molestó pensar que tú y ella"... Me sentía un poco mal, eso es todo. No estoy teniendo un buen día, ya sabes, no todos los días son del color de rosa, ¿no?
Miró hacia debajo y hacia el lado con sus brazos cruzados. No confiaba demasiado en que Tommy se creyese eso.
El atleta negó irónicamente con la cabeza.
–Mira. No sé qué, pero algo os traéis entre manos. No me preguntes exactamente por qué, pero así lo siento. ¿Y sabes por qué? –Se dirigió un poco más duramente a ella. Anna levantó la vista y su cara era de preocupación total–. Porque Elsa se fue del mismo modo que tú en el patio.
Ahora era el chico el que se cruzaba de brazos...
Anna bajó la mirada confusa. Comenzó a mover los ojos casi frenéticamente hacia los lados por unos segundos, tratando de encontrar respuestas o digerir aquello que él le había dicho.
–¿Estás saliendo con ella? –le soltó Anna sin vaselina.
Tommy levantó su cabeza.
–... No. –Su tono era firme, y sus brazos seguían cruzados.
Se produjo un silencio. Anna entreabrió la boca, no sabía qué hacer o pensar en ese momento. Pero no pudo darle forma a sus ideas, puesto que Tommy continuó hablando.
–Y seguramente eso te alegra, ¿no? –su tono era serio y firme.
Ella se sorprendió.
–Tommy, yo no... –dijo de forma tranquila en su tono, y lo miró con el rostro abatido–. ¿Por qué tendría que alegrarme? Es solo...
–Porque parece que te alegra, Anna. –Seguía cruzado de brazos, ofendido–. Verás, comprendo que llevábamos tiempo saliendo, pero...
–Te equivocas completamente con eso. –Dijo ella negando y sonriendo de forma irónica, con su cabeza también.
Él se sorprendió... no pudo evitar sorprenderse.
–¿Cómo dices?
Anna se puso sus manos en jarra. Después negó con la cabeza y suspiró.
–Olvídalo... no creo que lo entendieras. –Hizo el amago de marcharse, sin más.
Él la agarró rápidamente del brazo y la detuvo, quedando ambos a pocos centímetros y Anna de perfil, correspondió a su seria y decidida mirada.
–Será mejor que me lo expliques ahora mismo. Tú no eres así, Anna.
Su rostro era quebrado. Tommy tenía razón... ella normalmente no era así, ella no solía comportarse así... pero ahora...
Se escuchó la puerta de repente. Uno de los profesores, el de historia, había entrado en la misma. Tommy y Anna lo miraron, aún agarrados.
El profesor se aclaró la garganta.
–Ejem. Siento molestaros, pero el horario de clases ha terminado como sabréis, y...
–Sí, profesor, de todas formas ya nos íbamos. –Anna lo interrumpió, se zafó rápido de Tommy de forma brusca, agarró su mochila y salió de la clase.
–¡Anna! ¡Eh, Anna! –Le gritó Tommy, cogiendo rápidamente también su mochila y saliendo detrás de ella.
El profesor los miró alejarse, confuso. "Qué panda de chicos raros", pensó, y se dirigió a recoger unos papeles del escritorio.
Casi estaba a punto de salir de la biblioteca, pues se había quedado un poco más para recoger algunos libros, y devolver otros...
Se encontraba de forma erguida devolviéndolos a sus sitio, mientras que cogía los nuevos apoyándolos lo mejor que podía entre sus brazos, ya que los solía coger en cantidad...
Suerte que los libros de Preston estaban siempre disponibles para todos los alumnos... pues ella necesitaría una paga más que extra si tuviera que comprar todos los que se había leído a lo largo de su vida.
Ya se disponía a salir, se encontraba guardando los libros en su bolso grisáceo, cuando oyó voces en el pasillo. Frunció el ceño. Decidió salir poco a poco, y a lo lejos, aún dentro de la biblioteca con la puerta abierta, divisó un reflejo rápido totalmente rojo de destellos negros, y después el inconfundible chándal azul y amarillo del equipo de fútbol del colegio. Era Tommy. ¿Y posiblemente Anna? No. Seguramente. Cómo olvidar esa camisa roja...
Terminó de guardar a toda prisa los libros, y salió casi corriendo de allí. Ellos ya le llevaban cierta ventaja... ¿Por qué irían gritando?
Caminó un poco más, y entonces se los encontró en la puerta del instituto. Paró sus paros y se escondió detrás de la puerta del colegio que todavía tenía un ratito más abierto. No creía que la hubieran visto, porque realmente ambos parecían estar enfadados, de hecho, le costaba pensar que Tommy casi parecía estar maltratando a Anna, de no ser porque eso justamente daba a entender.
Los escuchó atentamente. Primero la voz de Tommy... después la voz de Anna se alzaban acaloradamente. Prestó atención absoluta: ¿Así que posiblemente era cierto que ella había causado problemas? ¿Sus teorías habían cierto ciertas?
–¡No, Anna! Necesito que me expliques lo que has dicho. –Decía Tommy, agarrándola del brazo.
–Suéltame, Tommy. No está bien lo que estás haciendo. –Le respondía Anna, mirándolo con rabia, y al mismo tiempo seriedad.
–Si lo hago te irás. –Su mirada pasó a ser suplicante–. ¿Es algo relativo a Elsa?
Ella entreabrió la boca, con desconcierto.
–¿Qué? ¡NO! –frunció el ceño.
Él no la soltaba...
–¿Ah, no? –su tono era irónico–. Pues a mí me parece que por algo tiene que ser, y si dices que no es por mí...
Anna guardó silencio. Su adrenalina estaba aumentando a un nivel muy alto ya, y estaba a punto de explotar.
–Cállate, Tommy. Será mejor que te calles. –Hizo una breve pausa–. Por favor.
Él la miró por unos segundos con gesto imparcial, y después dijo en todo tranquilo:
–No entiendo por qué quieres que me calle.
Se había cruzado de brazos, pero estaba tranquilo.
Anna bajó la cabeza y suspiró... maldita sea. Se sentía a punto de estallar... aquello la estaba quemando por dentro.
–Maldita sea, Tommy... –negó y cerró los ojos derrotada por dentro.
Él la miró del mismo modo, y ciertamente pensaba con acierto que ahora era el momento idóneo para ahondar definitivamente.
–Dime. ¿Qué pasa, Anna? Te conozco.
Y era cierto. La conocía. Él no era tonto... sabía que tanto tiempo con un chico al que supuestamente amaba y tener que ponerse a tono de alcohol para tocarlo más eróticamente, no era algo normal. Pero decidió dejarla... dejarla a ella decirle si tenía razón o no.
Anna se sentó en el bordillo de la calle sin más, y se echó a llorar. Había llegado a su límite de negaciones interiores... y ahora de ciertas negaciones exteriores. Sí. Era por Elsa White. Ya está, lo había dejado claro.
Él se acercó a ella un poco y no se atrevió a sentarse. Sintió como medio mundo se le vino abajo en un momento, puesto que había confirmado lo que él ya había estado pensando desde hacía mucho tiempo, aunque se lo negaba. Y ahora, resultaba que ahora... parecía haber entendido que Anna Green, su novia durante cinco meses, tenía algún tipo de interés por la misma mujer que él.
Miraba al aire con gesto destruido pero al mismo tiempo concienciado.
–... Lo siento, Anna. –Dijo de repente con seriedad.
Ella lo miró levantando la cabeza que tenía escondida entre sus rodillas. Sus ojos eran acristalados, levemente. No entendió a qué venía eso.
–¿Q...? –comenzó Anna–. No tienes que sentirlo, la culpa es mía, yo...
–Diego que lo siento, pero no pienso dejar que te entrometas. –Su tono era el más serio que había oído nunca en el tiempo que lo conocía. Miraba al horizonte con el mismo gesto anterior.
Anna se levantó de la acera, lentamente y como mecanizado, con sus ojos llorosos y su rostro mojado. Lo miró estupefacta y con la boca entreabierta.
Él la miró también cruzado de brazos, con pose firme, girando su cabeza. Vio cómo ella fruncía su ceño incrédulamente.
–Creo saber lo que sientes. –Hizo una pausa–. Pero eso no te da derechos.
Anna ahora gesticulaba incredulidad muy levemente, realmente no se podía creer lo que estaba oyendo.
–Tú... tú no sabes nada, Tommy Snell. –Lo miró con casi rabia en sus ojos. Él ya había vuelto a mirar hacia el horizonte.
Soltó una risita irónica mientras bajaba la cabeza.
–¿Crees que soy tonto? Anna... –negó–. Es normal que una chica que no haya querido tener intimidad con su chico en cinco meses de relación, y que las pocas veces viniera provocada cuando bebías de más, además siendo todo conatos; es normal que esa chica tenga otros gustos. Le vayan otras cosas, cosas como...
–Ni se te ocurra, Tom Snell. –Su tono fue duro, al interrumpirlo.
Tom la miró con neutralidad. No continuó hablando.
Se produjo un leve silencio.
–Tan solo te diré que ella no es así. –Dijo él, colgándose su mochila a un lado del hombro–. Ella es diferente.
Anna tragó saliva. Tommy se fue alejando sin más, caminando con la mano metida en el bolsillo y el paso firme. Algo se apoderó de ella.
–ESO LO VEREMOS, TOM SNELL. –Le gritó sin gritarle.
Él aminoró levemente por unos segundos, hasta que se paró del todo. De espaldas. Segundos después, continuó caminando.
Anna suspiró... y sintió como una ola de rabia la había poseído, invadiendo todo su cuerpo, y para descargarla no tuvo más remedio que patear el poste de STOP que había allí a la entrada, el cual era usado para el autobús. Menudo dolor estaba sintiendo, pero ahora no le importaba nada. Se agarró la cabeza y la cara tras hacerlo, y al girarse en esa ola de enfado, se encontró con una figura que le era totalmente familiar: Elsa White.
Los azules ojos de la chica rubia se clavaban ahora en los de Anna. Parecían ahora dos pistoleras en un duelo. Una enfrente de la otra.
Ella lo había escuchado todo. Todo, todo, todo. No podía creerse lo que había estado escuchando tras esa puerta. Sentía que era el único día por el que había valido la pena levantarse esa mañana para sumergirse en Preston. Por esa... por esa confesión, ni más ni menos que de Anna Green. Estaba en un estado que ni ella misma sabía calificar.
Anna se paralizó, por otra parte y como era natural. Sus ojos parecían salirse de sus órbitas. ¿Desde cuándo...? No podía saberlo. Por su gesto... maldita sea. Era muy posible que ella se hubiera enterado de todo.
"Joder. Mierda". Pensaba interiormente, sin poder moverse del sitio.
Entonces vio como Elsa dio un paso al frente... mientras su largo y abundante cabello rubio ondeaba al viento, como a cámara lenta. Pasó por su lado. Se detuvo. La miró de perfil. Leve sonrisa en su rostro...
Pasaron varios segundos hasta que Elsa volvió a caminar, pero entonces Anna la detuvo con su voz.
–Espera. ¿Qué has oído? –Aún no se había volteado.
Elsa permaneció en silencio por unos segundos. Se estaba divirtiendo, pero tampoco la había mirado todavía.
–No sé de qué me hablas. –Su tono era tan apacible que era encantador.
Anna se dio la vuelta bruscamente y se quedó un poco cerca de ella, de frente. Esa mirada la desarmó, una vez más. Había levantado el brazo y el índice para recriminarle, pero enseguida se calmó, levemente.
–No me tomes por tonta. Sabes... sabes perfectamente de lo que te hablo.
Elsa le sonrió levemente. Se puso frente a ella, girándose del todo, pues antes solo lo había hecho parcialmente.
–Infórmame, pues. –Y cómicamente, casi, se cruzó de brazos con aire altivo.
–Fuck you... –murmuró muy entre dientes Anna.
Elsa frunció el ceño al no entender, y entonces Anna volvió a recobrar la compostura.
–Que lo olvides. –Dijo Anna con aires altivos, del mismo modo.
Elsa sonrió con sarcasmo. ¿Conque la desafiaba? Bien...
–No tengo nada que olvidar, Srta. Green... usted me ha dejado clara su posición.
Sonrió gentilmente, e hizo el amago de marcharse.
Anna la miraba con cierta rabia... ¿Es que todos pensaban desafiarla hoy...? Maldita Elsa White y maldito Tom Snell. Contuvo sus ganas de volver a patear la farola con la cual se iba cruzando en su camino en adelante, y se colocó las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón corto.
Joder, hoy había sido un día desastroso... y encima resulta que Elsa White parecía haberse enterado de todo. Pero ella no contaba con eso. Joder. Ahora estaba pensando que quizá Elsa no mereciera la pena... ¿Por qué "competir" con Tom para conquistarla? Si era evidente que después de todo tan solo era una chica rara presumida...
Suspiró. Ahora tenía algo mucho peor entre manos... no podía dar marcha atrás. Estaba segura de que Elsa había escuchado eso, y aunque la sacara de quicio, sabía que no todo estaba claro, y que Tom no se iba a quedar quieto. ¿Por qué demonios tenía que meterse ese tipo? Ahora lo había visto como un extraño, de repente...
Y quería dejarlo, quería controlarse... pero ya era demasiado tarde. A ella era a quién más le molestaba, tras lo que había observado de Elsa, pero... eso no impedía que ella tuviera esos sentimientos. Unos sentimientos que al parecer no eran únicos.
