El Fandom de Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen.
Como advertencia, diré que hay muchísimo OoC.
Agradecimientos por los reviews a: Hikari-Candy, Danitha Ayame, Kokoa Kirkland y Alicia Medina (Mujer, ¡gracias por los ánimos!).
Recovering a Star.
Por: Breen Martínez.
7.
La venta de aquel segundo disco había sido todo un éxito y la banda The Titans había decidido celebrarlo en aquel restaurante familiar que pertenecía a la familia de Annie, había sido una celebración pequeña, dónde todos los que contribuían en la banda estuvieron platicando y bromeando en una mesa que estaba apartada en el rincón. Algunos conocidos se habían acercado a felicitarlos y cuándo la media noche llegó, Ymir insistió en que debían tocar algo para celebrar.
Ninguno de los demás integrantes se opuso, después de todo, cantar era lo que más les gustaba. Cuándo Eren tuvo aquel micrófono entre sus manos y empezó a cantar aquella canción de amor que tantos dolores de cabeza le dio, no pudo evitar rememorar a Levi y aquel día en el teatro. Por puro acto reflejo lo buscó entre las demás personas y se recordó a sí mismo que él no había ido a la celebración.
Mikasa tuvo que darle un leve codazo para que volviera en sí y no dejara de cantar. Se sonrojó por la vergüenza levemente y siguió con aquella canción mientras veía a todos los del público y hacía movimientos con sus manos para entonar mejor el canto.
Cuándo terminaron de cantar y se dieron un breve descanso, no pudo evitar volver a pensar en Levi. Pero no entendía del todo, ¿por qué quería que Levi estuviera ahí? ¿Por qué sentía que lo necesitaba? Fue rápidamente al baño para mojarse la cara, estaba confundido y no entendía nada. Su mente era un lío, no le había pasado eso en muchísimo tiempo, para ser más preciso desde que su relación con Annie había terminado.
Rememoró las veces que estaba practicando con la guitarra y Annie entraba en su pequeño estudio y se quedaba ahí, mientras observaba por la ventana o testeaba en su celular. Recordaba sentirse más cómodo así, sabiendo que estaba ella ahí, se sentía capaz de hacer cualquier cosa.
Y ahora la misma sensación volvía, pero ahora con Levi. Eren fingía no haberse dado cuenta, pero no era tonto a pesar de aparentarlo, se había dado cuenta de aquella sensación en el cumpleaños de Isabel cuándo ambos terminaron perdidos en aquel laberinto de espejos. Estar con Levi se sentía tan bien, tan pacifico, parecía que al lado del pelinegro podía olvidarse de absolutamente todo.
Al estar con Levi sentía que aquel vacío que siempre había sentido desde que tenía memoria se iba, sin embargo no podía evitar tener miedo. Miedo, miedo, ¿miedo de qué?
—Hey Jaeger, ¿estás bien? —La voz de Ymir lo sacó de sus cavilaciones.
—¡Sí! —Gritó y posteriormente abrió la puerta—. ¿Seguimos?
Ella asintió mientras empezaba a caminar para seguir tocando y conviviendo.
—La venta del disco ha sido un éxito —comentó Hanji—. También tienen una propuesta para abrir un concierto
Eren sonrió mientras seguía jugando con aquella consola. —Todo va bien —evidenció—. Mikasa dijo que iría a casa de Sasha —comentó—, y que llegaría tarde.
—¡Tenemos la tarde para nosotros! —Zoe se sentó en el piso al lado de su sobrino—. Vamos, déjame jugar, Eren.
Jaeger se lo pensó durante unos momentos, pero finalmente asintió, cambió de juego y le pasó el control a su tía. Hace muchísimo tiempo que no tenían un momento ambos solos, anteriormente disfrutaban de salir ambos juntos o jugar uno que otro videojuego, pero luego el trabajo absorbió tanto a Hanji y la hizo separarse de todos; hasta de sus sobrinos.
Eren no se quejaba, sabía los esfuerzos que hacía su tía para con él y Mikasa, siempre trataba de darles lo mejor y lo había logrado y ahora era su representante, llevaba bien todo lo que consistía en la banda y había también conseguido otro trabajo de medio tiempo con el señor Smith.
—¡Rebasa al de negro! —Gritó de repente, su tía era buena jugando, Mikasa y él le habían instruido muy bien y había muchas veces en las que les ganaba a ellos, pero a veces no.
—¡Eso trato!
—¡No! ¡A la derecha! —Hanji hizo lo que Eren le aconsejó—. ¡No, la otra derecha!
—¡Sólo existe una derecha, Eren!
—¡Cuidado, señorita Hanji!
«Señorita Hanji» de repente aquella mención hizo que su mundo se detuviera, dejó el control en el piso y volteó a ver a Eren de manera rápida, tenía mucho tiempo sin escuchar el señorita Hanji que había sido reemplazado por el Tía Hanji. Pero ahí estaba, su forma antigua de llamarle que le dio a entender que faltaba tan poco para que Eren recordara y no sabía si eso era bueno o malo.
—¿Cómo me llamaste, Eren?
El castaño dejó de mirar la pantalla del televisor, ignoró el hecho de que le control quedó en algún lugar del piso y se concentró en las orbes de su tía llenas de melancolía, se sentía culpable sin saber realmente si había dicho algo malo.
—Señorita Hanji… —susurró.
—¿Por qué me dijiste así?
El chico se encogió de hombros. —No lo sé —confesó—, fue involuntario. ¿Hice mal?
Zoe lo único que pudo hacer fue abrazar al menor, acunarlo entre sus brazos y recargar su frente en el hombro masculino. ¿Qué pasaría cuándo Eren finalmente recordara? ¿Seguiría teniéndole la misma confianza? ¿Seguiría hablándole sabiendo que ella sabía toda la verdad y nunca le dijo nada?
Ella no sabía lo que iba a pasar pero daría su alma entera por saber aunque sea una pequeña cosa.
Fuera lo que fuera que iba a pasar, no creía que eso fuera totalmente bueno.
—¿Caridad? —Smith bebió un poco de su café—. ¿Están planeando donar dinero a un orfanato?
—Sí —Hanji comió un poco de aquel pastel de chocolate—. Quieren subastar un día con cada uno.
—Es peligroso —evidenció Smith—. Pueden encontrarse con malas personas.
—Son unos mocosos imprudentes —opinó Levi.
Ambos adultos le dieron la razón a su amigo. —Están tomando precauciones —aclaró—. Quise quitarles esa idea de la mente, pero Eren vivió en una casa hogar durante un tiempo y vio todo lo que necesitaban esos niños. Mikasa también se opuso a la idea, pero Eren la convenció; ella vivió más tiempo en una casa hogar.
—¿Y los demás? —Irvin dejó la taza en la mesa
—Ymir lo hace por Historia —aclaró la castaña—. Annie, no sé porque lo hace.
—Sigue siendo imprudente. —Levi bebió un poco de su té
—¿A qué casa hogar van a beneficiar? —Preguntó de nuevo Smith.
Hanji se llevó una mano a la barbilla, tratando de recordar el nombre de aquel orfanato. —El orfanato Sina.
—¿Están en ese lugar ahora?
—Sí, están hablando con la directora —la mujer echó la cabeza para atrás—. Se supone que debería ir con ellos, pero…
—¿Pasó algo?
El lugar se llenó de un silencio incómodo, ambos hombres miraron a Hanji atentamente, esperando una respuesta. Ella no contestó nada, cerró los ojos y suspiró, para ambos era raro verla de ese modo, ella siempre estaba de buen humor, jugando bromas y molestando cuándo se le presentaba la oportunidad pero ahora todo era tan diferente.
Sabían que se trataba de algo referente a sus sobrinos, desde hace tiempo atrás las preocupaciones de Hanji se debían a Eren o a Mikasa.
El silencio fue cortado por el celular de Levi, él se levantó y caminó unos pasos para alejarse de sus amigos. Irvin se quedó mirando a la castaña, esperando el momento preciso en que se animara a hablar. Sólo volteó para ver como Levi se despedía de él, suponía que tenía asuntos de trabajo que tratar.
Cuándo la puerta sonó al ser cerrada, Zoe finalmente se acomodó en aquella silla.
—Es Eren —confesó al fin.
—Lamento haberle llamarlo en su día de descanso, señor Levi. —Se disculpó Petra, mientras colocaba en el escritorio el montón de planos que el pelinegro tenía que firmar—. Pero los planos nos llegaron hoy y son para mañana. —Se justificó.
Ackerman le restó importancia y siguió firmándolos uno tras otro, en realidad no estaba molesto, no había interrumpido nada en realidad importante. Aunque todavía le había quedado algo de curiosidad sobre lo que Zoe tenía que decir.
—¿Gusta algo de tomar? —Interrogó ella.
—Té está bien.
—Enseguida se lo traigo.
El sonido de los tacones de Ral fue lo último que escuchó, como era sábado la mayoría de las personas estaban con su familia, las pocas que había en la oficina o tenían algo importante que hacer o tenían que acabar un proyecto antes de que llegara el día lunes.
El lugar estaba demasiado silencioso, pero así era mejor, así se concentraba en firmar aquella pila de papeles sin alguna otra distracción, cuándo Petra volvió con su té, lo dejó aún lado y en lo que le firmaba ella iba doblando los planos poco a poco.
No sabía cuánto tiempo estuvieron ambos ahí hasta que finalmente terminó de firmar el último plano, su mano estaba acalambrada por firmar tanto y posteriormente se terminó todo el contenido de su taza.
—¡Terminamos! —Celebró la chica, guardando todo en aquella gran carpeta—. Muchas gracias por venir, señor Levi.
Él asintió mientras acomodaba sus cosas y caminaba hasta el elevador.
«Orfanato Sina» era increíble que su deseo por volver a ver a Eren lo llevara hasta ese lugar, detuvo su auto en la puerta de aquel lugar, se escuchaba las risas de los niños al jugar, se detuvo en la reja pensando qué iba a decir para justificar su presencia en aquel lugar, pero absolutamente nada se le ocurrió.
Nunca había visitado ese orfanato, no tenía razones para estar ahí. Sin embargo ahí estaba, mirando a través de la reja como un acosador para ver si encontraba a cierto castaño que traía su mundo de cabeza desde que lo volvió a encontrar y, que para variar, todavía no lo recordaba.
—¿Levi? —Dio media vuelta cuándo escuchó su nombre, pudo apreciar perfectamente los ojos de Eren y se dio cuenta de que el chico traía consigo una caja—. ¿Qué haces aquí?
—Estaba de paso —mintió.
—Oh —el castaño se acercó a la reja y metió su mano para que se abriera—. ¿Vienes? —Propuso—. Hoy quedamos en venir a cantar para los niños, pero los demás tuvieron cosas que hacer y se fueron.
Eren avanzó hacía el interior del lugar, Ackerman se debatió mentalmente entre seguirlo o no; al final lo hizo.
—¿Y qué haces aquí? —Interrogó.
—Me invitaron a jugar —rió—, hay un par de niños que se han encariñado con Armin, Mikasa y conmigo. Nos han invitado seguido.
Levi iba a decir algo más cuándo uno de los niños se acercó corriendo hasta dónde estaba Eren y se lanzó sobre el castaño, haciendo que cayera y la caja que tenía en sus manos, también.
—¡Eren!
—¡Evan! —Saludó el castaño incorporándose—. ¿Cómo has estado?
Evan era un niño de cinco años qué siempre andaba de buen humor, amaba correr y era muy bueno haciéndolo; las encargadas del orfanato decían que era imperativo. Su cabello era negro y sus ojos eran color café, poseía un lunar en su ceja derecha.
—¡Bien! —Comentó—. ¡Gané en la carrera de relevos!
—No me extraña —Eren recogió la caja del piso—. ¿Cuál fue tu premio?
—Una caja de galletas —los tres empezaron a caminar hasta el patio trasero del lugar, dónde estaban la mayoría de los niños—. Eren, ¿te quedarás a jugar con nosotros?
—Sí.
—¡Eso es genial! —Evan corrió hasta posarse delante de Eren—. ¡Les comentaré a todos! —Y dicho esto, salió corriendo a toda velocidad.
—Le agradas —aceptó Levi.
Eren suspiró. —Entre todos se irán contra mí —el pelinegro levantó una ceja, sin entender—. Les gusta jugar "caza al titán" y siempre le toca al más alto ser el "titán".
Levi en verdad sintió pena por el chico.
—¿Entonces crees que Eren recordará pronto? —Preguntó Smith después de escuchar todo lo que había pasado en la semana en la casa de los Jaeger.
Había escuchado todo lo que Hanji le dijo con atención, desde las "pesadillas" que tenía Eren y que trataba de qué nadie lo escuchara despertar gritando, hasta el hecho de que le había llamado "señorita Hanji" días antes.
—Sólo hace falta una pequeña estimulación —terminó de decir—. Sin embargo… estoy preocupada.
Irvin asintió, en silencio. Entendía la preocupación de Hanji, no sólo por el hecho de que el trauma de los recuerdos podría ser muy fuerte, sino también porque el hecho de que Eren Jaeger recordara, significaba también que sabría que todos sabían la verdad y se lo estuvieron ocultando. Igual que implicada el riesgo de que Eren odiara a Levi.
—Pensé que no lo apoyarías —mencionó, refiriéndose a Ackerman.
—Nosotros tuvimos segundas oportunidades, Irvin —dijo ella—, tuvimos una vida normal hasta que recordamos. Levi no la tuvo, los recuerdos estuvieron latentes en él desde el primer momento en el que nació. —Se levantó y miró por la ventana—. Levi merece una oportunidad.
—¿Crees que Eren lo perdone?
—No lo sé.
Efectivamente, los niños querían a Eren, lo habían aceptado bien cuándo llegó. El castaño sabía ganarse el cariño de los niños, fue lo que observó Levi desde la distancia, se había puesto a jugar con ellos casi de todo; había desde pintado hasta jugado carrera de relevos.
Pero obviamente aquellos niños tenían muchísima más energía de la que tenía Jaeger. Levi, desde su posición recargado en aquel árbol, pudo darse cuenta de que el castaño poseía ojeras debajo de sus ojos, también que mientras corría parecía que le costaba respirar con normalidad. No había visto al chico así, siempre estaba bien y se mostraba contento.
Ahora parecía cansado, confundido.
Más de una vez tuvo que llamarlo para que se pudiera librar de esos niños —quienes al mirarlo entendían que no debían molestar— y aquello fue un gesto que Jaeger agradeció con la mirada. Muchas veces Eren trató de integrarlo, de hacerlo convivir con aquellos niños, pero lo máximo que logró fue que él le ayudara a una de las niñas a pintar su dibujo.
Iban a dar las seis de la tarde cuándo los niños decidieron que el último juego sería "caza al titán" y, como Eren lo predijo, todos lo escogieron a él para ser el "titán". El castaño no reprochó nada, aceptó su destino con resignación y los niños tomaron una posición "defensiva" para protegerse contra su "enemigo".
—¿Un titán qué es? —Preguntó una niña pequeña—. ¿Un amigo o un enemigo?
—Un monstruo —comentó Evan.
Tanto Eren como Levi lo escucharon, Levi sintió que volvía a aquellos tiempos y su mirada rápidamente viajó a Eren, en antaño siempre el brillo en sus ojos se apagaba para después mostrar una sonrisa. Pero ahora vio algo diferente, algo que no le gustó para nada.
Jaeger tenía la mirada perdida y se veía pálido.
Eren sentía que su cabeza dolía, la palabra monstruo daba vueltas en su cabeza, de repente pequeños fragmentos de algo llegó a su mente, el dolor se hizo más fuerte y entonces vio sangre, mucha sangre. Vio la cara borrosa de muchas personas y vio muros… muros muy altos. ¿Qué era eso?
—¡Contra el titán! —Gritó un pequeño.
—¡Eren! —Gritó Levi para sacarlo de aquel estado. El aludido volteó a verlo y lo vio con otra vestimenta, en otro lugar. ¿Qué? ¿Qué era eso?
Iba a decir algo cuándo un cuerpo se estrelló contra el suyo y terminó en el piso. No tuvo que buscar mucho para saber que era Sebastian, otro pequeño de aquel orfanato, de él le siguieron varios que se acercaron a Eren para "atacarlo" haciéndole cosquillas.
—¡Basta, basta! —Exclamó el mayor tratando de ponerse de pie y atacando a los niños haciéndoles también cosquillas.
Todos los pequeños terminaron atacándose mutuamente y riendo. Eren rió al verlos divertirse y Levi, desde la distancia, formuló una diminuta sonrisa al ver así a Jaeger. En ese momento el menor volteó, encontrándose con un Levi sonriendo levemente. Se acercó a él.
—¡Sonreíste! —Exclamó, lleno de júbilo—. ¡Levi, sonreíste!
Ackerman chasqueó la lengua y desvió la mirada, Eren sonrió aún más.
—¡Vuelvan pronto! —Pidieron los niños al unísono cuándo ambos adultos anunciaron que era hora de irse. Eren les dedicó una sonrisa mientras se despedía con la mano, Levi solamente los miró de reojo, observando sus caras de total felicidad.
La tarde había sido agradable, no podía negarlo. Aquel jardín que era para los niños estaba bien decorado, tenía muchas flores y demasiado pasto para que jugaran sin riesgo a que se pegaran contra el pavimento.
Ambos avanzaron a través del gran pasillo hasta que llegaron a esa gran reja que abrió para salir de ahí, era increíble qué ninguna de las encargadas les hubiera dicho nada, sin embargo pudo divisar a varias dar un leve recorrido para vigilar a los niños jugar con Eren.
Parecían felices, demasiado. ¿Así se verían los niños de la casa hogar en la que Eren estuvo en lo que localizaban a Hanji? ¿Así se veía su hermana?
—Entonces —habló el menor—, nos vemos después, Levi. —Se despidió.
—Hanji no está en casa —informó.
—No voy a casa —aclaró Jaeger—. Iré a dar una vuelta… —dudó un poco antes de proseguir—: ¿Quieres venir? Está un poco lejos, pero…
—Sube —ordenó Ackerman mientras abría la puerta del auto.
Eren asintió, sentándose en el asiento del co-piloto. Cuándo Levi encendió el motor, el menor le indicó la dirección y ambos se pusieron en marcha.
«Un poco lejos» fue lo que mencionó Eren, sin embargo llevaban media hora de viaje y Levi no veía la hora en que llegaran a aquel lugar que Jaeger decía tener tantas ansias de volver a ver. Trató de sacarle alguna información al chico, sin embargo Jaeger no había soltado ni media palabra argumentando que quería que también fuera una sorpresa para Levi.
Lo único que pudo sacarle fue el hecho de que había ido a ese lugar con sus padres antes de que ellos murieran. Había sido —según Eren— en un día nublado, ninguno esperaba que lloviera, sin embargo pasó. Ninguno se quejó, en su lugar convivieron bajo la lluvia hasta que encontraron un pequeño refugio de la tempestad. Mientras Eren hablaba de eso, sus ojos se llenaban de aquel brillo y una sonrisa se plantó en su rostro.
—A la derecha —indició el menor, sacándolo de sus cavilaciones. Levi pensó que de verdad estaban cerca, pero no. Fue capaz de ver más árboles y parecían a punto de entrar en una zona boscosa.
¿A dónde iban exactamente?
—¿Cómo pensabas venir tu solo? —Preguntó, con verdadera curiosidad. No se imaginaba a Eren caminando todo el trayecto.
Jaeger se encogió de hombros. —El autobús me deja en el sendero que pasamos —informó—, todo éste tramo lo haría caminando.
—Debes estar bromeando.
—No, para nada —aseguró—, sé qué está lejos… pero vale la pena.
No dijeron nada más, siguieron por el camino siguiendo las indicaciones de Eren, Ackerman no le veía fin a todo ese recorrido y rogó a Higia que Jaeger supiera como regresar, porque no le apetecía para nada perderse entre tantos árboles.
Cuándo Eren anunció que se encontraban «algo cerca» el auto empezó a hacer ruido, debido a que la gasolina se había acabado y posteriormente el vehículo se detuvo. Jaeger se le quedó mirando a su acompañante, esperando que le dijera con la mirada que tenía algo de gasolina guardada.
Pero no fue así.
Eren resopló. —Mal día para no traer gasolina extra, ¿verdad?
Ackerman gruñó. —¿Y de quién fue la brillante idea? —Quitó las llaves del auto y abrió la puerta, Eren también le imitó.
—Escucha, Levi —dijo Eren, extrañamente calmado—. Podría ser pe—… —su argumento fue cortado por un trueno que se escuchó, seguido de una fuerte lluvia que no estaba prevista—. Ahora sí es peor —aceptó.
Un nuevo gruñido se escuchó, Levi empezó a caminar sin rumbo, Eren no tardó mucho en seguirle, la gran diferencia fue que él no estaba para nada enojado; cierto, la lluvia les había caído de improviso, sin embargo solamente era agua, podía ser peor; podría ser lodo, pero era agua. Sólo agua.
Siguieron caminando, en algún punto de aquella caminata, Eren se volvió le guía, no mentía al decir que le faltaba un poco para llegar. Al final resultó ser una especie de cerro, dónde había dos caminos; uno para las áreas verdes dónde cada uno podría compartir una plática amena o alguna merienda. El otro era directamente para subir hasta lo más alto de aquel cerro.
—Si subimos un poco —volvió a hablar Jaeger después de aquel trayecto en silencio—, encontraremos una pequeña cabaña. No tiene puertas, ni ventanas, pero nos servirá para resguardarnos de la lluvia.
El pelinegro asintió, empezando a caminar de nuevo. Ambos estaban empapados y, aunque los escalones no eran muchos, el recorrido que habían hecho y aquella subida había sido suficiente para dejarlos levemente cansados. Cuando llegaron a aquella especie de cabaña, Eren se desplomó en el suelo, sentándose mientras admiraba la lluvia poco a poco caer.
Levi, por su parte, se recargó contra una de las paredes, también viendo la lluvia, esperando que poco a poco menguara para que pudieran pedir ayuda. Su celular, debido al enfado, lo había olvidado en su auto; el de Eren estaba descargado.
Se mantuvieron en silencio, no uno cómodo, no uno incómodo, simplemente ambos trataban de asimilar todo lo que estaba pasando e ideando en su mente una manera de volver antes de que se hiciera más tarde. Después de unos momentos en aquel silencio, Eren empezó a tararear una canción desconocida para Ackerman; sonaba tranquila… como si fuera una canción de cuna.
Jaeger siguió, en algún punto del canto el recuerdo del día que asistió a aquella cabaña con sus padres volvió a él; los extrañaba. Él no quería decirlo, pero tenía miedo, mucho; había estado teniendo sueños… extraños. Sueños en los que las personas eran devoradas por «titanes», aquellas criaturas mitológicas que creyó que no existían y que ahora estaba casi cien por ciento seguro de que habían existido.
En aquellas pesadillas veía a Carla, su madre, ser devorada frente a sus ojos por un titán y posteriormente la desaparición de su padre, en aquel lugar él estaba con Mikasa y Armin. Pero sus sueños eran confusos, no tenía una línea del tiempo concreta… estaba demasiado confundido.
Terminó de tararearla y abrió los ojos —que en un momento había cerrado— y siguió observando la lluvia caer. Se abrazó a sí mismo y volteó su mirada hacia otro lado, encontrándose con el perfil de Levi; se había terminado sentando al lado de él, pero a una distancia considerable, observó como las gotas de lluvia caían todavía por su cabello negro, estuvo observando su rostro un rato; los ojos de Levi, su nariz, sus labios…
—¿Qué? —Soltó Ackerman al sentir la persistente mirada de Jaeger sobre él.
Y en un alto de total imprudencia, dijo—: Quiero besarte.
Levi le miró, desconcertado. Eren, al darse cuenta de lo que había dicho, desvió la mirada hacia el lado contrario; sintió como los colores se le subían a las mejillas y de repente, el ruido de la lluvia, el frío, los recuerdos de aquel día con sus padres y hasta sus propios «sueños raros» pasaron a segundo plano. Sintió el latir violento de su corazón y deseó que la tierra se lo tragara en ese preciso momento.
¿Por qué? ¿Por qué había soltado… aquello? Lo sintió inevitable y lo peor de todo es que sí quería besar al pelinegro.
Se abrazó a sí mismo para darse más calor y hundió su cara entre sus piernas. Seguía sintiendo demasiada vergüenza y si no fuera por la lluvia en ese mismo momento saldría corriendo hasta llegar a su casa, tirarse en su cama y ver a Levi hasta que sus pensamientos estuvieran en orden.
—Eren —se encogió más de hombros. ¿Qué sería lo que quisiera decirle Levi? Se encogió más y más—. Eren —otra vez aquel llamado, no quería levantar la mirada… no quería…—Eren, mírame.
Obedeció aquella orden, encontrándose frente a frente con Ackerman, el color volvió a subir a sus mejillas y trató de alejarse, pero el pelinegro puso una mano en su nuca, acercándolo cada vez más, tanto que podía sentir la respiración contraría.
—Tú lo pediste, mocoso. —Y entonces, le besó.
Un besos suave que Eren poco a poco se permitió corresponder de manera lenta; los labios de Levi eran suaves y delgados mientras que los de Eren eran gruesos, carnosos. Jaeger, en busca de más contacto, pasó sus brazos por el cuello del pelinegro para traerlo más hacía sí.
Levi, al ver que Jaeger ponía de su parte, lo besó con más intensidad, con más amor; había estado buscando el momento exacto para tener ese tipo de contacto con Eren. No debía, no quería negarlo más; había deseado besarlo. No sólo en esa nueva vida, sino en la anterior.
Siempre tuvo sentimientos por el chico, siempre. Su rechazo cruel no fue nada más que miedo, miedo a una relación que no trascendería porque intuía lo que pasaría cuándo la humanidad fuera finalmente liberada. Pero ahora nada importada, ahora tenía a Eren entre sus brazos, ahora le estaba besando.
Cuando el menor abrió su boca para tomar más aire, él metió su lengua en la cavidad contraria y Jaeger no tardó mucho en seguirle el ritmo pero finalmente le dejó la dominancia a él, dejó que recorriera su cavidad a conciencia, que jugara con su lengua todo lo que quisiera.
No sólo fue un beso, le siguió otro, otro y otro…
Cuándo finalmente se separaron, el ruido de la lluvia volvió a escucharse y sólo entonces fueron conscientes de que no podrían regresar a casa esa noche de tormenta. Levi pudo apreciar los labios hinchados de Eren y, cuando estuvo por decir algo, él le hecho de nuevo los brazos al cuello y ocultó su cara en su hombro.
Ackerman acarició levemente el cabello castaño, podía sentir el cabello húmedo de Eren y sólo entonces recordó que ambos estaban mojados, pero aquello no le importó, siguió acunando al chico entre sus brazos.
—Tengo sueño —dijo finalmente Eren.
—Duerme entonces, mocoso.
Jaeger asintió, acurrucándose en el pecho del mayor todavía más y cerrando los ojos casi al instante. Levi se quedó ahí, observando aquella tormenta y pensando que tal vez aquel día no había resultado tan mal.
Pero definitivamente, ninguno se esperaría lo que pasaría al día siguiente.
Continuará.
Respuesta para Hikari-Candy: A mí me gusta que te guste mucho:3 El enano se la pasa algo mal :c pero no puedo ser mala con él… me da cosita. Pronto, pronto :'D Isabel sí le iba a decir algo importante a Hanji, pero pronto se sabrá. ¡Saludos!
Asdfghjkl ¡Estoy viva! Porque Fb se puede deshacer de mí —por ahora— pero FF no. En fin, ¿Qué tal el capítulo? He visto que los comentarios han bajado :C pero bueno. En lo personal escribir esto me costó… mucho. Tenía la idea en mente, rodándome continuamente y diciéndome "vamos, escribe" y cuándo el tiempo se prestó dije: "¡A darle!" Y aquí estoy :'D
Recuerden que yo dije que Eren recordaría en el capítulo 8 y éste es el 7, así que háganse una idea xD
Muchas gracias por el apoyo recibido hasta ahorita :') Y a los poquitos que me leen muchas gracias:3
Saludos.
4 de Junio del 2015
