El Fandom de Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen.

Agradecimientos por los reviews a: Kokoa Kirkland, Hikari-Candy, Sadiele, Annyel, MyFairyLady, Andy y Alicia Media.

Advertencia: OoC y faltas de ortografía que se me hayan pasado.


Recovering a Star

Por: Breen Martínez

8.

Las gotas cayendo es todo lo que escucha, también puede olfatear el olor húmedo de la tierra mojada, sin embargo no puede abrir los ojos y lo intenta con todas sus fuerzas; quiere abrir los ojos, quiere que todo lo que está viendo deje de verse, quiere volver a la realidad que cree es la mejor. No quiere ver todo eso, sin embargo aquellas escenas llegan de manera consecutiva, en orden.

Las lágrimas caen por sus ojos cerrados y puede ver muerte, destrucción y ahora entiende todo. Cuándo el último recuerdo llega, cuándo la última mirada dedicada a él se muestra, abre los ojos y siente unas manos aferrándose a su cintura. Trata de ubicarse, está desorientado, todavía siente que está en aquel sueño y entonces reconoce que no es un sueño.

Son recuerdos.

Recuerdos de una vida pasada, son todo lo que vivió antes de que fuera ejecutado. Sus orbes se adaptan finalmente al escenario que se muestra enfrente de él y rememora que está en una cabaña, resguardándose de la lluvia y cuándo busca a la persona que lo sostiene con firmeza, abre los ojos con firmeza y se aleja con rapidez. No le importa despertar al otro, ahora no le importa nada.

Se siente todavía desorientado, pero también sienten que han jugado con él de la peor manera. ¿Cómo puede ser que hace unas horas se estaba besando con Levi Ackerman? No, se dice mentalmente; Con el capitán Levi. Se lleva sus manos a sus labios y los talla con brusquedad, quiere quitar todo rastro del pelinegro en él. También quiere olvidar la calidez de su pecho al dormir sobre él.

Mira alrededor y entonces un rayo cae, se sobresalta al escuchar el ruido y trata de tranquilizar su respiración.

Mientras se encuentra en el otro extremo de la cabaña, los días pasados vuelven a su mente de manera rápida, vuelve a aquellos incidentes con su tía Hanji, no… más bien, la señorita Hanji y entonces encuentra más lógica a aquel abrazo desesperado, encuentra más lógica en aquella tristeza reprimida.

Y es que ella también sabía todo, ella sabía que Levi le había rechazado, ella vio cuanto sufrió por aquel hombre y, sin embargo, no le ha dicho nada, lo ha llevado directamente a la boca del lobo y él como una buena presa no ha replicado nada. Se levanta rápidamente y ve la lluvia caer, sabe que no llegara muy lejos con aquel aguacero. Pero tampoco quiere permanecer más tiempo ahí con el capitán.

No es cobarde, nunca lo ha sido; había y ha aceptado todo lo que ha pasado, sin embargo quiere organizar todas sus ideas. El impacto de los recuerdos vuelve a él con mayor intensidad y no tiene otro deseo más que gritar, llorar, maldecir… cualquier cosa que le ayude a sacarse esa opresión del pecho.

Deja de mirar a Levi y voltea a ver el agua caer, trata de que su sonido le tranquilice, pero nada… ¿qué es lo que tiene que hacer para olvidar todo? ¿Podrá actuar con normalidad en la mañana? Lo duda, siente la ansiedad por salir de ahí recorrerle.

Escucha ruido atrás y voltea, encontrándose con la imagen de Ackerman despertando. Todo su cuerpo parece listo para salir huyendo de ser necesario pero él se mantiene ahí, incapaz de hacer algo.

Levi abrió los ojos, miró hacia afuera y arrugó un poco el ceño y se dio cuenta de que sin duda alguna no saldrían de ahí hasta el día siguiente si es que la lluvia paraba, se levantó también del piso y caminó hasta dónde estaba Jaeger. El chico no le quitó la mirada en todo el trayecto que dio.

—Pasaremos la noche aquí —soltó. Miró su reloj y se dio cuenta de que pasaba de la media noche.

—Supongo —dijo el menor, encogiéndose de hombros.

Sin embargo con lo que Eren no contaba era la facilidad con la que las personas podían leerlo y una de esas personas era Levi. El pelinegro se le quedó mirando, estudiando cada uno de sus gestos, acciones y supo que el chico estaba incómodo, pero no por lo que había pasado horas atrás.

Tenía algo más, algo que se reflejaba perfectamente en sus ojos pero que él no era completamente capaz de identificar porque Jaeger evitaba cualquier contacto visual. Terminó chasqueando la lengua y jalando al chico bruscamente del brazo para que lo encarara de una buena vez.

—¿Qué sucede?

Eren no soportó, lo apartó bruscamente mientras daba unos pasos atrás. Su mirada se llenó de lágrimas no derramadas desde hace una vida pasada y, con toda la fuerza de voluntad que pudo acumular, soltó—: Ya no necesita seguir siendo amable, sargento.

«Sargento» la mano de Levi, que se había mantenido lista para jalar al chico, volvió a su lugar a un costado de Ackerman. Levi fue incapaz de decir palabra alguna, ¿qué podría decir ahora qué Eren había recordado? ¿«Perdón» acaso? ¿Pero el chico enfrente de él lo perdonaría?

Se mantuvo ahí, estático y sabía que ese sí era el momento adecuado para acunar al chico entre sus brazos porque eso era lo que Eren necesitaba.

Pero no lo hizo.

—¿Por qué, sargento? —Preguntó el castaño, todavía conteniendo aquellas lágrimas que quitaba de manera brusca con el dorso de la mano—. ¿No podía dejar las cosas como estaban? —Inquirió—. ¿Por qué tuvo que aparecer de nuevo en mi vida?

—Eren —trató de hablar.

—No es… justo, sargento —le interrumpió. Sus orbes se inundaron más cuándo recordó aquel beso—. Y… aquel beso, ¿por qué lo hizo?

El silencio los rodeó, Levi sabía que le debía una respuesta, una respuesta que podría tan vez definir todo completamente. Pero no pudo, sus labios parecían completamente sellados, ¿por qué ahora que necesitaba decir algo? ¿Por qué no podía decir nada? No había besado al chico por puro caprichoso, tampoco porque él se lo hubiera pedido. Lo había besado porque había querido, porque él estaba enamorado de Eren.

—Lo suponía —exclamó de nuevo el menor—. Señor Levi —volvió a hablar—, hay muchas personas en el mundo con las cuales jugar. ¿Por qué usted se empeña en hacerlo conmigo?

Más y más lágrimas y Levi entendió que era eso lo que quería evitarle a Eren. Sí, había querido que el chico le recordara, pero ¿ese era el precio a pagar?

—Eren —su mano viajó hasta la mejilla del chico, pero él la apartó de un manotazo—. Tú no entiendes.

—¿No entiendo qué? —Bramó—. ¿Qué está jugando conmigo, señor Levi?

De nuevo el silencio los rodeó, la lluvia seguía cayendo pero ambos lo ignoraron en ese momento. Eren, muy dentro de sí mismo, quería que Levi le diera una verdadera explicación, que le dijera que todas sus suposiciones estaban mal y que por ningún motivo estaba jugando con él.

Esperó una respuesta, pero los minutos se hacían eternos sin una. Apretó los puños a su costado y se limpió las lágrimas no derramadas; si había de derrumbarse no sería ahí, no sería frente a él.

—Lo suponía —soltó y de nuevo volteó al frente; quería escapar de ahí.

Le dirigió una mirada de reojo a Levi y entonces salió de aquella cabaña, no tenía nada con qué cubrirse pero no importaba. Caminó con rapidez, cada vez más y más rápido hasta que se dio cuenta de que estaba corriendo; huyendo de la presencia del sargento. Lo último que escuchó fue su nombre pronunciado en un grito por el mayor. Pero eso no le detuvo; no volteó atrás. Sabía que encontraría la forma de volver a casa —o encontrar un refugio— en medio de aquella tormenta.


Mikasa se mantenía en su habitación con un libro sobre su regazo, había querido concentrarse mientras esperaba atentamente que el timbre de la casa sonara y le anunciara que su hermano había vuelto, sin embargo las horas pasaban sin una noticia de Eren. De nuevo volteó a ver su celular; había llamado a su hermano más de diez veces esperando que contestara, pero cada llamada fue mandada a buzón.

Se asomó por la ventana dándose cuenta de que la tormenta probablemente empeoraría más. Dejó el libro sobre su mesa de noche y salió de su habitación, en el proceso agarró un impermeable. De ser necesario, ella misma iría a buscarlo.

—¿A dónde vas, Mikasa? —Hanji se mantenía en la sala, también sostenía un libro sobre «química» entre sus manos y miraba a la chica con atención—. Afuera hay una tormenta.

—Eren no ha vuelto —dijo, como si aquel argumento fuera necesario para que Zoe la dejara salir.

—Sólo queda esperarlo —mencionó—. Si sales tú en ésta tormenta, él también se preocupara.

—Pero… —dudó un poco—. ¿Y si algo le pasó?

—Él está bien —aseguró.

—¿Cómo sabes?

—Llámalo presentimiento si quieres —explicó mientras retomaba su lectura. Pero, como sabía que la chica seguiría insistiendo, decidió cambiar el tema—: ¿Quieres una taza de chocolate? Hace algo de frío.

Ackerman asintió de manera lenta, pero mandó un último mensaje a su hermano.

Algo le decía que no estaba del todo bien.


Insomnio era lo que tenía en ese momento por lo que decidió salir a su balcón a observar la lluvia caer; menos mal que había colocado una que otra lona para evitar mojarse, de lo contrario no podría salir. Se mantuvo en el balcón, mirando lo más de cerca que podía las calles empapadas y las casas; también los truenos.

La lluvia la ponía melancólica, aunque no recordaba exactamente por qué. A Farlan, su antiguo compañero de departamento, también le ponía melancólico la lluvia.

Se tuvo que abrazar a sí misma para darse calor cuándo una ráfaga de viento fría llegó hasta ella. Seguía sin explicarse porqué, de la nada, había empezado a llover. No había ninguna predicción de lluvia, mucho menos una como aquella, sin embargo ahí estaba, empapando todo a su paso.

Observó las calles empapadas, las casas anteriormente llena de asientos, mesas o de ropa afuera, ahora se encontraban completamente ausentes de aquellas cosas para evitar que se mojaran. Era un escenario completamente distinto al que estaba acostumbrada. Siguió observando las demás calles hasta que vio dos niños pequeños que asomaban de manera tímida sus caras para sentir la brisa de la lluvia, los vio sonreír mientras se empezaban a empapar.

Seguido de eso fue el grito de sus padres exigiéndoles que entraran. Isabel no pudo evitar reír, le recordaba sus días en aquella casa hogar cuándo un día salió sin permiso para brincar sobre los charcos mientras todavía llovía. Cuándo la descubrieron la regañaron —además de haberla obligado a tomar un baño— pero sin duda alguna todo eso había valido la pena y no lo cambiaría por nada.

Siguió así, rememorando lo que había pasado en aquella casa hogar hasta que vio a una persona caminando bajo la lluvia, el primer pensamiento que pasó por su mente fue que, sin duda alguna, aquella persona debería estar lo suficientemente loca como para salir con tremenda tempestad.

Cuándo aquel «extraño» se acercó más a su rango de visión pudo darse cuenta de que no era ningún extraño; era Eren. Se sorprendió un poco, ¿qué hacía Eren en un día de tormenta fuera de casa? ¿Acaso no iba a ir al orfanato Sina y luego regresar a casa?

Sin pensarlo mucho dio media vuelta para salir de su departamento y bajar los escalones lo más rápido que podía; sentía que algo andaba mal. Corrió a toda velocidad hasta que vio la figura de Eren a sólo unos pasos de ella.

—¡Eren! —Gritó con verdadera fuerza, pero Jaeger parecía ajeno a todo ese mundo—. ¡Eren! —Siguió, tratando de alcanzarlo, pero él caminaba cada vez más rápido—. ¡Eren Jaeger! —Su último grito fue con todas las fuerzas que podía.

El aludido finalmente paró y cuándo Eren le alcanzó, no le preguntó nada, simple y sencillamente lo jaló de la mano hasta su departamento dónde casi lo obligó a entrar. Cuándo cerró la puerta pudo ver al chico con la mirada perdida, completamente mojado y con lágrimas cayendo sobre sus orbes; respiraba con dificultad —tal vez debido a la gran caminata que debió haber dado— y parecía todavía no haberla identificado.

—Eren, mírame —insistió, tomándolo de la barbilla del moreno—. Soy Isabel, ¿me reconoces?

—Is… —susurró finalmente Jaeger cuándo sus orbes se encontraron con los de ella y cuándo la castaña estaba lista para decirle algo más, el chico se abrazó a ella, aferrándose a su cuerpo con demasiada fuerza que tambaleó un poco.

Sintió su hombro ser mojado y ya no por la lluvia, sino por las lágrimas de Jaeger. No sabía qué le había pasado al castaño, pero debía de ser algo verdaderamente duro dónde lloraba como si no hubiera un mañana; correspondió aquel abrazo con la misma fuerza, acunó al chico entre sus brazos y estuvieron así un buen rato hasta que finalmente el más alto se calmó lo suficiente.

Isabel lo apartó lentamente, limpió el resto de lágrimas que había todavía en las orbes aguamarinas y le dedicó una cálida sonrisa que Eren apenas pudo devolver.

—Debemos darnos un baño —evidenció. No quería que ninguno de los dos se enfermaran; Eren estuvo por replicar y ella le interrumpió—: No te preocupes por la ropa; puedes usar las de mi antiguo compañero de cuarto, después las lavaré.

—…Gracias, Is.

Isabel empezó a caminar hasta la antigua habitación de Farlan, no esperaba que la ropa de él le quedara a la perfección a Eren, pero era algo a nada; buscó entre las cosas del rubio y regresó hasta dónde había dejado a Jaeger y le dio las prendas y una toalla. Le dio indicaciones de cómo poner el agua caliente y ella se quedó en la sala, esperando que él saliera para meterse a bañar ella.

Mientras escuchaba el ruido de la regadera, volteó a ver la tormenta de nuevo pero sin concentrarse en ella, sus pensamientos seguían en Eren y en lo que tal vez podría haberle pasado para que estuviera en ese estado. No creía que fuera por un problema familiar; Hanji era una tía excelente —ella lo había comprobado—, Mikasa era una buena hermana y rara vez peleaba con Eren. Los padres de Eren estaban muertos, ¿entonces qué había pasado?

Cuándo recordó a Hanji, miró el celular de Eren que descansaba sobre la mesa de centro y lo tomó entre sus manos mojadas, dándose cuenta de que estaba apagado; posiblemente descargado. Soltó un suspiro, ¿estaría Hanji preocupada?

Tomó su propio celular e intentó llamarle, dándose cuenta de que no tenía señal… ¿Un mensaje saldría en ese momento? Estuvo escribiendo el mensaje y buscando un lugar dónde agarrara señal, cuándo finalmente pudo mandar el mensaje, se sintió más relajada.

En ese momento, Eren salió y ella se apuró a entrar al baño.

—Hay chocolate caliente en la estufa —aclaró—. Y pan… Ya sabes lo que dicen: "Las penas con pan son buenas".

Eren soltó una risa corta. —Gracias, Is.


—Deberías de ir a dormir —asesoró Zoe a su sobrina, quién batallaba entre el sueño y la lucidez—. Eren tendrá que volver en la mañana, ahora sería peligroso.

Mikasa se debatió entre obedecerla o no, al final fue hasta su habitación, sacó una almohada y trajo una manta para el frío. —Lo esperaré aquí —proclamó.

Hanji rió. —No has cambiado nada, Mikasa.

—Usted tampoco, señorita Hanji.

Ambas se mantuvieron calladas mirando aquellos comerciales interminables hasta que en la televisión perdió por completo la señal, ambas suponían que era por la tormenta, por lo que no hicieron nada más que apagar la televisión mientras Mikasa se acurrucaba en aquel sillón mientras poco a poco trataba de vencerse por el sueño.

En ese momento el celular de Zoe sonó, anunciando un nuevo mensaje.

—¿Es Eren? —Se apresuró a preguntar Mikasa.

La castaña mintió—: Sí, es Eren. Dice que tuvo que quedarse a descansar en un hotel que estaba de paso, la tormenta no lo dejará venir hasta mañana.

Pudo ver el semblante de su sobrina más relajado, pero supo que al día siguiente Eren recibiría un regaño por parte de su hermana mayor.

—No tengo señal —anunció—. Iré abajo para tratar de mandar el mensaje, tal vez allá haya mejor señal.

Mikasa asintió y antes de que Zoe saliera, le apagó la luz para que durmiera mejor.

Cerró la puerta y caminó por el pasillo hasta las escaleras, bajando poco a poco hasta el piso inferior dónde se encontró con una vecina que llevaba varias bolsas cargando.

—¿Quiere ayuda? —Propuso.

—¡Oh, me sería de mucha ayuda! —Aceptó la otra mujer mientras presionaba el botón del ascensor. Zoe se dijo a sí misma que no era buena idea hacer eso, sin embargo era la opción que más les facilitaba la tarea. Cuándo las puertas del ascensor se abrieron ninguna de las dos dudó en subir—. Menuda tormenta —comentó.

—No estaba anunciada —dijo Zoe—. Nos tomó por sorpresa.

—Sólo espero no pase nada malo.


Cuándo Isabel salió de bañarse, no escuchó ruido alguno, por lo que se apresuró a verificar si Eren no se había ido. Pero para su sorpresa lo encontró dormido sobre el sillón mientras dos tazas de chocolate reposaban sobre la mesa de noche, las tocó para comprobar si estaban calientes y efectivamente así era, por lo que supuso que el chico se había quedado dormido esperándola.

Sonrió levemente y se arrodilló para quedar a la altura de él, cuándo estuvo cerca acarició el cabello castaño, dándose cuenta de que todavía se encontraba levemente húmedo, pasó sus dedos por su cabellera y no sintió a Eren removerse; suponía que en verdad estaba cansado.

O eso pensó hasta que empezó a removerse, señal de una pesadilla; se movía de un lado a otro balbuceando cosas sin sentido para ella, también pudo presenciar como algunas lágrimas salían de sus ojos. Fue limpiando las lágrimas conforme iban cayendo de sus parpados cerrados. Estuvo así un buen rato hasta que escuchó finalmente algo coherente salir de los labio de Eren.

—Levi… —las lágrimas volvieron a salir y lo sintió removerse contra su palma.

Isabel se quedó estática en su lugar, ¿había mencionado al señor Levi? ¿Por qué? ¿Acaso el señor Levi le había hecho algo? Acarició el cabello castaño tratando de que el chico se calmara pero nada funcionaba, cuándo sintió que la pesadilla estaba aumentando, empezó a moverlo con algo de brusquedad para que despertara y Eren lentamente lo hizo.

—Eren —empezó ella—, creo que deberías ir a la cama a dormir, es más cómodo.

—Estoy bien —le dijo para tranquilizarla.

—Vamos —demandó—, aprovecha que Farlan no está. De lo contrario tendrías que dormir obligatoriamente en el sillón.

A final de cuentas el chico asintió empezando a caminar hasta la habitación señalada; era pequeña, no estaba muy habitada, en realidad parecía más una especie de bodega con tantas cajas y muebles sin ocupar. La pared era de un color claro y tenía algunos posters de bandas que no pudo identificar. Se acostó sobre aquel cómodo colchón y sintió como Isabel apagaba la luz y cerraba la puerta, se abrazó a la segunda almohada que había sobre la cama y tardó mucho en conciliar del sueño de nuevo.

¿Por qué esos recuerdos seguían atormentándolo si ya había recordado casi todo? Había escenas borrosas, pero la mayoría estaban tan claras como la mismísima agua.

Recordó que su celular estaba mojado y descargado, también de que se había quedado en la mesa de centro de la sala y tuvo el deseo de levantarse y pedirle prestado a Isabel su cargador. Pero se detuvo, ¿para qué molestarse en hacer eso? Afuera había una tormenta y dudaba mucho que pudiera mandar un mensaje.

Estaba seguro de que Mikasa estaría preocupada —ella más que su tía— y que probablemente tendría un sermón a primera hora de la mañana. Así que no importaba si enviaba aquel mensaje o no, las cosas serían igual. Además, ¿cómo volvería a su casa a primera hora? ¿Cómo haría para mirar a su hermana y decirle que estaba bien cuándo ella siempre fue buena para descubrir si estaba o no mintiendo? ¿Cómo haría para mirar a su tía sin qué los recuerdos le bombardearan?

¿Cómo haría para volver a mirar a Levi si era necesario?

«Levi» la sola idea de volverlo a ver no le gustaba, no quería volver a verlo de nuevo. ¿Por qué tenía que volver a aparecer en su vida? ¿Por qué tenían que reencarnar en el mismo tiempo? ¿Por qué sus caminos tenían que cruzarse? ¿Por qué sus destinos no fueron líneas paralelas?

Apretó más la almohada contra su cara, queriendo hundirse en ella. Queriendo dormir una eternidad de ser necesario hasta que todo estuviera resuelto de nuevo.

Quería, tan sólo, no haber recordado nunca.

Y con ese pensamiento se quedó completamente dormido.


Mikasa se despertó debido a la alarma de incendios que sonaba con suficiente fuerza como para dejar sordo a más de una persona, se levantó sobresaltada mientras trataba de ubicarse dónde estaba y recordó que estaba en la sala. Miró todo el lugar una vez prendió la luz buscando algún rastro de Hanji, pero no lo encontró.

¿Ella ya estaría abajo? ¿Se habría quedado en el primer piso y estaría en ese momento a salvo? Sintió un mal presentimiento y salió lo más rápido que pudo; los pasillos eran todo un caos, los empleados trataban de que las personas fueran con calma, pero aquello era totalmente imposible, todos iban corriendo, empujándose para tratar de bajar lo más rápido posible.

—¡¿Qué fue lo qué paso?! —Exclamó el que Mikasa identificó como uno de los guardias de seguridad.

—Hubo un corto circuito —explicó otro—, en el último piso. El fuego avanza con velocidad, tenemos que evacuar los departamentos.

—¡¿Con ésta tormenta?!

—Lamentablemente, sí.

Ackerman bajó con el montón de personas los pisos inferiores; algo bueno tenía no vivir tan alejado del suelo y cuándo estuvo en el primer piso buscó con la mirada a Hanji, sabía que la mayor la hubiera buscado primero a ella para que ambas se resguardaran y no sufrieran ningún accidente. ¿Pero dónde exactamente estaba su tía? La siguió buscando con la mirada, sin tener éxito.

—¡Mikasa! —Irvin apareció ante ella con un impermeable y una sombrilla que le entregó—. ¿Dónde está Hanji? —Demandó saber.

—No lo sé.

Smith se notó preocupado. —Escuche la alarma de incendios, ella debió de haber hecho lo mismo. ¿Acaso salió a algún lugar?

Cuándo Mikasa estaba por hablar, los mandaron a todos afuera dónde la mayoría empezó a mojarse. Las sombrillas en medio de esa tormenta no servían de nada. Se escuchó una explosión debido a qué tal vez alguien tenía consigo algunos cohetes escondidos.

—¡¿Ya están todos afuera?! —Se escuchó el grito del encargado.

—¡Hay personas en el elevador! —Una tercera voz habló—. ¡No pudimos sacarlas! ¡Son dos mujeres! ¡Una de cabello negro y otra de cabello castaño!

—¡¿Y los bomberos?!

—¡En camino, señor!

Irvin y Mikasa intercambiaron miradas durante breves momentos; había una posibilidad muy grande de que aquella castaña fuera Hanji.


A la mañana siguiente cuándo Eren despertó, la mayor parte del cielo estaba despejado, parecía como si absolutamente nada hubiera pasado anoche. Se estiró en la cama y se quedó observando el techo durante unos minutos hasta que decidió levantarse tras escuchar ruido del otro lado de la puerta, ¿estaría Isabel ya despierta?

Abrió la puerta y el olor característico de los hot cakes le dio los buenos días, Isabel escuchó la puerta abrirse y volteó a verlo; portaba un mandil color rojo mientras cocinaba, ella le dedico una sonrisa cálida.

Observó con atención la casa; el color beige de las paredes, la forma de las ventanas y el pequeño jardín que había. Todo ese lugar decía «Isabel», aquella casa tenía una calidez como la de la chica. Mientras se acercaba a la mesa pudo escuchar perfectamente el canto de algunos pájaros y los vio posados en el pequeño jardín.

¿Isabel los alimentaría, acaso?

—Dormilón —mencionó la chica mientras ponía enfrente de él un gran plato de Hot cakes—. Tienes el sueño pesado.

—Me lo dicen seguido —admitió, encogiéndose de hombros.

Magnolia rió y se sentó en frente de él, ambos empezaron a desayunar. Ella no preguntó qué había pasado el día anterior y Jaeger lo agradeció profundamente; no se sentía listo para hablar el tema. Además, ¿cómo explicarle a Isabel que se debía a una vida pasada?

—Gracias —soltó—. Gracias por… lo que hiciste por mí.

—No fue nada —dijo mientras se levantaba de su asiento y le entregaba a Eren su celular, al parecer lo había puesto a cargar—. A quién le debes una explicación es a tu tía.

—Lo sé.

Prendió el celular y esperó poco a poco hasta que finalmente los mensajes llegaron con una velocidad que no se esperó, eran demasiados; la mayoría de Mikasa y algunas llamadas perdidas de su tía. Leyó el mensaje más reciente que hizo que quedara impresionado al leer el contenido; era un mensaje de Irvin.

«Hubo un incendio en el departamento. Hanji resultó herida. ¿Dónde estás?»

«Eren, comunícate con nosotros, es urgente. Hanji está en el hospital»

—¿Eren? —Isabel logró sacarlo de su asombro.

—Necesito ir al hospital, mi tía está ahí.

—¿Qué fue lo que pasó?

—No lo sé.

—Te acompaño —proclamó y empezó a caminar hasta su cuarto—. ¡Y no acepto un no por respuesta! —Proclamó al momento que le aventaba las prendas que había usado el día anterior, completamente secas.


—Hierba mala nunca muere. —Dijo Hanji cuándo su sobrino apareció ante ella completamente sobresaltado al verla internada en el hospital y con aquella mascarilla que le ayudaba a respirar.

—No es gracioso, tía. —Recriminó Eren.

—Eren tiene razón —opinó Irvin—. Enserio pudiste haber muerto.

Zoe pareció restarle importancia al asunto, Jaeger sabía que su tía era así, pero no podía evitar preocuparse. Por eso mismo había salido de la casa de Isabel corriendo con la chica; habían llegado al hospital en un tiempo record.

—Lo importante aquí —volvió a hablar ella, quitándose esa mascarilla—, es qué me digas dónde estuviste anoche, jovencito.

Eren se encogió de hombros, cuándo su tía le decía «jovencito» era porque en verdad se había preocupado demasiado por él. —Terminé en casa de Isabel —confesó. Era una verdad a medias, todavía no estaba listo para decirle que había recordado todo y qué… había estado con Levi.

—El edificio dónde se quedaban estará deshabitado hasta que todos los daños sean cubiertos —empezó a decir Smith para cambiar el tema—. ¿Con quién te quedarás mientras tanto, Eren? Mikasa pidió asilo con Sasha. Te ofrecería venir conmigo, pero mi departamento es muy chico.

—No se preocupe, señor Smith —mencionó—, suficiente hizo con ayudar a mi hermana y a mi tía.

—¿Entonces con quién te quedarás, Eren? —Inquirió Zoe. Ella no saldría de ahí hasta que el doctor no le diera de alta; tenía algunas quemaduras leves y, si fuera por ella misma, estaría en ese momento como si nada. Pero le habían hecho descansar.

Él se puso a pensar. ¿Con Armin? No, imposible. Armin iba a mudarse de casa, por lo que tenía un montón de cajas que desempacar y, según tenía entendido, ahora su casa era más chica. Ymir vivía con Historia y en verdad no quería molestarlas y Annie… bueno, Annie era Annie. No le pediría algo así.

—Algo se me ocurrirá.

Zoe hizo una mueca, en ese momento la puerta se abrió, dejando ver el rostro de Levi Ackerman. Eren se encogió de hombros mientras se hacía a un lado y caminaba hasta un lado de la cama de su tía. Ninguno de los dos volteó a ver al otro y Eren trató de que ni su tía ni el señor Irvin se dieran cuenta de nada.

—¡Oh, Levi! ¡Justo a la persona que necesitaba!

«No» pensó Eren para sus adentros, ¿acaso su tía pensaba…?

—¿Serías tan… amable de cuidar a Erencito por mí unos días? —En lo que Levi lo pensaba, ella agarró la mascarilla para tomar un poco de aire y seguir hablando—. Sólo unos días, piénsalo.

—No es necesario tía Hanji —aclaró Eren antes de que le pelinegro pudiera hablar—. Isabel tiene una habitación desocupada, podría pedirle a ella…

—Eren —le interrumpió la mayor—. ¿Te gusta Isabel?

Se extrañó por esa pregunta. —N-No…

—Ir a vivir con ella es alimentar sus esperanzas —le dijo—, y eso es cruel. ¿Quieres que ella sufra?

—No.

Se formó un silencio hasta que Zoe decidió volver a romperlo. —Entonces, ve con Levi. Tú no sientes nada por Levi, Levi no siente nada por ti —Eren no sabía porque aquella última frase le había dolido—, y sólo son unos cuantos días.

Hanji le dedicó una mirada a su amigo, una súplica con la mirada.

—De acuerdo —aceptó Jaeger—. Sólo si el señor Levi está de acuerdo.

—No hay problema —aseguró el pelinegro.

Fue en ese momento que la mirada de ambos se cruzaron y el primero en desviarla fue Eren. ¿Qué les depararía ahora que tendrían que convivir bajo el mismo techo?


Continuará.


Reviews anónimos:

Hikari-Candy: ¡Me alegro que te pareciera lindo el capítulo! Me esforcé porque fuera así. Espero éste también haya sido de tu agrado. Abrazos.

Sadiele: Concuerdo contigo en casi todo, en verdad. Pensé que era la única a la que le daba rabia leer ese tipo de cosas. De hecho, sin mentirte, llevo varios fics abandonados porque siempre terminan haciendo algo que no me gusta y es muy frustrante. *Suspira* Sobre el porque Levi obedeció esa orden, bueno, pronto se verá. Tal vez en el siguiente.

Sobre el dejarlo abandonado, la verdad es que no he dejado un fic abandonado desde que inicie en FF y no planeó hacerlo. Yo soy de las que tienen la mentalidad que esto es un pasatiempo, pero a la vez estamos comprometidos con las personas que nos leen. Y yo aprecio a cada uno de mis lectores (: dejar un fic tirado es casi como una traición a ellos. Así que pierde cuidado, que pudo tardarme meses, pero siempre verás una actualización de mi parte. Sino, puedes acosarme en los links de mi perfil para que escriba xD Con confianza.

¡Perdona tremenda biblia!

Annyel: Me alegro que te gustara. ¡Hice todo lo que puede para no tardar tanto! QwQ Escribí como poseída dos días seguidos.

Andy: ¡Hola! ¡A mí me guste que te guste! Me alegra que pienses que es interesante; ojalá sigas pensando así. Pues, ahora sabes que ha pasado xD Un abrazo.


Oh, dioses, escribir esto (que ya tenía planeado) fue agotador *se desploma en su cama* ¡Espero la historia siga siendo de su agrado! ¿Alguien se esperaba que Levi y Eren terminaran compartiendo el mismo techo? Espero que no. ¡Lo siguiente ya casi es parte de la recta final! A lo mejor el fic tenga de 10 a 15 capítulos… faltan alguno cabos que voy a ir atando en los próximos capítulos.

¡Espero seguir contando con su apoyo! ¡Gracias a todos los que comentaron! Un beso. Estoy abierta a sugerencias/dudas/quejas (: ¡Nos leemos!

13 de Junio del 2015.