El Fandom de Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen.
Advertencia: OoC | EruHan.
Agradecimientos por los reviews a: Hikari Candy, Shinju Meinu, Blacksoulstar95, Sadiele y Kokoa Kirkland. ¡Gracias!
Recovering a Star.
Por: Breen Martínez.
"Y nunca me despido de ti porque nunca me quiero ir".
13.
—¿Todo listo, Eren? —La voz de Irvin le regresó a la realidad, estaba mirando el departamento con atención, aquel que había sido su hogar temporal y que ahora dejaría definitivamente.
La mudanza había transcurrido tan rápido que ni siquiera sintió cuándo todo estuvo listo, después de todo, la mayoría de sus cosas se habían perdido en aquel incendio y él solamente había hecho una pequeña caja con sus pertenencias: tanto Hanji como Mikasa ya tenían sus nuevas cosas en su hogar definitivo, solamente faltaba él. Nunca quiso admitir que estaba haciéndose el tonto con la mudanza, porque en realidad no deseaba irse.
Irse significaba despedirse y él siempre había odiado las despedidas, además de que el sólo pensamiento de tener que despedirse de Levi no le agradaba de todo. No quería admitirlo tampoco, pero los días ahí habían sido interesantes y de una u otra forma, amenos.
Jaeger estuvo por asentir cuándo sintió que le faltaba aquel instrumento indispensable en su vida: su guitarra. La buscó entre los asientos traseros, dándose cuenta de que no estaba. Frunció levemente el ceño mientras volvía sobre sus pasos por si la había dejado recargada en una pared: nada.
Smith dibujó una sonrisa en su rostro. —¿Qué te hace falta, Eren?
—Mi guitarra… —mencionó todavía buscando con la mirada.
—Mejor ve a fijarte sino la dejaste en el departamento de Levi —asesoró. La mueca que formó el menor fue suficiente para saber que no quería subir—. También podrías aprovechar para despedirte de Levi.
La mueca de Eren aumentó, se había levantado muy temprano y había estado gran parte de la mañana afuera con sus cosas en lo que Irvin llegaba, la verdad era que no quería despedirse del pelinegro y a regañadientes regresó sobre sus pasos. A cada paso que daba sentía los latidos de su corazón aumentar en nerviosismo.
Sus manos sudaban, ¿cómo era que ese pequeño trayecto le ponía más nervioso que cantar frente a muchas personas? Se obligó a respirar e inhalar mientras seguía subiendo. Cuándo llegó, se encontró con la sorpresa de que la puerta estaba abierta, cosa que le extrañó: Levi no era de dejar la puerta abierta. Se adentró en el departamento, encontrándose con Levi sentado sobre el sillón.
Su seño estaba fruncido y le miraba con mala cara, inmediatamente tragó saliva, sintiéndose intimidado. Bien, ¿ahora que había hecho si estaba a punto de irse?
—¿Y bien? —Preguntó Ackerman sin moverse ni siquiera un poco de su lugar.
Eren le miró, desconcertado. —¿Y bien, qué?
—¿Te vas a ir sin despedirte, mocoso de mierda?
Jaeger pudo divisar el estuche de su guitarra al lado del sillón dónde se encontraba el mayor. —No tenías que secuestrar mi guitarra —exclamó. Rascó su nuca en nerviosismo, antes de agregar—: Odio las despedidas.
El silencio tenso les rodeó, Eren estaba dudoso de qué decir o si caminar hasta dónde estaba su guitarra y tomarla, ¿sería capaz Levi de molestarse? Ackerman pareció ver lo que quería hacer, por lo que agarró el instrumento y caminó hasta quedar frente al castaño.
—No es una excusa —aclaró mientras le entregaba el instrumento con algo de brusquedad.
—No lo estoy tomando como excusa —aclaró Eren mientras se colocaba su instrumento sobre su hombro—. Pero no pienso despedirme —aclaró, estuvo por dar media vuelta cuándo su brazo fue sostenido con fuerza por el pelinegro.
Pensó que le iba a jalar, haciéndole mirarle o cualquier otra cosa. Pero en su lugar, los dedos de Levi viajaron hasta los suyos, entrelazándose. El color subió a sus mejillas cuándo sintió el calor contrario contra la palma de su mano, sin embargo no se separó, ni siquiera hizo ademán alguno, en su lugar apretó la mano contraria con fuerza mientras seguía caminando, jalando también a Levi.
Cuando llegaron finalmente a la puerta, se dieron la cara. Eren había controlado demasiado bien su sonrojo, tratando de ocultarlo de la mejor manera posible y Levi parecía completamente relajado, no como otras veces. Se quedaron así, mirándose mutuamente con los dedos apenas entrelazados.
Seguía una despedida, ambos lo sabían. Un «gracias por todo» hubiera estado bien que saliera de los labios del castaño, un «hasta luego, mocoso» también se hubiera escuchado bien. Sin embargo nada de eso pasaba, sus labios parecían sellados.
Todavía sus dedos estaban entrelazados, aun sabiendo que el tiempo corría.
—Es tarde —finalmente comentó el mayor, sin embargo sus dedos se mantuvieron firmes contra los contrarios—. Irvin debe estar desesperado.
Eren asintió lentamente, aunque era cierto que fue el señor Smith quién le convenció de subir para buscar su instrumento, podía hasta imaginárselo en el auto mirando su reloj con impaciencia. ¿Qué tal si tenía otro compromiso y él estaba ahí como si nada? Sin embargo, no relajó el agarre.
—¿Vas a ir a trabajar?
Levi negó. —Limpiaré.
El menor estuvo por reír, podía jurar que el departamento era el más limpio de toda la ciudad y aun así a ojos de Levi, estaba terriblemente sucio. Una sonrisa burlona se formó en su rostro, cosa que no pasó desapercibida por Ackerman, quién decidió ignorar aquello.
—Es tarde —repitió él, pero en su tono no había apuro alguno.
¿Quién sería el primero en romper aquel contacto?
—No pienso despedirme —recalcó Eren y el contrario sonrió. Lo sabía.
Levi aflojó el agarre y el menor supo que era momento de irse, imitó las acciones poco a poco, si uno aflojaba más, el otro también lo hacía, así hasta que el último de sus dedos estuvo entrelazado. Un entrelazado que se rompió cuándo ambos dieron media vuelta al mismo tiempo, sin despedirse tal y como Jaeger había prometido.
Hace mucho tiempo, Eren escuchó que en las despedidas no se debe mirar atrás, sin embargo él odiaba las despedidas y siempre había sido malas para ellas, cuándo volteó todavía pudo divisar a Ackerman sobre la puerta. Posiblemente le había engañado para que finalmente se marchara, pero saber eso sólo hizo que tuviera ganas de regresar.
Pero no podía… ese no era su hogar.
Cuándo finalmente llegó al auto, se dio cuenta de que efectivamente Irvin estaba dentro del auto esperándole. No mencionó nada, sólo abrió la puerta del copiloto y se puso el cinturón de seguridad. El rubio a su lado no le comentó absolutamente nada, manejó en silencio hasta agarrar el camino más largo.
—Eres un libro abierto, Eren —finalmente habló, su voz sonaba tranquila. Como si fuera un padre y quisiera darle un consejo a su hijo.
Jaeger se encogió de hombros, se lo habían dicho hace bastante tiempo y aunque decían que solía ser bueno, para él no.
—No vamos a obligarte a nada —cuándo escuchó el vamos, supo muy bien que su tía estaba involucrada en esa oración—. Ni a ti, ni a Levi —aclaró—. Son libres de elegir lo que quieran hacer.
Libres… finalmente eran libres de elegir sobre sus vidas sin murallas de por medio. ¿Entonces por qué estaban desperdiciando aquella libertad de esa manera?
El constante ir y venir de la gente era lo que podía apreciar a través de la ventana, les tuvo envidia en ese momento, porque parecían tan cómodos con lo que estaban haciendo, les tenía envidia al ver la gran sonrisa de felicidad en su rostro, sobre todo a aquellos que veía platicando de una manera amena, completamente ajenos al mundo que les rodeaba. Sobre todo aquellos que venía agarrados de la mano, ignorando aún más al mundo que estaba a su alrededor.
Suspiró de nueva cuenta, todavía sin regresar su vista al lugar dónde se encontraba. Había perdido la cuenta de las veces que la mesera le había llamado preguntándole sino gustaba de algo más.
—… Y así fue como murió el gato. —La voz de Armin le regresó de nueva cuenta a lo que estaba haciendo. De repente se sintió desorientado, como si se tratase de un estudiante que se distrajo un segundo y cuándo menos lo esperó el pizarrón estaba lleno de fórmulas que no conocía.
No recordaba estar hablando con Armin sobre un gato, sin embargo su amigo siempre tomaba cada plática enserio. ¿Sería posible que no estuvo prestando tanta atención como creía? En un principio sí le estaba escuchando, Armin le estaba platicando sobre su trabajo y —no sabía cómo— aquella plática terminó en un gato que murió.
Sin embargo la risa de Arlert le desconcertó aún más.
—Es broma —explicó el rubio mientras bebía un poco de su bebida—. Llevabas demasiado tiempo mirando la ventana que saque un libro para leer —le explicó mientras sacaba aquel libro de bolsillo que siempre llevaba consigo—. Y dije eso para ver si reaccionabas, funcionó.
Jaeger tardó unos segundos en comprender lo antes dicho, cuándo lo hizo, la vergüenza subió a sus mejillas. —Lo siento —dijo, con sinceridad. Había estado demasiado distraído desde la mudanza, Hanji y Mikasa se lo habían dicho—. Yo…
—Está bien —le cortó Armin—. ¿Qué tal la mudanza?
—Bastante bien —admitió—. Pero se siente… extraño.
El rubio sonrió captando tal vez algo de lo que Eren todavía no se había dado cuenta, por eso en lo que su amigo se sumergía en sus pensamientos, sacó aquel libro de nuevo, no sin antes mirar el reloj y darse cuenta de que habían estado demasiado tiempo ahí.
—¿Cómo está el señor Levi? —Preguntó, logrando que su amigo saliera de sus pensamientos al primer intento.
—No lo he visto —confesó el castaño, volteando de nuevo a ver a través de la ventana.
—¿Desde la mudanza? —El contrario asintió—. ¿Una semana? —Calculó.
De nuevo Jaeger asintió, aunque él bien sabía que no era una semana: era una semana y cuatro días. Sin embargo Armin no tenía por qué saber que estaba contando los días. No estaba contando las horas porque sería demasiado extremista, pero se mantenía en ese momento esperando el momento de volverle a ver.
"Tenía tanta razón. Nunca sabes si vas a tener segundas oportunidades en la vida, por eso hay que tomar las primeras oportunidades a pesar del miedo que te puedan provocar".
—¿Me acompañas a comprar? —Fue la pregunta que dijo Armin y por la cual se encontraban en ese momento en el centro comercial. Eren sostenía el carrito de supermercado mientras su amigo se encargaba de llevar todo aquello que le hiciera falta.
Tenía que admitir que pasar tiempo con Armin siempre era divertido, de una u otra forma su amigo siempre lograba distraerle y hacerle sentir mejor. Siempre fue así desde que se conocieron, hasta incluso una vida pasada atrás. Se quedó mirando a su amigo elegir todo lo que le faltaba y él miró las cosas del carrito: no eran muchas.
Arlert era demasiado precavido, por lo que sospechaba que las cosas que llevaba no eran porque le hicieran falta de manera urgente, sino porque las que él tenía estaban a punto de acabarse.
—Creo que es todo —comentó el rubio cuando dejó las últimas cosas en el carrito. Eren se dio cuenta de que no lo había llenado por completo.
Sin comentar nada más, ambos se dirigieron hasta una de las cajas. Ese día estaban llenas de gente, por lo que tuvieron que esperar unos minutos, minutos que aprovecharon para platicar de cosas triviales y sin sentido mientras esperaban para pagar. Cuándo salieron, cada uno tomó un camino diferente.
Al final había terminado perdiendo más tiempo en un parque, mirando a todos con curiosidad, estudiándoles y llegó el momento determinado que volvió a hacer lo que siempre le había gustado hacer: mirar el cielo. No sabía por qué su fascinación hacía el cielo azul y las nubes, pero no podía evitar hacerlo. Le gustaba mirar hacia arriba, a veces sentía envidia de las aves que podían volar libremente sobre él.
En aquella posición lo encontró Mikasa cuando regresaba de casa de Sasha, la chica no había comentado nada realmente importante, en su lugar se sentó sobre el pasto verde y recién cortado. Eren le imitó y se imitó la acción que hacían cuándo eran pequeño, ambos se recostaron, Eren sobre el pasto y Mikasa ocupando el estómago de su hermano como almohada.
—Te extrañé —fue lo que comentó ella.
—Fueron sólo unos días, Mikasa.
—No me refiero a eso —ella se levantó, quedando completamente sentada sobre el pasto. Observó el ir y venir de las personas, antes de proseguir—: Pasó mucho tiempo.
Fue entonces que Jaeger comprendió a lo que se refería. Ella le había extrañado tanto tiempo, desde que había sido ejecutado hasta el momento que volvieron a reencontrarse en aquella casa hogar. Imitó las acciones de su hermana, la diferencia es que llevó uno de sus brazos hasta el hombro de su hermana, logrando acercarla más a él.
—Lamento preocuparte, Mika.
Ella negó, mientras rodeaba el cuerpo de su hermano y escondía su cara en su hombro. Sí, había pasado mucho tiempo pero ahora estaban juntos y aquello era lo que realmente importaba. Todo lo que habían pasado ahora estaba en el pasado y ahí debía de quedarse. Lo que importaba era el presente y que estaban juntos de nuevo era lo que importaba.
—Te quiero —susurró ella, bajito, como si fuera el mayor secreto que ambos compartían.
Eren lo sabía, no necesitaba prueba de ello. —Yo también te quiero, Mika.
Y abrazados contemplaron poco a poco como el sol se metía de manera lenta para ambos. Pero no importaba, porque en ese momento estaban compartiendo un pequeño espacio para ambos solos, estaban disfrutando después de mucho tiempo. Por eso que pasaran las horas que debían pasar, no les importarían.
No necesitaban palabras, porque todas ya habían sido dichas y las que faltaban por decirse no eran tan importantes. Y sólo cuándo el sol terminó de ocultarse, Eren hizo la recomendación de que era mejor volver a casa, Mikasa no se opuso y rápidamente ambos se levantaron para ir a su hogar juntos.
En el trayecto no hubo más palabras, ni siquiera ningún comentario sin sentido, pero Mikasa se permitió colgarse del brazo de su hermano como cuándo eran pequeños y Eren lo permitió, sin agregar nada.
Cuándo finalmente llegaron a casa, el olor a perfume femenino les dio la bienvenida, ambos identificaron perfectamente la fragancia: se la habían regalado a su tía el día que cumplió años hace un tiempo atrás. Ambos habían conseguido trabajos de medio tiempo y se encontraban ahorrando, no había sido nada fácil, sobre todo porque la tentación de comprar cosas que ambos deseaban era fuerte, pero lo habían logrado.
Su tía les había agradecido el detalle, más cuándo se dio cuenta de que era el mismo olor que le agradaba y que le recordaba a su difunta madre.
Así que oler aquella fragancia les resultó extraño a ambos, algo realmente importante debería de pasar para que su tía lo usara. Mikasa fue la primera en querer saber a qué se debía eso, por lo que soltó el brazo de su hermano e ingresó a gran velocidad al cuarto de su tía.
Eren al ver su reacción, corrió a seguirla. —¡Mikasa! —Protestó—. No puedes abrir el cuarto de las otras personas así… —iba a seguir cuándo sus ojos se centraron en su tía.
Lucía hermosa.
No, hermosa era poco para calificarla en ese momento. Su tía llevaba su cabello —comúnmente agarrado en una coleta— suelto y se notaba ondulado, además del vestido largo azul de una sola manga le hacía lucir bien. Su rostro también tenía una leve capa de maquillaje que sólo resaltaba más su belleza.
Mikasa y Eren quedaron estupefactos al verla de esa manera, ninguno sabía que decir, ningún alago sería suficiente para ella.
—¿Una cena? —Finalmente preguntó la pelinegra. Hanji asintió, parecía un poco apenada de que sus sobrinos la vieran de esa manera—. Con Irvin —adivinó.
Zoe volvió a asentir.
—¿El señor Smith? —Finalmente Eren salió de aquel estado. Su tía volvió a asentir, confirmándole así sus sospechas. ¿Qué decir en ese momento? No se lo había esperado, pero no se sentía disgustado ni nada. Sabía que el señor Smith cuidaría de su tía—. ¿Desde cuándo? —Interrogó, porque no podía ignorar aquella curiosidad.
Está vez ella sí le miró. —Dicen que los que reencarnamos es porque dejamos algo inconcluso. —Fue su respuesta y fue todo lo que necesitó para que su sobrino comprendiera—. Las segundas oportunidades rara vez se dan.
—Más le vale que te cuide —dijo, aunque no era una amenaza realmente. Mikasa y Hanji lo notaron.
No tuvieron tiempo de decir nada más, porque los toques en la puerta fueron la señal que todos necesitaron para saber que Irvin Smith había llegado y Eren fue el que se dirigió a abrir, después de todo era el hombre de la casa y cómo tal debía cuidar a ambas féminas.
—Eren —saludó el rubio, con una sonrisa resplandeciente.
—Señor Smith —saludó, serio.
—Te has enterado —comentó Smith, todavía sin borrar la sonrisa de su rostro.
Mikasa y Hanji se mantenían escuchando desde una de las paredes. Ambas trataban de no hacer ruido para poder escuchar bien.
—Me alegro por ustedes —Eren relajó su semblante, cosa que el mayor notó—. Cuídela, que nada le pase. —Una felicitación y una amenaza implícita. Bien hecho.
Ninguno de los dos agregó nada más, porque Hanji apareció ante ellos gracias al empujón de Mikasa y ambos pudieron observar como su tía subía a al auto de Smith, pudieron ver una expresión diferente en su rostro. Y sonrieron porque la persona que más les había apoyado en ambas vidas también merecía su propio final feliz, su propia historia de cuento.
Y ellos estaban seguros que la tendría.
—Ella tiene razón —fue el comentario que le dio Mikasa cuándo ambos estaban sentados en la sala, mirando una película. Su hermana está vez no le había agarrado de almohada, sino que era al revés, él estaba acostado sobre las piernas de su hermana.
—¿A qué te refieres? —Preguntó él, desviando su atención a ella.
—Las segundas oportunidades son raras.
—¿Qué estás—?
—Si te hace algo de nuevo —cortó el parlamento de su hermano—. Lo mataré
Eren rió, captando la atención de la pelinegra, ¿su hermana acaso le estaba dando a él y a Levi su bendición? Oh, Mikasa había cambiado, demasiado. Lo que hacían tantos años en ambos.
—Lo mataremos entre los dos —prometió y la chica dibujó una tímida sonrisa en su rostro mientras asentía—. Gracias, Mikasa.
Al día siguiente fue Mikasa la que decidió que era lo que iban a hacer, una vez ambos habían terminado de desayunar —su tía seguía durmiendo y no deseaban despertarla— había recomendado que salieran, recuperando el tiempo perdido. Eren no se opuso, la idea de salir con su hermana como en antaño se le hizo de lo más cómoda.
Salieron no sin antes dejarle una nota a su tía informándole dónde estarían, porque sabía a veces lograba preocuparse. Eren le dejó parte del desayuno también, para que sólo lo calentara. Una vez todo listo, salieron hacía el centro de la ciudad, darían un leve paseo por la ciudad que tanto conocían.
A veces paraban a comprar algo de beber, a veces algo de comer: todo lo que fuera suficiente para que el recorrido fuera lo más cómodo para ambos. Ninguno parecía quejarse del sol que se estaba presentando en ese momento, así que siguieron su recorrido como si nada. Hubo momentos en los que les hubiera gustado que su tía estuviera ahí con ellos, a veces hacían comentarios que creían que su tía haría y reían por eso mismo (más Eren que Mikasa, claro).
Cuándo pasó medio día, ambos recibieron un mensaje de su tía, solamente para asegurarse de que ambos estaban juntos, al final terminaron llamándola para que les creyera y también para interrogarla un poco sobre la noche anterior, se sorprendieron mucho de lo más comunicativa que era su tía en esos casos por teléfono en lugar de personalmente. Una vez terminada la llamada, retomaron su recorrido.
Aquel día caminaron más de lo que lo habían hecho en mucho tiempo y sobre todo sentían que de verdad habían recuperado el tiempo perdido, sólo pararon cuándo el estómago de ambos rugió por comida, por lo que entraron en un establecimiento.
Fue en ese momento que el celular de Mikasa sonó con insistencia y ella no tuvo de otra que contestar el mensaje. Eren la observó con atención, su seño se había fruncido un poco.
—¿Quién es? —Finalmente se animó a preguntar.
Ella volvió a su deber con el celular, antes de contestar—: Sasha.
El castaño iba a agregar algo más, pero llegaron a pedir sus órdenes, como su hermana estaba lo suficientemente distraída como para no darse cuenta de nada a su alrededor, pidió también por ella.
—¿Qué es lo que quiere? —Conocía a Braus y podría ser lo suficientemente insistente como para hacer que su hermana frunciera le ceño de tal manera.
—Que vaya a su casa —explicó, todavía respondiéndole a la chica. Eren podía escuchar el tono de los mensajes recién llegados—. En la tarde.
Eren bebió un poco de su bebida, antes de proseguir—: Le dijiste que no. —Adivinó.
Su hermana asintió.
—Deberías ir —asesoró. Ella le miró, desconcertada por lo que acababa de decir. Sin embargo no se retractó en ningún momento—. Podría ser algo urgente.
Mikasa lo pensó, mandó un último mensaje antes de poner el celular en la mesa y beber un poco de su propia bebida. —Iré —declaró.
Después de comer ambos siguieron caminando, está vez sin ningún destino en específico, después de todo Mikasa tendría que irse en un par de horas y Eren por su parte, regresaría a casa antes de que anocheciera por completo. La chica no parecía completamente convencida de dejar solo a su hermano pero sabía que si insistía en quedarse, Eren terminaría por convencerla para que fuera a ver a Braus a pesar de haberlo ya hecho mucho tiempo.
Era cierto que Sasha era agradable y vivir con ella no había sido como se lo imaginó, no se quejaba porque había sido una gran estadía, pero no había nada como estar en casa de nueva cuenta y mucho menos convivir con tu familia como en antaño.
Cuándo pasaron por una librería, Mikasa recordó que había estado buscando un libro durante mucho tiempo, ¿sería que aquella tienda lo tendría? Se adentró en aquel lugar, Eren le siguió de cerca sin decir nada y también observando parte de los libros que se mostraban.
Uno de los encargados se acercó hasta ellos y cuándo Mikasa dijo el nombre del libro y el autor, no tardaron mucho en mostrarle el que estaba buscando. Cuándo salieron del lugar, la escena que presenciaron nunca se la hubieran imaginado.
Era Farlan, dándole un abrazo apretado a Levi, el pelinegro no parecía molesto por la cercanía, tal vez algo extrañado por el repentino abrazo. Mikasa se quedó quieta en su lugar y su mirada viajó rápidamente a su hermano, quién mantenía el ceño fruncido y los puños apretados ante la escena.
Ella le conocía, sabía que tarde o temprano le haría caso a esos impulsos que siempre tenía y fue por esa misma razón que se hizo a un lado, dejándole el camino libre por si cruzaba la calle hasta dónde estaban ambos. Pero Eren parecía que podía controlar su enojo…
…O así lo pensó ella, hasta que el rubio enfrente miró a su hermano con una sonrisa burlona en su rostro. Fue entonces que Jaeger finalmente cruzó la calle, Mikasa esperó que golpeará al rubio —qué bien merecido se lo tendría— a criterio de ella, pero en su lugar, jaló a Levi de un brazo, logrando que el otro lo soltara y comenzando a caminar.
—¡Oi! —Escucharon los gritos de Levi, pero por ningún motivo Eren se detuvo.
Mikasa se quedó en ese lugar mirando al rubio con mala cara hasta que una figura emergió de uno de los callejones, ella la identificó rápidamente: Isabel Magnolia. ¿Qué hacía ella ahí? Se preguntó, pero cuando vio que le rubio se le acercó, fue toda la respuesta que necesitó, por lo que empezó a caminar hasta la casa de Sasha: llegaría antes de lo estimado.
—¿Estás bien? —Preguntó Farlan mientras veía como ella miraba en dirección en la que iban Levi y Eren.
—Sí —ella le sonrió, una sonrisa que aceleró su corazón—. Gracias, Farlan.
—Espero Levi no me mate —exclamó el rubio, fingiendo temor.
—Te lo agradecerá —afirmó ella mientras tomaba la mano del más alto, empezando a caminar.
"Para que una estrella nazca, hay una cosa que debe suceder: "una nebulosa gaseosa debe colapsarse".
Así que colápsate.
Desmorónate.
Ésta no es tu destrucción.
Es tu nacimiento."
—¡Eren! —Gritó por enésima vez, sin embargo el chico parecía no reaccionar a su llamado. Caminaba con rapidez por calles que él no conocía y dudaba mucho que fueron a terminar en algún lugar. ¿A dónde exactamente Jaeger quería ir? Por un momento pensó que solamente lo apartaría de Farlan y varias cuadras después le soltaría, pero llevaban caminando demasiado—. Mocoso —bramó.
Sin embargo Jaeger no se detenía. Bufó mientras se dejaba jalar, sentía el agarre firme de Eren contra su muñeca y creía que hacer algo así era tonto. Él no se soltaría de Eren, porque no deseaba hacerlo.
No fueron muchas cuadras después cuándo finalmente Eren se animó a soltarle, todavía sin decirle palabra alguna. Levi estuvo por agregar algo cuándo vio que el menor avanzaba hacía un edificio cerrado, al parecer estaba acostumbrado a ir por ahí porque se agachó, logrando entrar rápidamente.
Levi se debatió entre seguirle o no, sin embargo al final lo hizo, se encontró con una puerta abierta y muchas escaleras que seguramente debía subir y que no tardó mucho en hacerlo, Eren le llevaba una gran ventaja, pero no por ello no pudo alcanzarlo. Cuándo se dio cuenta, estaban en el piso más alto, en una especie de terraza dónde había un montón de flores y se podía apreciar perfectamente el sol que en un par de horas se metería.
Jaeger se mantenía sentado en el piso, bajo un techo que le cubría de los rayos del sol, Levi llegó y se recargó sobre uno de los pilares. Ninguno de los dos dijo nada, solamente observaban puntos indefinidos.
—Lo siento —al final fue Eren el que habló primero, Levi le miró, su flequillo ocultaba parte de sus ojos, por lo que Ackerman intuyó que estaba arrepentido.
—Eres un mocoso —exclamó, relajando los brazos y dejándolos que cayeran a su costado.
Era cierto que había estado esperando volver a ver a Eren, sin embargo nunca esperó que se verían de esa forma y que la distancia entre ambos regresaría. Pensó que finalmente sería rota, ¿qué necesitaban hacer para que se rompiera definitivamente?
—Lo soy —aceptó Eren, en su voz todavía se notaba el arrepentimiento.
Levi caminó hasta él a paso lento y tranquilo, hasta que llegó a dónde estaba el menor y puso una de sus manos en la cabellera castaño, acariciándola. —Mi mocoso —aclaró y observó cómo los colores subían a la cara de Eren, lo que logró que una sonrisa se dibujara en su rostro.
La brisa de una posible lluvia les rodeó y logró que parte de la fragancia de las flores llegaran hasta ellos. Eren se levantó finalmente, caminando hasta dónde se encontraban las masetas y entonces sonrió mientras volteaba a ver a Ackerman.
—Las flores que faltaban —comentó.
Ackerman le miró interrogante, hasta que a su mente volvieron los chocolates que le había dado al castaño e inevitablemente el mensaje de Hanji volvió a él.
—No sabía que te gustaban —se excusó.
—Estoy bromeando —aclaró Eren regresando su vista a las flores.
Levi se acercó también. —¿Cuáles son tus favoritas?
—Hm —Jaeger lo pensó durante unos segundos—. Las gardenias —aclaró—. Mi madre solía tener muchas en su jardín y siempre las cuidaba… se veían hermosas. —Ackerman asintió—. ¿Y las tuyas?
—Las rosas.
—¿Las rosas? —El menor se mostró sorprendido—. No pareces del tipo de persona que le gusten las rosas.
—Eran las preferidas de mi madre.
—Oh.
Después de eso, Eren no evitó la curiosidad de preguntar qué era lo que había pasado con la madre de Levi, el mayor casi nunca hablaba de ella y el hecho de que recordara cuáles eran sus flores favoritas era algo que le había dejado asombrado. Levi no se mostró —al principio— tan feliz con el nuevo tema, pero Eren le incitó hablándole él más de su propia madre, de lo que hacían juntos y de lo mucho que le había hecho falta.
Aquello pareció ser lo que Ackerman necesitaba, porque le confesó que su madre había tenido que trabajar como prostituta tras el abandono de su padre, Levi no parecía avergonzarse de ello, la manera en como hablaba de su madre, le daba a entender que no le tenía rencor alguno por haberlo abandonado durante mucho tiempo. Comprendía que su tiempo era muy limitado y sus energías se iban durante la noche, por lo que siempre dormía en el día.
Era por esas razones que Levi era así, era independiente porque nunca tuvo de quién depender y fue a él al que le tocó cuidar de su madre cuándo ella enfermó y posteriormente murió. Durante todo el relato, Eren no mencionó palabra alguna, se mantenía atento escuchando aquella anécdota y sintiéndose dichoso de conocer finalmente esa parte de la historia de Levi que casi siempre se negaba a hablar.
El tiempo pasó y cuándo ambos se dieron cuenta, el firmamento solo era alumbrado por la luna y por las estrellas que estaban en aquel lugar. A Levi le extrañó no haber recibido ningún mensaje de parte de Farlan, por lo que sacó su celular y se dio cuenta de que en ese lugar no había señal. ¿A cuántos pisos estarían?
Cuándo iba a preguntare a Eren, éste se levantó de su lugar, caminando hasta dónde se encontraba una escalera y subiéndola.
—¡Vamos, Levi! —Animó antes de seguir subiendo—. El espectáculo está por comenzar.
Sin debatirse mucho, le siguió. Subieron hasta la parte más alta del edificio, se podían notar los autos y las luces de los edificios, sin embargo no temieron, porque sabían que no caerían. Eren se acostó sobre una superficie y se dedicó a observar el cielo estrellado.
—Siempre mirabas el cielo —observó, en voz alta.
Eren asintió mientras movía su mano hasta la otra zona, invitándole a que se uniera y sonrió cuándo su invitación fue aceptada, la única diferencia es que él estaba acostado mirando las estrellas y su acompañante estaba sentado, mirando el cielo también.
—De niño tenía el sueño de viajar por el mundo —explicó. Se sentía en completa complicidad con Levi, como si pudiera hablarle hasta de los sueños más ridículos teniendo la confianza de que no se reiría—, encontrar un lugar cómodo y vivir ahí.
—Preferiste cantar —dijo Levi todavía sin dejar de mirar el cielo.
—Sí —asintió Eren sintiendo el aire frío de lluvia golpearle en la cara y revolver su cabello, cerró los ojos disfrutando de aquel momento, completamente ajeno a los ojos que le miraban—. Pero siempre encuentro lugares como éste —explicó y no mentía.
Había sido una tarde en dónde la constante presión no le dejaba en paz y había visto la altura de aquel edificio, dándose cuenta de que si llegaba hasta arriba tendría una vista perfecta y lo hizo, entró en aquel lugar por la parte trasera, importándole poco ser visto por las cámaras de seguridad. Cuándo se dio cuenta de que la vista era preciosa, se prometió a sí mismo volver a ese lugar.
Y lo había hecho, no todos los días pero a veces por semana o por mes. Y se había prometido a sí mismo que guardaría aquel lugar como un refugio lejos de ruidos, del constante ajetreo que se vivía día a día y que no compartiría aquello con nadie. Sin embargo, Levi parecía la excepción a la regla.
Cuándo abrió los ojos, se encontró cara a cara con Levi. Sintió el color de nuevo subir a sus mejillas y se preguntó qué debía de hacer o decir en esa situación, sin embargo sintió que se perdía en los ojos contrarios. Ackerman le había agarrado con la guardia baja, como era su costumbre. Sintió como el mayor se acercaba cada vez más y más a él y cerró los ojos, en la espera de un contacto que no llegó como se lo esperó.
Los labios de Ackerman se desviaron hasta su mejilla dónde plató un beso suave que le hizo estremecerse, a ese le siguió otro en la mejilla contraria y luego en su frente, en su nariz. Y fue entonces que llevó sus brazos hasta el cuello de Levi, atrayéndolo más hacía sí y finalmente fue él el que capturó los labios contrarios en un beso que fue correspondido rápidamente.
«Basta de miedo» se dijo mientras seguía el ritmo que el mayor había impuesto. Las situaciones eran distintas y nada se repetiría, de eso estaba seguro. Cuándo se separaron, se miraron durante varios segundos a los ojos.
—Sal conmigo —finalmente dijo Levi, Eren le miró durante unos segundos. Queriendo saber si estaba bromeando, o si lo decía en un acto de impulso por la atmosfera que se había formado.
Nada, no encontró nada de lo que le hubiera gustado. Los ojos de Levi se mostraban decididos ante lo que acababa de decir y él seguía sin una buena respuesta. Sus brazos volvieron a rodear el cuerpo contrario con más fuerza mientras escondía su cara en el hombro del mayor.
—Ve al concierto —pidió en un suave susurro que fue alcanzado a escuchar—. Y ahí te daré una respuesta.
—¿Qué día es?
Cuándo Eren dijo el día, Levi quedó completamente helado en su lugar.
Ese día era la boda de Petra.
Continuará.
Sadiele: ¿Sabes qué eres la persona con la que me siento más mal? xD ¡Lo siento! Tus comentarios siempre me animan a seguir y soy un maldita por no actualizar ;u; ¡PERDÓN! Ojalá no me odies uvú.
¡Hola! ¿Alguien con deseos asesinos? Sí, sé qué soy muy mala por hacerles esperar tanto. Si alguien quiere una excusa puedo decirles que la escuela es un monstruo que ha consumido mi alma lentamente:'D Sin embargo no había abandonado ni por un momento la historia. De hecho ya está terminada. A más tardar el miércoles el otro capítulo porque corregir es más fácil que escribir xD
Mientras iba corrigiendo esto me di cuenta de que había muchas cosas que no recordaba haber escrito xD ¡Dioses! No sé qué me está pasando ;u; en fin, ¡espero les haya gustado tanto como a mí! Un abrazo enorme y una GRAN disculpa :v me merezco todos los insultos que quieran darme. Adelante (¿?) Al ya lo hizo :'D
5 de Octubre del 2015.
