Disclaimer: Matantei Loki Ragnarok no me pertenece.
Enojo
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—Vamos, Loki-kun, no puedes callártelo por siempre, ¿qué es lo que sucedió entre ustedes?
—Ya te he dicho, Mayura, que eso no tiene nada que ver contigo; no te metas donde no te llaman — le respondió el niño, parco y agrio, desviando la mirada.
Ella, indignada, emitió un bufido por la forma tan poco delicada en la que la mandó a freír espárragos y se apartó del escritorio con un solo paso, alzando la nariz en el aire y los brazos en jarra.
—Bueno, si te vas a poner a así, no me sorprende que Narugami ya no quiera acercarse a la mansión—para, acto seguido, salir de la habitación con aire ofendido.
Loki suspiró, resignado. No le gustaba responderle así a Mayura, mucho menos cuando ella no tenía la culpa de nada, pero sabía que el enfado no tardaría en pasársele y en pocas horas volvería con su brillante sonrisa, brincando por la oficina, gritando cosas sobre algún misterio.
Así era ella.
Pero lo cierto era que le había mentido. Mayura sí que tenía que ver en el hecho de que hace tiempo que su amigo íntimo, el Dios Thor, ya no pisara la casa desde hace algunas semanas. Y no es que hubiesen peleado ni nada parecido; era que Narugami, aún en su forma humana –tonta, atolondrada y despistada como todo adolescente-, parecía conservar aún algún sentido de supervivencia.
Porque hasta para el Dios Thor, la mirada fija que le dirigió Loki fue más que una simple advertencia, la cual, sencillamente, no pudo tomar a la ligera.
—Oye, Loki— le habló el estudiante muy seriamente de pronto, contrastando con la enorme sonrisa que había mantenido toda la noche, desde que él y un Loki haciendo gala de su divina apariencia llegaron al bar. El hombre a su lado respondió al llamado—, hay algo que debo preguntarte.
—Hombre, ¿qué será tan importante como para que tengas esa cara? —se burló, dándole un sorbo a su vaso—. Anda, dime.
—Es sobre—hizo una pausa, tragando con pesadez— Daidoji.
—¿Mayura? —el Dios del caos detuvo el vaso a medio camino, frunciendo el ceño y volviéndolo a dejar sobre la mesa, poniendo, ahora sí, toda su atención en su amigo-casi-hermano— ¿Qué pasa con Mayura?
—Tú… ¿sientes algo por Daidoji? Porque si no es así, a mí me gustaría-
—Ni siquiera lo pienses, Narugami— le cortó el de ojos verdes, sin poder ocultar del todo su repentina molestia—: Mayura está fuera de tu alcance.
La mirada que le mandó desde su lado de la mesa fue tan intensa y atemorizante como un golpe bien dado, que provocó que el estudiante palideciera súbitamente, viéndose en la necesidad de recular antes que su vida corriese verdadero peligro más allá de una advertencia.
Porque para Loki tampoco era cómodo estar molesto con su amigo-hermano-compañero, ni estaba contento de tener que darle una orden de restricción. Pero es que él podía llegar a ser muy posesivo cuando quería, y nadie –ni siquiera el Dios Thor- podía poner sus sucias manos sobre lo que consideraba suyo y vivir para contarlo.
Narugami era tan solo una pequeña excepción que podía dejar de serlo en el momento en que cometiera un paso en falso.
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Mil años sin actualizar, lo siento. Pero he vuelto y con esta situación que me pareció, por lo demás, cómica. Me encantaría ver una escena como ésta alguna vez. ¿A ustedes no?
Díganme qué les parece.
