Capitulo 4. Sin dolor
El último caso le había traído recuerdos de su propia experiencia en el Instituto. Nunca fue una chica popular, a pesar de que sus notas eran excelentes. Su aspecto gótico era el modo que había encontrado para aislarse del resto. "Si no creas vínculos con nadie, tampoco pueden hacerte daño", pensaba en aquella época. Y aquel mantra le había funcionado durante mucho tiempo, pero ¿ahora?, desde que había comenzado a trabajar en la UAC, parecía que lo había olvidado. El equipo se había convertido en su familia y, como le había dicho a Hotch en el vuelo de vuelta, incluso en la soledad de su apartamento en París, había seguido manteniendo el contacto con J.J. a través del scrabble. No sabía que habría hecho sin aquellos pequeños momentos.
Y ahora estaba Derek, que parecía empeñado en protegerla de todo y de todos, incluso de sí misma.
Acurrucada en su sofá bajo una manta, con la tele encendida aunque realmente sin prestarle la mínima atención, recordó el día en que éste le había dicho que podía confiar en él. Ella le había asegurado que lo hacía, y en realidad era cierto. Pero no podía contarle que su silencio se debía a que temía por su vida, y no a una cuestión de confianza.
Su teléfono sonó y, antes de mirar el identificador de llamadas, ya sabía que era él. Sonrió cuando confirmó que así era.
- Derek Morgan... Espero que no me estés llamando para preguntarme si estoy bien- Lo amenazó con un suspiro.
Un silencio se hizo al otro lado de la línea. Supo de inmediato que era exactamente la razón por la que había llamado.
Morgan carraspeó antes de contestar.
- ¿Qué estás haciendo?- Le preguntó con curiosidad.
Emily podía notar el ligero nerviosismo en su voz. ¿Qué le pasaba?.
- Mmmm...- Dudó un momento- Estoy viendo una película- Dijo después de cerciorarse de que era precisamente eso lo que estaban poniendo por la tele.
Otro silencio.
- ¿Quieres compañía?.
Su sugerencia la dejó un poco perpleja.
- Derek... Es viernes por la noche... No necesito que vengas a hacerme de niñera. ¿No hay ninguna chica esperándote en algún lado?.- Se burló.
- Esperaba que hubiera una...- Le replicó él, de forma enigmática- Pero parece que no está interesada.- Añadió con tono afectado.
Y ahora fue Emily la que pareció quedarse sin palabras.
- ¿Emily?.- Por un momento Derek creyó que se había cortado la línea- Sólo bromeaba.
- Claro.. - Se apresuró a confirmar ella titubeando. Desde el otro lado del teléfono, Derek percibió el nerviosismo en su voz, y no pudo evitar sonreír para sus adentros, sabiendo que era el causante del mismo.
- ¿Entonces?- Insistió él tratando de sonsacar algo más de ella que una serie de balbuceos inconexos.
Emily tuvo que hacer un verdadero esfuerzo por centrarse en la conversación sin parecer una adolescente. ¿Qué demonios pasaba con ella?.
- Puedes venir, por supuesto...
Y antes de que pudiera terminar la frase, escuchó el sonido del timbre de su puerta.
- Espera... Morgan... Están tocando a la puerta...- Se excusó al tiempo que se levantaba para dirigirse a ella.
- Lo sé- Le dijo él- Soy yo.
No necesitaba verlo para saber que tendría dibujada en su cara una expresión autosuficiente.
Mirar a través de la mirilla, era algo totalmente inútil en este caso. Aún así, no pudo evitarlo. Siempre lo hacía de forma instintiva. Sonrió al darse cuenta de que Morgan tenía exactamente la expresión que había imaginado.
Le abrió la puerta, y se quedó apoyada en el marco con los brazos cruzados, aún sujetando el teléfono.
- ¿Qué habrías hecho si te hubiera dicho que no vinieras?
Derek arqueó las cejas como un niño travieso, ante su gesto de desaprobación.
- No contemplé esa posibilidad, princesa- Se burló él- Además traigo refuerzos- Añadió levantando la mano para mostrarle una caja de cervezas.
- Estoy tomando medicación... ¿Recuerdas? Practicamente me obligaste a hacerlo- Le recriminó mirando desconsoladamente hacia las cervezas.
- Sin alcohol para ti- Le informó él con un guiño.- Eso si es que en algún momento me invitas a entrar...
Emily se apartó de la puerta para que pasara, y Derek cruzó el umbral, aunque no se atrevió a ir más allá. Por supuesto conocía el apartamento de Emily. Rossi y él lo habían registrado cuando el asunto de Doyle, pero era bastante consciente de que era la primera vez que estaban a solas los dos allí.
- La nevera está...
- Al fondo, tras la barra...- La interrumpió antes de que pudiera terminar- Ya he estado aquí, ¿recuerdas?.
Ambos cruzaron sus ojos, sin duda pensando en lo mismo. Y de pronto la situación se volvió muy embarazosa. Un pensamiento fugaz pasó por la mente de Emily. "¿Habría hurgado también en los cajones de su ropa interior buscando pruebas?", pensó. Derek leyó el pánico en sus ojos, y la miró perplejo. Fue cuando se dio cuenta de la poca ropa que llevaba. Apenas un ligero camisón de satén blanco muy corto, a través del cual podía entrever lo suficiente como para estar seguro de que no llevaba puesto sujetador. Abrió los ojos como platos, y luego bajó la vista avergonzado, sólo para empeorarlo todo al encontrarse con sus largas y torneadas piernas que se perdían bajo su escueta indumentaria. De repente empezó a sudar.
Emily frunció el ceño, confusa. Aún tardó unos segundos en darse cuenta del motivo de su extraña actitud. Inmediatamente sintió cómo el calor subía por sus mejillas, y torpemente se cubrió con sus manos, agarrando el tejido del camisón a la altura del pecho, como si con eso pudiera evitar algo. Lo único que consiguió con ese gesto, fue que el borde de la tela subiera, acortándola un par de centímetros, y dejando al descubierto aún más sus piernas hasta lo que su madre habría considerado una altura indecente. Vio cómo Derek, que justo había apartado la vista hacia esa zona, para evitar su pecho, abría aún más los ojos, y tragaba en seco. Emily, con las pulsaciones aceleradas y la respiración agitada, dio un paso atrás, cruzando las piernas, y con una de sus manos, sujetó el borde escurridizo.
- Lo siento...- Balbuceó abochornada- Voy a cambiarme...- Se excusó. Y rápidamente se dirigió hacia su habitación.
Derek levantó la vista antes de lo que debido, y se encontró con el suave movimiento de sus caderas, mientras se alejaba.
"Oh Jesús", susurró para sus adentros, mientras que con su mano, se cubría los ojos.
Pero en realidad, no dejó de mirarla de reojo, a través del espacio que quedaba entre sus dedos, hasta que efectivamente ella estuvo fuera del alcance de su vista.
Con un pequeño jadeo, volvió a enfriar sus ideas, y se fue directamente a la cocina, para dejar allí las cervezas. Las metió en la nevera, dejando dos sobre la barra. Finalmente escogió una también sin alcohol para él. Sería mejor evitar cualquier riesgo.
Cuando Emily volvió, vestida con un chándal, él ya se había terminado la mitad. Le ofreció la otra, que ella aceptó con una sonrisa tímida, y se sentó junto a él, en la barra de la cocina.
- Sabes que no tenías que hacer esto.- Susurró ella. Aún estaba avergonzada, pero parecía que el tiempo que se había tomado para cambiarse de ropa, había servido para que al menos sus mejillas no parecieran dos farolillos en un día de fiesta.
- No, no tenía que hacerlo- Le confirmó él mirándola a los ojos.- Pero quería.
Emily bajó la vista durante unos segundos, maldiciéndose a sí misma, por no poder controlar el ligero temblor que sentía cuando utilizaba con ella aquel tono de voz tan íntimo. Cuando alzó los ojos de nuevo hacia él, se encontró con la preocupación reflejada en su cara.
Suspiró con tristeza.
- Derek, no voy a desaparecer otra vez. Lo sabes, ¿no?.- Le dijo con suavidad.
Morgan dejó la cerveza sobre la barra.. Luego cogió la de ella, e hizo lo mismo. Finalmente la tomó de las manos.
- Lo sé...- Replicó sin apartar la vista de ella- Sólo quiero asegurarme de que sepas que no estás sola.
Emily asintió ligeramente con la cabeza, en señal de comprensión. A su memoria, vino de nuevo el recuerdo de la conversación que había mantenido con Hotch. No tenía derecho, y ni siquiera fuerzas, para decirle que podía hacer aquello sola. Si era eso lo que él necesitaba para sanar sus propias heridas, no sería ella quien se lo impidiera. Deseó poder borrarle la culpa que aún veía en sus ojos de un plumazo, pero sabía que llevaría tiempo.
Hablaron largo y tendido durante un par de horas, rieron recordando las bromas entre Morgan y Reid durante el caso, y Derek la puso al día de todo lo que había ocurrido durante su ausencia. Eran dos buenos amigos compartiendo un momento. O al menos, eso era lo que ambos se dirían a sí mismos, aquella noche.
