Disclaimer: Matantei Loki Ragnarok no me pertenece.
Malestar
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Yamino le guardaba total y absoluta fidelidad a Loki-sama. Era devoto a él en el más amplio sentido de la palabra, no solo porque era su hijo menor y le guardaba gran cariño y respeto, sino porque había algo que el afable rostro del Dios Loki podía esconder muy bien: su explosivo mal humor.
Porque, aunque ocurriera de forma esporádica, el Dios del caos podía ser un verdadero desastre cuando se enfadaba.
Yamino lo sabía.
Era esa certeza lo que llevaba al mayordomo a querer esconderse bajo una piedra en ese mismo momento, ya que, al parecer, los astros se habían alineado, provocando que esa tarde de verano, el amo Loki yaciera en cama, con cuarenta grados de fiebre y, para colmo, en su forma humana. Como consecuencia, su padre había andado el día entero con un humor de los mil demonios.
Por un momento no pudo evitar sentirse culpable y tremendamente irresponsable para con sus obligaciones, pero debía ser honesto: ¡tenía que descansar un segundo, al menos! Fue por eso que dejó a Mayura cuidando de Loki-sama, mientras que él se escabullía con la excusa de buscar algo de té con miel y limón para aliviarle la gripe. ¡Pobre Mayura! Por supuesto, ella no se negaría a concederle ese favor; había sido testigo de cómo había andado de allá para acá sin parar y ya era tarde. Además, era por su causa que Loki-sama estuviera así, en primer lugar; fue ella, dentro de su torpeza natural y buena voluntad, quien dejó caer un balde de agua mientras lo ayudaba a limpiar las ventanas.
Suspiró con resignación. Por mucho que hubiese sido ella la causa inmediata de todo este alboroto, no se merecía estar encerrada con el Dios del caos hecho una total furia en una habitación. Por mucho que realmente no quisiera hacerlo, debía relevar a la pobre estudiante y mandarla a casa de una buena vez.
Con cuidado, tomó una bandeja de plata y colocó en el centro la porcelana fina que contenía el líquido caliente para su padre, y comenzó a subir los escalones que lo conducían al segundo piso. Se detuvo frente a la habitación de su padre con la intención de golpear la puerta y anunciarse debidamente. Sin embargo, el hecho de que la puerta estuviera entreabierta lo detuvo, y sabiendo perfectamente las consecuencias de husmear sin permiso en el cuarto de un Dios del caos furioso y en forma de niño, empujó un poco la puerta, lo suficiente como para ver al interior.
Yamino no sabe cómo fue que no se le cayó la bandeja de entre las manos por la impresión que le causó la escena que se producía al interior de la habitación del niño.
Loki dormía plácidamente –o eso parecía, a juzgar por la expresión de su rostro- sobre el regazo de Mayura, mientras se agarraba celosamente a su cintura, como si temiera que fuera a escapársele entre sueños. Y a la chica, que pasaba sus dedos por el pelo castaño del niño, produciéndole un efecto tranquilizador –lo que explicaba el hecho de que estuviera tan profundamente dormido-.
Un ligero y casi imperceptible tarareo salía de sus labios.
Entonces, Yamino pensó que ni el té con miel, ni el relevo eran ya necesarios. Al menos por el momento. Porque si bien Mayura había demostrado ser inmune a las rabietas de Loki-sama, no lo era respecto de los gérmenes del resfrío, por lo que mañana, lo más probable era que la pobre chica amaneciera en iguales condiciones que el niño sobre sus piernas.
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Lamento lo mucho que me he demorado en actualizar, pero los días no son los mejores. De hecho, debiera estar estudiando en este mismo instante, pero en fin (¡hah!).
Díganme qué les parece, yo amé esta escenita, me hubiese encantado verla en realidad.
