Destinos Cruzados.
-Inocencia-
Souta y Akira Kiyosato, dos hermanos que no nacieron bajo una buena estrella, aunque ellos no lo sabrían hasta su adultez.
La madre de la familia Kiyosato había fallecido unos años atrás, dejando a su esposo, Taiki Kiyosato, solo, desorientado y a cargo de 2 hermosos niños que crecían con la ilusión de una vida pacífica. Souta era el hijo mayor, enérgico, amistoso y muy buen hermano. A pesar de su carácter fuerte e indomable, siempre se preocupaba de su pequeño Akira.
Akira, 4 años menor que Souta, era un chico bastante diferente: Tímido, estudioso, tranquilo, era un chico muy inteligente y de naturaleza amable, que siempre observaba la situación antes de actuar. Bajo esta situación se convirtió en el protegido del padre Kiyosato, un hombre de casa que nunca logró surgir. Su negocio consistía en el arroz y verduras de temporada. Nunca les faltó el alimento ni el techo, pero no tenían la situación financiera para una vida completamente relajada. De joven perteneció a una división de samurais bastante reconocida, pero nunca logró ascender. La bella esposa y madre Kiyosato había partido muy joven luego de una enfermedad muy extraña descubierta unos meses antes de su lamentable muerte.
Este hecho tan repentino generó un gran cambio para todos. Taiki Kiyosato tuvo que aprender a organizar el hogar sin la ayuda de su bella esposa que alimentaba y cuidaba a los niños. Se decidió a dejar las armas y se dedicó al negocio familiar para continuar el legado que dejaron sus padres, a la par que se establecía en casa, cuidaba de sus hijos, y les daba algo mejor.
Afortunadamente la familia guardaba muy buenas conexiones, y el apoyo nunca faltó. Taiki residió en esa villa desde su niñez, y cuando tenía alrededor de 20 años sus padres conocieron a Sakura, una vecina del lugar de unos 40 años de edad, con quien la familia creó una estrecha relación que lo alcanzó a él.
Un año después del casamiento de Taiki, Sakura partió de viaje por otros lugares de Japón, no muy alejados de Edo por temas familiares alrededor de 7 años, pero al enterarse de la muerte de la señora Kiyosato regresó a la villa con premura.
Sakura nunca se casó ni tuvo hijos, siempre estuvo preocupada de sus padres y hermanos y a su regreso se encontró a 2 hermosos niños d años que no conocía. Esos niños tenían muchas características de su padre, aunque Akira era más parecido a su madre: callado, inteligente y astuto. A pesar que ella nunca conoció muy bien a la madre de los Kiyosato, sentía una gran responsabilidad por esos pequeños, sobretodo por la relación tan estrecha con la familia del padre. No le costó mucho trabajo encariñarse con la familia "reestructurada"
Todos los días intentaba ayudar en el hogar preparando la comida, ordenando y limpiando, y la familia lo agradecía, pues el trabajo no dejaba tiempo para mucho más. Los niños, a su corta edad, se habían visto envueltos en una situación política instable para el país, donde todo parecía ser impredecible. Las ventas bajaron y ya no era posible tener muchos empleados, por lo que esos pequeños se vieron obligados a entrar desde temprana edad en el negocio.
Desde entonces, para ellos la rutina siempre era igual: Durante la mañana esperar a Sakura para desayunar, comenzar con los trabajos del negocio, almorzar, terminar los últimos detalles (seguramente de las ventas de la mercadería), aprender a leer y escribir las distintas tipografías del idioma y luego un tiempo de descanso donde salían los 2 solos a la calle y jugaban durante un rato antes de ir a dormir. Por toda esta situación, los chicos se habían criado prácticamente en soledad. No tenían amigos, y en la villa las distancias entre las casas eran bastante grandes. No había mucho tiempo para conocer amistades, y dentro del lugar tampoco residían muchos niños de su edad.
Pero un día, una de las casas vecinas fue habitada por caras nuevas.
Según escucharon de su padre, una nueva familia llegaba al vecindario. Esta familia tenía intereses en los negocios de la familia Kiyosato. Para los niños todo esto era extraño, pues no solía llegar gente nueva al lugar al ser una villa bastante olvidada del sector, y donde no existían muchas posibilidades de prosperar.
Al día siguiente de la llegada de sus vecinos, los pequeños fueron a "investigar". Corrieron a esconderse tras los arbustos cercanos a la casa donde los nuevos residentes aún ingresaban sus cosas. Desde su escondite observaban atentamente a esas personas. Distinguieron a 3: Un hombre algo bajo, de una edad media, se veía algo intimidante; una pequeña niña de unos 8 años de cabellos negros como la noche y piel blanca como la nieve y en sus brazos un bebé de unos pocos meses de edad. Juntos observaban el jardín del que sería su hogar de ahora en adelante. Akira se veía muy emocionado, pues la chica parecía ser de su edad. Al no estar acostumbrados a relacionarse con mucha gente, para ellos era toda una novedad. Akira pensó que podría hacer amistad con esa chica y compartir muchos juegos y aventuras. Por un momento los chicos se asustaron al notar que la pequeña niña miraba fijamente al lugar donde se encontraban escondidos. ¿Los habrían descubierto? Prefirieron no averiguarlo, y salieron corriendo inmediatamente hacia atrás, en dirección contraria a donde se encontraban.
Algo asustados llegaron a su casa. Luego de la cena, su padre les comentó que al día siguiente no contarían con la ayuda de la señora Sakura, pues se encontraba algo delicada de salud. Eso significaba que entre los 3 debían hacer el trabajo que ella realizaba en el hogar. Pero también tenía otra noticia: Irían a visitar a la nueva familia del vecindario. Según había dicho Sakura, que conocía a los nuevos residentes, la familia estaba interesada en unir lazos comerciales con los Kiyosato, pues ella les había comentado sobre el tipo de trabajo que realizaban, y ya que estarían viviendo juntos podrían apoyar en el negocio familiar para hacer crecer las finanzas.
Lo extraño de todo es que el padre de la familia Kiyosato nunca quiso establecer relaciones de negocios, el trabajo en la familia era muy cerrado y sólo se limitaban a contratar personal externo para algunos trabajos en particular. Si él estaba dispuesto a unir su negocio a la familia vecina debía ser por la gran confianza que sentía por Sakura quien dio buenas referencias de ellos.
Ese mismo día, luego de la cena, partirían al hogar de los vecinos a presentarse.
Los niños estaban realmente emocionados. Rápidamente, terminada la cena, cambiaron sus yukatas por unas limpias y partieron camino al hogar de los nuevos vecinos.
Cuando llegaron al lugar, antes de llamar, el padre les advirtió a los 2 pequeños sobre buenos modales con los nuevos vecinos, que usaran los saludos formales que les había enseñado y que se debían comportar como niños "buenos". Llamaron a la puerta e inmediatamente se escuchó que alguien venía por el jardín delantero a abrir. Un hombre de estatura media les abrió, inclinándose para saludarlos.
El padre de los Kiyosato se presentó con una reverencia, y sin levantar la cabeza miró a Akira a su izquierda y a Souta a su derecha ordenándoles que hicieran lo mismo.
Los pequeños se inclinaron, y el dueño de casa volvió a inclinarse.
- Buenas tardes, somos la familia Kiyosato. Bienvenidos al vecindario. -
- Buenas tardes y muchas gracias. Soy Yukishiro Oibore, mucho gusto. -
En ese momento la pequeña hija de la familia Yukishiro salió tras su padre esperando ver a quien había llegado.
Oibore se sobresaltó al notar que no traía al bebé, pero ella le comentó que estaba en un lugar seguro.
La pequeña se inclinó y se presentó.
-Buenas tardes. Mi nombre es Yukishiro Tomoe. Bienvenidos.-
Los pequeños miraban a Tomoe con curiosidad. Parecía que era una chica demasiado educada para su edad, muy tranquila y algo seria.
Oibore invitó a los vecinos a tomar té dentro de la casa. Sakura ya le había comentado que esa tarde irían a visitarlo y estaba preparado para conversar con los Kiyosato sobre negocios y el futuro financiero de ambas familias. Mientras los padres hablaban sus temas, los 3 pequeños jugaban en el jardín trasero de la casa y el pequeño bebé era cuidado en los brazos de su padre.
Los chicos estaban sentados en las escaleras que bajaban al jardín, mientras conversaban.
-¡Nosotros siempre jugamos como si fuéramos los más más grandes asesinos del Shinsengumi! Y siempre ganamos nuestras peleas. ¿Te quieres unir? - preguntó Souta, quien a sus 12 años ya lideraba los juegos y competencias de forma muy natural.
- Me gustaría jugar con ustedes, aunque generalmente estoy cuidando de mi hermano menor. –
- ¿Siempre estás a cargo de él? - interrumpió Akira.
- Ayudo a papá con Enishi. Es mucho trabajo para él, pues también se preocupa de las cosas de la casa y sus trabajos. -
- ¿Y tu madre? - preguntó el pequeño Akira.
- Mamá murió hace unos meses, luego del nacimiento de Enishi. -
El ambiente quedó en silencio unos momentos. Los niños no sabían qué responder, hasta que finalmente Akira tomó la palabra.
- Al parecer estamos en la misma situación. Mamá murió hace unos años. -
Tomoe fijó su vista en Akira, y el chico pudo observar en ella algo muy parecido a una sonrisa.
Por alguna razón, los 3 niños se sentían a gusto.
- Dejen de hablar como tontos. Mejor vamos a jugar. ¡Yo seré el capitán! -, gritó el pequeño Souta, emocionado con la idea de aumentar su grupo de amigos para sus juegos.
Los otros dos accedieron y estuvieron jugando por un buen rato, mientras los padres seguían en sus temas.
Oibore comentó a Taiki sobre el motivo de su estadía en aquel lugar. Su esposa falleció sólo horas después del parto de Enishi. Ella nunca tuvo muy buena salud y aún así logró tener un embarazo y parto exitoso con Tomoe, pero no sucedió la misma suerte con Enishi. El embarazo fue de alto riesgo y pocas horas después del alumbramiento su vida se apagó para siempre. Un familiar de ella tenía una casa casa desocupada hasta esos momentos y les ofreció el lugar para comenzar una nueva vida un poco más tranquila al lado de sus hijos, pues todos estaban muy afectados y el lugar donde vivían era muy peligroso por la situación civil que Japón experimentaba en ese momento y como ahora tenía la responsabilidad de criar a sus hijos solo, decidió aceptar la oferta.
Oibore había conocido a Sakura mediante un familiar de su esposa. Al parecer habían trabajado juntos y en cuanto Sakura llegó a la ciudad, estuvo en contacto con toda la familia de la esposa de Yukishiro. La comunicación siguió siempre presente mediante cartas cuando Sakura decidió regresar a la villa luego de la muerte de la esposa de Taiki Kiyosato.
Cuando supo de la muerte de la señora Yukishiro y que ellos vendrían a vivir este lugar, le comentó a Oibore sobre los Kiyosato y cómo podrían ayudarse para salir adelante entre las dos familias. Ninguno tuvo reparos ni desconfianza, pues Sakura era una persona de muy buenos sentimientos y bastante acertada. Nadie dudaba de su buen juicio.
La casi ya anciana se puso muy feliz al saber que el viudo Yukishiro iría a vivir cerca de ella y la familia Kiyosato, y esperaba de corazón esas dos familias tuvieran un buen futuro y buena fortuna, pues habían sufrido mucho por los efectos de la guerra y las muertes familiares. Y, después de todo, las coincidencias no existen. Sentía que debía hacer algo para ayudar a estos dos hombres que, sin esperarlo, enviudaron a una edad muy joven, con unos pequeños angelitos por criar.
Estos niños eran el futuro de Japón, y haría lo posible para que se criaran de la mejor forma.
Con el tiempo, la relación entre las familias fue estrechándose. Oibore Yuskishiro y Taiki Kiyosato comenzaron a trabajar juntos en el negocio familiar de este último.
Ambos se hacían amigos, después de todo no habría negocio sin antes algo de confianza.
Los hijos de ambas familias se veían a diario, y se dedicaban a trabajar y jugar juntos. El bebé Enishi también hacía parte del grupo pues mientras Oibore y Tomoe trabajaban debían cuidar del pequeño y sus necesidades. Enishi siempre estuvo presente tanto en las horas de trabajo como de diversión.
El bebé fue creciendo, y sus cuidados eran diferentes, ya lograba arrastrarse con sus manos y pies en el piso, haciendo su cuidado más complicado. No era suficiente con dejarlo quieto y durmiendo en un lugar mientras los niños trabajaban. Ahora era necesario tenerlo bajo supervisión el mayor tiempo posible.
Cada día Tomoe ayudaba a la señora Sakura en las tareas del hogar y con su Enishi. Afortunadamente había sido muy cuidadosa con su hermano pues se hizo cargo de él desde la muerte de su madre y no le molestaba. Además, su madre alcanzó a enseñarle las cosas mínimas que una mujer de casa debía saber, aunque no las puso todas en práctica por ser muy niña para ello, pero ya a sus diez años sabía algo sobre las costumbres de la mujer, comida, atenciones, y como nunca tuvo a su madre al lado para cuidar a Enishi, ella ayudó a su padre a criarlo y aprendió mucho sobre niños pequeños.
El único futuro que ella podría tener era encontrar un buen esposo y casarse. Oibore nunca pensó en algo más para su hija, pues como la chica había sido educada por su madre para ser una mujer de casa, como casi todas las damas de la época, era muy buena y a su corta edad, ayudaba en los quehaceres del hogar y cuidados de Enishi. Estaba seguro su hija sería una excelente ama de casa y una ejemplar madre. Y aunque era muy pronto para pensarlo, también sabía que quería asegurar a su pequeña comprometiéndola joven. Tampoco quería su tristeza al lado de un hombre que la hiciera desdichada, pero él pondría supervisión en ese tema. Luego de la muerte de su esposa y las atrocidades que había visto en esta era de violencia, tenía más que claro que su vida no estaba asegurada y quería que por lo menos sus hijos pudieran ser felices y tuvieran un pasar tranquilo.
De todas formas era muy pronto para ello, pero cada día se sorprendía con la personalidad de esta pequeña dama. No tenía problemas en resolver lo que se le pidiera, siempre tenía una respuesta para todo, no hablaba a menudo sobre ella misma y parecía una chica tranquila. Pero su personalidad cambiaba al estar cerca de sus dos amigos. Mientras estaba con la señora Sakura haciendo el almuerzo o el orden de la casa, porque los Yukishiro generalmente comían en la casa de los Koyosato mientras terminaban los últimos trabajos del día, ella siempre tenía una actitud seria y aceptaba cualquier orden o solicitud que se le impusiera. Terminada su hora de trabajo, cuando tenía tiempo para jugar con los demás chicos, su personalidad era algo más abierta. A menudo sonreía, algunas veces reía a carcajadas y corría por el jardín sin reparos.
El tiempo pasaba muy rápido. Su hija de a poco se convertía en una pequeña señorita.
Mientras tanto, Souta adquiría más responsabilidades. Al cumplir catorce años ya era parte concreta del negocio. Intentaba ayudar a su padre en las finanzas y algunas otras cosas, aunque siempre tenían discusiones pues simplemente no era bueno para los números. Muchas veces era Akira quien también entraba en el terreno de batalla para salvar a su hermano. Siempre estuvo presente en las clases que su padre le daba a su hermano mayor y sin querer absorbió el conocimiento necesario. Si bien no era un genio de la economía, era de gran ayuda para su hermano quien muchas veces colapsaba y terminaba gritando improperios a todo el mundo y por toda la casa. Incluso muchas veces la señora Sakura salía en un cuento que no tenía nada que ver con ella.
La vida se complicaba con un Souta adolescente, un poco altanero y sin deseos de ayudar a un negocio familiar al cual no le veía mucho futuro. Él siempre quería más y estaba seguro que en esas condiciones, no obtendría la tranquilidad y la grandeza que buscaba.
Su padre intentó explicarle muchas veces que no tenía más que ofrecer. La fortuna no les había sonreído pero gracias al esfuerzo de sus abuelos, este negocio se había ganado un buen puesto dentro del lugar donde vivían que ellos con su esfuerzo lograban mantener y deseaba que Souta ayudara a hacerlo crecer aún más, pero al parecer el chico no estaba de acuerdo con un simple negocio de arroz y verduras.
De todas formas tampoco era capaz de salir del lugar por miedo a dejar a su familia, a su pequeño hermano y a la señora Sakura. Se podría decir que incluso le había tomado algo de cariño a los Yukishiro y se había acostumbrado a la presencia de ellos en el sector. Si bien no todos los días estaban ahí, prácticamente se reunían a diario. Veía de todas formas cómo los dos padres se esforzaban sin descanso para proveerles lo necesario, pero lo que no entendía era cómo no podían hacer algo mejor, más grande, que la familia tuviera un puesto en el país, que fueran reconocidos, que la familia Kiyosato fuera un grupo de renombre por lo menos en todo Edo. Estaba seguro que mientras siguieran encerrados en esa villa, con ese negocio y en esas condiciones, no tendrían nada más. Eso lo hacía sentir muy decepcionado.
Para Akira era bastante difícil esta situación. Su hermano ya no quería ayudar en la casa ni en el negocio, por lo que tenía una sobrecarga de trabajo bastante grande. Su padre estaba preocupado y no sabía domar a Souta. Las peleas sucedían a diario y el pequeño no sabía cómo actuar. Sólo estaba seguro de una cosa: No quería volver a ver a su padre como aquél día que nunca olvidaría, hace ya 2 años, cuando sin proponérselo y pasando por fuera de su habitación lo vio sosteniendo con fuerza esa vieja cinta que, según le habían dicho, su madre llevaba a diario en su cabello formando media coleta. Por sus mejillas corrían 2 lágrimas, que no eran de tristeza sino de miedo y conformismo. Llevaba ya algunos años viudo, pero ese fue el único momento en que realmente sintió la soledad y el temor de sus acciones para con su familia. Le hacía falta su esposa, ese día comprendió cuánta falta le hacía, y pudo entender por fin que ella no volvería de su largo viaje. De aquí en adelante, debía seguir su camino solo, como hasta ahora. Fue la primera vez que Taiki lloró por ella, y la primera vez que Akira sentiría un poco de dolor en su corazón. Silenciosamente salió del lugar sin que él lo viera, y nunca se lo contó, pero estaba seguro que no quería volver a verlo así.
Hola, chicos!
Sí, he vuelto.
Lamento mucho el tiempo fuera. Dentro de mi vida han sucedido varias cosas. Mucho trabajo, comisiones y lo más importante es que me convertí en mamá. Estuve unos meses intentando ordenarme y ya por fin estoy algo más estable con todo :)
Espero seguir escribiendo pronto porque tengo muchas ideas para este fic.
Hablando un poco del fic, primero agradecer a Blankaoru por ser mi beta. Me ayudaste un montón! Eres muy buena, y aprendí varias cositas. Un beso para ti y mil gracias, lindaaaa 3
Dentro de la historia los niños van creciendo, y me gustaría mucho mostrar eso que por ahora nuestro amo, señor y Dios Watsuki no ha escrito de forma directa, pero creo sinceramente que si Akira fue tan valiente y tenía tantos deseos de vivir, algo hay ahí muy muy importante... Los japoneses en general tienen esa forma de vida (o la tenían, qué va). Para los guerreros era resistir hasta el final. Y claro, pudo ser con Akira, pero pienso que hay algo más que sólo el honor (además de su buena resistencia y entrenamiento como guerrero).
Tal como describen en el manga, Tomoe venía de una clase media trabajadora, al igual que su prometido, y sin mucho reconocimiento ni nada extraordinario, y de eso es precisamente de lo que me estoy "agarrando".
Y bueno, no hay mucho más que decir. Espero actualizar pronto con esas ideas...
No tengo muchos amigos en el fandom pues soy bien antisocial y los odio a todos. Ok, eso no es cierto, pero tengo lazos estrechos con muy poca gente, así que desde aquí un tremendo beso a las que consideraría mis amigas del fandom, Zury, Blanca y Clau (Gazziero) aunque hace mucho que no la veo (y eso que vivimos más cerca ahora).
Muchas gracias por leerme y nos vemos en una próxima oportunidad.
Matta ne!
