¡Hola gente bella!
Les dejo esto aquí para que se entretengan un rato mientras yo muero de gripe, espero que sea de su agrado.
DISCLAMER: Ya saben que Vocaloid no me pertenece, solo la trama es mía, o algo así. Todos los personajes mencionados son Vocaloid u Utauloid, sírvanse el que gusten.
La elección
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VIII
Nubes de tormenta.
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La puerta se abrió lentamente revelando una pequeña figura que sostenía un peluche en forma de dinosaurio. Los grandes e inocentes ojos infantiles se posaron en las dos chicas que estaban al frente suyo, ellas lo observaban como si fuera un dulce caramelo al que desearían comer de una sola mordida.
—Ryu-chan —saludaron sonrientes, una de ellas mirándolo como si fuera la cosa más tierna y abrazable del mundo, la otra reteniéndola antes de que se lanzase sobre el pequeño para restregar su mejilla contra la de él poniéndose a delirar acerca de lo lindo y adorable que era.
—Uhmm
El infante las observó por un momento, soltando ese pequeño sonido mientras pensaba y divagaba entre su mente infantil en busca de sus nombres, una de ellas le resultaba vagamente familiar, pero estando tan abrigada de pies a cabeza le era casi imposible tener certeza de su suposición. Unos pasos pesados llamaron la atención del pequeño grupo, los tres volvieron la vista hacia el interior de la casa, por cuyo pasillo una sombra se asomó perezosa.
—¿Quién es? —preguntó abriendo completamente la puerta. Las dos chicas al verlo lo saludaron con un ligero movimiento de muñeca a la vez que le sonrieron con inocencia fingida, como si fuera casualidad que estuvieran frente a su puerta.
Él chico de cabellos verdes y mucho mayor que el infante, quien estaba entre sus piernas mirando la escena curioso, soltó un suspiro resignado. Su mirada de poker viajo de una chica a la otra, ambas abrigadas hasta las orejas, con las mejillas algo rosadas por el creciente frio que ya rondaba por la ciudad.
—Oh ~ son ustedes —murmuró sin interés, dio media vuelta y se fue por donde llegó.
El pequeño Ryuto se quedó un segundo intercambiando miradas de un extremo al otro, de sus invitadas a su hermano, no le fue difícil decidirse por el segundo, a quien siguió aún con el gran peluche entre sus manos, tan grande que sus patas verdes se arrastraban por el piso de madera con cada paso.
—¿Qué clase de bienvenida es esa? —reclamó una de ellas entrando como si fuera su casa, pisándole los talones hasta la sala de estar, aun con la bufanda al cuello y el gorro de lana sobre sus cabellos verdosos y cortos.
La otra chica negó ligeramente al cerrar la puerta restringiendo el paso al aire helado que corría con libertad afuera de la casa, ella a diferencia de su amiga se tomó su tiempo para quitarse el abrigo y la bufanda, ambos colgados cuidadosamente en el perchero del recibidor.
—No es una bienvenida —respondió él encogiéndose de hombros mientras tomaba asiento en uno de los sillones, no tardó en ser imitado por el infante, esté meciendo sus pies enfundados en unas pantuflas que simulaban ser patas de dinosaurio.
Su interlocutora inflo las mejillas fingiendo indignación y sin más se dejo caer de sentón en otro sofá, el que estaba frente a él. De un tirón se quitó la bufanda y se saco el gorro dejando solo el par de gafas que siempre se cargaba. Los ojos del pequeño relucieron en emoción de un momento a otro al reconocerla
—¡Gumi-nee!
Ella le dio una gran sonrisa en confirmación, una de esas que enseñaba todos sus relucientes dientes y mostraba su animada y alegre personalidad.
—La única y original —agregó recibiendo al menor de los hermanos con los brazos abiertos, con todo y peluche
De buena gana le dio un fuerte apretón contra sí misma y se meció de un lado al otro aún con Ryuto aferrado a ella, ambos sonrientes y alegres de volver a verse después de una larga temporada. En la última reunión su odioso y pesado hermano apenas le hubo dejado cuidarlo, había alegado que al tener la cabeza llena de aire no poseía la capacidad para tratar a los niños, en ese entonces Gumi tenía el cabello mucho más largo, casi tanto como el de Miku y Rin, y sus estaturas no diferían mucho, ahora era otra cosa.
—Gachapin te extraño —soltó tendiéndole el peluche de dinosaurio a Gumi, está lo tomó entre sus manos y le dio un ligero beso en lo que al parecer eran sus labios.
—Yo también lo extrañe, y por supuesto también a ti Ryu-chan.
Tanto Ryuto como su hermano enmudecieron al ver la expresión cálida y casi maternal de la chica, parecía una persona diferente con esa expresión delicada y encantadora, lejos de la imagen despreocupada y extremadamente infantil que siempre mostraba. El breve estupor de los hermanos desapareció tan pronto ella reaccionó
—¡Oh! Que tonta soy —chilló dándose un leve golpe en la mejilla que simulaba una cachetada, su amiga sentada a su lado permanecía silenciosa, con esa mirada de anhelo hacía Ryuto, quien jugaba con Gachapin ajeno a todo —, Ryu-chan ella es mi amiga, Yuzuki Yukari; Yukari, el es mi pequeño y adorable primo Ryuto —los presentó sonriente
—Hablas como si el niño fuera tuyo
—Prácticamente, llevamos la misma sangre —alegó inflando el pecho en orgullo causando gracia a la de cabellos lila—, además es adorable ¿a que sí? —agregó volviendo a abrazarlo y tirando de una de sus mejillas.
—Gumi-nee, Duele ~
—Ya quisieras —picó el mayor de los hermanos con aburrimiento—. Ryuto aléjate de ella, no te vaya a pegar lo tonto.
Gumi prácticamente lo fulmino con la mirada ganándose una sonrisa burlona por parte de Gumiya, molestarla era uno de sus pasatiempos favoritos, aunque realmente no le era muy grato tenerla cerca por tanto tiempo.
El pequeño peliverde haciendo caso omiso del aviso se sentó junto a ella, justo en medio del par de chicas, dispuesto a entablar una larga charla a cerca de toda trivialidad que a un niño de siete años le es importante, desde sus dulces favoritos, lo que recibió de cumpleaños o lo que le pedirá a Santa Claus en navidad. Yukari prestó atención a cada palabra, estaba fascinada con el niño, ella amaba a toda mini persona. Para su suerte Ryuto le tomo confianza rápidamente y pronto se vio bombardeada de preguntas como: ¿por qué su chamarra tenia orejas de conejo?, ¿si le gustaban los animales?, ¿perros o gatos?, ¿por qué su cabello era tan largo? ¿Si el color lila era su favorito?, ¿por qué brillaban las estrellas? Etc.
—… Y luego Yuki saco de su mochila una flauta y—
—Ryu-chan —interrumpió su prima — ¿por qué no le muestras a Yukari tú colección de gachapin?
Los ojos de Ryuto brillaron ante la idea y sin demora tomó la mano de la chica de cabellos lila y la guió hacia su habitación, Gumi y ella intercambiaron una mirada furtiva, un acuerdo silencioso que se perdió una vez que Yukari desapareció del salón dejando solos a Gumi y a Gumiya.
Él se había limitado a observar silencioso todo el jaleo que habían armado con su hermano, inclusive había captado la intención de la Kamui detrás de sus palabras al mandar a los otros dos a otra habitación.
—¿A que han venido? —interrogó acomodándose los anteojos.
Gumi se llevo una mano al pecho y lo miro como si la estuviera ofendiendo, fingiendo que el que estuviera en su casa voluntariamente fuera una casualidad, que la tal Yuzuki siendo su compañera la acompañara y que el alejar a Ryuto de escena los dejaría sin ataduras e inhibidores al hablar.
—¿Acaso no puedo venir a visitar a mis queridos primos? —se defendió retirándose el abrigo naranja a causa de la calefacción, una polera carmesí estaba bajo ella con una de sus mangas deslizándose por el hombro femenino
El oji esmeralda enarcó una ceja ante el comentario, a otro perro con ese hueso. El juego de fingir había terminado, él la había pillado antes de siquiera hacer su movimiento.
Su no tan querida prima torció el gesto y resopló como solía hacerlo cuando algo le fastidiaba. "Eres imposible" le dijo con una única mirada antes de cerrar los ojos como si se estuviera preparando para algo, para cuando los volvió a abrir su naturaleza relajada se hubo esfumado siendo reemplazada por seriedad y una calma abrumadora.
—Bien, al grano —soltó firme y decidida captando toda su atención—, tengo algo que pedirte
Él esbozó una sonrisa de suficiencia, un claro 'Lo sabía' brillaba en sus ojos, más sin embargo, eso no parece agradarle para nada. Se cruzó de brazos y adoptó una posición más soberbia al saber que ella requería algo de él, cosa que no paso desapercibida por ella.
—Suéltalo —la animó esperando el pedido. Que la escuchara no significaba que le ayudaría, pero la curiosidad era grande, en especial si dicho favor era tan importante para tener que recurrir a él
Gumi exhalo lentamente, ya se había decidido, no había marcha atrás. Gumiya era su última esperanza y aun cuando le doliera en el orgullo pedirle algo, no, suplicarle, porque estaba dispuesta a hacerlo si el caso se daba —aunque esperaba que ese no fuera el caso—; Tenia la espalda recta y las manos desnudas firmemente sobre su regazo, justo sobre el dobladillo de su short verde manzana, lista para cualquier reacción, ya había repasado mentalmente todos los escenarios posibles y para su suerte había preparado buenas justificaciones y sobornos para hacerlo acceder. Solo tenía que soltar esas tres palabras, esas palabras que parecían atorarse en su garganta y provocar que su lengua se enredara a causa del gran esfuerzo que resultaba liberarlas.
Él le devolvió la mirada, atentó y a la espera del pedido, pero nada lo pudo haber preparado para lo que ella le dijo, ni siquiera la más loca de sus ideas se comparaba con esas simples palabras que terminarían por poner su mundo de cabeza:
—Se mi pareja
—o—
Del otro lado de la vitrina se encontraba un bonito vestido de fiesta color rosa pálido, adornado con algunas perlas blancas cuyos patrones enriquecían parte del busto y la cinta que correspondía al moño posterior. Las mangas eran de una tela fina, casi transparente, un poco más abajo del hombro, y su falda simulaba los pétalos de una rosa abriéndose, la parte delantera era más corta que el resto, dando una bonita vista de las piernas del maniquí que lo portaba.
Varias chicas se detenían a mirarlo cada vez que pasaban por ahí, atraídas por su hermosa confección e imaginando lo bellas que se verían si tan solo lo obtuvieran, pero el precio bajo este solo las dejaba soñar con la inalcanzable prenda, anhelando poder conseguir la cuota para comprarlo en al menos un año. Esta vez no fue la excepción, cuando las dos chicas pasaron por la tienda de elegantes y costosas ropas se quedaron unos minutos admirándolo, dejándose cautivar por lo exquisito del mismo.
La del gorro con orejas de gato dio un paso al frente, casi tocando la superficie del grueso vidrio, inclinó la cabeza a un costado, como si con esa nueva perspectiva pudiera captar algún otro detalle que antes hubiera pasado por alto.
—Es bellísimo —apuntó al su amiga situarse a su lado —, casi como los diseños de Mayu
La rubia de gafas asintió, su cabello recogido con una diadema dejando parte de su flequillo en su rostro. Llevaba un vestido corto de manga larga color crema junto a unos leggins oscuros, un suéter fucsia cuyas mangas eran un tercio menos largas y un par de botas a juego; su compañera por su parte tenía los largos cabellos en dos trenzas algo flojas, un gorrito negro con detalles en blanco cubría su cabeza a la vez que dos tiras de lana se deslizaban por los costados de su rostro finalizando en dos pompones blancos. Su ropa era una falda en capas de un verde oscuro combinado con una blusa blanca sin mangas, en la parte superior del pecho una rosa en un listo verde florecía acompañada de una serie de pliegues que descendían armoniosamente. Llevaba unas muñequeras que eran parte del conjunto en tonalidades blancas y verdes, todo acompañado de unas ballerinas con listones.
—Sería ideal para usarlo en el aniversario —apuntó meditando sus propias palabras. Dentro de poco se celebraría el 50° aniversario de la fundación de la empresa familiar, es decir, las empresas Dankworth darían una fiesta en una de sus cadenas hoteleras más lujosas.
—Es verdad, pronto será la fiesta de los estirados
Rin le dio una mirada circunstancial, pero no dijo nada. Miku tenía razón, era una fiesta dedicada a engrandecer los egos de los colaboradores de su padre e invitados que se creían la gran cosa por el éxito que tenían en sus mercados respectivos. A ella no le agradaba asistir a esos eventos, pero no le quedaba más remedio que hacerlo al ser la primogénita, la futura heredera de todo el legado familiar iniciado por su abuelo. A veces, la mayoría, encontraba molesto ser hija de un genio de los negocios.
—Bien ¿Qué esperamos? —inquirió Miku mirándola unos cuantos pasos más alejada que en un principio, casi en la entrada de la costosa tienda.
Dankworth parpadeo confundida aun frente al exhibidor provocando que la peliturquesa rodara los ojos como si no pudiese ver lo terriblemente evidente.
—Ese vestido no se comprara solo, duuuh.
Una sonrisa suave se extendió por el rostro de Rin al asentir y caminar hacía Miku, ella avanzó directamente hacía la empleada más cercana y pidió que alistaran el vestido para ser probado. La mujer les dio una mirada de superioridad, como si ellas no fueran clientas aceptables o pudieran pagar alguno de los artículos de la tienda
—¿Estáis seguras de que pueden pagarlo? Es un modelo delicado y bastante costoso —agregó enarcando una delgada ceja, aún con esa actitud nada servicial y pedante.
La Hatsune entrecerró los ojos entendiendo por donde iba la cosa, Rin a su lado también comprendió inmediatamente la situación. Todos los clientes a su alrededor iban bien vestidos, con zapatos caros de diseñador y ropas finas junto a joyería exuberante, el mundo de la clase alta donde la apariencia lo era todo.
—Sí, el dinero es lo de menos —se apresuro a contestar Rin antes de que Miku metiera la pata
La mujer aun sin ser convencida les dio otra mirada de pies a cabeza, la de trenzas parecía friki y la rubia no aparentaba ser diferente al traer un bolso en forma de conejo colgado a un costado.
—Ni con sus mesadas juntas de un año podrían pagarlo —masculló para sí antes de darles una sonrisa plástica y totalmente fingida, procediendo a ir por el encargo a regañadientes.
Miku resopló irritada cruzándose de brazos y Rin solo trato de sonreírle conciliadora, obviando el mal trato dado por la empleada.
—Basta con la mesada de un mes para poder comprar el vestido y pagarle el sueldo de seis meses —habló en voz alta para que la escuchara aun en la lejanía —. No puedo creer que nos tratara así ¡Qué clase de servicio es ese!
—Bueno, es fácil cuando vamos vestidas así —señalo Rin restándole importancia.
No usaban ropas diferentes a los otros chicos de su edad y tampoco iban vestidas como señoritas de sociedad con los vestidos de diseñador, zapatos finos o joyas de oro y perlas. Simplemente caminaban por ahí sin prestar atención a esos parámetros de la sociedad, solo cuando era estrictamente necesario usaban esas prendas. Miku había elegido esas ropas para ser una más del montón, es decir, siendo una idol no puede pasear por ahí como si nada, por ello solía disfrazarse un poco. Igualmente Rin usaba los lentes para despistar.
—Tsk, si supiera quienes somos estaría prácticamente besando el piso por donde pasamos con tal de agraciarse un poco.
Rin la ignoró y avanzó hasta la zona de probadores, un área al fondo donde había algunos asientos y varios espejos con tarimas simulando ser pasarelas de moda, ahí algunas mujeres estaban probándose algunos vestidos de fiesta, cada uno más bonito y costoso que el anterior.
—Es preferible a ser tratada con la hipocresía usual
—Supongo
Ambas tomaron asiento en espera del vestido, el cual no tardo en llegar. Rin desapareció detrás de una de las cortinas de terciopelo rojo para minutos después reaparecer como toda una dama lista para un baile antes de la medianoche; el vestido le quedaba como anillo al dedo, se ajustaba bien a sus medidas y no existía necesidad de mandarlo a ajustar. La tela era ligera, incluso la larga falda con sus tantas capas le era fácil de manejar, las medias en conjunto eran hermosas, con los mismos adornos en perlas y un moño para el cabello que también iba en conjunto con la prenda. Cuando se hubo mirado en el espejo no se pudo reconocer, justo como cuando modelaba, aunque esta vez la magia de Mako y Ann no tenía nada que ver. Pasó sus manos por los adornos del corset sintiendo los patrones en perlas y encaje y como ellas ayudaban a hacer parecer su figura delgada, dándole elegancia natural. Quien hubiera hecho aquello debió ponerle mucho empeño.
—Te queda de maravilla —comentó Miku subiéndose a la tarima, su reflejo junto al de Rin —con él nadie te quitara los ojos de encima
—¿No crees que es muy exuberante para la fiesta? —Preguntó, por el rabillo del ojo noto como la mujer que las atendió fruncía el ceño ante el panorama de no llevar a cabo la venta, como había supuesto en un principio —, es decir, ¿por qué no buscamos algo más sencillo?
—Tonterías —alegó moviendo la mano para alejar la idea —. Es perfecto, para el aniversario no. 50 de la empresa familiar uno debe tirar la casa por la ventana
Miku poso las manos en los hombros de su amiga, sus ojos relucientes por la emoción llegaron a convencer a Rin de que era la mejor opción, después de todo era una oportunidad única. Sin más demora ordenaron envolverlo para llevar, cuando pagaron con tarjeta de crédito la mujer que las hubo tratado mal prácticamente dejo caer la mandíbula hasta el punto de que una mosca pudo haber entrado en ella.
—La próxima vez le sugiero no ser tan superficial —agregó la peliturquesa despidiéndose con un suave ademan acompañado de su pequeña lengua rosada y un guiño.
Ahora ya no paseaban por la plaza comercial solo mirando tiendas, sino que traían consigo una gran caja que apenas entraba en los brazos de Rin. Desde que se hubieron despertado habían acordado salir a pasear, después de desayunar habían ido en busca de Gumi, pero cuando las recibieron por una de las empleadas de la familia Kamui les dijo que la señorita había salido muy temprano en la mañana por un asunto importante. Sin otra cosa que hacer fueron al centro comercial en busca de algo de entretenimiento, incluso entraron al cine a ver una película y a un arcade a jugar algunos videojuegos como cualquier adolescente promedio. Dieron una vuelta mirando tiendas y sus diversos productos terminando frente a esa lujosa distribuidora y comprando el vestido.
—Tengo hambreeee ~ —Miku se quejo al sentir su estomago gruñir
Desde la mañana que no comían nada y la hora de la comida pronto terminaría. Rin la acompaño con el sonido demandante de su propio estomago.
—¿Al área de comida?
—Al área de comida —secundo Miku avanzando entre la gente en dirección al comedor general del centro comercial.
Siendo un sábado por la tarde el flujo de personas era más alto al normal, incluso el comedor estaba lleno. El sonido del murmullo general, los cubiertos y las cocinas en plena faena las recibieron dándoles un delicioso golpe de olores apetecibles. Después de discutir unos minutos decidieron comer en un pequeño restaurante de sushi, donde un chico les atendió amablemente a pesar de no decidirse por un platillo en específico.
—¿Qué crees que sea tan importante para que Gumi madrugara un fin de semana? —pregunto Dankworth curiosa al ver que su amiga no contestaba sus mensajes, incluso su ultima conexión había sido unas cuantas horas atrás.
—No lo sé, pero también me gustaría saberlo —Miku probó una pieza del rollo que había ordenado, soltando un sonidito de satisfacción al sentir el buen sabor deslizarse por sus papilas gustativas — ¿alguna cita con Kuroneko? Ya se acerca su aniversario de dos años.
Rin la imitó al degustar de su propio plato, meditando la posibilidad de que ambos estuvieran juntos, aunque era poco probable con semejante desvelada que se dieron la noche anterior ¿o madrugada tal vez? Ante el recuerdo de la fiesta algo hizo click en su cabeza haciendo que prestara mayor atención a Miku, está seguía disfrutando de su almuerzo como si fuera lo único que existiera para ella en ese momento. Actuó normal durante toda la mañana, nada inusual en su actitud que la rubia pudiera detectar, ni siquiera una pizca de enojo o tristeza, era la alegre y divertida Miku de siempre, o eso quería mostrar.
—Piko y tú cantan bien juntos
—Fue idea del organizador de la fiesta, aunque me tomo por sorpresa —admitió recordando igualmente la entrada improvisada del peliplateado y su peculiar saludo—, no espere que me besara en plena presentación.
Rin parpadeo desconcertada y verdaderamente sorprendida ante esa declaración ¿en qué momento…? ¡Oh! Ya recordaba, ella no prestó la debida atención al show porque estaba ocupada con el idiota del lobo feroz. Miku pareció leer parte de sus pensamientos, apresurada agregó:
—Fue en la mejilla ¡Dios! No suelo mezclar diversión con trabajo —se escudó sorbiendo de su bebida.
—Bueno, estoy segura de que los corazones de tus fans se habrán hecho añicos —bromeó Rin —, yo estaría celosa
La reacción de Miku fue diferente a lo esperado, ella se quedó callada, sin la intención de seguir la broma como generalmente lo haría. Las palabras proferidas parecieron darle en un punto sensible, tanto así que la mirada turquesa se perdió en su platillo a medio comer.
—Así que así son las cosas —farfulló jugando con los pompones de su gorro de lana, completamente abstraída.
¿Tal vez él estaba celoso de Piko? ¿O de todos los fans que solían gritarle improperios durante sus conciertos? ¿Tal vez ella si le importaba de esa forma…? La dicha se abrió camino entre su pecho llenándola de un sentimiento cálido y reconfortante, aunque el gusto le duro poco.
A él le gusta otra persona —dijo una voz en lo profundo de su mente, y así todo sentimiento cálido desapareció como si hubieran roto su pequeña burbuja de felicidad.
Rin la miro con pena al Miku poner esa cara tan triste, la desolación y la misma decepción estaban por todo su rostro, como una flor marchita y moribunda que alguna vez fue hermosa y brillante. De alguna forma logro comprender que aquel gesto tenía relación con la pelea con Kaito, y aun cuando moría de ganas por preguntar no lo hizo, su curiosidad era grande, aunque no tanto como para poner el dedo en la llaga de su amiga.
—¡¿Por qué tiene que ser tan complicado?! —chilló repentinamente, sacudiéndose el cabello con las manos desesperada —¡Eres un idiota Kaito!
Rin aún pasmada por tan repentino arranque apenas pudo notar las miradas de los demás comensales, de pronto el murmullo y el ambiente del comedor cambio drásticamente dándole un mal presagio.
—¿Crees que sea ella?
—Sí, no hay duda.
—No puede ser…
—¡Es Miku Hatsune!
—¡Necesito un bolígrafo y un papel!
Varias voces se alzaron como un tormenta a punto de ser desatada, ambas miraron en todas direcciones captando la expresiones de sorpresa, felicidad, incredulidad y euforia de los ahí presentes. El gorrito con orejas de gato yacía sobre la mesa revelando la identidad de la idol, quien retrocedió instintivamente al notar como algunas personas se acercaban a la mesa
—Mierda —soltó entre dientes.
—o—
—Rintoooo ~
El rubio siguió comiendo su hamburguesa, ignorando el constante llamado que ya le resultaba molesto. El chico a su lado volvió a llamarlo, esta vez con comida en la boca ocasionando que una servilleta fuera lanzada en su dirección dándole de lleno en el rostro.
—¿Qué? —soltó irritado, no comprendía porque Tsukishiro estaba sentado en la misma mesa, o tal vez sí; Todo era culpa de Taito, quien comía tranquilamente a su lado izquierdo ajeno a la situación.
—Pásame la salsa de tomate —dijo señalando los paquetitos a su costado
Rinto sintió unas tremendas ganas de lanzarle la kétchup en el rostro tal cual la servilleta, pero se abstuvo de hacerlo al darse cuenta de que estaban en medio de tanta gente y él, siendo quien era debía comportarse con clase, aun cuando tenía a alguien como Tsukishiro a su lado. Suspiro resignado al darse cuenta de que había cambiado un agradable y exquisito almuerzo de su hermana menor por una simple hamburguesa de una cadena americana que, a decir verdad, no era tan buena, y la compañía nada grata de sus compañeros de la universidad. Toda la mañana se la había pasado en el centro educativo terminando un proyecto junto a esos dos, con Taito no tenia problema, el Shion era callado y eficiente, pero Tsukishiro era insoportable con su energía inagotable y esa boca parlanchina que daban ganas de cerrar con cinta adhesiva.
El celular en su bolsillo vibró animadamente a la vez que un timbre sutil aviso de un nuevo mensaje. Cuando hubo desbloqueado el aparato se encontró con el nombre de Tori Chang —de la facultad de Medicina— preguntándole cuando se volverían a encontrar para repetir lo sucedido hace unos días. Sin el más mínimo interés apago el aparato. Las chicas eran tan aburridas, solo tenía que ser amable y darles una sonrisa para que creyeran que estaba interesado, engatusarlas era fácil, quitárselas de encima un dolor de cabeza.
—¿Qué es todo ese alboroto? —Tsukishiro estiro el cuello por sobre la mesa curioso al escuchar más ruido de lo usual
Sus ojos anaranjados dieron con un grupo que crecía considerablemente al otro extremo del casino, el murmullo general se amplifico cinco veces más hasta el punto de que incluso los mismos empleados de los comercios asomaban sus cabezas para averiguar el por qué del escándalo. Taito dejo de lado su almuerzo e imito al moreno, aunque más calmo y sereno que el resto de los curiosos. Rinto no le dio tanta atención en un principio, pero al final cedió al percibir como los gritos y chillidos llenos de euforia eran reemplazados por quejidos de protesta y amargura.
Su mirada azulada capturó la imagen de dos chicas que pasaron a escasos metros de su mesa, ambas corriendo en un intento de huir de la multitud que dejaban atrás y que les pisaban los talones como si las estuvieran cazando. Aun cuando ellas ya habían desaparecido Rinto se quedo observando el pasillo que conectaba a la plaza, donde hacía escasos segundos ellas habían huido de la multitud que las perseguía.
—¿Qué fue todo eso? —exclamó anonadado Tsukishiro, su cuerpo se dejo caer flácido sobre el asiento, como si todo lo ocurrido le hubiera sucedido a él.
Los pocos comensales que se quedaron en sus asientos murmuraban e intercambiaban una que otra mirada en busca de una explicación a ese extraño suceso. Taito siguió con su almuerzo, sin decir alguna palabra saco su móvil del bolsillo, él había identificado a las fugitivas con tan solo una mirada, aunque el socorrerlas no estaba en sus planes. Rinto por otra parte tenía en mente lo contrario.
—¿A dónde vas? —Tsukishiro quiso saber al verlo tomar su chaqueta y la mochila
—A ver a mi novia —respondió con una sonrisa autosuficiente tomando la bandeja y deshaciéndose de la basura y de la hamburguesa a medio comer. Definitivamente nunca más comería la asquerosa comida rápida americana.
El moreno lo vio marcharse sin siquiera dedicarles una mirada o una vaga despedida, Rinto siempre era tan seco incluso en clases. Tsukishiro soltó un suspiro para luego sonreír, tomó una de las papas fritas y mordisqueándola soltó:
—No sabía que Rinto tenía novia
Taito se encogió de hombros dejando de lado su móvil. El Kagamine parecía tener bastante confianza en sí mismo para declararse ganador del juego cuando recién iniciaba. Tsukishiro ajeno a toda la situación que envolvía los involucrados hecho una última mirada por donde su compañero rubio había desaparecido, sus pensamientos solo podían llevarlo a la conclusión de que la chica era afortunada al tener la atención del desinteresado y algo apático Kagamine.
—o—
Sus delgados brazos apretaron la caja del vestido contra su pecho como si eso la consolara y le diera una razón para seguir corriendo. Llevaban varios minutos esquivando y abriéndose paso entre el mar de gente que transitaba en la plaza para que los fans apasionados de Miku aun les siguieran la pista. Cuando bajaron a trompicones las escaleras eléctricas casi hubieron causado un accidente, por suerte los reflejos de Miku fueron suficientes para evitarlo, de no ser por ella la rubia hubiera terminado rodando por las escaleras llevándose consigo a otras tres personas. Al menos durante la huida la peliturquesa se había puesto nuevamente el gorro, o de lo contrario los que las perseguían se hubieran multiplicado terroríficamente.
—¡Aaaarrrrrgggg! ¿Por qué nos tiene que pasar esto a nosotras? —gritó irritada mientras aceleraba el paso.
Rin no tardo en alcanzarla, aunque teniendo como obstáculos a objetos móviles le era difícil mantenerse a la par. Recordaba haber empujado sin querer a algunas personas, algunas veces ganándose insultos o ligeros golpes devueltos en el calor del momento.
—¿Quieres que te lo recuerde? —soltó sarcástica.
Tanto correr ya le estaba cansando, los zapatos que traía puestos no eran los adecuados, además estaba segura de que el vestido se le subía demasiado. Miku chasqueo la lengua a la vez que llevaba sus manos la falda para alisarla y mantenerla en su lugar, no quería ver alguna fotografía de sus bragas en las redes sociales.
—¡Lo siento! —gimió doblando por otro pasillo más amplio que el anterior y por consiguiente con mayor número de personas.
A sus espaldas podía escuchar como la llamaban, los pasos de sus fans y algún otro listillo que solo deseaba tener algo que vender a las revistas de chismes. A tientas busco la mano de la rubia y tirando de ella la guio entre la masa de gente tratando de confundir a sus perseguidores, su vista turquesa no tardo en encontrar una salida de emergencia produciéndole una satisfacción y alivio indescriptible
—Les daré una distracción —Rin enarcó una ceja ante el comentario, ¿No quería decir que huirían juntas? —, ve al estacionamiento, te veré allí
—P-pero…
Sin detenerse a escuchar sus replicas la Hatsune abrió la puerta de metal grisáceo y la empujo bruscamente al interior cerrando la vía inmediatamente. Sin perder tiempo echo a correr nuevamente al verse descubierta, sabía que no les daría tiempo de escapar por la misma vía sin ser descubiertas. En sus oídos podía escuchar como la llamaban contestemente con adjetivos cariñosos y empalagosos, justo como en sus conciertos, si tan solo sus fans supieran que la imagen tierna que mostraba la mayoría de las veces ante ellos era solo una máscara al igual que en sus otras canciones, la verdadera ella no era tan agradable como todos pensaban. Era malhumorada, algo sarcástica, sádica tal vez, con un poco de humor negro y algo traviesa, pero incluso así sus amigos la aceptaban. Por medio del reflejo de las vitrinas se dio cuenta de que le estaban dando alcance, sería fácil detenerse y darles lo que querían, solo autógrafos y tal vez que cantara alguna canción, pero aquello no sería suficiente para una horda de enloquecidos fans, lo sabía. Una vez había cometido el error de satisfacerlos, casi le habían atacado en busca de un poco de cabello, sus accesorios y retazos de ropa aun cuando eso significara dejarla sin ella. Recordarlo le daba escalofríos.
Sus piernas se movieron con mayor ímpetu, motivándose con la idea de poder encontrarse con Rin sin problemas en el estacionamiento. Había hecho bien en darle la oportunidad de huir primero, después de todo ella llevaba consigo el vestido para el aniversario de su compañía familiar. Mientras se abría paso a empujones y su mente se centraba en encontrar la mejor forma de escabullirse al estacionamiento sin ser notada algo comenzó a vibrar en la bolsa de su falda. Estaba harta de estar corriendo, del dolor que producía respirar, del lio en el que se había metido por culpa de Bakaito, de todo lo que le estaba pasando que no se tomó la molestia de revisar de quien se trataba, sin más llevó el auricular a su oído y sin medirse soltó enojada:
—¡¿Qué?!
—Te encontré —dijo la voz del otro lado de la línea para inmediatamente colgar dejándola aturdida.
Miku le dio una mirada confusa al aparato y siguió corriendo hasta el siguiente pasillo, tan pronto puso un pie en el fue interceptada salvajemente. Tiraron de su brazo con fuerza para terminar dentro de una tienda de ropa antes de que su horna de perseguidores personal se diera cuenta. Ellos siguieron de largo ignorando el hecho de que la idol a quien buscaban estaba entre unos brazos que la sostenían contra sí, manteniéndola firmemente sujeta al notar como perdía la fuerza en sus piernas y se dejaba hacer sin remedio alguno.
—o—
Rin golpeo nuevamente la puerta sin obtener respuesta.
Después de que Miku la hubo tirado ahí, literalmente, había intentado salir cuando creyó que el peligro hubo pasado, pero la manija no cedió al ella jalarla. Eso la puso realmente nerviosa después del decimo intento, no era afecta a los espacios reducidos, menos con esa escasa iluminación. A su espalda un pasillo estrello y oscuro la invitaba a recorrerlo, pero el miedo pudo más con ella. De ninguna manera se aventuraría ahí, tenía un extraño e infundado miedo de terminar perdida en ese laberinto de pasillos interiores.
—¡Ayuda! —gritó, seguidamente pegó la oreja a la superficie dura y fría, pero el ruido de la música y de las tiendas comerciales superaba por mucho su delgada y aguda voz.
Volvió a repetir la dinámica acompañándola de golpes fuertes, sin embargo, terminó con dolor y las manos rojas.
Por muy absurdo que le resultase incluso a ella, sintió que las paredes a sus costados se estrechaban, cerniéndose a su alrededor como si la quisieran acorralar y dejar encerrada ahí de por vida. Rin retrocedió temerosa, las manos le sudaban y su cuerpo se sentía frio y tieso. La oscuridad quería engullirla, arrastrarla a lo profundo de la estructura hasta donde ningún rayo de luz pudiera filtrarse.
—¡Ayuda! ¡Alguien, por favor! —volvió a gritar al la desesperación filtrarse en su interior y corromperla — ¡Estoy aquí! Por favor, la puerta no se abre
El miedo y la ansiedad no tardaron en hacer mella en ella, la sensación de impotencia y un inimaginable terror la hicieron temblar, completamente abandonada a esa desesperanza que no parecía tener fundamento, ella nunca había tenido esa reacción, bueno, nunca se había quedado encerrada por tanto tiempo en un lugar pequeño y oscuro completamente sola. Sus manos volvieron a arremeter contra la puerta con mayor fuerza al notar como la oscuridad del pasillo avanzaba en su dirección con el afán de devorarla entre sus tinieblas, ahí donde los monstruos típicos del miedo infantil se esconden. Rin sentía las lagrimas picar sus ojos y como se atoraban entre sus pestañas a la vez que las paredes la apretujaban cada vez más; La oscuridad, la puerta sin abrirse, las paredes, el estrecho pasillo, todo atentaba contra ella con tal de mantenerla ahí cautiva. El aire le faltaba, y el sudor ya perlaba su pecho y frente hasta el punto de sentir que la misma ropa la asfixiaba.
—¡Alguien abra la puerta! ¡Sáquenme de aquí! Por favor.
Agotada y agitada se dejo caer de sentón y acercando sus piernas así misma se quedo en silencio, respirando apresuradamente ante la imagen mental de no salir de ahí, de que nadie notara que estaba atrapada. Su corazón se agito violentamente en su caja torácica y sus manos fueron a parar a la pared a su espalda, queriendo evitar que las paredes volvieran a avanzar contra sí mismas con intención de aplastarla.
—Mikuo —sollozo aterrada.
Aquella sensación le erizaba la piel y se sentía vagamente familiar, como si no fuera la primera vez que rompía en lágrimas en un sitio similar. La cabeza le daba vueltas al estar tomando grandes bocanadas de aire y el corazón en cualquier momento se le saldría por la garganta con ese golpeteo desenfrenado.
—Alguien, por favor —gimió cerrando los ojos con tal de no seguir viendo las paredes, que como cruel cámara de tortura la agobiaban constantemente —, sáqueme de aquí.
Se hizo un pequeño ovillo aferrándose a sí misma como único medio de soporte, rogando porque Mikuo llegara pronto a buscarla como solía hacerlo cada qué vez ella necesitaba ayuda. Mikuo y Miku siempre la tranquilizaron cuando en la tierna infancia sufría de temores y miedos, ellos no la dejaban sola y hundida en ese mar de negatividad, la animaban con bromas con tal de hacerla sonreír. Incluso Kaito lo hubo hecho después de unirse a su pequeño grupo.
La luz baño su cuerpo cuando el sonido de las bisagras le aviso que la puerta fue abierta justo como anhelada desesperadamente, entre la bruma de sus lagrimas pudo capturar la silueta de una persona, quien parecía mirarla preocupado. A Rin tan solo le basto con darle una mirada para incorporarse y abrazarlo como si fuera un salvavidas en medio del océano y ella un pobre naufrago a punto de ahogarse. Sus manos aferraron su camisa y dejo que el torrente de lagrimas bañara el hombro amigo sin restricción alguna
—Mikuo —ahogó un susurró entre el pecho masculino.
No recibió contestación, solo una caricia en su cabello tan ligera como la brisa primaveral.
Soltó algunos hipidos, desde que era pequeña que no lloraba frente a él, solo Miku y Gumi la hubieron consolado y visto completamente rota cuando sucedió lo de Yohio, no habían permitido que ninguno de sus amigos hombres la viera tan destrozada, y a pesar de impedirles tal vista su furia y enojo fue tal que incluso los habían tenido que frenar para no ir y romperle la cara al rubio oxigenado.
Aun con las lágrimas bañando sus mejillas fue separada de su acogedor refugio e inmediatamente una chaqueta cayó sobre su cabeza ocultando su estado. Rin la tomó entre sus manos y se envolvió en ella aspirando el olor de su mejor amigo a la vez que se dejaba llevar por esa sensación de tranquilidad y seguridad. Sus ojos se abrieron de golpe al comprobar que aquella fragancia masculina no era a la que estaba acostumbrada.
—¿Mikuo…? —llamó temerosa
El ruido que se filtraba por la puerta abierta fue la única contestación, instintivamente dejo que el miedo volviera a ella. Su vista se elevó lo suficiente aun teniendo la chaqueta sobre sí para detallar mejor al chico a escasos metros. El cabello rubio, su cuerpo delgado pero firme, su altura un poco mayor a la de ella y esos ojos similares a dos piezas de hielo perpetuo. En sus manos tenia la caja blanca y lustrosa de su vestido y su rostro lucia serio, aunque algo suavizado por lo acontecido.
Rinto Kagamine había sido quien la hubo encontrado en medio de esa tortuosa y solitaria oscuridad.
—o—
—Uh
—¿Qué sucede? —preguntó Len al ver a su hermana mirar fijamente un punto más allá de la vitrina frente a ella.
Lenka tenía los grandes audífonos a medio quitar y el disco que contenía las canciones que aun sonaban entre los acolchonados cascos en su pequeña mano, está parcialmente cubierta por la gruesa y larga manga de su suéter con rombos color menta.
Ella pareció despertar de una ensoñación, meneo suavemente la cabeza para disipar la bruma que aun cubría su visión. Sus grandes e inocentes ojos se posaron en su mellizo, quien esperaba una respuesta que francamente pensó que nunca llegaría al verla tan concentrada y ensimismada. Len al igual que ella vestía informal, usaba una sudadera oscura y una polera blanca, de su cuello pendía un collar similar al de su hermana
—Nada. Creí ver algo, pero parece que fue mi imaginación —comentó no tan convencida de sus palabras.
Muchas personas paseaban en ese mismo instante por los pasillos de la plaza comercial, lo que significaba que pudo haber confundido a una de ellas con Rinto ¿no? Además su hermano no tenía una novia o algo por el estilo para tenerla sujeta de la mano en público. Si, tal vez ella había visto mal y lo hubo confundido con alguien más.
Len se mostró extrañado y curioso por sus palabras y semblante, siguió la mirada de su hermana para encontrarse con varias personas que transitaban ajenas a su escrutinio, incluso los puestos comerciales no parecían ser del tipo que le gustasen a Lenka, tiendas de electrodomésticos, deportes, maquillaje y perfumerías.
La menor de los Kagamine volvió a centrar su atención en la música que aun sonaba por los auriculares, en la portada del CD se veía a una sonriente y animada Miku vestida con un traje colorido.
—o—
Los ojos le ardían y los parpados le pesaban por tanto llorar, incluso su nariz le picaba por abusar de los pañuelos desechables. El ver los edificios pasar rápidamente ante ella y difuminarse en el borde de su visión no ayudaba mucho a su cansada vista, que ya estaba en su límite al tener ese color rojizo y la notoria hinchazón.
Se encontraba sentada en el puesto del copiloto, a decir verdad, era el copiloto de Rinto; esté conducía tranquilamente lo que le parecía un sedan de color negro —no era demasiado atenta a los modelos de los autos, apenas y podía diferenciar los logotipos de las agencias—, transitando sin mayor dificultad las calles heladas que presagiaban la cercana víspera de navidad. Ninguno dijo nada ni antes ni después de subirse al vehículo, solo la música de la radio flotaba entre ellos como una sutil y baja cancioncilla de elevador a la que nadie prestaba atención.
La heredera Dankworth lo miro de reojo aun teniendo su chaqueta sobre su cabello dorado, su perfil le resultaba dolorosamente familiar, similar al de aquella persona que le hizo daño meses atrás. Era tonto e incluso algo patético compararlos, los dos eran completamente diferentes, o al menos en el sentido no físico; Donde Yohio era alegre, extrovertido y risueño, Rinto era distante, callado y sumamente directo —o al menos eso había percibido después de sus breves encuentros—. De solo recordar lo sucedido la primera vez que se encontraron sus mejillas se calentaron junto a sus orejas, los recuerdos de las veces que intento besarla la bombardearon sin tregua haciéndola incómodamente consciente de que estaban solos y en el reducido espacio del auto. Se removió en el asiento en busca de algo de seguridad y confianza, cubriéndose aun más con la chaqueta prestada como si fuera un escudo protector.
El gesto no paso desapercibido por su compañero. Sonrió al verla más tímida que las veces anteriores, la última vez que se encontraron le había parecido interesante su repentina muestra de rebeldía, negándose a ser dominada por él como toda chica, no negaba que al principio la trato como si fuera una más de aquellas tontas que caen tan rápido en sus manos hasta el punto de resultarle aburrido, pero ahora teniendo conocimiento de que aquel gatito tenia garras le resultaba tentador probar que tanto podía arañarle antes de dejarse mimar; Lo menos que espero cuando fue tras ella fue encontrarla hecha un mar de lagrimas y temblando del pánico, Rinto no era un noble caballero montado en un corcel blanco para consolar y hacer sentir mejor a las chicas lastimadas, al contrario, él las destrozaba. No tenía la más mínima idea de qué hacer cuando una chica lloraba, solo Lenka podía sacarle algo de preocupación cuando la veía así, aunque generalmente era Len quien la consolaba con palabras y gestos dulces.
Cuando la encontró así no fue capaz de hacer o decir algo, solo la hubo mirado desde su posición, parecía una niña temerosa, desprotegida. Por suerte fue ella quien tomo la iniciativa y se lanzo a sus brazos para estallar en agua salada, hipando y sollozando un nombre que no le era nada familiar, al menos no se trataba del de Len, en ese caso la hubiera zarandeado hasta hacerla callar. Solo atinó a acariciarle la cabeza como a un cachorro, a Lenka le calmaba cuando entre sueños lloraba ¿por qué con ella no funcionaria?
No le agradaba ver que lloraran, era molesto, en especial cuando lo usaban como medio de chantaje; fue por eso que le tiro la chaqueta encima con tal de no verla más, Rin pareció no darse cuenta de su intención real, pues abrazo la chaqueta como si fuera un gesto amable, incluso después de sacarla de aquel lugar la siguió usando para ocultar su rostro y el rastro de las lagrimas. No se aparto cuando sujeto su mano y la guio todo el camino hacía su auto, leves sonidos brotaban desde el fondo de su pecho, pequeños sollozos acompañados de espasmos que fueron desapareciendo con el pasar del tiempo.
—Gracias —murmuró, su voz algo ronca por llorar —, lamento que me vieras en semejante estado y tuvieras que ayudarme
Se sentía avergonzada por enseñar ese lado suyo que no sabía que tenía, estaba tan fuera de sí que no fue capaz de diferenciarlo de Mikuo. Eso la aterraba, si no hubiera sido Rinto quien la encontró ¿entonces quien? ¿Habría saltado a los brazos de un extraño sin miramientos? De solo pensar en aquella posibilidad le daba escalofríos, vagos recuerdos de un episodio algo, pero no tan similar, se le vinieron a la cabeza llenándola de vértigo y haciéndola sudar frio. No, recordar siempre le hacía mal, los recuerdos solo le traían dolor y desolación.
—No podía dejarte así —respondió después de un corto silencio. Rin desvió la mirada de la ventana—. No sabía que sufrías de claustrofobia —soltó dándole una mirada curiosa, como si estuviera informado de cada más mínimo detalle de ella.
Dankworth meneo la cabeza con suavidad, deslizo la chaqueta por sus hombros dejando ver su cabello algo alborotado y su rostro que había permanecido oculto detrás de la piel sintética.
—Ni yo tenía idea —confesó retirándose las gafas, estas no tenían aumento, solo eran un simple accesorio.
El rostro de la chica volvió a adquirir ese matiz compungido, como si una nueva ola de llanto amenazara con golpear su delgado cuerpo con mayor intensidad que la vez anterior. Rinto temió eso, las chicas eran molestas, frágiles, delicadas, tan sensibles que unas cuantas palabras podrían hacerla dichosa o destrozarla completamente.
—¿Por qué estabas ahí adentro? —Decidió entretenerla para no tener que intentar consolarla una vez más —, la última vez que te vi corrías como si la parca fuera detrás tuyo.
Ella estaba a punto de responderle, pero al darse cuenta del contenido completo de sus palabras solo pudo abrir los ojos grandemente, asombrada de que él presenciara tal persecución.
—Estaba en el comedor cuando todo inicio —se justifico antes de que Rin le cuestionara
—Miku pensó que era una buena idea para evitarme seguir involucrada —dijo bajando la vista hasta su regazo. La caja blanca con el vestido estaba en el asiento trasero, sana y salva y en buenas condiciones a pesar de haber estado en un triatlón
La epifanía llegó a ella tan pronto fue consciente de la situación pasada
¡Miku!
Con las manos temblorosas por el miedo saco el celular de su bolsa y marco los dígitos que se conocía de memoria al derecho y al revés, después de tres tonos atendieron la llamada.
—¿Dónde estás? ¿Lograste escapar? —quiso saber incorporándose del respaldo expectante.
—¡Rin-tan! —Saludo la animada voz de Kaito al otro lado del teléfono —, Miku-chan está dormida, la encontramos a tiempo —dijo tranquilamente. Rin casi sentía que su alma se escapaba de su cuerpo ante el alivio indescriptible que la embargo, si ella estaba con Kaito entonces no había peligro —; ¿Dónde estás? Mikuo y yo te buscamos en el lugar donde Miku dijo que estarías
—Voy camino a casa —respondió —, me encontré con un conocido y él me está haciendo el favor
Rinto se encogió de hombros al captar la mirada de la rubia, le daba igual que lo considerara amigo, conocido o vecino, no importaba como iniciaran, al final un único título podría describirlo como el vencedor, el ganador del juego y dueño del trofeo tan peleado.
—Qué alivio, Mikuo casi se queda calvo por la preocupación —soltó ahogando la risa, al fondo se escucho un golpe y un quejido de dolor. Rin comprendió inmediatamente que Mikuo lo hubo golpeado, seguramente le estaba reprochando el comentario de más —; vamos para tú casa, no te muevas de ahí —se despidió cortando la comunicación
Rin observó el teléfono en su mano por un segundo ¿por qué Kaito tenía el teléfono de Miku?
—Llegamos
Levantó la vista encontrándose con el portón de su propia casa, las rejas eléctricas cerradas como de costumbre. Estiro su cuerpo para tomar la caja del sitio trasero y una vez en sus piernas tomo la chaqueta prestada y se la tendió a su dueño
—Muchas gracias Rinto-san —dijo sinceramente —, no sabría que hubiera hecho si no hubieras llegado, te debo una.
El Kagamine tomo la prenda con un asentimiento de cabeza, la fragancia de ella se había impregnado en la tela. Rin ya había comenzado a salir cuando la voz de Rinto la llamó, por inercia volteo siendo sorprendida por un repentino ataque con la chaqueta, esta se enredo alrededor de su cuello como un collar, arrastrándola al interior. Sus ojos abiertos como platos fueron testigos de cómo el rubio se inclinaba hacía ella y depositaba un beso en la comisura de sus labios, terriblemente cerca de ellos, dando de lleno con ellos de no ser porque ella se hubo movido un poco antes.
Se apartó aun en shock, con la sonrisa de Rinto como única respuesta valida a la interrogante que estaba escrita en todo su rostro.
—Tómalo como mi pago —se despidió dejándola de pie en la acera, completamente sola.
Llevó su mano al lugar donde sus labios tocaron su piel, aun se sentía tibio. Aquel simple gesto, un casto beso, una caricia sutil e inocente, resulto ser una espina más en su corazón.
Continuara...
Pc reportándose con capitulo nuevo, creo que es obvio si ya llegaron hasta este punto, je.
No hay nada nuevo que decir por mi parte, estoy agripada, con cada estornudo siento que mis alvéolos son desgarrados dolorosamente ¡Oh dulce y mortal tortura! Mandenme sus buenas vibras para que me recupere pronto, o de lo contrario siento que moriré asfixiada al dormir.
¿Qué les pareció el capitulo? ¿Largo, tedioso, entretenido, confuso?
Déjenme un review con su opinión, saben que cada comentario aumenta la moral, alimenta el alma y la inspiración. Vamos queridos lectores fantasmas, incluso ustedes quienes dan FAV y FOLLOW sin comentar, me gustaría escuchar todo lo que tienen que decir, sea bueno o malo.
Por cierto, si conoces a alguien a quien pudiera gustarle la historia siéntete libre de compartirla, yo así eh encontrado buenos fic's, leyendo de autor en autor :D
¡A contestar reviews!
SofiAlexandra15: No te doy una respuesta concreta porque de lo contrario resultaría un spoiler, dejo abierta la opción de suposiciones hasta que se revele el dato. Len es algo más complejo que simple testosterona, aunque vaya que también a mi me sorprendió el que rechazara una oportunidad así.
Sychronicity girl: Pues la duda del porque Len rechazo a Rin se queda abierta y sin respuesta hasta más adelante ¡Muajajaja! Ahora les dejo algo del sexy Rinto, quien ya comenzara a tener igual protagonico. Espero que no lo odien tanto como a Len.
Aceptó teorías e hipótesis acerca de la telaraña de secretos y hechos que irán saliendo :3
Lilliamne: Tu comentario me hizo el día y me partió de la risa xD
Sip, el lobo feroz tiene dignidad a pesar de que no lo parezca, jajaja.
Bueno, no soy muy fanática de los juegos además del project diva, así que todo es coincidencia :P Aunque me dan pena esos hermanos por vivir engañados. ¿Será o no será Rin? quién sabe... Aun faltan algunos personajes en aparecer y poner a todo el mundo de cabeza.
¡Ding, ding, ding!
Ya me preguntaba el porque nadie me cuestionaba ese detalle. Bueno, la primera vez que escuche a 96neko creí que se trataba de un hombre, incluso su diseño me gusto más para un personaje masculino que femenino. Pero si, soy consciente de que es mujer y ama a Len y a la tapioca por sobre todo xD
Vocal02Elen: ¡Oh my gosh!
Batman ¿eres tú...? ¿donde esta robin? —babea como el perro de pablov—
Aquí tú continuación lindura (?) —le guiña el ojo como Timmy Turner—
Muchas gracias por leer gente bella y hermosa, los adoro como al helado y Nutella juntos. Ni el Doctor pepper puede con este amor(?)
