Disclamer: Vocaloid no me pertenece, desgraciadamente, pero algún día lo hará. La conquista mundial será mía, primero el área limítrofe y luego el mundo. Muajajajaja
La elección
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IX
Yo por ti…
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Apenas la alarma sonó su mano fue a parar sobre el aparato deteniendo el molesto sonido que generalmente amenazaba su sueño. Esta vez no tuvo necesidad de ella, no cuando su mente era asediada por preocupaciones recurrentes desde hace unos días. El cielo aun estaba oscuro cuando corrió las cortinas y abrió la ventana, tal como de costumbre. El viento helado de la mañana le hizo animarse un poco, los climas templados eran sus favoritos.
Gumi avanzó por la habitación en busca del bolso deportivo, donde termino de guardar algunos artículos de uso personal, incluso si no podía conciliar el sueño no era razón suficiente para suspender sus actividades diarias. Cuando se acerco al lavabo para lavarse la cara notó las bolsas bajo sus ojos, no estaban muy marcadas pero eran visibles. Gimió ante la idea de usar maquillaje y hundió el rostro entre el agua helada ahogando ahí parte de sus problemas hasta que estuviera satisfecha, o al menos un poco menos estresada. Cuando hubo salido de la casa el cielo aun poseía estrellas y los primeros rastros del cercano amanecer se vislumbraban en el horizonte lejano. Sus ojos rotaron del auto a su izquierda a la moto a su derecha. Con un ligero elevar de hombros se encamino a la motocicleta.
Antes de partir a su destino saco el móvil y escribió un mensaje rápidamente, una sonrisa malvada adorno su rostro tan pronto el texto fue enviado. En alguna parte de la ciudad, un chico despertó al escuchar la melodía del teléfono. Enterró el rostro en la almohada emitiendo un gruñido de exasperación cuando vio el remitente.
—Maldita mujer —masculló volviendo a acurrucarse entre las cálidas sabanas.
La pantalla del móvil iluminaba parte de la habitación, dejando ver un par de ojos esmeralda que miraban el aparato con fastidio y reproche, como si fuera la persona que despertaba sus pensamientos homicidas.
Ella estaba loca si creía que aceptaría su petición. Ni siquiera su carita de perro mojado bajo la lluvia fue suficiente para hacerlo ceder, tampoco el que se pusiera de rodillas y ofreciera ser su esclava por toda la vida.
Gumiya Megpoid por ningún motivo sería pareja de Gumi Kamui, antes muerto.
¡Muerto!
—o—
—Te ves horrible —expresó Miku al ver el rostro de su mejor amiga
Rin se llevo las manos al rostro ocultando su horripilante semblante del resto, no le sorprendió en lo más mínimo el comentario, era consciente de las oscuras bolsas bajo sus ojos y de lo hinchado que se veían. Apenas había reparado en su arregló personal, por lo que no cuestiono las caras de espanto de todo aquel que la saludo esa mañana.
—Lo sé —gimió deslizando lentamente sus manos por todo su rostro —, no pude dormir en todo el fin de semana
Y era cierto. Todo era culpa del desgraciado de Rinto, si él no hubiera hecho lo que hizo ella no estaría hecha un lio. Para empezar, ella no debería estar hecha un lio, y menos por el Kagamine mayor, ¡Por ningún Kagamine! Era su maldita apariencia, sí, eso era. Todo era culpa de él y de Yohio, su maldita similitud física. Cada vez que los comparaba era evidente el contraste de personalidades, pero eso no evitaba que se pusiera nerviosa y prácticamente se derritiera como helado al sol cuando él Kagamine hacía un movimiento en ella. No tenía idea del porque siempre que veía a Rinto se le venía a la cabeza su exnovio. Lo detestaba, por el inferno que sí.
Miku estaba a punto de preguntar la razón, pero antes de siquiera poder mover los labios fue empujada a un lado por Kaito, quien se lanzo con los brazos abiertos hacía la rubia. Rin se dejo hacer, con el paso del tiempo había aprendido que poner resistencia solo lo hacía peor.
—Rin-tan —saludo con una sonrisa gatuna, restregando su mejilla con la contraria.
—Kaito, buen día
—¡¿Qué rayos?! — chilló la Hatsune recuperándose del empujón, de no ser porque se sostuvo de un escritorio hubiera terminado en el suelo —¡Largo de aquí Bakaito!
—¿Qué tal tú fin de semana? —prosiguió ignorando el reproche. Miku estaba a punto de golpearlo cuando, y para desgracia de ella, nuevamente fue empujada sin la menor delicadeza.
Gumi había llegado a lado de sus dos amigos, saludándolos con energía y alegría mañanera poco usual en ella.
—Miku ¿qué haces en el suelo, se te perdió algo? —cuestionó curiosa al verla ahí de rodillas.
—Que va, solo me dieron ganas de ponerme a rezar —comentó sarcástica intentando ponerse de pie, estaba en ello cuando Mikuo se acerco al grupo con revista en mano, tan distraído que ni cuenta se dio de que empujo nuevamente a Miku
—¡Miren! —anuncio dejando a la vista de todos una página de la revista, en ella se narraba el éxito de la fiesta de brujas a la que habían asistido y varias fotografías adornaban el artículo, incluidas algunas del desfile de modas, donde aparecía el pequeño grupo posando para la cámara.
Kaito y compañía miraron interesados el artículo, todo bajo la atenta y fulminante mirada de aguamarina, quien trataba de reprimir el impulso de golpear a cada uno con el negi que siempre cargaba.
—Miku
Giro el rostro encontrándose con los mellizos Kagamine, Len la miraba con una ceja alzada, preguntándose internamente porque la chica estaba en el suelo despidiendo una terrible aura violenta; Lenka por su parte le dio una mirada preocupada y rápidamente se apresuro a ayudarla.
—No pregunten —dijo entre dientes al ver la intención de los hermanos, estos callaron, la mirada de ella era intimidante cuando quería.
Rin observo aliviada como sus dos amigos peleaban amistosamente, Miku reñía a Kaito por el golpe dado y de paso, desahogaba su enojo al ser ignorada y golpeada repetidas veces. El último encuentro que habían tenido había sido después de lo del centro comercial. Cuando llegaron a casa de Rin, Miku dormía en la espalda de su primo y Kaito se había abalanzado sobre ella al ver su rostro hinchado y ojos rojos. Les había dado una patética excusa que a decir verdad ni ella creía, no es que mentir se le diera fatal, sino que estaba demasiado cansada para hacerlo.
Miku despertó un rato después, cuando estaban viendo una película en su habitación. Lo primero que hizo fue algo que a decir verdad ni Mikuo ni ella esperaron, pero que de alguna extraña forma era lo más normal en la Hatsune.
Golpeo a Kaito.
—¡Eres un idiota! —le gritó aun con el puño en el aire.
El golpe no fue lo suficientemente fuerte para noquearlo o dejarle un horrible moretón, sin embargo, fue bastante eficaz que lo hizo caer de la cama. El chico no se quejo, solo acaricio la parte afectada, a la vez que le sonreía a la furiosa chica
—Qué bueno que estés bien
Ella y Mikuo intercambiaron una mirada confusa ante la extraña escena, en especial al ver a la aguamarina hacer una mueca algo extraña a la vez que cubría su rostro con las manos, como si no concibiera la idea de que el Shion fuera tan estúpidamente estúpido, o en el mejor de los casos se hubiera acostumbrado a sus tratos. La tensión que había entre los dos después de su pequeña pelea desapareció con esas simples palabras. Miku ya no se mostró tan evasiva y Kaito había dejado de mirarla con ese extraño aire de remordimiento y disgusto. Eso alivio a Rin de sobremanera, lo menos que quería era ver a sus amigos peleados, en especial a dos de sus personas más queridas.
—o—
Estaban el uno frente al otro, intercambiando miradas silenciosamente a diferencia de sus demás compañeros que parecían animales salvajes con tanto griterío y alboroto. Era algo incomodo en muchos sentidos, en demasiados para su gusto, especialmente con lo sucedido en la fiesta de brujas; Sus escritorios estaban pegados uno frente al otro, requisito obligatorio en la clase de literatura hasta que terminaran el trabajo que se les había encargado, que para desgracia de ambos, apenas comenzaba.
Len notó lo incomoda que ella se encontraba y como lo disimulaba moviendo su pie por debajo de la mesa. Tenía ganas de echarse a reír ante su muestra de obstinado orgullo, ese orgullo que la obligaba a mantenerle la mirada como si fuera un juego, que a decir verdad lo era, pero ella no tenia por que saberlo.
—Fea —soltó provocando que Rin perdiera su concentración con un parpadeo, como si lo que escucho fuera un hechizo mágico que la hizo regresar en sí. Su mirada antes fija y determinada se transformo en una llena de indignación y enojo.
El Kagamine volvió a aguantarse la risa al ver su rostro estupefacto ante el inesperado comentario
—¿Disculpa?
—Eh dicho fea ¿quieres que te lo deletree? —pico nuevamente
Rin abrió la boca en incredulidad ante su desfachatez ¡Ella no era fea! Ni muchos menos tonta para que la tratara tan desvergonzadamente. Estaba a punto de reclamarle y decir una estupidez de la cual se arrepentiría más tarde cuando fue callada totalmente por una hoja de trabajo; esta le fue puesta en el rostro, tan cerca que casi tuvo que hacer el visco para poder leer lo que decía.
—¿Qué es esto? —inquirió arrebatándosela para verla mejor, siendo particularmente consciente de la sonrisa que bailoteaba en los labios de Len al verla hacer caras graciosas
—Es el formato a llenar con los datos del trabajo —respondió sacando de su mochila un libro de color negro, en la portada se podía ver el rostro de un felino saliendo de entre las sombras.
Rin no tenía que ser un genio para advertir el titulo del texto. Dejo la hoja en el escritorio y tomo el libro entre sus manos, reconoció algunos fragmentos de la obra mientras pasaba las hojas. Solo lo había leído porque Gumi le había insistido, ella era aficionada al género de suspenso y terror, por lo que solía arrastrar a sus amigas a ver películas, series e incluso leer libros que posteriormente causaban en Rin miedos extremadamente tontos. La vez que le hubo enseñado un anime de suspenso donde una clase entera estaba maldita no pudo volver a ver una sombrilla de la misma forma ¡Una sombrilla! Ni que decir de cuando vieron esa perturbadora película que en un principio parecía tratarse de un asesino serial para que al final el causante de las muertes fuera un ente sobrenatural que supuestamente era el "Coco", esa vez tuvo que dormir con luz de noche por un mes entero. Era miedosa, terriblemente sugestionable con temas sobrenaturales, siempre que a Gumi le tocaba elegir la película en turno eran las que ella detestaba con toda su alma y que su retorcida amiga amaba.
Elevo la mirada hacia Len, quien ya había comenzado a llenar los espacios en blanco del trabajo. Él no parecía de las personas que se asustaran fácilmente, en especial al tener en su biblioteca personal los trabajos más reconocidos de Stephen King. Rin se había asombrado al ver la cantidad de libros en sus repisas, nunca espero encontrar un lado así en él, bueno, tampoco es como si hubiera esperado algo de él. Y hablando de ello, los sucesos de la noche de brujas era algo que bajo ninguna circunstancia llego a concebir, en especial el rechazo del Kagamine.
—Es gay —murmuró convencida de ello.
Len no entendió lo que dijo, pero la mirada intensa y evaluativa que le dedicaba le hizo sentir un escalofrió, fingió obviar lo sucedido y siguió escribiendo. Por alguna extraña y misteriosa razón la idea de no querer saber que estaba pasando por su mente en ese momento lo invadió.
Cuando el timbre del almuerzo resonó por todo el edificio la mayoría de la clase se apresuro a guardar sus cosas y a salir del aula, el maestro dio algunas indicaciones acerca del trabajo, pero su voz fue ahogada por los comentarios de sus compañeros. Cuando Miku se acercó a la mesa de Rin, está estaba terminando de guardar sus útiles, Kaito y Mikuo las esperaban en la puerta. Kuroneko no estaba.
—¿Y mio amore? —consultó Gumi, ellos se encogieron de hombros
—Nunca llegó —avisó Mikuo al ver el semblante confundido de la novia en cuestión, al parecer ni ella conocía la razón de su repentina ausencia.
Kamui no preguntó más, se limitó a alejarse del grupo y a buscar un lugar tranquilo antes de marcar el número de su pareja. La operadora le contesto desde el otro lado de la línea, pero antes de siquiera escuchar sus palabras corto la comunicación. Volvió a llamar un par de veces más, pero la llamada nunca conecto. Optó por enviarle un texto, tarde o temprano le contestaría. Tal vez se había resfriado, o quizás se había quedado dormido, después de todo era tan perezoso como un gato; Gumi asintió para sí tratando de convencerse de ello. No habían tenido contacto alguno en todo el fin de semana, especialmente al estar metida en la casa de sus primos Megpoid tratando de convencer al necio de Gumiya para que accediera a ser su pareja. Se había tenido que arrodillar y suplicar por su benevolente consideración, pero Gumo la había visto con aversión antes de quitársela de los pies, que ella sujetaba fuertemente.
—¡Haré lo que quieres! Te daré un pulmón si es necesario —suplicó negándose a soltarlo a la vez que él trataba de retirar sus manos de su cuerpo
—¡Que no! ¿Y yo para que quiero un pulmón? —le gritó alejándola de sí
—¡Yo que sé! Solo di que sí —exigió aferrándose con las piernas, una posición que incomodo a Gumiya de sobre manera.
Intentó sacudírsela desesperado, pero Gumi apretó el agarre. Lo miro con sus mejores ojitos de cachorrito abandonado bajo la lluvia y muerto de hambre, incluso parecía a punto de llorar, y él estuvo a punto de caer al ver las lágrimas agolparse en sus ojos. Ante los ojos incrédulos de la chica se dio una bofetada, literalmente.
—Estás demente —soltó deshaciendo la máscara tierna y suplicante
—La loca aquí eres tú —le rebatió sacudiendo nuevamente su pierna e ignorando el dolor palpitante en su mejilla —, llegar como si nada a casa de alguien que te detesta y tú detestas y pedirle que sea tu pareja así como así ¿Dónde está lo normal ahí?
—Es porque solo tú puedes hacerlo —respondió con seguridad deteniendo todo movimiento por parte de él —, además no te detesto —agregó obteniendo una mirada fija —, solo creo que eres un pesado. cabeza dura y tsundere para rematar —farfullo en reproche
La cara de Gumiya enrojeció de furia ante sus despreocupadas palabras, era un idiota por atreverse a dudar un momento de su decisión final.
—Eres zanahoria muerta —siseo antes de iniciar la siguiente ronda de empujones, gritos y suplicas.
Gumi era una tonta, tonta, dijo.
—o—
Soltó un suspiro de resignación a la vez que su fuero interno se lamentaba lo ocurrido los últimos cinco minutos de su corta vida.
No entendía como había terminado así y mucho menos porque estaba sentada en el asiento trasero de un conocido, y desgraciadamente familiar, AVO amarillo. Todo había pasado tan rápido. A la salida del instituto había sido interceptada por los primos Hatsune, quienes comenzaron a parlotear desenfrenadamente acerca de quién-sabe-que, logrando confundirla y aturdirla al intentar prestar atención a la verborrea conjunta. Sin tomar en cuenta su opinión o su estado desorientado cada uno la tomo por la muñeca y la arrastraron al vehículo de los hermanos Kagamine.
Y finalmente ahí estaba, en medio de sus dos mejores amigos y dirigiéndose hacia donde quiera que Len los llevaba. Un escalofrió le recorrió la espina dorsal al imaginar a donde se dirigían.
Todo menos la casa Kagamine. Todo menos la casa Kagamine. Todo menos la casa Kagamine. Todo menos la casa Kagamine. Todo menos la casa Kagamine. Todo menos la casa Kagamine. Todo menos la casa Kagamine ¡TODO MENOS LA CASA KAGAMINE!
—¿Rin? —la llamó Miku. Tenía los ojos cerrados y abrazaba el bolso escolar contra su pecho. No quería ver el lugar al que habían llegado, no se atrevía a confirmar sus sospechas.
—Ya llegamos —añadió Mikuo, ella no se movió.
Un tirón deshizo el agarre que mantenía sobre su bolso y la obligo a salir del auto. Rin sabía que Mikuo no había sido y mucho menos Lenka o Miku, el tirón fue algo brusco, pero no tanto para lastimarla.
—¿A caso le tienes miedo a tu propia casa? —bufó Len a su lado.
Abrió los ojos encontrándose, efectivamente, frente a las rejas negras de su propia casa.
—¿Are?
—Rinny —Mikuo le paso un brazo por los hombros en un semi abrazo —, acordamos que haríamos el trabajo escolar en tu casa
Ladeo la cabeza en incomprensión ¿en qué momento ellos…?
—¡Lo decidieron por si solos! —acuso dándose cuenta de la razón de la emboscada. ¡Sonika la mataría! Tenían una reunión para discutir los nuevos proyectos para el siguiente año. La víspera navideña se acercaba y cerrar los contratos antes de que se suspendieran las actividades de la agencia era prioridad de vital importancia, y por si fuera poco Sonika se iba de vacaciones a Seúl en un par de semanas —No, no, no. Tengo cosas que hacer.
—Pero ya estamos aquí —intervino la Hatsune tratando de hacerla entrar en razón —, no nos puedes dejar en la calle
Rin enarcó una ceja dejando claro que podía y quería hacerlo.
—Entonces hagámoslo en nuestra casa —sugirió inocentemente Lenka, los primos gimieron en protesta pero no dijeron más. Estaba a punto de añadir que ella no los acompañaría cuando agregó —, Rin-chan también debe venir, es la pareja de Len
—Pero yo…
—Rinto se podrá feliz de verte —prosiguió bajo la mirada aterrada de la segunda rubia, el aura oscura del gemelo mayor y la confusión de los primos Hatsune.
—¡Esta bien, será en mi casa!
Y sin esperar algún otro comentario se encamino a paso rápido a su hogar con Mikuo aun colgado de sus hombros
A unos cuantos pasos a su espalda escuchó la tintineante risa de Lenka, y por un largo y eterno minuto odio su relación consanguínea con Rinto Kagamine.
—o—
—Bienvenido a casa Kaito-nii —saludó Akaiko desde lo alto de las escaleras. Bajo en pequeños saltos y abrazó al mayor en un gesto cariñoso, muy usual en ella.
Él le correspondió el gesto y al igual que solía hacer Mikuo con Rin, le revolvió el cabello juguetonamente. Ella le miro con malos ojos a la vez que intentaba acomodar sus cortos mechones rojos, sin embargo, muy dentro de sí apreciaba el gesto.
—Moo~ todos son iguales —se quejó haciendo un mohín adorable
—Es tú culpa por ser la más pequeña —agregó caminando en dirección al salón, donde sus hermanos se encontraban.
Nigaito permanecía leyendo despreocupadamente en el diván, Kikaito hablaba por teléfono con su primera novia de la semana y posiblemente ex-novia antes de finalizar el día y Taito lucia muy ocupado tecleando en su portátil, seguramente no llevaba mucho tiempo de haber llegado de la universidad. Taito era el segundo hijo de la familia Shion, siendo el hijo serio, correcto e intelectual, en el otro extremo se encontraba el hijo mayor, Kikaito, alegre, perezoso, además de mujeriego y gigoló. En tercer lugar estaba Kaito, despreocupado, travieso y confiable; seguido por Nigaito, callado, tímido e introvertido y por ultimo Akaiko, la única hija y por consiguiente la más consentida. Ella era algo egoísta, terca, pero muy cariñosa con los que apreciaba.
—Estoy en casa —soltó siendo consciente de que seria ignorado, después de todo sus hermanos estaban concentrados y encerrados en su propio mundo.
Y en contra de todo pronóstico Taito aparto la mirada del ordenador. Kaito no obtuvo una respuesta de bienvenida, sin embargo, le sonrió agradeciendo su atención.
—Padre te solicita en el estudio —comentó regresando a sus actividades escolares, obviando el semblante curioso de su hermano y su hermana, quien se había aferrado al brazo del primero
—¿A mí?
Eso era extraño, sumamente extraño. Quienes solían visitar el estudio eran Taito y Kikaito, el primero porque ayudaba a su padre en algunas tareas de la empresa, el segundo debido a sus regaños regulares por ser tan vago.
Taito asintió sin retirar la vista del ordenador.
Dirigió su azulada mirada a su hermana el busca de una respuesta al ver que no la obtendría de ninguno de los otros tres, Nigaito se había ocultado detrás de su libro y Kikaito soltaba comentarios melosos y apodos extremadamente azucarados a la chica del otro lado de la línea. Taito ya no respondería más, estaba concentrado en su trabajo.
Akaiko se encogió de hombros
—Me pareció escuchar a mamá y a papá hablar acerca de una chica —meditó elevando la mirada. Eso solo confundió aun más al de cabellos azules ¿una chica? — ¿un compromiso tal vez?
La miro horrorizado
¡¿Un compromiso?!
En primer lugar, Kikaito e incluso Taito deberían ser los comprometidos ¡no él!
La idea de un matrimonio arreglado le hizo flaquear las piernas, tuvo que ser ayudado por la pequeña pelirroja para llegar al sillón, donde rápidamente fue atendido por un abanico improvisado con el libro que hace unos segundos leía Nigaito.
—Respira Kaito-nii. Inhala, exhala. Inhala, exhala. Inhala, exhala.
—Lo estás tratando como si estuviera a punto de dar a luz —comentó con desgano el peliverde.
—¡Nigaito-nii!
—La que lo puso así fuiste tú, a mi no mires
Rodó los ojos, no iba discutir eso, después de todo tenía razón.
Kaito no les prestó la más mínima atención, estaba dándole vueltas una y otra vez a las palabras de su hermana, debía haber un error, después de todo quien tendría mayor probabilidad de ser víctima de un matrimonio arreglado eran los primogénitos, como Rin o el propio Kikaito. Él era el tercer hijo, su estado civil no se vería amenazado por cosas como esas. Por supuesto que no, seguramente su padre solo quería discutir algunos asuntos escolares o por defecto darle una charla acerca de su próxima entrada a la universidad.
Se puso de pie bajo las miradas expectantes de sus hermanos menores, quienes lo vieron salir del salón sin añadir comentario y dirigirse, seguramente, al estudio de su padre. Intercambiaron miradas cómplices y en un acuerdo mudo procedieron a seguir a su hermano mayor, pero antes de siquiera dar un paso fuera de la habitación Taito habló
—Ni lo intenten —advirtió sin despegar la vista del ordenador.
Akaiko y Nigaito desistieron. Los hermanos Shion tenían muchas diferencias, sin embargo, concordaban en algo, y eso era que nadie, absolutamente nadie, quería ver a Taito enojado.
—o—
Admiro con creciente interés los objetos dorados en la repisa. Todos ellos escorados en línea recta, algunos más grandes que otros, sin embargo, en su base ostentaban un titulo de honor. El niño en sus brazos se removió con intención de tocarlos, pero Gumi se alejo lo suficiente para evitarlo.
—No, Ryu-chan —dijo haciendo un ademán negativo con su dedo índice —, Gumiya se enojara
El pequeño hizo un puchero, las coloridas cintas eran tan bonitas que le daban ganas de tocarlas y los trofeos poseían pequeños adornos que se le antojaban como sus muñecos de acción.
—Gumi-nee —rogó empleando su mejor carita triste. Ella conocía a la perfección ese truco, y de alguna forma intuía que lo había aprendido de ella. Gumiya la mataría.
Agito la cabeza en señal negativa y bajo a Ryuto.
—Somos espías ¿recuerdas? —le confió en voz baja y aire misterioso, Ryuto asintió y le devolvió el gesto de guardar silencio—, si Gumiya se entera que entramos a su habitación será nuestro fin, así que hay que ser muy cuidadosos y no dejar rastros—prosiguió, el menor volvió a asentir y se quedo quieto.
Regresó su vista hacia la gran repisa, en la pared había muchos reconocimientos y algunas medallas, pero lo que llamó su atención fueron las fotografías, en su mayoría capturando el momento en que el trofeo le era entregado a un sonriente Gumiya. Inconscientemente sonrió, la expresión que mostraba en las imágenes era muy bonita, lástima que tuviera esa personalidad tsundere y el mal temperamento.
Estaba a punto de seguir buscando algo con que chantajearlo —para situaciones desesperadas medidas desesperadas— cuando unos ruidos llamaron su atención. Se quedo quieta y agudizo el sentido del oído, no le costó percibir la voz de su tía y la de Gumo en el recibidor.
¡Rayos!
A buena hora había llegado, Gumo arruinando sus planes desde tiempos inmemorables.
Le hizo una señal a Ryuto para que la siguiera y una vez fuera cerró la puerta evitando hacer ruido. Ambos fueron a recibir al recién llegado, quien tan pronto vio a Gumi hizo un gesto de desagrado
—También me da gusto verte, Gu-mi-ya-nii —canturreó con intención de fastidiarlo, cosa que logró al ver como se le erizaba la piel ante su forma de llamarlo
—Te dije que no regresaras
—¡Gumiya! No trates así a Gumi, es tú familia —ordenó su madre, reprochándole con la mirada —, las puertas de la casa siempre están abiertas para ti —agregó dirigiéndose a la chica, quien asintió con una sonrisa burlona.
Quiso bufar, pero se abstuvo de hacerlo al aun estar su progenitora presente.
Maldita mujer. Ya se había cansado hasta la saciedad de decirle que no ¿es que acaso no se rendiría?
—Los llamaré cuando la comida este lista —avisó la matriarca Megpoid desapareciendo por el pasillo, Ryuto soltó un lindo y tierno «Hai~» antes de salir corriendo a su habitación para jugar con Gachapin.
Gumi intento hablar, pero Gumiya la ignoró olímpicamente y se encamino a su habitación, no le apetecía iniciar una nueva discusión con ella. Suficiente había tenido con aguantarla dos días seguidos para tener que lidiar con ella un lunes después de la escuela.
—Se mi pareja —pidió nuevamente antes de que le cerrara la puerta en la cara.
Con desgano arrojo la cartera escolar a un rincón de la habitación y sin más se dejo caer sobre la cama, estaba exhausto. Ni siquiera había podido cerrar los ojos cuando la puerta fue abierta de golpe por la misma Gumi. Sin reparo entró en la habitación y se puso frente a él con los brazos en la cadera, aun vestía su uniforme escolar, por lo que supuso que saliendo del instituto fue a su casa.
—Largo de aquí, ahora —ordenó fulminándola con la mirada
—No hasta que aceptes ser mi pareja —contesto con igual firmeza—. No entiendo cual es el problema, no te afecta en nada. Es el único favor que te eh pedido y te pediré en toda la vida, sabes que si no fuera algo importante no estaría aquí.
La mirada de ella era suplicante a pesar de mostrarse poderosa en el exterior, después de un largo periodo de tiempo se mostraba vulnerable, o casi. Se incorporo sobre sus antebrazos devolviéndole la mirada ¿tan importante era para ella…?
—Si quieres que me hinque lo haré, estoy dispuesta a besar el suelo que pisas o lamer la punta de tus zapatos —expresó seria, no mentía.
—No, no me interesa que tan bajo puedas caer por ello. No lo haré
La expresión en el rostro femenino se descompuso tanto que llegó a pensar que lloraría, pero no fue así. Kamui respiro pesadamente, sus manos se abrían y cerraban en puños. Ya no sabía qué hacer, le desesperaba la terquedad de Gumiya hasta el punto de querer zarandearlo hasta que entrara en razón.
Desesperada era la palabra clave, de lo contrario no se encontraría allí arrastrando su orgullo por los suelos.
—¿Por qué? —masculló entre dientes, su paciencia se estaba agotando y el tiempo también
Él se encogió de hombros sin verdadero interés. Sabía que estaba cerca de su límite, Gumi no era muy paciente después de todo.
—No quiero hacerlo —soltó. Ella le dedico una expresión furiosa, y para sorpresa suya, dolida. Apretó los labios formando una fina línea, sus puños se cerraron fuertemente y la cara la tenía colorada. Se hubiera burlado de su expresión en otro momento, pero ahora no sentía ganas de hacerlo.
—¿Eso es todo? —inquirió lenta y peligrosamente, la mirada tan afilada como una navaja.
Esa no era la Gumi Kamui que conocía, y a decir verdad, no le interesaba conocerla, pero ya era demasiado tarde para eso. Agarraría al toro por los cuernos.
Asintió silenciosamente.
Ella cerró los ojos y su rostro se arrugó tratando de contenerse a sí misma, sus uñas se enterraron en sus palmas pero no sintió dolor. Gumiya la vio respirar hondo y contener el aliento por un breve momento, incluso le pareció ver que sus labios se movían, pero no logró escuchar nada. Pensó que daría media vuelta y se marcharía con aire digno, o que incluso le volvería a suplicar, pero no fue así.
Tan pronto sus ojos volvieron a ver la luz explotó.
Explotó como nunca antes había visto.
—¡Eres un imbécil egoísta! ¿Cómo pude ser tan tonta para creer que me ayudarías? —chilló fuera de sí, sus manos moviéndose frenéticamente con cada palabra mientras daba vueltas por la habitación—, Sabía que no podía confiar en ti, anda, búrlate de mi ingenuidad ¡Arrg! Soy una estúpida por dejarme convencer por Yukari. Ella dijo que entenderías la situación y que por ser familia tal vez accederías, pero eres tan egocéntrico y tu orgullo es tan grande que no puedes ni siquiera considerar el ayudarme. No pensé que me detestaras tanto, debe ser insoportable para ti respirar el mismo aire y estar en el mismo lugar —añadió con una sonrisa desprovista de gracia que fue muriendo en sus labios—. Fui una idiota por creer que tal vez podríamos llevarnos bien como antes
Habló con tanto arrepentimiento y decepción que Gumo se quedo pasmado por la repentina verborrea emocional, en primer lugar por todo lo dicho, en segundo por ser ella quien lo dijo.
Se llevo las manos a la cara, cubriendo buena parte de su rostro a la vez que resoplaba ruidosamente. Era tan estúpida. Si alguna vez llegara a existir un concurso de estupidez seguramente ella ganaría, y con mención honorifica. La corona tendría en letras grandes y relucientes como el diamante ESTÚPIDA y la banda Miss Stupid.
—Me largo —soltó dando media vuelta y marchándose a paso rápido
Estaba furiosa ante el mutismo de su primo. Él no hizo nada para detenerla, es más, apenas y reaccionó después de su parloteo seudo-sentimental. Hubiera preferido que se burlara en su cara o dijera algo, que se mofara de sus palabras y la llamara tonta como siempre hacía. Pero no, ni siquiera le dio el gusto de ello, en su lugar se quedo en silencio, y eso fue peor.
Gumiya aun miraba el sitio donde ella había estado cuando escucho una puerta cerrarse a lo lejos. Eso lo tranquilizo, se había marchado, y para sus adentros rogaba que fuera para ya no volver. Se dejo caer sobre la mullida cama cuando sus codos ya no pudieron soportarlo. Cubrió su rostro con el antebrazo y se dejo ir entre las olas de sus pensamientos.
Ella había confiado en él aun cuando le había dejado claro que no la soportaba, puso todas sus esperanzas en su persona como una reverenda idiota. Siempre lo supo, Gumi no era más que una boba cabeza hueca y eso le enfadaba.
Por eso la odiaba tanto.
—o—
—Esto es aburrido~ —gimió Miku tirando el libro abierto sobre la mesa.
Estiro sus piernas y brazos hacia adelante a la vez que se dejaba caer sobre la superficie pulida de madera. Ya no lo soportaba ¿Cómo las personas se entretenían leyendo? Era sumamente aburrido, prefería ver películas mudas a seguir con ese martirio, incluso enfrentar una horda de enloquecidos fans era más entretenido.
—No seas exagerada —le reprendió su primo, quien al igual que sus demás compañeros leía tranquilamente su libro escogido
Habían terminado en el comedor ya que la mesa era lo suficientemente grande para que trabajaran a gusto, llevaban cerca de cuarenta minutos leyendo en silencio, o al menos lo habían intentado ante la inquietud de la Hatsune y su renuencia a guardar silencio.
—Pero es tan aburrido, solo se la pasa hablando de un tal vértice y acerca de espacios vacios y letras —bufó sacudiendo el libro frente al rostro desinteresado de Mikuo — ¿Quién en su sano juicio lo leería?
No entendía ni una sola palabra y la protagonista le parecía una loca de remate, cuando pensó que cosas interesantes pasarían al conocer al que se supone era el amor de su vida, todo el texto se convirtió en metáforas extrañas sacadas de una buena fumada de un porro. Un gigantesco porro.
—Lo siento Miku-chan —se disculpó una apenada y decaída Lenka al escuchar sus palabras—, si tan solo hubiera escogido otro libro…
Tres pares de ojos se trasladaron de una deprimida y culpable rubia hacia una aguamarina visiblemente nerviosa por las miradas acusadoras.
—No es tú culpa, es del autor por darle un titulo interesante a un libro tan poco entretenido —se excusó.
Había sido estafada y engañada.
Cuando Lenka y ella estaban buscando un libro para el trabajo optaron por hacer una pequeña lista con los títulos que les llamaron la atención. Miku no le prestó demasiada atención al estar pendiente de sus proyectos como Idol en lugar de su trabajo escolar, era por eso que cuando Lenka le pregunto por cual se había decidido no le supo contestar y dijo el primero que se le vino a la mente al tratar de recordar lo que contenía la pequeña lista.
Grave error
La rubia también había optado por la misma obra, así que se quedo por decisión unánime. La terrible y aburrida realidad llegó demasiado tarde a Miku, especialmente cuando ambas habían avanzado buena parte de la lectura.
—Te paso por no investigar el argumento —soltó Rin, gracias a su parloteo ya no sabía en qué párrafo se había quedo.
Len ignoró las quejas de la chica de larga cabellera a diferencia de sus compañeros, quienes habían cambiado el cómodo silencio que los envolvía por alegatos contra Miku. Ella trataba de defenderse ante los ataques combinados de Mikuo y Rin, pero no le estaba yendo muy bien.
—¡Está bien, lo leeré!, pero eso no significa que me guste —chilló cubriendo su rostro con el libro.
Mikuo y Rin suspiraron, la aguamarina podía ser muy infantil cuando se lo propia… ¿A quién engañaban? todos ellos lo eran, pero al menos ellos dos lo aceptaban.
Cada uno regreso a su propia lectura, Lenka estaba verdaderamente entretenida con Paulo Coelho y Mikuo por otra parte leía a Murakami, Len y ella seguían absortos con Stephen King. Estaba en la muerte de Gage cuando el rugir de su propio estomago la hizo consciente del hambre que sentía. No había probado bocado desde el receso.
Mikuo a su lado la miro de reojo, desde su puesto pudo escuchar el gruñido y no se abstuvo de reír a carcajada suelta por ello.
—¿Quieren terminar esto por hoy? —ofreció al ver la mirada fulminante de su amiga.
—¡Al fin!
Miku se hecho sobre el respaldo del asiento fingiendo cansancio, los hermanos al contrario de ella guardaron sus cosas en sus respectivos bolsos con la intención de marcharse cuando Rin habló
—¿Por qué no se quedan a cenar? Algo de compañía no me vendría mal —ofreció con una sonrisa
Su padre aun no regresaba de su viaje de negocios y estar sola en la casa la hacía sentir pequeña e incómoda con tanto espacio disponible. Su compromiso con Sonika fue cancelado, así que tenía algo de tiempo libre antes de cenar. Los primos Hatsune no tardaron en responderle con un enérgico «¡Sí!» mientras que los hermanos intercambiaron una mirada y asintieron, Lenka con más animo que su hermano.
…
..
.
—¡Gane! —gritó emocionada Lenka, una sonrisa abriéndose paso entre sus labios.
—Quiero la revancha —masculló Rin apretando su mando con frustración contenida, y no era la única. La rubia había arrastrado a todos por los suelos de forma cruel y abrumadora.
Nadie se creía que la Kagamine fuera tan buena en los videojuegos, y seguían sin creerlo aun cuando los había mandado a la esquina de los perdedores, incluyendo al mismo Len, con una sonrisa inocente y divertida.
—Sigo yo —intervino Mikuo, cuyo orgullo de jugador estaba en juego.
Dankworth le entrego el control a regañadientes y se levanto del cómodo puff para irse a tirar sobre la cama. Desde ahí observó la partida de sus amigos, ansiosa por su siguiente turno. Ya recordaba porque no solían jugar seguido, todos se volvían unos maniáticos con la consola, incluyéndola. No le sorprendió que el instinto competitivo de Mikuo saliera a flote con la Kagamine, después de todo Kaito y él eran los más apasionados con respecto a los videojuegos.
Miku y Len compartían el lecho con Rin, los tres apretujados uno contra el otro. De vez en cuando uno se movía buscando mayor comodidad, provocando que los otros dos terminaran más apretados o que los de los bordes laterales se pasaran a caer, Miku era la única verdaderamente cómoda al estar en medio de los dos rubios, quienes comenzaban a fastidiarse por ello.
—Eres realmente buena Lenka —alagó la ojiturquesa disfrutando de la cercana derrota de su primo — ¿Dónde aprendiste a jugar así?
—De mis hermanos —respondió sin despegar la mirada del televisor, sus dedos apretando con maestría los comandos
Las chicas en la cama miraron al chico a su lado con creciente interés y algo de incredulidad, él al igual que ellas había perdido contra su hermana
—¿Eso es cierto…? —Rin no pudo evitar preguntarle aun cuando evitaba cruzar palabra con él, la curiosidad era muy grande
—No realmente —respondió vacilante. Ellas lo miraron extrañadas ante la respuesta tan vaga, así que continuó —, solíamos jugar en nuestros ratos libres, al principio era mala —comentó encogiéndose de hombros. Ni él se explicaba como se había vuelto buena en ello
—Así que es una genio de los videojuegos —medito Miku segundos antes de que sonara la melodía de victoria y derrota acompañada de las protestas de un enfurruñado Mikuo y los soniditos de felicidad de Lenka.
Era la primera vez que pasaba tanto tiempo junto a ellos y eso la llenaba de felicidad. Sonrió para sí sintiéndose dichosa, gesto que no fue pasado por alto por su hermano y Rin, quienes involuntariamente le devolvieron una pequeña sonrisa al verla tan alegre y deslumbrante. Lenka era como un pequeño rayo de luz, cálido y suave, pero con la suficiente fuerza para abrirse paso entre las brumosas nubes.
—Tener amigos es divertido—soltó en voz baja, y aun cuando la melodía del videojuego seguía sonando todos pudieron escucharlo
—Por supuesto que lo es —le respondió Rin incorporándose.
Aun cuando todos fueron pateados por la destreza de Lenka ninguno le guardaba rencor u odio. Tal vez en el calor del momento se habían sentido algo molestos consigo mismos por haber perdido, pero no pasaba de eso. Miku y Mikuo asintieron animados, sabiendo a donde iban los pensamientos de Dankworth, su hermano igualmente la miro tiernamente; se avergonzó por sus descuidadas palabras y la atención total del grupo. Ella había comenzado a verlos como amigos, pero quizás ellos no la veían de la misma forma.
—Después de todo Lenka es nuestra preciada amiga —dijo Miku
—Estar con ustedes es divertido —secundó Mikuo dándole una sonrisa a ojos cerrados
Lenka asintió conteniendo la intensidad de su propia felicidad. Miro a su hermano, quien le hizo un gesto de consentimiento, que ella le agradeció silenciosamente.
—Entonces la siguiente vez reunámonos en mi casa —pidió dándoles la sonrisa más hermosa que le hubieron visto
—o—
No se arrepentía de ser amiga de Lenka, en lo absoluto. El problema residía en que no soportaba a sus hermanos, a ninguno. Y por consiguiente evitaba por todos sus medios encontrárselos, Len era el mayor problema, pero con ignorarlo bastaba. Desde lo sucedido la noche de juegos en su casa la había dejado en paz, o al menos por el momento. Rinto era otro asunto pendiente. No deseaba verlo, pero si quería decirle, no, más bien exigirle que dejara de intentar besarla cada vez que se cruzaran. Era incomodo.
Suspiro ante su problemática mental, ni siquiera estaba atendiendo apropiadamente a la clase.
Unos asientos más adelante notó la cabellera verdosa de Gumi, por muy asombroso que le pareciera ella estaba prestando atención, incluso le pareció ver que tomaba apuntes. Desde hace unos días, para ser más exactos, el martes, había comenzado a actuar algo extraño. Su comportamiento cuando estaba con ellos era medianamente normal, sin embargo, se le notaba algo apagada, cosa perturbadora al ser ella la más enérgica del grupo. Cuando Miku y ella le preguntaron que le pasaba había contestado que era estrés por sus actividades extracurriculares y los exámenes finales, nada de qué preocuparse, según Kamui.
Lo que no sabían es que la lechuga estaba cayendo a un pozo de desesperación que se encargaba de ocultar, incluso de su pareja. Kuroneko había regresado un par de días después, alegando que había sido derrotado por un resfriado severo, todos le creyeron, menos Gumi. Habían estado juntos por mucho tiempo para no poder diferenciar cuando le ocultaba algo, y aun cuando ella le insistió por que le contara la razón de su ausencia él se negó diciendo que no tenía que preocuparse.
Y hablando de comportamientos extraños, Kaito era otro punto a tratar. El chico de la bufanda la hubo asustado e incomodado en un principio con sus miradas fijas. Le preocupaba que la mirara tanto sin explicación alguna, como un acosador, aunque bueno, su yo habitual no estaba lejos de ello. Con el pasar de los días las miradas furtivas fueron disminuyendo y él regreso a la normalidad, o al menos a algo cercano a ello, después de todo era Kaito. Volvió a retomar sus manías de restregarse contra ella y abrazarla cada cuanto podía, no es que le molestara, bueno, ya no tanto, pero le fue irritante el periodo sin demostraciones de cariño, por muy loco que sonara incluso para ella.
Tonto Kaito, me está pegando sus mañas —pensó inclinando el rostro hacía bajo para ocultar su vergüenza ante sus extraños pensamientos.
Después del periodo matutino el grupo se dirigió a la cafetería como usualmente lo hacían. El clima comenzaba a enfriar bastante provocando que la mayor parte del cuerpo estudiantil hiciera gala de sus prendas de invierno, para ese entonces las chicas usaban medias completas y el uso del saco escolar se había hecho popular. Ocuparon la mesa que les había servido de refugio mientras no pudieran tomar el almuerzo al aire libre. Cada quien tomo su puesto a su manera, Miku se dejo caer y giro sobre sí misma, Kaito simplemente dejo su almuerzo en la mesa y con una zancada tomo su puesto, Lenka aliso su falda y con gracia se deslizo sobre la banca, Gumi ocupo el puesto libre en una esquina y Kuroneko se deslizo a lado de ella.
—Mooo~ necesito vacaciones —se quejo la aguamarina dejándose caer junto a su bento a medio comer. Estaba agotada y apenas era mitad de semana —, vacaciones, vacaciones.
Mikuo como buen primo la ignoró y siguió comiendo al igual que Gumi y Len, quien se estaba acostumbrando a sus ataques de drama queen.
—Falta poco para las vacaciones de invierno —animó Lenka
Miku soltó un gemido lastimero y sintió ganas de llorar, los exámenes finales estaban cerca y eso solo podía significar tener que estudiar, y ella no era buena en el estudio.
—¡Pero…!
—Es tu culpa —interrumpió Dankworth, Kaito la apoyo con un asentimiento, ambos eran conocedores de la situación de la Hatsune, se había emocionado con algunas propuestas de trabajo y ahora estaba hasta el cuello—, si no hubieras elegido tantos proyectos de fin de año no estarías así —acusó llevándose arroz frito a la boca.
—Pero…
—Eres demasiado impulsiva —secundó Kaito comiendo de su plato de udon.
Le debes un favor, le debes un favor, le debes un favor —se repitió mentalmente controlando los impulsos de tirarle el plato de un manotazo
Kuroneko y Gumi asintieron en apoyo ¡La estaban atacando sin piedad! Buscó ayuda en los Kagamine y Mikuo, pero fue ignorada olímpicamente por los dos chicos. Miro suplicante a la rubia, sabía que Lenka era demasiado bondadosa para ignorar su suplica silenciosa
—Miku-chan tiene buenas cualidades, ¿tal vez? —habló pausadamente
Bien, eso no ayudaba. Tal vez Lenka era igual de despiadada que todos ellos.
—Pero todas eran muy buenas —se excusó incorporándose hasta quedar sentada — ¿cómo podía decir que no? ¡Incluso me ofrecieron un papel para un dorama!
—¿Dorama? —inquirieron los rubios gemelos, aun no se familiarizaban del todo con algunos conceptos
Hatsune asintió sintiéndose orgullosa de ello.
Después de una rápida explicación por parte de Kuroneko y un compartido «¡Oh!» de los hermanos Miku continuó, su pecho hinchándose de orgullo
—Así es, me ofrecieron un papel principal
—¡Wow! Eso es otro nivel —admitió Gumi soltando un silbido por lo bajo.
Ella asintió con creciente alegría, haber obtenido un papel como co-protagonista sin necesidad de hacer audición fue por mucho una sorpresa, casi se iba de espaldas al ver el contrato. Después de haber leído el guión se decidió a hacerlo, valía la pena; Y como un globo al que se le saca todo el aire, su emoción y energía se esfumo. Volvió a recostarse sobre la mesa y dejarse hundir en su pasajera miseria
—Todo seria genial si no tuviera que memorizar diálogos —bufó recordando que hablaba como mínimo en cada página
Rin y Mikuo entornaron los ojos, Miku era floja hasta la medula con respecto a trabajos escolares y cosas similares. Suponían que aprender las letras de una canción y pasos de baile eran la excepción. Lógica Miku, lol
—Entonces tendremos que recurrir a eso —afirmo la rubia con mirada seria.
Gumi instintivamente tembló al igual que Miku, incluso Kuroneko se puso algo nervioso y Kaito pasó a desmayarse ante la simple mención. No podían usar eso, no, no, no.
—¿Qué es eso?
—Eso es eso —respondió Kaito con voz temblorosa.
Lenka ladeo el rostro sin comprender exactamente a qué se refería, incluso el ambiente se había vuelto tenso, acudió a su hermano, quien se encogió de hombros. A veces pensaba que se habían ido a involucrar con una banda de raros.
—¡No! Todo menos eso —Chilló Miku como quien se ve frente a las puertas del infierno, tiro de Kaito frente a sí usándolo como escudo y como carnada —, todos sabemos que Kaito es quien lo necesita; prometo aprenderme el guión y sacar una media, no, un sobresaliente, pero me hagan pasar por eso
—¡H-Hey!
—Nadie se salva este año —sentenció ocasionando lamentos generales entre sus amigos.
Actuaban como si hubieran sido sentenciados a la horca, sus rostros mostraban horror, horror puro. Kaito se puso pálido al igual que Miku, ambos casi se fueron de espaldas ante las palabras de Rin
—¿Alguien puede decirnos que es eso? —interrogó Len harto de tanto suspenso y drama de mala calidad.
Incluso Lenka lucia preocupada al verlos completamente resignados a ello
—Curso espartano intensivo —respondió Kuroneko sombrío, Gumi a su lado picaba a sus dos amigos que estaban al borde de la inconsciencia
—¿Espartano? —interrogó Lenka dudosa
—Es una sesión de estudio que tomamos para los exámenes de fin de curso, generalmente cuando alguno tiene notas bajas — que es casi siempre, pensó en sus adentros.
—¿Y qué tiene de espartano?
—Son 48 horas de duro y cruel sufrimiento a base de estudio —suspiro Gumi
—Infierno querrás decir —corrigió Miku
A todos les atravesó un escalofrió al recordar el del semestre pasado, muchos habían tenido pesadillas recurrentes después de lo sucedido con el bolígrafo y el elevado nivel de crueldad humana
—¿Y quién es el tutor? —preguntó con cautela e interés Lenka, quien ya comenzaba a resentir las actitudes del grupo
En su cabeza la imagen de un ser parecido a un demonio y con despiadada mirada torturaba a sus asustados amigos, gozando de su miedo y sus gritos de agonía mientras reía diabólicamente.
Nadie respondió.
Nadie excepto…
—Soy yo
—¿Are? —la pequeña rubia ladeo el rostro confundida, Len la imito.
Observo a la persona frente a ella incapaz de relacionarla con los comentarios anteriores. Les dio una mirada de incredulidad a los demás presentes quienes asintieron confirmándole la terrible verdad.
Soltó una pequeña risilla que oculto tras sus manos.
—¿Mikuo-kun? ¿Es una broma? —soltó calmándose. Era imposible.
Todos negaron.
—Pero Hatsune-san no es terrorífico —secundo Len. Era oficial, todos ellos eran una banda de raros.
El chico sonrió ante la defensa de los Kagamine. Sus amigos por el contrario se miraron entre si y comenzaron a reír como desquiciados, incluida Rin, quien se apoyo de él para no caer. Miku detuvo su risa abruptamente y fijo su turquesa mirada sobre Len, quien los veía como una bola de bichos raros. No lo culpaba.
—No has conocido al Mikuo real —agregó seria, cerrando el asunto y dejando a los Kagamine confundidos por sus repentinas y misteriosas palabras.
…
..
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—No se puede hacer más —comentó Len dejando a un lado las hojas que Rin le había dado
—¿Qué quieres decir con eso? —inquirió irritada y con un leve tic en el ojo.
Se había esmerado haciendo su parte del trabajo, incluso cuando por culpa de ellos estaba corta de tiempo, Sonika la traía de un lado al otro con tal de cerrar los proyectos pendientes antes de su partida a Seúl.
Len por su parte saco de su bolso una carpeta y la puso sobre la mesa, las hojas eran un poco más que las de ella e incluso la redacción era mejor, comprobó al leerlas rápidamente. Se dejo caer vencida sobre el asiento contiguo, otra victoria más al marcador de Len y otra derrota para el de ella ¿pero quién las contaba? Nadie, ella no, por supuesto que no.
—Lo haré mejor la siguiente vez —añadió, más para sí misma que para él.
Aun faltaban otras dos semanas para dar el trabajo por terminado, y por consiguiente el curso intensivo de Mikuo se acercaba peligrosamente. Las últimas semanas las cosas habían estado agitadas para más de uno de sus amigos, pero eso no evitaba que se reunieran de vez en cuando, ya sea después de la escuela o durante el fin de semana.
Los pensamientos de Rin la llevaron al tema que estaba evitando desde hace algunos días, y para su buena suerte o desgracia la raíz del problema estaba sentado a su lado.
Len Kagamine.
Ahora que los hermanos se habían integrado con éxito al grupo pasaban mucho tiempo juntos, y estando Lenka de por medio era imposible que no se encontraran por X o por Y razón ¡Una tremenda calamidad!
Sea como sea, su trato era casi obligatorio, pero si era necesario para mantener las cosas tranquilas como hasta ahora estaba dispuesta a hacerlo.
—Kagamine —llamó distrayendo al rubio de su nueva lectura, un libro bastante grueso para su gusto.
Sus amigas no estaban en el aula, Gumi se había ido a comprar alguna golosina y las otras dos salieron al baño aprovechando el intermedio entre clases. No había nadie que los molestara y por consiguiente podía hablar con mayor libertad
Antes de que Len pudiera preguntarle por qué le hablaba voluntariamente fuera de las apariencias y por sobre todo dentro del horario escolar, ella le tendió la mano. La miro confundido pasando de su palma abierta a su rostro sin encontrar una relación concreta
—Tregua —dijo obteniendo toda su atención—, hagamos una tregua de paz
—¿Por qué debiera? —cuestionó sin comprender los motivos ocultos, no es como si le fuera a creer que por propia voluntad quisiera ser su amiga, no después de lo sucedido
—Lenka.
No hubo necesidad de explicaciones.
Len supo que esa era la más pura y justa verdad.
Sabía que se había encariñado con su hermana, era imposible no hacerlo, incluso soportaba estar a su lado cuando ella estaba presente. Lenka tampoco era despistada, tarde o temprano se terminaría dando cuenta de que algo sucedía entre ellos dos, especialmente si comenzaba a notar su interacción solo por obligación.
La mano de Rin aun estaba frente a él en espera de su respuesta.
Una invitación de amistad, o algo parecido, fuera como fuera era mejor que lo que tenían en ese momento.
Tomo su mano entre la suya, y haciendo caso omiso a todo lo demás entrelazo sus dedos con los femeninos uniendo sus palmas en un firme agarre.
—Tregua —aceptó devolviéndole la mirada
—o—
—¿Qué haces aquí? —gruño
Ella estaba ahí, apoyada contra la pared del instituto llamando la atención de todos. El murmullo a su alrededor era molesto, verla ahí tan tranquila era molesto. Ella era molesta.
Se acerco dando grandes zancadas y la acorralo contra el muro con una de sus manos, intimidándola con la mirada. Ella no se inmuto, le devolvió la mirada, menos feroz, menos dura.
—Ven conmigo —ordenó por sobre los gritos y murmullos que los rodeaban. Tras la espalda de él pudo ver las miradas curiosas de los que pasaban por ahí. Especialmente estudiantes saliendo de sus actividades escolares
Es normal, se recordó, después de todo era raro ver a un estudiante con el uniforme de otro instituto, especialmente si ese instituto estaba del otro lado del distrito y era femenino.
—No lo hare
—Sí lo harás —retó estrechando su mirada violeta —, hay algo que quiero que veas
Gumiya se apartó de ella con brusquedad y comenzó a caminar en dirección contraria sin mirar atrás. Estaba loca si creía que iría a algún sitio con ella. Yukari dio un paso hacia adelante, su mirada clavada en la espalda ancha del chico.
—Ella te necesita —grito provocando que él detuviera su andar.
Por un eterno minuto espero, espero temiendo que diera otro paso más y se marchara; espero suplicando que regresara por sobre sus pasos y la escuchara. Espero guardando algo de esperanza.
.
..
…
Se movían.
Las orejas se movían.
Ella no se daba cuenta pero él sí. Prefería ver esos trozos de tela en su cabeza que mirar a su alrededor, aunque bueno, no había mucho que mirar. El pasillo era estrecho y algo oscuro, largo y eterno. Al fondo se podía ver una brillante luz y en sus oídos resonaba un sonido peculiar que no tardo en reconocer.
Estaban cerca.
Ella estaba cerca.
Se tensó. No tenía idea de las razones que pasaron por su cabeza al acceder a acompañarla hasta ahí, especialmente siendo consciente de cómo terminaron las cosas entre los dos.
Algo suave golpeo su pecho deteniendo su avance. Al bajar la mirada se encontró con una pequeña mano y al elevarla con la mirada violeta de Yukari. Ella le hizo el ademán para que guardará silencio, y ante su confusión avanzó hacía la pista.
—Sí sigues sobre exigiéndote no llegaras ni a la segunda ronda —saludó acercándose al pequeño cerco que separaba el hielo del concreto.
La chica que hasta ese entonces se mantenía deslizándose por toda la pista con movimientos fluidos y uno que otro giro se detuvo en seco y le dirigió una mirada
—No tiene nada de malo practicar un rato —se excusó encogiéndose de hombros antes de retomar nuevamente la rutina.
—Gumi —advirtió la de coletas recargándose sobre el cerco —, se que estas practicando casi las 24 horas del día, si fuera por ti no dormirías —regaño haciendo un mohín.
Kamui avanzó por sobre la escarchada superficie dando deslices amplios, cada vez más rápido adquiriendo impulso. No contesto, en su lugar se alzó en el aire en un giro triple y volvió a caer sobre el hielo, deslizándose hacia atrás sobre una de sus piernas, retomando su rutina inicial.
Yukari suspiro al verla tomar posición inicial de nuevo.
—No tiene caso practicar una rutina de pareja si solo la ejecuta una persona
—Lo sé —agregó fingiendo tener un compañero que la imitara a la par —, pero aun no consigo un reemplazo
Estaba frustrada, Yukari lo sabía, todo aquel que la mirara lo sabría.
—¿Entonces por qué no abandonas? ¿No es mejor entrar al programa individual?
—¡No!
—¿Por qué? —cuestionó viéndola deslizarse con gracia por sobre la superficie helada. Sus tiempos no estaban bien, no mientras estuviera tan dispersa y sin un compañero que la guiara.
—Porque esto es lo que quiero, se lo prometí a Soru —explicó acelerando su ritmo suave y tranquilo, antes de que ella misma se diera cuenta su rutina se había distorsionado y retorcido.
Yukari lo notó, y para su horror Gumi se preparo para un doble axel que fue mal ejecutado. Cayó sobre su costado de forma dolorosa, emitiendo un sonido seco y duro cuando su cuerpo termino tendido sobre el hielo. Tuvo que apretar los dientes para no quejarse y exteriorizar su dolor
—¿Estás bien? —gritó la del abrigo negro desde su sitio.
—Algo así —respondió sentada en el hielo. Se revisó rápidamente, tanteando su cuerpo en busca de algo más que moretones, suspiro aliviada al no encontrar nada grave.
Si se lesionaba antes de la competencia sería el fin del mundo, de su mundo.
—Iré por ayuda
Gumi quiso decirle que no era necesario, pero Yukari salió corriendo como alma que lleva el diablo, ni siquiera fue capaz de ver sus orejas desaparecer por el pasillo.
Intento ponerse de pie a duras penas, su pierna ardía al igual que su brazo. Caerse sobre hielo dolía, dolía como el infierno. Hubo una vez que termino sobre su pómulo y como consecuencia tuvo que andar cerca de medio mes con un tremendo moretón en su mejilla. Fue horrible.
—Idiota —farfulló alguien desde la entrada lateral.
Kamui elevo la mirada de su pierna adolorida hacia el origen de la voz. Gumiya. Sin ningún reparo tiro su bolso escolar sobre uno de los tantos asientos y saltó el cerco entrando a la pista. Lo miro acercarse como si fuera un fantasma, incluso llevó la mano a su cabeza para verificar que no se hubiera golpeado, tal vez estaba inconsciente o viendo alucinaciones.
Antes de siquiera poder reaccionar apropiadamente se vio impulsada hacia arriba por el agarre del chico en su muñeca. Se quejo ante la brusca acción obteniendo otro insulto.
—Eres peor que una cría —regaño guiándola hacía en área de descanso
—Mira quien lo dice —devolvió rodando los ojos
Gumiya gruño como advertencia, no estaba de humor para jugar con ella, su límite de paciencia era mínimo si se trataba de Gumi.
La hizo sentarse en uno de los bancos y se puso en cuclillas para poder examinarla. No podía precisar si tenía moretones porque usaba leggins así que tanteo con los dedos su pierna
—Eso no es nece— ¡Auch! —se quejo cuando apretó la parte adolorida. Gumi encogió las piernas rehuyendo de su contacto, él intentó volver a inspeccionarla, pero ella le siseo como un gato huraño.
—Eres una…. —comenzó, inmediatamente ella le interrumpió
—Cría, si, ya lo sé.
Al menos era consciente de ello, pensó tomándole del brazo y enrollando la tela del suéter. Le tomo algo más de tiempo porque ella se resistió, pero al final lo consiguió. En su antebrazo tenía un moretón de color rojo, pronto morado. Incluso había otros más viejos que ya estaban algo verdes y amarillos.
Era un tonta en toda regla.
—¿qué haces aquí? —preguntó mirándolo con sospecha.
Gumiya no conocía sus horarios de práctica y mucho menos donde practicaba ¿acaso ser tsundere le daba poderes adivinatorios?
La soltó y dio media vuelta ignorando su pregunta. Ella pensó que se marcharía, pero no fue así. Permaneció de pie sin mirarla, tan callado como una tumba. Ya se estaba preocupando cuando él hablo
—Bien, no hay más remedio —dijo encogiéndose de hombros —. Una cría como tú no puede estar sin supervisión, especialmente siendo tan boba como lo eres
El comentario lejos de causar el efecto deseado encendió su furia. Olvido el dolor en sus miembros e hizo el amaine de alcanzarlo con sus manos con intención de golpearlo
¡No era ninguna cría! ¡Y tampoco boba!
—¿Buscas pelea o qué? —preguntó con voz sombría
Gumiya suspiro como quien no quiere la cosa y la miro por sobre el hombro
—Seré tu pareja —soltó. Y esas palabras fueron el cielo para Gumi. Podía jurar que ella parecía deslumbrar cuando le sonrió de oreja a oreja, de una forma un tanto escalofriante que le erizo la piel —, pero es solo porque no hay más remedio ¿Quién más podría aguantarte? Solo eres una torpe zanahoria —agregó desviando la mirada del rostro femenino
De no ser porque la había hecho la persona más feliz del mundo lo hubiera golpeado, pero en lugar de ello le dio un abrazo apretado y asfixiante que él se encargó de romper a base de reclamos y empujones.
Tal vez Gumiya no la odiaba tanto como decía.
—o—
—Llegas tarde
Kaito se tenso ante la voz severa a su espalda, ni siquiera había terminado de cerrar la puerta y mucho menos había tenido oportunidad de poner en marcha su plan para escabullirse sigilosamente a su habitación cuando su progenitora lo hubo encontrado in fraganti. Dejo caer los hombros en resignación y se dio la vuelta encontrándose con el rostro serio y hermoso de su madre, la señora Shion, quien en su juventud había sido una famosa actriz.
La dama lo miro desde lo alto de las escaleras, con un fino chal en los hombros y un vestido sencillo pero bonito a la vista. Su cabello de color negro azulado sujeto por un broche en forma de mariposa.
—Buenas noches madre —saludó, con una sonrisa en un intento de apaciguar su posible enfado
Ella bajo las escaleras blancas con pasos silenciosos y elegantes, dotes que pocos de sus hijos habían heredado. El reloj en la estancia marcaba la hora más allá del toque de queda impuesto en días de clase a sus hijos menores de edad.
—¿Dónde estabas? —interrogó, la preocupación y el enojo fluctuando en su voz
Kaito soltó una risita nerviosa y su mano inconscientemente fue a parar atrás a su nuca para luego descender hasta el cuello
—En casa de Rin
La mirada de la hermosa mujer dejo entrever curiosidad, que rápidamente fue reemplazada por satisfacción. Se acercó a su hijo y con orgullo poso su mano sobre el hombro de él, dándole una suave caricia. Kaito la miro confuso, pero la epifanía llego a él sin demora, haciéndolo sentir sucio y como un doble cara.
—Bien hecho —soltó sonriéndole en complicidad—, estoy orgullosa de que aceptaras el pedido de tu padre
Kaito quiso retirar su mano que aun le acariciaba con aire maternal. Ella no entendía, su padre tampoco comprendía y él tampoco quería comprender el retorcido razonamiento de sus progenitores
—Mamá, no es—
—No te preocupes, no le diré a tú padre, será un secreto —continuó avanzando hacía la cocina —. Estoy segura que se pondrá feliz cuando se enteré
El azulado intento hacerla entrar en razón nuevamente, pero su madre ya estaba tan sumergida en su mundo de felicidad que no le prestó atención. Hablaba maravillada de las ventajas de las que gozarían ante la unión de ambas familias, de los ingresos de los que dispondrían si la princesa llegara a portar el apellido Shion y del alcance que la misma familia podría lograr al poseer el poder de un Dankworth. A sus padres no les importaba en lo más mínimo su opinión o la opinión de Rin, para ellos el que fueran amigos de la infancia les daba ventaja, su cercanía solo era un instrumento para llegar hasta ella y lograr su objetivo.
Cuando Kaito se hubo enterado de semejante juego retorcido —porque para él eso era, un juego retorcido en donde el padre de Rin prácticamente la estaba apostando a todo o nada— le dio nauseas y una ira abrumadora le hubo dominado. ¡La estaba regalando, literalmente! Estaba siendo tratada como un objeto, rebajada a un trofeo. Rin no merecía eso. Era una persona increíble, tenía sus desperfectos como todos, pero aun así la aceptaba como ella lo aceptaba a él, y no estaba dispuesto a tratarla como algo banal.
Ella era por mucho una persona importante en su vida.
Rin era su mejor amiga y su primer amor.
Continuara...
¡Oh my goshhhhhhhhhhh!
Es él capitulo más largo que eh escrito, o al menos publicado. 27 páginas de word ¡27 páginas!
Considérenlo como una pequeña compensación por ausentarme tanto tiempo, la historia ya casi cumple el año LOL el tiempo pasa volando cuando uno se entretiene.
¿Qué les pareció gente hermosa?
No sé, siento que hice spoilers inconscientemente. Ya depende de ustedes atar cabos sueltos, pero todo a su debido tiempo, no desesperéis saltamontes. Los personajes están tomando consciencia propia, especialmente el loquillo de Gumiya, él me sale natural, o al menos como me lo imaginó en mi retorcida cabeza. Kaito también y Lenka es fácil de manejar. Rin es un tanto enredada, creo que ni ella misma se entiende, pero bueno. Len es bastante simple, aunque no lo parezca.
Lo siento por aquellos que esperaban que Rinto apareciera, pero no os preocupéis, su tiempo de brillar ya se viene, todos tendrán su momento.
Estoy muy feliz ¡hiper feliz!
El proyecto fue un éxito y fue bien recibido, incluso me han dicho que tengo bastante potencial en el área con semejante pasión que me cargo. Eso me halaga mucho, especialmente viniendo de los profesionistas en el campo, incluso me confundieron con uno, estaba que gritaba como fangirl. En otro punto esta mi regreso a la pagina, tengo muchas ideas para ser plasmadas y una nueva historia RinxLen tipo incesto lol, estar restringida tiene su lado bueno. En ultimo lugar esta mi cumpleaños. Esté es un regalo de mi para ustedes, yo eh recibido muchos incluso sin ser la fecha exacta y como mañana estaré de tour por ahí no podré actualizar.
Muchas gracias por todo el apoyo y por los Inbox :') me hicieron muy feliz, en serio.
Gracias a...
Sychronicity girl
Vocal02Elen
Sorayahikarine
Lilliamne
Lectora fantasma ¿1 y 2?
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Mención especial de Kanade Miniwa por ser una lectora más de está historia así como yo lo soy de la suya. Tú lograste hacerme fan del 18xFem!27 que tanto me disgustaba *aplausos* Ahora yo llenaré el fandom de GxFem!27 y RxFem!27, Muajajaja.
.
¡En fin!
En el siguiente capitulo contestaré reviews, el sueño me llama y yo quiero ir con él.
Por cierto hay dos cosas importantes que quiero anunciar:
PD1: CREO QUE NECESITARÉ DE LOS SERVICIOS DE UN BETA READER, MI BETA ME ABANDONÓ Y YO SOY MUY PEREZOSA, ASÍ QUE QUIEN QUIERA SER BETA DE ESTE PEZ DEJE UN INBOX O SU COMENTARIO.
PD2: CUANDO LA HISTORIA LLEGUE A 50 REVIEWS HARÉ UN ESPECIAL COMO REGALO, ASÍ QUE DEJEN EN SUS LINDOS COMENTARIOS DE QUE QUISIERAN QUE TRATARA, HASTA EL MOMENTO TENGO ESTÁS OPCIONES:
a) Como conocieron los primos Hatsune a Rin
b) El enamoramiento de Kaito hacía Rin
c) Anécdota de Gumiya y Gumi
d) Memorias del curso espartano intensivo del año pasado *posible contenido S y M*
e) De como Kuroneko y Gumi se hicieron novios
LAS SUGERENCIAS SON BIENVENIDAS.
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Es todo por el momento frijolitos y pollitos, lectores fantasmas alcen la voz, quiero escucharlos.
Nos leemos luego
Pc fuera.
