Capítulo 24. Cruzando un océano.

Después de casi cuatro meses en Londres, Emily por fin había acabado de desempaquetar las cajas de la mudanza. Supuso que eso era una señal de que finalmente se había adaptado, lo cual no dejaba de ser irónico dadas las circunstancias actuales. Derek la había ido a visitar en un par de ocasiones, y ella lo había hecho una vez más, sin que su antiguo equipo lo supiera. No es que no los echara de menos, pero ambos estaban tan ocupados con sus respectivos trabajos que trataban de aprovechar todas las ocasiones que surgieran para poder estar juntos.

Y ahora la oportunidad se presentaba de nuevo, auspiciada por la celebración de las olimpiadas. Morgan y Penélope trabajarían con ella para garantizar la seguridad de la ciudad. Por supuesto, Emily estaba entusiasmada, así que cuando los tuvo frente a frente en el aeropuerto, se abalanzó a abrazarlos. Recibió una efusiva respuesta de García, y otra más comedida de Morgan. Aún no se habían atrevido a confirmar ante el equipo su relación, quizás por miedo a que se hiciera demasiado real, quizás porque aún esperaban a estar seguros de que funcionaría.

Varios días después, Derek y Emily apenas habían tenido oportunidad de estar a solas. Entre el trabajo, y la presencia de García, resultaba complicado cualquier gesto íntimo. Derek le había confesado que estaba bastante seguro de que parte del equipo no tenía idea de en qué punto estaban, y en realidad ni siquiera se habían atrevido a mencionarle el tema, según su teoría, porque estaban bastante desconcertados.

Aquella noche, Emily se había retrasado en el trabajo, y cuando volvió a su apartamento, se encontró con que Derek estaba solo, cocinando algo para cenar.

- Huele bien...- Dijo al entrar en la cocina. Miró a su alrededor buscando la presencia de Penélope. Pero no había rastro.

- Y sabe mejor...- Añadió él. Luego siguió la dirección de sus ojos- No la busques, no está. Ha hecho un par de amigos en tu trabajo y se la han llevado a enseñarle la ciudad. Me ha garantizado que no volverá hasta tarde- Continuó guiñándole un ojo.

Emily se acercó a él con una sonrisa en los labios. Luego apoyó sus manos en su pecho.

- Supongo que tenemos que estarle agradecidos- Le susurró cerrando la distancia entre ambos y dejando un suave beso en sus labios.

Derek la atrapó entre sus brazos y profundizó en el beso. Sólo cuando comenzó a humear el horno, abrió los ojos recordando que tenía un guiso dentro. Se apartó de ella a toda prisa y lo apagó antes de que se produjera el desastre, mientras que Emily contenía la risa. Abrió la puerta y con una manopla sacó el pollo que estaba cocinando y lo colocó sobre la encimera.

- Creo que he salvado al paciente- Bromeó con un suspiro de alivio.

Luego se acercó de nuevo a ella y volvió a rodear su cintura con sus manos.

- ¿Dónde estábamos?- Le preguntó con expresión traviesa.

- Creo que en algún punto entre la cocina y el dormitorio- Contestó ella mordiéndose el labio inferior de aquella forma tan suya. Derek tenía que reconocer que aquel gesto lo volvía loco.

- Pensé que tenías hambre- Le señaló él en voz baja, acercándose a su boca.

Emily suspiró con fingida indiferencia.

- ¡Oh!... La tengo...- Susurró suavemente, mientras humedecía sus labios con su lengua.

Derek le dirigió una expresión descarada, y sin previo aviso, la levantó en brazos y la llevó hasta el dormitorio, donde consiguió deshacerse de la ropa de ambos en un tiempo récord.

Cuando la tuvo ante sí, tumbada sobre la cama, recorrió su rostro delicadamente con su boca, mientras que con sus manos acariciaba cada rincón de su cuerpo, aquel cuerpo que conocía tan bien, hasta el mínimo detalle. De su rostro, bajó con sus labios y sus manos hasta su cuello, después siguió con sus pechos deteniéndose allí más tiempo, mientras la oía gemir de placer. Se tomó su tiempo para recorrerlos con su lengua, y luego siguió hacia abajo, hasta que sus manos dieron con su vientre. Bajó un poco más, hasta su monte de venus. De pronto se detuvo, y volvió sus ojos hasta el lugar donde ahora se posaban sus manos. Emily hacía deporte, y su vientre era totalmente liso, pero ahora podía darse cuenta perfectamente del pequeño abultamiento justo debajo de su ombligo. En otras circunstancias, quizás le habría pasado desapercibido, pero había recorrido cada centímetro de su piel tantas veces como para que sus manos comenzaran a temblar ligeramente mientras hacía las conexiones necesarias.

Y además, Emily se había quedado en completo silencio.

Se incorporó lentamente hasta llegar a la altura de sus ojos. La interrogó con la mirada, aún confuso, y a cambio recibió su mirada transparente, y una tímida sonrisa, que le confirmó lo que sospechaba.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes?- Le preguntó suavemente mientras le acariciaba el rostro.

- Quería decírtelo en persona...- Susurró ella besando la palma de su mano- Necesitaba ver la expresión de tu cara.

Luego Derek bajó la vista hacia su vientre, y lo acarició con delicadeza antes de volver sus ojos de nuevo hacia ella.

- ¿De cuánto estás?.

- De casi doce semanas.- Le informó. Vio cómo abría los ojos sorprendido, desde luego no esperaba que estuviera tan avanzada, casi al final del primer trimestre- Soy un poco desastre, y me enteré tarde. Creo que no me atrevía a creerlo y tardé en hacerme el test...- Añadió ella un poco avergonzada por haber sido tan descuidada- Te has perdido las náuseas... Eso es todo.

Pero él parecía decepcionado.

- Me hubiera gustado estar aquí para eso...- Le dijo con sinceridad- Emily... No quiero perderme nada más...Si tengo que mudarme aquí... Lo haré, pero quiero participar en todo.

La conmovió la genuina preocupación en su rostro. Sabía lo que se le estaba pasando por la cabeza. Lo conocía demasiado bien. Le acarició el rostro con la mano.

- No tendrás que venir aquí... Hay una vacante de director en la oficina de enlace entre la Interpol y el FBI en Virginia... He solicitado el puesto y Clyde me ha hecho el favor de recomendarme... Y bueno, me han aceptado... Tardará aún algunas semanas en hacerlo efectivo... Ya sabes...

Ni siquiera la dejó terminar. Sus labios silenciaron el resto de su monólogo, y al fin y al cabo, Emily tampoco estaba interesada en terminarlo.

- ¿Sabes cuánto te quiero...?- Le dijo cuando finalmente se apartó de ella- Emily... ¿Tienes idea de lo feliz que me has hecho?.

Y fue entonces cuando Emily vio la ligera humedad en sus ojos. Rara vez había visto llorar a Derek. Supo en ese instante por qué se había enamorado de él.

- He de confesar que estaba un poco asustada... Sabía que te ibas a alegrar pero tenía miedo de que esto nos fuera demasiado grande... Aún lo tengo.- Se sinceró con él, con un ligero temblor en su voz- No sé cómo se lo vamos a decir al resto... Y tu familia... No sabe nada de ésto...- Y luego recordó aquel tema que normalmente solían ignorar deliberadamente- Por no hablar de ese pequeño asunto de Las Vegas...- Añadió con un suspiro.

Derek inconscientemente esquivó su mirada.

- ¿Qué?- Le interrogó ella desconcertada.- Derek... ¿Qué...?.

- No deberías preocuparte porque mi familia se entere...- Admitió él con expresión de disculpa. Emily lo miró perpleja- Desi nos oyó en el hospital...

Antes de que terminara la frase, Emily se había apartado de él bruscamente, quedándose sentada en la cama, mientras lo miraba estupefacta.

- ¿Y no me lo dijiste?- Le recriminó sorprendida. Aunque era evidente que no lo había hecho.

Él simplemente se encogió de hombros.

- No quería que te diera un ataque de pánico... Lo saben todo...Ya te dije que no lo contarían...

Emily lo miró ofendida.

- ¡¿Un ataque de pánico?!- Le reprochó- ¡¿Crees que soy una histérica?!.

Derek se quedó en silencio meditando detenidamente qué responder. Sabía que estaba definitivamente perdido, contestara lo que contestara, no tenía opción de ganar aquella batalla.

- No... No lo eres... En absoluto...- Replicó él finalmente de forma condescendiente.

Ella jadeó con incredulidad.

- ¿Me estás dando la razón como si estuviera loca?- Lo cuestionó cruzándose de brazos.

Derek suspiró. Ahí estaba de nuevo. La pequeña niña de cinco años con una rabieta. Así que simplemente se levantó de la cama y comenzó a buscar su ropa para vestirse.

- ¿A dónde vas?- Le preguntó absolutamente desconcertada. ¿Qué pasaba con él? ¿A qué venía esa actitud de ignorarla?.

Derek, que ya se había puesto los boxers y tenía en sus manos sus vaqueros, la miró frunciendo el ceño.

- Me ahorro la discusión y me voy directamente a dormir al sillón, princesa...- Se burló de ella.

Y ella abrió la boca para replicarle pero no se le ocurrió nada qué decir. Se levantó de la cama,envuelta en la sábana, y se acercó a él. Puso su mano sobre su hombro, para detenerlo.

- No te vayas...- Le rogó suavemente- Lo siento... No debí ponerme así... - Y luego le dirigió una mirada traviesa- ¿Son las hormonas...?- Le sugirió a sabiendas de que sus rabietas no tenían nada que ver con su embarazo.

Derek se echó a reír, negando con la cabeza. La agarró de la cintura y la volvió a estrechar contra su cuerpo.

- Ven aquí, pequeña fierecilla...- Le susurró y cerró la distancia entre ellos. Después volvió a cogerla en brazos y nuevamente la llevó hasta la cama.

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