Gracias por sus mensajes y alertas he aquí un nuevo capitulo.

Los personajes de Crepusculo y La Bella y la Bestia pertenecen a sus respectivos autores, la trama a mi.

Edward caminaba entre los troncos frondosos de los arboles intentando reproducir el camino que en la noche había tomado la figura, no temía al sol, ya que las enrevesadas ramas le daban protección en caso de que este decidiera seguir combatiendo con las nubes y ganara, al menos por unos segundos. El límite, por supuesto lo afectaba demasiado, comenzaba a sentirse débil y eso lo hacía sediento. Se volvió en sus pasos sin deseo de correr en ese momento. Las inquietudes se apoderaban de él y no sabía cómo resolverlas, quería saber que hacia ahí, incluso quería hablarle nuevamente, no estaba completamente seguro de que su orgullo lo abandonara para pedirle a esa perra que le quitara de una vez la maldición, como había dicho antes ser lo que era tenia ventajas, pero estas eran pocas al lado de lo que le gustaría tener si continuara siendo humano.

Sin venir a cuento pensó en la campesina. Aunque una parte de sí mismo se molestaba al llamarla así. Era sencillamente una mujer, sin importar su clase social. Era más mujer que muchas que había conocido y aun así pensaba en ella como una niña. Para todos los años que le llevaba lo era.

Quería verla… justo en ese momento, además de beber su sangre… no podía dejar de asociarla a su alimentación, y lo peor aún tendría que aguantar porque aun a esa distancia podía seguir notando que su sangre no se había recuperado del todo de sus últimas succiones.

Podía matarla…

No tenía por qué vivir, después de todo no le había prometido a su padre que la retornaría a casa viva…

Su mente performó una imagen de ella en sus brazos, blanca como la cal, completamente drenada, sus ojos marrones mirándolo… o en ese caso mirando a la nada… sin calor… sin olor dulce…

Si era la productora del delicioso manjar de su sangre tendría que privarse de ese sabor por… ¿toda la eternidad que le quedaba? ¿Y si nadie igual a ella se cruzaba en su camino? ¿Tenía derecho a esperar algo así?

"Ella será el artífice de tu destrucción"

No sabía porque eso vino a su mente… por un segundo lo considero.

No, ella no sería nada… porque tarde o temprano no iba a poder contenerse y la iba a dejar justo como su imagen.

Llegó a la mansión y entrando caminó guiándose por su nariz…

Si, ahí estaba, el olor dulce y apetitoso colándose por sus fosas nasales y calentándolo de la peor manera posible. No quería controlarse… ella estaba en el despacho. Quedándose en su lugar se desdoblo y ordenó a su espíritu que se deslizara hasta allá.

Concentrada en la lectura no fue consciente de su presencia. Y él por algún motivo no se acercó más que para tenerla dentro de su rango de visión. No sabía que buscaba. Seguía viendo la misma piel blanca, la misma nariz pequeña y respingada, los mismos ojos marrones sin gracia yendo de un párrafo a otro. La boca fruncida en concentración. ¿Qué era ella? ¿Por qué tenía que ser diferente? ¿En realidad lo era?

Esa era una pregunta que estaba comenzando a carcomerlo.

No, no era diferente, dijo llenándose de rabia. Salió de ahí completamente convencido de que ella era otra mujer más y más temprano que tarde se aburriría de ella.

Se fue a su habitación a seguir mirando al techo y a continuar especulando sobre lo ocurrido el día anterior.

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Pasaron dos días durante los cuales la rutina de Bella no cambió, excepto por que seguía leyendo libros de los cuales antes no tenía conocimientos. Aunque estos la sacaban de su abstraimiento no eran suficientes para distraerla completamente. No sabía que quería… o su cuerpo si lo sabía pero su mente se negaba a cooperar con ese traidor. Lo único diferente que había hecho de todo había sido eso… yacer con el amo del castillo y aun así…

No podía humillarse dejándole ver a nadie, ni siquiera a Esme que su cuerpo lo estaba llamando inconscientemente. Mientras miraba los suaves copos de nieve caer sobre su vestido de paseo pensaba en que las mujeres no debían rogar… aunque desearan sobremanera hacerlo.

¿Que decía eso de ella?

Si, era una perra en celo lujuriosa.

No tenía nada con que compararlo, quizá con el sentimiento de comer aquel manjar de chocolate que su padre había traído una vez de sus paseos por las tierras de los monjes, ellos reproducían eso como si fuera pan y era deliciosamente atractivo, casi que pecaminoso. Se mordió el labio con fuerza cuando sintió un dolor nada cómodo en el vientre. Su sangrado mensual estaba próximo, era un aviso de que más le valía preparase. Quizá en una semana.

Se pasó la mano discretamente por el vientre tratando de amainar el calambre transitorio y tal como llegó pasó. Ahora no sentía nadas más que frio. Cogiendo el bollo que tenía en la mano cumplió su promesa a los pájaros de invierno dándoles de sus boronas en sus manos, estos acudían a ella frenéticos en busca de alimento y ella partió rápidamente los dos bollos que había traído esperando que saciaran su hambre de momento. El hambre que ya tenía seria saciada cuando él volviera a desearla.

Suspiró pesadamente y extendiendo sus brazos hacia arriba dejó que la nueve le cayera en el rostro refrescando su por momentos acalorada piel. Extrañaba su campo y saber que no volvería a verlo era algo doloroso.

"Padre… espero que estés bien… hermanas… váyanse al diablo"

Sonrió hacia la nieve pensando en que se estaba volviendo perversa, pero esas dos… ya no sentía compasión por ellas, porque pensaba que si fueran otras hermanas…

- Me daría mucho placer saber por qué sonríes –

Bella se quedó paralizada cuando esa voz se deslizó por sus sentidos. Hacia dos días que no la oía y nada la preparó para el estremecimiento que le recorrió el cuerpo.

No sabía si atribuir ese sentir a los poderes que esa bestia tenia. Quizá si los justificara de esa manera se sentiría mejor consigo misma.

Pero no. Esto era solo ella perdiendo todas las inhibiciones que la hacían una mujer decente.

- Entonces me alegra que no pueda leerme el pensamiento – dijo bajando los brazos y volviéndose lentamente hacia él que yacía de pie a unos metros de distancia en una pose claramente acechadora y mirándola con esos ojos de águila.

- Podrías negármelo… pero puede que si pueda leerte el pensamiento –

Ella se puso aún más rígida al creer por un momento que él había sabido todo lo que estaba pensando momentos atrás sobre rogarle… No, no parecía, pero que podía saber ella.

Él no parecía complacido por ello lo cual le dio la respuesta, no podía leerla. Alivio era una palabra pequeña para todo lo que sintió.

- Me alegra tanto como a usted le da placer querer saber– dijo volviéndose hacia la nieve nuevamente pero sin extender los brazos, le parecía una pose demasiado ridícula para volver a ponerla frente a él a pesar de que seguramente ya la había visto, menos mal no se le había ocurrido ponerse a dar vueltas como niña pequeña o el ridículo espectáculo que hubiera montado hubiese sido peor. –pensaba en mis hermanas, y en lo que estarían haciendo si hubiera sido alguna de ellas la que hubiera tomado mi lugar -

Decidió ser sincera a pesar de que sabía que podía mentirle ya que no podía leerla, pero algo con él la impulsaba a hablar con la verdad. Volvió su cabeza para saber si él tenía algo que decir pero a pesar de las palabras que había mencionado su mirada no cambio, no la observaba con los ojos brillantes como si tuviera hambre lo cual la llevaba a preguntarse si no sería mandada a donde quiera que la llevaría más pronto de lo que creía. Se volvió a la nieve intentando no sentirse dolida por ello, al pensar en sus hermanas recordaba con demasiada facilidad como podrían haber encontrado diversión si se harán en su situación. Seguramente cualquiera de la dos estaría debajo del señor en ese momento dado que eran increíblemente hermosas. A ellas seguramente si las desearía.

Las comparaciones habían sido el fuerte de toda la gente que conocían. Las dos hermanas hermosas y la no tan agraciada. Los vecinos, el dueño de la panadería hasta alguno de sus tíos lo había mencionado alguna vez de pasada, Bella había sido la elección para cuidar a su padre en la vejez, ahora se hallaba a muchos kilómetros de distancia de su casa y siendo contemplada por un hombre que no era humano.

Esperaba que la dejara sola.

Así que cuando sintió su presencia en su espalda le llevó todo su autocontrol no darse la vuelta del susto.

- ¿Y qué estarían haciendo? – dijo la voz seductora en la parte posterior de su cuello. No sabía en qué segundo se había movido ni como había llegado tan cerca de ella sin que se percatara. Si lo sabía pero no quería analizarlo, debía ser fantástico poder moverse a esa velocidad sin ser notado.

- Eso no se lo voy a decir – dijo ella en voz baja, seguramente a él no le interesaba escuchar los pensamientos que su baja autoestima le obligaba a tener.

- Ahora no… pero más adelante… quizá tal vez – por su tono podía asegurar que estaba riéndose de ella. Bueno, al menos le divertía, eso era algo. Peor sería que no le inspirara nada.

El sonido de su respiración se le atenazó en el cuello traspasando la tela de su vestido de viaje. Era tan fría como la nieve que estaba pisando y parecía nuevamente olfatearla.

Una parte oscura de si deseó que todavía quisiera beber de su sangre, puede que no le pudiera proveer tan constantemente como él parecía necesitar pero al menos eso…

Eres un caso perdido, patético. Se dio la vuelta lentamente esperando que él la detuviera pero no lo hizo, estaban nuevamente frente a frente, la de ella un poco inclinada hacia atrás por que seguía siendo tan alto como dos días antes. Su rostro se acercó al de ella y por un momento el joven deseo que la besara, pero lo que hizo fue pasar su nariz por la línea de su cabello respirando nuevamente con profundidad. Agradeció haberse bañado ese día.

- ¿Vas a decírmelo ahora? – dijo con la voz ronca, ella sintió que se estremecía terriblemente, tanto temblaba que seguramente él a la poca distancia que estaba podía notarlo y aunque sabía que la haría parecer débil era lo que menos le importaba en ese momento. Negó con la cabeza, suspirando por aire en espera de que aquella cobra con dos piernas hiciera su siguiente movimiento para indisponer su estabilidad emocional. Escuchó su risa y se preguntó estúpidamente como se vería cuando reía a carcajadas.

Percibió sus manos en sus hombros acercándola rápidamente a él. Y luego la estaba besando, con saña, desesperadamente, como si de verdad deseara hacerlo. Bella puso sus manos en sus hombros esperando mitigar toda la fuerza que estaba utilizando pero era como empujar una pared del castillo.

Edward no sabía que se había apoderado de él, desde que el día había empezado había estado en constante tensión, demasiada, como si algo lo estuviera atrayendo hacia ella. Los días anteriores habían sido una tortura, pero no se había acercado porque sabía que perdería el control, así como estaba haciendo en ese momento mientras sentía el calor de ella traspasar su piel de vampiro. Su sistema parecía clamarla de una manera casi que primitiva, no quería pero sucumbía, especialmente cuando ella permanecía con su mente en blanco para él. La desesperación que ese hecho le producía era algo totalmente nuevo e irreal. Como si necesitara otro motivo más para encontrarla diferente. Ella le retaba, con su voz baja y sumisa pero lo hacía, porque ahora parecía saber que era inmune a su capacidad mental.

Había deseado saber con extrema urgencia por que reía tan suavemente cuando su mente seguramente estaba reproduciendo algún recuerdo feliz que se evaporaba apenas lo veía. Era un completo idiota y aun así, idiota y todo, ahí estaba, devorando esa boca mientras sus ojos permanecían abiertos y los de ella cerrados, viendo como la sangre afluía a las mejillas blancas tiñéndolas del color más comestible alguna vez visto.

Quería tenerla, y no pensaba negarse ese placer, pero primero quería torturarla por tener escudo mental. No era su culpa, quizá ella no lo hiciera conscientemente pero aun así era un motivo de estrés para él… para la bestia vampírica que era.

Si, ella le revelaría todos sus pensamientos en dicho momento, cuando la tortura que planeaba para ella superara todas sus barreras.

Se separó de la dulce boca y acunando con fuerza el rostro en sus brazos esperó a que ella abriera los ojos. Las manos de ella se pusieron en las de él traspasándole su calor…

-Por favor – dijo ella en un susurro, pero no podía saber que le pedía.- Me aprieta demasiado fuerte…-

En un segundo sus manos estuvieron fuera de su rostro. Bella dio un paso hacia atrás para recuperar el aire, todavía sentía la piel tirante después de que los dedos hicieran esa excesiva fuerza. Pensó que la iba a matar en ese segundo y quiso llorar, pero se había alejado cuando ella lo había dicho… como si no quisiera lastimarla del todo.

Un segundo después la tomó en sus brazos y comenzó a desplazarse a velocidad vampírica. Ella se aferró a su cuello completamente intimidada por ese medio de transporte no supo a donde la llevaba hasta que se dio cuenta de a cuantos pisos estaban. Estaban en una de las torres del castillo.

La bajó en un momento y se volvió de espaldas a ella.

- Entra ahí – dijo con la voz completamente encendida.

¿La iba a encerrar? Pensaba Bella sintiéndose mal de pronto. No sabía que había hecho mal, ¿quizá no lo había besado con la suficiente pasión? ¿Quizá no era tan zorra como ella creía?

- ¿Me va a encerrar? – dijo ella en voz baja sonando tan desesperada como se sentía.

Él se volvió en un segundo arrinconándola contra la fría pared.

- Voy a hacer que me digas en que estabas pensando – dijo contra sus labios antes de alejarse y abrir la puerta que cedió con un chirrido de casa antigua.

- ¿No puedo solo decírselo…? – fue la respuesta de Bella. Cuando sus ojos se dirigieron dentro esperó ver una mazmorra de torre completamente adecuada para tortura. Pero era una habitación. Una habitación parecida a la suya pero de colores diferentes, más oscuros… y aun así tan elegante como toda la mansión.

- Perdiste la oportunidad abajo – dijo simplemente esperando que ella entrara.

-¿Va a matarme? – para esta pregunta ella lo miró directamente a los ojos esperando su respuesta. Pero esta no llegó.

Edward podía sentir el miedo de ella correr por todo su torrente sanguíneo, al final no había podido contenerse más de dos días… no habría poder humano ni vampírico que lo separara de ella en ese momento. Todo por el simple hecho de no poder leerla. Estaba haciendo una pataleta como si fuera un niño pequeño pero aun así deseaba estar ahí, quería vengarse con placer y lo haría. Ella podía decirle lo que estaba pensando en ese momento pero no se libraría de lo que quería hacer con ella. Quería su vulnerabilidad, que fuera suya. El deseo posesivo se apoderó del él y se daba cuenta de que provenía de todos los instintivo animales y vampíricos que tenía en su cuerpo, que nunca había dirigido a nadie en todos esos siglos. Como si de alguna manera ella fuera la hembra elegida y quisiera marcarla como propia.

Ella le preguntaba si iba a matarla y la parte malvada de si decía que si, que era probable que terminara muerta esa tarde porque deseaba con tanto fervor su sangre que nada lo detendría. Y como sexo y alimentación iban de la mano también podía matarla, pero de placer. ¿Qué tan humano lo hacía eso?

Cerró la puerta echando cerrojo más como reflejo, si alguno de los de la casa quisiera entrar seguramente lo único que tendrían que hacer seria empujar un poco ya que su fuerza era superior.

- Quítate el vestido – dijo simplemente esperando que ella cumpliera la orden.

Entre asustada y excitada Bella procedió a desabrochar el cuello del vestido que la había mantenido caliente hasta ese momento. Su vello se erizó al instante por el frio y por la fría contemplación de la que estaba siendo parte. No debió retarlo, aunque específicamente no lo había hecho. Había preferido guardar su secreta baja autoestima para otra ocasión y la jugada se había vuelto contra ella. Podía decírselo en ese momento pero él ya le había privado de esa opción.

Eres estúpida, pensaba mientras el frio se colaba en la piel que iba dejando al descubierto. Obedecía porque era su deber hacerlo, pero más profundo de eso quería sentir que él y solo él la miraba. Que aun podía despertar algo en él aparte de hambre por sangre. Estaba llevando las cosas a un nivel que nunca imaginó, no sabía en qué momento se había vuelto tan importante ser deseada por esa bestia, pero pasaba, como todo en su vida desde hacía días las cosas no eran nada como las imaginaba ni creía. Salió del montón de ropa abrazándose el abdomen esperando así poder conservar algo del calor.

Si, pensaba Edward, ahí estaba ella. A su alcance…

- Recuéstate en la cama – Ella se dio la vuelta y él contemplo la línea de su espalda sus nalgas.

Primero se sentó sin dejar de abrazarse, luego tuvo que dejarlo de lado cuando se recostó sintiendo que estaba temblando esta vez de puro terror. Él podía moverse a velocidad vampírica y matarla en un segundo. Mirando hacia el cuello sintiendo que unas indeseables lagrimas se deslizaban por su rostro esperó el golpe final. Escuchó los pasos que él se negó a esconder acercarse donde ella estaba. Recostada en la cama dispuesta al sacrificio.

- Voy a atarte – dijo después de unos segundos. Ella abrió los ojos con fuerza y lo miró inclinado sobre ella – y no voy a matarte – dijo alejándose hacia uno de los postes de la cama de donde salió una cuerda blanca que parecía ser de seda.

Bueno, eso no era nada consolador, no había quitado su miedo porque ese no voy a matarte lo había dicho con la convicción de un mentiroso. No le creía, tampoco confiaba en él, tenía miedo de que la torturara antes de matarla.

- Tu brazo – dijo esperando que se lo diera libremente. Cerrando los ojos y resignándose a lo que sería una tarde terrible dejó su brazo descansar en la cama, este lo amarró con la seda, tan suave que apenas lo sentía restringido. Luego caminó al otro lado de la cama y le amarró el otro brazo. Luego siguieron las piernas. Ella intentó desconectar su mente de lo que iba a pasar. No había ya deseo en su cuerpo sino terror.

Pobre papá, él era en lo único que podía pensar y la única persona que notaria su ausencia, esperaba que no tirara su cuerpo en alguna cuneta o algo…

- No voy a matarte – dijo su boca a centímetros de su oreja derecha.

- Creía que no podía leerme el pensamiento – dijo ella con voz llorosa pensando en que era un ser horrible.

- No lo hago… estoy respondiendo a tu pregunta de hace un momento –

- No le creo – dijo ella tragándose un sollozo.

Lloraba, pensaba Edward, la tristeza y el miedo habían condensado el olor de su sangre a algo picante y desagradable. Aunque dulce el terror la estaba contaminando.

Algo se posó sobre sus ojos tapándolos de cualquier luz que quisiera entrar.

Edward observó la figura blanca, contrastando contra las sabanas rojas, nunca había subido a nadie a la torre pero no quería que nada se interpusiera en su camino. Nunca había intentado lo que iba a hacer con las demás que habían entrado a su castillo, era algo en lo que había pensado en el momento en que la vio sonriéndole a la nieve.

Cerrando los ojos y concentrándose se desdoblo y contempló su figura fantasmagórica esperando por que él decidiera el movimiento. Había llegado la hora de probar su teoría y si ella verdaderamente podía sentir a su parte incorpórea como nadie antes. Deseándolo así su parte corpórea deslizo una de sus manos lenta y pausadamente por la pierna derecha de la joven que temblaba convulsamente. Al mismo tiempo la mano de su desdoblamiento se deslizó por el brazo izquierdo extendido haciendo que ella soltara un respingo.

Bella quería gritar por que terminara todo eso, la inquietud estaba haciendo que se desesperara pero cuando tiró de sus ataduras estas no cedieron, aunque suave la seda seguía siendo dura. Eran dedos fríos, dos pares de dedos tocándola arriba y abajo en su brazo y en su pierna.

Se obligó a calmarse a pesar de que una crisis había estado a punto de darle, no podía seguir en esa tesitura o se ahogaría en sus propias lágrimas.

Finalmente estas dejaron de brotar, el toque, aunque frio parecía estar haciendo lo propio para tranquilizarla.

- No voy a matarte- dijo una voz en su oído derecho.

Edward sentía la necesidad de repetirse eso y a ella para convencerse de que sería así, estaba tan devorado por los dos deseos que no sabía que sería de ellos dos en ese momento. Ordenó a su incorpóreo que tocara el brazo derecho y el procedió con la pierna izquierda.

La piel estaba cubierta por un vello imperceptible, tan suave como la de una rosa. Tan fácilmente lacerable… masticable. Sacudió la cabeza cuando la parte incorpórea se inclinó sobre el cuello dispuesto a hacer que la mordía, tenía que controlarlos a los dos. Sabía cuál de ellos podía hacerle daño pero aun así no quería arriesgarse. Ella había dejado de sollozar, quizá finalmente había confiado en su palabra, o simplemente ya no le quedaba nada más por llorar.

Permaneció tocándola de esa manera por unos minutos más. Luego procedió a tocarla en las caderas, con movimientos redondos y nada fuertes. Su incorpóreo procedió con los hombros que comenzaron a aliviar la tensión, aunque la incómoda posición de los brazos estaba haciendo lo suyo.

La mente de Bella viajaba a velocidad de la luz poniendo en su campo de visión toda una serie de imágenes que nada tenían de inocentes. Después de pasado el terror inicial ese toque se había ganado su confianza, y aunque una parte de ella misma le aseguraba que nada era seguro decidió que no ganaría nada más que dolor si seguía resistiéndose. No podía haber dos personas por que no había visto a nadie en la habitación. Debía tratarse de él, y había sospechado de ese poder cuando había sentido su presencia en su propia habitación. Era como un fantasma pero aun así lo suficientemente fuerte para poder tocarla. Los dedos sobre sus hombros se sentían tan reales como los que había sobre sus caderas. Sentía la piel extremadamente sensible, como si toda ella reaccionara ante ese ser. Nuevamente volvía a repetirse el sentir de unos momentos atrás cuando estaba sola en la nieve. Su cuerpo comenzaba a clamar por algo que no tenía nombre, algo a lo que ella no podía bautizar tampoco en medio de su ignorancia. Se sentía demasiado cálida, demasiado sensible, demasiado…

Dos pares de manos se cerraron con suavidad sobre sus pechos haciendo que ella soltara otro respingo, especialmente cuando otro par de manos comenzaba a acariciarle el pubis con demasiada lentitud.

Así que de eso se trataba, dijo pensando en medio de la bruma sensual que se estaba comenzando a apoderar de su mente. Se mordió el labio para no soltar un grito cuando las manos se cerraron sobre los pezones enhiestos con la fuerza suficiente para que soltara un gritito desde el fondo de su garganta, al mismo tiempo dos pulgares se deslizaban sobre su vello hacia abajo, buscando…

Intentó cerrar las piernas cuando los dedos subieron pero sus ataduras se lo impidieron. Sus pechos seguían siendo víctimas de una estimulación más allá de cualquiera antes. Echó la cabeza hacia atrás cuando volvieron a apretarlos no tan suavemente pero si para que sintiera que se le estaba congestionando la pelvis.

Los otros dedos nunca tocaban su intimidad, solo los labios exteriores de arriba hacia abajo, y aun así sentía que la humedad estaba comenzando a formarse allá. No podía articular palabra ante lo que estaba sintiendo. Cuatro manos sobre su cuerpo…

Luego se detuvieron dejándola con una desazón que no sabía identificar. Pensó que todo acabaría ahí, que aunque estaba más desnuda que nunca él se había arrepentido, podía hacerlo, ella no era nada más que su sustento.

Hielo, deslizándose por su pecho derecho… era… era…

Una lengua. Voraz, áspera y suave al mismo tiempo, tan fría como siempre se deslizaba sin parar por su pezón derecho haciendo que ella gimiera con dolor y placer. Dos dedos estimulando el otro pezón tan frío como la boca, halaban suavemente de las dos puntas haciendo que la espalda de Bella se arqueara a esos contactos cuando lo que quería era huir. Tiritaba pero eso no importaba, tenía una sobrecarga sensorial que no sabía manejar. Sus pechos estaban siendo engullidos por una boca y una mano que no sabía de cuál de los dos Edward podía ser.

Frio… en su sexo ardiente. Dos dedos abriéndola suavemente para revelar lo que seguramente ella misma ya sabía. Humedad brotando de ella, como si aunque sin quererlo, su cuerpo respondiera a la cercanía de ese ser. Sin control y completamente a merced de lo que fuera que él quisiera hacerle.

Gritó nuevamente cuando la lengua fría la tocó. Por qué mordió suavemente su pezón derecho al mismo tiempo. Quería apretarse contra si misma huyendo de todo eso pero su parte oscura lo deseaba con violencia, quería saber hasta dónde podía llegar a sentir con los dos… era estúpido de pensar pero aun así lo hacía. Cerró los ojos tras su cobertura y se dedicó a intentar que sus otros sentidos absorbieran las sensaciones.

Seguían tocándola, estimulándola, pero nunca dejándola llegar a ese fin que anhelaba. Cambiaban de sitio, no hubo rincón de su cuerpo que esos dedos fríos no encontraran. Ella percibía que estaba sudando por el esfuerzo de querer llegar a esa cima y no poder lograrlo. La frustración era un poderoso estímulo para querer rogar. A final había llegado al punto que, en la nieve, le había aparecido patético. Rogar…

¿Sería eso lo que quería? ¿Qué le rogara?

La boca fría se cerró sobre su clítoris y comenzó a chuparlo con fuerza…una vez más…

Se preparó para lo que venía, la congestión en su vientre se había hecho dolorosa pero sabía que no tendría alivio, desde hacía muchos minutos él se había encargado de ello.

Apretó los músculos esperando la dolorosa detención de la estimulación. "Por favor, no más" rogaba en su mente pero estaba en tal cenit mental que no podía conjugar las palabras en su boca.

- ¿En que estabas pensando? ¿Que estarían haciendo tus hermanas en tu lugar? – dijo lenta y pausadamente para que ella entendiera cada palabra que había dicho.

Edward se sentía bien… demasiado bien, quería follarla hasta no poder más. Observarla sin que ella supiera que la miraba era un placer añadido. Se sentía… bien, su parte incorpórea había retornado a él hacía unos segundos. Ahí estaba ella. Con la piel enrojecida, los senos inflamados y los pezones increíblemente erectos. La piel sudorosa y su sexo hinchado y rojizo llamándolo nuevamente.

- No… - dijo Bella con la voz estrangulada.

Volvió a succionar su clítoris palpitante hasta saber que estaba a punto de llegar, lo sabía por qué su sangre se concentraba en ese punto con fuerza, dulce… deseosa, se separó y ella se dejó caer sobre la cama completamente derrotada.

- Estarían… así… como yo…- dijo suspirando cediendo por fin a la tentación.

- No entiendo – dijo Edward soplando suavemente contra la sensible piel haciendo que ella volviera a levantar las caderas sin éxito.

- Allá…abajo…en la nieve…- decía pausando las palabras mientras intentaba regular su respiración…- No… no me deseaba… ellas… son hermosas… y me imaginé… que… que… - tragó en seco y gimió cuando las lágrimas, ahora de deseo frustrado humedecieron la tela que cubría los ojos.

- Dímelo – susurró Edward en su oído mordiendo suavemente el lóbulo. Bella se removía sin control.

- Estaba… con ellas… si estaría… con ellas… son hermosas… yo no…no me deseaba… - estaba comenzando a hablar incoherencias, su respiración salía entrecortada y vacía… esa era la muerte de la que estaba hablando. Finalmente si lo iba a hacer.

Edward se quedó contemplándola unos momentos. Ella confesaba, sin demasiada elocuencia que había imaginado que estaría con sus hermanas sin hesitar.

No es hermosa.

No, no lo era, al menos no de un modo convencional. Y no por eso había dejado de desearla y a su sangre. Ella era la portadora, solo ella, y eso la hacía diferente. Sin pararse a pensarlo desapareció su ropa en un santiamén y se subió encima de la cama y sobre ella que arqueó el cuerpo para recibirlo sin ser consciente de ello.

- No me interesan tus hermanas – dijo inclinándose al mismo tiempo que se conducía dentro de ella de una sola estocada haciendo que llegara al clímax inmediatamente.

Bella gritó cuando lo sintió dentro de ella y toda la tensión que había acumulado se desató en un segundo, sentía que se moría, era como si el corazón dejara de palpitarle y luego volviera a la carga con toda su energía, su vientre se contraía una y otra vez y no se detenía, no paraba.

Sintió dos punzadas al lado izquierdo del cuello y la sensación de placer aumentó, volvió a gritar sintiendo que tenía la garganta seca. Tiraba de sus brazos y piernas sin poder moverse, quería desaparecer, detenerse seguir…

La estaba drenando, pensaba en medio de su bruma de placer, sabía que la había mordido y aun después de su orgasmo el seguía moviéndose contra ella embistiéndola mientras bebía, combinando las dos sensaciones más placenteras que se podía imaginar. Sobrestimada, Bella recibía cada embestida como un orgasmo gritando ya casi inconsciente, él seguía prendido de su cuello pero en ese momento no le importaba si la mataba o no. Lo único que quería… era seguir… seguir…

Edward seguía bebiendo consiente de que los movimientos de ella se iban mermando, estaba tomando demasiado como siempre y a su instinto animal parecía no importarle. Su sangre era deliciosa, debía aceptar que era el mejor manjar que alguna vez había bebido, y no podía prescindir de él porque ella era la única persona que podía proveerlo de ello y de esa sensación de angustiante placer cuando la poseía. Nunca había tenido sexo como ese. A la máxima potencia, arrollador, que le robaba cualquier capacidad de pensar como semi-humano. Era su sangre, o era ella, podía ser cualquier cosa pero no iba a prescindir de ello, era lo único bueno que había tenido alguna vez desde su conversión, de lo único que en verdad había disfrutado y podía incluso llegar a matar para conservarlo, por el tiempo que durara. Sentía su propio clímax acercándose viajando en su ponzoña queriendo alojarse dentro de ella, por ella.

Se apartó de su cuello cuando ella seguía desmadejada y se movió un poco más para agilizar su asunto personal. Los músculos del sexo de Bella se apretaron nuevamente y supo que era el momento de llegar.

Su orgasmo fue devastador, incluso para un vampiro habría drenado cualquier otra capacidad. Ella gritó nuevamente por el placer que sintió, al haber bebido él de su sangre sus placeres se combinaban y los orgasmos eran más prolongado, de hecho Bella no había dejado de llegar desde el momento en que él la penetro y ahora yacía sin fuerzas después del último estremecimiento, tanto por el esfuerzo de su cuerpo como la drenada de su sangre. Edward se separó de ella cuando pudo volver a ser vampiro, desanudó sus brazos que cayeron desmadejados en la cama y las piernas que yacían entreabiertas también sin fuerzas. La miró nuevamente pensando en que a pesar de lo que había pasado ella seguía sin abrir su mente. No podía leerla. Tomando las sabanas de seda rojas, la envolvió con ellas y tomándola en sus brazos la llevó hasta la habitación que le había sido asignada.

Una vez allí la dejó en la cama echándole un vistazo al libro ajado que había sobre la mesa de noche.

Romance. ¿Podría ser ella romántica?

A pesar de su inocencia le parecía más una chica pragmática que otra cosa. Se preguntaba si cada vez que se acostara con ella y se alimentara la convicción de que ella era algo más que una simple campesina terminaría por arraigar en él.