Gracias por sus mensajes y alertas, he aquí un nuevo capitulo que espero disfruten.
Los personajes de Twilight y La Bella y la Bestia pertenecen a sus respectivos escritores. La historia a esta humilde servidora.
Dejándola ahí, se vistió rápidamente con unos pantalones y bajó con rapidez hacia las calderas buscando la bañera que utilizaría para ella. No debía quedarse con sus efluvios ni su olor por demasiado tiempo.
Lo preparó todo personal y rápidamente, si Esme, que seguramente lo escuchaba ir y venir, se mostró sorprendida no se dejó ver.
Cerrando la puerta alargó los brazos hacia la cama y tomándola entre ellos la condujo lentamente a la bañera a la cual habían sido añadidas sales curativas. No harían nada por la equimosis, pero al menos aliviaría su tierna carne intima.
Ella no despertó, tal debía ser su cansancio. Solamente abrió brevemente los ojos cuando le apoyó la cabeza en una toalla mullida para que la apoyara en el cabecero de la bañera de cobre sin lastimarse el cuello.
- Es tan hermoso – dijo mirándolo fijamente, Edward miró a la somnolienta figura sintiendo un deleite crecer dentro de él. Aunque sabía que la mayoría de ellos eran atractivos por el encanto del perfecto depredador, estaba acostumbrado a que lo miraran embelesados, incluso antes de convertirse en lo que era había sido blanco del atractivo de sus rasgos y se había aprovechado de ellos de manera libertina. La mano húmeda del agua se deslizó por su frente – Es hermoso aquí – decía mientras deslizaba la mano lentamente por el resto de la extensión de su rostro. Las sintió en el cuello y después ella volvió a murmurar – Pero oscuro aquí –
Aquí era su pecho. La mano volvió a caer al agua y ella se quedó nuevamente dormida.
La bañó con premura teniendo especial cuidado con los pechos y el sexo, que parecían ser los más sensibles y afectados. Luego la secó y pensó en llevarla a la habitación correspondiente per en vez de eso la dejó en la cama, de la cual había cambiado todo, y se dedicó a observarla como el placer culpable que recién había descubierto.
Se removía más que de costumbre, pero no decía ni hacia nada diferente de las noches anteriores cuando se había quedado haciendo precisamente eso. Mirarla era algo que lo sacaba del tedio y no era la primera vez que lo pensaba.
Le hacía desear meterse en sus sueños para saber que la inquietaba.
La noche llegó más rápidamente y cuando quitó los ojos un segundo de ella al siguiente se dirigieron hacia un brillo rojizo que salía del armario de ropas.
Se bajó de la ventana rápidamente y caminó hasta allá, abriendo la puerta y mirando el alhajero que le devolvía la mirada y de donde salía el ligero destello.
Al abrirlo descubrió el collar que había lanzado hacia alguna parte de la habitación.
Nadie había entrado ahí y nadie pudo haberlo movido del piso pero nuevamente aparecía donde no había estado desde que Bella había entrado en el castillo. Era como si el collar hubiese encontrado a un dueño y no era precisamente él. Aunque hablando a plata franca él no era el dueño de la joya a pesar de haberla tenido todo el tiempo desde que ella se había ido, y ni siquiera Bella, la dueña de esa joya era Tanya o eso fue lo que concluyo porque lo había encontrado días después de la maldición. Pero la joya parecía querer a Bella.
Nunca habría comprado una joya así. Era sobrecogedor mirarla, le hacía pensar en sangre pero al mismo tiempo en belleza. No tenía sentido y no iba a perder tiempo intentando dárselo, aunque tiempo era lo que tenía de sobra.
Cerró el alhajero y cogió la cadena dorada que rodeaba a la piedra. Por unos segundos dudó en ponérselo pero al final, pese a la aversión que le producía, se lo puso a Bella en su cuello intentando no tocarla para no despertarla con el frio. Una vez sobre su cuello la joya se deslizo hasta quedar acunada en sus pechos que se unían al estar ella de medio lado.
Permaneció de pie, observándola durante varias horas. Seguía removiéndose pero a pesar de que le prestó especial atención no consiguió rescatar nada de su mente.
Al ver que no despertaba bajó rápidamente las escaleras hasta la habitación de ella y tan cual un espía de pacotilla se dedicó a mirar que había hecho ella en la habitación que parecía tener el sello de la sencillez que la caracterizaba.
Ahí, sobre la mesa de noche se hallaba el mismo libro ajado de siempre. Orgullo y prejuicio, era de esperarse, ella, como todas las demás mujeres, siempre ansiaban esa poca de romanticismo que les hacía pensar que su vida era diferente. El libro tenía el olor de ella por todas partes lo cual le decía cuántas veces debía haberlo leído.
La cama se hallaba perfectamente tendida así que allí no halló nada que no conociera ya. Era el estilo de Esme a quien siempre le gustaron las cosas bien hechas.
Se volvió, aun con el libro en los brazos, hacia el armario en donde Esme había acomodado otras pertenencias de ellas que no eran nada al lado de los suntuosos vestidos que había comprado para ella. Había una peineta de cobre con piedrecillas pegadas, algunas de ellas desconchadas y algunos dientes partidos, en su momento debió ser un artefacto de lo más bonito, pero el tiempo hacia eso.
Había un cepillo con las mismas características de la peineta y en el mango labrado estaba el nombre de Elizabeth en letras estilizadas. Debía tratarse de su madre, y el hecho de que aun conservara esos artefactos decía que la queria demasiado.
Por lo poco que había podido leer de la mente de Charlie Swan su mujer había muerto años atrás, cuando las mujeres todavía eran pequeñas.
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La esencia de flores trajo a Bella nuevamente a la realidad. Sus sueños, ahora terribles, también habían aportado su cuota y ahora al abrir los ojos no podía sino alegrarse de haber vuelto a la realidad.
Esperaba no haber dicho nada que la comprometiera, en esos momentos su interior estaba en ebullición y su cabeza más ávida y pensante que de costumbre. No la había mordido, volvió a decirse mientras nuevamente se tocaba el cuello para constatar que ese hecho no había sido producto de su imaginación. La piel estaba tan lisa y suave como era costumbre antes de que empezara su calvario, por no llamarlo de otra manera.
Sentía el cuerpo como si le hubieran dado una paliza y sabía qué tipo de paliza le habían dado. Aparte del cansancio y las magulladuras se sentía tan plena como si hubiera comido muchos dulces. Una vez lo había hecho y aunque posteriormente se había sentido mal haberse dado el lote con las golosinas le había traído una satisfacción que nunca había conocido.
Tenía hambre, demasiada, pero no queria levantarse, lo que la rodeaba no era su habitación, y eso si lo recordaba, no sabía en qué parte del castillo se encontraba así que si se levantaba en el estado en que se encontraba seguramente se perdería. Todavía débil finalmente retiró de encima de su cuerpo desnudo las sabanas oscuras donde horas antes había estado con un vampiro encima de su cuerpo.
Ferocidad.
Con eso y otras cosas la había poseído y ella misma se había entregado a ese ardor gustosa, como si no pudiera vivir sin lo que él le daba. Se había vuelto adicta al señor del castillo y dudaba mucho que se le pasara aun cuando fuera despedida del lugar.
Pero sabía que disfrutaría hasta que ese momento llegara, aunque preguntándose a cada momento si seguía agradándole. Una parte de si queria que la encontrara irresistible, que se enamorara perdidamente de ella para saber que se sentía al ser presa de esos sentimientos. Nadie nunca la había deseado y encontraba este nuevo frenesí del señor demasiado estimulante para su autoestima.
"Tócate" le había pedido la noche anterior. Por un momento se había visto tentada a obedecerle pero luego se había arrepentido. Por qué no sabía cómo hacerlo, el único punto de referencia que tenía era el de él y no creía ser capaz de superar esos dedos habilidosos. Quizá lo intentara y averiguara por fin a que había hecho referencia cuando dijo que queria compensación por ese pecaminoso acto de poner la boca en sus partes íntimas.
Su piel no olía a él como antes de quedarse dormida, pensó al olerse el brazo derecho que tenía una serie de manchas violáceas repartidas por toda la extensión de la piel, al acercarse vio que eran marcas de dedos pero habituada a ellas no les prestó la mínima atención. Sabía que su piel se marcaba con facilidad y la fuerza de los actos de la noche seguramente no había colaborado con su piel. Olía a sales de baño por todo el cuerpo así que había sido bañada.
Pensó que tal vez Esme había tenido algo que ver. No queria pensar en imágenes del señor bañándola.
Se envolvió en la sabana y un golpecito en su torso la hizo volver la mirada. El collar. La joya que le había parecido preciosa y que aun portaba. ¿Sería que a todas las mujeres que había tenido les había dado una joya como esa para compensar las ser usadas para satisfacer sus apetitos sexuales? Puede que estuviera llevando en su cuello alguna valiosa gema que le daría el sosiego cuando todo terminará. Quizá nunca la vendiera, quizá la usara para recordar, en las noches vacías y solitarias que le esperaban, la experiencia en el castillo. Respirando pausadamente para equilibrarse y envolviéndose en la sábana oscura observó el lóbrego cuarto donde estaba alojada, ordenado, pulcro. Por unos momentos recordó las palabras de su padre cuando le había contado lo que pasó en esa mansión, la descripción de la habitación.
"No puede ser" por lo que su padre contaba él no dejaba que nadie se acercara a su habitación así que ¿por qué estaba ella ahí?
Caminó hasta la ventana. Por lo que veía estaba más arriba de su habitación. Esa parecía una de las torres y de ahí se podía divisar toda la extensión de los bosques que rodeaban la mansión, tan blancos como verdes deberían ser. Sintió deseos de recorrerlos y ahora que sabía a qué puntos ir y como orientarse se le antojaba más. Miró hacia la puerta del armario que tenía leones bellamente labrados, ahí era donde, según su padre, se almacenaban una gran cantidad de joyas y piedras preciosas. No volvió a dejarse ganar de la curiosidad, simplemente se dio cuenta, de alguna manera, de que no debía estar ahí. Caminó con la oscura sábana arrastrando detrás pensando en que le pediría a Esme que le dijera como lavarla. Cerró la puerta tras ella e intentó seguir los pasillos por la ubicación de la ventana hasta que dio con una puerta que resultó ser su habitación. Nunca había tenido sentido de la orientación y le sorprendía saber cómo hacerlo en esa mansión, como si de alguna extraña manera perteneciera ahí.
Accionó el picaporte y entro lentamente pues aún le Escocia un poco el sexo. Cuando levantó los ojos no esperó encontrarse con el señor ahí, con las puertas de su armario abiertas haciendo lo que ella no se había atrevido a hacer varios pisos más arriba. Suprimió el instinto natural de reclamarle porque seguramente él tenía todo el derecho de hacer lo que quisiera en su propia casa y ella, sin importar sus cosas personales, seguía siendo su esclava.
Por la dirección de sus ojos debía estar viendo las cosas que había guardado de su madre que seguramente ofendan sus aristocráticos y antinaturales ojos por estar viejos y desgastados (ella misma esperaba usar esas cosas hasta que no les quedará un diente más porque la hacían sentirse cerca de su madre). Después de unos momentos él se volvió hacia ella y mirándola esperó.
- Buenos días - saludó Bella sin saber que decir, se sentía violenta por estar cubierta sólo con la sábana mientras que él estaba completamente vestido. Edward podía observar la timidez apoderándose de ella como si fuera, de alguna extraña manera, aun casta. La oscura sábana creaba un contraste atrayente con la pálida piel haciéndolo desear que llevará un vestido de ese color para imaginársela desnuda después. Cumpliendo su particular fantasía se volvió a la parte de vestidos del armario y alargando la mano sacó un vestido de color similar a la sábana. Era ostentoso y Bella no lo había visto antes.
-Ponte esto- lo lanzó con suavidad a la cama.
Ella no se movió esperando que él comprendiera que esperaba que se fuera para llamar a Esme y le ayudara a ponérselo pero él no se movía de su lugar. No había complemento del vestido así que debía buscarlo había entendido, al menos en parte, que la intención de él era que se vistiera frente a sus ojos. Lo miró un momento y le pareció ver que sus ojos brillaban con un fuego que no le era del todo desconocido.
Bella caminó hasta el armario pasando por el lado de él, por unos momentos volvió a distinguir esa notable inspiración de aire que él hacia cuando ella se acercaba. Abrió uno de los cajones donde sacó un corsé blanco de encaje con su cordón respectivo, unas enaguas y medias.
- No puedo ponérmelo sola - aunque quisiera, pensó Bella aún no se acostumbraba al hecho de tener que ser asistida a la hora de vestirse por que en el campo los vestidos no se usaban con corsé a menos que fueras a ir a un baile, no se usaba miriñaque, ni otros complementos que Esme usaba cuando la vestía. - Si pudiera llamar a la señora Esme...-
- No está - fue la escueta respuesta de él porque sabía que tanto Esme como los demás habían salido a los bosques a cazar.
Iban a beber de animales, aquello era algo que Edward no podía hacer. No mencionó nada más así que el silencio primó como era costumbre con ellos. Así que Bella, sabiendo que no tenía más opción dejó caer la sábana oscura sintiendo el olor limpio de su propia piel.
Sentía sobre toda la extensión de su cuerpo la mirada verde e intentó no cohibirse con la intensidad de la misma. Dudaba que alguna vez logre acostumbrarse a que la miraran así. Tomó la camisola y se la pasó por los pies para subirse lo por el cuerpo y pasarlo por sus hombros. Se sintió torpe haciéndolo y esperaba que sus movimientos no delataran su nerviosismo.
Cuando terminó tomó el corsé que era de amarrar atrás y deslizó el cordón por los ojales faltantes con dedos temblorosos. Esme le apretaba para hacer fluir su inexistente cintura y ella se dio la vuelta hacia él esperando que capte el mensaje de que para eso también necesitaba ayuda. Sintió los pasos largos y elegantes hasta percibir su presencia detrás de ella. El frío de sus dedos traspasó la fina tela y sus dedos comenzaron a hallar el cordón con menos fuerza de lo que hacía Esme lo cual fue un alivio para la joven. Al menos le dejaba espacio para respirar. En el momento en que terminó ella se sintió tan desnuda como al principio y dudaba que se sintiera vestida frente a él con muchos metros de tela encima.
Hasta eso parecía un ritual, pensaba Edward observando la curvilínea cintura y espalda. Él sabía cómo desvestir a una mujer, no como vestirla y por alguna razón, con ella, encontraba el espectáculo altamente estimulante porque por su mente cruzaba una y otra vez que él era el único que alguna vez había visto su cuerpo. Era un pensamiento posesivo y aunque no le hacía gracia lo aceptaba como venía. Bella se sentó en la cama sintiendo en su sensible piel el roce de la ropa interior, levantó la pierna derecha y deslizó por ella la media de seda esperando ser rápida y eficaz, hizo lo mismo con la otra sin ser consiente del sensual espectáculo que estaba dándole al señor. Cuando terminó se volvió hacia el vestido azul oscuro y observándola y también lo tomó pasándoselo con dificultad sobre la cabeza, finalmente cuando la pesada tela cayó en su espalda tuvo que volver a enseñársela a él para que abrochara la larga fila de botones. Sus dedos nuevamente casi le quitan el aliento pero prefirió hacerse la fuerte y no delatarse. Cuando todo terminó ella se volvió hacia él.
-Gracias –
Edward por su parte pensaba que ya había tenido suficiente tortura por un día. Parecía que la noche que habían pasado había revitalizado la dulce esencia de la mujer y su hambre volvía a rugir como un animal enfurecido. Se dio la vuelta dispuesto a retirarse cuando escuchó que ella lo llamaba suavemente. Se quedó quieto esperando su petición.
- Podría ir a recorrer... ¿Los bosques?-
Quería decirle que no, pero no tenía caso tenerla tan cerca especialmente con su apetito arreciando así que le dijo que si pero debía esperar a que uno de los sirvientes llegarán para ir con ella. No quería que se perdiera en el bosque porque ella, a diferencia de los demás, seguramente si podría salir de los límites.
Cuando se marchó Bella dejo que la curiosidad que sentía por fin se reflejará en sus ojos, no conocía a nadie más de la servidumbre y sentía una inquietud insana por ver a alguna otra criatura como él. Serían todos así. .. ¿De atractivos? Pensó ella a falta de otra palabra mejor. Seguramente si, sabía que si había alguna otra mujer como Esme sería tan elegante y bella y la propia Bella se sentiría mal por seguir siendo tan sencilla.
"¿Seguramente no estoy pensando siquiera en desear ser como esas bestias o sí?"
Que pensamiento tan improcedente para tener justo en ese momento. Se preguntó cuándo sabría si era hora de ir a explorar, si quién quiera que viniera a acompañarla le avisaría, pero todo era así con él.
Ella tenía que asumir demasiadas cosas y no era siempre una sensación agradable.
Pasó lo que ella calculó había sido una hora y escuchó suaves golpes en la puerta.
- ¿Adelante? - y lo dijo en tono de inquietud porque aún no se acostumbraba a tener que dar permiso para que alguien entrará a la habitación donde ella estaba.
Cuando vio de quien se trataba Bella ocultó el impulso de soltar una carcajada irónica. Frente a ella se hallaba una muchacha, al parecer incluso más joven que ella, ya era mujer pero era delgada, que parecía una niña y tan preciosa y angelical que Bella sintió que se enternecía pero sabía que no debía hacerlo, ella seguramente era una criatura como el señor, con apariencia hermosa y en ocasiones inofensiva pero tan letal...
- Buenos días, señorita- dijo con un tono tan alegre que parecían campanillas de una cajita de música. Sintió que le caía bien inmediatamente aunque ella solo la serviría, podía que incluso ella misma no le gustara y eso sería malo, quería contar por lo menos con una aliada a la que pudiera acudir si sucedía algo.
- Buenos días –
- Me llamo Alice Brandon, y soy una de las... doncellas - dijo dudando un poco al describirse a sí misma, como si no supiera que palabra escoger - Vengo a escoltarla por los campos.- Bella asintió y tomando una capa negra de grueso algodón siguió a la mujercita que parecía una bailarina por donde ella quisiera guiarla.
Bajaron por las escaleras de piedra y salieron por la puerta principal adentrándose lentamente (y lentamente era ya que Bella era completamente incompetente caminando con rapidez y elegancia por la nieve) la muchacha caminaba a su paso, tan elegantemente que le dio un poco de envidia.
Su alrededor era tal y como lo había imaginado y visto desde su ventana, el viento no arreciaba y aunque había nubes por doquier la claridad alcanzaba a entrar, en su estancia en el campo había pensado que Transilvania y sus Balcanes sería algo digno de admirarse el día en que la gracia le permitiera visitarlos y en ese momento y a pesar del frío no se arrepentía de haberlo soñado. Seguramente sin tanta nieve los árboles serían verdes y frondosos, las ramas y no la nieve serían sus preciosos complementos, los troncos serían visibles y no tendrían aquella cama blanca que si bien amortiguaron varias veces los tropiezos de Bella parecían en total desbalance con el entorno. Olía a naturaleza muerta o eso pensaba Bella mientras veía que en algunos de los árboles había frutos completamente congelados, lo cual la hacía preguntarse de donde sacaban los alimentos para ella misma.
- ¿Hace mucho trabajas para el señor? - dijo Bella mientras se sacudía la capa de la nieve en esta.
- Toda la vida- dijo campanilla mirándola impasible - o al menos así me parece en ocasiones –
- ¿Y también eres... como él? –
Alice no supo que contestar por un momento, por su extraño don sabía que ella conocía la realidad de Edward, del señor, pero no sabía si era prudente revelarle lo de los demás. Al contemplar a la nueva mujer del jefe lo único que podía pensar era en cuan inocente parecía y aun así el valor también manaba de su aura en cantidades casi perjudiciales. No tenía intención de hablar sobre ellos una vez todo terminara pero solamente podía ver hasta ahí.
Tenía un don que había mantenido en secreto hasta hacía pocos meses y era el de ver el futuro. Cuando era humana predijo su transformación con exactitud, había visto a su esposo y a la vida eterna que los esperaba, de la mujer que llegaría también pero lo único que había podido ver de ella eran pensamientos aislados y decisiones a corto y mediano plazo. No podía ver el futuro de ella y mientras habían caminado, con la cercanía, había esperado que la nube se disparar pero no, silencio mental y del destino de esa mujer. Como si tuviera algo diferente. Había escuchado decir a Esme eso y también a Jasper pero solo ahora que la conocía podía decirlo por ella misma. Sentía algo parecido a la curiosidad mezclada no inquietud por parte de ella. Bella sentía la mirada de Alice y aun no le respondía la pregunta.
- Si, cuando él fue maldito todos lo fuimos - prefirió decirle ciertas cosas, sabía que no haría daño a nadie.
Bella tampoco sabía nada de ninguna maldición pero el concepto en sí le daba miedo. Las maldiciones le hacían pensar en brujas y en lo que ese macabro concepto implicaba. Quería saber más, era cierto, pero no estaba segura de poder afrontar la realidad de la misma manera en que había hecho al enterarse de la naturaleza del señor de la mansión.
Un crujido en una rama alertó a Bella, en medio del silencio todos los sonidos, así fuera de las gotas de la nieve medio derritiéndose se multiplicaba por la soledad del bosque pero el crujido de una rama que no hubiese pisado ella misma era algo un poco más. . . Macabro.
Miró a Alice y al verla también alerta sintió un poco más de inquietud.
- Quédate cerca de mí - dijo la ahora helada voz de campanilla. Bella obedeció y al acercarse a Alice percibió un olor dulce emanando de su piel pálida.
Otro sonido de rama quebrándose y luego... nada. Bella escuchaba su respiración en sus oídos y el corazón palpitando en la garganta. Volvió la mirada y vio a lo lejos una figura negra inclinada, no podía distinguirla por la densa nieve pero tocó el hombro de Alice para llamar su atención descubriendo que era tan duro como el de Edward. Alice volvió la mirada y un pequeño gruñido salió de su boquita. Cerró los ojos dos segundos y echó a correr hacia la figura dejando a Bella paralizada.
La joven observaba como Alice se perdía en la distancia y luego distinguió el inconfundible gruñido de un lobo.
Se encontraba sola y no sabía que hacer escuchó otro ruido tras ella y al darse vuelta casi pierde el equilibrio al enterrar los botines en la nieve. Había otro lobo más cerca, ahí mismo frente a ella acechándola de lejos. Caminó hacia atrás deseando tener algo a la mano. Temía que si gritaba el nombre de Alice el lobo la atacaría.
Miró a la derecha y vio que otro lobo salía de las ramas. Se le cayó el alma a los pies pensando en la dolorosa muerte que tendría. Rezó un padre nuestro y cerró los ojos, pero los volvió a abrir. No se iría sin luchar. Sin perder a los lobos de vista caminó hasta una de los troncos caídos que estaban tras ella. Cada paso que dio le costó un pedazo de alma pero ellos no se abalanzaron y no lo hicieron por que Bella sabía que seguramente estaban acorralándola.
Palpó tras de ella rezando por encontrar un pedazo de rama con tan buena suerte que así lo hizo. Alice despachó al lobo esperando que su llamado mental hubiese advertido a Jasper, este animal había sido particularmente salvaje y había tenido que usar otro poco de su fuerza. Corrió hasta donde había dejado a Bella y cuando llegó se sorprendió un poco cuando vio a tres lobos rodeándola. Los lobos de esos bosques nunca andaban juntos aunque seguramente la dulce sangre que Alice alcanzaba a oler proveniente de la mujer habría tentado a cualquier depredador cercano pero esos lobos eran diferentes. Estaban mirando a la mujer como si desearan llevársela más que comérsela.
Ella estaba agazapada contra uno de los troncos sosteniendo ante sus manos una rama partida que seguramente la ayudaría a defenderse de las moscas pero no tendría nada que hacer con lobos de ese tamaño.
Cuando uno de los lobos se lanzó a atacarla o a hacerle lo que quería hacerle Alice saltó hacia adelante y cayó con la fuerza de una gran piedra sobre el lobo arrastrándose los dos a más distancia, por los ladridos de los lobos supo que los demás se habían lanzado hacia Bella y por los golpes que escuchaba ella estaba golpeándolo con la rama lo mejor que podía.
Bella golpeó al primer lobo en la cabeza alejando lo de ella, la única experiencia que conocía en defensa era cuando tenía que apartar las gallinas con sus pies cuando se lanzaban hacia ella en sus corrales en el momento en que le llevaban comida, pero sabía que los golpes dolían se tratara de la especie que fuera, quizá no tuviera mucha fuerza pero al menos les daría unos cuantos pescozones antes de que la mordieran.
Le dio en la cabeza al otro escuchando su gruñido dolorido y daba vuelta S sobre su propio eje esperando el sentir los dientes clavándose en su piel en cualquier momento, en esos segundos veía como Alice, con movimientos elegantes y letales daba cuenta de otros dos lobos, era como una pelea de depredadores pero Alice era magnífica. Otro lobo se acercó y cuando se lanzó encima de ella se escuchó el sonido inconfundible de una piedra golpeándolo y desviándole el camino.
Bella se volvió para ver la figura de una niña acercándose con una honda preparando su siguiente impacto, en esos momentos Alice se volvió sorprendida y se lanzó por otros dos lobos mientras la niña la contemplaba horrorizada. Bella levantó su rama pero antes de hacer impacto una figura se lanzó al lobo con una velocidad impresionante. No era Alice pero por sus movimientos debía ser de la misma especie, y llegaron más figuras vestidas de oscuro lanzándose por los lobos restantes y despachándolos con rapidez. Bella corrió hacia la niña y la abrazó contra su pecho como hacía con sus gallinas cuando estaban asustadas y espero a que los desgarradores sonidos se detuvieran, aunque seguramente la niña ya había quedado afectada por vida.
El silencio se hizo el rey. Bella levantó la mirada y observó a las figuras frente a ella que la miraban y a la niña con distintos grados de impasibilidad. Nunca los había visto pero había escuchado hablar de ellos, debían ser los sirvientes de la mansión, cada uno era más bello que el otro, o no, todos compartían una belleza sobrenatural pero estaban vestidos con los mismos uniformes. Esme no estaba entre ellos, había tres hombres y con Alice una mujer más bella todavía, todos las miraban y Bella se volvió hacia la niña.
- Gracias, pero debes irte en este momento - no estaba segura de cómo se tomarían ellos la presencia de la niña que debía tener unos doce años. Bella no sabía que había estado haciendo en esos bosques pero no se lo iba a preguntar - Debes irte ahora y no hablar a nadie de lo que ha pasado - no estaba segura de por qué le pedía eso, seguramente pensaba que si lo hacía le pasaría lo que había pensado de sí misma y era que en cuanto empezará a hablar la encerrarían en el primer asilo que encontrarán y no quería ver a nadie en esa situación porque nadie le creería así estuviera diciendo la verdad.
-Pero ellos...- decía mirándolos con los ojos exorbitados y Bella no podía distinguir si era de terror o sorpresa.
- No- dijo Bella tomándole la cara en las manos y haciendo que la mirara a ella y no a las figuras que, según Bella, en cualquier momento le harían algo a una niña que lo único que había hecho había sido lanzar una piedra a un lobo, no había tiempo de preguntas ni repuestas - créeme cuando te digo que no quieres saberlo y nadie te va a creer...!- la instó a que se fuera sin prever lo que haría la niña pero esperando que considerara sus palabras...
- Tu...- dijo la niña mirándola como si deseara que se fuera con ella pero aunque pudiera tenía la seguridad de que sería encontrada y si no (lo cual seguramente no pasaría dado las velocidades) quien pagaría las consecuencias sería su padre.
- Debo quedarme..., vete ya - la niña salió corriendo y ella, haciendo gala de una valentía y un instinto suicida que no sabía que tenía se puso frente al camino de huida de la niña esperando poder distraerlos si decidían ir tras ella. Bella se preguntó por qué la miraban con tanta fijeza pero prefirió no averiguarlo y darle tiempo a la niña de huir.
- No dirá nada- dijo esperando poder mantener esa afirmación. No sabía qué diablos se había apoderado de ella, como un instinto de hermana que no había desarrollado con las suyas propias.
Alice contemplaba a la débil mujer plantándose como si de verdad estuviera esperando poder detenerlos en caso de que decidieran ir por la niña, inclusive la presencia de esa niña era algo inusual en el bosque, todos ellos sospechaban que algo más se estaba gestando pero ninguno de ellos podía saber que era, aun con sus cualidades sobrenaturales. Cuando se había percatado de la presencia de los lobos había llamado mentalmente a Jasper y él había traído a todos los demás, eran demasiados lobos incluso para ella misma, y luego había llegado la niña. Lo único que si había dilucidado de ella había sido el olor a humano, al menos eso si era pero desde que habían sido transformados ninguno de ellos se había encontrado con un humano en los terrenos de la mansión. Salían a cazar en espacios de tiempo prolongado para no morir por falta de animales, aunque sabían que eso eventualmente acabaría y tendrían que sobrevivir de alguna manera.
Alice observó a Rosalie que también miraba a Bella como si no pudiera acabar de entenderla o a su protección.
- Debemos volver - dijo Carlisle haciendo un movimiento de cabeza. También él encontraba a la mujer extraña así como Esme se lo había dicho no eran sólo sus acciones sino ella misma en sí y de lo que proyectaba, todos ellos sabían el papel que desempeñaba en la casa y la habían rescatado la primera noche de morir desangrada.
Había algo diferente en su sangre, algo que había hecho perder el control al dueño de la mansión llevándolo a casi matarla como a él no le pasaba desde muchos años anterior. De alguna parte le llegaba la convicción de que tenían que protegerla.
