Bueno antes que nada quiero disculparme por la demora, espero que sepan comprender, aunque quisiera dedicarle todo mi tiempo a la escritura porque es algo que me apasiona y me saca del ostracismo, debo cumplir con mis otros deberes laborales y familiares por lo que es imposible. Como todos tenemos una vida, estoy segura de que sabrán comprenderme.
Agradezco las alertas y mensajes.
Los personajes de La Bella y La Bestia y Twilight pertenecen a sus respectivos autores, la historia es mía.
Comenzaron a caminar todos en la dirección con ella en el centro de sus formas, como alguna especie de ejército de sirvientes protegiendo a algo valioso. Bella sentía que había tenido éxito en su estúpida defensa aunque no sabía que diría Edward cuando supiera que por culpa de ella una niña que había visto lo que sus sirvientes hacían había escapado por su culpa
¿La castigaría? ¿Habría pensado matar a esa niña si la hubiera llevado a la casa?
- ¿Le dirán al señor lo que ha pasado? - se le escapó la pregunta antes de poder contenerla y la única que la atendió fue Alice, ninguno de los demás se volvió a responderla y Bella pensó que era extraño porque a pesar de que desempeñaba una actividad diferente a la que ellos hacían ella misma entraba en el rango de servidumbre que tenían ellos.
- Debe saberlo, no es habitual y él controla todo alrededor de este lugar.- fue la respuesta de Alice.
- ¿Le dirán acerca de la niña? - era otra pregunta que la estaba atormentando por que por alguna razón temía por ella. Pero a esa pregunta Alice no contestó, parecía ensimismada por algo.
De hecho lo estaba, todos ellos mantenían una conversación por medio del pensamiento debatiendo si debían decirle a Edward o no de la presencia de un humano en los bosques, todos ellos eran vulnerables a que él les leyera la mente pero con Alice habían estado practicando pensar en otras cosas cuando querían ocultarle algo, en algunas había funcionado así que todos debatían si llevar eso a cabo.
Fue Carlisle quien tomó la decisión movido por otro instinto, nada le podía ser ocultado a Edward por demasiado tiempo y de todas maneras él ya no podría hacer nada porque ninguno podía abandonar los terrenos.
- Si, también debe saberlo-
- Pero ¿por qué? Ella no va a decir nada y yo creo... ¿no crees que vaya a matarla? – dijo volviéndose a la campanilla.
-¿Eso es lo que te preocupa? ¿Que la mate? - fue la extraña pregunta de Alice. Bella lo meditó dos segundos y supo que era verdad, porque no le gustaba la muerte en ninguna circunstancia, cuando mataba animales en el campo lo hacía sólo con el fin de quitarlos del sufrimiento cuando estaban viejos pero nunca de otra manera, odiaba comer carne de animales y si, odiaba la muerte por asesinato o por cualquier otro motivo.
- Si - fue la única respuesta que pudo dar - Me ayudó y no quiero que muera por eso-
"Es extraña " dijo Jasper en su mente un segundo después.
- Dependería de la chica –
- ¿Qué? –
- Si vuelve a entrar al bosque y el señor se da cuenta probablemente la mate, pero no podría ir a buscarla fuera de los terrenos –
- Alice...- fue la voz de advertencia de Carlisle.
Alice permaneció en silencio el resto del camino a pesar de que Bella siguió haciéndole preguntas al azar. No sació su curiosidad y se quedó con la incertidumbre de lo que pasaría.
De corazón deseo no volver a ver nunca a la niña ni que entrara a los terrenos de nuevo.
Cuando llegaron a la mansión todos entraron sin decir nada y Bella se quedó en el jardín mirando hacia el bosque a donde había entrado horas atrás sin imaginarse lo que le pasaría. Los pájaros gorjearon al verla pensando que venía a alimentarlos como siempre.
Había demasiado misterio en el ambiente y de alguna manera quería conocer todos los secretos de ese lugar, no entendía por qué de esa curiosidad, era como si su interior quisiera familiarizarse con ese entorno sobrenatural para poder entender a esas sobrenaturales criaturas un poco más. Era compasiva, estaba en su naturaleza y sabía que para que todos estuvieran bajo esa forma debía haber pasado algo muy grave. Y la pregunta de muchas estrellas llegó a su mente para aposentarse ahí como un virus. ¿Habría alguna manera de salvarlos?
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- ¿Qué? - ladró Edward mirándolos a todos, sus fieles sirvientes mientras le contaban lo que había sucedido.
- Una manada de lobos... Casi siete, atacaron a Alice y a la señorita mientras hacían su recorrido en los terrenos. –
- ¿Acaso no se alimentan ustedes de cualquier animal que circula por ahí? ¿Cómo podía haber una manada de siete lobos?-
- Nos preguntamos lo mismo - respondió Esme -: y no es todo –
- ¿Qué puede haber más extraño que eso?-
- Una niña humana, llegó cuando Alice se estaba batiendo con uno de los lobos- contestó Jasper.
- ¿Cómo puede ser? Soy el único que puede autorizar la entrada de alguien a estos terrenos –
- No lo sabemos, solo que intentó enfrentar a los lobos, era una niña de unos diez o doce años. La señorita se quedó con ella mientras los demás llegaron para acabar con los lobos y lo vio. .. todo –
- ¿La trajeron? - fue la inquisitiva pregunta del dueño. Percibió como todos ellos se miraron entre sí con incomodidad y rapidez.
- La señorita Swan se interpuso. Como es su...no queríamos dañarla, le dijo a la niña que se marchara y se interpuso.-
-Son vampiros, seguro que alguno pudo haberla detenido –
- No quisimos hacerlo- fue la respuesta de Alice. - No somos asesinos –
- Pero me sirven a mí, si alguien llega a enterarse...-
- ¿Quién le creería? -preguntó Alice interrumpiéndole y sintiendo como la mano de Jasper la apretaba un poco.
Edward la contempló en silencio sabiendo que tenía razón pero sintiendo inquietud ante tantos sucesos sin explicación. Y que un ser sobrenatural se inquietara por cosas extrañas era algo preocupante. Luego pensó inevitablemente en ella y en lo que esas acciones revelaban de su personalidad.
Era totalmente consiente de que ella debía saber que a él no le agradaría que hubiese dejado escapar a una humana que podía hablar de ellos y aunque no le creyeran sembraría duda porque él mismo sabía que la gente comenzaría a preguntarse por qué nunca salían de los terrenos y muchos otros interrogantes. Por lo que sabía y esa era la idea que había metido en la cabeza de la gente que había venido a husmear, la versión oficial era que su apellido databa de hacía 500 años y que el título seguía pasando de hijo a hijo (sin sospechar que se trataba de la misma persona por todos esos siglos) y que así seguiría siendo, que eran ricos celosos de su intimidad y que debían tener cuidado al internarse en las tierras, nada más.
Aun así la campesina había puesto su seguridad detrás de la de la niña.
Era una buena persona. No quería verlo pero los hechos saltaban a la luz. Sabía que alimentaba pájaros, que se sentía indispuesta por no poder alimentarlo, que protegía niñas de su ira porque pensaba que podía matarlas... si había visto la pregunta en la mente de Alice. Ella de verdad creía que él era un asesino y no estaba desencaminada o al menos lo fue por unos años mientras aprendió a controlar su instinto. Que ella lo considerará peligroso era algo que no sabía si encontraba incómodo o le importaba cero. ¿Quería acaso que ella le temiera? Ya lo hacía pero por alguna extraña razón no se encontraba con eso tan a gusto como le hubiese pasado antes.
- Ya saben lo que pasará si esa niña habla y alguien así sea una persona, decide creerle. Si un humano diferente a la hija del granjero entra deberá ser asesinado. –
Estaban corriendo muchos riesgos, de pronto después de muchos años la tapadera que habían creado parecía comenzar a resquebrajarse.
Todo por ella.
- ¿Y si ya nos ha llegado la hora? - preguntó Alice después de que nadie añadiera nada más - : ¿No está cansado de vivir de esta manera? –
Edward ni se inmutó ante la audacia de Alice porque sabía que era muy boqui suelta y la toleraba por que le recordaba a una niña descarriada, a una que le habría gustado considerar su hermana. Y la pregunta que hacía tenía demasiado sentido.
Los primeros años si había sido difícil, pero como cualquier animal se había adaptado a su nuevo entorno y su nuevo yo aunque los demás no lo habían hecho tan bien como él, aun añoraban sus humanidades y creían que había esperanza de volver a serlo.
- Eso no importa. Parece que la próxima vez que a ella se le ocurra salir tendré que acompañarla yo ya que en eso no puedo confiar en ustedes. –
Sabía que estaba siendo injusto pero no podía importarle menos, y en el fondo lo que le saltaba el mal humor era que si le importaba porque sabía que si la presencia de ellos, a pesar de que los había arrastrado con su maldición, se habría vuelto loco.
Envió una disculpa mental a todos ellos sin quererlo y les pidió que se retiren.
Le hubiera gustado poder saber de qué se trataba todo el misterio, así al menos estaría preparado si es que algo malo se acercaba a los vampiros de esa mansión. Pero tendría que hacerle frente, esa lección sí que la había aprendido bien.
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Cuando en el patio oscureció y nadie más se le acercó Bella supo que era el momento de volver a su habitación y esperar el castigo que seguramente le sería impuesto. Pero no se arrepentía así que lo mejor era enfrentarlo de la manera en que viniera. Cuando entró busco a Esme en la cocina y la encontró ahí con el resto de ellos que se retiraron sin hablarle. Hasta ahí la teoría de tenerlos como aliados.
- Lo siento... no puedo quitarme el vestido sola... ¿me ayudaría por favor? - Esme asintió y ambas subieron.
Se puso el camisón para dormir una vez terminó e intentó pedir disculpas nuevamente antes de que Esme se retirara pero esta no le dio tiempo. Simplemente se retiró haciéndola sentirse más sola que antes, si es que esto era posible.
¿De verdad había comprometido tanto el lugar defendiendo a esa niña? ¿Eso que había hecho había apresurado su partida del lugar? Pensarlo siquiera le dolió. ¿Tanto se había acostumbrado a su cautiverio?
Dio unos pasos vacilantes hacia su guardarropa, abriéndolos acarició con sus fríos dedos las cerdas suaves del cepillo para el cabello.
Si su madre aún estuviera viva quizá ni siquiera ella misma estaría ahí. Ni habría cedido como su padre con sus ruegos. Inclusive habría ido ella misma a rogar por la vida de Charlie.
Quizá le diría que hacer en esos momentos de incertidumbre.
Tomó el cepillo y sentándose en la cama se deshizo la trenza y comenzó a cepillar sus hebras castañas con el calor del fuego que la chimenea infundía, se quedó mirando las llamas mientras peinaba su cabello parsimoniosamente hasta que percibió otra presencia en la habitación, una que había aprendido a identificar tanto como las partes de su cuerpo.
Sabía a qué venía pero ella misma esperaba a su parte corporal, no a esa extensión de él. Percibió los dedos en su cuello a través de los cabellos y siguió peinándose esperando que el latido acelerado de su corazón no la delatara. Ese mismo espíritu había estado presente siempre y seguramente conocía su cuerpo y sus partes más sensibles mejor que ella misma. Luego se fue aunque no se retiró del todo.
- ¿Va a castigarme? - aunque sabía que de esa parte de él no obtendría respuesta le preguntaba por qué presentía que su cuerpo, el de él, podía escucharla. -: Sólo estaba tratando de ayudar...- aunque evidentemente a ellos no los ayudaba en nada- sé que no hablará, era una buena niña, sus ojos me lo dijeron - ¿Si ayudaba a alguien mas no podía ser tan mala o indiscreta o sí?
- No sabía que pudieras leer los ojos de las personas. - Bella saltó en su posición pero no se puso de pie, no sabía cómo había entrado pero si vio cómo se movía hacia donde ella percibía a su incorporeidad hasta que finalmente debieron estar juntos otra vez.
-¿Por qué es tan importante permanecer ocultos? Usted mismo dijo que quien mencionara algo de lo que pasaba aquí sería inmediatamente tildado de loco –
- No estoy en la obligación de explicarte nada - fue la tranquila respuesta que la trajo a su triste realidad de un tajo. Eso era una demostración de que su imaginación siempre la llevaría por el sendero equivocado. Por unos momentos había creído que, después de todo lo que habían vivido, quizá podrían llegar a entenderse mejor, pero si él no estaba obligado a decirle nada era por que seguía considerándola lo que era, alguien inferior. ¿Qué mejor castigo que eso? - Necesito alimentarme- fueron sus siguientes palabras y el cuerpo de Bella se sobrecogió con una anticipación que intentó ocultar. Dejó el cepillo encima de la mesa de noche y empezó a acostarse en la cama sin más ceremonia. - : Sentada, no me tomará mucho tiempo -
Bella sintió como si un balde de esa fría nieve de fuera se le deslizará por la espalda. Lo observó caminar hacia ella con la cara más impasible que le había visto alguna vez y quedándose frente a su figura sentada en la cama, tomó en un puño su cabello echando la pesada mata al lado derecho. Ella no percibió que la olfateara como siempre lo hacía simplemente se inclinó y sin más preámbulo clavó los colmillos en su yugular con la fiereza y delicadeza de una cobra.
El dolor fue algo terrible, pero lo aguantó con estoicismo precariamente pensando que todo eso se lo había buscado, la única cosa que encontraba a gusto de su cautiverio era estar junto a él y la experiencia de su alimentación era algo que si bien la asustaba también había aprendido a disfrutar, pero hasta eso le había sido arrebatado y por un aterrador minuto deseo que la secará completamente para morir.
Podía sentir la fría succión y extrañamente la sangre abandonando su cuerpo. Después de unos minutos, más largos de lo que esperaba su visión comenzaron emborronarse. La
habitación se movía frente a sus ojos como si estuviera temblando levemente.
Finalmente lo que deseó se cumplía, él no iba a dejar que viviera y seguramente la niña volvería y también a ella la mataría. Como la bestia sin alma en la que, frente a sus ojos, se estaba convirtiendo.
Curioso que hubiese pensado en salvarlo cuando era evidente, al menos en sus acciones, que no deseaba salvación.
¿En verdad sería esa la forma en que iba a morir?
Cerró los ojos llenos de lágrimas y se dejó llevar esperando que su cuerpo perdiera la fuerza para finalmente caer, ahora había puntos negros que cada vez se hacían más grandes oscureciendo por momentos la visión que tenía en ese momento, que era el cepillo de su madre.
Sintió un calor en el pecho y se dio cuenta que el rubí que pendía de su cuello estaba recalentándose pero fue a lo que menos le prestó importancia, de hecho nada más importaba en ese momento.
Deseo que su padre estuviera bien y que nunca se enterara de lo que le había pasado... ¿Cuánto tiempo más tendría que soportar?
Aferrando las sábanas en un puño pudo sentir la succión de su fría boca una vez más.
Finalmente todo fue oscuro y se desmadejó esperando abrir los ojos en el paraíso y no en el infierno que merecía.
Edward no sabía qué se había apoderado de él, desde el momento en que ellos, los sirvientes, sus fieles casi colegas, salieron se empezó a sentir extraño, como si su cuerpo quisiera dividirse en muchos pedazos aunque después sólo lo hizo de la manera en que estaba acostumbrado pero no salió a explorar los bosques como siempre lo hacía, salió a buscarla a ella como si no pudiera permanecer apartado de su figura, y aunque intentó controlarlo finalmente este entró en la habitación de ella plenamente consciente de que podía percibir su presencia. Al cerrar los ojos su visión se conectó con la de él y pudo verla ahí sentada con la mirada más melancólica y pérdida que le había visto alguna vez. Ella le dijo cosas que no le importaron lo más mínimo y luego cayó en cuenta de que seguía enfadado por la manera en que ella había puesto en riesgo su charada y porque de alguna forma estaba fúrico por ver la lealtad que ella mostraba ante los demás y no hacía él.
Quería venganza y seguía sin entender las razones de la misma, quizá se tratara de que tenia deseos de alimentarse y este hecho le estaba nublando la poca razón que le quedaba. Así que cuando ella mencionó lo de la lectura de ojos no se pudo contener de ir a donde ella, en cuerpo, y atacarla con su hambre sin reservas, sin tener en cuenta su deseo de apareamiento, solo era una criatura hambrienta y después venía el deseo de ponerla en su lugar y hacerle entender que quien mandaba era él. Así que la había mordido sin tocar nada más que su cabello para que no obstaculizara más el acceso a su alimento.
Y cuando la sangre entró en contacto con su lengua perdió en control en un segundo, seguía siendo la misma pócima dulce e inigualable que activaba su frenesí como un fósforo a una caja de dinamita. Podía sentir como cada parte de su cuerpo era revitalizada y como esa poca de vida activaba algo de naturaleza humana en él. El elixir de su propia perdición y a la vez de su renacimiento, al menos mientras duraba el efecto, hasta que volviera a desearla de nuevo.
Había rasgado más piel que la de costumbre y la sangre salía a borbotones y aun así no perdió ni una sola gota. Quería retirarse por que en la sangre de ella había percibido la anticipación ya que sin dudarlo ella relacionaba su alimentación con el placer del cuerpo, era como si al no poder leer su mente su sangre si le transmitiera mensajes. La sangre había dejado el caldeado de la pasión momentos después de que empezara a beber siendo después un líquido un poco menos dulce pero igual de sabroso.
Y luego nada.
Nada.
Apartó su boca viendo el desaguisado que había provocado.
La había matado.
Tenía que alejarse, pensó instantemente cuando vio el pequeño cuerpo caer en la cama sin fuerzas. Su corazón apenas latía en un ritmo agonizante.
Dio dos pasos atrás percibiendo algo quemando en su pecho, algo que se parecía mucho al dolor.
"¡Esme, ven inmediatamente!"
No podía alejarse más, su instinto quería más sangre pero ya estaba casi muerta.
"No importa" dijo una voz de mujer en su cabeza. "Remátala, es lo que quieres... quieres que toda su sangre sea tuya... mátala"
Pero se encontraba a sí mismo incapaz de acercarse a hacerlo como si una fuerza más poderosa que él mismo se lo impidiera.
Esme entró dos segundos después seguida de los demás. Todos miraban a la figura que horas atrás habían visto valiente y viva defendiendo a una niña, ahora era casi un guiñapo, pálida y por cuyo cuello se deslizaban varias gotas de sangre sin la fuerza normal que tendría de estar bien.
- Sáquenme de aquí, por favor- dijo la palabra estragadamente como si no estuviera acostumbrado a usarla. Sintió los brazos de todos moverlo y aun así puso resistencia pero al final la fuerza de todos se impuso mientras Esme caminaba hacia la cama y tomaba el pulso de Bella rogando internamente por encontrarlo. Ahí estaba, apenas débil pero presente. Saco de su bolsillo el cataplasma que usaba para curaciones de las muchachas que habían entrado en la mansión, cuyo ingrediente principal era, curiosamente, la ponzoña de vampiro.
La aplicó en el cuello para cerrar la brutal herida que tenía en este. Luego la recostó perfectamente arropándola casi con cuidado maternal. Su anillo de matrimonio se enredó levemente con el camisón que la joven tenía puesto haciéndolo a un lado para revelar el collar de Tanya apoyado en su pecho. Al tocar la piedra la encontró caliente y al levantarla vio que estaba casi soldada a la blanca piel como si la hubiese quemado.
Esme no se explicaba que pudo haber pasado si es que era una piedra preciosa pero solamente lo retiró del cuello poniéndolo en la mesa de noche donde había un cepillo de mujer, antiguo.
La joya titiló a la mortecina luz de la chimenea. Aplicó más crema en el pecho de la joven y se quedó de pie dispuesta a contemplar como la vida la abandonaría porque no había manera de salvarla. Ninguno podía abandonar los terrenos y solamente una transfusión de sangre humana lo haría.
Era como presenciar el marchitamiento de una flor ya de por si seca. Lo que habían creído de ella quizá no se cumpliera, quizá aún no les había llegado la hora como Alice había creído.
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Los machos lo llevaron a su habitación en la torre. Sin el olor de ella en su sangre pudo pensar con claridad. Ellos se retiraron en silencio porque sabían que no podían decirle nada pero él quería que lo recriminaran, aunque él mismo no creyera que ella era diferente ellos si lo hacían, quería reclamos por desahogarse para reprenderse mentalmente por su falta de control. Seguramente en esos momentos ella estaba muriendo y no había nada que ellos pudieran hacer salvo esperar el momento.
A su cabeza volvía una y otra vez la imagen de ella, tan llena de vida cuando llegó, su sonrosada piel y su rostro, era como si no pudiera parar de contemplarla en todas las claras imágenes que su cerebro especial tenía grabadas de ella. En el fondo había querido creer que ella era diferente y luego estaba la voz en su cabeza que se parecía aterradoramente a la de Tanya. Exigiendo la muerte de ella en una tonalidad que destilaba miedo.
Quizá por ello se había alejado, por que percibió que era Tanya quien lo estaba ordenando y bajo ninguna circunstancia habría querido obedecer a algo que ella le ordenara. Se sentó en su cama en una posición similar a la que había representado la mujer momentos antes.
Isabella Swan.
Nada, no podía hacer nada, aun con sus poderes sobrenaturales y su naturaleza animal no podía hacer nada para que no muriera, no podía ir a buscar a nadie para que la ayudara, no podían salir de los terrenos malditos, no podía convertirla en vampiro porque no sabía cómo hacerlo y podría matarla, más aun de lo que ya estaba. No podía…
Sus agudos oídos captaron movimientos en el bosque, alguien caminando…
Saltó por la ventana sin perder tiempo, si tenía que alejarse esa era la mejor excusa, no quería pensar en el momento en que Esme viniera a decirle que ella había muerto.
Corrió por donde se escuchaban los pasos sin detenerse hasta llegar a la parte densa de los terrenos, olía a humano por toda la zona y no podía explicarse por qué, los humanos preferían mantenerse lejos del bosque por temor a perderse y morir congelados. Y luego la respuesta al acertijo vino a su cabeza rápidamente. Así que quizá después de toda la niña no hubiese cumplido su palabra y alguien le habían creído lo suficiente para entrar al bosque, y el sacrificio de la vida de Isabella no había servido para nada.
Se escondió en la copa de uno de los árboles observando el estrecho sendero por donde transitaría quien quiera que estuviese espiando.
Pasos cortos, casi pasitos, dientes castañeando, olor a sangre humana cálida parecida, más nunca igual, a la de Bella.
Una figura pequeña, envuelta en un abrigo ajado de piel caminaba por el senderito avanzando contra el frío de la noche. Miraba sus pies como si ellos fueran a llevarla directamente a donde quería ir. Si seguía el sendero algún día llegaría a la parte oeste de la mansión.
Saltó para atravesarse y cuando estuvo frente a ella la niña retrocedió hasta caerse de culo observándolo aterrorizada.
-¿Qué haces aquí? - Edward rugió la pregunta sabiendo que así la intimidaría más. Su sangre destilaba miedo. - ¿No te dijeron que no regresaras?-.
- Te...te...te... tenía - el miedo y el frío hacían temblar todo el pequeño cuerpo y sus dientes castañean tés la hacían parecer tartamuda. Seguía enfadado porque si esa niña no hubiera aparecido antes en ese momento Isabella estaría viva. La curiosidad había hecho a la niña volver. Estaba completamente seguro que era la misma.
-Habla claro- le exigió no dispuesto a dar su brazo a torcer.
- Tenía que saber cómo estaba ella- dijo rápidamente pero Edward captó cada palabra. - Ella me salvó, me dijo que no volviera como si esperara ser castigada por dejarme ir- bajó la mirada y Edward olfateó el olor de las lágrimas en su rostro.
- ¿Quién más sabe que estas aquí? –
-Nadie - ni su corazón se alteró más ni olió más miedo, estaba diciendo la verdad. -No tengo a nadie, soy una huérfana. Vivo en el pueblo pero quería explorar los bosques... y hoy fue el único día donde encontré algo más –
- Sabes que si hablas te encerrarán, nadie te va a creer- ese era el libreto que siempre utilizaba para quien llegaba con ganas de saber más, y al parecer había funcionado para las miles de señoritas que alguna vez habían pasado por su casa.
-No pienso decírselo a nadie. Solo quería agradecerle a ella y seguir mi camino. Nadie había hecho nada así por mí. –
- Me temo que ella no va a poder recibir tu agradecimiento - dijo Edward después de un momento. Los ojos grises de la niña bajaron a sus pies.
- ¿Por qué? -Dijo la voz acongojada.
Edward contemplaba a la niña sin poder creer que todo el motivo que la había impulsado a buscar a la campesina había sido el agradecimiento. Los humanos no eran así. Al menos no los que él conocía. Todos actuaban con propósitos interesados, no para el agradecimiento sino para el enriquecimiento.
No, no todos y esa extraña niña y la mujer agonizante en su mansión estaban siendo, por el momento, la prueba fehaciente de ello.
- Está muy enferma - fue lo único que se le ocurrió. No creía que decirle que él mismo había sido el productor de su enfermedad. Y luego le vino a la mente una idea para probar lo que acababa de descubrir sobre la naturaleza humana. Era loco, e incluso enfermo pero sabía que era la única manera en que ella se salvaría. Y quería salvarla así la próxima vez que se alimentara de ella la matara, porque no se sentía lo suficientemente fuerte para renunciar al sabor de su sangre definitivamente, así era de egoísta.
- ¿Estarías dispuesta a ayudarla? -
