Gracias por sus alertas y mensajes, me disculpo por la demora pero tal como siempre les he aclarado el trabajo también se cobra su libra de carne conmigo y mi tiempo, asi que de todas maneras aquí esta, espero que lo disfruten y nos leemos en la próxima.

Los personajes de Twilight, la Bella y la Bestia y Dracula pertenecen a sus respectivos autores, la historia mia.

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Dos días más pasaron sin que Bella supiera nada del señor, sentía que era lo mejor, debía armarse de fuerzas para que cuando lo volviera a ver no sintiera nada más que el rencor que queria que creciera dentro de ella, quizá si se daba cuenta de que no sentía nada más que desprecio por él pensara en dejarla marchar. Así al menos uno de los dos olvidaría al otro y estaba segura que la suerte de no estaba de su lado. Después de rechazar la ayuda de Esme para el baño le pidió que le subiera la bañera y le informó que lo intentaría, la mujer pareció respetar su decisión y Bella intentó que su tono sonara lo suficientemente indiferente para que así la mujer también dejara de apreciarla, si es que lo hizo alguna vez.

Ahora metida en la bañera, deslizó la toallita llena de espuma sintiendo como en sus propios movimientos la lentitud era el constante, se sentía tan débil como un recién nacido y cada vez que levantaba los brazos o movía las piernas sentía dolor en cada una de sus articulaciones, jamás se le hubiera pasado por la cabeza que desangrarse podía traer consecuencias tan desagradables.

Volvió a mirarse el brazo asombrándose de la palidez casi mortífera en él. Ella misma sentía que el olor a lavanda del jabón que estaba usando no era capaz siquiera de apartar el olor a muerte que ella percibía.

Nunca se había detenido a pensar en cómo moriría y después de haber estado tan cerca lo único en lo que podía pensar era en las muchas maneras en que le hubiera gustado vivir sus últimos minutos, después de mirar a la muerte de frente repentinamente empezaba a no sentir miedo de lo que había más allá, pero tampoco queria pecar de imprudente y decir que queria morir cuando en realidad no era así. Queria vivir, queria saber que había más allá del campo y de la esclavitud. Tomó un espejo de una mesita que había apoyada al lado de la bañera que contenía un cepillo de dientes, uno de cabello, un espejo y donde momentos antes habían estado el jabón y la toallita.

Al enfocarse casi suelta el espejo y aunque no habría pasado nada de haberlo hecho ya que habría caído en el agua la impresión fue la misma. Con sus ojos recorría una y otra vez su pálido rostro sorprendiéndose de lo diferente que se veía, no solo por estar como estaba sino porque en cada poro percibía su estado de ánimo que, como lo sentía, era algo terrible. Ahora sí que no resultaría atractiva para nadie…

Calló ese pensamiento en ese segundo, tenía que recordarse nuevamente que ahora no queria ser atractiva, lo único que queria era salir de ahí.

Después de sentir como cada una de sus idiotas ilusiones se hacían pedazos lo único que queria era el consuelo del abrazo de su padre y si eso no fuera posible por las estúpidas condiciones lo único que queria era estar en un campo verde y correr sin parar dejando que las piernas la llevaran a donde quisiera.

Queria regresar, no lo negaba, queria la familiaridad de su casa y hasta ver la cara de esas dos pérfidas que eran sus hermanas, aunque dudaba que se encontraran presentes si estaban por casarse cuando ella se fue.

Pero no era posible, aunque no lo quisiera o no lo viera, seguía perteneciendo a ese señor por la vida de su padre.

Suspirando soltó el espejo en la mesa intentando olvidar su rostro ajado por el agotamiento y la tristeza y se concentró en seguir bando su cuerpo como Dios mandaba.

Escuchó que la puerta de la habitación se abría y a través del biombo percibió la corriente de aire helado que traspasó sus hombros.

- Aun no he terminado – dijo a Esme usando su voz que sonaba tan débil y tan ronca como ella misma se sentía. Volvió a pasar la toallita por su hombro deseando disfrutar de ese placer un poco más, unas hebras de su largo cabello se enredaron en su mano y las retiró con delicadeza. Resultaba extraño saber que todos esos días había sido bañada como una niña pequeña y había mandado a pedir ese baño como un aliciente para empezar a moverse. Si en algún momento cruzaba por su mente la idea de escapar queria estar lo suficientemente fuerte para ello.

Nadie respondió así que supuso que Esme se había quedado del otro lado respetando su deseo de privacidad, el olor de la lavanda la relajó momentáneamente y cerró los ojos unos segundos.

Pero momentos después un delicioso olor se coló por sus fosas nasales haciéndola darse cuenta de que no era Esme quien se encontraba en la habitación. Era él. Podía reconocer esa esencia donde quiera que fuera. Sintió que su débil corazón saltaba en su pecho y obligó a su cuerpo a quedarse tan quieto y relajado como lo había dejado, el cuello apoyado en el borde de la bañera y los ojos cerrados.

- ¿Qué hace aquí? – dijo completamente segura de que era él quien se encontraba al otro lado del biombo y seguramente observándola atravesó de este.

No hubo respuesta así que solo le bastó abrir los ojos para observar la figura apoyada en un lado del biombo.

Todo lo que se había trazado como plan en su cabeza para el momento en que lo viera cayó reducido a cenizas (pero aun no muerto del todo). Su corazón y su propia piel seguían reaccionando de la misma manera, como si ese ser frente a ella no hubiera estado a punto de asesinarla por su sangre y por haber llevado un acto de caridad humana. Dirigió sus ojos dejando su cuerpo relajado a los verde amarillo de él que conectaron de inmediato haciéndola querer poder ser inmune a esa belleza sobrehumana.

- Veo que estas mejor – fue la lacónica respuesta de él. Ella suspiró sin apartar sus ojos, al menos por un segundo luego los dirigió al frente escapando del hechizo.

- No, no estoy mejor, pero supongo que así es como lo quiere ver – su propio tono era de reclamo y prefirió dejarlo así, por lo menos de esa manera podía alejarlo de ella lo suficiente para que su cercanía no le afectara. Aun no comprendía como era que se había salvado y no había querido preguntarle nada más a Esme.

- Estas mejor, al menos consiente –

- Si, al parecer si, por que al menos en mi inconciencia no podía verlo cerca de mí – Una sonrisa trepó por la cara de Edward ante la inocente valentía de ella, se atrevía a hablarle en ese tono irrespetuoso y él mismo lo único que podía sentir era alivio de ver que estaba lo suficientemente restablecida para intentar pelear con él.-

- Eso me alegra –

- ¿Por qué? ¿Acaso planea finalizar lo que comenzó días atrás? –

Edward hizo como que no sabía de qué estaba hablando pero era evidente que se refería al acto de haber succionado su sangre hasta casi matarla.

- No me tientes – fue el ácido comentario. Ella volvió a dejar caer su cabeza a un lado mirándolo a los ojos.

- Adelante – dijo esperando que se abalanzara sobre ella, temiéndolo pero casi que asegurándolo. No había nada que pudiera hacer para defenderse, su fuerza no era nada comparada con la de él. Ofreció su cuello sin apartar sus ojos de los de él cuyas pupilas se ampliaron ante la vista del blanco cuello y la débil vena sobresaliente.

- ¿Lo estás pidiendo? –

Bella lo pensó por unos momentos, ¿acaso tenia deseos suicidas sin saberlo? Podía ser una posibilidad, pero la amarga verdad era que prefería morir viendo ese hermoso rostro que de otra manera.

Anormal.

Inverosímil.

Era como si todo lo que había pensado que haría se estuviera difuminando hasta borrarse de su mente, no tenía control sobre la atracción que él ejercía sobre ella. Su cuerpo parecía interpretar con gusto el hecho de morir bajo los dientes de esa criatura. Sentía la piel más tibia sin que tuviera nada que ver con la temperatura del agua.

- Soy su esclava, eso me quedó claro, así que supongo que no importa si lo pida o no, usted lo tomara sin más –

¿De verdad había aprendido a conocerlo tan bien y tan rápido había aceptado su situación?

De repente su resignación le hastió. Al menos así había interpretado su gesto y dado que era incapaz de leerle la mente era lo primero que se le vino a la cabeza.

Dio dos pasos para ver como reaccionaba, a través del agua un poco jabonosa identificó la pálida forma de su cuerpo, el nacimiento de los pechos y las dos piernas juntas. Ardió por ella en un instante, pero algo le decía que si la tomaba no sería la compañera fogosa que solía ser.

Aun no comprendía que se había apoderado de él. Momentos antes había estado en su despacho viendo pasar las horas, como se había vuelto su hobbies, y luego su mismo ser había deseado ir con ella y ver con sus propios ojos que se había salvado.

Se la había encontrado en esa sensual posición que ofrecía un número ilimitado de posibilidades de acercamiento. Y luego la había visto, tan pálida como si nada de la sangre de la niña hubiese hecho efecto en ella.

Pero sabía que la había visto peor. Puede que su piel ofreciera un aspecto cetrino, pero el haber visto la muerte le daba el privilegio de saber que podía haberla encontrado mucho peor.

Estaba sorprendido de que ella no mencionara la razón por la que aún continuaba viva pero parecía haber conectado con la manera de pensar de ella ya que en ese instante abrió la boca de labios pálidos y dijo.

- ¿Cómo es que estoy aquí? –

Era algo que Bella también llevaba preguntándose y su inquietud se había manifestado finalmente en su voz, en el brazo opuesto al que se había mirado encontró un hematoma casi tan amplio como el grosor de su brazo, como si alguien hubiera metido algo en su vena. Un miedo visceral al pensar que quizá la hubieran transformado se apoderó de ella. No era probable pero no descartó la posibilidad de inmediato.

- Se requirió de alguien para que te ayudara –

Edward sabía que en ese caso era mejor decir la verdad, no sabía de qué manera ella tomaría que para salvarla habían usado la sangre de una niña.

Si, hasta él mismo podía darse cuenta de que era algo demasiado anormal, aunque no en su mundo, pero cualquiera que lo mirara desde afuera seguramente pensaría lo peor.

- ¿Mató a alguien? – dijo Bella con desfachatez y tono acusatorio, lo cual hizo que su sonrisa se ampliara un poco más.

- ¿Te preocupa saber si mate a alguien? –

- No tuvo reparos en hacerlo conmigo, no veo como no pueda hacerlo con alguien más – dijo ella sintiéndose asqueada de repente de pensar en que a causa de la muerte de alguien ella estaba viviendo, unas nauseas horribles se apoderaron de su cuerpo, se llevó una mano al pecho sintiendo en su piel una marca debajo del collar rojo que aun portaba y que cuando tuviera oportunidad seguramente se quitaría para arrojarlo por la ventana.

- No maté a nadie, vino voluntariamente –

Bella esperó unos momentos para hacer la siguiente pregunta, parecía que tenía una fuente inagotable de ella pero solo salían a colación las más macabras.

- ¿Aún vive? – fue su siguiente pregunta.

Era increíble la manera en que se preocupaba por los demás y no por sí misma, y más aún que permaneciera tan estoica siendo que el agua jabonosa se estaba asentando permitiéndole a él admirar ese cuerpo que había tenido más veces de las que queria admitir y aún seguía deseando.

- ¿Qué te importa? –

- Claro que me importa, no quiero deberle la vida a nadie y si tuvo que tomarla para salvarme será mejor que en este momento entierre sus colmillos en mí y me saque la poca vida que me queda –

El silencio que sigue a esa frase fue sepulcral. No se podía decir cuál de los dos estaba más sorprendido por las palabras, si ella al decirlas y en verdad sentirlas o él al imaginarse mordiéndola pero sin llegar a matarla.

Bella queria ser clara, sentía que ya no tenía nada más por lo que seguir viviendo, no podía usar de excusa a su padre porque, aunque lo amaba, sabía que nunca quedaría del todo abandonado, sus hermanas tendrían que cuidar de él, esperaba que ya se hubiera hecho a la idea de que había perdido a la menor de sus hijas, de repente escapar tampoco era tan importante, solo queria dejarse llevar, como si de alguna manera estuviera pasando una pena de amor.

No… No podía ser y nunca seria.

- Eres una insolente – fue el comentario respuesta de Edward que a su vez pensaba que la mujer había perdido la razón. Él, que tenía alrededor de quinientos años podía pensar en desear querer morir, pero ella, una jovencita que nada sabía de la vida lo miraba en ese momento como si no temiera a la muerte.

- Solo quiero que cuando me mate, porque es evidente que es lo que va a hacer, me prometa que mi padre no tendrá ninguna consecuencia sobre sus hombros –

Estuvo tentado de decirle que no iba a matarla, esa frase le recordaba esa vez que estuvieron juntos con su parte espectral en la torre. Lo tenía grabado en su mente como si fuera una especie de libro de ilustraciones. Cada parte de ese ardoroso encuentro podía ser vista en su memoria con precisión vampírica.

Esme entró en ese momento a recoger el agua. Edward le dijo mentalmente que le explicara a Isabella porqué seguía viva y quien había sido el artífice de ello, él mismo percibía que no podía quedarse más tiempo en esa habitación sin abalanzarse sobre ella y quedaran impregnados los dos del olor a lavanda del jabón.

Bella lo observó retirarse y cuando así lo hizo pudo respirar con normalidad. Miró como Esme se acercaba con una toalla y solo en ese momento agradeció la ayuda, el ama de llaves le enjuagó el cabello y después envolvió su cabeza en la toalla y la ayudó a salir. Aunque no queria estar cerca de ella Bella agradeció la ayuda porque sentía que estaba más débil que cuando entró en la bañera y a regañadientes tendría que preguntarle a Esme por la persona que había muerto y como habían hecho para salvarle la vida, aunque se hacía una idea por el estado de su brazo.

Esme le puso un camisón de encaje blanco y cuando se iba a ir Bella la detuvo.

- ¿Alguien murió por salvarme? – no queria irse por las ramas y fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

- No, señorita – dijo Esme pensando en Bree y en que se estaba recuperando casi tan satisfactoriamente como Isabella. – Se está recuperando al igual que usted –

-¿Que hicieron? – dijo Bella sin querer realmente saberlo pero sintiendo insana curiosidad.

- Transfusión sanguínea – sus sospechas confirmadas, pensó Bella recostando la cabeza en la almohada.

- ¿Y quién es? – Esme guardó silencio y Bella empezó a preguntarse si no tendría en su organismo la sangre de alguno de ellos, de esos seres.

- La muchacha del bosque –

Bella rememoró a la jovencita que salvo, ese acto le había costado la vida a ella misma y aun así era esa misma joven la que había aportado el elemento clave de su salvación.

- ¿Esta aquí?

- En otra habitación –

Asintiendo la joven terminó de recostarse mientras un plan nada posible se iba formando en su cabeza. Quizá si hubiese manera de salir de ahí viva, después de todo.

Cuando Esme se retiró comenzó a trazar un plan para encontrar a la niña y si todo salía como esperaba (la probabilidad era tan mínima como esperar que de un día para otro le crecieran alas y aprendiera a volar), pero valía la pena intentarlo. Tenía que irse de ahí porque la debilidad que la poseía siempre que él estaba cerca, tenía que detenerse lo más pronto posible.

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Edward, recostado en su cama, tenía los ojos cerrados mientras todos su cuerpo temblaba levemente, eran los signos de la des alimentación. Cuando pasaba demasiados días sin probar sangre empezaba en enajenamiento seguido del temblor y después quedaban completamente ciegos excepto para satisfacer el deseo de sangre. Y el de él solo podía ser satisfecho por Isabella Swan, hija del granjero y en esos momentos, al parecer, su peor detractora.

No se alimentaba de animales como los demás así que esa no era una opción de escape, y cuando mordiera a Isabella probablemente su hambre seria tal que volvería a dejarla en ese estado semivivo.

Pensó en traer alguna campesina del pueblo pero su cuerpo y su mente desecharon esa posibilidad de inmediato como si nunca la hubiera pensado, como si ellos solo desearan a Isabella y ninguna otra mujer pudiera hacerle justicia.

Eso era un problema, y uno muy serio, no podía volverse adicto a ella porque acabaría matándola y había quedado claro que aunque sus instintos más oscuros le dijeran que la matara sin contemplaciones, algo más allá de su entendimiento le decía que la conservara.

Pero cuando bebía no podía hacerlo solo en un sorbo, nunca un sorbo sería suficiente para saciar su sed de sangre, de esa sangre.

Sintió un dolor hondo en el pecho signo de que estaba desalimentandose a una velocidad alarmante. Nunca había pasado con tanta rapidez y tendría que hacer algo pronto.

Observó como las horas pasaban lentamente, como la habitación pasaba de estar iluminada a la luz del día y luego empezaba a oscurecerse haciéndolo sentirse más cómodo en su estado natural.

Otra punzada lo azotó y supo que el momento del descontrol estaba cerca. Nunca así de rápido, como había pensado antes, el deseo y el hambre lo estaban envolviendo en una tela sin fin que cada vez se apretaba más y más en torno a su garganta haciéndole doler de sed y ansia.

Se sentó en la cama poniendo las manos en la cabeza en un típico acto humano de desesperación. Bienvenidos al espectáculo, el primer vampiro fuera de control cuando no está en una vena.

Era insano, sentía que la piel le estaba picando, como quemándose a fuego lento, y todo lo que su cuerpo pedía era estar con Isabella Swan.

Deseo tener a alguien que lo guiara en ese tema violento. Deseaba poder salir de esa encrucijada tan fácilmente como chasqueaba los dedos y lo que ordenaba se cumplía.

Era como si la insolencia de ella le hubiera tintado cualquier otro tipo de razonamiento, sus ojos habían perdido ese brillo especial que había percatado en ella cuando estaban juntos. He ahí el dilema, la resolución llegaba tan clara como retrasada.

Ella había perdido la mirada que tenía cuando lo observaba, a él le gustaba que ella lo mirara, como si estar bajo sus ojos fuera una terapia de relajación. Cuando estaba dentro de ella, empujando en su tierna y húmeda carne palpitante le gustaba mirarla a los ojos e intentar descifrar en palabras lo que su cuerpo queria transmitir, esos ojos marrones profundos y llenos de secretos ahora tenían una mirada vacía, como si toda vida hubiese sido arrancada.

"Eres una bestia, eres el causante, no tienes nada que reclamar"

Desde hacía tiempo sabía que todo lo que tocaba se destruía, de una manera u otra, en otro tiempo, pero siempre acababa en lo mismo. No sabía por qué en ese momento entraba su inexistente conciencia a hacer aparición y llenarlo de escrúpulos que no necesitaba ni queria.

La punzada en su pecho se repitió y el calor de su piel se multiplico, sabía que lo sentía así, pero en realidad su piel nunca podía estar caliente, era como si debajo de la cobertura se estuviera quemando vivo.

Debería solo ir y tomarla, después de todo ella era su esclava, suya, para hacer con ella lo que le viniera en gana. Él, como señor de la mansión, no tenía por qué sentirse así.

A velocidad vampírica se puso de pie pero cuando iba a accionar la puerta se detuvo. Un trueno de una tormenta lejana se escuchó, era fiero, poderoso e hizo retumbar un poco la naturaleza, era como él mismo se sentía, como una tormenta arrasadora que tenía que cumplir con su misión.

Corrió hacia la habitación pasando rápidamente por la mitad de la mansión. Miró en un segundo el reloj del pasillo que en ese momento marcaba quince minutos para la media noche.

¿En verdad te consideraste alguna vez el maestro del control? Todo eso en ese momento se hallaba en la basura, eclipsado por el deseo…

Abrió la puerta y enseguida sus ojos se dirigieron hacia la cama en donde se veía la pequeña forma durmiente. Se acercó sigilosamente, aunque no necesitaba hacerlo, el sueño de ella parecía tan profundo que parecía…

Muerta.

Apartó sus ojos ante la extraña sensación que esa palabra le produjo.

"No deberías estar aquí"

Levantando la mano apartó con un movimiento elegante la sabana que cubría la cara y el cabello castaño fue lo que le devolvió la mirada. Estudio sus facciones medio ocultas y el latido lento y uniforme de su corazón. Ese sonido, de alguna manera, bajo una milésima su ansiedad. "Si, vampiros con crisis de ansiedad"

Pensó que tal vez debería haber seguido el ejemplo de sus sirvientes y haber aprendido a negarse el placer de privar la sangre humana, debería haberse acostumbrado, como ellos, a beber la sangre de animales y no sucumbir al frenesí sexual que la sangre humana producía.

Pero no, siempre, por su educación, fue alguien que nunca se negó los placeres de la vida.

"Y mira donde te han llegado, a una maldición que dentro de poco cumplirá quinientos años, a una humana de lo más frustrante y apetecible y a estar a punto de tener un ataque de desalimentacion"

Pensaba que quizá viéndola podría limar un poco su necesidad. Alargando los dedos blancos retiró con cuidado el cabello de la cara y la contempló con clínica concentración.

A pesar de la palidez la piel exhibía una suavidad nada propia de campesinas, tenía las cejas en delicados arcos y unas pestañas en extremo largas que acariciaban delicadamente los parpados. Los labios eran de un rosa pálido que seguía sin gustarle, pero por la falta de color, y todo su ser sabía que debajo del camisón seguía siendo lo que su cuerpo deseaba. Queria dejar de analizar el gusto que sentía por ella, queria dejar de hacerse preguntas sobre lo que la hacía diferente de las demás mujeres que había conocido en su vida. Queria… tomarla en sus brazos y llevársela a su propia habitación para poder tenerla a su entera disposición. Queria sus ojos en él… queria…

Acaricio la frente con la punta de los dedos dejando que el calor que desprendía su piel traspasara la suya, helada y sin vida. Ella se removió un poco pero no despertó y el no apartó sus dedos porque queria ese calor, al menos esa pequeña porción, en la piel de su mano. Recordó el intercambio de palabras que había tenido con ella horas antes. Aun se hallaba desconcertado ante su franqueza y su deseo de morir. ¿En verdad había profanado tanto lo que ella era que siempre creería que la mataría cuando se acercara? El picor en su pecho se hizo notorio en ese momento, pero de alguna manera sabía que no tenía nada que ver con el hambre o el deseo sexual. Aunque si enteramente con ella.

"No quiero matarla"

No, eso podía aceptarlo ahora, no queria matarla pese a que su instinto le había ordenado que lo hiciera por pasarse de la raya y casi que exponer su naturaleza, algo que los de ese pueblucho cercano de Transilvania no necesitaba.

Con movimientos elegantes y felinos se inclinó sobre la figura de ella aspirando lentamente por la nariz y sintiendo como su esencia aunque débil se filtraba por cada poro de su cuerpo de alguna manera tranquilizándolo y al mismo tiempo enardeciéndolo más. De cerca lo fascinaron las pecas que estaban desperdigadas por el puente de la pequeña nariz y algunas más en la porción de escote que el camisón dejaba al descubierto. Vio la marca aun sin curar del todo, del collar rojo. Se preguntó vagamente donde estaría la joya pero devolvió sus ojos sobre ella. Tenía los brazos apoyados a ambos lados del cuerpo menudo y ella se agitó un poco, como si en sueños pudiera percibir su presencia.

Bella percibía el frio cerca de su cuerpo, desde que había cerrado los ojos imágenes de Edward habían estado saltando en su memoria sin un orden específico. Había tenido un sueño de lo más extraño, en este había visto a una mujer, una mujer demasiado hermosa para ser real, se había acercado mientras ella jugaba a las muñecas (pero siendo adulta), en la mano derecha tenía una muñeca que tenía un notable parecido con ella misma a pesar de ser de trapo y en la izquierda tenía otro muñeco de trapo pero este tenía el cabello cobre del dueño de la mansión y ella jugaba con ambos. La propia Bella parecía estar contemplando como una copia de ella misma jugaba con esos muñecos. No podía hablar y al parecer no podía alertar a la otra Bella de su presencia, y ahí había sido cuando la mujer hermosa había aparecido, solo que esta si parecía ver a la intrusa de ese sueño que era la Bella que estaba viendo todo desde afuera.

La mujer emanaba maldad, o eso le dio la impresión, su belleza era tal que la sentía peligrosa y se sintió extrañamente minúscula al lado de ella. La mujer la miraba a los ojos e iba acercándose cada paso con un vestido rojo sangre sobre su cuerpo haciendo un maravilloso contraste con la piel blanca y los cabellos rojizos. Bella miró su propia vestimenta y encontró el vestido marrón que siempre había usado cuando estaba en la casa de su padre y que había desaparecido el día que había llegado a la mansión. Creaba un contraste que hizo que Bella sintiera lagrimas brotar desde el fondo de su alma.

"¿Quién eres?" preguntó con su mente deseando saber por qué algo como esa inusual mujer se aparecía en sus sueños.

"Tienes que escapar" decía la mujer, aunque movía sus labios la voz Bella la escuchaba en su mente, una voz clara y sensual que hizo que los vellos de la nuca se le erizaran. "Va a matarte y no vas a poder evitarlo"

La mujer parecía estar manifestando cada una de las sospechas que Bella tenía en su propia cabeza. No sabía que su subconsciente se iba a manifestar de esa manera.

"¿Cómo?" preguntó a su vez no muy segura de que fuera a recibir respuesta.

"El bosque"

Bella intentó imaginarse a ella misma escapando en el bosque, sin saber qué dirección tomar se perdería y moriría congelada.

"Mejor morir lejos que bajo los colmillos de él"

Bueno, puede que en eso tuviera razón. Ya no podía sentir ningún tipo de confianza hacia esa bestia sin alma ni corazón, sabía que si se quedaba tarde o temprano moriría. La palabra bosque se le quedó grabada y estaba pensando en seguir haciendo preguntas a su subconsciente para saber si al menos allí podía hallar una respuesta cuando sintió que algo frio le tocaba la frente. No había nada en el sueño que la alterara, miró a su otra yo jugando y pensó que la imagen seria ridícula de haberse manifestado en la vida real, en ese sueño era algo inquietante. Sintió el roce nuevamente y miró hacia el cielo esperando recibir alguna brisa fría, pero eran… dedos.

Su visión se llenó de oscuridad momentánea y cuando abrió los ojos supo que ya no estaba soñando. Una sombra se ceñía sobre ella y se llenó de pánico un momento hasta que el grito que había estado a punto de soltar quedó atrapado en la helada palma de quien, sospechaba, era el señor de la mansión.

El terror la sobrecogió en ese momento, había esperado que su muerte fuera en un poco más de tiempo pero al parecer se había equivocado y no se sentía tan valiente como había esperado. Abrió mucho los ojos para intentar ver al través de la oscuridad pero no podía enfocar nada más que sombras.

- Shhh – dijo en un susurro la voz oscura y seductora, Bella no pudo tranquilizarse y esperaba que en cualquier momento su cuerpo se echara a temblar. Y que él lo notara, y de paso se burlara más de ella, mucho más de lo que seguramente ya había hecho.

Intentó serenar su respiración por que el frio había hecho que se le tapara la nariz y no estaba entrando el suficiente aire, esperó a que él retirara la palma y después de que lo hizo sintió el infantil impulso de gritar, luego de pensarlo por dos segundos supo que era una cosa estúpida para hacer ya que nadie la auxiliaría, y si era cierto que la jovencita que había salvado en el bosque aún estaba ahí ella también correría la misma suerte. Esperó a que él hiciera el siguiente movimiento percibiendo solo en ese momento lo cerca que estaban uno del otro, él casi que completamente inclinado sobre ella.

- ¿Qué hace aquí? – dijo ella no muy segura de querer saber la respuesta. Podía imaginárselo pero le parecía lo más justo que al menos él lo pusiera en palabras para demostrarse a sí misma que no estaba tan desencaminada. Sintió que el aspiraba sobre ella de esa manera suave y serena que hacía que cada vello en la piel de Bella se erizara sin control. La olía, como tenia costumbre de hacer y su cercanía estaba obrando efectos que Bella no deseaba en ese momento pero que, sin embargo, no podía evitar.

- ¿Tu qué crees? – fue la oscura respuesta, la cabeza bajó al cuello y ella se tensó fuertemente esperando el mordisco.

Edward fue consiente de como el cuerpo de ella se ponía rígido cuando baño la cabeza al calor detrás de su oreja. Toda ella olía a lavanda y combinado con el dulce olor natural estaba enloqueciendo todas sus hormonas vampíricas. Pero la rigidez de ella lo paró un ápice. En ese momento se percataba de que haberla atacado así días antes había dejado una huella que no le sería fácil borrar, que de hecho queria borrar para que volviera a recibirlo como antes de todo ello. Si era sincero consigo mismo debía admitir que extrañaba la cercanía y conexión que había alcanzado a establecer entre los dos. La queria de vuelta como antes. Entregada a los placeres de la carne, más que dispuesta a alimentarlo con su dulce sangre.

Bella quiso ser fuerte y al parecer lo estaba consiguiendo, para ser una bestia se estaba moviendo con demasiada lentitud, como si estuviera probando suerte con sus opciones. Pudo percatarse de que la estaba tanteando, podía incluso decir que seduciendo, pero no queria sacar conclusiones apresuradas, conocía las consecuencias de hacer eso. Ordenó a su cuerpo relajarse y esperar por lo que fuera que ese ser estuviera planeando

Su mente era un torbellino, pero su cuerpo parecía el transporte vacío de su alma. Su piel ardía, pero su voluntad quiso ser fuerte en ese momento. Sus brazos, que en otra ocasión habrían envuelto con suavidad la figura del señor, decidieron yacer a cada lado de su cuerpo, extendidos, imitando poderosamente a la imagen de un sacrificio. Su mirada estaba fija en el techo mientras sentía la helada nariz de él recorriendo su cuello y gruñendo como un enorme gato. El frio de él traspasaba la delgada tela del camisón y su cabello cobrizo le hacía cosquillas en la frente.

Queria sentir el mordisco, queria que la matara, era una tortura demasiado grande tenerlo tan cerca y negarse a tocarlo. La lengua helada le acarició el cuello y ella se estremeció por una milésima de segundo.

"Contrólate, ya sabes que eso es lo que quiere, quiere que sucumbas, te quiere ver derrotada, quiere…"

El techo adoselada de la cama le devolvía la oscura mirada, no necesitaba luz para saber la posición que estaba tomando el señor, listo para atacar, como la cobra que era, y ella como su esclava, lo que siempre dijo que era. Luego los labios, deslizándose una y otra vez por su cuello hasta llegar a su hombro, una de sus manos apartando el camisón para seguir oliendo y saboreando la piel. Seguramente él debía estar percibiendo como su corazón latía a toda prisa, eso era lo más vergonzante. Mas no cedió, apretó sus manos en puños y permaneció inanimada.

El retumbar de su sangre estaba mareando a Edward, su corazón agitado contradecía la inercia de su cuerpo. Una rápida mirada a su rostro le mostró la impasibilidad de alguien que ha aceptado su destino y no quiere hacer nada al respecto. Nada como antes, no era la misma mujer, lo que había pasado la había cambiado, a los dos. Acercó peligrosamente su boca al cuello respirando como si de verdad estuviera agitado. Sus colmillos cerca de sus venas, el latido de su corazón haciéndose más rápido, la sangre fluyendo con más velocidad, una tentación demasiado sangre.

Pero demasiado débil. Aun a esa distancia podía catar en su lengua los componentes de esa sangre por el olor, y su elemento principal estaba disminuido, haciendo que el líquido hablara por el cuerpo por el que circulaba. Ella no toleraría una alimentación, no en ese momento, pero el problema radicaba en que él no solo queria alimentarse, queria tocarla y mucho más.

Lentamente, como si le estuviera costando todo su esfuerzo, comenzó a retroceder, sabía que si lo hacía rápido todos sus instintos se resistirían y acabaría mordiéndola. Lento era mejor, así al menos podía retrasar la separación y todo el aluvión de sensaciones que alejarse le estaba produciendo.

Cuando finalmente estuvo de pie, a pocos pasos de la cama fue cuando Bella lo miró desde su sumisa posición, seguramente preguntándose lo que lo había llevado a detenerse. No podía explicarle que estaba preocupado por ella, no podía revelarse de esa manera. Más ella no le preguntó nada, o no le interesaba o seguía demasiado asustada o débil para reaccionar.

Bella sabía que debía irse, tendría que huir poniendo a su padre en riesgo, pero no podía quedarse, su propia cordura y vida dependían de ello. No se sentía en la capacidad de soportar la cercanía con el señor. Ya había sido más que suficiente y lo queria hacer en ese momento, queria huir pero también sabía que tenía que recuperarse más antes de siquiera pensar en ello, y se llevaría a niña con ella, antes de que aquella panda de locos las matara.

Como no se movió ni dijo nada Edward sencillamente se retiró de la habitación percibiendo que su parte incorpórea se estaba resistiendo enormemente.

Solamente en el momento en que la puerta se cerró del todo Bella pudo llenar de aire sus pulmones. El bosque, tenía que hacer caso de su sueño y su instinto, tenía que huir al bosque y esperar que por alguna gracia pudiese encontrar la salida y crearse una vida lejos de ahí.