Gracias por sus mensajes y alertas, siento la demora pero ustedes saben que tambien toca trabajar para ganarse la vida. Aprecio su paciencia y espero me puedan perdonar.
Los personajes de La Bella y la Bestia y Twilight pertenecen a sus respectivos autores, la historia es mia.
Edward finalmente llegó a la puerta de su habitación noche. Lo que sentía dentro de su pecho seguía acrecentando, estaba comenzando a molestarlo seriamente, todo provenía de ella, esa mujer se había convertido de la noche en la mañana en una maldición más poderosa que la que yacía sobre él.
La oscuridad era su amiga, podía percibirla a su alrededor, no era cómodo estar ni siquiera en esa que había sido su habitación personal por demasiados siglos.
"Seguramente sabes que la única manera de que el dolor se vaya es matándola"
Nuevamente esa voz en su cabeza.
"Lárgate" respondió quedándose extremadamente quieto y sin pensarlo percibiendo que, de alguna horrenda manera había alguien más en la habitación con él. Y por el olor supo de inmediato de quien se trataba.
Una rabia profunda lo inundó seguido de un deseo de asesinar a algo. A alguien… Comenzó a maldecir en su mente completamente seguro de que la presencia de ella ahí significaba que había venido a matarlos o a renovar el vínculo de la maldición.
"Pensé que te alegrarías de verme, después de todos estos años de separación" fue la risueña respuesta en su mente. Caminó hacia la cama pensando en que no debería mostrarle miedo o preocupación a esa cuenca vacía que era esa mujer, si es que se le podía llamar de esa manera.
Se sentó en la cama y sus ojos, acostumbrados a ver en la oscuridad, enfocaron la visión más pavorosa que alguna vez él pudiera observar.
No se trataba de fealdad, simplemente lo que sentía por eso que estaba frente a él era el más profundo asco.
- Nunca creí que volverías – fue la respuesta al pensamiento anteriormente enviado – después de todo dijiste que permanecería con esta maldición siempre, y desee en el fondo que hubieras muerto así quedara maldito para toda la eternidad. – ella se rió cantarinamente.
- Mentiroso, has estado añorando mi regreso por demasiado tiempo – y la zorra tenía razón, pero solo lo había añorado por una cosa y estaba lejos del hecho de extrañarla, la queria de vuelta para despedazarla con sus propios colmillos.
- Quinientos años para ser exactos. Y ahora te apareces sin más… algo tramas – hablaba para distraerla, esperaba que ella no pudiera identificar en su mente todos los mensajes que estaba enviando a los de la casa para que se resguardaran donde pudieran… solo había dos personas a las que no podía avisar pero esperaba que Esme tuviera el suficiente tino para sacarlas de ahí en cuanto recibiera sus ondas mentales.
Después de terminar, dentro de su mente lo único que podía imaginarse era que la atacaba pero ella tenía la maldita ventaja y era que aparte de ser vampiro como él, era una hechicera, por ello su habilidad para maldecir a quienes, como él mismo, se habían aprovechado de lo que ella ofrecía tan libremente.
- Vengo por mi collar – dijo Tanya como si hiciera solo dos días que no se veían. Percibía que ella estaba intentando entrar en su mente y si lo hacía vería en el caos en que se había convertido su conciencia y la causante.
Edward cerró su mente de inmediato, habilidad que había aprendido con años y años de práctica, sabia como hacerlo y esperaba que ella no rompiera la barrera.
- Di la maldita verdad, ¿qué haces aquí?, seguramente todos estos años has encontrado algo mejor que venir a regocijarte en tu obra y reclamar una joya –
.- Ni siquiera por los viejos tiempos puedes ser un poco más… accesible – dijo ella caminando hasta quedar bajo la mortecina luz de la chimenea.
- No soy accesible con zorras – pronuncio con todo el veneno en su voz del que fue capaz mientras finalmente se ponía de pie para quedar frente a ella e intentar impedirle cualquier movimiento que fuera a hacer.
- La maldición se ha debilitado y necesito saber por qué… -
No podía creerlo, después de todo Esme había tenido razón en decir que las cosas estaban cambiando, y de alguna parte le había llegado la convicción de que se trataba de Isabella Swan…
- Puede que tus habilidades como bruja barata se hayan decaído con la edad – Podía percibir que cada palabra la molestaba, siempre se había regocijado en menospreciarla y ella lo sabía.
- Necesito el collar – dijo ella con tono malicioso.
El collar rojo, que en esos momentos, si su mente no lo engañaba, se hallaba en el cuello de Isabella.
- Búscalo, me complacerá más que ver como pierdes el tiempo preguntando, zorra estúpida –
Ella se abalanzó sobre él unos segundos después y ambos cayeron al piso como moles de piedra intentando morderse, mientras eso sucedía Edward pensaba en la importancia de esa joya, si esta perra queria con tanta ansia como parecía, por la fuerza con la que estaba peleando, entonces era algo con lo que se podría negociar.
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Bella se hallaba en su habitación aun intentando dormir cuando de repente alguien entró precipitadamente a la habitación con una lámpara de gas, ese artefacto que ella quiso conocer muchas veces ya que en su hogar sólo se usaban velas, quien la estaba cargando era Esme y tenía la cara contraída de la tensión, no es que esa expresión le quitará belleza pero estaba tan acostumbrada a verla con su ecuanimidad que fue algo chocante.
- Levántese- dijo con voz de mando tras ella venía la muchacha que salvó en el bosque, estaba pálida y ojerosa pero se sujetaba a las faldas de Esme como si fueran su cuerda de salvación.
-¿Qué sucede? - dijo Bella levantándose y cogiendo una bata para protegerse del frío.
- No nos podemos quedar, ella está aquí. –
Bella no preguntó nada porque sabía que no tendría respuestas, si Esme quería salir esta sería la oportunidad perfecta para escapar. Poniéndose los botines cogió una de las capas de viaje del armario y se la pasó a la niña y tomó otra para ella misma. Cuando cruzó el umbral de la habitación un estruendoso golpe se escuchó en los pisos de arriba, como si un gran guardarropa hubiese chocado en el piso.
Ambas siguieron a Esme escaleras abajo escuchando más y más estruendos, Bree miró a Bella y le agradó verla caminando. Quizá tuvieran oportunidad de hablar más adelante.
El viento mezclado con nieve pegó en el rostro de Bella con fuerza haciéndola retroceder un paso, cogió la capucha y se la puso en la cabeza mientras tomaba la mano de la niña y se unían al resto de los miembros de la casa que parecían estar las esperando.
- ¿Qué sucede?-preguntó una mujer rubia, espectralmente hermosa que estaba de pie al lado de otro de los sirvientes que Bella recordaba de su salida al bosque, el más musculoso y grande de todos ellos.
- Está aquí- fue la lacónica respuesta de Carlisle que miraba hacia la torre más alta, donde Bella sabía era la habitación del señor. Parecía que algo estaba sucediendo ahí arriba y Bella no quería sentirse preocupada pero el hondo dolor que percibió en el pecho la hizo volver la mirada al igual que los demás.
- Está diciendo que nos vayamos - dijo Esme volviéndose hacia el resto - No las quiere cerca mientras ella esté aquí - dijo señalando a las dos humanas. El ama de llaves miró a Bella por unos momentos viendo que miraba constantemente a la torre y se ponía más pálida.
-¿Qué le está pasando?- preguntó Bella a sabiendas de que su pregunta no iba a ser contestada. Todos ellos parecían estar hablando con la mente, excluyéndolas a ellas.
Miró en todas direcciones pensando en cuál sería la idónea para irse pero algo la estaba deteniendo y odiaba admitir que era pura y física preocupación.
- Debemos huir al bosque, no podemos separarnos- dijo el sirviente rubio de quien Bella no recordaba el nombre.
- ¿Qué va a pasar con...?- uno de los sirvientes, el grandote, se acercó a Bella y sin mediar palabra se la echó al hombro y comenzó a correr. Bella gritó al sentir la velocidad a la que ese ser estaba corriendo, escuchó otro grito de sorpresa tras ella y supo que habían tomado a la niña también, no tenía tiempo de asustarse por estarse internando en la oscuridad, él parecía saber a dónde ir. No había manera de que recordara ese camino y Bella se frustró pero algo dentro de ella le estaba pidiendo que gritara para regresar, el collar que pendía de su cuello parecía estarse calentando por momentos.
No quería irse y no se trataba de una voz interna que no conocía que se lo estuviera exigiendo, se trataba de ella misma, como mujer, como si de repente un instinto más poderoso que ella se estuviese tratando de posesionar de su voluntad, sabía que de haber tenido la fuerza se hubiera escapado de ese ser que la llevaba y se hubiese devuelto.
Edward acorraló a Tanya contra la pared una vez más. Ella seguía pidiendo la joya y por su mente podía decir que Esme había obedecido sus órdenes y había sacado la joya y a quien la portaba lejos de casa.
- Te has vuelto débil- dijo para pincharla, incluso cuando aún era humano le divertía la manera en que ella quería creerse lo que no era, no tenía nada que ver con menospreciarla por ser de clase inferior, ella se daría aires aun teniéndolo todo y que la criticaran como él acababa de hacer seguramente la sacaría de sus casillas y eso le complacía, no era justo ser el único que sufriera. Ella maldijo y con una maniobra se liberó de su sugestión alejándose unos pasos - ¿A qué viniste realmente? No creo que toda esta pelea este siendo sólo por una joya, seguro que en todos estos años has trabajado para conseguir mucho más que eso - ella se relamió los labios rojos como si saboreara el simple hecho de que él le hablara.
- Ya te dije que quería verte, además de recuperar mi joya y decirte que sé perfectamente lo que está pasando aquí. .. con una humana –
Ante la mención de Isabella ambas partes del cuerpo de Edward (corpórea e incorpórea) se tensaron, tuvo que recordarse que ella ya no estaba en la mansión y que si tenía suerte estaría fuera del alcance de esa perra.
- Bueno, fue a lo que me condenaste así que dudo mucho que sean nuevas noticias para ti - comenzó a acecharla concentrado en cada palabra que ella pronunciaba, en una de ellas quizá se le escapara la razón por la que el collar era tan importante para ella. Tanya se escapó de su acecho y saltó por la ventana riéndose. A Edward sólo se le podía ocurrir un lugar... la esencia de las dos humanas aún era demasiado persistente para haberla despistado.
Comenzó a correr tras ella enviando mensajes mentales de que se alejarán más y más, no podía dejar que Tanya se acercara a Isabella porque algo le decía que la mataría en cuanto la encontrara. Tenía una esencia demasiado atrayente para pasar desapercibida y menos para una vampiresa como ella. La alcanzó en esencial tercer roble que se acercó y cerró su carrera haciendo que frenara y levantara un poco de nieve.
- Aquí pasa algo mas- dijo ella dando pasos tentativos para escurrirse sin poder escaparse. - No puedo creerlo, sientes algo por la humana- dejó salir una risa irónica- Después de todos estos siglos de tener humanas a tu disposición llega una por la que si sientes algo...- elevó el tono de sus burlas haciendo que a él se le estremeciera la piel de la ira. Por qué en medio de su burla sabía que esa zorra tenía razón. - Pero te odia.- dijo ella haciendo que sus pensamientos se detuvieran - He estado en su mente sin que te percataras, tiene este fantástico don de bloquearte, pero no funciona conmigo... o al menos no ha descubierto como bloquearme a mí. La voy a encontrar porque es el arma de tu destrucción. La que mereciste desde que te burlaste de mi- fintó y se escapó por un lado. Él solo tuvo que seguirla mientras su cabeza volvía a las andadas y pensaba en lo que ella acaba de decir. No tenía razones para mentir, había estado dentro de la cabeza de Isabella, de la manera en que él no había podido. Lo odiaba.
No quería creerlo pero bastaba con recordar la mirada que había visto en ella horas atrás para comenzar a considerarlo. Y si ella era el arma de su destrucción...
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A Bella le dolían los ojos y sentía la piel de la cara tirante, el frío seguramente estaba quemándole la piel y sentía que desde hacía horas habían estado corriendo por el bosque, se sentía pérdida pero todos seguían ahí. No se habían detenido para nada y en todo ese tiempo ella solo había podido pensar en Edward. Por su mente habían cruzado toda clase de pensamientos muchos de ellos relacionados con él muerto y la imagen no le había gustado en absoluto, de hecho lo que había pasado era que su malestar se había incrementado, prefería creer que él era inmortal, que nada podía vencerlo, que a un ser de su poderío no podría derrotarlo nadie. Estaban siendo perseguidos, de alguna manera lo sabía, como también sabía que tenía que ver con ella misma, con sus sueños y su llegada a la casa.
Un rugido animal se escuchó en la espesura y todos se detuvieron al tiempo, reconociendo la esencia y procedencia.
- Son los lobos otra vez- dijo la mujer pequeña de quien Bella si recordaba su nombre.
Los aullidos se escucharon Más cerca ahora y alrededor de todos.
-Están aquí- fue lo último que pudo decir antes de que una manada de lobos comenzará a emerger de la espesura del bosque. A diferencia de los lobos que los habían atacadas semanas atrás estas eran todos negros, con ojos rojos que brillaban a pesar de la oscuridad. Bella sentía el miedo aflorar en su pecho a medida que sus ojos distinguían las formas. Cada uno de ellos parecía destilar odio por los ojos, más no atacaron tan solo permanecían rugiendo y rodeándolos, como si estuvieran esperando a alguien.
Edward escuchó el aullido de los lobos y vio como ella levantaba la cabeza oliendo, cambio de dirección abruptamente y él la siguió sospechando que, pese a lo que había planeado, esa zorra se dirigía al encuentro de ellos... de ella...
En menos de dos minutos les dio alcance.
Bella vio como una mujer, o al menos eso parecía, aparecía de la nada, como si viniera corriendo y se posicionaba al lado de los lobos mirando a todos con una avidez anormal. El alivio recorrió el pecho de Isabella cuando Edward apareció en el umbral segundo después, él los miraba a todos sin un ápice de emoción en su expresión, como era normal en él. Intentó no emocionarse por verlo en una pieza pero así era su corazón corría acelerado.
- Vaya, vaya, vaya... espero que no se hayan decidido por un paseo a la luz de la luna al momento de enterarse de mi visita - ningún vampiro respondió, ella acariciaba la cabeza de uno de los lobos con lo que quedó comprobado que le pertenecían porque todos ellos sabían que las relaciones entre lobos y vampiros eran de odio, seguramente se había ingeniado la manera de convertirlos para que fueran sus perros de caza. Sus ojos después de buscar finalmente localizaron a Isabella que se hallaba rezagada detrás de Emmet según pudo comprobar Edward percibiendo otro pinchazo de dolor en su pecho.
Bella se dio cuenta del escrutinio de la mujer, era la misma que había visto en sus sueños, la que le había dicho que se fuera de la mansión y la poseedora de la misma voz que en una noche de pesadilla le había dicho que debía matar al dueño de la mansión. Había tantas preguntas sin respuestas, tantas cosas anormales que no se sorprendió en absoluto, aquella mujer le inspiraba miedo, pero su parte conservadora le hacía creer que se trataba de la única opción de escapar antes de que lo que sentía por la bestia acabara por destruirla. El collar que portaba en su pecho comenzó a arder sin razón aparente y cuando lo hizo sintió la penetrante mirada de esa mujer sobre ella, como si hubiera adivinado lo que pasaba, Bella dirigió sus ojos a la mujer pero la perdió de vista un segundo, había desaparecido y las figuras de los sirvientes alrededor de ella comenzaron a moverse, como si estuvieran rodeándola o peor aun protegiéndola. Tocó con sus dedos el collar oculto tras la capa y cuando lo hizo la mujer apareció frente a ella con las manos puestas de manera que iba a agarrarla del cuello, por instinto retrocedió y la mujer se lanzó hacia su cuello como si quisiera quitarle algo, Bella puso sus manos para protegerse y cuando las pieles de ambas mujeres entraron en contacto la otra retrocedió como si algo la hubiese quemado. Un momento después Edward apareció en escena tomando a la mujer del brazo y empujándola hasta que la tuvo lo suficientemente lejos de Isabella.
- Dile que me lo de- dijo la mujer con una voz tan malvada que toda la piel de Bella se erizó de miedo. -¡Ahora!-
Bella trató de quitarse el collar ella misma, si eso era lo que quería, pero no pudo hacerlo bajo ningún modo, los demás la contemplaban en silencio como si ella fuera alguna especie extraña.
-No puedo quitármelo- confesó con voz débil mirando a Edward que la contemplaba en silencio y a los demás.
La mujer saltó hacia Bella pero Edward fue más rápido y la interceptó cayendo ambos en la nieve. Alguien estaba tirando de la manga de la capa y Bella se volvió para ver a los sirvientes batiéndose con los lobos, era la muchacha quien estaba instándola a que huyeran en ese momento, se volvió a mirar al señor Que en ese momento seguía batiéndose con la mujer hermosa, nunca había visto bien que un hombre pegara a una mujer pero ella se estaba defendiendo con uñas y dientes y le devolvía los golpes en proporción. Cada vez que se golpeaban sonaba como dos piedras demasiado grandes chocando entre sí, se volvió para irse corriendo pero algo la detenía, iba más allá de cualquier cosa que deseara en ese momento y todo tenía que ver con el ser sobrenatural que estaba luchando frente a sus ojos con una saña depredadora que más que asustarla la impresionaba. Los lobos parecían estar ganando la batalla más los sirvientes se defendían lo mejor que podían. Más el camino aún estaba libre para escapar, no iban a llegar lejos, en ese escalafón eran la especie más frágil y nunca podría llegar a superar la velocidad, tomó a la muchacha de la mano y caminaron hasta quedar detrás del tronco de uno de los árboles.
-Debemos irnos- susurró la niña cuya expresión aún era de miedo más no de terror, se notaba que había visto lo peor de la vida y había sobrevivido a ello. - vamos a morir - Bella compartía la opinión pero no dijo nada. Aquel sentimiento en su pecho, dirigido al dueño de la mansión parecía estarla consumiendo en ese momento, los ruidos que escuchaba estaban preocupándola aún más y no sabía qué hacer para ayudar. Luego recordó que quizá todos ellos la hubieran dejado morir de haber sido las cosas diferentes, a pesar de su preocupación seguían siendo inhumanos, criaturas que no tenían nada que ver con el mundo que conocía.
Pidió perdón a sus instintos que le estaban diciendo que estaba mal y tomando la mano de la niña salió a correr sin saber qué dirección seguir ni en cuanto tiempo las pocas fuerzas de las que disponía la abandonarían. Corrieron por poco más de diez minutos antes de tener que detenerse, ambas miraban constantemente hacia tras sintiéndose vigiladas y perseguidas, Bella podía notar como el aire le faltaba y su patética debilidad se hizo evidente, no podía escuchar ya los signos de lucha pero sabía que, para esos seres, no se había alejado lo suficiente, caminando lo más rápido que pudo siguió andando viendo como la niebla a su alrededor comenzaba a concentrarse.
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Edward esquivó un mordisco de Tanya, luchar contra ella se estaba convirtiendo en una afrenta a muerte, aunque tal como iban las cosas él no iba a sobrevivir, podía escuchar a los otros luchando contra esos lobos que ella había traído, sentía los pensamientos de todos en su cabeza así que ninguno había muerto todavía. Había usado cada movimiento que sabía para evitar los ataques de Tanya y aunque no la había vencido sabía que ella estaba comenzando a desesperarse. Más de lo que había venido, tampoco podía percibir el olor de ninguna de las humanas, aunque buscó intensamente el olor que más le interesaba era tan débil que desaparecería en cualquier momento. Dirigió su mandíbula al centro del cuello de Tanya para intentar matarla, era un instinto que surgía de la nada, con ella muerta nunca podría averiguar el secreto para liberarse de la maldición, pero al matarla estaba evitando que hiciera daño a sus sirvientes o a ella...
¿En qué momento había comenzado a interesarse en el bienestar de alguien diferente a sí mismo? Ella esquivó su ataque por poco retirándose de su lado y viéndolo desde la distancia. Volvió a correr con él siguiéndola, ella iba tras Isabella, no había duda, o tras el collar y por qué la conocía sabía que era capaz de decapitar a la mujer sólo para tener la joya de vuelta. Tenía que saber en qué consistía ese vínculo, pero no lo haría si dejaba que ella llegara a Isabella.
Solo que era demasiado tarde, su parte incorpórea se había desprendido de su cuerpo buscándola y la había encontrado sólo que no llegaría a tiempo.
Bella cayó de rodillas cuando un horrible dolor de cabeza la hizo marearse, Bree intentó que se pusiera de pie pero el dolor de cabeza era tal que no pudo moverse más. Cerraba los ojos e imágenes horribles comenzaron a reproducirse en su cabeza con horrorosa claridad. Sabía que había caído contra el piso de nieve, percibía el frío traspasando su ropa e instalándose en su cuerpo de manera terriblemente rápida. Escuchaba los gritos de la niña a su alrededor pero las imágenes estaban haciendo que no fuera consiente de nadie más. En ellas veía a Edward con una mujer tras otra haciéndoles lo que le había hecho a ella, bebía de sus cuellos y tomaba sus cuerpos y su corazón estaba doliendo como si alguien estuviera clavando millares de cuchillos en él, destrozándolo parte por parte, si después de lo que había pasado aún guardaba una mínima esperanza de haber significado algo para él ahora de daba cuenta de que ella solo una muesca más en la cabecera de la antigua cama que tenía. ¿Por qué el dolor era de la tal magnitud? ¿Eran celos? ¿Era posible que sintiera eso por ese ser? ¿Por qué ello tenía que pasarle a ella? No podía ser, no podía haber caído tan bajo, no era cierto...
Pero si lo era, y esos sentimientos destructivos no podrían haber hecho su aparición en peor momento. Estaba segura que era ella, aquella mujer de la que él le habló, la que los había maldecido. ¿Por qué había regresado? ¿Qué tenía que ver Bella con ella?
-Debes matarlo, es la única manera- abrió los ojos ante la terrible voz, pero no había nada más que oscuridad frente a ella, pero extrañamente sabía de quien se trataba, y sabía que era ella quien estaba proyectando esas imágenes en su débil mente. Era curiosa la facilidad que tenía para hacerlo, quería que se detuvieran, ya no necesitaba ver más. Matar a esa bestia. ¿Cómo podría hacerlo?
- Dame el collar- fue la respuesta que recibió ante esa pregunta mental. Pero no podía quitárselo, era como si el collar se hubiera adherido a su piel y por más que intentaba pasar la cadena dorada por su cuello más fuerza encontraba.- ¡Dámelo! - apremió la voz como si la afanara porque no tenía más opción.
- ¡No puedo!- gritó a la nada sintiéndose presionada y manipulada, chilló con todas las fuerzas que tenía, y eso pareció ser el detonante de una especie de lucha entre su mente y las imágenes perturbadoras, un segundo estaban ahí y cuando gritó ya no. El dolor de cabeza comenzó a remitir y sus ojos volvieron a enfocar la oscuridad del bosque en donde se hallaba pérdida. Solo que Bree no estaba, no había nadie más allí. Se tocó el pecho mientras el dolor que sentía ahí remitía más lentamente que el de su cabeza, y sabía lo que significaba, aunque no había querido comprenderlo por hacerse la fuerte en ese momento, la espantosa sensación de verlo con otra mujer la había sobrepasado a límites insospechados haciéndola darse cuenta de su propia estupidez, aquella que la predisponía por su género, por su innata debilidad. Había pasado lo que menos se imaginó pero que en el fondo siempre creyó. Por los libros que había leído el amor no se controlaba, cuando tomaba posesión de alguien no existía poder humano para dejarlo. Le estaba pasando a ella a pesar de que tenía todas las razones del mundo para estar en contra, no era ni siquiera humano, seguramente había asesinado, se había burlado y disfrutado de muchas mujeres, la había esclavizado a su conveniencia y había hecho que lo deseara, ahora había hecho que lo amara y el reconocimiento de esa verdad dolía tanto como la quemadura de su piel.
Escuchó pasos en la nieve pero no quiso enfocar nada más que el cielo nublado, lo que había pasado momentos antes la había dejado tan débil como amara un gatito. Se preguntaba dónde estaría todo el mundo, y si definitivamente iba a ser su destino morir con todos esos interrogantes en su cabeza.
Una mano fría le estaba tocando la cara, pero no veía nada más podía percibirlo, de alguna manera sabía que él estaba ahí, no completamente pero estaba, lo que la obligaba a preguntarse si él, el verdadero él estaba bien.
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Edward seguía persiguiéndola y de repente ella desapareció. Dejó de sentir el olor dulzón que la caracterizaba. Tanya se había ido y no podía percibirla cerca, y por lo que podía oír en su cabeza el resto de su servidumbre estaba bien también, ninguno había resultado seriamente lastimado y los lobos También habían desaparecido, el olor había desaparecido. Localizó con el poder de su mente a su parte incorpórea que había localizado, de manera misteriosa, la presencia de Isabella. Corrió y llegó en menos de un minuto. Ella estaba en el piso mirando hacia arriba como si los árboles que la rodeaban. Por un horrible segundo pensó que estaba muerta, por la palidez de su piel y rigidez de su posición, pero podía percibir el latido lento de su corazón y al aguzar la visión distinguió el destello rojo del collar aún en su cuello, pero su alivio principalmente consistía en saberla viva.
Se acercó lentamente cuidando sus pasos para no sobresaltarla. Su parte incorpórea estaba tocándola, como si quisiera cerciorarse de que estaba bien. Ordenó a esa parte que volvieran a fusionarse y esta obedeció consiente de que no había otra manera de estar cerca de ella.
Bella enfocó los ojos en el señor que ahora estaba inclinándose sobre ella sintiendo alivio al verlo frente a ella. Quizá estaban ambos muertos y el sueño de ella se estaba convirtiendo en realidad. Pero el frío que seguía penetrando su piel a través de su ropa le dijo que seguía en ese plano.
- ¿Era ella? - Dijo Bella, la voz le salió rasposa y disfonía seguramente a causa del frío. Ambos sabían lo que ella estaba preguntando y que solo había una respuesta, después de todo él le había revelado tiempo atrás la manera en que había adquirido las cualidades inhumanas que ostentaba.
-Si- fue la respuesta, ofreció su mano para que ella la tomara para ayudarla a sentarse y aunque ella hizo el esfuerzo al final fue él quien la tuvo que levantar en sus brazos. No era un esfuerzo, ella se sentía bien ahí, como si perteneciera a ese lugar, pero tenían que regresar a la mansión, ella estaba a punto de entrar en hipotermia al igual que la niña que en esos momentos se hallaba con Esme. Le dijo mentalmente a ella que regresarán primero para cerciorarse que ella ya no se hallaba ahí.
- Va a venir por mí- comentó Isabella con la castañeaste voz. Todo su cuerpo estaba temblando. - Ella quiere esto. Hay algo aquí. ..- una de sus manos salió de la capa y se tocó el pecho haciendo alusión a la joya. - traté de dársela pero no me lo pude quitar. Incluso ahora...- intento volver a moverse pero el temblor se lo impidió.
- Debemos hacerte entrar en calor- comentó Edward recibiendo los pensamientos de Esme confirmando que el camino estaba limpio.
Comenzó a correr con ella en brazos de regreso a la mansión maldiciendo la amplia distancia. Ella se había desmayado o se había quedado dormida y quería despertarla para asegurarse que no había entrado en hipotermia. Cuando llegaron a la mansión Esme ya había encendido el fuego del despacho y allá fue donde se dirigió para sentarse frente al fuego con ella aún en sus brazos.
Con Esme trayendo ropa el cambio rápidamente y después se recostó en el sillón con ella entre sus brazos esperando que el fuego hiciera su labor. Y seguía sintiendo que ahí era donde ella debía estar siempre. Custodiada por él, protegida, si nada que la perturbara, dormida. Miró el rostro pálido percibiendo hasta qué punto el encuentro de ese día con Tanya lo había afectado. ¿Se trataría quizá que la maldita se había dado cuenta de que sentía algo más por la humana y quería destruirla para así seguirlo lastimando? Si, por que sabía, y no era la primera vez que lo pensaba, ella a pesar de todo el tiempo que había pasado aún no aceptaba que él no la hubiese visto como algo más que una mujer fácil. Su primer y último error.
Pero esto era diferente, todo lo era, si ella quería matar a Isabella tendría que matarlo a él primero. Él, que había casi matado a esa joven, ahora pensaba en protegerla. Su sangre era el artífice de su destrucción, el elixir de su perdición y aun así todos sus instintos que siempre seguían le decían que no debía lastimarla ni dejar que la lastimaran. ¿Sería capaz de mantener esa promesa?
Después de unas horas ella comenzó a removerse un poco en sus brazos. Parecía estar soñando y no era nada bueno, como si fuera una costumbre intentó Entrar en su mente pero se topó con la barrera. ¿Por qué Tanya si podía? ¿El bloqueo funcionaria sólo para los hombres?
"Ella te odia"
Hubiese dado toda la riqueza que poseía siendo humano por saber si lo que la loca obsesiva había dicho era cierto. Siempre había querido entrar en la mente de la campesina para saber si con ello lograba entender su fascinación por ella. Pero le estaba vedada. Toda ella estaba prohibida para él y aun así ahí estaba. Bajó su cabeza y comenzó a olerla, uno de sus pasatiempos favoritos. El dulce de su piel abrió su apetito pero lo pudo controlar más fácilmente que otras veces como si la alimentación se hubiera hecho en el segundo lugar de sus prioridades. Si, quería morderla y saborear esa sangre pero lo que más quería, por misterioso que pareciera, es que ella estuviera bien, que Tanya la dejará en paz. Con cuidado sumo intentó retirar el collar de su cuello. Y contra todo pronóstico pudo hacerlo. Solo una vez se había detenido a mirarlo realmente y no encontró ninguna diferencia. ¿Qué contendría? ¿Cuál era el verdadero secreto de su presencia y de la imposibilidad de Tanya para tomarlo? Por ello mismo sabía que tendrían que estar preparados.
Ella iba a volver, de una manera u otra sabía que ese reencuentro ya no se podía seguir posponiendo y lo único que le pedía a cualquiera de las trinidades que existían era poder deshacerse de su maldición y la de los demás. Lo único que se preguntaba era que pasaría con ella cuando finalizara todo. ¿Se quedaría con él? Ahora se daba cuenta de que deseaba que lo hiciera. Sus riquezas serían suficientes para los dos y...
Futuro. .. Un futuro, en eso era en lo que estaba pensando, hasta ese punto llegaba lo que fuera que esa mujer que acunaba en sus brazos estuviera haciendo con él.
El lento parpadeo de sus ojos le informó que parecía pronta a despertar. Había separado las pieles de ambos de manera que su frío no la afectará y el calor del fuego lo había alcanzado un poco.
Finalmente los ojos pardos de abrieron y ella se dio cuenta de donde estaban.
-La niña...-
-Con Esme - dijo él intentando conectar sus ojos con los de ella, pero ella rehuía su mirada. Ella lo contemplaba de la misma manera que él, impasiblemente de la manera en que hacía todo. Con una mirada, aunque fuera indiferente podía hacer que todo el mundo de ella se estremeciera y más después del inusitado descubrimiento de su amor. Aun le costaba creerlo y más ahora. Pero viéndolo desde otro punto de vista no era nada extraño, no era encandilamiento aunque ¿qué podía saber ella?
-Ahora ella vendrá por mí- dijo sintiéndose tan segura como de que seguía respirando - No me dejará en paz y creo que usted conoce los límites de tiempo para los castigos que impone- una elocuente mirada fue lanzada y Edward no necesitó leerle la mente para saber de qué estaba hablando y no podía mentirle porque conocía a Tanya y creía conocer a las mujeres.
-Debemos proteger este collar a como dé lugar- dijo Bella señalándose suavemente el pecho. - Incluso con mi vida-
Edward no supo que contestar, en realidad no lo sabía pero la muerte de ella no era una opción. Cuando la conoció nunca creyó que diría algo así después pero una criatura tan fascinante no podía morir y menos a manos de alguien tan terrible como Tanya. Él no lo iba a permitir... Ella era suya y nadie más que él podía pensar siquiera en dañarla.
- No lo permitiré... yo te protegeré- ella se sorprendió por esa hesitación nada propia de él mas no hizo ningún movimiento. Sus ojos subieron al rostro de Edward y él le devolvió la mirada. Por más que intentó hacerlo la joven no pudo leer nada que indicara que estaba mintiendo o se burlaba de ella ¿Podía confiar siquiera cuando él mismo era una amenaza para ella?
- No puede prometer eso- dijo manifestado sus miedos, temía creerle porque temía enamorarse más de él, si es que eso era posible, y no quería sentir el dolor de aquella decepción nuevamente. La contempló en silencio y luego de algunos momentos habló.
-No, no puedo hacerlo pero puedo hacer lo que sea posible para evitar que suceda...-
- Nunca imaginé. .. - dijo Bella pensando en lo cerca que estaba de la muerte (otra vez). Creía que debía empezar a hablar un poco más, porque al menos de esa manera podía sentir que estaba más cerca de él aunque todo fuera producto de su imaginación.
No podía decir que le temía aunque en ocasiones fuera demasiado escabroso. Lo respetaba y sabía que debía obedecerle aunque eso fuera en contra de algunos de sus más arraigados principios.
- En caso de que llegue a pasar algo quiero que haga una cosa por mí- pidió luego de respirar profundamente - Necesito que, si muero, mi padre no vaya a sufrir ningún daño-
-No vas a morir - dijo de repente enfadado por la actitud derrotista de ella.
-He cambiado, no soy fuerte y nunca lo he sido. No soy importante y ella me matará aunque nunca entienda el por qué...-
-Va a ir tras de ti porque piensa que significas algo para mí- la interrumpió él y el impacto para ella fue peor porque la frase estaba cargada de inmensa ironía. Aunque no lo aclarara nunca si ella "pensaba" que era importante para él era porque en realidad no lo era. Sí, no había podido ser más claro.
- Pero como ambos sabemos que no quizá podría convencerla de que me dejara tranquila-
-A quien quiere lastimar es a mí- y eso no le aclaraba nada a ella.
-Pero usted mismo acaba de decir que...-
- No voy a responder nada de eso, simplemente haré lo que este en mis manos para evitar que ella te tenga-
Era el llamado al silencio. No debía seguir exponiéndose, al parecer no era bueno para ninguno de los dos. Después de todo no había funcionado la sinceridad después de todo.
¿En qué diablos había estado pensando? El calor en el que estaba envuelta era un poderoso contraste entre la respiración que él dejaba caer sobre ella. La joven quería preguntarle la razón por la que estaba ahí, como si ella, contraria a lo que había interpretado, si le importara. Pero algo le decía que no iba a obtener ninguna respuesta. Él hacia lo que quería al ser el dueño de todo y no se le podía cuestionar a pesar de que todas las dudas de ella tuvieran que ver con él. Nunca su destino le pareció más siniestro y sombrío que en ese momento.
El sueño volvió a vencerla y cayó en su profundidad como si estuvieran abrazándola para protegerla de desconocidas adversidades.
