Gracias por las nuevas alertas y mensajes, son de gran ayuda, aquí viene un nuevo capítulo, espero que les guste, nos leemos pronto

Los personajes de Twilight y La Bella y la Bestia pertenecen a sus respectivos autores, la historia es mia .

Edward la contempló sin cansarse. Parecía que sus ojos nunca se agotaban de seguir cada movimiento de los párpados de ella, cada agitación de su respiración en búsqueda de pesadillas, cada cambio en su posición. El rostro de ella era un libro abierto en el que se podía perder fácilmente. No había querido revelarle nada y la había herido a plena conciencia, la incomodidad que esto le proporcionaba era la misma que sintió cuando pensó que Tanya la iba a asesinar.
Aquella perra había descubierto la verdad, que la humana si significaba algo para él y no comprendía como lo había descubierto. No sabía si los vampiros despedían algún olor o pensamiento especial cuando algún humano lograba conquistar algo más que el interés pasajero. ¿Estaba acaso liberando alguna hormona vampírica que esa maldita había sido capaz de olfatear a la distancia en que se encontraba?
Isabella, tentadora y resignada Isabella Swan. Si algo pasaba con ella y él seguía viviendo, dejaría a su padre en paz. No sabía qué había sido de él o de las hermanas que ella había manifestado tener. Nunca podría saberlo, no a menos que pudiera abandonar los terrenos y a ella nunca la dejaría ir y menos en esos momentos de peligro inminente.
"Isabella Swan, ¿Qué eres? ¿Mi perdición? ¿Ruina? ¿Salvación?

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Cuando Bella abrió los ojos estos se acostumbraron rápidamente a la oscuridad aunque cuando pudo enfocar mejor su mirada descubrió que ya era de día y se encontraba sola en el mueble, cómoda y calurosa, el fuego seguía vivo en la chimenea como si así alguien lo hubiese deseado y ella sabía quién tenía esa clase de poder. Se sentía tan cómoda y relajada de por unos segundos pensó que estaba de vuelta en casa, pero en el sitio donde nació y creció no había tal lujo en las paredes ni en los candelabros de las mesas Retirando lentamente las suaves cobijas en las que se hallaba envuelta salió del despacho deseando ir a su habitación. Subir los escalones de la impresionante escalinata seguramente se le iba a hacer eterno pero algo a hacer. Del frío que la atería el día anterior ya no quedaba nada. Desde hacía demasiado tiempo no dormía tan bien y su cuerpo sabía la razón. Seguramente era tan transparente como el agua. Esperaba que al menos su propia mirada hubiese sido discreta el día anterior, no quería humillarse más. Aunque no sabía. Nunca había dominado el arte de esconder sus sentimientos y no iba a empezar ahora, resultaría completamente inútil, tendría que aguantar, soportar como siempre lo había hecho.

Solo ahora, en ese minuto se daba cuenta de que quizá no fuera tan débil como se creía, aunque otros y en ocasiones ella misma pensará de manera diferente. Su padre, por ejemplo siempre pareció considerarla la fuerte de la familia, nunca comentaba nada serio con sus otras hijas, siempre se apoyaba en ella para la mayoría de las cosas. Se estaba comenzando a hacer a la idea de que no volvería a verlos y aunque lo deseaba sólo en ese momento podía aceptar que haberse enamorado de esa bestia que era el señor de la mansión le iba a traer mortales consecuencias.
Iba en la mitad de las largas escaleras sintiendo que le faltaba un poco el aire cuando una voz oscura la detuvo.

- ¿A dónde crees que vas?-

Increíble. .. Una pregunta de esa voz y ella se quedaba completamente paralizada. Dio la vuelta lentamente a su cuerpo para encararlo, estaba dos escalones más abajo, no quería pensar en que había estado siguiéndola pero no podía estar segura, su condición de criatura sobrenatural le hacía ser muy sigiloso y ella conocía esa aterradora y fascinante parte de él.

- A mi habitación - dijo en voz baja volviéndose a sentir subyugada por su imponente presencia.

- No vas a volver allá- fue la siguiente frase con la voz fría.

- Es mi habitación –

-Es mi mansión, si te digo que no vas a volver allá no vuelves –

-¿Qué hago entonces?- dijo ella aceptado que no iba a ganar nada con discutir - No puedo quedarme en el despacho-

- Irás a mi habitación, en ella te está esperando un baño caliente-

Si le hubiera dicho en ese momento que aparte de todas las habilidades sobrenaturales que tenía, también podía volar no se habría podido mostrar más sorprendida.

-No entiendo- dijo verdaderamente sin comprender. Él era tan cambiante como un rompecabezas, aquellas monstruosas invenciones que lo único que hacían era hacer de tu cabeza un revoltijo de inquietud.

-No voy a quitar mis ojos de ti- No, no debía ilusionarse ni sacar nada de esa afirmación, solo eran palabras... si, el calor en su pecho y la estaba delatando - ella va a volver y no quiero estar desprevenido –

- No puede vigilarme todo el tiempo- comentó ella dándose la vuelta y comenzando a subir otros escalones y obviando el piso que la conduciría a su habitación. Cuando izó su pie para subir otro escalón fue arrollada con delicadeza animal y de repente estaba en los brazos de él subiendo la larga escalera a esa velocidad aterradora que estaba empezando a conocer.

-Pruébame- fue la crítica respuesta susurrada que la llenó de aprehensión. Estar bajo su vigilancia... todo el tiempo, no quería aceptarlo porque sabía que ese tipo de cercanía la heriría profundamente especialmente cuando sabía que él solamente estaba interesado en el aparente vínculo que existía con la joya. Por un aterrador segundo volvió a pensar en su muerte y si, teniendo ella misma una parte incorpórea podía llegar a averiguar si su propia muerte le afectaría a él. Era una imbécil. De un día para otro estaba convirtiéndose en una tonta idealista, ilusoria.

"Tienes que detenerte".

Las puertas de la habitación se abrieron para que las dos figuras crucen el umbral y ella, desde su posición vio que sobre la elegante cama había apoyado un vestido de color rojo que le llamó profundamente su atención y en el mismo centro de la estancia había una bañera con humeante agua lista para ser usada. Sus ojos buscar El usual biombo que respetaba su privacidad. Su pecho se encogió de insana anticipación cuando lentamente la puso en el suelo y le ordenó que se desvistiera. El tono de su voz fue una orden sería y ella pudo percibir como su propio cuerpo retrocedía en el tiempo al primer día que se vieron, cuando le ordenó lo mismo y ella le obedeció sabiendo que no tenía opción, justo como en ese momento.

Una caliente anticipación la sacudió, no podía estar esperando que la llenara con su cuerpo esa mañana. Pero a la luz de los acontecimientos quería aferrarse a algo que la hiciera sentirse viva.

¿Qué tan enferma podía llegar a ser?
Haciendo un esfuerzo y sintiéndose, repentinamente, tímida como si de verdad se tratara de la primera vez que lo hacía se desprendió lentamente de la bata que no recordaba haberse puesto.
Los ojos de Edward permanecían en ella mientras lentamente iba descubriendo su piel. Hacía eso para su propia tortura y placer personal porque le gustaba verla así, sonrojada con timidez aunque conociera esa otra parte de ella que la poseía cuando estaban juntos. Le parecía que habían pasado eones desde que había disfrutado de ese cuerpo.
Ella se metió en la bañera con movimientos pausados y suspiró cuando el agua cálida tocó su piel, el olor de su dulce sangre lo llamó al instante pero sabía diferenciar el ansia que sentía, lo único que quería hacer en ese momento era aparearse con ella sin importar nada más, sin alimentación de por medio, solo poseerla, invadirla una y otra vez mientras ella gemía en su oído y le clavaba las uñas en la espalda. Era como si su instinto le estuviera gritando que aprovechara esos momentos mientras podía.

Se apoyó en una de las columnas de la cama y se dedicó a observarla regocijándose en la suavidad de sus movimientos y en el ligero temblor de sus manos, el calor de esa sangre se estaba concentrando y sabía muy bien que no era por el calor del agua. Conocía ese tipo de cambio en su sangre y lo disfrutaba hasta límites insospechados. Ella frotaba su piel con la toalla perfumada en un camino descendente y tortuoso, como si supiera exactamente lo que le estaba haciendo, tentándolo conscientemente.
Quería acercarse y terminar por ella pero quería que estuviera limpia, aunque la hubiese tomado en todas las formas en que pudiera tenerla.
La noche había acabado pero había decidido alejarse de ella en la madrugada pues su cercanía y olor le habían hecho desear hacerle cosas a su cuerpo y aún estaba demasiado fría para pensar en ello. Su ser la llamaba, la necesitaba y si la transparente mirada de ella, anexo al olor concentrado de su sangre, eran indicios ella deseaba lo mismo que él. Solo había que esperar.

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La mujer hermosa, aunque de porte severo estaba peinándole el cabello como Bree nunca había conocido. Era un acto tan marginal a ella que lo sentía el doble de emocional. Quería ser una niña fuerte ya que percibía que lo iba a necesitar durante toda su vida. Iba a cambiar para algo que no conocía, nadie se había tomado la molestia de explicarle nada. Parecían creer que ella debía entenderlo sin necesidad de nada más pero por lo poco que sabía el mundo era así y solo una persona no estaba destinada a cambiarlo.

-Gracias - le dijo a la mujer hermosa como siempre hacia en el momento en que le prodigaba sus atenciones con esa amabilidad que solo alguien llamado madre podía expresar.

-Seguramente tienes demasiadas dudas y confusiones - dijo la mujer y Bree pensó que le había leído el pensamiento.

- No sé qué preguntar, todo es tan extraño que no tendría por dónde empezar-

- Y yo no debo decirte nada-

-Pero aun así está aquí, cuidando de mí cuando nadie más querría hacerlo y sé que no son normales pero le puedo asegurar que son lo más cercano a personas que alguna vez traté- sus ojos no miraron más a Esme sino que se fueron por derroteros que no quería mencionar. Esme tampoco sabía que decir, su instinto maternal seguía creciendo y Carlisle le había advertido que no estaba bien, pero no podía evitarlo, no sabía controlarlo, era la primera vez que veía a un niño desde que fue convertida y su imposibilidad de tenerlos cuando era humana habían hecho crecer ese anhelo como si se lo hubiera traído de su otra vida.

-¿Van a matarme...?-

Muerte, parecía ser la protagonista de toda esa historia, todos la esperaban y pesar de ser inmortales todos la presentían, sabían que todos los caminos llegaban a su fin pero solo los humanos eran quienes se hacían preguntas sobre la muerte más seguido, porque sabían que su tiempo era limitado. No respondió porque ni siquiera ella misma sabía la respuesta. Y comprendió y no le importó porque atesoraría esos momentos maternos para el resto de eternidad que le quedaba.

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Bella sabía que el agua estaba pasando de tibia a fría y con el clima que podía divisar a través de las ventanas sabía que sería cuestión de segundos. La piel estaba comenzando a erizársele y sabía que de quedarse ahí se congelaría así que la otra opción era salir. Había un olor especiado en el ambiente que le hizo pensar en la miel y la yerbabuena y sabía de dónde provenía. Ahora era más intenso como si de alguna manera su olor se hiciera más fuerte o como si ella pudiera percibirlo mejor. Como si ella estimulara esa esencia.
No, no podía ser... él lo había dejado claro.

- Sal de ahí- fue la tacita orden de él que había abandonado su posición al lado de la cama y se encaminaba hacia ella trayendo una toalla mullida que había apoyada en una de las sillas. Cuando se detuvo a dos metros de distancia a ella no le quedó más remedio que levantarse.

El agua descendía por su cuerpo y el aire frío del ambiente hizo que se le erizaran los vellos del cuello y brazos entre otras cosas que se apresuró a cubrir instintivamente.

Ella esperaba que él la envolviera en la toalla o se la lanzara pero solo estaba ahí mirándola, sus ojos oscureciéndose. Los podía seguir con su misma mirada, la observaban detallándola y aunque estaba nublado entraba claridad suficiente para revelar perfectamente su cuerpo desnudo y cada imperfección en él. Conocía esa mirada de hambre, la había visto demasiadas veces sobre ella para equivocarse, su propio cuerpo se sacudió en respuesta como si estuvieran conectados de algún modo. Levantó su pie y bendijo su equilibrio al poder salir de la bañera de manera digna. Apoyó ambos pies en la toalla que estaba al lado de la bañera sintiendo las gotas de agua deslizarse hasta el suave tejido.

El aire frío la abrazó pero no fue esa la razón por que la cubrió sus partes pudendas a pesar de que su instinto sería frotarse los brazos a causa de la gelidez del ambiente. Esperó quieta a que él hiciera el siguiente movimiento. Mirándose, dos voluntades chocando, dos seres vinculados sin saberlo, dos destinos unidos por las circunstancias más macabras de la vida.

Bella apartó un brazo de su pecho deseando tener uno más para no descubrirse y dejó la mano extendida esperando que él le alargara la dichosa toalla. No quería acercarse más, no quería ser la primera en flaquear, quería sentir por un momento que era lo suficientemente fuerte para resistir unos segundos más sin lanzarse a sus aristocráticas rodillas y rogarle que le diera atención, que sintiera por ella lo mismo que ella había descubierto que sentía por él.
Un paso más, por parte de él, dado con tanta lentitud que parecía como si el también estuviera enfrentándose a algo que requería toda su voluntad y todo su deseo de seguir siendo frío. Acercarse a ella era como llegar al paraíso después de un infierno de vida. De repente su existencia se le hacía más llevadera si seguía sintiendo eso que ella le inspiraba. Si ella se volvía como él...
Detuvo su avance un momento cuando ese perturbador pensamiento entró por su mente sin saber de dónde había salido. Verla a ella, convertida en vampiro, corriendo como una gacela entre ese campo donde habían sido encerrados.
¿De verdad quería condenarla justamente a ella a esa vida solo para que se quedara con él por el resto de su existencia?
Sentía que era momento de aceptar que ella era algo más que el collar y todo lo demás era superfluo, secundario ante la sola idea de perderla, de que ella muriera.

Retornó su avance hasta que dio el último paso y finalmente pudo verla desde su imponente estatura, de observarla como intentaba cubrir su cuerpo de su insolente mirada, como si su pureza no se hubiese corrompido por él.

Y ahora que la miraba se daba cuenta que el alma limpia de esa mujer no se había visto afectada por toda su maldad. Aunque había menoscabado los principios sobre los que seguramente había sido criada haciéndola convertirse en su amante la esencia de ella seguía siendo la misma, la campesina tentadora de siempre que lo había afectado con su aroma y sus ojos limpios desde el primer momento en que la vio.

Aspiró su olor y cerró los ojos cuando ese aroma caló cada parte de su cuerpo. Su mano derecha apretaba en un puño la toalla percibiendo que el pedazo de tela era inútil cuando era él quien quería secar y degustar esa piel con su lengua. Y sabía que ella lo deseaba también.

A pesar de lo que había pasado, de lo que le había hecho, de quien había venido a alterar el poco de paz que había conseguido, a pesar de ello, ella seguía ahí, queriendo estar con él, como si hiciera caso omiso de su condición natural. Como si su propio cuerpo la dominara al igual que le pasaba a él.

Se sentía bien no ser el único afectado y el bienestar, la sensación de regocijo era equiparable a beber su dulce sangre. Abrió los ojos en los que debía reflejarse su honda necesidad. Seguramente había pasado poco más de un segundo desde que los había cerrado y le había dado tiempo a su privilegiado cerebro de digerir y meditar toda esa información y la conclusión a la que llegaba era la misma. Quería estar con ella como hombre, no como vampiro aunque disfrutara de la misma manera fuera cual fuera, quería envejecer pero con ella, quería. ..Tanto...

Pasó la toalla lentamente por el frente de ella llevándose consigo la humedad que brotaba de su piel. Bajo sus manos el cuerpo de ella se estremecía como si el roce indirecto de sus manos la estuviera afectando.
Bella no podía creer lo que estaba pasando, era imposible que él la estuviera secando como si fuera alguien cercano a él, alguien a quien tenía que cuidar, la manera en que la secaba asemejaba más a una caricia. Era la total antítesis del erotismo y aun así, a pesar de la tela, podía percibir cada roce en su cuerpo. Finalmente había tenido que descruzar sus brazos para que él pudiera secarla por el frente y estaba tan cerca como antes.

Cuando sus manos y la toalla rozaron su pubis Bella se mordió el labio para evitar dejar escapar un gemido delator. El conocido cosquilleo en sus partes íntimas iba acrecentándose a medida que percibía más y más la presencia de él y su corazón palpitaba locamente. Su amor, combinado con la atracción que él ejercía sobre ella, estaban comenzando a marearla de necesidad.

Quería hacer algo como apartar la toalla de sus manos y treparse sobre él para sentir su duro contacto y sus besos helados que ella entibiaría con su propio calor. Eso lo estaba haciendo su contraparte irreal, la verdadera Bella sólo permanecía quieta dejando que la tocará y que en ese justo momento caminara lentamente hasta quedar en su espalda y comenzará comenzara a secarla con la misma suavidad inusitada su cabello, cuello y resto de espalda.

Cuando lo sentía en esa posición era incluso más difícil permanecer quieta porque sentía que la estaba inspeccionando de alguna extraña manera y la hacía percibirse vulnerable la tensión la excitaba y le estaba costando horrores controlar los estremecimientos que estaban comenzando a envolverla.

- Por favor...- la súplica escapó de su boca cuando él dejó de secarla. Percibió que deslizaba uno de sus fuertes y fríos dedos por la línea que dividía su espalda hasta llegar al nacimiento de las nalgas y otra vez de regreso hasta la base del cuello.

El gemido que escapó de la boca de Bella hizo consonancia cuando sintió los brazos de él envolverla y acercarla a su cuerpo. No estaban separados ni un centímetro, había tal unión que si Edward hubiese podido leerle el pensamiento no habrían podido estar más cerca el uno del otro.

Edward percibía el calor de Bella traspasando su ropa, como si la tibieza de ese cuerpo vivo pudiera hacer algo para calentar toda su frialdad. Ella apoyó la cabeza en su hombro como si hubiese desfallecido y se estuviera rindiendo a los placeres de la carne.

Él la miró desde arriba pudiendo ver sus pezones rosa completamente erizados, las sensibles puntas y los blancos montículos que los precedían estaban a su completa disposición. Era una tentación demasiado grande especialmente cuando podía visualizar y sentir las palpitaciones de su vena yugular, de donde salía la sangre más dulce.

No, no iba a morderla, aunque se muriera de deseo no lo haría porque ella era débil y su frenesí de hambre por su sangre podía matarla. No iba a alimentarse aunque su lengua deseara catar la miel de su piel y la de su sangre, debía privarse aunque muriera. Cerró las manos sobre los cálidos pechos y ella gimió suavemente, seguramente por el contraste del calor y el frío. Pero a ella parecía no importarle porque arqueaba la espalda como si quisiera más de su frío contacto. El trasero de Bella rozó la pesada erección del vampiro que gimió roncamente en su oído. Ambos parecían desearse de una manera imposible de manejar. Ella movió sus manos y las puso sobre las caderas de Edward para acercarlo más mas aunque ambos sabían que ya no había distancia que los separara.

"¿Qué estás haciendo?" Se preguntaba Bella mientras su cuerpo comenzaba a calentarse más.

"Sucumbir"

Era la única respuesta y nada nunca se sintió tan bien. Él había prometido que la protegería aunque los motivos no fueran tan claros. Sus pechos se sentían congestionados y helados y no había sensación más gloriosa. Excepto tal vez que esas frías manos estuvieran en otro lugar aún más cálido. Con los ojos cerrados, la respiración entrecortada y su cuerpo rozando leve y pausadamente el de él, Bella sentía que no había lugar mejor. Así permanecieron por varios minutos, tocándose, él con la ventaja pero ella no se sentía mal porque sabía que podía permanecer bajo su contacto durante toda su vida.
Pero también se moría por besarlo, por llenar sus brazos de algo más que sus caderas con la fina ropa apretada en sus puños.
De un solo movimiento, y como si le hubiese leído el pensamiento estuvo mirándola de frente, sus manos ahora se cerraban en su espalda atrayendo y sus labios finalmente entraron en contacto con los de ella, creando un contraste entre las temperaturas de ambos, cuyas anatomías se estremecieron por los mismos motivos conscientes de lo que ambos sentían y era producido por el otro. Las lenguas un baile sensual que cada una conocía a la perfección. Cada boca sabía lo que le gustaba a la otra y se entregaban sin inhibiciones. Las manos de Edward apretaron la cintura de Bella acercándola más, luego bajaron por sus caderas para asentarlas en sus nalgas alzándola hacia su férrea erección que se apretó contra el redondeado vientre de ella cuyos brazos se aferraron al cuello del señor.

Edward la empujó más cerca haciendo que ella abriera las piernas y finalmente diera un pequeño salto para enredarlas en su cintura.

Si, pensaba Edward, esto era lo que quería, a ella trepada a su cuerpo sin que nada la detuviera.

Caminó sin esfuerzo y la apoyó contra una de las paredes, completamente seducido por el calor que ella desprendía, el olor de su excitación llegándole desde el sexo. La esencia de ella que siempre trastornaba todo lo que él mismo era.

Apartó su mano derecha de donde la estaba sosteniendo para desatar sus propios pantalones de ante quizá rasgando la tela un poco por el afán de poder sentirla. Ella, apoyada contra la pared, hacía inútiles esfuerzos por desabrochar el chaleco y la camisa que él portaba. Inútiles porque las manos le temblaban de excitación. De su propia suave boca salían suspiros mientras el brazo seguía sosteniéndola, las manos de él moviéndose entre las piernas de ambos... luego se sintió llena, hasta el punto del dolor.

Había entrado en ella y aunque estaba lo suficientemente lista para tomarlo recibirlo siempre la impresionaba, por su tamaño, fuerza e ímpetu.

Gritó moviéndose para aliviar la presión y él se retiró para luego volver a entrar, la fricción la hizo volver a gemir y ya no tuvo más opción que aferrarse y sostenerse al cuerpo de él mientras esté dirigía los movimientos gruñendo desesperado ante la gran cantidad de estimulación que estaba recibiendo al entrar en aquel cuerpo húmedo y apretado.

Ella lo complementaban y aquella unión carnal no hacía más que demostrárselo. Cada vez que se hundía en su estrecho interior sentía la conexión creciendo, percibía hambre, pero no de su sangre aunque ese apetito no quedaba descartado del todo. Sentía hambre de las emociones de ella, como si fuera alguna especie de comedor de pensamientos, quería leer sus reflexiones para saber la manera en que verdaderamente se sentía respecto a él, a su cautiverio, a lo que pasaba cuando estaban juntos... a su perdón...

Sus ojos se dirigieron al cuello que ella dejaba all descubierto al retroceder ante sus embates, sus movimientos hacían que el cabello lo cubriera y lo descubriera en un movimiento uniforme. Ahí estaba aquella deseable vena, pero lo único que hizo fue pasarle los labios por el cuello y aferrarse a la piel con ellos posiblemente dejándole una marca pero eso era lo máximo que se acercaría a su sangre.

El sabor de su piel era igual de intoxicante y eso le venía bien.

Seguía empujando en ella, sintiendo como los músculos se apretaban y lo soltaban acompasando sus movimientos bruscos, sus manos viajaban desde sus piernas hasta sus caderas, cintura, espalda, rozaban levemente el cabello y volvían en su recorrido.

Seguramente le quedarían marcas en la espalda, fue otro de los pensamientos incoherentes de Bella, y aun así su cuerpo se sentía pleno, satisfecho y con un alto grado de felicidad. Deseaba quedarse de esa manera, con él entre sus brazos y dentro de su cuerpo.

-¡Si... si...!- gemía en el oído de él deseando que pudiera amarla tanto como parecía desearla.

¿Conformarse?

Tal vez, porque si et lo único que podía tener la abrazaría de la misma manera.
Sintió como su vientre explotaba y su sexo se contraía trayéndole la celestial sensación de placer. Él se quedó quieto mientras sentía el orgasmo de ella prensándole el miembro, estuvo a punto de seguirla pero se contuvo y se dedicó a observarla perdido en su expresión de placer, la pacífica sonrisa de su rostro y después la quietud.

Era hermosa, era la mujer más fascinante, la más. ..

Sosteniéndola, aun dentro de su cuerpo, percibiendo la humedad que manó de su orgasmo sobre su propio sexo, caminó hasta la cama y la recostó lentamente. Las piernas de Bella, débiles tras su arrollador clímax, amenazaron con dejar de aferrarlo y eso no lo quería permitir si quería seguir siendo presa de ella así que las aseguró con sus manos y comenzó a moverse sobre su cuerpo sintiendo que el interior de ella volvía a apretarse y el gemido escapaba de ella.

La observó desde su posición. El cabello en abanico alrededor de su cara, los ojos abiertos y vidriosos mirándolo fijamente, siguiendo sus movimientos, los labios entreabiertos, su respiración jadeante saliendo en espiraciones cuando la fuerza de sus embestidas la hacía perder el aliento.

Se salió de su cuerpo siseando ante la placentera sensación y se deslizó por su cuello mirando la marca amoratada de su pasión, se concentró en los pechos besándolos y lamiéndolos. La tibieza de ella se estaba apoderando de su piel haciéndolo sentirse él mismo tibio pero aun así los pezones seguían enhiestos deseando sus besos y eso hizo, los besó, tocó y succionó con suavidad al inicio con más fuerza después, copó los pechos con sus manos catando su sabor dulce y blanco.

Ella se retorcía en la cama pero su figura le impedía moverse, solamente le permitió quedarse ahí y disfrutar de sus atenciones como se merecía.

Él lo veía como un tributo, como una adoración, quería grabarse en su mente. Cuando los pezones enrojecidos por sus atenciones ya no fueron suficientes bajó por su vientre lamiendo el sudor que la excitación hacía en su piel aunque ya había hecho eso antes para ella seguía siendo chocante.

-No...- susurró, pero no tenía la suficiente dureza y negación en la voz para convencerlo de lo contrario. Le abrió las piernas con sus manos y con un movimiento decisión pegó su boca al sexo de Bella sorbiendo, lamiendo y deleitándose en su sabor, disfrutando viéndola disfrutar.

Ella se sentía como la pólvora nuevamente cualquier roce era como una cerilla acercándose a algo potencialmente incendiario pero alejándose segundos después dejándola cada vez más necesitada.

Había algo diferente, no estaba amarrada y podía tocar su cabello sobre su cabeza metida entre sus piernas. Aun la impresionaba ese grado de intimidad pero accedía porque él quería y porque era placentero, no tanto como tener a su cuerpo dentro de ella pero era él, era el placer que él quería darle.

Percibió su lengua en su clítoris y luego descendiendo por la pequeña abertura de su sexo y todo el camino de vuelta. Era una tortura y quería que terminara, solo para volver a empezar. Quería hacerle lo mismo a él, quería. ..

- Basta, por favor - pidió en una súplica más sonora, una que sí hizo que él se separara un poco y la mirara - No más...- No sabía si lo detenía porque era incapaz de procesar tanto placer o porque quería pedirle que la dejara hacer lo mismo, compensar de alguna manera todo lo que le estaba dando esa mañana y él se detuvo, sorprendentemente.

No la entendía, aún tenía las mejillas sonrosadas, signo de su evidente excitación le pedía que parara. Ella salió lentamente de debajo de su cuerpo y su manos suaves, cálidas y firmes lo instó a que se recostara en la cama.
Bella percibía su sexo palpitando pero decidió calmarlo. Se sentía osada y un poco perturbada por lo que quería hacer y esperaba que él se lo permitiera.

Edward la contemplaba con cautela, seguía los movimientos de ella como si de alguna manera él se hubiera convertido en la presa de algún depredador.

Los dedos de ella terminaron de desabrochar el chaleco, sacándoselo torpe pero insistentemente. Le daba vergüenza saberse desnuda y que él había estado vestido todo el tiempo pero ya no importaba porque él ahora era el ahora. Desabrochó la camisa y también se la quitó, ayudada por él.

Luego procedió a remover los pantalones desde donde sobresalía aquello del cuerpo del cuerpo de él que una vez temió pero que ahora solo podía mirar curiosa y mortalmente deseosa.

Cuando estuvo desnudo ella pudo mirarlo con libertad por primera vez. Si, era cierto que habían estado juntos muchas veces pero siempre había sido bajo el resguardo de la luz de las velas, a la penumbra que aumentaba la sensación de inminente sexualidad. Pero ahora, a la luz del día solo podía embelesarse con el ligero brillo de su piel que la claridad del día hacia evidente, no había sol pero era suficiente para verlo. Los músculos presentes más no prominentes, eran como los de una pantera ágiles, marcados y peligrosos.

Acarició con sus manos el ancho tórax sintiendo toda la dureza bajo la piel. No tenía vello en el pecho y su marcado abdomen era incluso más duro, como si estuviera conteniendo la respiración, aunque no creía, jamás podía soñar con despertar en él lo que él despertaba en ella.

Luego siguió a las caderas que tuvieron un ligero movimiento cuando ella posó las manos ahí ignorando deliberadamente a su miembro. Le acarició y palpó suavemente las piernas y los pies y finalmente retornó y se detuvo en el quid del asunto.

Era... ¿perfecto? No tenía punto de comparación con nada que ella hubiese presenciado antes ya que nunca vio un sexo masculino y aunque él no era técnicamente humano imaginaba que no había mucha diferencia.

Alargó su mano lentamente esperando que él la detuviera y le impidiera tocarlo pero no la detuvo, tan solo la contemplaba con esos ojos, tan fijamente como un halcón. Su mano pequeña no alcanzaba a rodearlo pero la cerró hasta donde pudo y comenzó a frotarlo de arriba a abajo sintiendo una insana curiosidad por saber lo que sentiría él con las manos de ella en su sexo, si sentiría esa expectación mezclada con temor que sentía ella cuando él la tocaba de la misma manera íntima. Si sentía esa miríada de sensaciones que le producía a ella cuando la probaba o cuando ella hacia lo que hacía.

Se inclinó hacia adelante con las rodillas juntas y deslizó su tímida lengua lentamente por la punta de sexo de él que, contra todo pronóstico, saltó en la cama levemente como si ella lo hubiera quemado.

Se detuvo por un momento para darle tiempo a que la dejara continuar o no pero no hizo nada, conectaron los ojos de ambos por un momento y ella volvía a su prueba, como tampoco para ello tenía punto de referencia simplemente imitaba con su lengua lo que recordaba que él le hacía a su propio sexo cuando la probaba entre las piernas. Deslizaba la lengua por la punta y a los lados lentamente sintiendo la esencia dulce que manaba de él y el sabor de esa piel fría que ella entibiaba con su saliva. Gimió ante el olor también dulzón que también percibía y que la hizo sentirse más apasionada que antes.

Se llevó la punta a la boca y comenzó a chuparlo lentamente embebiéndose de ese placer y de los estremecimientos que habían comenzado a recorrerlo. Parecía que se había vuelto más perceptiva y lo que estaba haciendo parecía gustarle. No necesitaba que se lo dijera, lo lavó con la humedad de su boca percibiendo su propio sabor en él y sin saber por qué encontraba todo tan correcto y esa cercanía que compartían tan especial.

Cuando más concentrada estaba sintió que los brazos de él la detenían y la alzaban contra su figura para poder devorarle la boca con un beso arrollador y ella se lo devolvió con creces sintiendo nuevamente el vínculo entre ambos. Edward tocó su espalda con sus manos de arriba a abajo lentamente, la figura de ella completamente acostada sobre él.

-Abre las piernas - susurró Edward sobre su cabeza y sintió como ella, lentamente, obedecía hasta que quedó montándolo. Apoyando ambas manos en su pecho Bella se izó hasta que quedó sentada sobre su cadera ambos mirándose a los ojos mientras él, con parsimonia, guiaba las caderas de ambos hasta que la penetró suavemente, toda la longitud de su miembro finalmente dentro de ella.

La joven movió sus propias caderas de un lado a otro para acomodar su tamaño hasta que finalmente encajó y ambos suspiraron por estar unidos. Él sujetó las caderas de ella y comenzó a guiar los movimientos, ascendente y descendente, adelante y atrás, penetrándola con firmeza porque sentía que estaba a punto de explotar de puro placer. Era una danza coordinada en donde ambos encontraron el ritmo requerido para satisfacción mutua. Edward la observaba, a sus pechos moverse de acuerdo a sus movimientos, su garganta expuesta, el largo cabello cayendo por su espalda y rozando sus piernas. Bella volvió a sentir que su interior se apretaba y comprimió los músculos de su pelvis en un acto reflejo arrancando un gruñido a Edward que comenzó a aumentar la velocidad de sus movimientos ya que, al conocer su cuerpo sabía que la explosión era inminente.
Ambos llegaron al clímax a la vez aumentando aún más la sensación de conexión.
Y luego todo fue calma para ambos. El cuerpo de ella cayó desmadejado sobre el de Edward que la recibió sin decir nada. Bella sabía que no arruinaría ese momento con palabras, que sus duda debían quedarse donde estaban porque nadie le diría como responderlas.

De repente le dio mucho sueño pese a que era de mañana, no pudo controlar el cansancio y sabía que no tenía nada que ver con su falta de sangre sino con todo lo que habían estado haciendo. Cerró los ojos pensando en que, a pesar de la dureza de los músculos debajo de ella, nunca se había sentido más cómoda.
Edward contemplaba el techo de la cama de dosel aun completamente arrollado por lo que acababa de suceder, el sexo entre ellos nunca había sido de esa manera y se encontraba tan confundido como un niño pequeño. Lo había sentido todo, cada sensación cada toque, cada expresión, todo de ella se le había quedado grabado y no se sentía mal ni incómodo por ello. De hecho se sentía tan tranquilo hasta que...
Pensó en Tanya...
Toda su sensación de abandono sexual lo dejó en un instante, no del todo, pero se sintió súbitamente más frío, como si el calor que ella le hubiera aportado se estuviera desvaneciendo a pesar de tenerla tan cerca. Por un segundo deseo ser un hombre normal abrazando a su mujer, a la mujer que quería.
Querer...
Esa palabra comenzó a darle vueltas en la cabeza como si alguien hubiera lanzado un hechizo contra él. ¿Acaso nunca podía hacer las cosas bien? No podía permitirse quererla, no pertenecían siquiera a la misma especie y aun así...
Aun así cumpliría su promesa. La protegería costara lo que costara.
¿Incluso tu propia vida?
¿Pero realmente se le podía llamar vida a lo que tenía?
Sus brazos se apretaron inconscientemente alrededor de la figura que dormía en sus brazos.
Decidió disfrutar un poco más de ese calor y cuando pasaron dos horas más decidió apartarse y dejarla a buen recaudo de la cama. Tenía que alejarse un poco de todos los pensamientos que el hecho de tenerla cerca le producía. Ella le hacía cuestionarse con cosas para las que no se sentía preparado a afrontar. Ahora todos estaban en peligro y no dependía de nadie, no podía pensar sólo en su beneficio, ellos, los que habían sido transformados por su culpa, también fueron humanos una vez y no podía dejarlos a la deriva esperando que Tanya hiciera algo malo con ellos. Decidió ir al despacho, al menos allí parecía encontrar la paz que era incapaz de encontrar en ninguna otra parte.