Bueno, antes que nada quiero advertir que se acerca el final, como había explicado antes este no iba a ser un fic demasiado largo y pues como todo en la vida tiene su principio y su final, agradezco de antemano todos los mensajes y alertas.

Los personajes de Twilight y la Bella y la Bestia pertencen a sus respectivos autores. La historia es mia.

Bella siempre había pensado que las pesadillas donde tú eras protagonista y donde no podías moverte ni gritar eran las peores jamás imaginadas. Ser víctima de ellas era el suplicio más grande al que alguna vez sería sometida la mente. Pero ser parte de ello lo hacía incluso más horroroso.
Sentía que se estaba ahogando, la sensación de muerte inminente era algo contra lo que no podía luchar. Algo oscuro y lleno de maldad se le estaba metiendo por los ojos, la nariz, la boca y las orejas. Cada vez que hacía un intento por inhalar eso se adentraba más en ella y en medio de su oscuridad comenzó a ver cosas feas. Cosas donde ella misma estaba involucrada, donde todos sus sentimientos y miedos eran puestos a la luz vergonzosamente. La verdad no sabía si estaba soñando o si se trataba simplemente de alguna treta de su imaginación, pero lo que sentía era tan real que inclusive al abrir los ojos lo vio todo negro por un momento. Cuando pudo aclarar su visión una voz femenina en su cabeza le dijo que debía levantarse en ese instante.
Ayudada por los brazos se izó a pesar de que sentía algo, o peor aún, alguien, la estaba controlando.
"Vístete " Dijo la voz en su cabeza.
Uno de sus vestidos había sido puesto sobre la silla al lado de la ventana. Dio los pasos que la separaban de su objetivo y se puso el vestido ignorando las reglas de decoro sobre corsé, camisola, y medias. Algo más profundo dentro de ella le estaba pidiendo que se detuviera, que eso no era lo que quería hacer, quería quedarse en la cama de Edward y seguir recordando la manera en que habían estado juntos pero la voz que la controlaba seguía dictando todos sus movimientos y guió sus pasos para que saliera de la habitación y posteriormente de la casa.
Sus pies descalzos no hicieron ningún sonido al pisar la alfombra fina, tampoco hicieron ninguno cuando bajó las escaleras.
"No quiero este frío... ¡Detente!" Le gritaba su propia mente al sentir sus pies en contacto directo con la nieve. Estaba caminando hacia los terrenos que rodeaban la mansión y estaba comenzando a adentrarse en el espeso bosque. Los pies le dolían, el frío de la nieve la estaba quemando. Sentía las saladas lágrimas resbalar de sus ojos ante lo que estaba experimentando. Súbitamente le había llegado el reconocimiento de quien le estaba hablando, de quien estaba controlando su cuerpo y por algún horrible motivo, su mente. Era ella, había vuelto y había encontrado la manera de poseerla.
Las ramas le daban en la cara pero no hacía nada para apartarlas, simplemente pasaba a través de ellas como si fueran agua.
"¿Qué es esto? "Sollozaba su interior. Él le había dicho, la noche anterior, que la protegería, pero ahí estaba, punto de caer en los brazos de la mujer que era una bruja. No se lo había asegurado, pero había prometido y ahora, pensaba mientras llegaba a la falda de una alta montaña y comenzaba a ascender sin controlar su cuerpo, ahora se daba cuenta de que él nunca cumpliría. Nunca la protegería porque solamente era un juguete sexual.
Sintió que la bañaba de repente una fuente de calor, como si hubiera entrado en alguna especie de cúpula, sus ojos, que parecían ser los únicos en responder, miraban a su alrededor. Podía ver la torre más alta de la mansión desde ahí, podía ver parte del bosque.
Pisando terreno plano vio a lo lejos la figura de la mujer mirándola dar los pasos que la llevaron a quedar frente a frente.

- Me alegra que hayas venido - dijo esa voz dulce y angelical que seguramente provocaba cosas curiosas en los hombres, porque a ella le provocaba temor. - Eso hará todo mucho más fácil -

"Verás, mi único propósito es salvarte, salvarte antes de que él inunde tu alma de su presencia."

Bella se preguntó si ella sabía que, de hecho, su alma y corazón estaban inundados de amor por Edward.

- Quiero protegerte como nadie me protegió a mí, advertirte como nadie me advirtió, salvarte como nadie lo hizo conmigo, de ese hombre que una vez fue Edward Cullen y también de la bestia que es ahora –

"Si, ya se lo que debes estar pensando, él es lo que es en este momento por mi culpa, pero déjame contarte la parte de la historia que él decidió ignorar para su propio beneficio, asumo. Para poder tenerte y quedar como la víctima. Yo era una campesina que a duras penas tenía para comer. No tenía familia ni nadie que viera por mí. Y amaba al señor de estas tierras desde que era adolescente. Me parecía perfecto y me decía a mí misma que nunca lo iba a tener. Pero un día lo hizo, un desgraciado día lo hizo y como campesina que era caí en sus brazos con facilidad. Está enamorada y habría hecho lo que me pidiera, hasta convertirme en su amante."

Bella se sentía plenamente identificada con lo que estaba escuchando, porque también era una campesina y también haría todo lo que fuera por ese hombre.

"Hasta que un día decidió que no era lo suficientemente mujer para él. Yo quería que nos casáramos, lo amaba, aun lo amo. Pero a pesar de que le rogué, le supliqué que me quisiera de vuelta, que viviéramos juntos, que me dejara amarlo, se negó y me echó de su vida como un perro, sin alma ni corazón porque se los había entregado a él. Tenía un bebé en mi seno"

Bella sintió una punzada de dolor en su pecho al escucharla decir aquello. Todo parecía tan real y ella misma estaba tan dolida que a su pesar comenzó a creer en las palabras que ella estaba diciendo. Siempre había escuchado decir que había tres versiones de la verdad, la de una y otra persona involucrada y la que era real. Solo que ella ya no sabía cuál era la realidad.

"Al abandonarme volví a estar por mi cuenta y en mi avanzado estado de desnutrición perdí a mi bebé. Había alcanzado a ilusionarme con tener esa parte de él, con mi hijo como compañía y luego estaba todo perdido, ya no me quedaba nada. Y yo solo quería vengarme. La comadrona que atendió mi aborto también tenía conocimientos en brujería nadie sabía pero al ver mi dolor comprendió mi deseo de venganza y me enseñó como maldecirlo y lo hice, solo que en la brujería se debe pagar un precio y me mi involucrada. Por azares de la magia hasta sus sirvientes se vieron afectados sin tener culpa alguna. Ahora sólo hay una manera de liberarlos, quiero que todo acabe, quiero que dejemos de sufrir por está existencia a medias, quiero que volvamos a ser humanos y disfrutemos de la vida que nos fue arrebatada por las malas decisiones. Quiero que el sufrimiento. .. Termine"
Bella se preguntó si la ligera nota de maldad que había dejado traslucir ella en su tono había sido producto de su imaginación. Pero a pesar de que intentó verla a los ojos ella se resistió y no pudo desmentir nada, porque en realidad ella tampoco sabía nada. Era verdad, debía serlo, no tenía por qué mentir, si estaba enamorada de él no tenía por qué mentir y menos a ella que no significaba nada para él. Como había resaltado en innumerables ocasiones no sabía cómo interpretar a la gente ni identificar las mentiras y las verdades. Le creyó porque no tenía nada mas en que creer ni que ver. Se sentía presa de una negatividad y desazón sin precedentes pero al final todo se reducía a la sensación de tristeza ante la evidente realidad, ella no tenía nada que hacer al lado de él, no era hermosa como la mujer que hablaba frente a ella, tampoco era nada al lado de ella.

- Necesito tu sangre - dijo la mujer observándola fijamente - tu sangre es lo suficientemente pura para salvarnos a todos. -

Bella levantó su muñeca como una autómata y la ofreció sintiendo como el corazón comenzaba a palpitarle a toda velocidad.

¿Qué estoy haciendo?

Una voluntad mayor se apoderaba de ella y la verdad era más clara, aunque ella amara al señor de la mansión no había futuro para ellos no tenían nada juntos más que la atracción sexual y eso, aunque la embrujaba al final no dejaba nada para protegerse, la coraza que había intentado imponerse se había resquebrajado y todo era culpa de ella. Ella se había buscado su destino.

"Eso es " decía la dulce voz.

Un dolor en la muñeca le recordó donde se encontraba y lo que estaba dejando que le hicieran, quiso rehusarse pero algo más poderoso que ella se lo impidió. Ese dolor no tenía nada que ver con el que sentía cuando Edward la mordía en el brazo, este dolor conllevaba la maldad y un odio cancerbero que percibió en lo más profundo de su ser. Era el odio de esa mujer, lo sabía y de alguna manera estaba contagiándoselo a ella. No quería sentirse infectada de esa manera pero aunque todo su ser quisiera luchar no podía hacer nada. Lo único que cruzaba por su mente era él y todo lo que habían tenido cuando ella había llegado a la mansión. Ya ni siquiera recordaba hacia cuanto tiempo, solo tenía las memorias en su cabeza para guiarse.
El dolor en su brazo remitió y se dio cuenta de que la mujer había recogido algo de su sangre en un cuenco metálico que tenía dibujos a su alrededor que no alcanzo a identificar. Bella caminó hacia el pequeño altar que la mujer había edificado y se puso frente a donde Tanya había apoyado el tazón con su sangre.

"Sólo tú puedes ser lo suficientemente pura para esto"

Bella asumió que 'esto' era la salvación que ella había mencionado antes. Era lo único que quería. A pesar de todo seguía preocupándose por un ser que no quería ser salvado.

/*/

Edward no supo cuánto tiempo se quedó en el despacho. Su cabeza era un solo giro de estrategias, preguntas, dudas y más. ¿Qué hacer? ¿Cómo llevar a cabo sus propósitos de protección para todos? Incluso estaba pensando en proteger a esa niña que se había adentrado en sus vidas sin conocerla y cuya sangre salvo a Isabella. Percibía que toda la crea recaía en sus hombros y por primera vez en sus muchos siglos de vida se sentía útil. Si tan sólo pudiera llevarlo a cabo.
Estaba meditando nuevamente cuando escuchó que tocaban la puerta y por qué Esme y él de conocían bien sabía que se trataba de algo importante.
Cuando divisó el rostro de Esme se dio cuenta de que algo no estaba bien y el primer pensamiento que cruzó por su cabeza fue dedicado a Isabella.

- Se ha ido - dijo ella, - fui a llevarle el desayuno como me ordenó pero la cama estaba vacía, el vestido rojo que había alistado para ella no estaba, ya buscamos por toda la mansión pero no está. - Esme titubeó pero después se armó de valor - La habitación olía a ella... Ella se la ha llevado –

Edward se transportó a velocidad vampírica a su habitación donde había dejado a Bella momentos antes. El olor de Bella permanecía pero Esme estaba en lo correcto, la estancia también estaba inundada de él olor abominable de Tanya. Y el collar no estaba, Bella lo llevaba puesto mientras hacían el amor. Todo lo que había pensado y planeado momentos antes se desvaneció ante un solo propósito. Ir por Isabella. Lo único que tenía que hacer era seguir su esencia pero solo podía intentar imaginarse la razón por la que Tanya quería a la muchacha excepto tú vez para matarla y al volver a pensar en ella muerta fue presa de una desesperación sin nombre y era algo que no podía permitir si estaba en sus manos.
Escuchó pasos y sintió a los demás reunirse alrededor de él. Seguramente Esme les había transmitido la nueva a ellos y todos sabían que a pesar de lo que habían hecho y planearon hacer Tanya se había llevado a Bella. Por la conexión que compartían ellos también debían estar al corriente de la desesperación y ansiedad que se estaban apoderando de él al pensar que entre más tiempo estuvieran juntas más daño podía causar Tanya a su mujer.

-Tengo que ir por ella - anunció solemnemente, si alguno se mostró sorprendido por tal afirmación tan completamente desconocida en él no lo demostró. Todos le devolvían la mirada sin inmutarse.

Ninguno dijo nada porque sabían lo que iba a pasar. Él iría tras ella y ellos lo seguirían porque a pesar del destino al que él los había condenado y la desgracia de todos esos siglos ellos seguían siéndole fieles. Él salió corriendo para internarse en el bosque y ellos corrieron tras él sin quedarse atrás, dejaron que liderara porque era el único que podía seguir con mucha más precisión la esencia de Isabella ya que al haber bebido de ella era más fácil seguir el rastro.
Solo una persona se quedó atrás, porque sus piernas pequeñas y su estado humano le impedían seguirlos como hubiera querido. Había escuchado todo y sabía que estaba cerca de algo muy parecido a la muerte. Como una autómata subió hasta la habitación que le había sido asignada, tomó una capa demasiado grande y poniéndosela y calzando se los zapatos comenzó a caminar en la dirección en que ellos se habían ido siguiendo el rastro casi imperceptible de sus pisadas en la nieve. Aun a riesgo de perderse sentía que era lo que debía hacer.

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Bella se sabía cada vez más pesada. Algo, una figura negra había comenzado a dar vueltas sobre ella y lo que antes pensó que era una cúpula de iglesia se estaba haciendo más denso, como si creciera, parecía estar tragándosela. ¿Qué pasaba ahí? ¿Por qué estaba ahí? Se iría. .. No quería. ..
Un calor pulsante comenzó a inundarle el pecho y bajó la mirada, aun traía puesto el collar, ese collar que parecía tener todos los interrogantes de la vida que estaba viviendo y que yacía de colgando de su cuello como si no quisiera separarse de ella. La joya comenzó a elevarse de su cuello huyendo de su mano.

"Es mío" dijo la voz dulce. "Su corazón es mío"

"Debemos morir, no somos normales no debemos vivir... no deben vivir"

Luego risas burlonas, se reían de su ingenuidad, de su estupidez, de sus ilusiones.

"Ya no hay salvación para él, ha abusado de su existencia, ha destruido la vida de muchas personas"

Si, tal vez era cierto.

"Podrás tener un descanso normal, descansaras tranquila sabiendo que obraste bien"

"¿Tanya, que es lo que realmente quieres?"

"A ti... a lo que representas, tu escudo...tú me protegerás"

Una voz masculina que sintió reverberar en su pecho le susurro las palabras que no entendía.

"Es la razón por la que tu mente no puede ser leída..." la voz venía notablemente del collar en su pecho.

"¿Para qué?" Pensó Bella, ¿cuál era el uso de que no le pudieran leer la mente?

No, eso estaba mintiendo, ella no era escudo de nadie, ni de sí misma, ella solo quería que eso que estaba sucediendo acabara lo más pronto posible.

Escuchó sonido de ramas rompiéndose mientras algo se acercaba. Levantó la mirada un poco y recorrió a las siete figuras que llegaron a la falda de la montaña, en donde estaba erigido el altar, donde ella estaba de pie y rodeada de la cúpula.

¿Qué hacen ellos ahí? ¿Qué hacia él ahí?

Todos se detuvieron en seco al ver lo que estaba pasando, era increíble la magnitud del poder que se estaba gestado en ese sitio. Todos ellos podían sentir la intensidad de este fluyendo hacia sus formas. Edward quería subir, de hecho hizo el ademán de hacerlo pero algo se lo impidió una fuerza invisible rechazaba cualquier intento de acercarse. Desde ahí podía contemplar a Bella y la expresión vacía de su rostro que no tenía nada que ver con la expresión de paz y felicidad que había tenido horas antes cuando él está amándola.

-¿Qué es lo que esa bruja te ha hecho?- gritó en dirección a la cúpula esperando que ella le dirigiera una mirada o una palabra.

-Oh, nada - respondió alguien que no fue Bella. Edward contempló como Tanya pasaba por detrás de Bella, reconoció su andar elegante que le pareció tan artificial como toda ella - Simplemente le dije la verdad sobre nosotros - vio como la blanca mano se enredaba en el cabello de ella y tiraba sin delicadeza de este. Bella no se inmutó por él se trató hacia ella, seguía con esa extraña expresión ausente que, honestamente estaba comenzando a darle miedo, él, que nunca había sentido miedo en su vida.

Ni siquiera cuando era humano y no sabía que porquería le había dicho aquella zorra pero seguramente era algo que había hecho que la imagen que Bella tenía de él se volviera aún peor de lo que ya era.

- Vas a estar bien- susurró más para sí mismo que para ella. Pero ella no podía escucharlo ya que seguía ensimismada con todo lo que estaba viendo frente a sus ojos, los veía a ellos, a los seres con los que vivió por cierta cantidad de tiempo, todos ahí, él ahí pero ya no podía sentir nada.

Era como si su cuerpo se hubiera anestesiado oliendo formol, nada la aturdía, nada la conmovía. Excepto tal vez eso que la mujer estaba susurrando en su cabeza, sonaba real, ella era la salvación, ella era la destrucción pero aún no había logrado determinar de qué podía ser la salvación. Podía ser libre, seguía diciéndole, pero estaba segura de que no sería libre nunca más, su corazón no sería libre y ¿qué era un cuerpo sin alma ni corazón?

Tan sólo una carcasa vacía.

Él la estaba mirando, había llegado ahí y todo aquello que ella podía escuchar era esa pelea de voces en su mente, más fuerte la de ella más débil la masculina, diciéndole que partiera su ser en dos direcciones diferentes. Salvación, destrucción, ya no podía diferenciarlas.
La cabeza había comenzado a dolerle, tener a dos personas diciéndole cosas en ella, personas que no reconocía era demasiado. Gritó para que se fueran pero ellas parecían seguirse debatiendo sin que pudiera hacer nada.
Pasó sus dedos lentamente por el collar que flotaba ante sus ojos, a su contacto la joya comenzó a brillar lentamente. Sentía que esa joya era suya, que era su deber protegerla.

"Si, vamos, eso es lo correcto, es lo que debes hacer, no dejes que ella la tenga, no puede tenerla... no..."
Luego la voz masculina fue súbitamente callada por la femenina, aquel espíritu de Tanya que seguía hablándole, seguía incordiándola con aquella frase que siempre incluía su promesa de libertad. ..
No tener que lidiar más con sus problemáticos sentimientos, todo el dolor que Edward Cullen, vampiro sin alma, había traído a su sencilla vida.

Él se había llevado sus ilusiones de niña, aquellas que no había creído poseer, su virginidad y su corazón.
Se podía amar a alguien sin ser correspondido pero a la larga se acababa como ella misma estaba acabando en ese momento, sola y sin ningún deseo de vivir.
Quizá Tanya tenía razón, quizá era mejor que toda esa estirpe maligna dejará el mundo así fuera por medio de la salvación. Y ahí frente a ella estaba la manera de salvarlos por medio de ese collar, ella yo quería, pero no había especificado como.
Serian condenados por toda la eternidad. ..
¿Es eso lo que realmente quieres?

Le preguntaba una y otra vez aquella parte de ella que siempre le había dado malos concejos y que ahora hacia su súbita y nada deseada aparición. Aquella que le dijo y la convenció de que ella podía salvar a algo como un vampiro, aquella que nunca dejó que perdiera la esperanza pero ahora la hacía dudar, como si la misma Bella no hubiera aprendido de ello.
Dirigió su mirada hacia abajo, viendo la taza donde estaba su sangre, al lado de esta había un cuchillo o una daga, nunca había podido diferenciarlas, solo que esta era una especialmente trabajada y tenía las mismas runas o diseños que la taza.
Su cabeza era un vendaval, sus ojos, aquellos traidores buscaron entre la oscuridad hasta que por fin conectaron con los de él que la estaba contemplando con una expresión que no alcanzaba a identificar. Por un segundo deseo poder abrazarlo sin que nada, ninguna situación los separara, pero ahora que sabía de imposibles, lo único que quería era...irse.
Nunca había dejado nada al azar, aunque no se preciaba de ser tan precavida, pero alargó la mano y la cerró alrededor de la daga levantándola con esfuerzo de tan pesada que era. Recordó lo que había oído una vez de alguna de las brujas que decían no serlo del pueblo, solamente la sangre proveniente del corazón más puro podrá salvar del mal a quienes merece ser salvados, solo el amor que esa sangre y esa vida dispuesta a sacrificarse posean tendrán el poder suficiente para anular lo que debe ser anulado. ...
Su corazón ya estaba muerto al menos espiritualmente, pero su órgano de vida quizá, solo quizá, fuera aún lo suficientemente inmaculado para salvar a todos ellos que acabaron en esa situación por una mujer despechada.
Era increíble que las palabras que oía se le siguieran repitiendo en la cabeza como si fuera el mismo destino quien la estuviera obligando a tomar una decisión.
A los pies de la montaña había siete figuras sondeando intentando entrar dentro de aquello que Tanya había creado.

"Destroza ese corazón. ... "decía la voz de Tanya no sabía a qué refería hasta que vio el collar. Uno de los vampiros, que la joven reconoció como Jasper intento saltar sobre la cúpula pero fue expulsado rápidamente cayendo a varios metros, todos ellos querían entrar, querían evitar que ella hiciera algo.
No había conocido realmente a ninguno de ellos, pero sabía que habían sido humanos alguna vez y que no merecían una eternidad de maldición.
Y Edward en seguía abajo, la miraba fijamente con sus ojos negros que anunciaban sed de sangre. Quería ayudarlo como siempre lo quiso pero ahí no había más vuelta de hoja. Él era el único que no estaba intentando entrar, podía sentir su enfado...
Como ansío que alguna vez la hubiese amado como ella a él.
Era injusto que la única vez que se hubiera enamorado fuese de una criatura como esa, pero... él podía tener mejor vida... todos ellos, Tanya no podía ganar, un corazón despechado no podía regir la vida de tantas personas especialmente a aquellos a quienes ella había aprendido a apreciar un poco.

Miró hacia atrás a la figura sin cuerpo que extendía su poder sobre ellos. Ella era la culpable, por ella no podía tenerlo... por ella...
Su cabeza dio un pinchazo de dolor y fue como si de repente se hubiera metido en la cabeza de Tanya sin que ella se diera cuenta, ahí lo único que había era maldad, deseo de venganza, no deseo de salvación, por un momento había logrado engañarla. No había tal bebé ni nada por el estilo, lo único que había en la cabeza de esa mujer era matarla. Porque creía que Edward, su Edward estaba enamorado de ella.

No conocía los entresijos de la brujería o lo que fuera que esa mujer practicara, pero una cosa estaba más que clara, todo lo que estaba haciendo lo estaba llevando a cabo utilizándola.

Miró a Edward otra vez, no había salvación para él ni para ellos, porque la maldición que esa mujer les lanzo iba a perdurar por toda la eternidad, lo que Tanya planeaba era algo mucho más siniestro, los destruiría a todos con ayuda de la sangre de Bella, he ahí la razón por la cual había recopilado un poco de ella en esa taza.

Pero le iba a arrancar el corazón, todo eso lo podía ver a través de ese halo que se había creado entre su mente y la de Tanya, que seguía circulando alrededor de ella misma ajena a todo lo que Bella estaba viendo.

Se retiró de esa mente antes de que pudiera contaminarla aún más de lo que lo había hecho. No había final, no lo habría nunca para ella, no lo había para la familia de Edward, porque eso era en lo único que ella pensaba, en que todos ellos a pesar de ser sus sirvientes, en realidad eran la única familia que le quedaba.

Antes de que la cabeza le explotara, antes de darle tiempo, en un rápido movimiento Bella tomó el collar y lo pegó a su pecho haciendo fuerza porque este queria salirse de su cuello, Llevó la mano a la daga al lado de la taza con la que Tanya pretendía perforarle el corazón después de haber usado su sangre, pero no habría hechizo si ella acababa con el corazón primero.

Hasta ese momento no se consideró importante para algo y justo en ese momento dio con la clave del asunto. Ellos vivirían eternamente, pero no con la carga que suponía ser perseguidos por una loca con poderes de bruja.

Con la otra mano levantó la daga y sin meditarlo un momento la clavó en su pecho haciendo que la sangre comenzará a brotar inmediatamente sobre la piedra roja del collar en pleno corazón impulsada hasta la empuñadura. Al segundo todo un caos se despertó pero ya no fue consciente de ello, el dolor en su pecho y la brisa que pronto comenzó a azotar todo fueron las únicas cosas de las que fue consciente antes desvanecerse por falta de fuerza.

-No!- el grito desgarrador de Tanya hizo eco en cada piedra que los rodeaba mientras los Nosferatu observaban todo desde abajo Todos a una señal habían intentado entrar antes pero esa fuerza mayor los detenía, momentos después lo que parecía un campo de energía se rompió inmediatamente mientras Bella caía finalmente hasta entrar en contacto con el suelo y el grito de negación de Tanya se mezcló con el de Edward que usando su velocidad vampírica y sabiendo que ahora no había poder que lo detuviera escaló la montaña como volando para llegar al lado de ella.

Le dolía el pecho como si fuera el suyo el que hubiera sido atravesado por la daga. Hacía demasiados siglos que no sentía una emoción real, algo como el dolor, se sentía consternado y... desolado.

No le llevó más de medio segundo llegar a donde Bella, ahí estaba ella, pensó pasando a la figura de Tanya que intentó detenerlo pero tal era su afán que la apartó de un empujón que la hizo estrellarse con fuerza contra la montaña, pálida, respirando con dificultad y con la daga clavada en el pecho hasta la empuñadura.

No alcanzaba a comprender la razón por la que ella había hecho eso, había incurrido al suicidio como si su vida no valiera. ¿A eso la había llevado haber estado con él? ¿A desear no vivir más?

Alguien lo atacó por detrás apartándolo del único sitio donde verdaderamente quería estar, lleno de una ira renovada atacó a Tanya que respondió a sus golpes presa también de una furia incontrolable. Era un movimiento riesgoso aun entre vampiros. Ambos fintaban esquivando golpes haciendo que la montaña cimbrara cada vez que ellos se golpeaban como dos titanes indestructibles. Aun en su humanidad Edward nunca golpeó a una mujer pero esta bestia que lo atacaba, al igual que él, hacía mucho tiempo había dejado de ser humano, ahora eran sólo dos animales cuyo fin era sobrevivir.

La empujó una vez más poniendo en su golpe todos esos sentimientos que habían comenzado a aflorar en el momento en que ella se había clavado la daga.

Eso pareció darle una fuerza extra y la lanzó casi hasta tirarla de la montaña.

Un par de brazos lo detuvieron cuando el impulso de ir tras ella y matarla finalmente casi lo devora pero los brazos de Carlisle lo detuvieron.

- Ya es suficiente- le dijo en un tono apaciguador como el que se usaba cuando se quería tranquilizar a un animal especialmente iracundo. Los ojos de su sirviente más fiel parecieron contagiarle de ese tipo de paz que solo él podía irradiar. Jasper y Emmet salieron disparados y ambos comenzaron a luchar contra Tanya mientras sus mujeres los rodeaban listas y dispuestas a ir por la zorra si decidía escaparse. Se volvió hacia Bella descubriendo que Esme estaba con ella, hincada en sus rodillas y sujetando una de sus manos.

No tenía medida de tiempo para saber cuánto había pasado desde que ella se había herido hasta ahora, que él iba hacia ella como hipnotizado sin poder creer que ese latido errático que escuchaba era el antes vivaz corazón de ella. Cuando llegó hasta ese punto se hincó él mismo al lado opuesto donde estaba Esme. Su cara pálida apenas parecía tener vida y su primer impulso fue obligarla a abrir los ojos y que lo mirara. Posó su mano sobre la de ella, iguales en temperatura.
En un impulso nada propio de él se llevó una de sus muñecas a la boca y cortándose la piel con los dientes poderosos decidió llevar su muñeca a los labios de ella para que su ponzoña, que al igual que la de los demás tenía poderes curativos, sanara esa herida mortal. Los labios permanecieron cerrados mientras la ponzoña, en textura y color, parecida a la sangre humana, se derramaba lentamente por las mejillas y cuello de ella. Hizo más fuerza con la muñeca hacia los labios de ella pero el resultado era el mismo.

- No vas a morir - dijo más para sí mismo que para ella, la tomó de los hombros y la sacudió delicadamente para que abriera los ojos, al menos quería tener la oportunidad de ver esos ojos una vez más.

Finalmente ella reaccionó y lo miró.

Estaba más del lado de la muerte que del de la vida pero aun así fue capaz de enfocar el rostro del hombre que no era hombre, de la bestia vampiro que amaba. La estaba mirando desde arriba y con esa expresión fría que siempre lo caracterizó, sus recuerdos de él, que había comenzado a imaginar en su mente desde que cerró los ojos, no le habían hecho justicia. Lo único que se le ocurría era que era obra del destino, ellos terminando en esa posición, como si alguien más allá de todo lo real le hubiera ordenado que hiciera lo que hizo, como si estuviera predestinado, no entendía como pero ahí estaba finalmente viéndolo por última vez.

- ¿Qué es lo que has hecho?- fue lo que pudo leer en los labios que miró concentrada. La voz le llegaba lenta y no estaba sintiendo mucho, simplemente estaba llena de aquel sentimiento que él le inspiraba, sentía deseos de contestarle pero ya no tenía fuerzas, los ojos le pesaban y la poca vida que le quedaba se estaba yendo.

Aun no comprendía qué la impulsó a hacer lo que hizo pero, como había pensado momentos antes, estaba inundada de paz. Se sentía a salvo. Y había cumplido con el cometido que se planteó desde el principio, no le había ahorrado a su amado la maldición de vivir eternamente, pero podía estar segura de que él iba a acabar con Tanya.

No respondió ni tampoco podría hacerlo de haberlo querido, por que no conocía la respuesta, creía que con lo que haría los salvaría pero seguían ahí, tan pálidos como siempre.

Sintió en sus labios algo frío intentando entrar, intentó abrir la boca pero fue inútil, ese impulso tampoco fue obedecido por su cuerpo.

Cerró los ojos y dejó que la oscuridad se la llevara.

No más palpito de corazón, pensó Edward inclinándose sobre ella para corroborar lo que sus desarrollados instintos ya le habían informado, ella ya no estaba ahí.

Al percatarse de ese hecho lo primero que hizo fue negarse a que había pasado, pese a que había sido por su culpa y que una ocasión él mismo casi la había asesinado, pero esto era diferente. En esto tenía que ver Tanya.

¿Por qué la había escogido a ella?

Y de repente fue lo suficientemente claro para él. Isabella Swan, aquella sencilla persona, había logrado atravesar su dura piel vampírica para meterse bajo ella. Y quedarse ahí para nunca irse. Ella le había dado algo que ninguna mujer nunca fue capaz de darle. A pesar de carecer de emociones, a pesar de no tener nada por lo que pasar día a día, ella había estado ahí, ella le había hecho cuestionarse su existencia vampírica como nunca nadie pudo. Se lo dio todo y ahora estaba muerta.

Escucho resuellos y cuando volvió sus ojos vio que Tanya venia sujeta fuertemente por Jasper y Emmet.

Se le hacía extraño que ella se hubiera dejado capturar, y ahora contemplándola de cerca se daba cuenta de que estaba demasiado desmejorada, algo que minutos antes no era siquiera posible. ¿Podría ser que el acto de Bella hubiese influido en la captura de ella?

Tanya hizo un esfuerzo por última vez para escaparse, pero desfalleció notoriamente.

Envío una señal mental a sus sirvientes diciéndoles que no la dejaran escapar y ambos asintieron a la vez, flanqueados por sus mujeres quienes todavía estaban ahí dispuestas a auxiliarlos en el momento en que lo requirieran,

- ¿A qué volviste? ¿No podías dejarme en paz? ¿No podías desaparecer después de habernos hecho lo que nos hiciste? – le preguntó con la voz impregnada del odio y la repugnancia que ella le inspiraba.

- No se suponía que terminara asi – escupió ella – Debías rendirte a mis pies y suplicarme porque te liberara de la maldición, pero ni siquiera en este estado fuiste capaz de rogar por nada. ¡Yo queria venganza! –

Él la contemplaba incapaz de pensar que alguna vez le permitió a ella entrar en su cama, bien decían por ahí que había decisiones de las que uno siempre se arrepentía. Y el arrepentimiento por haber puesto siquiera los ojos le duraría el resto de la eternidad.

Por esa decisión errada había acabado acarreando la ruina a sus allegados. Volvía a pensar que ellos no habían tenido la culpa de nada. Ella, de alguna manera, debió darse cuenta de que ellos significaban más para él de lo que él mismo dejaba entrever.

Y todo aquello por el deseo de una mujer. Era definitivamente un despreciable hijo de puta. Y nunca podría compensárselos.

- ¡¿Por qué ella?!¡¿Que te hizo?! - quiso saber aun sin poder encontrar una explicación lógica al comportamiento de Tanya.

- Aun no te das cuenta ¿Verdad? – dijo ella con voz venenosa – Ella logró lo que yo nunca pude ¡Ella hizo que la quisieras, que la amaras! Y por eso debía morir ¡No debes amar a nadie más que a mí! –

Estaba loca, pensó él, definitivamente era una demente, él no podía amar, nunca lo había hecho, nunca…

Los recuerdos de Isabella lo asaltaron todos a una vez encontrando en ellos la manera en que lo tocaba, la manera en que él mismo la añoraba y no solo por su sangre sino toda ella, como persona, como humana. Pensar en que nunca más la iba a volver a tener eso si era dolor y Tanya lo había sabido incluso antes que él mismo. Odiaba el hecho de mantener con ella algún tipo de conexión que la dejara conocer ese tipo de intimidades.

- ¿Y ahora qué? - le preguntó acerándose hasta que solo los separó un palmo de distancia e intentando ganar tiempo antes de que el descubrimiento de sus sentimientos lo avasallara por completo - ¿Has ganado algo? Aun no me tienes, es más nunca lo harás, te odio incluso más que antes –

- Pero sufres por ella, y ella murió por mi culpa y de alguna manera eso te ata a mí –

- Nunca voy a estar atado a ti, desde este momento olvidaré que existes – en un movimiento rápido tomó la cabeza de Tanya y de un seco tirón le torció el cuello sin miramientos. Deseó poder sentir algo más que el alivio que lo embargó mas no sucedió, simplemente dio orden a Jasper y Emmet mentalmente para que quemaran el cuerpo y lo enterraran, él ya no tenía nada que ver más ahí. Quedaba con muchos interrogantes sin respuesta y nunca sabría si esas dudas se resolverían. Se acercó lentamente a Bella y tomó la posición al lado opuesto de Esme que no se había movido de su posición velando el cadáver de Isabella.

Una de las manos de Esme había retirado la cadena del collar que Tanya tanto quiso sabría el diablo para qué propósito. Al mirarla de cerca se dio cuenta de que la joya ya no era roja, sino que estaba brillando blancamente como si se hubiera vuelto de diamante y ya no fuera más de rubí. Otro interrogante sin resolver. Se lo puso nuevamente en el cuello a Isabella, al menos de momento y la levantó del suelo en sus brazos teniendo cuidado de que su cabeza estuviera apoyado en su hombro y comenzó a bajar la montaña esperando que los demás se hicieran cargo del entresijo que el hechizo que Tanya había planeado usar.

Cuando llegó al pie de la montaña contempló una figura caminando hacia él. Pequeña, solitaria y lenta. Era la niña que había ayudado a Bella que al verlo venir con la mujer inerte en sus brazos. Bree había conseguido llegar, pero al parecer tarde, ahí estaba ella, la única persona que alguna vez se preocupó por ella, tanto asi que arriesgó su vida en dicho momento, ahora estaba muerta. Y nuevamente su destino se tornaba tan oscuro como al inicio de toda esa travesía con esos seres extraños.

Edward se quedó quieto sintiendo pena, milagrosamente, por la expresión de la niña.

- Nos vamos a casa – le dijo a ella, consciente de lo que había dicho. Podía percibir la incertidumbre en ella ante el futuro inmediato. Pero esa niña no iba a tener nada de lo que preocuparse. Había sido voluntad de Isabella tener compasión y salvar a esa niña. Pues él se sentía compelido a cumplir con ese propósito; salvarla y cuidarla.

Caminó al paso de la niña devolviéndose por el camino plagado de nieve.

Cuando iban a mitad del camino los demás los alcanzaron. En silencio les comunicó por medio del pensamiento la decisión que había tomado con respecto a la niña. Todos sabían que iba a ser duro por su condición de humana y la tentación de la sangre pero Esme, quien fue la que se puso más feliz al visualizar la decisión que él había tomado de quedarse cuidando a la niña, los haría entrar en cintura cuando se descontrolaran.

Nuevamente quedarían juntos, encerrados por toda la eternidad en…

Un momento

No se había percatado de lo lejos que habían llegado en su persecución a Tanya. ¿Queria eso decir que eran libres para moverse por ahí? Era algo que dejaría pendiente para descubrir.

Esme cogió a Bree en sus brazos ya que estaba comenzando a hacer más frio y la humana pronto se congelaría si no llegaban a casa y todos corrieron a velocidad vampírica hacia su mansión.

Una vez llegaron allá Edward dejó que los demás tomaran las posiciones que más quisieran y él mismo, con el cadáver de Isabella en sus brazos, subió hasta su habitación en la torre y depositando el cuerpo en la cama lentamente fue despojándola de la ropa. Con cuidado la lavó de pies a cabeza, delicadamente, poniendo especial cuidado en la herida del pecho, como si ella todavía pudiera sentir algo tan mundano como el dolor.

Mientras hacia esta labor, demasiado dolorosa para él mismo, se dio cuenta de que Tanya había tenido razón. Sin percatarse de ello se había enamorado de Isabella sin saber qué era lo que tenía que la había hecho diferente a las demás mujeres que habían cruzado por su vida. Su sangre, más deliciosa que el manjar más dulce, la pureza de sus ojos y del alma, ese pequeño atisbo que alcanzó a ver antes de que la muerte viniera a llevársela. Ella lo había cautivado como si todo aquello hubiese estado predestinado a pasar.

Y tal como si el propio destino hubiese estado escrito, la había perdido nada más encontrarla.

Injusto, pero por otra parte, a como había sido cuando era humano, seguramente era algo de lo que se había hecho merecedor.

Cuando terminó le puso uno de los vestidos que había destinado para ella y solo ella, sin que la joven se enterara. Peinó el cabello haciéndole una sencilla trenza y después se dedicó a contemplarla pensando en que, de no ser por la mortecina palidez de su rostro, habría podido creer que solo estaba durmiendo. Sabía que esto lo iba a acosar por toda la eternidad. Lo que lo estaba consumiente se iba a quedar ahí hasta que algo lo sacara de este mundo. Y que no había nada que hacer al respecto. Por más que se negara a la realidad Isabella Swan había muerto, por los motivos desconocidos que fueran pero ya no se encontraba en el plano terrenal y él no sabía que hacer que pudiera asegurarle que si moría se encontraría con ella en el más allá.

Después de que ella se apuñalara él mismo había comenzado a percibir emociones a un nivel más intenso que antes, como si con su acto ella le hubiera devuelto parte de lo que le fue arrebatado cuando era humano. ¿Cómo? No podía explicarlo, tampoco podía llorar ni lamentarse a gritos porque esa habilidad de expresar la tristeza le había sido también quitada. No podía llorar, pero podía sentir esas emociones que conducían al llanto como si se hubiera vuelto de carne y hueso otra vez. Todo era demasiado confuso incluso para su mente privilegiada.

Se inclinó sobre el cuerpo de Bella y en un gesto nada propio de él apoyó la cabeza en su vientre dejándose llevar por la imaginación impulsiva en donde ella aún vivía y posiblemente le estuviera acariciando la cabeza, transmitiendo el calor de sus dedos a su cuero cabelludo. Pero nada de ello pasó en realidad. ¿Estaba enloqueciendo?

Posiblemente los recuerdos serian lo único con lo que se quedaría.

Amor. Si, había leído que era doloroso, lleno de intrigas pero que se veía compensado. Nada de eso sería para él.

¿A dónde iban las almas cuando abandonaban los cuerpos? ¿Podía hacer algo desde ese plano?

La experta en brujería había muerto y dudaba mucho que en caso de que aun viviera le diera la manera de traer de vuelta a quienes habían muerto. Cerró los ojos y decidió transportarse mentalmente a ese sitio donde podía llegar a verla frente a él y confesarle lo que nunca pudo hacer estando viva. Que se había enamorado de ella.