Bueno, he aquí el final de la historia. Sé que muchas odiaran el final, quizá les guste, quizá no sea lo que estaban esperando, pero no lo puedo cambiar, porque incluso antes de que escribirla en su totalidad sabía que este iba a ser el final.

Fue el que me figuré y escribí antes incluso de poner las primeras letras.

Como les dije al inicio la historia no se iba a prolongar mucho. Espero que no signifique perderlas como lectoras.

Próximamente comenzaré a publicar mis novelas en whatpadd. Mis fics continuaran en fanfictión y quizá de vez en cuando escriba más. Por el momento espero que me sigan ahí también, pueden buscarme como MaraGaunt, al menos por ahora estoy publicando Mascara de Odio, uno de mis fics "emblema" con nombres que no tienen nada que ver con Twilight, pero la historia es la misma.

Gracias por seguir ahí y por leer mis escritos, las aprecio demasiado y espero seguir contando con su apoyo.

Los personajes de Twilight y la Bella y la Bestia pertenecen a sus respectivos autores.

Cuando Isabella Swan se imaginó su muerte no pensó que pasaría de esa manera, pensaba mientras miraba a su alrededor.

Cuando había cerrado los ojos por última vez los volvió a abrir solo que no se encontraba en la montaña ni su terreno agreste sino en una especie de salón gigantesco que tenía ventanas blancas con cortinajes rojos.

Ella misma portaba un atuendo rojo, un precioso vestido con faldas de vuelo y escote pronunciado, tenía alhajas que no había llevado en vida y su olor mismo era una esencia demasiado dulce y evocante.

Había llamado a voces a quien fuera que pudiera auxiliarla pero nadie había acudido. Había ido hacia la puerta de ese magnánimo salón solo que no había puerta, era solo una estancia enorme circular, que parecía iluminada por la luz del sol y cuyos cortinajes le recordaban mucho al estudio de Edward.

Se sentó en la silla del centro del salón durante mucho tiempo, o eso le pareció a ella, hasta que la sensación de cansancio se había apoderado y no encontraba posición cómoda. ¿Sería ese el castigo por lo que había hecho? ¿Atentar contra su propia vida producía quedarse en esa estancia para siempre?

Vaya una tortura. Aunque pensó que merecía eso y más. Quizá la cristiandad mostraba este castigo a la gente que no queria su vida lo suficiente. Pero ella lo había hecho por una razón, por amor y deseo de salvar a alguien más, quizá eso obrara en su favor en el momento de ser juzgada.

Escuchó pasos tras ella, pasos pesados largos, una cadencia que conocía demasiado bien.

Volvió la cabeza lentamente para cerciorarse de que no estaba soñando y al hacerlo casi se cae de la cómoda y elegante silla.

Se levantó asustada sin saber por qué.

Ahí estaba él, Edward.

Sí, era él y no podía entender como era que estaba ahí.

¿Había muerto también? ¿Por qué eso la hacía sentirse casi agónica? Estaba confundida y tenía la boca llena de preguntas.

- Si – dijo él sin que ella pronunciara palabra – mi portador se encuentra en la misma situación –

¿A qué se refería? ¿Su portador? ¿Qué era todo ello?

- Su… ¿Portador? – dijo por que la emoción que la consumía no la dejaba hablar con sensatez – No… entiendo – aparte de todo ello se encontraba falta de aire.

En ese plano seguía siendo tan atractivo como en vida y la seguía dejando sin aliento como siempre. Solo por eso, pensó estúpidamente, ese plano no se le hizo tan terrorífico como lo había sido antes. Vio como una de las esquinas de los labios de él se contraía en una sonrisa demasiado sensual.

Se quedó mirándole los labios de la manera en que nunca hizo cuando estaba viva. Solo recordar este hecho hizo que apartara su mirada. No sabía qué sería de ella en esa dimensión en la que se encontraba y la incertidumbre volvía a ganar la partida.

Podía ver que él la estaba contemplando pero no se permitió sentirse atraída por ese gesto, en vida era débil y seguramente ahí lo era más.

- Puedes dejarte llevar, somos dos almas destinadas a estar juntas – dijo él, con lo que comprobó que efectivamente, ahí si podía leerle la mente.

Ahora si estaba en problemas.

- Si lo somos… ¿Qué hago aquí y no… allá? – dijo transmitiendo sus pensamientos, no queria que se notara que había sentido un calor de alivio cuando él pronunció eso de que estaban destinados a estar juntos.

- Estamos destinados a estar juntos, pero no en esta vida – dijo él aclarándole la situación. – Somos una sola alma, que será dividida en dos cuerpos hasta que llegue el momento de estar juntos. Soy la parte del alma de Edward Cullen, y tú la parte del alma Isabella Swan –

Bueno, lo mismo hubiera dado si le estuviera hablando alemán.

- ¿Cuándo… desde cuándo? – fue la pregunta que abandonó sus labios. ¿De qué le servía en ese momento saber que estaba destinado a estar junto a ella si de todas maneras ella se había suicidado por una convicción extraña?

- No fue una convicción extraña – dijo él, aun no se movía de su sitio mientras ella yacía sentada en la silla sin preocuparse por el protocolo de sentado. – Fui yo quien te dijo que lo hicieras – confesó sin el más remoto de los sentimientos. ¿Acaso había sido él quien queria que muriera? ¿Por qué? ¿Ella que le había hecho?

Sintió que le faltaba el aire, lo cual era curioso porque se suponía que era el alma de Isabella Swan.

– No hiciste nada, simplemente era lo que debía pasar para liberar al fin nuestra alma. Ella, Tanya había sacado mi parte del alma de mi propio cuerpo y la había encerrado en esa joya roja que solo queria estar contigo cuando apareciste. Ella endilgó la maldición y anexo a eso convirtió al portador en un ser sin alma ni corazón, en una bestia sedienta de sangre humana como lo fue al principio de ese hechizo. Durante años permanecí encerrado en el collar hasta que apareció tu padre. Reconocí en su presencia la cercanía que tenía con la otra parte del alma. Tu – Lentamente Bella empezaba a comprender, pero aún seguía confundida en muchos aspectos – Edward actuó por su propia voluntad al traerte, pero cuando, encerrado en el collar, reconocí a la otra parte del alma, solo quise permanecer cerca de ella. Al producirse este acercamiento la magia que Tanya usó comenzó a desvanecerse y ella misma se dio cuenta. Ella dijo a Edward que se había percatado de lo que sentía por ti –

- ¿Qué sentía por mí? – interrumpió ella demasiado deseosa de saber la verdad como para que le importara.

- Te ama. Sin pensarlo y sin tenerme dentro de él esa bestia se enamoró de ti aunque se dio cuenta tarde. Y va a tener que vivir con todo ello hasta que hallemos la manera de volver a encontrarnos. –

¿Eso queria decir que en este plano tampoco iban a estar juntos?

- Si, es lo que quiere decir – dijo él observándola con una expresión que de repente se volvió de anhelo profundo - En ese futuro no habrá nada que nos separe -

Ella sintió que las lágrimas desbordaban de sus ojos. Aunque no debía ser real, nada de aquello parecía serlo y aun asi…

- ¿Porque querías que muriera? –

- Con la ayuda de tu sangre, la que él deseaba más que nada en este mundo, podía ser posible la liberación de su alma. Pero tenía que ser la sangre que estaba más cerca de tu corazón, no había otra manera. Una vez hecho la magia de Tanya se rompería definitivamente y aunque maldito, él y toda su gente, puede seguir viviendo sin temer que ella tome represalias en su contra ni en la de nadie más. Ella ha muerto y no volverá a inundar de su maldad la vida de nadie. -

- ¿Qué pasará con…migo? – dijo después de lo que parecieron horas en silencio. - ¿Por qué no me puedo quedar aquí… contigo? – bajó la mirada sintiendo como las ardientes lagrimas querían abandonar sus ojos. Resultaba triste saber que después de todo él si la había querido y aun asi no podían estar juntos.

- Ya no hay cuerpo al que regreses. Se ha desvanecido, él te ha enterrado porque al final ha aceptado que has muerto y que aun amándote como te ama no puede hacer nada para conservarte –

- ¿Y qué pasó con mi padre… mis hermanas? ¿Nunca los volveré a ver? – dijo completamente inquieta, si bien por su padre, no tanto por sus hermanas. Se sentía mezquina pero ellas nunca la quisieron de verdad.

- No a ellas… a él… Charlie Swan siempre será tu padre. En esta vida se ha casado nuevamente y aunque todos los días piensa en ti y reza una plegaria para que estés bien, sabe también que no volverán a verse –

Un dolor más para anexar a todo su repertorio, pensaba ella desmotivada. Pero él, la otra parte de su propia alma estaba diciendo que todo iba a estar bien.

- Y los tuyos – dijo haciendo referencia a los sirvientes del castillo - ¿Qué será de ellos ahora? –

- No somos más prisioneros. Seguiremos siendo vampiros pero ahora podremos ser libres de ir a donde queramos. Ellos podrán librarse de mí, quizá permanezca solo por un tiempo-

Tiempo, esa palabra…

Al parecer tendría que criar paciencia de sobra para ello. Todo parecía estar extrañamente acomodado en su lugar excepto por ella y él.

La perspectiva de volver a estar algún día con él le daría la fortaleza que necesitaba para que el tiempo, o lo que fuera que tuviera que pasar hasta que se encontraran, no fuera tan lento.

Asintiendo Bella se puso de pie y se acercó a él quedando a un palmo de distancias. Las dos partes de un todo, tan cerca y a la vez tan lejos.

- Tienes que volver con él – fue en parte pregunta y a la vez respuesta asi que no se sorprendió cuando él asintió. – Podrás… ¿hacerle ver que yo también lo amo… amé? – ya no sabía que pasado y presente usar. Lo único que queria era saber que pasaría en el futuro.

- Tendremos tiempo de sobra, en el futuro como tú lo llamas, para que se lo digas personalmente. – Ella levantó la mano y le tocó la cara, la sintió tan real que casi se echó a llorar.

Él la abrazó y juntos, fundidos en un abrazo, el alma dividida en dos, al menos por esos segundos, fue una sola.

Luego se desvanecieron cada uno partiendo hacia el cuerpo de su dueño, al menos la parte de Edward Cullen…

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Cuando Bella Swan pensó en irse a vivir con su padre a Forks lo hizo solamente con la intención de dejar a su madre ser feliz sin meterse en su camino.

Forks siempre había sido el sitio donde había pasado sus peores temporadas, por estar alejada de su madre. Después de todo tener padres divorciados había mermado un poco su seguridad, pero los queria a los dos.

Ahora no sabía cómo cambiaría su vida cuando empezara la convivencia con su padre, lo queria, eso era cierto, amaba a su padre, pero nunca habían vivido juntos por largas temporadas y menos siendo ella la adolescente que era ahora.

Solo esperaba que no fuera tan diferente, ya se había acomodado a la situación y no le quedaba nada más que aceptar las cosas que vinieran fuera para bien o para mal.

Después de haberse instalado ante un incómodo pero evidentemente feliz Charlie durmió al arrullo de la lluvia esperando que al día siguiente las cosas no fueran para mal.

Lo deseaba fervientemente.

Al día siguiente empezaba la escuela y esperaba que nadie estuviera haciéndole matoneo por ser la hija del jefe de policía. Planeaba tener un bajo perfil y lo logró con éxito a pesar de los intentos de los maestros por hacer esas presentaciones vergonzosas que los nuevos siempre tenían que sufrir.

Tuvo su bajo perfil hasta que llegó la hora del almuerzo y se sentó en la cafetería con los muchachos con los que había empezado a charlar. Ninguno de ellos muy interesante pero al menos no la rechazaron y ella no lo haría con ellos. Después de todo ellos parecían mirarla no como objeto de matoneo sino como una novedad a la que había que admirar.

Ahí se encontraba en aquella cafetería sin prestar atención a nada de lo que estaban hablando cuando ellos entraron.

Cinco muchachos. Tan perfectos como se pudiera imaginar, dos chicas y dos chicos que parecían ser parejas y un quinto, que entró de ultimas y fue al que no pudo quitarle la mirada de encima. Ella, que se preciaba de no ser tan superficial para admirar el atractivo de alguien del sexo opuesto estaba completa y totalmente… encandilada.

- ¿Quiénes son? – Preguntó Bella sintiendo dentro de ella que conocía a ese quinto como si en algún momento hubieran coincidido. Tenía el cabello cobrizo, y a la distancia sus ojos parecían negros… era perfecto… y seguramente un Don Juan con las chicas.

Jessica la que estaba a su lado comenzó a destilar veneno y supe que seguramente en algún momento de su vida debió haber intentado algo mas con él. Relató brevemente la historia de esos muchachos y Bella le prestaba atención a medias. Aun no podía dejar de observar al de pelo color cobre y tenía la mirada preparada para apartarla en cuanto él se diera cuenta de la fijeza solo que él fue más rápido.

En un solo movimiento, los ojos de ambos conectaron y Bella sintió un flechazo en su pecho que la hizo tocarse levemente en esa zona como calmando el súbito y ahora desaparecido dolor.

Y más aún cuando él devolvió la mirada de ella, otro súbito dolor y de repente una sensación de bienestar y comodidad que asocio quizá con el hecho de que era el primer chico que encontraba atractivo en su vida.

Si, podían pensar que era rara, pero solo pensaba con la verdad.

Decidió quitarle los ojos de encima antes de ponerse en evidencia aunque de vez en cuando sus ojos por voluntad propia se devolvían de vez en cuando encontrándose con el chocante hecho de que siempre que lo miraba él parecía no haber apartado tampoco su mirada de ella. No, no iba a caer…

Eran demasiado atractivos para resultar normal, aunque ella misma dudaba que las cirugías plásticas pudieran hacerse a personas que parecían tan jóvenes. Sonrió de lado y decidió poner atención a las barrabasadas que Jessica estaba pronunciando haciendo caso omiso del picor en su pecho sin identificar.

Edward la vio, la sintió y supo con certeza que la había encontrado.

Después de siglos sin tener esperanza de nada ella había aparecido como un fantasma, pero era real.

El latido de su corazón que podía sentir a distancia, era prueba fehaciente de ello.

Sintió que su pecho se exaltaba con una sensación poderosa. Ahora quedaba en firme la evidencia de que la reencarnación si existía.

Durante siglos se habían dedicado a recorrer el mundo tras darse cuenta de que una vez muerta Tanya podían escapar.

Habían vivido con la niña hasta que esta se había hecho mayor y se había casado. Después habían tenido que partir de Transilvania a conocer el mundo, sin hacerse notar por sus evidentes diferencias.

El tiempo había pasado.

Él nunca había encontrado a nadie y sus sirvientes habían estado a su lado en todo momento, tanto era asi que en la actualidad los consideraba más como hermanos que como sirvientes y ellos a él de la misma manera.

Y ahora en ese presente Isabella Swan había vuelto.

Podía acercarse a ella, podía conquistarla como no lo hizo en el pasado. Podían crear juntos la magia que no tuvieron tiempo de ensamblar siglos atrás.

Ahí estaba su redención después de siglos de padecimiento. Y no se sentía decepcionado en absoluto.

Ahí estaba la otra mitad de su alma. La que supo que había recuperado cuando Tanya murió. Y ahora la había encontrado.

"Parte de mi alma… te he buscado incluso cuando te creía perdida… parte de mi alma yo te busco…"

Sonriendo para sí mismo y para el brillante futuro que lo esperaba Edward se preparó mental y físicamente para el impacto que tendría su sistema al volver a oler esa dulce sangre.

Se levantó de la silla seguido por los otros unas milésimas de segundos antes de que sonara la campana de la entrada a clase y dirigiéndose al salón de biología, esperó… tenia paciencia… había hecho de ello un arte.

Y ella llegó tan tímida y sonrojada como cuando era la sencilla campesina de que la se enamoró con furia.

Ahhh! El olor de su sangre fue un golpe monumental, pero aun asi agradeció la quemazón y la sensación de deseo carnal mezclada con el amor real.

Ella había vuelto…

FIN