Disclaimer: Dragon Ball es de Akira Toriyama Sensei. El nombre del fic corresponde al tema de Vegeta en el Kai.
Saiyan Blood
CAPÍTULO DOS
Bulma siempre había sido una chica aventurera y muy inteligente. Como hija única y heredera de la Corporación Cápsula, la empresa científica más prestigiosa y poderosa de la Tierra, se le permitía cualquier locura… como en la ocasión en que se le ocurrió patrocinar un tour por el universo.
La idea le pareció genial, divertida y, sobre todo, muy prometedora en cuanto dinero. Pronto los proyectos se hicieron realidad y la primera nave estuvo lista en el lapso de un año. Pero algunos de los socios de la corporación simplemente no estaban del todo convencidos.
—Es la única solución —dijo Bulma tajantemente a su padre.
—Estoy de acuerdo contigo en que se debe hacer una prueba antes de lanzar la primera nave, pero no es necesario que vayas tú, querida —le respondió, apagando el cigarrillo en el cenicero—. Podríamos mandar algún robot para la prueba…
—No, papá. Yo misma me encargaré de cerrarles la boca a esos estúpidos socios, cortos de visión.
— ¡Ay, Bulma! Eres tan terca que a veces me pones de malas —le regañó su padre, para después soltar un suspiro pesado—. Está bien, ve y has las pruebas, después de todo es como dices: sólo así confiaran. Y además, yo también creo en ti.
Brief se levantó de la silla y le dio un par de palmadas en el hombro a su hija para después marcharse.
—Esos cretinos, pero ya verán cuando regrese de las pruebas —se dijo a sí misma la oji azul para después sacar su teléfono móvil— ¿Yamcha? Oye ¿Aún estás interesado en hacer esas vacaciones conmigo?
((…))
Yamcha miró la altura y la anchura de la nave antes de entrar a ella. Llevaba nada más que una pequeña maleta con las cosas indispensables, pues su novia le había dicho que sólo tardarían un par de días en las pruebas. Lo cierto era que en un 'par de días' se encontrarían, incluso, fuera de la galaxia.
—Impresionante ¿cierto? —escuchó que le decían. Él sonrió y dio media vuelta.
—Sí, aunque aún sigo dolido porque durante todo este tiempo me has dejado plantado varias veces— le respondió.
— ¡Oh, vamos! Ya te he dicho que no ha sido nada personal y que además…
—Me lo compensarás durante las vacaciones. Lo cierto es que estas no eran las clases de vacaciones románticas que estaba planeando contigo, Bulma.
—Pero igual y tendremos toda la nave para nosotros —caminó contoneando las caderas mientras se acercaba a él, para después abrazarlo por el cuello.
— ¿Sabes cuál es el verdadero problema? —ella alzó la barbilla en un gesto de interrogación— Que soy un pobre tonto que siempre cae en tus redes.
Bulma rió a buen modo y le dio un beso corto en los labios.
—Más bien eres un gran tonto enamorado de mí —le guiñó el ojo al momento en que le enseñaba la lengua. Él le sonrió para después besarla.
Escucharon un carraspeo y ambos se separaron.
—Señorita Brief, todo está listo para el despegue —anunció el que, al parecer, era uno de la tripulación.
((…))
El despegue había sido excelente, sin ninguna clase de alteración y todo parecía marchar a la perfección. Bulma misma había estado en la cabina de mando en el momento de éste, para después caminar por los pasillos de la nave. Se imaginaba cuando estos estuvieran llenos de gente que deambularía charlando amigablemente y estas se detuvieran a saludarla y felicitarla por su gran logro. Ella agradecería los comentarios y las alabanzas, incluso hacia su propia belleza. Con ese pensamiento se paró frente a uno de los ventanales, observando atentamente las estrellas que dejaban en un sólo instante atrás.
—Todo ha salido como lo esperabas —le dijo Yamcha, quien había tenido que pasar el despegue en las cabinas unipersonales preparadas para los viajeros.
—Sí, estoy muy contenta por eso.
—Y por lo que intuyo no vendrás conmigo a nuestro cuarto ¿verdad?
—Yamcha, una de las razones por las que me fijé en ti fue porque eres muy comprensivo.
—Desde que empezaste con lo del proyecto y hasta este mismo momento casi no hemos pasado mucho tiempo juntos.
—Sí, bueno creo que ya habíamos hablado de eso. No es nada personal —la chica volvió a sonreírle.
—Me voy a descansar —le respondió escuetamente, frunciendo un poco el ceño y dando la vuelta dispuesto a irse.
—Te juro que en cuanto termine por aquí te voy a hacer compañía, así que espérame, por favor —le detuvo por el hombro.
— ¿En serio? No creo que puedas dormir si me pides eso —se dio otra vez la vuelta y le besó en el cuello, a lo que ella rió.
((…))
Bulma abrió los ojos y, tras sentarse en la cama, se estiró un poco, alzando el brazo derecho a la vez que con la mano izquierda masajeaba la base de su cuello. Luego movió este de un lado a otro hasta que escuchó un crujido y se liberaba de la tensión.
Volteó hacia la derecha y observó a un Yamcha durmiendo. A pesar de lo que le había prometido antes de entrar a la habitación, él había caído muerto del cansancio mucho antes que ella. Sonrió, levantándose y entrando al cuarto de baño para después prepararse para ir de nuevo a la cabina de controles. Había dejado órdenes explícitas de que se le avisara por cualquier detalle que surgiera, pero hasta el momento todo parecía ir con normalidad.
Salió de la habitación no sin antes depositar un beso en la mejilla derecha de su novio y peleador de artes marciales.
—Después vuelvo —le susurró y este sólo atinó a medio aceptar en medio del sueño.
Entró a la sala de controles.
— ¿Cómo va todo, capitán? —preguntó parándose detrás de él.
—A la perfección, señorita Brief. Pronto llegaremos a nuestro primer planeta y recolectar algunas muestras como usted lo pidió y después podremos regresar.
—Sí, aunque eso de 'pronto' tardará al menos tres días más —respondió en medio de risas. Se encontraba de muy buen humor.
—Sí, tiene razón. Aunque hay otros planetas más cercanos, usted ha querido ir a uno mucho más lejos.
—Bueno, eso es para dejarles bien cerradas sus bocas a los socios —le dijo con un dejo de molestia, para luego reponer su estado de ánimo. Le palmeó el hombro y agregó: —Avíseme de cualquier cosa, por favor.
—No se preocupe, nosotros… —una fuerte sacudida de la nave interrumpió al capitán.
— ¡¿Qué diablos fue eso!? —la peli azul apenas si alcanzó a sujetarse del respaldo del asiento.
—No lo sé, pero será mejor que se siente y se abroche el cinturón.
— ¡Capitán, es una lluvia de asteroides! —anunció un miembro de la tripulación.
— ¿Una lluvia? ¿Y cómo es que no la habíamos detectado? —bramó molesto el líder.
—No lo sé, señor, es como si hubieran aparecido repentinamente…
— ¡Tonterías! Eso no puede aparecer de la nada —una nueva colisión y las luces blancas se sustituyeron por unas de color rojo.
—Los generadores han sido dañados, señor —informó otro. La nave volvió a sacudirse fuertemente.
—Yo iré a revisar los generadores, mientras tanto ustedes hagan lo que tengan que hacer —dijo Bulma sin escuchar ninguna clase de quejas o advertencias hacia su persona. Caminó con dificultad por los pasillos, mientras la nave parecía ser el blanco favorito de los asteroides.
Una sacudida, mucho más fuerte que todas las demás, hizo que la nave se inclinara, lo que provocó que ella cayera y rodara por el pasillo golpeándose la cabeza en contra de una de las paredes. Antes de perder la conciencia escuchó que la sirena de emergencia se encendía.
—La sirena… debo revisar que funcione bien la próxima vez…
Una oscuridad inmensa pareció cubrirla.
((…))
Bulma…
Se escuchaba una voz lejana que la llamaba.
Bulma…
Sintió unos golpecitos en el rostro y poco a poco abrió los ojos, teniendo una visión borrosa para después aclararse.
—Yamcha ¿q-qué fue lo que pasó? —él no respondió, no hubo mucha necesidad pues los ojos azules de la mujer rápidamente captaron todo. Ellos se encontraban en una de las mitades de la nave ¡Estaba partida en dos!
— ¡Qué dia…! —las palabras murieron en sus labios —La lluvia de asteroides…
—Me temo que fue más que eso. No hay tiempo de explicaciones, ellos no tardaran en venir y encontrarnos. Vamos, levántate, tenemos que irnos.
— ¿Qué? ¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? ¡Agh! —la mujer se quejó al ser ayudada para levantarse, no tenía nada de gravedad pero igual y el dolor era intenso.
—Vamos, te explicaré una vez encontremos en donde refugiarnos —Yamcha le jaló la mano y salió de los escombros de la nave, no sin antes revisar a sus alrededores.
—Yamcha ¿qué está pasando? ¿Me quieres explicar? —una explosión detrás de ellos la asustó.
—Creo que quedamos en medio de líneas enemigas, Bulma —comenzó a decirle en medio de la carrera— Al parecer hay una guerra o una invasión al planeta y nosotros nos cruzamos en pleno camino.
Un resplandor enfrente de ellos les hizo detenerse, dejando un cráter. Yamcha decidió dar vuelta y seguir por otro camino, pero se sorprendió de ver alguien detrás de ellos. Bulma cayó de rodillas por el enfrenón que su novio le obligó a dar.
—Vaya, vaya pero ¿qué tenemos aquí? —el hombre era fornido, de cabellos negros y alborotados en varios picos. Llevaba una extraña armadura negra con hombreras.
—Son ellos —masculló entre dientes Yamcha.
El de la armadura se llevó una mano al extraño artefacto que llevaba en una de las orejas y tecleó varias veces un botón.
— ¡Bah! No son más que basura —les dijo con desdén.
—Déjanos ir. Nosotros no tenemos nada que ver con sus guerras. Venimos de otro planeta —habló Bulma.
— ¿En serio? ¿De qué planeta? —le respondió fingiendo interés y amabilidad.
—Del plantea Tierra, de la Vía Láctea.
—Que interesante, quizá después de conquistar este planeta vayamos por ese otro —el guerrero retorció una sonrisa.
—Tulece, déjanos a la mujer, queremos divertirnos —le dijeron.
—Ustedes, par de idiotas, sigan con la conquista y dejen de perder el tiempo —les reprendió.
—Pero Tulece…
—Almond, Daiezu ¿van a desobedecerme? —los guerreros acataron las ordenes de mala gana.
—No es justo, él tuvo a la mejores hace unos momentos. Siempre se queda con la mejor parte —se oyó todavía antes de irse.
— ¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! —Tulece dio un par de pasos hacia ellos y Yamcha se interpuso de inmediato— Vaya, piensas plantarme cara. Interesante.
El primer intento de golpe lo dio Yamcha, el primero en recibir uno también fue él. Tulece no le dio tiempo de reponerse y lo vapuleó sin esfuerzo alguno.
— ¡Yamcha! —gritó Bulma para ir a auxiliarlo, pero Tulece la detuvo agarrándola por la muñeca.
— ¡Suéltame! —chilló sin éxito en su lucha por soltarse.
—Ven, me acompañarás al exterminio de la raza del planeta —le indicó.
— ¡No! Te digo que me bajes —gritó al ver que el guerrero comenzaba a volar. Pronto varias bolas de energía se desprendieron de su mano libre y las explosiones comenzaron.
— ¿Aún quieres que te suelte? —le dijo con burla. Bulma sólo cerró los ojos, no quedándole otra alternativa que aferrarse más a la mano de aquel bárbaro.
Ella decidió cerrar los ojos, pero aún así era capaz de escuchar las explosiones y los gritos de angustia de los habitantes al ser asesinados. Varias veces restos de cosas le alcanzaban a rozar diferentes partes del cuerpo y la velocidad a la que el otro iba de un lugar a otro hacia que su cuerpo comenzara a entumecerse, por no decir de su mano y brazo con el que se sostenía del otro.
Hubo un instante en el que creyó que ya no podría más y que caería, pues su mano se aflojó, pero él le sostenía con firmeza. Entonces, Bulma se atrevió a abrir los ojos a fin de mirarlo. Él no lo hacia con ella. Parecía, más bien, muy entretenido en su ejecución y al parecer deseaba que ella fuera testigo de lo ocurrido.
"Miserable, disfruta de esto y quiere mostrármelo", pensó la oji azul angustiada. Para ese momento el planeta entero estaba lleno de cráteres y cadáveres. Ella se mordió los labios inferiores. A esas alturas lo más seguro era que ni sus compañeros de viaje estuvieran con vida, si es que alguien más había logrado sobrevivir.
—Yamcha —dijo en medio de un sollozo, apartando la mirada y cerrando los ojos con fuerza de nuevo. De pronto, sintió un vértigo más fuerte que los anteriores. Tulece parecía estar descendiendo. Al hacerlo le soltó a unos pocos metros antes de llegar al suelo, lo que provocó que la mujer se diera tremendo sentón.
— Fue divertido ¿no te pareció? Pronto sucederá lo miso con tu planeta—habló, abriendo y cerrando la mano con la que la había estado llevando.
— ¡Eres un monstruo! —le gritó.
— ¿Hubieras preferido entonces que te dejara para que te violaran? —respondió entre risas— Aún podemos regresar.
— ¿Y ahora resulta que tengo que agradecerte? —Bulma encogió las piernas en un mero acto reflejo por la advertencia. A juzgar por su expresión a lo mejor y él si la entregaba a sus compañeros.
Él sólo torció los labios por el comentario y después el artefacto que llevaba puesto sobre la oreja pareció hacer un pitido. El oji negro enarcó las cejas y se puso serio. Al poco sus dos compañeros llegaron hasta el mismo lugar.
— ¿Escuchaste eso, Tulece? —dijo Daiezu— Al parecer provino de tu planeta.
— ¿Qué crees que haya sido? Se escucharon gritos y después se cortó la comunicación —apuntó Almond.
—No lo sé. Será mejor que me comunique con Vegeta —respondió el de los cabellos alborotados.
Se llevó la mano al scouter y después de apretar varias veces el botón se dejó escuchar la voz estridente de alguien. A esa distancia, Bulma era capaz de escucharle.
—Raditz ¿ustedes también escucharon la misma transmisión?
—Kakarotto, no soy el tonto de tu hermano ¿Y qué haces con el scouter de Vegeta? Queremos que nos digan si saben algo —le dijo Tulece molesto.
—No, tampoco sabemos nada. Sólo recibimos una llamada de auxilio de parte del Vegetasei, después los gritos y ¡booom! Se cortó la transmisión.
— ¿Los príncipes están contigo?
—Sólo Tarble.
— ¿Y por qué demo…? —Tulece guardó silencio, discutir con esos dos era demasiado estresante, así que simplemente cortó la transmisión.
— ¿Qué hacemos, Tulece? —preguntó Daiezu — ¿Esperamos a que Freezer se comunique con nosotros? —Tulece iba a responder algo cuando la señal de scouter volvió a sonar.
— Príncipe Vegeta ¿cómo es que…? Sí, entiendo, entonces nos reuniremos ahí —esta vez Bulma no fue capaz de escuchar lo que la otra persona le decía a Tulece— Me voy, el príncipe me requiere.
—Pero aún tenemos que esperar a que llegue el Gran Freezer, él mismo prometió venir a revisar personalmente el planeta después de conquistarlo y…
—A mí no me importa si ese tal Freezer ha llegado o no —interrumpió a Almond y les dio la espalda, para después alzar vuelo—. Pero ustedes pueden hacerlo si gustan.
—De ninguna manera, nosotros te seguimos a ti—Almond y Daiezu se le unieron de inmediato y se marcharon.
— ¿Qué diablos ha pasado aquí? —se dijo Bulma soltando el aire contenido hasta el momento— Se han ido.
Bajó la mirada y notó que sus manos comenzaban a temblar. Toda la adrenalina acumulada le hizo volver el estómago. Después de eso respiró hondo durante algunos segundos. En ese momento, el recuerdo de Yamcha y los demás se le vino a la mente. Alzó la vista para ver si era capaz de encontrar algo que le ayudara a ubicarse en medio de tanta destrucción y encontrar el camino de regreso. Se levantó y comenzó a correr. Pero su carrera fue interrumpida por lo que vio. El lugar donde se encontraba la nave ardía en llamas y varios cadáveres a los alrededores le indicaban que algunos pocos que salieron huyendo de ahí habían sido asesinados. Alcanzó a reconocer el cuerpo de Yamcha.
Se sentó en la tierra chamuscada y apretó los ojos y los labios, pero no pudo reprimir el llanto que se le vino. Se llevó ambas manos al rostro, ocultándolo entre ellas. Ella era la única sobreviviente en todo el planeta y no había forma de salir de ahí.
Tulece se había asegurado…
((…))
El fuerte ruido de un golpe en la puerta le hizo despertarse de forma abrupta. Tardó un poco en reaccionar, de que su mente se adaptara a la realidad. Respiró agitada y sus ojos miraron de un lado a otro. Después respiró un poco más tranquila.
— ¡Maldición! Me quedé dormida —masculló, tratando de enderezarse de la mala postura que tenía pues su cuerpo se entumeció después de quedarse dormida sentada en la silla y recargada sobre el escritorio.
Bulma se quedó pensado un instante más sobre su sueño. Se trataba de parte de sus recuerdos, de la primera vez que tuvo contacto con un saiyajin y que significó la muerte de Yamcha. Apretó los puños, reteniendo sus lágrimas. Hasta el momento ella sólo había logrado atrasar la conquista de la Tierra, pero deseaba más.
El sonido de la puerta siendo aporreada de nuevo le cortó los pensamientos de golpe.
— ¡Apresúrate, Bulma! No tengo todo tu tiempo —le gritaron desde el otro lado. La peli azul supo de quién se trataba.
—Ya voy, ya voy —alzó la voz un poco molesta por la insistencia— ¿Acaso te arrancaron de los aposentos del emperador? —le dijo Bulma al momento de abrir la puerta.
—Ja, qué graciosa, como si fuera a responderte semejante cosa. Andando, ya es hora —Bulma cerró la puerta y Zaabon le cedió el paso a fin de escoltarla. Al salir a un pasillo mucho más amplio, el que conducía a la entrada de la Invernada, tres soldados más les estaban esperando. (1)
Bulma suspiró profundo. Era como si fuera capaz de tocar ya con sus manos el final de sus planes.
FIN DEL CAPÍTULO DOS
(1)Invernada: Sinónimo de invernadero. No sólo los hay de plantas, sino también de ganado. Finalmente, eso es lo que son para Freezer. Perdón si lo obvio, pero me pareció interesante la palabreja XDD.
No puedo dejar de escuchar las canciones del Kai, son adictivas.
Este capítulo tuve que escribirlo en dos ocasiones. El primero porque iba demasiado rápido. El segundo porque cometí un grave error de planeación.
Haber si ahora la página no le borra el cambio de escenas, como en el anterior ¬¬
Dejen un review, por favor. Y gracias a quienes comentaron y/o me agregaron a sus favoritos.
Arigatou!
