Disclaimer: Dragon Ball es de Akira Toriyama. El nombre del fic es el tema de Vegeta en el Kai.
Saiyan Blood
CAPÍTULO TRES
Bulma cerró la puerta y el de cabellos color jade le cedió el paso a fin de escoltarla. Al salir a un pasillo mucho más amplio, el que conducía a la entrada de la Invernada, tres soldados más les estaban esperando.
Bulma se detuvo por un instante antes de llegar con ellos y miró a la mano derecha del emperador.
—El Gran Freezer no está. Pero volverá en el plazo que te haz marcado para finalizar el experimento —le explicó éste.
—Lo entiendo —la mujer se volteó para seguir su camino.
—Y Doddoria dijo que detesta las despedidas y que confía en que sepas perdonarle.
— ¡Jódete! —a Bulma le pareció escuchar una risita, pero no estaba segura. En realidad, nunca podía fiarse completamente de ellos.
Los hombres de Freezer dejaron que pasara la pareja y después ellos mismos los siguieron, hasta que finalmente entraron a un elevador. Después de que Zaabon y Bulma se habían reunido con los otros nadie pronunció palabra alguna hasta que éste, quien se encontraba del lado izquierdo de la chica, habló.
—Espero que realmente estés segura de lo que haces.
—Ja ¿estás preocupado por mí?
—Sólo que si mueres, el gran Freezer se atrasará en alcanzar su objetivo, doctora —respuesta fría pero típica de parte del guerrero. Al menos esa era la forma en que le hablaba delante de los demás. Tampoco era como que Zaabon se comportara de forma amable con ella. Bulma hizo un gesto de ironía. Ella bien sabía que en el fondo sólo era una pieza totalmente reemplazable.
—No te preocupes, nada se le escapará a la gran Bulma Brief —llevó la palma de la mano a la altura de su pecho y sonrió.
— ¿Aún sigues con eso? —Zaabon la miró, reprendiéndola.
Ella bajó la mirada por un instante. Sólo algunos de los conquistados por Freezer podían conservar oficialmente su nombre y ella era una de los pocos. Pero al parecer, a Zaabon y a algunos más les molestaba esa situación. Era como si le restara lealtad a su emperador.
—Hemos llegado —anunció uno de los soldados.
—Bien ¿sabes lo que tienes que hacer, verdad? —dijo el peli verde.
—El plan ha sido mío, claro que sé lo que tengo que hacer —respondió engreída. Zaabon le puso una mano en el hombro, apretándolo ligeramente. Ella lo miró ¿Acaso le estaba deseando buena suerte silenciosamente?
—Lo siento, Bulma, pero no es nada personal.
— ¿Eh?
((…))
Vegeta miraba desde lejos las puertas de salida (o de entrada, dependiendo el matiz con el que se deseara ver), pero sus compatriotas y los demás de las razas que vivían dentro de la invernada se encontraban a unos cuantos metros de esta.
Las dos únicas cosas que podían significar la llegada del elevador eran que los científicos irían a hacer más pruebas o que llevaban a alguien más. De cualquier forma, ambas cosas sólo traerían problemas y lo mejor era enterarse de primera mano y por uno mismo.
Las puertas se abrieron y por un momento nada sucedió, uno de ellos se acercó, lo suficiente sólo para inspeccionar, cuando de pronto se escuchó un grito y algo salió volando desde adentro. El que se había acercado se llevó sendo golpe que perdió la conciencia.
Vegeta enarcó las cejas. No le importó lo que había salido disparado, sino lo que estaba aún adentro.
—Ahí les dejamos a una más. Trátenla bien y no se la vayan a comer —dijo uno de los soldados, saliendo del elevador.
Se escucharon protestas, abucheos. "Lárguense, déjenos vivir en paz". "Como si no fuera ya suficiente". "No nos alcanza para comer y nos traen a alguien más".
Hubo quienes salieron a patas y se escondieron. Pero hubo uno de ellos que se atrevió a lanzar un fruto, cuya mancha roja era difícil de quitar de la ropa. Fue a parar dentro del elevador.
Algo, o alguien más bien, se movió dentro del cuarto. Entonces se hizo un silencio sepulcral. Vegeta aguzó más la vista y lo identificó de inmediato.
— ¿Quién ha sido?
—Zaabon —masculló el príncipe al verle.
Los presentes dieron varios pasos hacia atrás. Sabían que se trataba de la guardia personal de Freezer y conocían por experiencia o por vista lo poderoso que era.
El guerrero de cabellera verde miró a su alrededor, buscando al responsable de haberle ensuciado la ropa, pero sólo encontró miedo.
—He preguntado que…
— Ja, ja, ja ¿qué pasa, Zaabon? ¿Te saldrá cara la lavandería esta semana? —el oji miel volteó hacia su izquierda, de donde provenía la voz.
Ahí estaba parado, Vegeta con los brazos cruzados y con una pose bastante cínica.
—No creo que hayas sido tú, no eres de esa clase de juego de niños. Pero quizá sí…
Sus ojos se posaron en Tarble y aunque el príncipe captó de inmediato sus intenciones y el peli verde pareció esperar alguna clase de reacción, Vegeta no se movió de su lugar.
—Típico arrogante —dijo Zaabon y en un abrir y cerrar de ojos le dio un rodillazo en el estómago al menor de los príncipes.
— ¡Tarble! —Goku fue auxiliarlo de inmediato, el chiquillo se retorcía del dolor en el suelo arenoso y estéril. Zaabon se acercó a ellos, dispuesto a seguir jugando.
—Dé-jalo —se escuchó una débil y quejumbrosa voz. Todos quisieron saber de quien se trataba. Era Bulma la que había hablado, varios se le acercaron haciendo una rueda y apretujándose para poder mirar mejor.
Zaabon achicó los ojos. En ese momento sintió odiar a la mujer.
— ¡Yo no recibo órdenes de nadie! —gritó furioso y dispuesto a propinar una paliza a Tarble, pero la voz desde el scouter le detuvo.
—Déjalos ya, Zaabon y regresa de una buena vez.
"G-gran Freezer", pensó.
—Tienen suerte de que el día de hoy no tenga tiempo para seguir jugando con escorias como ustedes —les dedicó una mirada fulminante y, dando media vuelta, se marchó. Los soldados le siguieron a paso veloz.
— ¿Te encuentras bien, Tarble? —le preguntó Goku.
—Sí, gracias —le hizo una pequeña mueca que pretendía ser una sonrisa.
Todos los presentes empezaron a dispersarse. El espectáculo se había terminado y ni siquiera la curiosidad imperó entre ellos. Vegeta se quedó pensando sobre la extraña actitud de parte de Zaabon.
—Tú también lo notaste ¿cierto? —escuchó que alguien le hablaba. Sus ojos miraron fugazmente al dueño de la voz, pero al notar que se trataba de un namek, ni siquiera se dignó a prestarle atención.
— ¡Bah! No eres el único aquí que tiene capacidad de analizar las cosas, Vegeta —prosiguió el namek y después se fue.
El príncipe miró a su hermano, todavía en el suelo y siendo ayudado por Kakarotto.
— ¿No irás a verle? Recibió un buen golpe de parte del idiota de Zaabon —dijo Nappa acercándose.
—Jum, no creo que vaya a morir por eso. Y si sucede, entonces no es un digno príncipe saiyajin —Vegeta se dio media vuelta y se marchó.
— ¿A quién han traído esta vez? — dijo Tarble señalando con un movimiento de la cabeza al bulto que se encontraba a unos cuantos metros de ellos. Al parecer se había desmayado.
Goku entonces fijó su vista en el cuerpo tirado. Era pequeño… cabellos azules… y esa ropa…
Algo dentro de él pareció accionarse. Una diminuta luz. Un recuerdo.
Se acercó con prisa y con el cuerpo temblando. Ni él sabía la razón por la que se sentía así.
—Bu… ¡Bulma! —dijo al reconocerla de inmediato. Llevó uno de sus oídos a la altura del pecho— ¡Está viva! ¡Por favor, que alguien la ayude! —suplicó, mirando todo a su alrededor pero no había nadie que quisiera hacerlo.
—Goku —señaló Tarble y el de los cabellos alborotados volvió a fijar su mirada en Bulma. Alguien estaba ayudándola.
— ¿Q-qué haces? —preguntó el saiya al notar que un niño de piel verde estiraba las manos hacia la chica.
—No te preocupes, yo puedo curarla —dijo el niño.
— ¡Es un namekuseijin! —advirtió Tarble, un poco receloso gracias a las ideas inculcadas por su hermano mayor.
—Es lo menos que puedo hacer después de que ustedes recibieron el castigo por mí —dijo el namekiano.
— ¿Así que fuiste tú? —Tarble sonó molesto. Después de todo a nadie le gustaba ser golpeado por culpa de otros. El niño bajó la vista, avergonzado por su cobardía. Pero después de escuchar reír a Tarble volvió a alzarla. Goku se le unió a la algarabía.
—La cara de Zaabon al salir todo sucio ja, ja, ja —dijo el saiya sin cola.
—Esa fue buena, después de todo —secundó Tarble, casi asomándosele unas lágrimas por la emoción. El namek sonrió al ver sus reacciones.
—Ella estará bien. Sólo fueron golpes leves, pero se nota que los de su raza son débiles. Necesitará descansar un poco —dijo el niño curandero.
—Y yo que pensé que ustedes eran los más débiles de este lugar —dijo Goku con toda la sinceridad que le caracterizaba.
—Aún entre nosotros hay guerreros —dijo el chiquillo levantándose y sacudiéndose la toga.
— ¿En serio? —preguntó Tarble.
—Sí. Y otros, como yo, tenemos distintas habilidades. Ustedes son guerreros también ¿no es así?
— ¡Claro! Lo más fuertes del universo —Tarble se golpeó el pecho con el puño, reflejando con sus palabras todo el orgullo saiyajin.
—Es una lástima que no hayan sido capaces de derrotar a Freezer —escucharon que les hablaron.
—Señor Piccolo —dijo el niño al reconocerlo.
—Por tu apariencia puedo ver que debes ser uno de los guerreros que nos acaban de decir —dijo Goku, un poco entusiasmado con la idea de algún día comparar fuerzas con ese namek.
—Jum ¿quieres comprobarlo? —le respondió el más alto de entre ellos.
—Con gusto —el saiya adoptó una pose de defensa marcial.
—Goku, sabes que no podemos pelear— le advirtió Tarble.
—Es verdad, pero en otro tiempo estoy seguro de haberte dado una buena pelea —le dijo el de los cabellos alborotados, seguro de sus habilidades.
—Ustedes los saiyajin son un poco lentos en su pensar —dijo Piccolo— Pero no creo que Vegeta tarde en darse cuenta. Cuando eso suceda, no dudes en buscarme, Goku.
Piccolo se marchó.
—Yo también debo irme —anunció el niño namekiano.
— ¡Espera! Aún no nos has dicho como te llamas —dijo Goku.
—Dende —y el niño se fue.
— ¡Gracias, Dende! —le gritó, llevando las manos a la altura de la boca a fin de que le alcanzara a escuchar—. Tarble ¿entendiste algo de lo que nos dijo Piccolo?
—No, pero mencionó a mi hermano, quizá deba decírselo de inmediato —Tarble salió corriendo en su búsqueda. Goku miró a la chica de nueva cuenta. Se veía mejor y respiraba tan tranquila que parecía que dormía.
Se agachó para levantarla y llevarla hasta el lugar donde vivían.
((…))
Cinco días habían pasado ya desde que Bulma se había quedado varada en ese planeta. Todas las comunicaciones fueron efectivamente cortadas y las naves destruidas. Todos los suministros, sin embargo, estaban intactos. Supuso que los invasores habían pensado que no tenía nada de malo dejarlos si después de todo no quedaría nadie para comérselos.
Bulma había llorado hasta el cansancio, sin ser capaz de desconectarse de sus sentimientos, de la realidad que le parecía un sueño y sólo atinaba a seguir contemplando una y otra vez el cuerpo calcinado de su novio. Más de una vez quiso tocarlo, pero siempre sus manos temblorosas se alejaban de él.
— ¡Maldición, Yamcha! —gritó en medio de su frustración, al momento en que, con un puño, le pegaba al suelo.
Recordaba la masacre que Tulece le había obligado a presenciar, los gritos de las personas, entre las cuales, seguramente, estuvieron los de Yamcha… o posiblemente ni siquiera tuvo tiempo para eso.
—Yamcha —volvió a decir antes de empezar a llorar. Sentía que ya no podía respirar. No podía resignarse —¡YAMCHA!
Esta vez se inclinó hasta abrazar el cuerpo, sintiendo todavía el calor que guardaba. Sus manos y parte de su rostro se llenaron de tizne. No fue hasta que anocheció que abrió los ojos, sintiéndolos resecos e hinchados.
El silencio que imperaba en todo el lugar le hizo comprender amargamente y de golpe que nada podía cambiar. Que por más que maldijera, llorara o se quedara en ese lugar, no lograría conseguir nada. Con una expresión indescifrable se enfrentó a la dura labor de enterrar a los que conocía y que le habían acompañado, improvisando para la tarea una especie de pala y pico con los restos de la nave. Acarició la tierra abultada de la tumba de su novio a modo de despedida y entonces se decidió buscar algún lugar en donde pudiera pasar la noche… y los días, pues al parecer esos individuos sólo eliminaron a los nativos, no así a la fauna pues en varias ocasiones posteriores divisó a diferentes clases de estos. No sabía si eran feroces o no, así que lo más inteligente era esconderse de todos.
Su refugio era un lugar que parecía ser un establecimiento para comer. Limpiar el lugar fue nuevamente una verdadera odisea y prueba a su valor y coraje. Se enfrentó a los cuerpos calcinados de las mujeres que habían sido violadas hasta el hartazgo (se lo imaginó por los cuerpos desnudos y su expresión de horror que se les alcanzaba a distinguir). De los cuerpos sin vida de los hombres que intentaron defenderse de esos bárbaros (como los llamaba muy a menudo ella misma). Enterró a todos a varios metros del lugar.
"Es lo menos que podía hacer por ellos", pensó la chica, al momento de mirar sus uñas rotas por la tarea realizada. Suspiró, recargando la cabeza en uno de los tablones del lugar y mirando a un punto muerto del techo.
—Ahora sí que la hiciste, Bulma —dijo en voz alta. Desde el segundo día había cogido la manía de hablarse en tercera persona. De no hacerlo sentía que se volvería loca al no escuchar nada que no fuera el silencio, ese zumbido característico que se hacía presente, roto solamente por algún animal a la distancia.
—Entonces ¿hubieras preferido que te dejara para que te violaran? —repitió las palabras de Tulece imitando hasta el tono grave de su voz.
—Para que después me mataran —se respondió cabizbaja. Comenzaba a pensar que quizá hubiera sido lo mejor.
—Después de todo fue como si te violara psicológicamente —recordó la forma en como le había hecho acompañarle en su macabro juego, en como parecía disfrutar ver el sufrimiento de los demás. A lo mejor y él estaba más enfermo que sus compañeros.
De repente, un leve ruido le hizo bajar la mirada y enfocarla en la ventana. La silueta de un animal, grande por lo que alcanzaba a distinguir, estaba merodeando el lugar. Su corazón pareció hacerse pequeño dentro de su pecho.
—Maldición, cada vez se acercan más —murmuró, arrastrándose hacia atrás sin quitar la mirada de la ventana para esconderse detrás de una de las barras del lugar, seguramente utilizadas por los comensales. Escuchó como de la garganta del animal salía un ruido y al poco rato otros de su especie se le unieron. Comenzaron a olfatear y hacer más ruidos, parecían excitados. El estruendo de la ventana siendo rota la sobresaltó. Hubiera gritado sino fuera porque ella misma se tapó la boca.
— ¡No grites, estúpida! —murmuró, al momento en que se hacia un ovillo debajo de la barra. Escuchó las garras de los animales rasguñar el piso a cada paso que daban dentro del lugar. Su respiración se detuvo al ver las patas de uno de ellos al frente de donde se encontraba.
¿Esos animales eran capaces de agacharse? Porque si lo hacia en ese momento seguramente no pasaría nada bueno. Con todo el cuidado echó su cuerpo hacia atrás, lo más que pudo, aún conservando las manos en los labios, no fuera siendo.
Entonces, otro ruido, como el de algo cayendo por los cielos comenzó a escucharse. Los cristales comenzaron a temblar y luego a vibrar con más fuerza, hasta que una explosión se hizo presente, rompiéndolos. El fenómeno provocó que los animales salieran corriendo del reciento.
Después de un rato de atenta vigilancia, Bulma salió de su escondite.
—Estoy segura de que eso debió ser una nave ¡Vamos, Bulma! —iba a dar el primer paso cuando escuchó el resoplar característico de los animales de los que se estaba escondiendo. A simple vista parecía una especie de dinosaurio y por lo que sabía estos no eran muy amistosos.
Dio un paso pequeño hacia atrás, pero el animal se le abalanzó ¡Iba a envestirla! Bulma salió a patas del lugar. Al hacerlo se dio cuenta de que otros puntos negros surcaban el cielo, los más cercanos eran ya distinguibles ¡Se trataban de naves!
— ¡Es hacia allá! —dijo al momento de señalar la dirección con su dedo índice— ¡Deja ya de perseguirme! ¿No tienes otra cosa que comer? —le gritó a la bestia que seguía detrás suyo.
Siguió corriendo, sintiendo que en cualquier momento el animal la alcanzaba, en más de una ocasión tuvo que saltar, ya fuera por los obstáculos o por que le lanzaba mordiscos a los pies. En una de esas ocasiones en las que saltó, había una pendiente y no pudo ser capaz de hacer algo para librarla. Cuesta a bajo comenzó a rodar, sintiendo cómo se le encajaban piedras por todo el cuerpo hasta que algo la detuvo.
Se apoyó en los antebrazos al momento en que escupía la tierra junto con sangre que llevaba en la boca. Se alegró de que ninguno de sus dientes saliera disparado en el proceso.
— ¡Auch! —atinó a decir.
—Para tremenda caída que has sufrido un ¡auch! no creo que sea suficiente —sus pupilas se dilataron al escuchar una voz diferente a la suya. Alzó la mirada.
Los rayos del sol no le permitieron verle bien, así que achicó los ojos, al tiempo en que cambiaba de posición.
—Qué guapo —dijo en voz alta—. Tú debes ser de los buenos.
— ¿De qué hablas? Más bien, lo que me sorprende es que todavía quedara alguien con vida— le dijo el peli verde de ojos melados.
—Esos monstruos de los saiyajines, acabaron con todos —respondió con furia, para después agregar con voz abatida—: Yo fui la única que sobrevivió.
— ¿Y cómo fue que sucedió eso? —él se acuclilló enfrente de Bulma, entonces fue que ella reconoció la armadura que llevaba puesta.
¿Qué hacemos, Tulece? Aún tenemos que esperar a que llegue el Gran Freezer, él mismo prometió venir a revisar personalmente el planeta después de conquistarlo.
Recordó las palabras que dijeran antes de que se marcharan, entonces lo comprendió todo.
—Parece ser que se olvidaron de mí después de recibir una extraña transmisión. Salieron a toda prisa de aquí —respondió con toda seriedad. Tenía que pensar en algo y pronto o de lo contrario la iban a matar. Aunque el chico era guapo y ella seguía pensando que no podía ser de los malos.
—Ya veo. Bueno, nosotros no te olvidaremos —pero a lo mejor y estaba equivocada.
— ¡Espera, no puedes matarme! Escuché algo que le puede ser de mucho interés a Freezer —se aventuró a decirle. Los ojos melados del chico parecieron reflejar sorpresa y Bulma sonrió mentalmente, había ganado la atención del soldado. El mote de 'el Gran' le indicaba que debía ser alguien muy importante.
— ¿Para el Gran Freezer? Jum, no son más que tonterías.
— ¿Y cómo iba yo a inventar algo? Te digo que lo escuché de boca de ellos.
—Habla, antes de que pierda la paciencia contigo —le advirtió.
Bulma se quedó en silencio por unos instantes. Lo que estaba a punto de decir no era otra cosa más que un farol, pero no tenía otra alternativa que probar suerte.
—No, sólo ante el Gran Freezer lo diré —habló con firmeza.
El soldado élite la miró directamente a los ojos y Bulma supo que si desviaba la mirada sería su fin, así que no lo hizo.
—Me agradas. Tienes agallas —le respondió en medio de una mueca que trataba de ser una sonrisa— Y además parece que aprendes rápido. Así que ante el Gran Freezer ¿eh? —se levantó y ella le siguió con la mirada— Entonces, vamos. Él está en la nave nodriza.
Sin esperar siquiera a que se levantara, él emprendió el camino de regreso. A varios metros del lugar se podía ver la nave en cuestión y varios soldados más inspeccionando el lugar. Bulma pudo distinguir de inmediato a los que eran científicos gracias a sus movimientos de observación analítica. Entonces supo que de salir bien su plan, ella podría encontrar un lugar entre ellos y después buscar la manera de escapar e irse a casa.
Al entrar a la nodriza, se dio cuenta de que el interior era frío y todos los pasillos tenían forma circular. Pasaron por diferentes puertas y finalmente llegaron hasta lo que parecía ser la sala principal.
—Zaabon, pensé que estabas afuera disfrutando del panorama que esos simios dejaron para nosotros —Bulma escuchó una voz aguda.
—Doddoria ¿en donde está el Gran Freezer?
— ¿Eh? ¿Y eso? —dijo el rosado señalando a Bulma — ¡Esos tontos simios buenos para nada han dejado alguien con vida!
—Respóndeme, por favor —le dijo Zaabon ignorando su perorata. Doddoria bufó molesto.
—Dijo que cuando regresaras te estaría esperando —le respondió sencillamente.
Zaabon dio media vuelta y salió del lugar, retornando todo el camino.
— ¿Ahora a dónde vamos? ¿Y quién era ese gordinflón tan molesto? —preguntó la chica, pero Zaabon no le respondió. Salieron de la nodriza y caminaron por en medio de lo que parecía ser un campamento.
—No, no, soldados inútiles ¿acaso tendré que construir yo mismo mi habitación? —los soldados comenzaron a temblar por la amenaza que se les acababa de hacer.
—Gran Freezer, por favor no se moleste —habló Zaabon. Los labios del emperador se curvaron en una sonrisita socarrona.
—Oh, Zaabon te he hecho venir y la habitación todavía no está preparada —Freezer se percató en la chica que estaba inclinada al lado del oji miel— ¿Quién es ella, soldado Zaabon?
—Al parecer los saijayines la dejaron con vida por un error, pero ella dice que tiene algo que comunicarle de gran interés —le informó sin levantar el rostro.
— ¿Y tú le creíste, soldado? —le cuestionó con seriedad.
—Por favor, Gran Freezer, tiene que escucharme. Es algo relacionado a esos saiyajin —habló Bulma pero sin levantar el rostro tampoco.
—Hum, muy valiente la mujer para atreverse a dirigirme la palabra. Al menos no tiembla como estos inútiles ¿eres tonta o no sabes quién soy y lo poderoso que puedo llegar a ser?
—No soy tonta, soy científica, señor.
— Científica ¿ah?
—Así es. Yo podría darle una solución a su problema de asentamiento justo en este momento —ella alzó el rostro y la acción le pareció interesante a Freezer.
— ¿En serio? ¿Y cuál sería tu solución, doctora? —le cuestionó con cierto dejo de burla.
Bulma llevó la mano a uno de los bolsillos de su chamarra y sacó una cajita, la cual contenía varias capsulas Hoi Poi.
—Ésta, señor —apretó un botón y tras una nube apareció una pequeña construcción.
— ¿Qué es eso? —refunfuñaron los soldados.
—Dentro de estas cápsulas se pueden guardar muchísimas cosas, sin importar el tamaño. Así, usted podría llevar una residencia digna a donde quiera que fuera, sin necesidad de tener que levantar una en cada lugar.
—Interesante, Zaabon ¿no lo crees?
—Sí, Gran Freezer —le respondió, enderezándose y mirando la construcción que había aparecido.
—Parece ser que eres una jovencita muy inteligente. Escucharé lo que tienes que decirme y si realmente es de mi interés, no sólo te perdonaré la vida, sino que te haré un lugar entre mis científicos. Habla.
Bulma cerró los ojos por un instante y tomó aire, no se detendría hasta que terminara de contra su historia.
—Tulece recibió una transmisión y después intentó comunicarse con el príncipe, pero quien le respondió fue alguien llamado Kakarotto y le dijo que con él sólo estaba Tarble. Después de cortar la transmisión, el mismo príncipe le llamó. Y Tulece dijo que acudiría al llamado de éste. Antes de que los otros decidieran marcharse, uno de ellos le preguntó a Tulece ¿qué es lo que harían? Pues su plan era esperar a la llegada de los otros saiyajin para tenderle una emboscada a usted aquí y asesinarle junto con todos los demás. Tulece dijo que el príncipe había cambiado los planes y después se marcharon.
Bulma guardó silencio. El anzuelo estaba lanzado, sólo esperaba que lo tomaran.
—Gran Freezer, se suponía que Nappa, Raditz y Kakarotto conquistarían este planeta. Vegeta y Tarble irían a conquistar el planeta K2. Y que Tulece y su equipo no habían terminado todavía con la misión en el planeta M12—le dijo Zaabon.
—O al menos eso es lo que habíamos pensado —Freezer achicó los ojos y empezó a jugar con sus manos—. Realmente algo planeaban al haber cambiado todos los roles. Esos inútiles saiyajin, mientras sigan sin aparecer quiere decir que están reorganizándose. Debí exterminarlos hace tiempo.
Bulma observaba la conversación ¡No podía creer que hubieran caído! Además, al parecer Freezer consideraba a los saiya una amenaza fuerte como para llegar al punto de querer exterminarlos.
—Soldado Zaabon, haz que los localicen y que vuelvan al Planeta Central de inmediato.
—Sí, señor —el del cabello de jade se marchó.
El emperador fijó su vista en Bulma.
—Tu información me ha sido valiosa y grata. Aunque no sé si sea del todo cierta. Sin embargo, si la haz inventado eso quiere decir que eres muy inteligente, analítica e ingeniosa —Bulma iba a decir algo, pero supo que cualquier cosa que dijera para defenderse se malinterpretaría— Hay algo que quiero que hagas para mí, doctora.
Esta vez su tono no fue de burla, sino de reconocimiento. Freezer dio media vuelta en su vehículo y se dirigió a la pequeña casa que Bulma hizo aparecer, abriendo la puerta.
— ¡Oh, maravilloso, a Zaabon le encantará! —dijo con alegría. Entonces la terrícola comprendió varias cosas: Zaabon era guapo, pero no era de los buenos y además, era el amante de Freezer.
Bulma entró con él. Lo que Freezer deseaba de ella le daría la oportunidad de realizar sus planes a futuro.
FIN DEL CAPÍTULO TRES.
Capítulo reeditado también, pero ya con este arreglo mi metedura de pata ¿Cuál fue? Bueno, les cuento que en vez de aparecer Tulece, era Vegeta. Pero después me di cuenta de que no podía ser de esa manera je, je La intervención de Tulece le da profundidad, incluso a la trama (eso espero ¬¬).
¿Estar en la Invernada será su castigo para los saiyan?
Arigatou!
