Disclaimer: Dragon Ball es de Akira Toriyama, el nombre del fic es homónimo al tema de Vegeta en el Kai.

Saiyan blood

CAPÍTULO CINCO

— Oye no te ofendas, pero todo el mundo sabe que son unos bárbaros que les gustaba andar por ahí haciendo destrozos. Ustedes los saiyajin de seguro que no respetan ni a su madre —dijo Bulma al momento de dar un pequeño bocado. A pesar de las advertencias hechas de la comida, el sabor le pareció bueno.

— ¿Te parece que sea así? Tal vez tengas algo de razón ¿te lo demostramos? —Bulma dejó el bocado a medias y sintió que su sangre se helaba. Se trataba de los otros dos 'inquilinos' de la casa que al fin llegaban.

— ¡Raditz! —llamó su hermano. Goku se levantó, a pesar de los últimos acontecimientos entre ellos, sentía cierta alegría de verlo otra vez.

Bulma se quedó en total silencio. De alguna manera supo que ellos no se detendrían como lo había hecho Vegeta.

—Vaya, pero sí que es atractiva ¿La haz traído para ti, Kakarotto? —dijo con tono burlón Nappa.

—No seas idiota —dijo Raditz, sabía de sobra que su hermano nunca había sido de esa clase de personas.

—Tienes razón, lo más probable es que se le hayan traído a Vegeta, je, je. Aunque me extraña que él tenga esa clase de comportamiento.

— ¿De qué se trata todo esto? Sabes bien que nosotros no tenemos ninguna clase de relación con otras razas —dijo Raditz dando un paso al frente, provocando que la chica se resguardara inconscientemente detrás de Goku. Ver aquella reacción le agradó al de la cabellera larga.

—Su nombre es Bulma y… ¡y ha venido para ayudarnos! —soltó su hermano.

— ¿¡Qué?! ¿Pero qué dices, Goku? —bramó la chica, visiblemente sorprendida.

— ¿Ayudarnos, dices? —Raditz achicó los ojos.

—Ella viene del exterior y seguro que nos puede ayudar ¿verdad, Bulma? —Goku sonrió, al momento que entre dientes le susurraba—: Sólo di sí.

— ¿Ah? —atinó a decir.

Todo aquello le tomaba por sorpresa, aunque era cierto que su objetivo era ganarse la confianza de esos sujetos. Su plan era tan sencillo: entrar, ganarse la confianza de ellos, seguir con su experimento personal por un tiempo y finalmente revelarles la forma de salir de la Invernada ¿Su finalidad? Que los saiyajin y Freezer se eliminaran mutuamente, y ella pudiera regresar a la Tierra sin que su regreso significara poner en peligro a su planeta ¿Simple, no?

—Así que conoces la manera de salir de este maldito lugar. Supongo que Vegeta ya debe de estar al tanto de todo esto —dijo Raditz mirándola de arriba abajo.

—Ja, ja, ja ¡maravilloso! En este momento iré a celebrar con los príncipes. Quizá después de que Vegeta decida deshacerse de ti pueda yo… —Nappa miró a la científica y se relamió los labios antes de dirigirse al segundo piso.

Bulma sintió un escalofrío, no sólo por esa clara insinuación sino también al recordar a las mujeres violadas por el grupo de Tulece. Bajó por un instante la mirada, para después apretar los puños. La muerte de esas mujeres y la de Yamsha no quedaría impune, aunque parte de esa venganza ya se hubiese llevado a cabo.

—Hasta que has hecho algo bien, Kakarotto —le dijo su hermano, pero sin ninguna clase de emoción en su voz. Después de decir esto dio media vuelta y se fue a buscar algo de comer.

— ¿Por qué les has dicho eso? —reprendió la chica de los ojos azules.

—Porque era la única forma de salvarte de todos y porque en el fondo realmente espero que eso sea verdad —le respondió con una mueca que pretendía ser una sonrisa, llena de bastante tristeza.

Bulma soltó un pequeño suspiro, relajando los músculos.

— La vida debe ser bastante dura aquí ¿verdad? —ella sabía que sí. Tenía que serlo para unos guerreros que estaban acostumbrados a depender de sus súper poderes y que ahora estaban limitados, para mercenarios que estaban acostumbrados a matar y destruir y que desde casi dos años se encontraban encerrados y completamente aislados sin conocer la razón de ello. Para personas (si se les podía llamar de esa forma) a quienes se les asignó el peor de los lugares de la Invernada, a saber un suelo seco e infértil y que además, su terco y orgulloso príncipe les prohibía tener convivencia con las demás razas.

Lo único que Bulma lamentaba era que los otros habitantes del lugar estaban pasando por lo mismo, se habían visto envueltos en una causa a la que eran totalmente ajenos.

—No es sólo por eso por lo que quiero salir de aquí —respondió Goku aún impregnado de esa tristeza— Quiero sacar a todos, no sólo a los de mi raza o a mi hermano. Sino a todos. Sería genial ¿no lo crees? Que todos pudieran regresar a sus hogares, donde seguramente los estarán esperando.

Bulma no respondió. Las palabras del saiyan la contagiaron y sorprendieron al mismo tiempo. No sabía si ese cambio de comportamiento, muy al contrario del habitual en los de su raza, se debía al lavado de cerebro al que fue expuesto o que realmente él era así. La del cabello azul le miró a los ojos, encontrando inocencia, pero eso simplemente no podía ser real. Los saiyajin no eran así, ellos simplemente eran asesinos y por eso merecían ser exterminados.

—Sí, Goku. Sería genial —respondió con una sonrisa de medio lado.

— ¡Entonces, sí conoces una salida! —Goku la abrazó con fuerza, los huesos de su amiga crujieron un poco. Ella nuevamente pensó que ya no debería de contar con tanta fuerza.

((…))

— ¿Cree que pronto se den cuenta, Señor Piccolo? —preguntó Dende, mirando desde lejos la casita donde vivían los saiyan.

—Espero que sí, es la única manera de que podamos salir todos de aquí —Piccolo dio media vuelta sin decir nada más y Dende le siguió no sin antes darle un último vistazo a la construcción.

((…))

—Ja, ja, ja ¡qué bueno, Vegeta, por fin podremos salir de aquí! —Nappa entró a la única habitación que se hallaba en la segunda planta.

El príncipe heredero se encontraba sentado en uno de los rincones, con los brazos cruzados y los ojos cerrados, mientras que su hermano se hallaba acostado con el rostro hacia la pared.

— ¿Cuántas veces te he dicho que no me gusta que entres aquí? —refunfuñó molesto el mayor de los hermanos.

—Pero, Vegeta, yo pensé que estarías feliz de saber que finalmente podremos salir de este miserable lugar y vengarnos de Freezer.

— ¿De qué estás hablando? —esta vez fue Tarble quien preguntó, incorporándose y recargando su peso en la mano izquierda.

—De la mujer, obviamente. Kakarotto nos lo ha dicho, que ella conoce la forma de salir.

— ¿Qué? ¿Has escuchado, hermano? —Tarble se levantó de un solo salto. Nappa en tanto miraba sin comprender las reacciones de los príncipes ¿Es que no lo sabían?

Vegeta, en cambio, permanecía en silencio, con el ceño fruncido y mirando a un punto muerto del suelo.

—Vegeta… —habló el grandullón.

—No me interesa —cortó tajante.

—Pero, hermano es nuestra oportunidad de…

— ¡Todos ustedes son unos idiotas! —el heredero se levantó saliendo de la habitación, a lo que los otros dos le siguieron. Al salir al pasillo vieron cuando bajaba las escaleras.

Vegeta encontró a Kakarotto abrazando a la mujer y su molestia se acrecentó. Ellos no tenían razón alguna para acercarse a los de otra raza. El de cabellos en punta cruzó la estancia en un parpadeo y arrebató a la chica de un solo tirón.

— ¡Te dije claramente que no quería verla cuando bajara! —le espetó, al momento en que llevaba a la chica de cabellos azules del brazo, directo a la puerta.

—Espera, Vegeta, no hagas eso. Ella sabe…

— ¡Ella no sabe nada! Sólo lo ha dicho para tener un lugar en donde vivir y quienes la protejan ¿Acaso no vieron que ella llegó hasta aquí en un estado no muy conveniente? Dudo que siquiera recuerde como llegó hasta aquí —Vegeta abrió la puerta.

Afuera estaba todo oscuro, las construcciones se mantenían alumbradas gracias a unas pequeñas lámparas que se abastecían de cierta clase de combustible parecido al agua, pero que probarlo no era una idea muy bien recibida.

El príncipe la empujó con fuerza, a lo que Bulma cayó de rodillas.

— ¡Freezer los matará muy pronto! —gritó la chica para captar la atención del heredero. Ella volteó, aún de rodillas y miró la espalda de éste quien se había quedado inmóvil. Bulma se levantó con dificultad pues sentía dolor— Todos ustedes, los habitantes de la Invernada son… somos parte de un experimento para que Freezer consiga la vida eterna.

— ¿De qué diablos estás hablando, mujer? — las palabras de Vegeta sonaban recias, pero ella no era capaz de ver su rostro pues permanecía de espaldas.

—Desde hace varios años, el emperador busca la fuente de la eterna juventud, algo que lo haga inmortal. Ha ido de planeta en planeta buscando, analizando leyendas, pociones y cualquier cosa que lo acercara a su ambición. Pero todo ha sido infructuoso, hasta que sus científicos le sugirieron ir por la vía de la ciencia y la tecnología. El primero en lograrlo, de cierta forma, ha sido su hermano Cooler, al hacerse mitad androide o algo por el estilo.

Bulma se quedó en silencio por un instante, pues el perfil del rostro del príncipe fue visible. A decir verdad, ella agradeció poder hacer una pausa, pues no quería entrar en detalles sobre Cooler.

—Pero eso no es lo que quiere Freezer —prosiguió la ojiazul.

"Ni tampoco Zaabon", pensó la chica.

—Así fue como se descubrió que algunas razas poseen un gen que los hace más longevos y Freezer deseaba saber la razón.

—Para conseguir la vida eterna por manipulación genética —habló Vegeta, pero sin abandonar su posición.

Bulma quedó en silencio. Ya no podía hablar nada más y esperó a la siguiente reacción del príncipe. Por lo que sabía se trataba de alguien que era muy inteligente, muy analítico y un excelente estratega. Aunque demasiado orgulloso y testarudo, por lo que era imperante ganarse su atención. Si ella se mostraba como alguien inteligente y fiable, seguro que lograría su cometido.

—Pues gracias por decirnos la razón por la que estamos acá. Pero eso sólo hace que mi desconfianza crezca —Vegeta agarró la orilla de la puerta, dispuesto a cerrarla.

— ¡Espera! Si te he dicho todo esto es porque… —él cerró la puerta, dejando a la chica con la palabra en la boca— ¡Eres un idiota! No puedes dejarme aquí. Yo soy una chica delicada… ¿me escuchas?

Bulma dio un rodillazo a la puerta, a pesar de lo frágil que parecía la construcción entera, ésta no sufrió daño alguno y ella sintió una onda de dolor que se extendió en su ya de por si adolorido cuerpo.

— ¿Y ahora qué se supone que voy a hacer? — se dejó resbalar por una de las paredes de la casa y se sentó en el suelo, luego alzó las rodillas para abrazarlas y recargar la barbilla en ellas.

Sus ojos azules parecieron temblar, pero ella hacía mucho tiempo que ya no lloraba. Lo dejó de hacer desde el día en que se volvió a encontrar con Tulece.

((…))

El aire la despeinó, arremolinando sus cabellos azules alrededor del rostro. Intentó quitárselos pero el fuerte viento la obligó a agarrarse de nuevo del brazo de Zaabon. Los dos guardaespaldas, el mismo Freezer y Bulma se encontraban de pie en la orilla de la compuerta de la nave nodriza, a varios metros del suelo. Estaban a punto de aterrizar en el Planeta Central.

¡Gran Freezer, bienvenido! —saludaron los soldados al tiempo en que realizaban una reverencia. El emperador, sin embargo, no los tomó en cuenta sino que pasó de largo en medio de ellos.

Señor, aquí está lo que pidió —dijo uno de los soldados, Bulma notó que, a diferencia de los demás llevaba una capa blanca, como la de Zaabon.

"Debe tratarse de un jefe del ejército", pensó Bulma. En ese instante se percató de que Doddoria la veía con disgusto mal disimulado. Sonrió maliciosamente.

Oye, Doddoria ¿por qué no llevas una capa como la de ellos dos? —la pregunta se le salió con tono ácido y el rosado lo percibió de inmediato.

Por la misma razón por la que tú no sobrevivirás aquí —le soltó con el mismo tono.

¿Por débil? —el tono rojo de la ira impregnó el rostro del soldado al ser pillado de una forma tan ridícula— ¡Qué lástima que el Gran Freezer no te haya puesto a alguien como Zaabon de escolta.

¡Cómo te atreves…!

Soldado Doddoria ¿podrías ir a conseguirme algo para beber y que lo lleven a mis aposentos? Quiero retirarme a descansar —las ordenes de Freezer no le cayeron en gracia a su escolta, pero no le quedó de otra que obedecer. Antes de irse le dedicó una mirada de odio a la chica. Ella le dijo adiós con un movimiento de la mano.

No deberías de provocarlo tanto. Un día no habrá quien te defienda de él. Es muy poderoso —le dijo Freezer y su silla se movió para irse. La científica iba a seguirlo, pero la mano de Zaabon la detuvo.

Este soldado te llevará hasta tu cuarto. Una vez ahí se te darán instrucciones —Zaabon le entregó una especie de abrigo y Bulma lo miró sin entender de qué iba eso.

Pensé que tú estarías conmigo, el Gran Freezer dijo…

Él sólo dijo que me encargaría de tu seguridad, más no que sería tu niñera. Ponte eso —señaló la prenda.

Es horrible —la miró con atención, estirándola delante de sí. Era de color grisáceo y llevaba una capucha.

En estos momentos me acaban de informar del arribo de Tulece, no sería extraño que ambos se cruzaran por el camino —le hizo un ademán con la barbilla para animarla a vestirse.

¡Con mucha más razón deberías de estar conmigo! —chilló la chica.

¡Oh, vamos! Si sobreviste a la matanza de ese planeta, que no sobrevivas unos cuantos días aquí —Zaabon dio media vuelta y comenzaba a marcharse, para angustia de una asustada Bulma.

¡Ese bárbaro me matará en cuanto me vea! —Bulma lo alcanzó, echándose a correr—. No tienes idea de lo que es capaz ese sujeto.

Sé lo que hacen —le respondió sin emoción en sus palabras—. La toga —le volvió a señalar la ropa.

Él sabrá de inmediato que yo le puse sobre aviso al Gran Freezer y…

Bueno ¿qué es lo que quieres que haga? —Zaabon se detuvo de pronto y Bulma bajó la mirada por un instante.

Que te quedes conmigo. Tú eres muy poderoso, él no se atreverá acercarse.

Eso no es posible, ya te lo dije. Ahora, ponte la toga y haz lo que te dije, llamas demasiado la atención —Zaabon hizo un ademán con la cabeza al soldado custodio y este se les acercó y después se marchó.

Andando —dijo el guardia a una angustiada Bulma. Sus ojos se humedecieron al momento en que ponía la toga y se tapaba la cabeza con la capucha.

¿No llamaré más la atención con esto puesto? —preguntó con un tono de voz quebrado, pero no recibió respuesta alguna.

Caminaron por los pasillos, encontrándose con diferentes clases de personas. Todos tenían características diferentes entre sí. Bulma los veía a través de las sombras, a pesar de que todos estaban bajo el servicio de Freezer había quienes en sus rostros reflejaban una enorme tristeza. Otros, en cambio, tenían expresiones de odio, miradas que lanzaban a los que parecían disfrutar de sus labores.

"Seguro y están aquí en contra de su voluntad", pensó la chica.

En esos momentos entraron a una zona de pasillos que estaban distribuidos en forma circular, cada pasillo contaba con diferentes entradas, pero todos construidos de igual manera.

Creo que Freezer debe estar obsesionado con los círculos —dijo en voz alta, a lo que la escolta le miró de reojo con molestia. Ella apartó la mirada, era mejor quedarse callada.

Salieron del pasillo y uno más se extendía en línea recta ante ellos, aunque era muy corto, a lo más eran como 4 metros. Había una puerta al final de éste. El soldado apretó un botón con el símbolo de una flecha marcando hacia arriba y una luz parpadeó en ella. Después de unos instantes, las puertas se abrieron. Se trataba de un elevador y estaba vacío. El soldado entró sin decir nada y Bulma tuvo que apresurarse a seguirlo antes de que las puertas se cerraran.

Hubo una pequeña sacudida y el elevador se puso en marcha. Entonces salieron al exterior, desde las paredes transparentes ella pudo ver la enorme ciudad. Algunos edificios altos que parecían torres y que en algunas características le recordaban tanto a su planeta natal que no pudo reprimir las lágrimas que resbalaron por sus mejillas.

"Papá, mamá", pensó, sintiendo todo el peso de su dolor, segura de que ellos, a esas alturas, estaban sufriendo al pensar en que estaba muerta.

La parada del elevador en uno de los pisos del edificio no le importó hasta que escuchó la voz áspera de alguien a quien no sería capaz de olvidar nunca.

Y entonces esto es una mierda —Bulma volteó de inmediato y su corazón dio un vuelco. Era Tulece.

El mismo Vegeta lo ha dicho —el otro que le acompañaba era alto y sin cabello. Era saiyajin, lo sabía por la cola enroscada en su cintura.

Tulece le dio un codazo imperceptible y señaló hacia atrás. Las manos de Bulma sudaron en frío. Sentía rabia y miedo a la vez, pero no se atrevía ni a respirar por temor de ser descubierta.

Hey ¿qué llevas ahí? —preguntó Nappa al guardia, pero éste pareció no hacerle caso alguno—. Vamos a ver…

Nappa se acercó, dispuesto a quitarle la capucha a Bulma y ella se petrificó. El grandullón recibió un manotazo por parte del soldado como si de un niño se tratase.

No creo que sea de tu incumbencia —le dijo molesto.

¿Cómo te atreves a decirle eso a un saiyajin como yo? —Nappa se enfureció, encarándolo de inmediato.

Nappa ¿ya te diste cuenta? —le dijo Tulece, señalando con la mirada la toga de Bulma.

"¡Sabe que soy yo!" pensó horrorizada la chica, imaginándose que en cualquier momento su sangre mancharía las paredes del lugar.

La insignia élite de Freezer. Ya veo, serás su diversión ¿acaso ya se habrá aburrido de Zaabon? Ja, ja, ja

No hables de esas cosas desagradables —Tulece dio un respingo.

Tienes razón. Las mujeres son tan bellas ¿cómo les fue en ese planeta? Dicen que las mujeres allá son muy complacientes —Nappa les dio la espalda, ignorándoles por completo.

Almond, Daiezu y yo tomamos a todas, mi amigo —respondió con regocijo.

¡Ah! ¡Qué envidia! La próxima vez tienes que llevarme, a Vegeta no le gustan esa clase de cosas.

¡Bah! Es un aguafiestas ¿Quieres que te cuente los detalles?

¡Claro! Comenzaré por contarte lo de cierto ejemplar raro. Tenía los ojos y el cabello de color azul y la dejé para el final. Ella…

El elevador se detuvo en otro piso y los dos saiyan salieron, prosiguiendo con su plática. Bulma sintió mucho rencor que ni siquiera se dio cuenta de que sus uñas se clavaban en sus palmas ¡Esos miserables alardeaban de sus violaciones como si fuesen premios o algo por el estilo!

Tenía los ojos y el cabello de color azul y la dejé para el final.

Esas palabras entonces le produjeron escalofríos. De no haber sido por la transmisión que recibieron, ella…

Cayó de rodillas y se llevó ambas manos al rostro y empezó a sollozar.

Esos cretinos son unos vulgares —habló por primera vez el soldado—. Levántate y siéntete agradecida con el Gran Freezer por haberte protegido.

Ella alzó el rostro, aún húmedo por el llanto. Entonces reparó en él. Su aspecto era atemorizante, su piel era de un color azulado y tenía cuernos puntiagudos. El individuo llevó una mano al scouter y apretó un botón.

Gran Freezer, aquí Ginew. El plan para infiltrarnos ha sido un éxito, como lo imaginamos ellos no se han dado cuenta de que soy yo, con este nuevo cuerpo que es una maravilla.

Felicitaciones, por algo eres el capitán de mi fuerza élite ¿Y mi doctora?

Ella estará bien, señor. Preparada para participar activamente en sus propósitos —Ginew sonrió al momento de verla.

Entonces Bulma se levantó y se limpió el rostro con el dorso de la mano.

Quizá agradecida no era la palabra correcta que describía su manera de sentir, pero estaba decida a hacer algo para vengarse de toda esa raza maldita. Ahora sabía que contaría con el respaldo de Freezer para su exterminio.

FIN DEL CAPÍTULO CINCO

Perdón por el retraso, pero estuve algo enganchada con el trabajo ¬¬

Me he dado cuenta que me es más fácil escribir sobre los sucesos del pasado que del presente de Bulma. Pero a la vez me resulta divertido ir entrelazando ambas narraciones ¿qué les parece a ustedes?

Nuevamente gracias a quienes me siguen y dejan un comentario, por favor.