Disclaimer: Dragon Ball es de Akira Toriyama, el nombre del fic es homónimo al tema de Vegeta en el Kai.
Saiyan blood
CAPÍTULO SEIS
Vegeta había cerrado la puerta viviblemente molesto y miró a cada uno de los ocupantes de la casa, incluyendo a un Raditz que, tras escuchar demasiado alboroto, había salido sosteniendo una pieza de carne en la mano.
—Pero, Vegeta…
— ¡Nadie saldrá de éste lugar y el que se atreva a hacerlo, yo mismo lo mataré! ¿Me escuchaste, Kakarotto? ¡No quiero escuchar ni una sola palabra más!
Goku dio un paso al frente, pero la mano de Tarble le detuvo. El chico de cabellos alborotados le miró y el príncipe hizo un ademán negativo con la cabeza.
—A ella no le pasará nada malo allá afuera. Ya mañana veremos qué hacer ¿de acuerdo? Pero por el momento no trates de llevarle la contra —le susurró su amigo. Goku hizo un ademán de afirmación, aunque no se encontraba del todo de acuerdo. Sus ojos miraron con insistencia la puerta de la casa.
Todos parecieron dispersarse incómodos por la idea de que probablemente esa mujer era la clave para salir de ese lugar y Vegeta, por su orgullo, lo estaba dejando pasar. Sin embargo, Tarble confiaba en su hermano, y no alcanzaba a comprender el por qué Go… Kakarotto creía tanto en ella (Goku, Kakarotto, la confusión en su mente iba creciendo tanto que ya no era capaz de saber cómo llamarlo).
—Vamos a tratar de descansar —dijo Tarble, aunque bien sabía que su amigo no sería capaz de hacerlo… o al menos eso creyó hasta que comenzó a escuchar los ronquidos de éste. Harto de esa situación, se decidió a subir al lado de su hermano.
—Creí que te quedarías a esperar a que todos durmieran para ayudar a tu amiguito a escabullirse —escuchó la voz áspera de Vegeta. Tarble soltó un suspiro.
—Kakarotto es tonto, lo sabemos, pero no permitiría que hiciera algo tan tonto —le respondió (delante de él lo mejor era llamarlo por su nombre saiyajin).
Tarble se fue acomodar a su esquina cuando le preguntó—: ¿Por qué no confías en ella?
—Hace mucho que han dejado de traer a gente nueva y no sólo eso, el mismo Zaabon la escoltó —le respondió sin mirarlo, siempre con el ceño fruncido.
—Cierto, pero también sería ridículo pensar que hayan mandado una especie de espía o algo por el estilo —su hermano asintió con un movimiento de la cabeza.
—Esa mujer sabe muchas cosas ¿no te parece extraño también? Estoy seguro de que Freezer planea algo —Vegeta le miró— ¿Y tú por qué piensas lo contrario?
La cuestión pilló desprevenido al menor. Aunque ya comenzaba a acostumbrarse un poco al hecho que de vez en cuando ellos intercambiaran más de dos palabras y que estas no fueran insultos, le sorprendía aún más que le preguntara su opinión. Sus labios dibujaron una sutil sonrisa.
—Kakarotto cree en ella.
— ¿Y la palabra de ese inútil vale más que la mía? —Vegeta recargó la cabeza en la pared.
—Vamos, no te pongas celoso. Tú eres mi único hermano… pero igual creo que ambos tienen algo de razón.
Finalmente se quedaron callados, dispuestos a relajarse para conciliar el sueño, pero la voz estridente de la terrícola rompió la calma.
((…))
Nappa tenía las manos debajo de la nuca. A pesar de la clara advertencia por parte de Vegeta, él no podía dejar de lado la situación y seguía pensando en la mujer. Era tan atractiva y hacia tanto que no tenía a una…
Sus ojos volaron hacia la puerta, su mirada sucia y pervertida parecía ya imaginar lo que podría suceder detrás de esa puerta y rio bajito.
¡Nadie saldrá de éste lugar y el que se atreva a hacerlo, yo mismo lo mataré!
Las palabras de Vegeta resonaron, como si de alguna clase de vocecilla proveniente de su conciencia se tratase. Pero él era un soldado de clase alta…y Vegeta seguía siendo el príncipe heredero…un príncipe que no parecía estar muy dispuesto a ayudarlos a salir… y un príncipe tenía que hacer lo que tenía que hacer un príncipe.
Se enderezó en su lugar, sin quitar en ningún momento la vista de la puerta e hizo ademán de levantarse, pero la voz de Kakarotto le detuvo.
— ¡Ah, espera, Tulece! Eso es mío —Nappa volteó a verlo un poco nervioso al principio, notando que alzaba un brazo y trataba de aferrarse a algo. Entonces se percató de que el saiyan alborotador estaba soñando.
Tulece, je. Nappa sonrió a medias al recordar al primo de Raditz y Kakarotto. Lástima que ninguno de los dos hubiera salido como a él. Tantas correrías que ambos habían vivido juntos y las que no siempre terminaban contándoselas. Con esa misma expresión volvió su mirada haca la puerta.
Tenía los ojos y el cabello de color azul y la dejé para el final.
El calvo pareció recordar algo. Una de las últimas conversaciones con su amigo.
—Tenía los ojos y el cabello de color azul y la dejé para el final. Era menuda y no me extraña, dijo que era de la Tierra ¿recuerdas que a Kakarotto lo eligieron para ir a ese planeta?
—Claro, pero Gine interfirió argumentando que era mejor que en su primera misión fuera con Bardock y después de regatear logró salirse con la suya.
—Y el planeta ha quedado entre los pendientes desde entonces ¿pero te imaginas a todas esas mujeres? Ja, mi amigo.
Entonces, Tulece relató lo que "había hecho a la mujer", con todo lujo de detalle.
—Es una lástima que al final la haya dejado en ese planeta. Seguramente Freezer la mandó a matar, si es que sobrevivió después de mí —los dos saiyajin rieron a carcajadas.
La última vez que lo vio, sin embargo, habló de cosas extrañas.
—Últimamente no te has dejado ver por aquí —le dijo Nappa, invitándolo a sentarse junto a él. Se encontraban en lo que parecía ser un bar.
—No me he sentido bien últimamente.
— ¿Y eso? ¿Ya has visto al médico?
—No, pero ya habrá mejores días. Ella está viva e intenta matarnos. Le acabo de ver —dijo de pronto.
— ¿Eh? ¿A quién?
—A ella. A la terrícola. Y viene con él ¡Malditos, todo esto debió ser una trampa! —el ki de Tulece pareció incrementarse, pero sin decir nada más salió del recinto.
Obviamente, Nappa salió detrás de él, pero al llegar a una de las salidas traseras del lugar no había nadie.
Esa había sido la última vez que lo vio… vivo.
La mirada penetrante de Nappa se fijó de nueva cuenta en la puerta.
La mujer había sobrevivido. Una terrícola de cabellos y ojos azules ¿Cuántas podían existir con esas características? La verdad es que en más de una ocasión pensó que su compañero le mentía, pues nunca se había topado con alguien así. Pero ahora una de ellas se encontraba justo allá afuera.
Le acabo de ver y está con él. Todo esto debió de ser una trampa.
En esos días nunca comprendió lo que quiso decir Tulece, pero ahora todo parecía encajar. Por un instante pensó en subir y buscar a Vegeta para contarle todo, decirle que su desconfianza tenía fundamentos firmes, pero él también tenía algo firme que necesitaba atención urgente en esos momentos.
Se levantó. Si Vegeta decía algo, tendría la buena excusa de acusarla de espía.
((…))
Bulma se había acurrucado en una esquina. No podía dormir, no porque hiciera frío pues la temperatura de la Invernada era estable y cómoda, sino por el pensamiento constante de qué iba a hacer a partir de la mañana siguiente. La testarudez de ese príncipe era un impedimento con el que no había contado.
De pronto escuchó la puerta abrirse, era un ruido claro pero que se notaba que trataban de hacerlo lo menos obvio posible. Sonrió, pensando que debía tratarse de Goku. Se levantó y volteó con una sonrisa, que desapareció al reconocer que no era su 'amigo'.
Los ojos parecían brillarle y su expresión de lujuria no podía ser menos obvia. Así eran todos los saiyajin después de todo. Como Tulece. Todos eran como él.
Se echó para atrás, pero de inmediato se levantó. Sabía que en esa posición era un blanco fácil.
—No te me acerques. Vegeta ha dicho que no deben salir, lo he oído —advirtió con voz recia, incapaz de mantener por mucho más tiempo su porte autoritario.
—Je, je, a Vegeta no le importará después de que le diga que has sido tú quien mató a Tulece.
— ¿Q-qué? ¿Qué tontería estás diciendo? No sé de qué hablas —respondió con terror.
"¿Cómo es que lo sabe? Imposible. Sólo Zaabon está al tanto", pensó la joven.
—Ah, la expresión deliciosa de tu rostro me dice lo contrario —se abalanzó sobre de ella.
— ¡No te me acerques! ¡Suéltame! —Bulma sacó su dispositivo para accionar el sistema de restricción, pero Nappa le dio un manotazo.
— ¿Qué es eso? ¿Eso fue con lo que mataste a Tulece? —Nappa la zarandeó por los brazos, para después acercarse y olisquearla— Hueles bien a pesar de ser una prisionera y tu piel es reluciente ¿los hombres de Freezer te han cuidado bien?
Los ojos de Bulma reflejaron pánico. Si ellos ya estaban al tanto de todo, sería su perdición. No sólo su muerte, sino la de toda la gente de la Tierra ¡Ella tenía que detenerlos a como diera lugar!
La desesperación estaba haciendo mella en su mente, pero en un instante, como en toda mente intelectual e inteligente, una luz apareció para aclararle la situación. Si era verdad que ellos ya sabían quién era en realidad ella, el mismo Vegeta estaría afuera, juzgándola y aplicando la condena correspondiente sin detenerse a pedir explicaciones. Si Nappa estaba ahí, diciéndole sus deducciones, era porque él estaba pensando solamente con su entrepierna. Que le haría lo que ya estaban acostumbrados a hacer y después le contaría a Vegeta, quien a su vez, dejaría que los demás le hicieran lo mismo para después matarla. Esa era la forma simple de pensar de esos bárbaros. Nappa simplemente quería ser el primero.
— ¡Auxilio! —gritó con todas sus fuerzas. Si Vegeta era lo que parecía ser, no le prestaría atención a sus palabras. Si estaba equivocada en lo que pensaba, por lo menos alguien más de la Invernada podría ayudarla, como por ejemplo los namek, entre ellos también existían guerreros.
— ¡Cállate, perra! Nadie te ayudará — Nappa alzó la mano, iba a darle una cachetada y Bulma sólo atinó a cerrar los ojos. Pero el golpe jamás llegó.
— ¡Dije que a quien se atreviera a salir lo mataría! —bramó Vegeta, deteniéndole el brazo.
—Ve-Vegeta. Déjame explicarte, ella… —un golpe en la boca del estómago le hizo acallar, cayendo de bruces y tratando de sostenerse de la mano de Vegeta—. Es-escúchame…
—Odio cuando me desobedecen. Y sabes bien lo que les pasa a los que lo hacen —el tono calmado de su voz le produjo un escalofrío a Bulma, quien permanecía frente a ellos y a unos cuantos metros.
— ¡No lo hagas, hermano! —Tarble corrió hacia él, pero el mayor lo lanzó lejos con un solo movimiento. Goku fue a ayudarlo.
—Ve-vegeta, por favor —Nappa alzaba la mano en señal de ayuda, suplicando el perdón de su príncipe y clamando por más tiempo.
El de cabellos en punta sonrió, dándole la mano. Por un instante, Goku y Tarble sintieron alivio. No era como si en realidad le apreciaran, era sólo que saiyajin quedaban tan pocos que no deseaban que nadie más muriera.
La expresión del heredero cambió radicalmente, era una de odio y de crueldad. Bulma lo vio de primera mano. Nunca había visto una reacción así y nunca la olvidaría.
— ¡Muere! —gritó el saiyajin y al instante su cuerpo fulguró, lanzando a Nappa hacia arriba. Una ráfaga de energía lo envolvió, hasta que finalmente sus gritos desaparecieron junto con su cuerpo.
Bulma salió despedida a causa del poder, chocando contra el pecho de un Goku que rápidamente salió a buscarla.
— ¡VEGETA! —escuchó el llamado por parte de Tarble. En pocos instantes el fulgor desapareció, dejando un pequeño cráter a su alrededor.
—Mi…poder destructivo… es una vergüenza —y Vegeta cayó inconsciente.
Goku se aseguró de que su amiga se encontrara a buen resguardo y la dejó para acercarse de inmediato a sus compatriotas.
—Vegeta, respóndeme, Vegeta —clamaba un azorado Tarble, pero por más que lo moviera éste no parecía reaccionar.
— ¿Q-qué fue lo que le pasó? —preguntó Goku.
—El sistema de restricción se activó al usar su ki, tratando de anularlo —explicó Raditz—. Sin embargo, como la vez anterior, él testarudamente trató de inutilizarlo sacando su poder y al final su cuerpo no resistió tanta presión.
Goku miró con detenimiento el cuerpo inconsciente del príncipe. Tenía graves quemaduras por todas partes y sangraba.
La última vez que lo hizo, tardó varios días sin despertar, recordó que le contó Tarble, entonces le miró.
Algo en su expresión le hizo darse cuenta de que esta vez no era como la anterior.
Bulma en tanto veía todo lo sucedido sin llegar a reaccionar. Sus ojos no daban crédito a la forma tan fácil y sádica en cómo podían eliminarse entre sí. Y por primera vez empezaba a sentir el peso de su decisión de querer entrar a la Invernada.
Cuídate del súper saiyajin, había dicho Freezer. Pero no era necesario que esos brutos llegaran a ese estado para andarse con cuidado.
Repentinamente, tuvo que limpiarse el rostro, pues en el sintió un polvillo fino que le cubría. Sin embargo, volvió a sentirlo. Alzó la vista y se percató de que se trataba de algo que parecía ceniza y que caía constantemente como si de lluvia se tratase. Sus ojos se dilataron al comprender qué era.
Los restos del cuerpo calcinado de Nappa.
FIN DEL CAPÍTULO SEIS
Cortito y esta vez sin recuerdos de Bulma, aunque los de Nappa nos dan una idea de lo que pasó.
Este fin de semana he podido escribir dos capítulos al hilo. Lo cual quiere decir que seguiré más o menos actualizando cada semana.
Nos leemos para el próximo.
