Hola readers! perdón por la demora, falta de inspiración y tiempo, lo siento mucho. En fin, espero poder actualizar nuevamente pronto. Sin mas que decir les dejo este cap, un beso y espero sus reviews!
Pd: nose si escribí bien el nombre del auto de Emm ... *la echan del fandom* bye!
Capítulo 3
Al otro día, Rose se levantó más temprano para ir al hospital a ver a Mía, la hija de Emmett. Claro que, todo lo hacía inconscientemente, ya que en realidad lo que quería era ver esos hermosos hoyuelos de nuevo.
–Buenos días– le dijo Rose a su paciente una vez que entró en la habitación– ¿cómo te sientes, Mía?
–Bien, pero me duele– Rose le sonrió y se acercó a ella para revisarla.
–Es normal que te duela, cielo, en unos días te sentirás mucho mejor–Rose acarició la mejilla de la niña y tomó unas notas en su libreta– más tarde volveré a pasar por aquí, estoy segura de que tu padre no tarda en llegar–le dijo sonriendo. Mía le sonrió.
–Gracias, doctora.
Rose salió de la habitación y suspiró, ella estaba encantada con esos ojos azules. Anne apareció a su lado y le dedicó una sonrisa pícara.
–Mejor ni te pregunto en quién estás pensando, querida–le dijo Anne mientras le acariciaba la espalda con un brazo y se iba.
Rose se dedicó a su trabajo unos minutos mas y luego se arregló para ir por un desayuno en el café de en frente al hospital.
Acababa de cruzar la calle cuando escuchó un silbido. Ella se volteó y sonrió al hombre corpulento que se encontraba sentado en los asientos del parque frente al hospital.
–No sabía que podías ir a trabajar así de sexy, y encima pediatra–le dijo Emmett sonriendo, haciendo que Rose se ruborice.
–No sabía que me seguías para coquetear, eh–dijo ella acercándose. Ambos se saludaron con una sonrisa– ¿viniste a ver a tu hija?
–Así es, y también, quería preguntarte si tenías algún compromiso… claro que, antes de planear eso no había notado ese costoso anillo en tu dedo. Mis disculpas, señorita–Rose se sorprendió por como la llamó Emmett, y trató de controlarse para no ruborizarse de nuevo.
–En realidad… olvida el anillo, no tengo ningún compromiso–dijo ella, sonriendo tristemente.
–No quiero darte complicaciones, ángel.
–¿Ángel?–preguntó ella, moviendo la cabeza a un lado. Emmett se rascó la cabeza, sintiéndose incómodo.
–Si, bueno… Mía te llama de esa forma, y se me pegó–dijo él, y ambos rieron.
–Ya veo… ¿te veo esta tarde entonces?–preguntó ella. Emmett la miró sorprendido.
–Claro, ¿paso a buscarte?–le dijo él, todavía sin poder creérselo.
–A las cinco estará bien, búscame en mi consultorio. Nos vemos, oso–dijo ella pensando "ya que nos vamos de apodos". Se dio vuelta y siguió su camino.
Emmett se la quedó mirando embobado. ¿Acaso le había llamado oso? Rió ante el apodo y fue hasta el hospital para encontrarse con su hija.
Emm se pasó todo el día dándole la mejor atención a Mía, luego llamó a su hermana para que buscara a su otra hija, Zoey, al jardín.
–Si, Alice, no te preocupes…todo está bien con Mía, en unos días sale del hospital–le decía él a Alice.
– Me alegro, espero poder ir a verla hoy, y llevar a Zoey conmigo…
–Alice… Mía está delicada, y Zoey todavía es muy pequeña para entrar aquí–le reprendía Emmett.
–Ya, de acuerdo, está bien. No seas un oso, hermano–Emmett rió ante el apodo que le dio su hermana, y miró su reloj para asegurarse que todavía estaba a tiempo.
–De acuerdo, Alice, te dejo…debo irme, recuerda buscar a mi hija–le dijo de nuevo.
–No lo olvidaré, suerte, te quiero–le dijo ella antes de cortar. Emmett dio un último beso a su hija, que se encontraba dormida. La madre de Emmett legaría al hospital en cualquier momento para ocupar su lugar.
Emmett fue hasta el consultorio de Rose a las 16:59, y cuando el reloj dio las cinco en punto, tocó la puerta de su consultorio con una sonrisa pícara.
–Adelante–le respondió ella. Él entró despacio, Rose ni lo notó, se encontraba dando unas anotaciones en su libreta. Emm se apoyó en el escritorio y la rubia levantó la vista hacia él. Los ojos de ambos, azul con azul, se encontraron, Emmett sintió que podía llegar a ver el alma de su ángel en esos hermosos ojos.
–¿Nos vamos?–le dijo él, ella le sonrió y ambos salieron a lo que sería su primera cita.
Habían elegido un Starbucks para merendar. Emmett corrió el asiento de Rose para que ella se sentara, y ambos se miraron un rato antes de empezar a hablar.
–¿Cómo se encuentra Mía?–le preguntó ella sin soportar más el silencio, y se sintió tonta al preguntar sólo por las hijas de él.
–Eso deberías decírmelo tú, ya que…eres la doctora–le respondió Emmett bromeando, ella rió e hizo un intento por no ruborizarse– aun así, ella está bien, gracias a ti.
–Es mi trabajo–respondió ella sonriendo.
–¿Problemas en el paraíso?–le preguntó él, cambiando de tema y señalando el anillo de Rose. Emmett no tenía ganas de ser el segundo en un matrimonio, quería asegurarse de que tenía vía libre con Rose antes de intentar algo.
Rosalie miró su anillo y sonrió nostálgica, recordando aquellos momentos que creyó ser feliz con Royce. Luego recordó lo mucho que lo odiaba y su rostro se descompuso a uno de desagrado.
–Nunca fue un paraíso… en unos días firmaremos el divorcio–le respondió ella, recordando las palabras de Royce: "Acepto el divorcio, pero pelearé por mis hijos", ella haría lo mismo. Emmett la miró con preocupación.
–Lo siento–dijo él, tomando su mano que se encontraba en la mesa. Rose lo miró, sintiendo un escalofrío ante el contacto de su mano con la suya.
–No es eso…yo también tengo hijos, Emmett–le respondió. Emmett la miró, comprendiendo la situación y recordando a los dos niños que había visto con ella el otro día.
–Eres doctora, tienes un buen salario, y dedicas mayor tiempo a tu familia, si encuentras algo en su contra, el trámite será bastante sencillo–le dijo él, analizando la situación. Rose enarcó una ceja.
–¿Cómo estás tan seguro?–le preguntó en forma directa.
–Soy abogado–le respondió él, encogiéndose de hombros. Rose lo miró estupefacta, y sonriendo para sus adentros. Emmett podría ayudarla a obtener la custodia de sus hijos, ya se veía ganando el juicio. Pero no podía usar a Emmett, no quería arruinarlo; además le caía muy bien.
–¿Rose?–la llamó él, trayéndola de nuevo a la realidad.
–Lo siento…y, mmm–dijo ella nerviosa–¿estás casado? –pregunto de manera instantánea, y en ese momento quiso que se la trague la tierra. "Rose, contrólate, ¿qué pasa contigo?" se decía a si misma mentalmente.
–Lo siento, no quise preguntar…–empezó a decir, y Emmett estaba que apenas contenía la risa.
–Si, Rose, tengo dos mujeres–dijo él. Rose lo miró con los ojos como platos.
–¿Qué…?–Emmett empezó a reírse, y levantó sus dos meñiques, mostrándole a Rose los anillos de plástico que llevaba en cada dedo. Ella se relajó y empezó a reírse también.
–Estuve casado una vez…–respondió Emm, seriamente– pero, como habrás visto…–Rose iba a responder, pero él la atajó– un accidente–fue todo lo que ella necesitó escuchar, para saber que Emmett estaba viudo con sus dos hijas. En ese instante se sintió mal por esas dos niñas que no tenían más de ocho años y no tenían mamá.
–Cuánto lo siento–dijo ella. Emm le sonrió.
–No te preocupes, tengo a esas dos criaturas que me dan vida todos los días–Ambos sonrieron.
–No quiero ser mala, pero…debo irme, la casa me espera–dijo ella sonriendo tímidamente. Recordando que Jasper había buscado a los chicos del colegio, y no iba a quedarse mucho tiempo.
–Te llevo–le ofreció él. Ella sonrió y dejó que él la lleve. Emm tenía un Jeep Comander, Rose sorprendió pero aún así subió al auto, sintiendo curiosidad.
–Gracias por traerme, Emm–le dijo ella, sonriendo. Emmett aprovechó la oportunidad para acercarse y… abrirle la puerta él mismo. ¿Iba a besarla? Quería besarla, pero no podía…no frente a su casa donde estaban sus hijos esperándola.
Las mejillas de Rose se encendieron por un momento y decidió hacer la misma jugada que él…en otro momento, claro.
–Dime si quieres que te lleve a algún lado–dijo él, dándole una tarjeta con su nombre y número telefónico. Rose lo guardó y se bajó del auto.
–Hasta luego, ángel–le dijo él, haciendo que ella se ruborice de nuevo.
–Hasta luego, oso–le dijo ella en respuesta, cuando Emmett encendió nuevamente el motor.
