Capítulo 1:

Mary Arkham suspiró con fastidio y se acomodó en el sofá. Desde allí podía ver con claridad al Gran Hall del Castillo atestado de gente. Se había hecho una pausa en el baile; los hombres reunidos en pequeños grupos platicaban de política y las jovencitas coquetas se preparaban para su próxima pieza de baile. En un rincón, la orquesta templaba los instrumentos y el director recibía algunas indicaciones del organizador del evento. Las sirvientas, por su lado, se paseaban con bandejas repletas de manjares y copas con vino.

Mary volvió a suspirar, aburrida, inquieta y fastidiada. Tenía los pies helados dentro de sus escarpines de raso, que en nada se comparaban con sus amadas botas de jinete, y no había nada en el mundo que quisiera más que estar en su cama calentita leyendo un libro o preparando a Umbra –su yegua de pelaje tostado oscuro y de crina azabache- para cabalgar bien llegada el alba, o incluso mucho mejor, preferiría estar probando su nueva Derringer Remington cal 41 RF que le había comprado a un viejo comerciante a escondidas de su madre; había pagado una fortuna por ella y no veía la hora de poder usarla. Pero no, en cambio ella estaba obligada a un vestido beige tenue que caía libremente ajustándose un poco a su figura desde la cinta de raso por debajo de sus pechos –gracias a Dios que no necesitaba corsé- su cabello semi-recogido dejando caer una cascada ébano de bucles largos y por supuesto, con un ánimo no del todo festivo. Después de todo, ella odiaba todos los eventos sociales, donde las solteras se ofrecían desesperadas como ganado en el mercado y los políticos ricachones alardeaban sus vidas ostentosas y de sus poderes que mantenían bajo su mano a los pobres idiotas que creían en sus palabras; todo el maldito lugar era un hervidero de cotilleos y habladurías. No es como si le importaba lo que los demás opinaran de ella, sobre todo de su actitud reacia y a la defensiva constante, de su lengua filosa o de sus rasgos intimidantes con esos ojos bicolores heredados de… él; nada la mortificaba, pero esto era realmente denigrante y patético. Ella jamás comprendería el manejo de esta sociedad.

_"¡Mary! Te he estado buscando por siglos"

Una voz chillona la despabiló de sus pensamientos. Patrice Lowell, su amiga desde de la infancia, taconeó presurosa hacia Mary que la recibió con una repentina sonrisa. Ella se alzó sobre sus pies con gracia y le tomo ambas manos para besarle las mejillas en un saludo cordial. Tomaron asiento momentos luego para ponerse al día.

_"Te diré algo, si ese Marcus O'gormann menciona tu nombre una vez más, voy a golpearlo hasta el cansancio con la bandeja de plata de la primer criada que se me cruce" Bufó la morena.

_"Ugh, y yo que tenía esperanzas de no cruzármelo esta noche" La blonda cruzó los brazos.

_"¿Y eso que se supone que significa? ¿A caso no es tu prometido?" Dijo en tono burlón.

_"Sí…bueno… Tu sabes" La de ojos azulinos miró hacia el suelo de piedra pulida y juntó las manos sobre el regazo.

_"¿Qué suce-?"

_"¡Mary Arkham! ¡Todo el mundo está murmurando sobre ti!" Una joven vociferó, interrumpiéndolas _"No puedo creer lo que has estado haciendo" Reprendió con las manos a la cadera.

_"Hola Briseida" Saludó Patty con una sonrisa divertida.

Mary solo se dedicó a mirarla sin expresión. No había un solo momento que pudiera librarse de ella. Cómo la odiaba… La tal Briseida era la hija de un importante miembro de la Orden y se le debía soportar cada capricho con una sonrisa, incluso si esa sonrisa era forzadamente falsa. En la actualidad, ella había sido la que exigió hacer este baile y claro, su papi movió unos cuantos hilos para darle el gusto. Por su lado, Mary nunca mostraba ese interés que parecían tener todos para llevarse bien con ella, lo que ponía de los pelos a su alrededor. La morocha de ojos bicolor se negaba a la falsedad que flotaba normalmente entre los buitres de la nobleza.

_"Hola Briseida" El codazo que le propinó Patty a la altura de las costillas fue suficiente para toser forzadamente el saludo.

_"¿Y qué es lo que ha estado haciendo Mary, eh?" La blonda pidió divertida.

_"Bueno, déjame decirte que tu amiguita, ha estado rechazando a todos los caballeros que la han pedido para el minué" Briseida miró fijamente a la de ojos bicolores que soltó un bufido y miró hacia el cielorraso con los ojos en blanco, cruzando los brazos. '¿Y a ella que le incumbe?' Pensó Mary.

_"Quizás no le guste el minué" La rubia se encogió de hombros con una amplia sonrisa.

_"No te burles, Patrice. También rechazó a Charles para el vals y a Eliot para… para… ¿Cómo se llama? Bueno, no importa. Es evidente, no es cuestión de bailes."

_"No, Briseida. A Charles no lo rechacé, le dije que sí" Dijo mirando distraídamente a un costado, definitivamente negando su existencia.

_"Sí, pero luego cuando vino a por ti, lo espantaste diciéndole que tenías deseos de vomitar"

_"No, no le dije que tenía ganas de vomitar, le dije que él me daba ganas de vomitar…"

_"¡Bueno basta niña malcriada! No importa lo que dijiste, el hecho es que estas armando un revuelo de aquellos y estás complicando una noche que debía ser perfecta, ¡perfecta!" Claro, los celos por no ser el centro de atención.

_"Cálmate ya, Briseida" Dijo Patrice _"Tu rostro está como un tomate, y no creo que a Anthony le agrade" Le habló sobre su prometido con seriedad fingida, tratando de sofocar una risita.

_"No creas, Patty, no creas" El tono sarcástico sopló vibrante de los labios de Mary. Miró a su amiga con toda la seriedad que pudo reunir "Sir Anthony West es un asiduo Caballero de la Orden, y todo lo que sea rojo sangre le apasiona" Le dio un toque dramático a su voz.

Patty no lo pudo soportar y largó una sonora carcajada que provocó la mirada escandalizada de un grupo de ancianas apostadas a pasos de ellas. Briseida las observaba furibunda, el rostro como la grana y los ojos a punto de saltársele de las órbitas. Recogió el ruedo de su vestido, dio media vuelta con un ¡Hum! y se perdió de vista.

_"Oh Dios, ahora O'gormann, lo que me faltaba" Murmuró Mary.

El muchacho O'gormann se acercó a Patty y le pidió para la próxima pieza; la blonda aceptó de mala gana y partió junto a su prometido hacia la pista de baile. Y Mary se quedó sola otra vez; agradecida mentalmente, se acomodó un poco más en el sofá y volvió a suspirar más de fastidio que de cansancio. ¿Por qué estaba soportando este tipo de rebajes? Simple. Fue un pedido de Nina, madre de Patty y amiga incondicional de su madre, quien le pidió encarecidamente su presencia esta noche, por lo que debió aceptar sin chistar.

Las madres de las niñas se habían conocido en casa de Misia Leonor, esposa de un mandatario de la Orden, hace algo de veintidós años atrás, cuando Kalina recién hacía sus apariciones como repentina esposa de Sir Arkham en la alta sociedad. El tiempo pasó y se volvieron amigas inseparables. Cuatro años después, la dulce morocha dio a luz a una pequeña belleza blanca y suave como el algodón, con el cabello tan oscuro como el azabache y un par de ojos exóticos bicolores. Aunque no pasó mucho tiempo para que Nina imitara a su amiga y quedara embarazada. La vida les sonreía, pero desafortunadamente, cuando Mary tenía apenas nueve años de edad, Kalina Ann enfermó de una extraña afección en la sangre que la mantuvo postrada en la cama la mayor parte del tiempo desde entonces. No obstante, mantuvo su entereza gracias al apoyo incondicional de su amiga y de su niña adorada. Su marido… era harina de otro costal. Amaba a William Arkham, no cabía duda. Él la había rescatado de un terrible incendio del que nada recuerda y por ello le debía la vida, pero había algo en él que aún le causaba escalofríos. Quizás era por lo sucedido aquella noche…

Mary se sorprendió del rumbo que tomaron sus pensamientos; no quería pensar en ello ahora mismo, mucho menos en ese hombre. Se limitó a nada, solo volvió el rostro hacia arriba para mirar el cielorraso. Sus ojos bicolores aburridos recorrían cada detalle suntuoso de los ribetes góticos y las decoraciones clásicas; la enorme araña dorada le llamó la atención, colgaba en el centro del salón, rebosante de cristales y velas chorreantes de sebo, era maravillosa. La ilusión óptica le jugaba una mala pasada, haciéndole creer que se mecía al compás de los acordes; eso la mareaba un poco.

De repente, los instrumentos dejaron de sonar y el salón quedó en silencio; los hombres, que se congregaron en grupos, dirigían la mirada a la entrada principal y algunas jovencitas comenzaron a cuchichear nerviosas, tratando de disimular el repentino rubor en sus mejillas. Intrigada, Mary frunció el ceño y volvió la mirada hacia el salón principal. Como su posición no le daba una buena vista, se levantó con disimulo y se mantuvo detrás de una columna entre los cortinados.

Vio cómo el General Credo, hasta entonces el hombre más afamado de la noche, suavizó a la ligera sus rasgos normalmente serios y se encaminó hacia la entrada al encuentro de esta persona, que si se merecía tal muestra de atención del Brigadier, debía de ser alguien muy importante.

El piano volvió a sonar, y aunque el General Credo no había reaparecido en el salón, todo volvió a la normalidad.

_"¡Claro! Debí habérmelo imaginado" Se oyó detrás de ella, un grupo de señoritas que cuchicheaba entre la multitud.

_"¡Por supuesto que vendría! No se podía obviar su presencia"

_"Es mucho más atractivo de lo que se comentaba"

_"Solo tienen que oír cuando esa voz varonil pronuncia su propio nombre: Vergil Sparda" Las niñas se echaron a suspirar con solo recordar.

Mary alzó una ceja sin mirarlas y luego volvió su atención al salón principal. Detrás de su columna, ella pudo verlo perfectamente. Parecía que el tiempo se había congelado. Un exótico caballero con porte aristocrático y gesto vanidoso, caminaba a la par del General, aparentemente fingiendo oírlo, mientras la mirada impasible se posaba en la nada misma. La joven no podía apartar su mirada de él. Sabía que era impropio observarlo de esa manera, pero no le importó. Cabello blanco elegantemente retirado hacia atrás, ojos azules grisáceos sin atisbo de interés por su alrededor, delgado, alto y definido cuerpo vestido por un frac negro que le quedaba a la perfección, era todo y más.

De repente, como si hubiera sentido la mirada sobre sí, él torció el rostro ligeramente a la izquierda y no dudó en clavarle la mirada fijamente a ella. Mary tragó saliva para amortiguar la sensación de que su corazón iba a salirse por la boca, sin embargo, su naturaleza indómita y desafiante, no le permitió apartar la mirada, incluso si sentía un calor que subía a sus mejillas con esos ojos azules acerados mirándola con todo el descaro que cupo en ellos. El duelo de miradas habrá durado unos segundos que parecieron horas. Todo a su alrededor parecía desvanecerse en ese momento; ese momento que duró hasta que el General Credo lo llamó de su ensueño para presentarle a un caballero, por lo que el hijo de Sparda desvió calmadamente la mirada y saludó con un apretón de mano firme al hombre que aguardaba su atención.

La música le volvió a los oídos y Mary comenzó a sentir sus pulsaciones un poco más aceleradas que lo normal junto con la respiración entre cortada. Frunció el ceño ante la sensación de agitación que se propagó en ella como si hubiera estado corriendo con corsé, y se apoyó en la columna ante la pequeña pérdida de equilibrio.

Aire. Era eso lo que necesitaba. Ya había soportado demasiado de aquel baile. Uno de los patios del viejo Castillo, conocido como el Cementerio del Soldado- aunque lúgubre, tranquilo en fin- sería su salvación. Cruzó el pasillo largo dejando atrás el sonido de la música, el incansable murmullo de la gente, el humo de los cigarros y el aroma—medio repugnante ya— de las esencias que se quemaban en los pebeteros de la sala. El choque con la brisa helada la recompuso bastante. Siguió hasta la puerta que divide el patio central del cementerio y una vez allí, cerró los ojos e inspiró profundamente. Instantes después, soltó el aire por la boca con lentitud, dejando escapar la nube de vapor. La noche era fría pero espléndida. Permaneció largo rato observando la luna que se asomaba entre los altos picos del tejado, caminando lentamente sin destino aparente. Aunque todavía no había comenzado la época de nieve, definitivamente estaba helando. Tomó asiento sobre el borde de la fuente de piedra y se relajó. Allí se quedó, abrazándose a sí misma, mirando el cielo y cerrando los ojos de tanto en tanto. No supo cuánto tiempo permaneció así. Quizá se quedó dormida unos minutos y después se despertó. Solo podía sentir como la ligera briza casi imperceptible chocaba con su piel erizándola, y el frío de la piedra le entumecía las nalgas y piernas creando una sensación casi dolorosa, y aunque le gustaba el invierno, quizás hacía demasiado frío; tal vez debía regresar a la fiesta. "Así nunca conseguirás esposo, Mary" Se dijo sonriendo con obvio sarcasmo.

_"¡Mary, aquí estabas! Hace rato que llevo buscándote. ¿Qué hacías aquí sola? ¡Uuuyyy! ¡Pero si está helando! Vamos, entremos" Patty la tomó por el brazo y prácticamente la obligó a ingresar al salón _"¿Lo viste?" Agregó con voz cómplice, mientras caminaban tomadas del brazo por el patio hacia el pasillo largo.

_"¿A quién?" Alzó una ceja la morocha.

_"¿Cómo a quién? Al invitado más popular de esta noche. A Vergil Sparda"

_"Ah sí, lo vi cuando llegó, hace unos minutos"

_"Mary, ¿has estado bebiendo? Si llegó hace más de una hora"

_"Bueno sí, hace más de una hora, ¿qué más da? ¿Pero qué tanto hay con ese hombre? Todo el mundo parece pendiente de él"

_"Bueno, por si no has notado su apellido…" La blonda alzó las cejas en incredulidad ante la torpeza de su amiga.

Mary retrocedió mentalmente ante las palabras de Patty y alzó las cejas a sí misma. Realmente había estado perdida en sus pensamientos, completamente absorta de su alrededor por tanto tiempo. ¿Cómo no se percató de su parecido físico? Aunque ella jamás conoció personalmente al 'Salvador', si lo había visto en pinturas y había oído hablar mucho de él, sobre todo en las historias que su padre solía contarle. Se encogió de hombros porque en realidad no le importaba en absoluto. Abrió la puerta para adentrarse al cálido reconfortante pasillo y allí continuaron con su camino lento.

_"Lo que sucede es que es el protegido de la Orden. Nadie conoce demasiado de su pasado e incluso se ha hecho correr la voz que en realidad es hijo bastardo y no legítimo de nuestro Salvador" Patrice se santiguó mirando hacia el cielorraso. Mary rodó los ojos _"Más dicen que fue concebido por una sirvienta humana que ÉL luego ocultó por vergüenza. Otros dicen que no fue el único en nacer y que su voracidad demoníaca desde niño consumió a su gemelo dentro del útero"

_"¡Ay Por Dios Patrice! ¿En serio vas a creerte tantas sandeces?" Replicó la morocha.

_"Es solo lo que dicen" Ella alzó sus manos _"Solo sé con seguridad que ha venido por unos negocios, algunos completamente confidenciales, otros con mi padre por lo que ha estado visitando mi casa varios días, y que luego partirá a su Mansión cerca de las costas del oeste"

_"Ahora entiendo tanto escándalo. El diablo camina entre nosotros" Dijo Mary con una sonrisa sardónica.

_"¡Mary Arkham!" Dijo despavorida.

_"¿Qué? si es cierto" Se encogió de hombros con inocencia _"Además tú dijiste que se comió a su hermano. Luego yo soy la sádica" Mary alzó las cejas, rodando los ojos.

_"Eres increíble" La blonda negó con la cabeza seriamente. Tomó un poco de aire antes de continuar con nuevas energías _"¡Ah! Quizás haya venido en busca de una esposa. Seguramente está en edad para sentar cabeza y un hombre con tanto poder corriendo por sus venas debería conseguir pronto un heredero, ¿No lo crees?" Dijo entusiasmada.

_"Mmh. Por eso todas las solteras de la ciudad sacan a relucir sus carteles de: 'Se busca esposo' ¿verdad?"

_"No seas mordaz, Mary. Lo que sucede es que, no solo es un lince para los negocios y afamado por su legado sanguíneo o por su habilidad para mantener a las hordas de demonios bajo el filo de su espada. Sincerémonos; es un hombre verdaderamente atractivo, ¿acaso no lo viste bien?"

_"Sí, lo vi. No me pareció nada del otro mundo" Mintió expertamente.

_"No puedo creer que te haya parecido igual que los otros. A mí no me engañas" La de ojos azules la miró de soslayo, torciendo los labios.

_"No, no es igual a los otros… Es un demonio ¿Qué hay de bueno en eso?" La de ojos bicolores dijo como al descuido.

_"No puedo creer que seas tan hereje" La rubia dijo con desapruebo y ceñuda. Nadie se animaba a siquiera pensar de esa forma del hijo del Salvador. Nadie excepto Mary.

Patrice se quedó callada mirando hacia otro lado, negando la existencia de su amiga. La morocha tomó en cuenta la animadversión de Patty e intentó suavizar el tema. Era cierto que Mary vivía rodeada de gente que no comprendía su postura; ella no era tan exagerada como los demás acerca del tema. Pero supuso que no haría daño a nadie seguirle la corriente con esta bobería.

_"Si, supongo que tiene unos ojos muy llamativos" Suspiró. Eso era lo más cercano a una confesión que obtendría de ella, por lo que Patty la aceptó con una sonrisa.

_"¡Bien! Entonces vamos al salón. Tal vez te invite a bailar el vals y…" Mary se frenó en seco con una mirada seria.

_"No Patty, no bailaré con él. No bailaré con nadie. Lo sabes" Se cruzó de brazos. Patty sonrió débilmente ante la actitud caprichosa de quien era una mujer un año mayor que ella. Eran de diecisiete y dieciocho años respectivamente.

_"Eres terca como ninguna, Mary" Cruzó los brazos frunciendo el ceño.

_"Tú también lo eres"

_"Sí, pero trato de controlarme. Además yo soy la futura Señora O'gormann, me debes respeto"

Se miraron unos segundos seriamente; luego se echaron a reír.

_"Anda, vamos. Además, mi madre me preguntó por ti mil veces. Ella me ha mandado a buscarte, dice que eres escurridiza como ninguna cuando se trata de hombres"

_"A veces creo que tu madre tiene el traje de Cupido oculto debajo de su vestido. No sé cuántas veces tengo decirle que apunte sus flechas para otro lado. No me interesa" Mary bufó. Su amiga solo se limitó a reírse.

Cuando llegaron al salón principal, Mary y Patty compartieron una mirada cargada de desencanto. La morocha no tan consciente de su propia sorpresa, la rubia totalmente estupefacta. El distinguido hijo de Sparda bailaba el vals con Marlene Dupont, una bellísima dama de origen francés que destellaba elegancia y encanto por donde la vieses. La verdad era que hacían una maravillosa pareja. El pálido color de sus pieles, la de ella un poco más rosada, encajaban en sus manos unidas a la perfección, y la mirada helada de él se fundía en aburrimiento con los ojos pardos brillosos de ella. A todo esto, a Mary no le importó. Ella solo lo miraba a él, apoyando una mano sobre el frio mármol al lado de una columna, como en un repentino trance que no pudo evitar. Los movimientos de ese hombre al son de la música eran muy coordinados y armónicos, a pesar de que era claro por su expresión, no tenía ánimos de estar ahí con ella, bailando. Tan alto como su estructura muscular perfecta y definida le daba ese porte elegante e intimidante al mismo tiempo. En un movimiento del baile, su levita negra que destacaba el contorno de su espalda, dejó entrever más claramente el chaleco negro ceñido a su torso en el que se destacaba una elegante corbata de seda blanca anudada a su cuello.

_"Vaya que eres escurridiza Mary Arkham, te he buscado toda la noche" La voz de Nina Lowell se acercó por detrás de ella trayéndola del trance. La rubia compartió una mirada cómplice con su hija y esta se escurrió entre la multitud.

_"Misia Lowell" Mary le sonrió y besó sus mejillas en un saludo cordial.

_"Por favor, Mary. Te conozco desde la cuna. Llámame Nina" Le sonrió amablemente, mientras la tomaba del brazo para caminar un rato alrededor del salón _"Así que no has aceptado bailar con ningún muchacho aún ¿hm? ¿Puedo preguntar por qué?"

_"Es que no me apetece bailar esta noche, Misia" Se excusó con seriedad.

Nina solo negó con la cabeza sonriendo; era terca como su madre y arisca como su padre. Desgraciadamente, no compartía tanta simpatía con Sir William Arkham como con la adorada Kalina Ann. Por suerte, la niña se asemejaba más a la mujer.

_"Pues, quizás no te sientas cómoda con el baile, ¿Qué te parece platicar con…?" Ella miró pensativa a su alrededor por un momento.

'Que ni se le ocurra' Mary pensaba para sí. No quería parecer irrespetuosa con la amiga de su madre y madre de su amiga, pero su posesividad con respecto a la vida amorosa de Mary, se estaba volviendo absurda.

_ "Mmm… ¡Aquí! Señor Dancy" Nina prácticamente la arrastró con sí para acercarla a uno de los caballeros bebiendo algo tranquilamente sentado en un sillón. El muchacho se levantó rápidamente y le sonrió a ambas _"La señorita Mary Arkham. Mary…" Y con eso, Nina desapareció entre la multitud con una enorme sonrisa plasmada en su rostro, dejando a Mary roja como una fresa en estación, más bien de ira que de vergüenza.

Luego de unos cuantos bostezos, miradas en blanco y 'mm hmms' distraídos por parte de la dama, durante el monólogo del joven arrogante y para nada avispado, ya que no entendía el burdo sarcasmo de Mary o al menos no le importó; ella agradeció cuando la naturaleza la llamó, disculpándose secamente con el muchacho para ir al tocador. El bullicio de la fiesta se había perdido nuevamente cuando se encaminó por los pasillos, siguiendo el patrón normal hacia el tocador de damas. Todo parecía calmo y silencioso en esta zona, lo cual sus oídos agradecieron. Minutos después de resueltos sus asuntos en el toilette, decidió husmear un poco por ahí con la esperanza de huir de las tretas que Misia Lowell parecía empecinada en meterle. Siguió su paso tranquilo unos cuantos metros hasta que se perdió por un pasillo que no había recorrido antes (N/A: es la sala de torturas, aunque suponemos que es solo un simple pasillo sin el aspecto tétrico xD). Siguió hasta encontrarse con unas escaleras y subió por los peldaños uno a uno con calma. No tenía apuro. Su mirada continuaba revoloteando en las delicadas molduras góticas y a veces se detenía a mirar las pinturas antiquísimas. Su camino no se detuvo por el siguiente pasillo (N/A: el camino de hierro por encima de la sala de torturas). Había una puerta al final del mismo donde le pareció oír un sonido; como un gemido o un lamento. No, no, era un jadeo y parecía angustiado. Eso le llamó la atención y se detuvo un segundo para oírlo con claridad. Tal vez había alguien llorando allí. Obviamente que no era de su incumbencia, pero es que el sonido era tan persistente y su curiosidad iba en aumento, que sintió la necesidad de averiguar quién era o qué le sucedía. Continuó con sigilo. Sus escarpines de raso apenas rozaban el piso y tomó la precaución de elevar la falda del vestido para evitar el roce con el suelo. La ansiedad le jugó una mala pasada y tropezó con uno de los candeleros dorados apostados a los costados del pasillo. La cosa metálica cayó al suelo y Mary contuvo la respiración. Afortunadamente dio contra una alfombra gruesa, y si bien el ruido no fue tan estruendoso, Mary debió pisotear el pequeño foco de incendio causado por una vela que rodó lejos. Volvió a respirar poco después, un poco agitada.

_"¿Qué fue ese ruido? ¿Lo escuchó?" La voz agitada era inequívocamente femenina. Mary se detuvo y permaneció quieta en el lugar.

_"No, no fue nada... no pares..." Y otra vez el gemido de ella, ese lamento.

Mary hizo un mohín. Tenía un presentimiento de lo que estaba sucediendo allí dentro, y sabía que estaba mal espiar, pero no podía detenerse ahora, por más que quisiera, su natural curiosidad no la dejaría. Quizás era por su pequeña mente pervertida que mucho no había descubierto a su joven e inexperta edad, o quizás ella había imaginado todo y era solo un mal entendido. O peor aún, eso era una simple excusa para curiosear; no lo sabía. De todas formas y con mucho tiento, entreabrió la puerta y definitivamente lo que vio le quitó el aliento.

Era la Cámara del Maestro. La luz de la luna que se filtraba por la puerta-ventana jugaba con las sombras de la habitación casi a oscuras, por lo que solo se veían dos siluetas a medio distinguir y en movimiento. Una mujer recostada se mantenía asida con fuerza a uno de los doseles de la cama, tenía el pelo oscuro revuelto y emitía sonidos lamentosos; era como una mezcla de dolor agudo y goce al igual que al comer un manjar. Probablemente fue el asombro y la mala iluminación que en nada ayudaban, pero Mary juró ver que la mujer tenía el vestido levantado, mientras el hombre le sostenía las piernas desnudas separadas, con grandes manos apretando sus muslos blancos y suaves. Ese hombre de cabello claro que brillaba a la luz de la luna, se erguía sobre ella, parecía empujar a la mujer una y otra vez, trayéndola cerca de él, haciéndola sacudirse y gemir, jadeando con una voz ronca que a Mary la estremecía desde la base de la columna hasta la punta de los pelos. Una sola imagen surcó su mente en ese momento: la yegua de su padre abrumada bajo el peso del padrillo árabe de los O'Connell. Por aquellos días, cuando ella tenía nueve años, el animal visitaba la estancia que William Arkham tenía para algunos negocios y para vacacionar con la familia; en ese entonces a ella le habían prohibido ir a las caballerizas, pero no le importó y se lanzó a descubrir qué cosa era lo que hacían los dos caballos. Y eso recordó. Ahora, en cambio, esta imagen era aún más sorprendente, un hombre y una mujer, como perdidos en un mundo completamente ajeno a este.

Mary mantenía apretado el picaporte con tanta fuerza que sintió cómo las uñas se le clavaban en la carne. Sabía que no debía mirar. Sin embargo, los movimientos cada vez más precipitosos, los pequeños gritos reprimidos, el jadeo, sobre todo ese continuo y persistente jadeo ronco, todo aquello ejercía sobre ella una atracción tan irresistible que no podía apartar los ojos. Respiró hondo para tratar de dominar su agitación, y otro mal movimiento estuvo a punto de ponerla en evidencia. Había aflojado sin darse cuenta la presión de su mano: en medio de la quietud de la noche, el ruido del picaporte al volver a su sitio sonó como un cañonazo. La mujer volvió el rostro con una mueca de pánico por ser vista, y el hombre alzó la mirada helada por encima de su hombro, gruñendo con fastidio. Aunque había atinado a echar el cuerpo hacia atrás, Mary alcanzó a reconocerlos. Por un momento, pensó que sus ojos la engañaban. Pero no. No cabía duda de que eran Marlene y Vergil Sparda. Mary vio que el hombre, todo desaliñado, con el pantalón abierto y la camisa por fuera, se apartaba de mala gana de la mujer. Era evidente que estaba dispuesto a averiguar quién venía a interrumpir. La de ojos bicolores decidió que era tiempo de salir de allí y corrió de nuevo por el pasillo, perdiéndose al doblar la esquina para bajar las escaleras lo más rápido que sus pies reaccionaron. Para cuando Vergil terminó de abrir la puerta, ya no había nadie. Vio el candelero en el suelo y un ligero chamusque en la alfombra. Delicadamente olfateó el aire del pasillo y una ínfima curvatura apareció sus labios, observando al final del pasillo.

_ "Regresemos a la fiesta" Ordenó el hijo de Sparda.

Mary ingresó al salón. No se sentía bien: había cruzado el castillo de punta a punta a la carrera, casi sin respirar. El corazón le palpitaba a toda velocidad en la garganta, estaba pálida y con sus manos temblorosas se llevó detrás de la oreja un par de rizos rebeldes que se habían separado de su peinado, tratando de regular la respiración.

_"¿Qué te sucede, Mary? ¿Acaso has visto un demonio?" Patty se acercó al verla desencajada.

_"S-sí" Respondió ella con el aliento entrecortado.

_"¡Ay, por Dios! Hay que avisar a la guardia-"

_"No, no…" Ella batió la mano con desdén _"Por favor, Patty, solo, consígueme algo fresco para beber…" Patrice se volvió para ir en busca de la bebida, cuando nuevamente la tomó de la mano _"No, no. Mejor tráeme mi esclavina. Quiero irme. Ya mismo"

La joven Lowell no iba a discutir. Nunca la había visto así, tan alterada; sobre todo a Mary Arkham que destreza al hablar y seguridad al caminar no le faltaba nunca; ahora las palabras se ahogaban en su garganta y temblaba como una hoja.

Pasaron unos minutos y la de ojos bicolores seguía vertiginosa; tragó saliva nerviosamente y se apoltronó en un sillón a la espera. No deseaba estar allí; quería irse. En realidad, no era tan horroroso lo que había visto, pero ella seguía aturdida por la escena presenciada. Si bien las charlas sobre 'el tema' con su madre nunca fueron muy abiertas –solo porque ella las evitaba a toda costa- Kalina nunca había sido tan… explicativa, y lo que acababa de ver era algo... muy, muy, gráfico. De todos modos, ¿a ella qué le importaba lo que hacían, eh? Marlene siempre le había parecido una estúpida cualquiera, con su tonito empalagoso y sus modos de niñita bien. Y ese tal Sparda Jr... Bueno, había resultado ser... sí, él definitivamente era hijo de un Diablo. Comenzó a golpetear el pie sobre el piso con nerviosismo, fregándose las manos heladas y oteando a su alrededor cada vez que intentaba borrar esa imagen de su cabeza. ¡Por Dios! ¿Qué había de malo con ella? ¿Por qué no podía olvidar esos movimientos de él: bruscos, agitados y… excitantes, mientras se cernía sobre ella como todo un titán?

_ "Basta, basta, BASTA" Se murmuraba a sí misma.

_"¡Por fin Mary querida!" Exclamó Nina con los brazos abiertos _"Otra vez te me has escapado. Te he estado buscando por un largo rato. Bueno, no importa ya" Le sonrió cordialmente _"Ven conmigo, quiero que conozcas a alguien"

_"No, misia. Verá, yo…"

_"Nada de peros" Le batió una mano con desdén y volvió a llevarla por el brazo _"Una joven tan bella e instruida como tú, necesita el tipo de compañía perfecta. Y yo la tengo para ti." Le dijo cuando ambas se acercaron a un pequeño grupo de personas un poco más retirada del resto.

Allí se encontraba el General Credo con su esposa, Sir Lowell esposo de Nina y un par de mandatarios de la Orden, junto a cierto peliblanco con esa expresión imperturbable grabada en su rostro perfecto y la postura arrogante que lo caracterizaba.

_"Mary, te presento a Vergil Sparda. Señor, le presento a la señorita Mary Arkham"

Nina les sonrió cuando vio al mestizo asentir hacia ella con una ligera e ínfima reverencia, aunque empalideció al ver a Mary con una mirada de desprecio –más bien de asco- hacia el hombre mitad diablo. La rubia solo rogaba a cualquier Entidad Divina que a la jovencita no se le diera por escupir alguna de sus famosas frases. Decidió alivianar la tensión.

_"Quizás puedas bailar con el caballero el siguiente vals. Estoy segura de que tienen el talento natural para ser una perfecta pareja de baile" La rubia volvió a sonreír con nerviosismo. Quizás no fue la mejor idea.

Demasiado tarde.

Mary miró alternadamente a Nina y a Vergil sin pestañear. La blonda sentía el frío sudor recorrerle la espalda por debajo del ceñido corsé; por su lado, el hijo de Sparda se mantenía sin un atisbo de reacción aparente, no se negó, no acotó nada, solo la miró tan fijamente que sintió sus mejillas arder sin explicación lógica. Luego de unos segundos embarazosos y de los grandes ojos bicolores brillando con tono amenazante, no pudo retener las palabras en su boca.

_"¿Bailar con un demonio? Jhm, antes prefiero estar muerta" Sentenció.

Patty no tuvo tiempo de alcanzarle su abrigo. Mary se lo arrebató de las manos, y abandonó audazmente el castillo a paso muy apresurado.

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¡Ta-chán! Ahí está el primer capítulo ¿Un poco raro, no? A mí me parece que sí, sobre todo ver a los personajes en otra época. Tranquis que voy a tratar de darle un poco más de forma para los próximos caps. y las limonaditas van a ser un poco más jugosas e interesantes entre LadyxVergil. Obvio, lo mejor para lo último ;D Déjenme saber lo que piensan, si les agrada o si no, que cambio puedo hacerle o qué no les gusta. ¡Dispara que estoy lista! xP… Ah! Y no, no me olvidé de mis otros dos fics, estoy en ello. Hasta la próxima… n_n LadySky!