Hola mis bellos lectores, cómo andan? Les dejo este nuevo capítulo, como siempre espero les guste! Espero sus reviews, bye!


Capítulo 4

Rose llegó a su casa, deseando con todas sus fuerzas encontrar tranquilidad para descansar. Tuvo un día bastante agotador, pero todavía no había terminado.
En cuanto puso un pie en la casa, sus dos hijos corrieron a sus brazos.

–¡Mamá! ¿Dónde estabas?–le pregunta Thomas.

–Tío Jasper dijo que estabas muy ocupada en el trabajo…–le dice Noah. Rose los abraza y besa a ambos en la cabeza.

–Hoy tuve mucho trabajo, ¿dónde está su tío?–preguntó ella, evitando seguir mintiéndoles a sus hijos.

–Se ha ido hace como una hora, pero estamos bien…

–Tenemos hambre, mamá–le replicó Noah. Rose les sonrió.

–Adivinen lo que vamos a cenar–dijo ella mientras iba a la cocina seguida por sus dos pequeños. Rose se puso a buscar cosas para cocinar y los niños se miraban entre ellos sin tener la menor idea. Rose se volteó a ellos con unas papas en las manos, las cuales dejó en la mesada para sacar del frízer unos patys.

–¡Hamburguesa y papas fritas!–exclamó ella.

–¡Sí!–gritaron los gemelos de felicidad.

–Pero mamá, a ti no te gustan estas comidas–le dijo Thomas.

–Bueno, hoy es la excepción–dijo ella dejando a sus hijos con cara de póker–¿alguno quiere ayudarme a cocinar?–les preguntó ella. Los niños asintieron y se dispusieron a ayudar a su madre.

La noche se pasó rápida y tranquila. A pesar de que Rose estaba cansada por su trabajo en el hospital, el trabajo como madre lo hacía con gusto y dedicación.
Luego de cenar, fue a ver una película con sus hijos en el living. Los tres estaban recostados en el sofá frente al televisor, con los pies levantados en almohadones. Ambos niños se quedaron dormidos en cuanto terminó la película. Rose los llevó a su habitación, con mucha dificultad ya que los niños eran pesados y debía subir las escaleras, pero lo logró y cuando estuvo libre se cambió y se preparó para irse a la cama.
Mientras guardaba su abrigo, Rose nota un papel en su bolsillo y sonríe al recordar que tenía el numero de Emmett. Rápidamente lo agenda en su celular, el cual no miraba hace unas horas y notó una llamada de Royce. Rose rodó los ojos, no quería pasar un mal momento por culpa de su "marido", apagó el celular y se fue a la cama, agradeciendo haber conocido a Emmett McCarty, algo que nunca se arrepentiría.

Por otro lado, Emmett fue al hospital para encontrarse con su hija, que se estaba recuperando muy bien. Antes de encontrarse con ella, llamó a su hermana, que estaba teniendo una tarde de juegos muy entretenida con su otra hija.

Así que… ¿Cómo estuvo "el trabajo"?–le preguntó Alice, haciendo una voz de broma cuando se refirió al trabajo de Emm. Ella ya sabía que en realidad, su hermano había tenido una cita. Emmett rodó los ojos.

–Luego lo sabrás, no adelantes las cosas, hermanita. ¿Cómo está mi princesa?–preguntó sonriendo.

Bañada y peinada, solo falta que cene y luego a la cama…tal cual lo ordenaste– Emm supo que Alice sonreía. A ella le gustaba mucho malcriar a sus sobrinas, por eso le sorprendía que por primera vez obedeciera sus órdenes.

–Muy bien, gracias Alice, mándale un saludo y dile que voy a estar con ella para cuando despierte.

–Así lo haré, buenas noches hermanito y saludos a la hermosa sobrina que tengo
–dijo ella sonriendo. Emm la despidió y guardó su celular para ver a su hija Mía.

–¡Papi!–gritó la niña al verlo. Emm fue hacia su cama y la abrazó lo más delicado posible, dejando un beso en su frente para sentarse a su lado.

–¿Cómo has estado, princesa?

–Muy bien, la abuela me contó muchas historias, pero ya me aburrí…ahora quiero ver una película–le dijo ella. Emm abrió uno de los cajones donde guardaban los juguetes, libros y otras cosas que la niña necesitara para matar el rato y sacó el estuche de películas.

–Elige una–dijo, dándole el estuche. Mía comenzó a pasar las páginas y sacó una película de Barbie. Emm le sonrió y puso la película para verla.
¿Si se aburría? El haría lo que sea por ver feliz a sus hijas, incluso si ellas le pedían que se disfrazara, él lo haría con gusto.

–Mañana deberíamos ver Pitch Perfect, hoy queríamos verla pero no la tengo–hizo un puchero.

–De acuerdo, me encargaré de comprártela para mañana– Emmett no era un padre de tiempo completo. Ahora hacía la excepción ya que su pequeña de siete años necesitaba cuidados al estar en el hospital.
Desde el fallecimiento de su esposa, el trató de disponer de más tiempo para su familia. No era un trabajo fácil, a veces las niñas se ponían difíciles, más bien Mía se ponía difícil y el simplemente le ofrecía lo que ella quisiera. Tal vez la malcriaba demasiado, pero no quería que sufriera más de lo que ya había pasado.
Emmett se dedicaba a ir al gimnasio, hacer deportes y luego se encargaba de su oficio. Él siempre estuvo acostumbrado a realizar varias actividades, siguió la carrera de abogacía como respaldo, y le vino muy bien. Tal vez no era famoso, pero tenía bastante dinero que poco le importaba gastarlo en caprichos de sus hijas.
Emmett observó como su hija se quedaba dormida, y él aprovechó para cabecear un rato.

Luego de una semana en el hospital, Rose fue a ver como se encontraba Mía y finalmente le dio el alta. Emmett estaba muy contento, y lo primero que quería hacer era celebrarlo con su hija en casa.

–Recuerda cuidar mucho a esta preciosa niña–le dijo Rose a Emmett cuando ya se estaban yendo. Emm le sonrió.

–La cuidaré con la vida, muchas gracias Rose– Mía, que ahora se encontraba en brazos de su padre, observaba muy atenta a la mirada que esos dos se mandaban, poniéndose algo celosa de que su padre mirara a su doctora como si fuera un trofeo.

–Seguro que sí, hasta luego preciosa–le dijo Rose a Mía.

–Adiós Rose–le dijo la niña, sonriéndole. Una vez que salieron del hospital, Emm acomodó a su hija en el asiento trasero del auto para llevarla nuevamente a su casa.

–Papá, ¿te gusta Rose?–le pregunta ella. Emmett conocía muy bien a su hija, y sabía de antemano que su pequeña estaba celosa. Anteriormente, cuando Emmett salía con otras mujeres, Mía hacía todo lo posible para sabotear sus citas o hacer que él las cancele. Emmett no quería que eso pasara con Rose, así que se dignó a sonreírle a su hija y responder:

–Claro que no, enana, sólo es doctora de este hospital y la he visto sólo cuando iba a revisarte, no la conozco. ¿Celosa?–le dijo el bromeando y dándole un beso en la mejilla a la niña. Mía sonrió pero no se quedó del todo convencida.

Por otro lado, Rose se encontraba ocupada en el trabajo y recibiendo llamadas de sus abogados sobre el trámite de divorcio que tenían con Royce. Ya era algo oficial, ambos habían arreglado separarse luego de que ella lo viera con otra mujer en su casa…suerte que sus hijos no estaban presentes o hubiera sido todo un caos. Rosalie se negó a escuchar a Royce y al otro día llamó a su abogado. Ahora ambos mantenían distancia, y hacía varios días que él no visitaba a sus hijos. Rose estaba bastante molesta.
Era sábado, y Rose decidió salir con sus hijos y su hermano a un shopping donde había juegos para niños.

–¿No ha llamado?–le preguntó él. Ella negó con la cabeza. Ambos tomaban una merienda mientras veían a los niños divertirse. Jasper trataba de estar siempre para su hermana, ya que era el único que más sabía sobre ella. Su madre vivía en Miami, se había mudado para poder tener una vida de lujo y con vacaciones permanentes, mientras que su padre vivía en un departamento en Boston y trabajaba en el mismo hospital que Rose.

–Los chicos están inquietos, quieren ver a su padre… y yo ya no sé qué decirles, tampoco encuentro una manera de decirles que su padre ya no vivirá con nosotros–Jasper miró a su hermana confundido.

–Primero que nada, Rose… deja de mentirles, y segundo, ¿ese idiota no se había mudado ya?–Rose levantó la mirada hacia su hermano.

–Dejó algunas cosas para darme tiempo a decirle a los gemelos, ¿sabes? Es lo único bueno que ha hecho en todo este tiempo, pero aun así, no puede dejar de verlos ¿o sí?–Jasper tomó la mano de su hermana y la miró a los ojos.

–Es doloroso, Rose, pero es mejor que le digas a los chicos la verdad y que sepan quién es verdaderamente su padre–le dijo su hermano. En ese momento suena el celular de Jasper, él sonríe a ver la foto de Alice en la pantalla. Rose rueda los ojos.

–Ya, contesta y deja de babear por favor–le dijo ella bromeando. Él le sacó la lengua.

–¿Qué hay, preciosa?–dijo Jasper con una voz seductora, claro que para Rose, sólo seducía a Alice. Jasper habló unos minutos con su novia y luego volvió a su conversación con Rose.

–¿Pasa algo?–preguntó ella al ver la cara de desilusión de Jasper.

–Alice me ha cancelado, se supone que hoy íbamos a ir al cine y tener una cena romántica, pero tiene que cuidar a sus sobrinas– Rose hizo una mueca. Ella sabía que Alice tenía unas sobrinas que, según Jasper, eran muy adorables y que ella las malcriaba bastante.

–Puedes quedarte a cenar en mi casa si quieres, hermanito–le sonrió.
Luego de eso, Rose llevó a sus hijos a casa, junto con su hermano.

–Mamá,¿ podemos jugar fútbol con tío Jasper hasta que la cena esté lista?–le preguntó Thomas. Ella sonrió.

–Claro, cariño–Rose se dispone a preparar la cena, y mira su celular por si tenía alguna llamada de Royce. En ese momento, tocan la puerta. Rosalie mira por el gran ventanal que da al patio para ver a sus hijos jugando con su tío, y luego va a abrir la puerta.

–¿Quién es?–pregunta antes de abrir.

–Un oso–responden al otro lado. Rose frunce el ceño y abre la puerta para encontrarse con esos ojos azules que la tenían cautivada y que ya comenzaba a extrañar.

–Hola, ángel–la saluda él con una sonrisa.