Hey! Acá estoy de vuelta :3… Con este fic que me está cocinando el cerebro :p Antes que nada, quiero disculparme por la tardanza de esta actualización, si bien esta historia no ha sido muy comentada por el momento quiero continuarla porque tengo grandes ideas *Asiente*.
Agradecerle especialmente a Lulu242-a por su buena onda! y a BlackBurningHeart y a Third son of Sparda por sus comentarios y apoyo en este fic :3 Muchas gracias!
De igual modo, la razón por la cual me tardé en actualizar fue porque las ideas se me mezclan en la cabeza y me está costando acomodarlas xD sumado a algún que otro engranaje en mi vida que no está andando como debería, pero, por suerte encuentro alivio en la escritura, por lo que no voy a abandonar esto, pese a quien le pese *Infla el pecho* xD
Como sea, acá les dejo el cap… Espero que les guste ;)
Capítulo 2:
Septiembre de 1818- Cuartel General de Fortuna, Sala de reuniones-
Las débiles llamas de los candeleros en la gran sala danzaban suavemente, dibujando las sombras sobre las paredes de piedra blanca y las columnas suntuosas; les obsequiaba un efecto cálido y de igual modo escalofriante en ese silencio sepulcral en el que se vieron sumidos los siete caballeros apostados alrededor de la mesa de comité. Un silencio que delataba el desbaratamiento de sus planes. Un silencio que delataba el error inesperado…
_ "¡¿Cómo que se les ha escapado?!" Vociferó el vicario, descargando el puño sobre la mesa.
_ "Su Santidad… intentamos todo lo posible, pero es que-"
_ "¡No quiero oír tus absurdas excusas! ¡¿Acaso no le dieron de beber el brebaje?!"
Intentaba comprender cómo un pequeño de seis años pudo contra una escuadra de diez hombres expertos y armados, sus supuestos 'mejores hombres'.
_ "Sí señor así fue. Pero en un abrir y cerrar de ojos, esa bestia se abalanzó sobre el General y no pudimos detenerlo"
Todavía no podía creer lo que vivió. Fue una verdadera masacre; las fuerzas de los hombres entrenados no pudieron detenerlo y ni siquiera el pura sangre más aguerrido pudo igualar la velocidad de su corrida.
El viejo sacerdote bufó de mala gana y se aletargó en su silla, llevando los dedos sobre las sienes para masajear y ayudarse a pensar. El General Sanctus había sido gravemente herido por un pequeño híbrido que en nada podía asemejarse al verdadero poder de Sparda, había desfigurado a cuatro de los diez hombres que lo escudriñaban con solo usar sus manos y dientes, y a los otros seis- los mismos sentados frente a él en este momento- los había dejado con heridas muy considerables.
No podía compararse el poder del verdadero caballero de la noche con un simple bastardo mitad humano… ¿O sí? Las dudas lo carcomían y cuanto más pensaba más se inquietaba. Había enviado a toda la caballería a un rastrillaje completo de la ciudad. No podía escaparse de ellos tan fácilmente, simplemente no podían permitirse dejarlo libre.
El anciano desvió la mirada inyectada hacia sus hombres y cruzó las manos sobre su estómago, mirando a cada uno con bastante hastío.
_ "Al menos tenemos la espada…" Declaró con suficiencia. No fue exactamente una pregunta ni mucho menos una afirmación; solo esperaba la confirmación del mano derecha del General.
Los caballeros se miraron entre ellos ocultando la vista bajo las capuchas de sus abrigos y más se fijaron en el sargento que tragó saliva antes de responder; por su tardía reacción para contestar, se ganó una ligera inclinación del viejo vicario con ese brillo amenazador en sus ojos.
_ "Dime que trajeron la espada con ustedes" Los pequeños ojos grises de Su Santidad se habían vuelto en una línea muy fina y su pecho subía y baja con la respiración gradualmente agitada.
_ "Señor…. E-es que-"
_ "Es que, qué" Apretó los dientes.
_ "No estaba en el lugar. Ninguna de ellas"
Su estómago se puso duro y sintió un calor subir a su rostro, incluso la vena de su cuello comenzó a latir.
_ "¡Imbéciles!" Bramó.
Su brazo se agitó con fuerza descargándose en los papeles sobre la mesa y algunas copas que les habían servido durante la reunión, enviando todo al suelo. Trató de reponerse tomando algunas inhalaciones, rozando las manos temblorosas de los nervios sobre su frente. Cuando volvió la vista al caballero, no pudo verse ni sonar más amenazante que en toda su vida bajo su investidura.
_ "Vuelvan a esa estancia y recorran cada rincón. No puede haber ido muy lejos si vivió en cautiverio todo este tiempo" Dijo entre respiraciones pesadas, desvió la mirada y rápidamente la volvió hacia el hombre. _ "Y encuentren esa maldita espada."
_ "A sus órdenes, su Santidad" El sargento y sus hombres se levantaron, hicieron una reverencia hacia el vicario y se dispersaron calmadamente hacia la salida, aunque se detuvieron cuando lo oyeron hablar nuevamente.
_ "Y no vuelvan sin él" Dijo en voz alta ganándose la atención del sargento que se dio la vuelta para mirarlo _ "Quiero su cabeza… O la tuya" Amenazó con la mirada perdida en el hombre. El subordinado asintió tragando saliva con una nueva reverencia y se retiró a su búsqueda.
Al tiempo que el silencio se adueñó del salón, el vicario inspiró profundamente y cuando el aire recorrió sus vías respiratorias, comenzó a toser convulsivamente. Se llevó un pañuelito a la boca y luego de su descargo vio como algunas manchas de sangre teñían la tela. Gruñó con molestia y volvió su mirada pensativa a los viejos pliegos desparramados en el suelo, el vino de una copa tumbada a su lado había dibujado un pequeño rio borgoña sobre el papel amarillento.
Esto era más grave y serio de lo que se podía presumir. No lograba encontrarle fin a su repentina enfermedad, ningún especialista hallaba la cura y aunque se sospechaba que alguien le estaba tendiendo una trampa, nadie se animaba a declararlo con seguridad; además se le estaba acabando el tiempo, sobre todo con ese mocoso. No solo se les filtró de las manos como la arena, sino que también su lado demoníaco, ese que yacía aún dormido, se había despertado. Considerando la barbarie que debieron cometer con el resto de su familia mientras él estaba presente sin poder hacer nada, era cuestión de tiempo para que su sangre pidiera venganza.
Nada le importaba, pues esa pequeña basura solo era la fuente de un poder necesario para continuar con su plan; y si era necesario, él mismo cabalgaría todo el día y la noche buscando al mal parido ese.
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Mayo de 1840 – Parque de la Ópera-
El sol del mediodía hacía su mejor esfuerzo por calentar las frías calles de Fortuna. El otoño se había instalado en cada notoria hoja dorada y marrón esparciéndose por el suelo, mientras que la fría y suave briza de mediados de Mayo anunciaba el comienzo de un invierno tempranero. Aun así, la ciudad llena de vida colmaba las calles, mientras los fieles hacía su habitual camino de vuelta a casa luego de la misa en el Teatro de la Óperabajo la orden de Sanctus, el vicario de la pequeña comunidad desde hace un poco más de dos décadas.
Mary se arrellanó sobre el asiento de pana y suspiró mirando hacia afuera por la ventanilla del coche. Si bien el marco del paisaje era hermoso, apenas le prestó atención.
Habían pasado un par de días desde aquella noche del baile en el Castillo, y aunque sabía que los cotilleos no tardarían en llegar, menos podía importarle. A pesar de su liviandad con respecto al tema, las imágenes de lo acontecido aun revoloteaban en su cabeza.
Luego de su salida abrupta del imponente edificio, ella se había abalanzado sobre Eliseo, su cochero personal, y le había pedido, no, exigido que la llevara devuelta a casa. Él, como fiel servidor que la cuidó desde sus primeros pasos, obedeció y siquiera preguntó por su malestar. La conocía lo suficiente para saber cuándo hurgar en un tema y cuando callar para evitar la furia huracanada.
El sonido de los cascos sobre los adoquines y el azuzo de Eliseo al par de alazanes le crispó los oídos, y aunque su cuerpo comenzó a mecerse sobre el asiento cuando el coche comenzó a ganar terreno camino hacia su casa, ella todavía no salía de sus pensamientos.
Ociosamente se preguntó que le hubiera costado decir: "Disculpe usted, señor Sparda, pero debo retirarme" en vez de escupir: "¿Bailar con un demonio? Jhm. Antes prefiero estar muerta"
Dejó escapar un ronquido suave con su sonrisa de incredulidad y negó con la cabeza. Simplemente así era ella. Desmedida, impulsiva y arrebatada. Definitivamente no podría haber sido 'tan cortés'. Siquiera podía creer como una persona podía estar haciendo 'eso' en un lugar tan público y luego aparecerse frente a ella con esa cara impávida y esa mirada arrogante que le cocinaba los nervios, y encima pretender bailar con ella. Aunque en realidad, fue Misia Lowell quien lo sugirió y no él. De todos modos, no se lo veía muy interesado en ella, quizás siquiera le molestó su arrebato. Misia Lowell…
Un nudo molesto se le formó en el estómago y frunció el ceño al recordar la misa de hace pocos minutos atrás. Si bien el qué dirán de los demás siempre le importó un comino, no podía evitar la molestia e irritación que le causaba las miradas acusatorias; sobre todo cuando los cotilleos habían llegado rápidamente a los oídos de Kalina Ann, su madre, su punto débil. La indiferencia que le profesaba Kalina cuando se enfadaba con ella era como un puñal certero en el estómago y dolía más que si la hubiera abofeteado; de todas formas supuso que con el tiempo le restaría importancia y entendería su postura, como siempre. En cambio, los Lowell, el General Credo y su esposa, incluso Briseida compartían esa mirada hacia ella que era más que elocuente. 'La loca desquiciada que se burló del hijo del Salvador'.
Mary chasqueó la lengua con fastidio. Menos podía importarle lo que los demás creían de ella, pero, ¿Acaso no veían la verdad detrás de esos ojos azules helados? ¿Eran tan enceguecidos fieles que no podían ver esa mirada amenazadoramente silenciosa e indescifrable? Ese 'hombre' le daba muy mala espina, sino ¿Qué explicación lógica había sobre el escalofrío que le hizo sentir? ¿Y el hormigueo en el estómago o las palpitaciones aceleradas? Nada bueno podía venir de un hombre que le hiciera sentir eso.
La joven negó con la cabeza para sí misma. Que hagan y piensen lo que quieran, pero a ella… a ella nadie iba a obligarla a aceptar a nadie, mucho menos a un demonio. Después de todo y aunque nadie lo supiera… ella cazaba a los de su especie.
Pensar en eso le arrancó una sonrisa ladeada.
Todavía era novata; si bien sus movimientos mejoraban con cada caza y aunque no se había medido con grandes presas, algunos rasguños se había ganado con cada batalla victoriosa. Fue algo que su orgullo y ego flameaban para sí misma en lo alto del mástil; pero las marcas de guerra se volvían difíciles de ocultar a su madre y a Josefina; sobre todo con la criada que era un completo estómago resfriado y no sabía guardar ni un secretito.
'¿Para qué quieres que te confeccione un pantalón si eres mujer? ¿Para que llevas tantas pistoleras si tan solo tienes un arma? ¿Para qué es esa bolsa de cuero tan grande? ¡Santo Salvador! ¿Y esa herida? No me digas que te caíste del caballo otra vez, Niña torpe' Tantas preguntas para una misma respuesta: 'No olvides tu lugar en esta casa, Josefina' Claro que la criada sabía, cuando su jovencita le hablaba de forma tan altanera, era porque le estaba ocultando algo.
Volvió a suspirar pestañando pausadamente mientras recostó la cabeza sobre el hombro y llevó sus piernas al pecho, abrazándose a sí misma y haciéndose tan pequeña como pudo para retener su calor corporal. Comenzó a dormitarse con el meneo del carro y los sonidos constantes. No quería pensar más.
_"Niña Mary" Susurró con su particular voz gruesa, Eliseo. Se había quedado dormida _"Vamos niña, despierte. Ya llegamos"
Mary parpadeó, dejando escapar un sonoro bostezo que no se molestó en cubrir y se estiró como un gato luego de su siesta. Eliseo sonrió. Al verlo al pie de la volanta, la morocha le devolvió la sonrisa y rápidamente le frunció el ceño cuando le vio la mano extendida. Le espantó la mano suavemente a modo juguetón y se bajó del coche sin su ayuda, trotando por la escalerilla con agilidad.
Caminando por el camino de piedra del jardín hasta la puerta de la casona, su estómago rugió y ella solo esperaba que Josefina ya tuviera preparado el almuerzo. Esos largos sermones que daba su Santidad le daban pereza y abrían su apetito, por no decir que la aburrían hasta el hartazgo. Sin embargo su rostro se enserió más de la cuenta cuando se encontró con la criada, una mujer cincuentona de piel trigueña al pie del umbral, con su rostro pálido, fregándose las manos con preocupación.
_"Josefina…" Dijo en tono cauteloso. Temía preguntar, pero debía hacerlo _"¿Sucedió algo con mi madre?"
_"No, niña. No es eso" Le tomó por los brazos y besó ambas mejillas enérgicamente. Si la joven hubiera sido otra de las señoritas de Fortuna, no se habría animado a tal atrevimiento, pero ella era Mary. _ "Antes que nada, espero que hayas tenido un buen-"
_"No me adornes con palabritas, Josefina. Te conozco. ¿Qué sucede?" La joven la miró ceñuda, empujándola suavemente a un costado para adentrarse al calor del interior. Comenzó a quitarse los guantes de cuero y a desabotonar su abrigo.
_"Es que…"
La criada no pudo responder, pues la morocha de ojos bicolor se quedó estática en medio del hall al ver a su padre en la sala de estar frente al ventanal, la mirada perdida en el jardín frío deshojándose, con sus manos detrás de la espalda. Hacía unos cuantos meses que no lo veía.
Mary caminó un par de pasos hasta la sala, sus botas de jinete ocultas bajo el vestido golpeaban el suelo de madera a una marcha firme y amenazante.
_"¿Qué estás haciendo aquí?" Dijo con los dientes apretados, arrojando con desgano los guantes sobre el sillón a su lado. La mirada gélida de Mary se fundió como lava cuando lo oyó hablar.
_"Creo que es mi hogar. ¿No es así? Pagué por él mucho antes de que aprendieras a faltarme el respeto, mi querida hija" Se dio la vuelta para honrarla con esa horrible mirada que ella tanto odiaba. La odiaba porque ella la había heredado. La odiaba como odiaba todo de él. _"Josefina, déjanos solos"
_"Josefina no te retires. El hombre ya se va" Mary no pestañeó, clavándole una mirada desafiante a su padre.
William solo desvió la mirada por unos instantes a las espaldas de Mary donde se encontraba la morena, y con solo ese gesto bastó para que la criada bajara la vista al suelo y se retirara mansamente a la cocina. La joven rechinó los dientes y cerró los puños. Se estaba conteniendo con toda sus fuerzas.
_"Debemos hablar"
_"¿Yo? ¿Hablar contigo?" Soltó una risita de disgusto _"No tengo nada de qué hablar. Y tú no tienes nada para decirme que sea de mi interés" Se dio media vuelta para subir las escaleras hacia su alcoba.
_"¡Detente!" Le ordenó. Ella no lo hizo, más cuando pisó el primer peldaño se frenó cuando su padre agregó _"Es sobre tu madre"
Mary lo miró por encima del hombro con completo desprecio. A Arkham le hervía la sangre aunque no lo demostraba. No iba a acostumbrarse nunca a sus desaires y a su falta de respeto. Su actitud en cualquier otra familia hubiera sido motivo para internarla en un convento de clausura, pero no, con Mary Arkham no. Ella era ama y señora de su vida gracias a su madre que no le había enseñado otra cosa más que no ser un pájaro libre. Mary elegía a quien demostrar afecto y respeto, y a quien despreciar y sobrar con una sola mirada; por supuesto que él no formaba parte del primer grupo.
La relación padre e hija era bastante compleja. Mary supuso que el punto de quiebre en la relación fue aquel día; el día en que él les arruinó su vida a ella y a su madre…
.:Flashback:.
Noviembre de 1831- Estancia Las Almas-
Pequeños pies descalzos brincaban entre los pastizales camino hacia el viejo establo de 'Las Almas', mientras los largos risos brunos bailoteaban con la briza nocturna. Deseaba acariciar una vez más el pelaje de Tea, la yegua albina de su madre, antes de irse a dormir. Sabía que se quedaría dormida con el animal pocos minutos después, y que luego Eliseo la encontraría, entregándola en brazos a Josefina para llevarla devuelta a su cama. Era un ritual nocturno que acostumbraba a hacer y que al parecer no molestaba a nadie.
Mary se detuvo a pasos cuando sus grandes ojos bicolores vieron una luz blanca que brillaba dentro del galpón contiguo a las caballerizas. Como miedo que le daba esa extraña claridad en medio de la noche, sabía que su curiosidad no iba a dejarla dormir tranquila, así que se acercó en puntitas de pie y se asomó por el hueco del portón abierto. Lo que vio le robó el aliento y la hizo temblar hasta la médula.
William estaba parado en medio de un pentagrama graficado en sangre sobre la tierra y musitaba palabras incoherentes, manteniendo en una mano un libro de tapa de cuero roja y usando la carne de un animal para saciar el hambre de un demonio horrible con la mitad del cuerpo saliendo desde la luz enceguecedora.
Mary comenzó a respirar con dificultad, los ojos se le llenaron de lágrimas y temblaba sin poder mover un músculo. Era escalofriante. ¿Por qué su padre hacía esto? ¿Por qué alimentaba a esa horrible bestia peligrosa y que tanto la asustaba? ¿Por qué?
Garras enormes bañadas en sangre se llevaban la carne desgarrada a sus fauces chorreando de espesa baba y aliento humeante, mientras miraba con ojos obscuros hacia su 'proclamador' que lo había convocado en este rito satánico, alegando que ahora tenía el poder sobre él. 'Estúpido humano'. Repentinamente y como si sus sentidos hubieran sido golpeados por una sensación deleitosa, se detuvo en su cena, inclinando la cabeza hacia arriba y olfateando el aire, sintiendo en el aire fresco de la noche el aroma a la dulce sangre joven de un humano. Un delicioso y pequeño humano que sabía mucho mejor. Su voz gruesa profirió una risa satánica, cuando sus garras se afirmaron contra el suelo y comenzaron a tirar de sí mismo hacia afuera del portal.
_ "¡Mary!"
La niña se sobresaltó con un chillido agudo y miró a sus espaldas. Kalina Ann corría hacia ella, con el rostro pálido, el cabello agitándose violentamente por sus zancadas y sosteniendo con una mano su pendiente al pecho. Llegó a ella y la tomó en brazos. La niña se acurrucó temblando y desesperada en el abrazo al tiempo que oyó a la bestia gritar desaforada y librarse del conjuro que la mantenía a raya.
La luz se hizo más brillante y enceguecedora, un viento furioso comenzó a soplar azotando todo a su paso y los caballos naturalmente relinchaban recelados, intentando escapar de las caballerizas.
Kalina advirtió que William había perdido el dominio sobre su cordura y lo que era peor, el domino sobre el demonio también. La bestia se liberó y fácilmente con una garra apartó a Arkham de su camino sin que pudiera esquivar el golpe, dejándolo inconsciente sobre una mata de heno. La mujer gritó y corrió hacia la casona con Mary en brazos, tratando de alejarse de esa horrible cosa.
_ "No te muevas de aquí" Le ordenó casi sin aliento a la niña mientras la metía en la casa.
_ "¿A dónde vas?" Pidió hipando, temblorosa y con desesperación, aferrándose al camisón de su madre. Sus lágrimas corrían libremente con el pánico de saber que la dejaría sola.
_ "Solo no te muevas. ¡Josefina!" Gritó sobre el pasillo que da a las habitaciones de las criadas, cerca de la cocina. Corrió a la sala de estar y tomó una carabina que se apostaba encima del fogón. Comenzó a cargarla con las municiones.
_ "¡Señora! ¿Qué sucede?" Llegó la criada atándose la bata con rapidez.
_ "¡Quédate con la niña, y que no se te escape! ¡Iré por Eliseo y los muchachos!" Y con ello corrió hacia las casitas de los peones en busca de ayuda.
_ "¡Mami!" Mary gritó saliendo hacia el porche. Josefina la abrazaba por detrás para detener su arrebato.
_ "¡Mary por favor!"
_ "¡Suéltame Josefina, suéltameee!" Forcejeó sin buenas respuestas. Le mordió el brazo a la criada para que la soltara en un acto reflejo y salió corriendo tras su madre.
_ "¡Mary!" Josefina la siguió.
A mitad de la carrera, Mary oyó los disparos de, por lo menos cuatro armas, contra lo que seguramente eran gruñidos furiosos de la bestia y luego… la luz se hizo expansiva. Sintió el escozor de la luz lastimando sus pupilas y se frenó, cubriéndose los ojos con un brazo. No podía ver ni oír nada más que la blancura en medio de una noche oscura desprovista de sonidos.
Y así como llegó, segundos después la luz se desvaneció, dejando un silencio aturdidor que luego se fundió en las chicharras del campo anunciándose y la ligera briza flotando entre los pastizales, como si nada hubiera pasado.
Al tiempo que recuperó su vista ligeramente, Mary continuó corriendo a pasos torpes hasta llegar a las caballerizas, oyendo por detrás los gritos de precaución de Josefina que corría tras ella. Para cuando llegó al cobertizo, pudo ver a los peones tendidos en el suelo, gimiendo con un poco de dolor y sosteniéndose la cabeza, como si la luz les hubiera hecho daño, y luego una figura.
Era una pequeña figura encorvada –parecía una mujer- cubierta por una capa y capucha de cuero, que arrodillada, sostenía la cabeza de su madre sobre el regazo; con una mano de piel muy arrugada acariciaba suavemente el cabello largo y oscuro de Kalina, murmurando palabras tranquilizadoras en otro idioma que la calmaban de su dolor, y con la otra mano le sostenía con fuerza la muñeca izquierda. Kalina se quejó débilmente, cuando las uñas negras y demasiado largas se clavaron con mayor intensidad en su muñeca, dejando recorrer pequeños torrentes carmesí por su mano pálida y temblorosa hasta escurrirse sobre el suelo cubierto de heno.
Las pequeñas fracciones de segundo que duró su asombro antes de transformarse en ira, permitió que Mary oyera claramente a esa figura, murmurarle a su madre en un tono de voz que ella jamás olvidaría: _ "Tu sangre ya es libre ahora" y con eso clavó más profundo sus uñas, mientras Kalina largó un fuerte alarido doloroso que la despertó de su estado inconsciente. Venas azules surcaban su piel porcelana desde su brazo afectado subiendo hasta completar su cuerpo y el rostro, cuando el calor ardiente le quemaba en la sangre, sintiendo la adrenalina vibrar en todo su cuerpo y luego desvanecerse por completo.
_ "¡Mamiii!" Mary se abalanzó con firmeza hacia la figura que alzó la vista y la vio acercarse con esa seguridad desprovista del recelo natural de un niño pequeño.
La encapuchada se alzó sobre sus pies y con su movimiento brusco dejó entrever algunos mechones largos canosos y un par de ojos blanquecinos que brillaban en las sombras de su capucha oscura. Extendió las manos hacia adelante, con las uñas ensangrentadas dispuestas a cualquier ardid contra la pequeña descendiente. Debía conjurarla de la misma manera, pues la pequeña, también poseía esa sangre que traería serios problemas en un futuro. Si tan solo Sparda hubiera eliminado la descendencia de la sacerdotisa en vez de resguardarla, se hubiera ahorrado que las cenizas débilmente extinguidas de una guerra pasada, se avivaran en un futuro.
Aunque ahora era demasiado tarde. Juzgó mal la situación, en todo caso, los peones se habían recuperado y la apuntaban con sus carabinas, por lo que debió huir por el otro portón del granero – del trasero por el que había entrado- y con una velocidad que sorprendió a todos los presentes, se escabulló en la oscuridad de la noche.
_ "¡Celedonio vamos tras ella!" Gritó Eliseo, desapareciendo con los otros dos jóvenes.
_ "¡Mamiii!" Mary se arrodilló frente a su madre y comenzó a sacudirla con brusquedad por los hombros para despertarla.
_ "¡Mary!" Josefina llegó a ella sin aliento. _ "¡Dios Santo! ¡¿Qué ha sucedido?!" Dijo horrorizada cuando le vio la mano ensangrentada a Kalina, las venas azulinas latiendo ligeramente sobre la piel pálida. _ "Señora. Señora" La criada llamó cuando la oyó gemir, abriendo los parpados suavemente. Le apoyó la cabeza sobre su regazo para intentar despabilarla.
Josefina le tomó por la muñeca lesionada y frunció el ceño, bastante confundida. La herida había cicatrizado al instante, dejando la piel arrugada con una horrible cicatriz pero sin rastros de herida abierta o carne desgarrada, solo los pequeños torrentes de sangre seca dibujando un patrón a lo largo de sus dedos pálidos. La criada comprendió que algo más que un simple ataque había sucedido y se santiguó varias veces mirando al cielo. Mary la observó confundida.
_ "¿Q-qué sucedió…?" Kalina Ann gimoteó, intentando moverse.
_ "Shhh, señora descanse. Se pondrá bien"
Segundos después los tres peones reaparecieron, agitados por la corrida, frustrados por la pérdida de esa cosa – mujer, demonio o bruja- que, si bien los ayudó contra el demonio devolviéndolo al sucio agujero de dónde provino, había lastimado gravemente a la señora Arkham.
_ "¿Qué sucedió?" Pidió Josefina a Eliseo que se masajeaba la nuca con confusión.
_ "Pues no lo sé. En un segundo le estábamos disparando a esa cosa, y al otro se apareció esa bruja y con unas simples palabras lo mandó de vuelta al infierno"
_ "Bueno, no importa ahora. Ayúdame con la señora" Pidió la criada. _ "Celedonio, encárgate del señor William. Llevémoslos devuelta a la casa"
_ "Permítame, señora" Eliseo tomó en brazos a Kalina Ann, mientras que Celedonio, el peón más joven de la estancia y único hijo del cochero, se cargaba a Arkham inconsciente sobre el hombro.
_ "Vamos cariño, volvamos a la casa" Josefina le dijo suavemente a Mary, tomándola de la mano cuando la vio temblar.
Caminando hacia la casona, Mary con los ojos llorosos y olfateando para recomponerse, apretaba la mano de Josefina caminando a su lado, sin quitarle la mirada de encima a su padre inconsciente sobre los hombros del muchacho de diecinueve años. Sus propios orbes desiguales brillaban con una mezcla de emociones difíciles de retener. Era miedo, angustia, algo de alivio y por sobre todo… bronca, bronca hacia él, hacia el hombre que alguna vez ella supo llamar papá.
Esa noche, todo cambió. Su vida no volvería a ser la misma; una parte de su inocencia se perdió y manchó sus baluartes; una horrible mancha oscura la cegó de todo y todos a su alrededor… la desconfianza. Su padre se había mostrado tal cual era y le había mostrado una parte de la vida que ella desconocía. Aunque siempre creyó que los demonios y los humanos eran extremadamente distintos, y que la bondad de un humano se contraponía con la crueldad de los demonios que recorrían la ciudad, había encontrado una similitud alarmante y desconcertante… ambas razas estaban dispuestas a cualquier ardid con tal de obtener lo que quisieran; el deseo y la pasión era algo que no los diferenciaba en absoluto cuando la razón se nublaba bajo las fuerzas de la ambición.
Una lágrima rodó por su pálida y fría mejilla cuando lo volvió a mirar aún dormido sobre el hombro de Celedonio. Solo una lágrima… la única que él jamás le volvería a arrancar.
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_ "¿Y bien?" Mary resopló, aun mirándolo por encima de su hombro. _ "No tengo todo el día. ¿Qué es lo que sucede con mi madre?"
Arkham exhaló ruidosamente, volviéndose hacia la chimenea en la sala de estar y perdiendo la vista sobre el fuego crepitante. Apoyó una mano sobre la piedra y allí se quedó en una mímica pensativa de como comenzar la conversación. No es que le importara la opinión de su hija, pues la decisión ya estaba tomada, pero con Mary, una sola palabra dicha en falso pondría patas para arriba su estrategia.
_ "En realidad, solo he venido por el simple hecho de hacerte saber sobre la decisión que he tomado" Comentó mecánicamente.
¿Por qué no le gustaba para nada el tono calmo que estaba empleando? Con precisión, Mary bajó el escalón que había subido y escrutándolo firmemente avanzó hacia él con repentina calma. Una calma que probablemente precedía a la tormenta.
_ "No he podido concretar ciertos negocios que hubieran sido por demás fructíferos, y resulta que nuestra economía familiar está pasando por su peor momento…"
¿Por qué le sonaba como una gran mentira? El tono de su voz era por demás calmo y su mirada cobarde no se atrevía a posarse sobre sus ojos. Todo le sonaba a farsa, sobre todo porque ella sabía de sus negocios turbios con la Orden. Esto no le gustaba nada.
_ "… Mis alianzas con la Orden se han debilitado y he perdido algunos contactos que-"
_ "Al grano y sé claro" Mary le espetó, provocando que su padre se diera la vuelta con lentitud calculada.
Vio la mirada amenazante en los ojos de su hija brillando ante el anaranjado rojizo del fuego y de repente supo que estaba batalla le sería difícil ganar.
_ "Estarás al tanto de que la salud de tu madre ha empeorado en los últimos tiempos" Dijo secamente, cambiando el enfoque.
_ "Tienes un gran titular ahí. ¿Desde cuando eres cronista?" Se burló con los brazos cruzados. _ "Dime algo que no sepa" Resopló, cambiando el peso de una pierna a otra con completa actitud.
Arkham apretó los dientes y los puños disimuladamente. No había nada más en el mundo que quisiera poder abofetearla por su insolencia, pero era lo que se daba. Respiró profundamente y dejó que su índole fría y calculada hablara por él.
_ "Y como creo que eres una mujer muy inteligente, sabrás que cualquier noticia angustiosa podría desenlazarse en su prematura y desgraciada muerte"
El tono de voz burlón que aplicó en su declaración, le hizo hervir la sangre e impulsada por su mal genio, Mary se abalanzó con la mano lista para descargarse en su mejilla. Se detuvo para pensar unos segundos antes de reaccionar y volvió su mano al costado de su cuerpo, mirándolo con todo el odio que cabía en su ser. Por alguna razón, él estaba intentando volverla blanda, frágil y sumisa. Malas noticias para él, pues Mary jamás reaccionaría de esa manera. Él ya debería saberlo.
Arkham le sonrió de lado pero solo mentalmente, con el gustillo de haberla hecho retroceder. Era ahora o nunca.
_ "Además, ella está necesitando esa medicina que compras a escondidas con más frecuencia que antes, y ambos somos conscientes de que no es precisamente económica." Él sonrió de lado ligeramente cuando la observó tragar saliva y pestañear desviando la mirada. _ "¿Creíste que no sabía sobre tus jueguitos de alquimia con ese viejo farsante?" Dijo en tono burlón.
Mary apretó los puños y le volvió la mirada ceñuda. Ella había intentado por todos los métodos posibles aliviar el pesar de su madre, por lo que había aceptado el trato con un alquímico que preparaba un brebaje especial y se lo entregaba en el más confidencial de los resguardos; todo esto al módico precio de su silencio y unas cuantas esterlinas, por supuesto. Esterlinas que comenzaban a faltar por sus negocios en caída libre.
Ahora todo se le venía a la cabeza bien claro y podía unir algunos cabos sueltos, aunque no podía evitar sentir cierta ansiedad por lo que su padre tenía para decirle. Sobre todo porque Mary sabía cómo se resolvían los problemas económicos que tenían las familias en estas épocas.
_ "¿Y bien? Te dije que fueras al grano. No tengo todo el día" La joven intentó parecer lo más calmada posible.
Luego de un silencio tenso y casi interminable, la voz fría de su padre la estremeció por completo; el efecto fue como un baldazo de agua fría.
_ "Así fue que concerté tu matrimonio con un acaudalado hombre que nos sacará de la quiebra. Tú te casas con él y él se hace cargo de nuestras deudas" Dijo como al descuido.
Mary se rio amargamente, largando una exhalación de incredulidad.
_ "¿Qué hiciste qué?" Pidió, casi divertida, completamente incrédula.
_ "Ya me oíste" William dijo con toda su seriedad.
La joven se tragó la sonrisa con un amargo sabor a bilis y sus ojos se volvieron enormes. ¿En serio había hecho tal estupidez? Todavía no caía en la cuenta.
_ "Estás bromeando"
_ "Jamás lo hago"
_ "…"
El silencio que sobrellevó la sala permitió oír el crepitar ardiente del fuego en la chimenea, fundiéndose con la respiración de ambos; la de él calmada, la de ella completamente agitada. El mal genio que había tratado de mantener bajo control, se salió de sus cabales, como era de esperar.
_ "¡¿Y con qué derecho has hecho semejante estupidez?!" Mary alzó unas cuantas notas su voz. Avanzó hacia su padre sin ningún miramiento, el rostro encarnado y los puños peligrosamente cerrados.
_ "¡¿Con qué derecho, preguntas?!" William no pudo evitar que la ira e irritación llegaran a la vanguardia. Avanzó hacia ella con la frialdad de un asesino consumado aunque sus ojos ardían en ira desmesurada. _ "¡Con el derecho de que soy tu padre!" Se le había agotado la paciencia.
Se había aproximado lo suficiente y frente a ella parecía un gigante por la diferencia de alturas, su mirada desdeñosa mirándola por encima de la nariz con total desprecio.
Nunca lo admitiría públicamente pero jamás fue muy devoto a ella; lo supo desde el preciso momento en el que se la entregaron en sus brazos, envuelta en las mantas de bebé con Kalina Ann presente, sonriendo como si fuera lo mejor que les pudo haber pasado. De hecho, difícilmente creía haber sentido aprecio por alguien en algún momento de su vida, y si lo hizo, no lo recordaba.
Desde el principio supo que Mary sería su segundo plan, su garantía por si Kalina Ann desbarataba sus planes de una u otra forma.
La había encontrado justo a tiempo, antes de que la Orden supiera de su lazo en común con Sparda. En ese momento, había decidido hacerla su esposa y embarazarla también para mantener la mirada escudriñadora de la Orden bajo sus propias artimañas, y parecer una familia 'Normal' ya que todavía tenía negocios que cuidar.
A su suerte, el tiempo pasó y le dio la razón; Mary había sido una gran garantía y ahora que le faltaban pocas piezas para finalizar su rompecabezas, solo debía aguardar a la fecha. Estaba todo fríamente calculado, y entonces cuando llegara el momento, el poder de Sparda finalmente sería suyo.
_ "¡Y ahora te acuerdas de serlo! ¡Mientras tanto estuviste dieciocho años haciendo de cuenta de que no existía!" Le gritó, completamente desencajada y perdiendo el foco de la cuestión.
_ "Me rompes el corazón" Dijo con repentina calma, su voz animada por el sarcasmo.
La respiración de Mary se acentuó, sentía el corazón galopar en su garganta y el estómago le ardía con inconfundible furia. ¡Cómo lo odiaba! Trató de contener la cólera, respirando temblorosamente y tragando saliva aunque tuviera la tráquea cerrada. Le volvió la mirada desdeñosa y con un ensayo muy débil de calma, le habló.
_ "No lo haré" Negó firmemente con una sola sacudida de su cabeza.
_ "Bien" William alzó una ceja arrogante y llevó sus manos tras la espalda, inclinando la barbilla hacia arriba. _ "Pues entonces sobre ti pesará la muerte de tu madre. Por el resto de tu vida serás perseguida por la idea de haber tenido la oportunidad de salvarla, y no haberlo hecho solo por tu estúpida veleidad de niña caprichosa"
Logro dar en el blanco con una estocada certera, más no solo le bastó herir su ego, sino que tocó su fibra sensible; su único talón de Aquiles, su madre. Envalentonada por el veneno en sus palabras, alzó la mano sin miramientos y cerró el puño. No le bastaba con faltarle el respeto o humillarlo, no, quería que le doliera. Se abalanzó hacia él con la mente nublada bajo la ira, perdida en miles de direcciones distintas que la llevaban a un solo punto en común. Él había arruinado su vida cuando recién comenzaba, y ahora, volvía para continuar arruinándola.
Su puño no dio en el blanco pues juzgó mal a William y sus reflejos, aunque también estaba tan enojada que no pudo medir ni su fuerza ni mucho menos su precisión. Arkham esquivó el golpe y tomó de su puño con fuerza, con crueldad. Le retorció la mano; sus articulaciones se quejaban por el trato brusco y doloroso, y ella intentaba sofocar un gruñido que jamás daría a conocer. No le daría el gusto.
_ "Buenos modales como siempre" Dijo con sequedad. Se inclinó hacia ella y con su mirada cargada de desprecio, le aseguró. _ "Te casarás con ese hombre, con o sin tu consentimiento" Le soltó la mano con un ademán brusco que casi la envía al suelo si no fuera por sus buenos reflejos, y se incorporó. _ "Es un trato justo. Tu madre te dio la vida. Tú la das por ella"
Mary miró hacia el suelo con el ceño fruncido, el rostro enrojecido y la yugular a punto de estallar. Sin articular una palabra, ya sea por su falta de aliento o por su incontrolable y acreciente ira, se incorporó con lentitud calculada y llevó una mano al bolsillo interno de su abrigo abierto.
_ "Fuera de mi casa" Fue lo único que dijo con los dientes fuertemente apretados, volviendo la mirada cargada de odio lentamente hacia él. Su mano se aferró a la pequeña colt plateada, su primera arma adquirida, que dormía habitualmente en su bolsillo y se mantuvo quieta.
Sabía que era un acto extremo, pero realmente estaba muy enfadada. Furiosa por todo lo que significaba esto. La pérdida de su libertad, de sus propias convicciones. ¿Quién se cree que es para venderla de esa forma? ¿Quién le dio ese derecho para venir a reclamarla como hija y usarla para su conveniencia? Porque era más que claro para Mary que él hacía esto por algún negocio sucio, de esos que normalmente tenía con los bastardos traidores de la Orden.
Y no solo eso, estaba realmente furiosa porque quizás, y solo quizás, tenía razón. Porque quizás esto era lo mejor para su madre; podría tener su medicina con seguridad todos los meses y eso la mantendría unos cuantos años más con ella. Pero también significaba alejarse de ella, de todo lo que conocía como bueno en su vida, de Casarse, sí ella casarse ¡Por Dios Santo!
Mary, que jamás había tenido esos sueños de niña boba de casarse de blanco con un apoderado hombre y llenar la casa de críos, ahora se veía obligada a abandonar su libertad por unas cuantas abultadas deudas y la salud de su madre. Todos sus sueños drenados en tan solo segundos. Su vida repentinamente había dado un vuelco drástico. Todo gracias al bastardo frente a ella.
Oh, no. Eso estaba por verse.
Se volvió a mirarlo luego de perderse en sus pensamientos, con esos ojos cargados de desprecio como cuando cazaba, mirando al demonio que se retorcía chillando bajo su bota; y al sentir el roce del frio metal contra la tela de su abrigo, oyó unos pasos débiles por las escaleras. Rápidamente volvió a esconder su arma y observó el cambio radical en el rostro de su padre. Lo observó caminar hacia las escaleras al encuentro con su madre.
_ "¿Por qué tanto escándalo?" La voz suave de Kalina se oyó en el silencio. Se detuvo en el descanso de las escaleras para mirar la situación en la sala contigua.
_ "Mi señora. No debería estar de pie" Arkham llegó a ella tomándola de los brazos y besando sus mejillas a la ligera. _ "Vuelva a su lecho. No es nada"
Mary hizo un mohín a sabiendas de lo falso que se veía y sonaba su padre. Después de todo, fue por su culpa que ella estaba convaleciente. No podía tolerar más esta situación, ya era demasiado. A paso firme, la joven marchó a la puerta de salida y sin mirar hacia atrás, ni oír los pedidos de su madre, se perdió nuevamente en el frío de la tarde otoñal, dejando un portazo bien claro por detrás de ella.
._._._._._.
Después de millas recorridas, llegó. El inconfundible escarlata de quienes cayeron bajo su ira desmesurada teñía sus ropas maltrechas por la maleza del bosque que él conocía como la palma de su mano. La sangre, el sudor, las lágrimas y la suciedad que se empecinaron en ajar la piel porcelana de su rostro, le hacían perder cualquier indicio de inocencia pasada.
Escupió el resto de sangre ajena que agriaba su boca y cayó de rodillas, exhausto, agitado, jadeando y adolorido. Sus ojos azules demasiado claros que en algún momento supieron brillar con la ingenuidad de su niñez, ahora lucían apagados, muertos, desechos de la vida que alguna vez conoció, mientras observaba sin palabras ni aliento, los restos de una casa en cenizas y los pocos focos de fuego que lentamente se consumían con el crepúsculo.
Quería gritar pero sus pulmones ardían, quería llorar pero ya no tenía lágrimas. Le escocía la sangre en sus venas latientes, el pecho le galopaba como una fuerte tempestad que le nació desde los confines en su interior, y consiguió hacer algunas arcadas cuando sintió un calor que le presionaba en el estómago e insistía en expandirse, como si quisiera rasgarle la piel.
'Debe ser mi alma gritando' Conjeturó con las pocas fuerzas que aún tenía para pensar, recordando lo que su madre le había dicho acerca de su 'pronto despertar'. Ese despertar que debía haber sido de la mano de su alma gemela, la mitad faltante de él, el complemento de su fuerza, el único ser diferente pero tan igual como dos gotas de agua, el que lo aceptó incluso con esas diferencias que rozaban lo imposible… ese que lo amaba tanto como lo odiaba; todo había sido bajo las circunstancias más oscuras que él jamás imaginó.
Ahora solo, desequilibrado tanto física como emocionalmente, sentía que ya nada volvería a ser lo mismo. Sin embargo, la tristeza lo abandonó junto al miedo y el dolor, pues con su inocencia también se perdió el único lazo que lo mantenía unido a estos seres cobardes, bajos e infames.
La venganza brotó por sus poros como un inconfundible grito de guerra se soltó de su garganta surcada en venas púrpuras latientes, y sin más ni más, cayó rendido de bruces al suelo cuando sus energías sobrepasaron el límite de su pequeño y exhausto cuerpo.
A pesar de que su mente se nubló y comenzó a girar en círculos, trató de ponerse de pie cuando entre los pastizales entorpeciendo su vista, le enseñó una mancha oscura que se acercaba lentamente hacia él, como si se tratase de un animalito herido. Gruñó cuando sus piernas agotadas, sus brazos adoloridos, y todo su cuerpo evitó reaccionar ante las órdenes de su cerebro.
Cuando al fin tuvo las fuerzas necesarias para rodar sobre su espalda, los ojos azules se abrieron con ligera sorpresa, al ver entre la mancha oscura que ocultaba muy bien un cuerpo curvado, un par de ojos blanquecinos que le infundieron una paz jamás sentida por él; una paz que solo había sentido de la mano de su madre cuando ella le arrullaba para dormir. Lentamente la calidez de esa paz le recorrió sus extremidades heladas temblando, mientras sus parpados cayeron cuando el sueño tranquilo le ganó terreno en su mente perturbada.
Aunque con sus últimas fuerzas intentó alejar esas manos arrugadas y adornadas por largas y oscuras uñas que lo tomaban como a un pequeño bebé arropándolo entre una capa gruesa de cuero, solo alcanzó a oír una voz muy peculiar que con tranquilidad y un particular tono de voz, le murmuró en el idioma que estaba codificado en su ADN y que creía solo con su hermano poderlo entender… "Vive hoy… pelea mañana"; lo abrazó contra sus ropas para calentar su cuerpo y juntos se perdieron en el espesor del bosque.
El final era solo el comienzo.
Uff, eso sí que fue… O_o siempre quise usar esa frase en el final. "El final es solo el comienzo" Muajaja xD Nah, en serio, déjenme saber lo que piensan de este cap ¿Lo amas? ¿Lo odias? Solo dame tu opinión ;) y sí, sé que no se parece en nada a un fic de Devil May Cry pero solo dame tiempo ¿eh? Ya le iré dando forma… Ah! Y por si les confunde el final, sí, es parte del pasado de Vergil, cada vez que cambie a cursiva es un flashback o pensamiento ¿sí? ;) Hasta la próxima, LadySky!
