Capítulo 3:
En algún lugar en medio del océano…
A pesar de la helada briza en altamar, la noche era una escena perfecta. La luna enorme y redonda brillaba en lo alto del cielo estrellado, y el sonido cacofónico del océano se fundía con su respiración calma, cada vez que exhalaba tranquilamente esa nube de vapor que se perdía frente a su nariz hacia la nada misma.
Su par de iris cobalto se habían perdido como en un repentino trance, en el reflejo de la luna sobre las aguas que cruzaban desde hace un día. A lo lejos, se veía una mancha oscura que aumentaba en volumen cada vez más en el horizonte, y separaba la inmensidad de las profundidades surcadas y la infinidad del cielo nocturno. Esa tierra que lo había visto partir hace un año atrás, hoy volvía a recibirlo con esa misma extraña sensación que lo había dejado en este estado desde que se subió a la embarcación.
¿Quién hubiera dicho que volvería una segunda vez por estos parajes? Aunque estaba seguro que conocía este lugar de mucho antes que en aquel primer viaje tan revelador.
Pensar en ello le erizó la piel, soltado un soplido para amortiguar la sensación desagradable.
Hacía tan solo un año y unos pocos meses atrás que había decidido olvidar las 'comodidades' de Capuleto, para unirse nuevamente a los mercenarios en sus viajes por el globo. Le habían insistido tanto por su regreso y le habían pasado tantas cosas en aquella ciudad, que lo convencieron casi al momento.
Y es que en realidad, se había estado negando porque siempre se consideró un solitario; solo… pero libre, era su lema. Nada de ataduras, ni amigos o familia. Después de todo, él era un huérfano de la vida. Un bastardo sin pasado, con un presente tumultuoso y un futuro para nada prometedor. Al menos Grue se encargó de asegurárselo, y él mismo lo reafirmó con sus propias acciones.
Sin importar el estado caótico de su vida, se había acostumbrado a ser mercenario, pero a lo que parecía que nunca se iba a acostumbrar, era a esa extraña sensación que lo invadió desde ese primer viaje a este pedazo de tierra tan apartada de todo… La misma extraña sensación que ahora, al volver nuevamente, le oprimía el pecho y lo llenaba de adrenalina, lo amedrentaba a cazar… lo instigaba a comportarse como lo que es…
_ "¡Hey, Tony!"
Una voz muy conocida lo sacó de su letargo. Con un par de parpadeos, el peliblanco volvió la mirada por encima de su hombro para observar a uno de sus compañeros llegando a él.
_ "Hey, bola de grasa, ya te he dicho que no me llames así" Le aclaró con ese cándido tono de voz burlón. Se apoyó sobre la barandilla nuevamente y siguió mirando a lo lejos, mientras el italiano espejaba su pose.
_ "Idiota. Y yo te he dicho que nada de apodos de mierda" Refunfuñó.
_ "¿Qué quieres, Enzo?" El albino exhaló.
_ "Nada. Solo es que… has estado muy callado en la cena." Comentó con un dejo de preocupación que enseguida se encargó por cubrir. _ "No es como si no fuera un alivio de vez en cuando, pero a veces suena preocupante" Dijo divertido.
_ "Jhm" Los ojos azules cristalinos se volvieron a la luna redonda por encima de ellos y suspiró. _ "¿Balio sigue dormido?" Preguntó, tratando de cambiar de tema.
_ "Sí, parece que el sedante funcionó. De todos modos, no entiendo cómo elegiste ese caballo, es un completo fenómeno."
No le parecía nada agradable un animal completamente blanco con un par de ojos diabólicos pardos rojizos, sin mencionar el carácter impetuoso y sus malos modales. Pero como bien dice el dicho: 'No hay prenda que no se parezca al dueño'. Ese padrillo era temerario, veloz y fuerte; nadie pudo montarlo, nadie excepto él.
_ "Es mío" Exhaló aburrido.
_ "Es horrible"
_ "Jhm. El caballo debe pensar lo mismo de ti"
_ "Vete a la mierda, Dante" El italiano robusto bufó y se alejó un poco. _ "Solo vine a decirte que en una hora más o menos llegamos al puerto Caerula. Y dijo Grue que estés preparado"
_ "Ya le dije a Grue que no venía bajo órdenes… de nadie." Sentenció con firmeza mirando a lo lejos. _ "Esta vez será distinto"
Enzo, que se había frenado como congelado en medio de la proa, se volvió a mirarlo un poco alarmado. No le sonó para nada bien ese tono de voz tan áspero. No es como si nunca hubiera hecho de las suyas, Dante jamás obedecía órdenes; pero se oía un poco inquieto, hasta incluso… ansioso.
_ "Será distinto" Dante repitió a nadie en particular.
Sus orbes azules se congelaron con determinación al final del horizonte, donde la tierra que una vez lo vio partir, parecía abrirse como las fauces del mismísimo Averno, dispuesto a mostrarle algo que él necesitaba saber…
…..
A la mañana siguiente…
Era un día común y corriente bajo el cielo límpido de Fortuna, mientras el clima otoñal parecía estar acompañando la faena cotidiana. La gente caminaba presurosa entretenida en sus quehaceres, mientras algunos coches a caballo con su andar usual colmaban las calles. Toda la ciudad se activaba bajo el sol intentando calentar los fríos adoquines que resonaban bajo los cascos de su zaina Umbra.
Como abriéndose paso entre la multitud cruzando la avenida, Mary se empecinó con llegar pronto a destino, por lo que espoleó a su yegua que respondió con un resoplido, acelerando el paso.
_ "Parece que su merced lleva prisa" El hombre detrás de ella le comentó con confianza, apurando el paso de su overo. Mary no respondió, a lo que el peón sonrió a la ligera. _ "¿Todavía continuará negándome su preciada atención?" Preguntó casi divertido.
_ "¿Todavía insistes en tratarme con respeto y de 'usted' cuando acabas de traicionarme, Celedonio?" Ni siquiera se molestó en voltear para mirarlo.
_ "Qué me dice, señorita. Si usted sabe que le soy más leal que un perro" Se lamentó.
_ "Sí, bueno. Un perro bastante ingrato." Mary comentó cuando nada más inteligente se le ocurrió para decir. Ambos continuaron su paso en silencio luego del suspiro de Celedonio.
Mary no acostumbra a tratar así a sus empleados, pero este realmente se llevaba todo su mal genio en lo que va del día. Siempre alegando que era como su hermano mayor, la joven no pudo creerlo cuando el hijo de Eliseo, ya de veintiocho años de edad, había aceptado con demasiada vehemencia la tarea encomendada por… Arkham.
El infame bastardo que alguna vez ella supo llamar padre, le había pedido al muchacho que acompañara personalmente a la jovencita a cuanto paseo se le antojara, con el fin de no perder la cita que hoy en la tarde aclamaba su presencia en la casa; a las cuatro en punto. Y claro, el muy traidor de Celedonio ahora se había transformado en su sombra. Sabía que para un peón, el desacato hacia las órdenes de Arkham significaba caminar de patitas a la calle y quizás hasta de desaparecer de Fortuna para siempre –en el peor de los casos, desaparecer de este mundo-, pero Mary no podía concebir el hecho absurdo de caminar escoltada por las calles de la capital que ella conocía como la palma de su mano, y encima bajo las órdenes de ese hombre que le había dado la peor noticia de su vida un par de días atrás.
Era un hecho aberrante que no estaba dispuesta a aceptar con tanta facilidad.
El pequeño trote de su yegua amenguó rotundamente cuando tiró de las riendas con demasiada fuerza; aunque distraída como iba en sus pensamientos, Mary tragó saliva para amortiguar el repentino nudo en su garganta cuando lo divisó a lo lejos.
Con un galope temerario, el azulejo azotaba con furia sus crinas azabaches bajo la velocidad de sus zancas fuertes y los bufidos vertiginosos que exhalaba como un canto de guerra. De igual modo, nada pasaba desapercibido en el jinete de aquel pura sangre. Con su abrigo largo azul oscuro ondeando al aire fresco y su porte elegante sobre el lomo de ese padrillo, era difícil negarle la atención al hijo de Sparda que se dirigía presuroso por el camino hacia el Cuartel General.
Lo vio desaparecer en el horizonte y como no tenía idea de porqué se detuvo, Mary dejó escapar el aliento que ni siquiera ella sabía que estaba conteniendo. Se volvió a Celedonio que la observaba incrédulo y le frunció el ceño.
_ "¿Qué esperas, Celedonio? Te advertí que si venías conmigo no me retrasaras"
_ "Pero si usted se-"
_ "No quiero oír tus quejas. Anda hombre, vamos" Dijo altanera, espoleando otra vez a Umbra para seguir el camino y ocultar el color en sus mejillas.
Llegaron a la zona comercial de Fortuna, donde las boutiques de la calle principal y los comerciantes trataban con el bullicio normal del mediodía. Unos pasos más allá, Mary divisó el reconocido pasillo con el pesado portón doble hoja de hierro, y desde allí decidió continuar a pie. Desmontó con agilidad y se volvió a Celedonio que la miraba expectante. Era la primera vez que la acompañaba en sus rutinarios paseos a la capital, y no tenía ni idea de por qué ella se adentraría a la zona residencial más humilde de Fortuna.
_ "Espérame aquí. No me tardo" Atinó a dejarle las riendas de su yegua en mano, pero él se negó, desmontando con rapidez.
_ "Ah, no, no señorita. Su padre…" Enmudeció cuando le vio la mirada amenazante. _ "El señor Arkham me ha pedido que no me despegue de usted. Así que yo la acompaño"
_ "Dime algo Celedonio… ¿Siempre eres así de cobarde o solo frente a ese imbécil?" Mary se cruzó de brazos, alzando una ceja con arrogancia.
El hombre castaño de ojos pardos verdosos y piel trigueña, sonrió débilmente y la observó con recato, de vez en cuando bajando la mirada al suelo en señal de mansedumbre; porque a pesar de que la conocía desde que nació, y a pesar de que lo traía embobado desde que la descubrió como mujer, no debía olvidar su puesto de peón.
Él se rio internamente de lo singular que era. Justo hoy había decidido hacer uso de su peculiar vestuario, que daba mucho de qué hablar. Con sus cotidianas botas de jinete y su abrigo, Mary llevaba un pantalón caqui que destacaba – al parecer del peón- escandalosamente el contorno de sus piernas bien torneadas, junto a sus pistoleras ajustadas a las caderas que sostenían una Dragoon cal .41 y una Walker cal .44; un pequeño chaleco color bordó oscuro ceñido a su cuerpo que resguardaba su camisa blanca abierta dos botones en el escote, y sus manos enguantadas en cuero; además de haber trenzado su cabello largo y bruno, que era más por comodidad que por estética.
_ "Lo siento señorita. Pero órdenes son órdenes" Celedonio se puso firme con el ceño marcado y los brazos cruzados. Él sabía que se ganaría una rabieta de ella por esto.
_ "Por eso mismo. Te ordeno que me esperes aquí. No tardaré" Mary se dio media vuelta y caminó solo un poco hasta oír los pasos detrás de ella. Apretó los labios y con los ojos cerrados suspiró con fastidio. _ "Celedonio, si me sigues gritaré que me estás acosando"
_ "… No se atrevería" Dijo el hombre con cuidado. Como respuesta silenciosa, la joven se dio la vuelta y le alzó una ceja.
_ "Provócame" Le murmuró con una repentina sonrisa irónica.
_ "…"
Lo que menos quería era armar un escándalo, porque sabía que ella podía crearlo en un abrir y cerrar de ojos, así que solo se limitó a contemplarla resignado mientras ella desapareció tras la pesada puerta al final del pasillo.
La zona residencial era sabida por sus casas modestas y humildes, habitadas por la plebe de Fortuna. Para esta gente, Mary ya era un rostro conocido y muy amigable. Al pasear por el estrecho camino entre los puestos callejeros de vegetales, vendedores de especias y otras baratijas, peatones y niños correteando, ella se ganó un par de sonrisas y saludos cordiales, hasta llegar a la armería de Finn escondida tras la endeble fachada de un bar de mala muerte.
Finn era un cuarentón oportunista de aspecto desalineado y dudosa reputación, que también era armero. Había arribado a la isla allá por el año 1813 junto a un par de inmigrantes ilegales, que se habían colado en una embarcación luego de una mala apuesta en un bar de Irlanda. Si bien no se esperaba este tipo de parajes cuando desembarcó, con el tiempo le gustó el lugar y cinco años después de coordinar apuestas clandestinas, peleas callejeras y otras actividades ilegales, logró ganarle en una apuesta a un viejo en bancarrota, un bar abandonado en la zona más pobre de Fortuna; decidió reabrirlo, pues si bien los pomposos de la alta sociedad no sentían tanto la repentina falta del Caballero Oscuro, la plebe comenzaba a sufrir algunos abandonos por parte de la Orden que comenzaba a actuar de manera extraña, y por supuesto, las pobres almas decidían ahogar las penas en el alcohol.
Y sí, cuando su asquerosa codicia no pudo urdir un mejor plan, consiguió un buen contacto en el puerto Caerula que le aseguraba el contrabando de armas de excelentísima calidad. Más agradecido no pudo estar cuando se dio cuenta de que la vieja sociedad de Fortuna, que solía repudiar las armas de fuego como deshonrosas y dejaban su propia seguridad en manos de la Orden, ahora los más valientes se armaban para intentar protegerse de los demonios al asedio, y los que se negaban a portar armas, pues… intentaban pagar su seguridad con los mejores 'amigos' de Finn, esos que compraban su mercancía como dulces, Los Rebeldes.
Mercenarios nómades que ni el mismísimo Sparda se había molestado en detener, ahora se habían duplicado en cantidad y acababan con cada escoria infernal, a un módico precio, por supuesto. Siempre sonaba mejor tenerlos de amigos que de enemigos, y a Finn todavía le interesaba vivir un par de años más, así que era un fiel mensajero y abastecedor de armas.
La puerta del bar chirrió desagradablemente, dejando correr una briza suave que moría en el aire viciado por el tabaco y el olor rancio habitual del lugar. Algunos borrachos se voltearon con el ceño marcado por la luz estorbando las penumbras y al divisar a la joven de pie bajo el umbral, comenzaron a silbar y murmurar incoherencias; a Mary le causo más gracia que disgusto, pues sonaban más a una manada de hienas viejas y heridas.
Ignorando su habitual y decadente alrededor, Mary se contoneó hasta la barra al final del local, sintiendo como sus botas golpeaban los tablones de madera polvorientos, dejando algunas partículas revoloteando a su alrededor que le daban ganas de estornudar. Vio como una de las meseras la miró desdeñosamente y le alzó una ceja; su mirada bicolor más que elocuente la instigaba a abrir la boca, solo una palabra le bastaría.
_ "Vengo a ver a Finn" Dijo con firmeza al llegar a la barra. Tras no recibir respuesta, golpeó la madera con un puño cerrado para hacer clara su presencia al hombre sordo o deliberadamente decidido a ignorarla.
El cantinero robusto y bastante canoso -o al menos los pocos cabellos que le quedaban en la cabeza lo eran-, se dio la vuelta limpiando una copa y la miró ceñudo, con su cicatriz característica cruzándole la mejilla y un par de ojos pardos apagados que le imprimían cierta nostalgia a su vejez.
_ "¿Quién lo busca?" Exigió de malos modos, la voz ronca era un toque extra a la exasperación del hombre.
_ "¿Está o no está?" Y sí de exigir hablamos…
_ "Mira muñeca, aquí el único que pregunta soy yo, si no puedes-"
_ "Hey, hey…" Interrumpió uno de los borrachos, desparramado en una silla en un esquinero.
Mary se volvió a él con el ceño marcado, no por la interrupción, más bien porque detrás de todo ese cabello largo y enmarañado y esa barba bastante crecida, había un rostro que le sonaba familiar aunque no recordaba de dónde.
_ "Finn la essstá ¡Hic! esssperando. Esss la- caza-dora" Aclaró arrastrando las palabras, antes de dejar caer su cabeza al tablón de madera simulando ser una mesa delante de él. Parecía que se necesitaba descansar.
Como poco entendía la joven a su mediador alcoholizado, se volvió con un pestañeo al viejo cantinero, que con un asentimiento de cabeza hacia el fondo del local, le indicó de malos modos que pasara a la 'Oficina' de su jefe. Con una mueca de bravuconería, Mary caminó a paso firme esquivando la barra para adentrarse más en el local.
Su puño enguantado golpeó firmemente tres veces la puerta antes de entrar; se oyeron un par de murmullos y risitas, antes de que una voz roca de alcohol barato y unos cuantos cigarros encima, gritara "¡Pase!" para darle la bienvenida.
Mary suspiró y abrió la puerta con suavidad, preparándose mentalmente para la imagen indeseada de casi todas las semanas. Al adentrarse se aclaró la garganta con firmeza, dando a conocer su presencia en el lugar.
La habitación era pequeña pero repleta de estanterías con armas, espadas, dagas y municiones de todos los tamaños; un par de lámparas de aceite empotradas en las paredes le obsequiaban un poco de calidez a la sordidez natural del lugar; los tablones polvorientos y resecos del suelo eran cubiertos por una desgastada alfombra en vivos bordo, armonizaba con el empapelado rameado descascarándose en las paredes, y el hedor fuerte a alcohol y a cigarro viciando el aire; un par de papeles y objetos al azar esparcidos sobre el escritorio en el centro, y un asiento destartalado ocupado por Finn que sostenía en su regazo a una joven morena de cabello largo y enrulado; ella le murmuraba con tono meloso cosas al oído, mientras masajeaba sugestivamente el pecho robusto del hombre.
Era de esperarse esta patética situación; Mary ya conocía las debilidades del armero con las chicas trabajadoras del burdel a pocas cuadras de aquí, aunque no dejaba de ser desagradable a la vista.
_ "Ah, mi querida… Lady ¿No es así?" Se burló del apodo con el que ella misma se presentó por primera vez. Su apodo era un enigma y una larga historia que ella no tenía planeado explicar. _ "Que agradable verte por aquí"
_ "Una lástima que no pueda corresponderte el sentimiento" Mary le sonrió con falsedad. _ "Al grano. Vengo por mi paquete" Exhaló, cruzándose de brazos. Realmente no tenía ánimos de perder mucho tiempo con este baboso.
_ "¿Paquete?" Dijo confundido ante la ceja alzada de la dama. _ "¡Ah! Sí, tu paquete. Que cabeza la mía" Se burló un poco más. _ "Muévete cariño, tengo negocios que atender" Le moduló a su acompañante, que al levantarse de su regazo recibió una nalgada juguetona por parte del hombre.
Mary rodó los ojos por el disgusto que le ocasionaba ver a las de su especie rebajarse por algunas monedas. Claro que ella nunca pasó necesidades, pero siempre creyó que había otras salidas laborales que entregarse como un pedazo suculento de carne. La morena –joven y muy bonita- pasó a su lado, mirándola con una sonrisa ladina que le hizo hervir la sangre a Mary. Se perdió detrás del portazo y al fin, solos en la oficina, Finn se volvió a los negocios.
_ "¿En qué estábamos?" El pelirrojo barbudo se encendió un cigarro que sacó de su yesquero en el bolsillo de su chaleco a cuadros, y la volvió a mirar con picardía. _ "Ah, sí. Tu paquete"
_ "Sí. Mi paquete" Mary apretó los dientes. Sabía que el imbécil de Finn alargaba sus estadías en la oficina por mera diversión, y ella odiaba que le tomaran el pelo gratuitamente.
_ "Bien, veamos…" Murmuró. Comenzó a silbar una melodía desconocida mientras hurgaba detrás de su escritorio, ganándose el golpeteo molesto de la bota de la dama contra los tablones de madera. _ "Aquí" Exhaló, descansando el estuche largo de cuero sobre el escritorio.
Como en un repentino trance, Mary se acercó al estuche con las manos extendidas y la vista perdida en la tira de cuero con una hebilla plateada que adornaba. Cuando la punta de sus dedos enguantados rozó ligeramente la funda, rápidamente Finn se la quitó del alcance, chasqueando la lengua con esa sonrisa torva que enseñaba sus dientes amarillentos.
_ "Tch, tch, tch, primero lo primero, cariño" Negó suavemente con la cabeza.
Con el ceño marcado, la joven lo observó colérica; se desprendió de la alforja que llevaba atada al cinturón de su pantalón y con un bufido lo arrojó desdeñosamente sobre el escritorio. Mirando con los ojos azules perdidos en la alforja, Finn extendió la mano codiciosa a la bolsa de cuero, aunque rápidamente recibió una pequeña mano enguantada que se cerró con dureza sobre la suya… con demasiada e innecesaria fuerza, diría él.
_ "Tch, tch, tch, primero lo primero, cariño" Mary musitó; su pardo rojizo y verde azulado, brillaban con una chispa amenazadora que al hombre le cosquilleaba en su interior.
_ "Todo tuyo" El armero soltó el agarre del estuche al tiempo que ella lo hizo de la alforja.
Con una expectativa que cubrió bajo una ceja alzada en tono altanero, Mary abrió el estuche y su rostro se iluminó como un niño en Navidad. Un rifle Billinghurst Cylinder calibre .40 de siete disparos, dormía entre la pana roja dentro del estuche de cuero. Hipnotizada, la joven se lamió los labios y pasó suavemente los dedos por el cañón, sonriendo cuando vio el grabado 'Kalina Ann' en la madera del costado.
_ "Las modificaciones que me pediste costaron un poco más de lo que esperaba" Explicó el Irlandés tranquilamente, mientras contaba las monedas entre sus dedos.
Suspirando con fastidio, Mary lo ignoró por el momento y estudió el peso de su nueva adquisición. Le había modificado la empuñadura para aligerar el retroceso del arma y ajustado algunas medidas para su mayor comodidad; le quedaba como anillo al dedo. Era una belleza.
_ "Ahí está lo que me pediste. Ni más, ni menos" Sentenció la mujer con certeza.
El hombre bufó, sabiendo perfectamente que con esta mocosa no se podía jugar. Ella ya se lo había demostrado en más de una oportunidad. Como aquella vez en la que casi pierde todos los dedos de una mano por intentar 'reconocer' el género del vestido que llevaba.
El silencio que sobrellevó la habitación, obligó a Mary a cambiar el enfoque de la plática.
_ "Así que… ¿Han vuelto?" La joven cazadora inspeccionó distraídamente el arma. El hombre la observó detenidamente antes de contestar.
_ "Lo siento nena, pero yo no regalo la información. La vendo. Si quieres saber, pues…" Dedujo que por la ceja alzada de la dama, no debía terminar esa frase, pero Finn no era un hombre de asustarse fácilmente, mucho menos con una mocosa. _ "Podríamos llegar a un acuerdo" Y además, parecía no aprender nunca de sus errores…
_ "Creo que no comprendes tu situación, ¿verdad?" Con una calma calculada, Mary lo observó. _ "No deberías insinuarle nada a una dama como yo, que tiene entre sus manos un juguete capaz de hacerte un agujero nuevo en esa barriga grasienta tuya… O incluso" Continuó, acercándose lentamente al escritorio. _ "Si la puntería no me falla, cosa que nunca lo hace, podría desmembrarte con solo… seis disparos" Finalizó con una sonrisa ladina. Finn, se lamió los labios y se llevó el cigarrillo a la boca.
_ "No está cargada" Dijo en una sonrisa socarrona y se recostó cómodamente en su asiento. Le empezaba a gustar este jueguito. Claro que Mary no era dueña de una paciencia infinita.
Con una velocidad practicada, la joven mujer le dio un sacudón al arma que dejó escapar el cargador cilíndrico haciéndolo rodar al suelo, tomando con rapidez el próximo cargador en su estuche y colocándolo con otro sacudón firme, tirando del pestillo para cargar el disparo. Finn quedó asombrado por la agilidad y velocidad de una jovencita que fácilmente se podría comparar con un buen tirador.
_ "Ahora está cargada" Sentenció, mirándolo fijamente entre sus pobladas pestañas azabaches amenazadoramente entrecerradas.
Lo único que el armero alcanzaba a ver era el final del cañón y entre ellos un par de ojos que pedían, no, exigían que no jugara con ellos, pues no guardaba mucha paciencia; él se movió algo incómodo en la silla.
_ "Te lo repito una vez más. ¿Vinieron o no?"
_ "… Ayer por la noche, alrededor del cuarto para las doce, arribaron en el último embarque que venía desde Capuleto" Exhaló un bufido, largando el humo de su cigarro.
_ "¿Todos?" Insistió. Al no recibir una respuesta rápida, el cañón se acercó hasta rozar la poblada barba pelirroja de Finn y presionó por debajo de la barbilla.
_ "… … Todos, señorita" Dijo con fingida amabilidad.
_ "¿Y dónde se hospedan?"
_ "Mira, cariño. Si quieres información tienes que pagar por ella como todos-"
_ "Dónde" Presionó el frío metal en su garganta.
Jamás tiraría del gatillo, ella no era un criminal, pero resultaba que esta era la única forma de mediar con un cobarde como Finn; y por supuesto que no iba a darle ni un penique por la información. Solo le compraba las armas porque era el único en Fortuna y porque tenía los contactos justos.
_ "En el mismo lugar de siempre. En el viejo pueblo de las colinas Ferrum. Allí evitan a la caballería. Tu sabes…" Dijo como siempre. Mary solo asintió en silencio.
Ya había pasado otro año más. Increíble como corre el tiempo. Ellos siempre volvían para esta época del año, donde la caza de demonios se intensificaba con las nuevas crías y las actividades paranormales se duplicaban de sobre forma, al borde de lo absurdo. Era de esperar que ya comenzara el invierno crudo para intentar sofocar las nuevas contiendas acaloradas entre la Caballería y los Mercenarios.
Suspirando con suavidad, Mary retiró el rifle de su posición de asalto y se volvió con la mirada tranquila a Finn.
_ "Como siempre, ha sido un placer hacer negocios contigo, Finn" Dijo sonriendo con dulzura simulada. Acomodó el arma en la funda y se la llevó a sus espaldas, cruzando la correa por su torso. _ "Cuídate y hasta la próxima" Le dijo al darse media vuelta y salir, dándole un saludo por encima del hombro.
_ "Sí, sí. Lo que sea" Bufó el irlandés, observando sus curvas contonearse hacia el hueco de la puerta. Cuando al fin ese portazo sonó, Finn pudo relajarse sobre el asiento. Este tipo de clientes le traía dolores de cabeza.
Con una profunda inhalación que llenó a sus pulmones de regocijo, Mary inspiró el aire puro al salir del bar. Caminó sin apuros entre la gente, con su arma custodiándole la espalda y sus otras dos bajo el abrigo, ocultas. Siempre le daban esa sensación de seguridad, pues eran de su confianza, y como fruto de sus esfuerzos las trataba como las joyas más preciadas, sus accesorios más que adecuados.
Ese ligero bien estar se esfumó cuando sumida en sus pensamientos, recordó que Celedonio estaba aguardando por ella para acompañarla de nuevo a la casa; bufó de malos modos al recordarlo, aunque no iba a apurarse. Tanto el peón, como Arkham y ese pobre diablo que sería su 'esposo' – así de ridículo como sonaba, y al que ya estaba más que dispuesta a odiar- tendrían que esperar sus tiempos.
Porque de algo estaba muy segura, ese infeliz iba a sufrir el peor de los tormentos… ella le haría la vida imposible, de eso no cabían dudas.
...
Cuartel General de Fortuna…
_ "Con permiso, su Santidad" El joven hizo una reverencia antes de recoger los papeles que le había presentado para su firma y sello, y se retiró en silencio, dejándolo solo con sus pensamientos.
El vicario tomó una larga respiración, sin haber prestado demasiada atención al rutinario papeleo, puesto que tenía otras cosas en su mente por el momento. La reaparición del hijo del Salvador lo tenía pasmado, acomplejado, y aunque le costara reconocerlo, lo tenía en guardia constantemente.
¿Cómo fue capaz de ocultarse tanto tiempo? ¿Qué recursos poseía que fue capaz de moverse a sus anchas sin siquiera dar un solo signo de vida? Porque no habían dudas de que alguien muy poderoso lo estaba ayudando, sino ¿Cómo se explica la cantidad de negocios importantes que contrajo con gran parte de Fortuna sin siquiera dar la cara? Tenía una especie de apoderado o alguien que lo había encubierto muy bien. A la perfección, diría él. Y eso significaba una sola cosa… había más de un traidor entre su 'gente de confianza'. Ya nadie sería visto con la mirada condescendiente, ya no más.
'Veintidós años… veintidós malditos años tirados a la basura' Masculló para sí mismo, las manos entrelazadas sobre su regazo y la vista avejentada perdida en los ribetes de la mesa redonda frente a él, donde las llamas de los candeleros jugaban con las sombras dándole el efecto visual como si estuvieran en movimiento.
Cuántas cosas habían pasado…
Un portazo se hizo eco en el silencio y el repentino sonido lo sacó de su letargo. Alzó la vista para observar a quien osó irrumpir sus pensamientos, y pronto se levantó con velocidad desde su posición en el asiento cuando lo reconoció.
_ "La avaricia…"
La voz calma y masculina, fría y con un tinte de hartazgo, se hizo oír en cada rincón de la habitación, caminando tranquilamente hacia la mesa redonda, donde atónito, su Santidad lo miraba receloso.
_ "… Es una amante muy posesiva y adictiva… Puede hacer que un hombre haga lo que sea para conseguir más y más… sobre todo cuando se trata de poder… ¿No lo crees?" Las botas golpeando el suelo, marcaban una marcha casi fúnebre.
_ "¿Quién te dejó entrar?" Le habló con firmeza.
_ "La servidumbre humana suele ser muy, ingrata diría yo, cuando unas pocas monedas caen en sus manos" Los penetrantes ojos azules se fijaron en el anciano. _ "¿Realmente crees que necesito caer tan bajo para pisar este suelo? NADIE, se animaría a si quiera mirarme a los ojos sin mi consentimiento. Tú mejor que nadie debería saberlo"
Un par de pasos los separaban. Los envolvió un silencio trascendental, una cruzada de miradas cargadas de odio, rencor y venganza, y un abismo oscuro parecía rodearlos, como prediciendo el final.
_ "Podrías haber tenido todo lo que quisieras…" Murmuró el anciano, con repentina calma cortando el silencio. _ "Todo. Yo te hubiera dado todo si me lo hubieras permitido" Le hablaba con devoción, casi con amor de un padre a un hijo.
_ "¿Todo?" El híbrido ladeó ligeramente la cabeza, obviamente fingiendo confusión.
La mirada helada y muerta se fijó con precisión asesina en el vicario y sin parpadear, desenfundó a Yamato con gran velocidad, para cubrir el trecho entre ellos. Sanctus se tambaleó hacia atrás con el movimiento brusco, asistiéndose de una mano sobre la mesa. Lo observó, expectante a su próximo movimiento, y de vez en cuando mirando a la poderosa espada, esa que tanto había deseado tener entre sus manos y a la que tanto necesitaba.
_ "El problema es que yo quiero más que todo… mucho más" Había un dejo de oscuridad en su voz.
_ "¿Qué es lo que buscas?... ¿Venganza?"
_ "¿Venganza? Jhm. Un punto de vista limitado… de un ser muy limitado"
El extremo romo de su filoso y frío acero, descendió por el cuello del vicario y apartó ligeramente el cuello de su sotana, descubriendo una horrible cicatriz que le desfiguraba la piel un poco más atrás de la yugular. Vergil apretó los labios y aligeró un movimiento con su cabeza, como dando a entender que había fallado milimétricamente; pues él recordaba con exactitud cada movimiento desesperado de su presa intentando escapar… recordaba el alarido proferido en dolor, el sabor metálico de la sangre en su boca, de la presión ejercida entre sus maxilares apretando la carne y sus garras asidas con fuerza de la chaqueta blanca. '¿Cómo olvidarlo?' Se preguntó lacónicamente.
_ "¿A qué has venido?" La voz de Sanctus lo sacó de su repentino letargo.
Cuando los orbes helados se volvieron al vicario, mostraron la determinación en ese fuego azul, ese fuego que amenazaba con incinerarlo todo. Envuelto en esa calma abrumadora para el anciano, Vergil apartó su espada y haciéndola girar calculadamente la volvió a enfundar. En un gesto arrogante alzó ligeramente la barbilla, como considerando responder la pregunta o no.
_ "No te ilusiones. Jamás mancillaría mi legado con tu sangre"
Se volvió a sus espaldas y continuó caminando tranquilamente hacia la salida. Antes de abandonar el salón, se frenó y lo observó por encima del hombro.
_ "Solo entiende esto: comienza a rezarle a tu Dios, porque para cuando yo lo supere… lo necesitarás"
Con esas palabras, el híbrido salió de la sala de reuniones a paso calmo, dejando sin palabras a su Santidad, mientras cerraba suavemente la puerta detrás de él.
Como poco se había imaginado esta visita inesperada, Sanctus suspiró y se dejó caer nuevamente en su asiento, perdiéndose detrás de esa puerta, el cruce de miradas entre el hijo del Salvador y el General Credo, que por tan solo segundos, compartieron un par de pasos en silencio por el pasillo antes de que cada uno continuara con su propio destino.
…..
_ "Insisto en que deberíamos volver por el camino de siempre. Señorita, esto es-"
_ "Y yo insisto en que te calles, Celedonio. Ya me aburres" Bufó con impaciencia.
Mary no tenía apuros, Umbra caminaba a paso tranquilo y el sonido de sus cascos sobre el verdor húmedo del bosque, le otorgaba un fondo de sonido armonioso con los pájaros piando y aleteando entre el follaje marrón, dorado y todavía algo de verde. El sol calentaba suavemente filtrándose entre las hojas y una suave briza con aroma a tierra la llenaba de regocijo. Quería disfrutar un poco de esto antes de volver a casa, y Celedonio no estaba ayudando mucho a esa relajación.
_ "No entiendo por qué insiste en andar por estos lugares. Pareciera que buscase el peligro" El peón detrás de ella dijo con desapruebo.
_ "Me abuuurresss…" Cantó.
Intentando hacer caso omiso a las interrupciones del hombre, Mary inclinó el rostro hacia arriba cuando un hueco entre los arboles le obsequió la luz y la calidez del sol, sonriendo con suavidad. Con un suspiro, abrió lentamente los ojos y frunció ligeramente el ceño cuando vio una bandada de aves aletear presurosas hacia el norte, haciendo el suficiente ruido como para estorbar en el silencio calmo. Parecía que escapaban de algo. Extraño, pues no se oían sonidos anormales…
_ "¿Pero qué-?" El cuerpo de la cazadora se sacudió ligeramente hacia delante, cuando Umbra se frenó de golpe.
La yegua recelada, comenzó a sacudir la cabeza y a piafar la tierra con sus cascos, inquieta, negándose a avanzar por ese camino.
_ "Hey, shhh, tranquila" Dijo Mary con suavidad, acariciándola para calmarla. _ "Celedonio, mejor nos… ¿Celedonio?" Con los ojos muy abiertos en sorpresa, la cazadora se dio la vuelta para observar que estaba sola en medio del bosque. _ "Celedonio" Continuó llamándolo. _ "Celedonio, no es gracioso" Admitió que comenzaba a preocuparse por su repentina desaparición, sobre todo por el silencio sepulcral que la sobrellevó. ¿Cuándo desapareció que ni siquiera oyó a su padrillo?
Como distraída estaba buscando con la mirada atenta a sus alrededores, no percibió el repentino y brusco movimiento de Umbra, que con un fuerte relincho, alzó sus patas delanteras y la envió al suelo de un sopetón. Gruñó con el rostro fruncido al sentir cómo su rifle se le hundía en la espalda, al momento de caer al suelo. El escozor duró el tiempo que le costó sentarse para observar a su zaina adentrarse entre la arboleda.
_ "¡Hey!" Mary rezongó al verla galopar. _ "Mierda" Masculló para sí, sacudiéndose el pantalón mientas se alzaba con cuidado.
Umbra jamás había actuado de esa forma y le llamaba la atención, pues algo lo suficientemente impactante merodeaba por allí para haberla asustado de tal modo.
_ "¡Celedonio!" Comenzó a llamar nuevamente, mientras avanzaba por el espesor del bosque otoñal.
Tras unos cuantos minutos vagando por el verdor y llamadas impacientes con el nombre del peón, la joven cazadora oyó un suave quejido entre unos arbustos tupidos, y en un acto reflejo desenfundó a 'Kalina Ann'.
_ "A-aaquí…"
Encontró al hombre sentado en el suelo, con la espalda apoyada en un tronco reseco y una mancha carmesí en su hombro izquierdo atravesado por una especie de espolón muy largo.
_ "¡Celedonio!" La joven corrió hasta llegar a él, arrodillándose a un lado y olvidando su arma en el suelo. Comenzó a inspeccionarle la herida con cuidado.
_ "¡ah! S-señorita, d-debe correr…" Masculló adolorido.
_ "Shh, cállate y déjame verte esto ¿Qué paso? No, no, no hay tiempo, después me dices. Ahora tengo que sacarte esto" Mary se afirmó al espolón negro de unos cincuenta centímetros de largo y lo miró fijamente. _ "Esto va a doler"
El muchacho tomó una larga respiración y con un asentimiento de cabeza le dio la señal para que ella tironeara con fuerza. Celedonio profirió un grito mitad gruñido, sintiendo como la carne le escocía en cada tironeo; sin notarlo, se aferró al brazo de Mary y le clavó los dedos, haciéndole doler en el apriete desesperado. Ella lo soportó, sabiendo que él lo estaba pasando peor.
Con un ruido horrible de chapoteó escarlata, la púa fue expulsada por completo de su hombro, dejando un orificio considerable en la carne desgarrada. Mary arrojó el espolón a un lado y tironeó del borde de su abrigo para rasgar una tira de tela, le hizo un torniquete con fuerza y exhaló con pesadez, sonriéndole ligeramente cuando terminó de anudarle el vendaje improvisado.
_ "Debemos volver a la casa para que te vea un médico" Estaban más cerca de la mansión que de la ciudad, y sin los caballos sería una pérdida de tiempo volver a la capital.
_ "No, no. Señorita, si su padre se entera…"
_ "Me importa una mierda"
Mary tomó su rifle con una mano y lo ayudó a ponerse de pie con la otra, llevando el brazo sano por encima de sus hombros y sonriendo entre dientes cuando Celedonio la miró con los ojos muy grandes y el rostro encarnado; sorprendido por el vocabulario burdo de su señorita, pero aún más por la cercanía escandalosa de ella en el abrazo.
Comenzaron a caminar despacio, pues el peón había perdido bastante sangre y estaba muy débil, hasta que la agudeza de sus oídos, le llamó la atención. Repentinamente, Mary arrojó a Celedonio al suelo, giró sobre sus talones y esquivó con gracia cuando sintió un zumbido cerca del rostro. Sus reflejos no fueron lo suficientemente rápidos como para evitar el leve raspón de un espolón rozándole la piel.
Con la mirada extraviada en furia, la cazadora se llevó la mano al cuello y sintió el corte superficial, tocando más allá en su cabello, como la velocidad del espolón había cortado con la facilidad de un cuchillo, una parte de su trenza azabache a la altura del cuello. Ella sesgó los labios carnosos en una media sonrisa y apuntó al 'merodeador' con su Kalina Ann, a unos veinte metros frente a ella.
De unos dos metros y algo más de largo, cuerpo encorvado y piernas fuertes, el demonio tenía el aspecto de un puercoespín y una rata asquerosamente gigante, con garras enormes, colmillos largos y ojos rojos muy pequeñitos y sesgados. Los espolones, provenían de una espalda encorvada y llena de ellos; largos y filosos, probablemente venenosos también.
En esos segundos trascendentales, Mary notó como el demonio la medía para atacarla, alzando el hocico y gruñendo con vos distorsionada y oscura, piafando la tierra con sus garras gruesas como una patética demostración de depredador alfa, o lo que era peor… el grito de un llamado.
Ella no tenía mucha paciencia para esperar. Ante un gruñido con los dientes apretados, la cazadora se echó a correr entre los árboles y comenzó a esquivar los espolones que sobrevolaban hacia ella con gran velocidad, como una lluvia de flechas negras. La bestia, al ver la burlesca habilidad de la dama, comenzó a correr tras su presa, arrojando más púas. Algunas se clavaban en los árboles, las más cercanas le zumbaban a los costados de su cuerpo y alcanzaban a rasgar un poco su abrigo.
A pocos metros de llegar y en un acto desesperado por ganar, el demonio gritó con fuerza y alzó sus patas delanteras, como queriendo aplastar a la cazadora. Para su mayor desacierto, Mary se impulsó con una pierna apoyada en un árbol y saltando, giró en el aire curvando su cuerpo atlético. Esta posición aérea le dio la visión que tanto esperaba, y tras encontrarse sobre la cabeza de la bestia confundida y torpe, la joven morocha hizo su primer disparo, bautizando a Kalina Ann como su nueva, mejor y preferida arma.
El disparo calibre .40 atravesó con facilidad el lomo del demonio; la salpicadera de sangre fue como los fuegos artificiales de fin de año, destrozándolo todo en su interior. El impulso que le dio el retroceso natural del arma al ser disparada, la ayudó para dar una voltereta en el aire y caer con gracia sobre sus pies, detrás de la bestia inerte en el suelo a los pocos metros. Salpicada con el agrio escarlata, Mary sonrió triunfante y miró con asombro su nueva adquisición. Sí que iba a disfrutarla.
Con cuidado, la cazadora caminó despacio, esquivando al demonio tendido en el suelo y una vez asegurado el deceso de la bestia, respiró con normalidad. Se volvió hacia delante, donde Celedonio apoyado contra un árbol, la esperaba con el rostro pálido, mitad sorpresa mitad anémico.
A pocos pasos de llegar a su peón, le vio el gesto demudado e instintivamente, Mary agudizó su oído nuevamente, volteándose con rapidez sobre sus pies y apuntando nuevamente con su rifle. 'seis disparos' se recordó a sí misma.
El nuevo y repentino sonido hizo vibrar el suelo, sonaba como… una estampida. Con la mirada atenta, Mary consiguió divisar a lo lejos, alrededor de unos veinte demonios exactamente iguales que al que había dado muerte hace segundos, corriendo con velocidad y… evidentemente muy molestos.
'Mierda'
Lamiéndose los labios en concentración, Mary fijó la mira y con velocidad, sus ojos bicolores estudiaron la situación. Como poco tiempo le quedaba, la joven exhaló todo el aire de sus pulmones para mantener la precisión del disparo y su dedo se estremeció en el gatillo.
El proyectil calibre .40 estalló corriendo a gran velocidad; goleó al primer demonio de la primera fila, que cayó de bruces al suelo e hizo tropezar a tres torpes bestias que corrían detrás de él. Desgraciadamente, el resto solo saltaron el cuerpo inerte con facilidad y continuaron con su corrida, preparando sus espolones para atacar.
Mary notó que ya estaban demasiado cerca y si bien le restaban cinco disparos de Kalina Ann, no podía desperdiciarlos. La terció detrás de su espalda nuevamente y desenfundo la Walker y la Dragoon, listas para entrar en acción.
Desafortunadamente para el ocio de la cazadora, alguien había decidido irrumpir su fiesta.
En un acto reflejo, Mary y Celedonio se acuclillaron y se cubrieron la cabeza, cuando una lluvia de balaceras comenzó a cortar todo a su paso, mientras veían cómo los demonios caían uno a uno, sin errar ni un solo momento. Hojas, grandes astillas de árboles y sobre todo, sangre, espolones y carne demoníaca, bailaban bajo una eternidad de proyectiles que venían a sus espaldas.
Uno solo fue capaz de llegar a la cazadora y al peón, y para cuando Mary apretando los dientes le apuntó con su Walker, el demonio reventó por encima de ella y cayó inerte a su lado.
El silencio decreto la normalidad del bosque nuevamente.
_ "¡¿Pero qué fue todo eso?!" Celedonio, que al parecer de la sorpresa se había olvidado del dolor, se levantó presuroso y la ayudó a ponerse de pie.
Mary se apuró a levantarse y tras otear vertiginosamente las copas altas de los árboles, se ganó la mirada entre incrédulo y ansioso del peón.
_ "¿Qué es lo que busca?"
_ "¡Hey!" Mary gritó, tratando de llamar la atención a quien, por segunda vez, le había salvado la vida.
Ella se quedó helada, estática en medio del bosque, cuando en lo alto de un árbol, se hallaba una figura masculina y bien ocultaba bajo un abrigo y capucha de cuero rojo oscuro, acuclillado como un gato de gran destreza en una rama gruesa. Tenía sus brazos cómodamente apoyados en sus rodillas y un par de Colt Walker cal .44 en sus manos; una era peculiarmente oscura y la otra más bien plateada. Una espada de particular diseño, medieval podría decirse, asida a su espalda y esa sonrisa amplia de dientes blancos y brillantes en pedantería, eran marca registrada del 'Encapuchado'. Así era como ella lo había nombrado.
Mary se quedó mirándolo. Hacía un año que no lo veía y a pesar de que jamás vio el rostro debajo de esa capucha, ella siempre terminaba por cruzárselo en el camino, como si fuera un viejo conocido o como si el destino se empecinara con que ella averiguara quien es. Sesgó los labios y entrecerró los ojos bicolores, mientras continuaba estudiándolo. Había algo en él que la irritaba y a la vez la intrigaba; quizás era esa sonrisa presumida, o la manera en que alardeaba sus movimientos espectaculares, o la forma en que la miraba tan detenidamente, como si la conociera de algún lado; no lo sabía, pero sin dudas, tarde o temprano lo averiguaría. Nada pasaba desapercibido ante los ojos de la cazadora.
_ "Ugh"
La repentina queja de Celedonio, le hizo perder la atención hacia él, asistiéndolo cuando se tambaleó listo para caer de rodillas. Para cuando volvió la mirada hacia el árbol, el encapuchado ya se había ido. Mary dejó escapar un suspiro antes de volver la atención nuevamente al peón.
_ "Volvamos a casa" Sentenció con la mirada clavada en aquel árbol.
…..
El sol de la tarde filtraba su luz entre los cristales de la ventana, iluminando y calentando suavemente el ambiente activo en la cocina, mientras las criadas iban y venían presurosas en sus quehaceres. Sin embargo, para una de ellas en particular, la situación ameritaba su preocupación, fregándose las manos con nerviosismo y caminando de un lado al otro por todo el lugar.
_ "Cálmese ya, Josefina. No le hará nada bien a los nervios" Comentó la joven, mientras continuaba preparando algunos de los aperitivos que la señora Arkham le había encomendado.
_ "¡No puedo, Clarita! ¡¿Cómo puedo estar tranquila si ya falta media hora para las cuatro, y todavía no han llegado?!" La mujer se pasó las manos temblorosas por la frente y suspiró con ahogo. _ "Esto es terrible. Si el señor Arkham llega antes de que Mary no esté lista, esto será una guerra campal. Mi pobre niñita, mi torpe y descuidada niñita"
Pronto los escarpines de Josefina volvían a pisotear con impaciencia las baldosas pulidas de la cocina, y para cuando alzó la vista, vio entrar a su niña salpicada de sangre, con la ropa sucia, el pelo erizado y el abrigo rasgado, dejando obvios rastros de la mugre tras las botas marcando pesados pasos algo agotados. Para evitar inconvenientes, había utilizado la puerta de servicio, esa que daba al patio trasero de la casona.
_ "¡Dios mío!" La criada jadeó con las manos sobre la boca. El resto de las tres domésticas se quedaron sin habla y muy quietas. _ "¡Pero, ¿Qué te sucedió?!"
_ "Shhh, Josefina ¿Acaso puedes ser más escandalosa?" Mary la recriminó, liberándose de las pistoleras y su 'Kalina Ann'.
Le entregó las armas a Clarita, que con algo de dificultad debido al peso, las tomó como pudo.
_ "Clarita, lleva esto a mi habitación sin que te vea mi madre, y dile a Cipriano que me avise enseguida cuando vuelva Eliseo con el médico para Celedonio. Él está en el establo encargándose de Umbra" Le dijo con calma, mientras se masajeaba la nuca.
Estaba más que aliviada por haber encontrado a los caballos pastando en el camino que costeaba el bosque, eso los ayudó a llegar un poco más rápido.
_ "Sí, señorita" La jovencita asintió con mansedumbre y se encaminó a sus quehaceres.
_ "¡¿Cómo el médico para Celedonio?! ¿Vas a explicarme que es lo que sucede aquí?"
_ "Si dejas de gritar te contaré" Alzó la voz con el ceño marcado. Luego del silencio expectante, cambió el enfoque. _ "¿Mi madre?" Exhaló.
_ "…" Josefina la miró seriamente y suspiró. _ "Está en su habitación, arreglándose. Tu sabes… ¿Para la cita de HOY a las cuatro?" Le aclaró con obvio sarcasmo.
_ "Bien" Le alzó una ceja. _ "Prepárame la tina con agua caliente y el vestido ese, ese que te gusta tanto, el morado oscuro"
Le ordenó con la mano moviéndose en desdén y restándole importancia; obviando las ansias de la criada por recibir las respuestas y encaminándose a las escaleras hacia su habitación.
_ "Y no quiero oír tus quejas. Ya tuve suficiente en un día" Agregó por encima del hombro.
_ "¿Vas a tomar un baño? ¡Son las tres y media! Tu padre llegará en cualquier momento"
_ "Pues tendrá que esperar. No querrá verme en estas fachas ¿O sí?" Dijo burlona.
La criada bufó viendo cómo se perdía la niña testaruda en los pasillos hacia las escaleras. Si este era el comienzo de algo, estaba segura de que no quería presenciar el resto.
…
_ "El agua ya está lista" Josefina salió de la sala de baño contigua a la habitación, mientras Mary sentada frente al espejo de su tocador, se inspeccionaba la trenza maltrecha de su cabello. _ "¿Qué estás haciendo?" La criada se acercó lentamente.
_ "Está estropeado" murmuró para sí misma. Sentía algo de lástima, pues el cabello largo y negro era heredado de su madre y siempre lo había cuidado. La hacía sentir bonita y femenina, a diferencia de esos ojos horribles que tenía gracias al bastardo innombrable.
_ "Veré que puedo hacer con tu peinado, ahora, deja de perder el tiempo y ve a bañarte. Yo me ocupo luego"
_ "No. Lo haré yo" Sentenció.
Tomando una pequeña navaja que ocultaba entre las cajitas de maquillaje y otras baratijas en su tocador, Mary se afirmó a su trenza y ladeó la cabeza para tener un mejor ángulo de visión en el espejo.
_ "¿Qué estas-?"
Demasiado tarde. Una trenza larga de cabello negro cayó al suelo y ella sintió la nuca libre, con los mechones rebeldes revoloteando cerca de sus pómulos y mejillas, otros al cuello y algunos frente a sus ojos. Esos también caerían al suelo. Con otro movimiento de su navaja, Mary se desprendió del cabello que estorbaba la visión y se miró al espejo con una sonrisa.
_ "Mucho mejor" Suspiró.
_ "¿Qué has hecho?" Dijo con horror la criada.
_ "Es solo cabello, Josefina. Vuelve a crecer" Le aclaró ceñuda. _ "Ahora sí, un buen baño no me vendría nada mal" Y con eso, se encaminó campante hacia el baño, dejando a Josefina boquiabierta.
…
El agua le sentó de maravillas. Estaba con la temperatura justa, haciendo que el vapor la envolviera en una cálida y reconfortante nube que la adormecía. Dejando que su cuerpo se relaje en la tina de latón, Mary recostó la cabeza en una toalla que había acomodado como almohada y cerró los ojos… pensando.
Era increíble cómo su vida había dado un vuelco impresionante en tan solo días. Su futuro compromiso, la salud de su madre, el regreso de padre. Frunció el ceño, reprendiéndose a sí misma por ponerse a pensar en que estaba a tan solo minutos de conocer a quien sería justo heredero de su odio, todo gracias a otro benefactor de su desprecio… Arkham.
Sacudiendo la cabeza ligeramente, pues no quería pensar en el futuro no tan lejano, se volvió a pensar en el pasado bien fresco, más bien a tan solo unos minutos atrás. Lo había vuelto a ver. Luego de un año, el 'Encapuchado' volvió a la ciudad.
Recordarlo le hizo apretar los dientes en la frustración que le daba no conocerle el rostro, y en la irritación que le causaba su arrogancia, de creerse su salvador y de quitarle la diversión de la cacería.
Hace un año atrás…
Estaba ahogada por su respiración pesada que le hacía arder los pulmones, por el jadeo continuo que no cesaba y le resecaba la garganta, por la falta de aire tras correr incansablemente entre los callejones, y de sus músculos duros como rocas, que agotados, le daban una horrible sensación de ardor. Ella se maldijo una vez más por imprudente y volvió a mirar por encima de su hombro. Todavía la seguían. Llenó en la medida que pudo sus pulmones con aire, y ordenó a sus piernas a no detenerse.
El toque de queda que la Orden había implementado luego de las siete de la tarde, había sido pronunciado hace una hora ya, y ella aún no había llegado a casa de Patty.
Había acordado con Eliseo que la llevaría hasta la ciudad en el coche y que desde allí ella caminaría a la mansión Lowell, no muy lejos del centro de Fortuna, porque según ella 'Tenía dieciséis años y sabía cuidarse sola'; pero se distrajo y se le hizo tarde. Estaba oscuro, hacía frío y comenzaba a llover. Más torpe no pudo ser.
Un paso en falso, donde su escarpín se encontró con un adoquín fuera de lugar, la envió al suelo con la violencia de su velocidad desmedida. El estómago se le contrajo y gimió con dolor cuando cayó de rodillas, su vestido empapado y dañado gracias a un charco de barro que abundaba en los callejones de la zona plebe de Fortuna. Se dio la vuelta e intentó levantarse rápidamente, pero el dolor en su tobillo se hizo vivo en un nuevo grito de dolor. Estaría agradecida de no habérselo roto. Al darse la vuelta, abrió los ojos con sorpresa y un poco de miedo, mientras comenzaba a arrastrarse por el suelo para evitar a ese grupo pequeño de demonios flotantes – que más tarde supo que se llamaban Mephistos- que se acercaban a ella con lentitud amenazadora.
Al ver la luz brillante en la garra de cada mephisto, instintivamente Mary cerró los ojos con fuerza y se cubrió con un brazo, resignada a recibir el golpe. Pero no fue así.
Un sonido de acero filoso y pesado se hizo eco entre los viejos edificios cortando el aire con facilidad, para que pronto los demonios chillaran, explotando en un burbujeante y pegajoso fin. La jovencita abrió los ojos con cuidado y miró bajo la claridad de una farola cercana, a un encapuchado que sacudía una espada enorme para que el acero volviera a su color y temperatura normal, antes de llevársela nuevamente a la espalda con un sonoro 'Jhm' bastante engreído.
Bajo el efecto de la lluvia y la poca iluminación, ella no alcanzó a divisar el rostro aunque hacía su mejor esfuerzo por reconocerlo bajo esa capucha, mientras se levantaba con cuidado de no apoyar todo su peso en el tobillo lesionado.
Lo vio voltearse para seguir su camino y enseguida supo que necesitaba frenarlo.
_ "¡Espera!" Lo llamó. Cojeando, se encaminó despacio hacia él.
El hombre se frenó, no del todo entendiendo porqué obedecía a una mocosa imprudente. Se dio media vuelta y la observó, tratando de comprender esa sensación de familiaridad que repentinamente lo hacía vulnerable frente a ella. La estudió con atención. ¿Por qué sentía que la conocía desde antes si nunca había estado en esta ciudad? Se encogió de hombros mentalmente, sin prestarle demasiada importancia.
_ "No eres de la Orden" La joven lo sacó de su repentino letargo. Él alzó las cejas, gesto que, por debajo de su capucha, ella no alcanzó a ver.
_ "Vaya niña inteligente ¿Qué te dio ese indicio?" Se burló con ese particular tono de voz irritante.
_ "No soy una niña" Sentenció Mary, definitivamente ofendida.
Con una amplia sonrisa, el encapuchado hizo una reverencia exagerada y se inclinó hacia delante, aun dejando ver sus dientes blancos; sus caninos extrañamente un poquitito más largos que los parámetros normales. Solo un poquito.
_ "Mis disculpas, mi Lady" Añadió con un toque sensual a su voz.
Ella rodó los ojos y chasqueó la lengua. Cuando lo vio darse la vuelta nuevamente, Mary alzó su voz.
_ "Entonces trabajas para ellos" Esas palabras lograron detenerlo.
_ "No trabajo para nadie, cariño. Solo soy yo" Le aclaró por encima del hombro, repentinamente serio.
Con la lluvia haciéndose más pesada y algún relámpago ocasional que comenzó a resonar en la noche fría de mayo, el encapuchado continuó en su camino, dejándola estática y pensativa bajo la farola.
_ "¡Espera! ¡No me has dicho tu nombre!" Ella le gritó por última vez. Él se volvió sobre su hombro con otra sonrisa fresca, pero sin detener su paso.
_ "Cierto. No te lo he dicho" Le dijo, antes de perderse en la oscuridad de la noche.
Mary, temblando de frío y empapada de pies a cabeza, lo hubiera seguido por el simple hecho de que la curiosidad la inquietaba, sin importar el dolor en su tobillo o el futuro resfrío que se pescaría. Pero sabía que debía llegar pronto a lo de Patty, pues se armaría un revuelo de aquellos cuando su madre se enterara por boca de Nina, de sus aventuras en los callejones de Fortuna.
Ya tendría tiempo de averiguar quién era, pues tenía el presentimiento de que no sería la última vez que lo vería…
_ "¡¿Todavía estás en el agua?!" Ese repentino grito la sacó rápidamente de su ensueño.
Con fastidio, Mary levantó los párpados somnolientos y vio a la mujer agitada, acercarse a ella.
_ "¡Hey, ¿Qué estás haciendo?!" Mary se quejó, cuando la sintió obligarla a sentarse en la tina y comenzar a fregarle la cabeza. _ "¡No soy una niña! ¡Puedo bañarme sola!" Rezongó, espantándole suavemente las manos. Josefina insistió.
_ "Pues no lo parece como te estás comportando, Mary. ¡Y deja de moverte! Tu padre ya ha llegado y está preguntando por ti" Reprendió con firmeza.
Bufando de mala gana, Mary se cruzó de brazos con la expresión de un gato mojado y enojado, mientras la dejaba hacer. No podía creerlo, volvía a tener cinco años otra vez. Este sí que sería un día para olvidar.
…
_ "Estás preciosa, Mary" Josefina le sonrió dulcemente, con las manos juntas sobre el pecho.
La joven solo le dio una sonrisa falsa, de parpados caídos y labios ligeramente curvos. Con su vestido morado oscuro, muy oscuro y aterciopelado, que le ajustaba las mangas largas en los brazos tonificados –ocultando un par de cicatrices-, le mostraba la piel porcelana de su escote ligeramente pronunciado, y se ceñía en la cintura para luego caer pesadamente a los pies; Mary se veía de igual modo opacada. No sonreía con frescura, ni sus ojos chispeaban alegres, como normalmente una jovencita se sentiría en un día como hoy. Hasta incluso estaba más pálida de lo normal.
_ "Estás más linda que nunca" Josefina le acomodó un mechón de cabello, tratando de ocultar la rebeldía y desprolijidad de su nuevo peinado. _ "Ese hombre caerá rendido a tus pies cuando…."
_ "Cuando lo golee un disparo de mi Dragoon, eso te lo aseguro" Mary bromeó con obvio sarcasmo.
_ "¡Mary Arkham! ¿Cómo puedes bromear con esas cosas?"
_ "Ay Josefina no empieces. Sabes que nunca le dispararía a una persona… … Que no lo merezca" Murmuró el final.
_ "…" La criada negó con la cabeza. _ "De todos modos, sé que él morirá de amor por ti, y tú por él… estoy segura"
_ "Pff…ajajaja. Lo-lo siento, J-josefina" Se disculpó cuando la criada le frunció el ceño, tratando de sofocar su repentina carcajada. _ "Es que eres tan cursi"
_ "Y tú muy impertinente" La mujer evidentemente se había ofendido.
_ "Lo siento" Dijo, aunque no era cierto. Solo porque ella era como una madre, intentó parecer apenada. _ "Es que tú sabes muy bien que eso no pasará" La joven se acomodó la manga del vestido, quitándole importancia. Realmente eso no la angustiaba en absoluto.
_ "No predispongas tu corazón de esa manera, Mary"
_ "Jamás, óyeme bien Josefina…"
Con la mirada amenazante y mucha seriedad, Mary no pudo evitar levantar un poco la voz, cambiando drásticamente su humor.
_ "… Jamás voy a enamorarme de un imbécil que tuvo que comprarme como si fuera una vaca en el mercado, porque de otra forma no hubiera podido tenerme. Jamás, Josefina. Que te quede bien claro"
De repente, ofendida, ella se estudió una vez más en el espejo antes de salir.
_ "Ni bien tenga la certeza de que ha pagado las deudas que el idiota de Arkham ha contraído, y de que la salud de mi madre está en buenas condiciones, me marcharé de este lugar. No lo sé, tal vez suba al primer barco que se me cruce… no lo sé"
La doméstica jadeó y se llevó las manos a la boca, con horror, porque la sabía capaz de cualquier cosa. Al verle el rostro pálido y a punto de llorar, Mary la observó por el espejo y suspiró. Se maldijo internamente, por ser tan dura con sus palabras. Josefina era una mujer mayor, no mucho, pero lo suficiente para ganarse disgustos, que ella reconocía, siempre estaba dándoselos. Se volvió a la mujer acongojada y trató de consolarla tomándole las manos con delicadeza.
_ "Tranquila, Josefina. Lo siento, no quise preocuparte de esa forma"
_ "Júrame que jamás escaparas de esa forma, Mary. Júramelo" Le pidió en un hilo de voz.
_ "Está bien"
_ "¡Júramelo, por el amor a tu madre!" Le insistió.
_ "…" La miró a los ojos y al momento desvió la mirada. No podía, realmente no podía.
De pronto, se sintió demasiado vulnerable; que hablaran así de su madre era un verdadero puñal y si algo realmente no podía hacer era jurar en vano a nombre de Kalina. Dispuesta a ocultar su debilidad que la irritaba de sobre forma, Mary le dio le un beso en la frente a Josefina y le soltó con suavidad las manos.
_ "Se me hace tarde" Le murmuró.
Con esas palabras, la joven cazadora salió de su habitación dispuesta a enfrentar su destino, aguardando por ella en la sala de estar.
…
Bajó peldaño por peldaño con precisión, pues tenía que admitirlo, estaba un poco nerviosa. La situación era por demás bizarra y no le agradaba en absoluto sentirse tan… expuesta. De todos modos, llenó los pulmones de aire, como dándose el valor para enfrentar lo que sea, y descendió hasta el final de la escalera.
Al llegar a la arcada que divide el hall de la sala de estar, Mary entrecerró los ojos a causa de la claridad del sol poniéndose en el horizonte como muestra de las cinco y media de la tarde otoñal, ángulo que, al filtrar la luz por el ventanal, deslumbraba la figura del hombre frente a los cristales brillando. Ella solo podía oír el crepitar del fuego en la sala y los pájaros piando en el exterior, mientras en la sala solo se encontraba este hombre de pie frente a ese ventanal, observando el paisaje del jardín, con las manos detrás de la espalda a modo reflexivo.
Mary se aclaró la garganta para dar a conocer su presencia y caminó lentamente hacia él, esquivando el sofá confidente y la mesita que se situaba en su costado luciendo un jarrón, una antigua reliquia que festoneaba su madre en la sala más elegante de su hogar. Y allí permaneció petrificada, observándolo, a unos cuantos pasos de él cuando sus ojos dejaron de destellar a causa del encandilamiento. Junto con su quietud, parecían irse los colores de su rostro. ¿Por qué el estómago se le puso como una roca?
De repente, supo que no quería verle el rostro, pues había visto lo suficiente ya. Sin embargo, se llenó de valor y mantuvo la prestancia.
_ "Buenas tardes" Su voz salió casi aniñada y se abofeteó internamente por entrar en este estado patético.
Él sabía que ella estaba allí. Pudo oler su dulce esencia bajando por las escaleras y sus pasos tímidos hacia él, insegura, deliciosa y tentadoramente vulnerable. Se dio media vuelta con calma, reprimiendo con éxito esa sonrisa lobuna y burlona que amenazaba con imprimirse en sus labios, y se dejó conocer con el rostro estoico sin mueca de agrado o todo lo contrario; ese gesto característico en él.
El silencio que provino fue intenso, muy largo y también revelador.
_ "¡Tú!" Gritó Mary con aire admonitorio.
Fue más como una exhalación entre sorprendida y abrumada, que le hizo arder la garganta cuando la profirió. Tenía los ojos bicolores muy abiertos, la boca seca y las mejillas arreboladas, porque sabía que en cualquier momento, el vómito verbal vendría a la vanguardia. ¡¿Esto era una mala broma, verdad?!
_ "Digo, s-señor Sparda ¿Qué esta…? Creo que hay un mal entendido, yo creí… bueno, mi padre me dijo que… bueno, en realidad…"
Mary cerró los ojos con fuerza y tragó saliva. Sabía que estaba balbuceando como una criatura de cinco años y eso no le gustaba nada. Apretó los puños y se concentró.
_ "No será que… Digo, usted no es… con quien yo…"
No pudo preguntar. No se animaba a oír la verdad. Sí, ella, Mary Arkham, dueña de una lengua bífida, de un vocabulario extenso en sarcasmo y palabras hirientes, y de un porte de Reina mezclado con amazona, ahora se veía confundida, nerviosa, ansiosa y por sobre todo, comenzaba a cabrearse. Nada bueno podía venir de ella enojada, frustrada y con un demonio de pie frente a ella.
Vergil se mantuvo callado y se mostraba casi aburrido, lo que a Mary le hizo arder la sangre de pura irritación. Como no tenía ánimos de perder el tiempo con todas estas trivialidades de la etiqueta, supuso que debía darle una rápida y concisa respuesta, para obviar el resto del protocolo que de nada le servía a él. Bueno, no más que hasta el momento. Él sabía a la perfección que esto solo era parte de algo más grande e importante. Algo más que no era necesario hacerle conocer a ella, ni mucho menos. Se ahorraría las palabras.
En señal de acuerdo, el híbrido solo se limitó a asentir tranquilamente con la cabeza, dándole a conocer su tan ansiada respuesta.
Claro de que a pesar que la conocía impulsiva –aquella noche en el castillo, lo comprobó- Vergil no era conocedor de los límites que la joven conllevaba con esos arrebatos. Los límites eran nulos.
Con un veloz movimiento, Mary se adueñó del jarrón a su lado y con una fuerza avasallante se lo arrojó directo a la cabeza. Desafortunadamente para ella, desconocía de los rápidos reflejos del semi diablo. Casi como parte de un juego no muy divertido, Vergil ladeó la cabeza, y a pesar de que la vieja porcelana le pasó a milímetros del rostro, no le tocó ni un solo pelo. La antigüedad se estrelló contra el marco del ventanal haciéndose añicos y para mayor escándalo, el estruendo no pasó desapercibido por el resto de la gente ajena a esta situación.
_ "¿Pero qué ha sucedido aquí?"
Kalina Ann llegó por el pasillo detrás de Mary y se interpuso entre el desconocido de cabello blanco y su hija, obviamente exigiéndole con la mirada una explicación a la de ojos bicolores. Le frunció el ceño, confundida, al observar de cerca el nuevo look de su hija; pensó en indagar las razones más tarde, por ahora solo quería saber porque tanto escándalo en su casa.
La joven solo miraba al mitad diablo con determinación, su pardo rojizo y verde azulado brillaban ante el fuego de la chimenea, su puño se cerró y la respiración se le agitó notablemente; empeorando aun cuando notó que él le sostenía la mirada con aburrimiento y bastante arrogancia.
_ "¿Y bien?" Insistió Kalina.
Mary observó que al momento en que su madre habló, el invitado no bienvenido sufrió un espasmo en su mano, como negándose a cerrar el puño, aunque su rostro ni se inmutó. Eso la hizo entrecerrar los ojos en sospecha; sin embargo y sin parpadear, se volvió a su madre, en una práctica bastante acertada de calma.
_ "El caballero aquí tiene manos torpes" Declaró, ganándose la mirada acusatoria de su madre. _ "Estaba estudiando el jarrón y cuando lo saludé se le resbaló de las manos, ¿Verdad?" Mary se volvió al albino, mirándolo fijamente. Él curvó ligeramente los labios.
_ "Cierto"
La voz de Vergil se dio a conocer en el silencio y la joven se estremeció ante el sonido oscuro y sensual que cargó el ambiente de tensión; él lo notó al instante. Caminando con ese porte aristócrata característico, se acercó a Kalina y le tomó suavemente la mano para besarle el dorso en un saludo formal. La mujer sonrió halagada y lo miró con ternura, algo que a Mary le causó aún más intriga y fastidio, pues su madre no actuaba así con cualquiera. ¿Qué diablos estaba pasando?
_ "Mis disculpas señora. Me comprometo a remplazarlo por uno nuevo"
_ "No, por favor. No se moleste" Kalina batió la mano con desdén. _ "Tome asiento por favor, señor…" Ella esperó a que se presentara.
_ "Solo Vergil" Declaró. Le cedió el asiento y ella con una sonrisa lo aceptó.
Se volvió a Mary que observaba esta patética pantomima de galante, totalmente colérica, con los ojos muy abiertos y el rostro completamente encarnado. Como parte de esta ligera demostración de caballerismo, Vergil le tomó la mano con firmeza y ella sintió que el nudo en su estómago se agravaba, como un cosquilleo que le molestaba y le daba ganas de gritarle. Tomó el acto como repulsivo e instintivamente se entregó a retirar la mano como del fuego, aunque pronto el movimiento se detuvo cuando el albino cerró con más fuerza su mano y la trajo hacia él.
La joven frunció ligeramente el ceño y apretó los dientes cuando creyó oír el crujido de sus dedos atrapados en esa mano grande y fuerte; le dolió, sin embargo la mirada de despreció no amenguó ni un solo instante. El efecto se intensificó cuando la piel blanca y fría de su pequeña mano, sintió por primera vez la suavidad y calidez de esos labios ínfimamente curvados en una sonrisa pedante. Sus iris cobalto penetrándole el alma con esa mirada ardiente, eran un toque extra para la sensación abrumadora y desconocida que la consumía por dentro.
_ "Un gusto volver a verla, señorita Arkham" Le murmuró en esa voz que le erizaba la piel.
_ "Solo Mary" Escupió con arrogancia e intentó sin éxito, clavarle las uñas en la mano.
_ "Veo que ya se ha presentado" La voz de su desgracia, conocido como Arkham, provino desde el mismo pasillo.
_ "Así es" Aclaró Vergil en voz alta, mirando fijamente a Mary y soltándole la mano en una suave caricia.
Ella se estremeció y con esa mirada penetrante, recordó la primera vez que lo vio, recordó absolutamente todo. Se masajeó distraídamente la mano adolorida, aun con los ojos clavados en él, pues recordó especialmente cuando lo vio con Marlene en la Cámara del Maestro. Le corrió un escalofrío y apartó la vista rápidamente, al memorar esa agitación, el jadeo, los movimientos, y sin duda la impertinencia del hombre al presentarse luego frente a ella. Sin embargo, decidió no ocultar su malestar y ella misma se imprimió una mueca de disgusto y asco, mientras, en solo segundos, lo volvía a mirar con la mirada desafiante.
_ "El caballero aquí presente es un fiel socio en algunos negocios, mi señora" Arkham le aclaró a Kalina, quien observaba un poco confundida el cruce de mirada entre su hija y el albino.
_ "Bueno, es un placer conocerlo" Kalina le sonrió y extendió una mano señalándole el asiento frente a ella y a su esposo. _ "Tome asiento por favor. Nos encantaría que nos acompañara esta tarde"
Vergil, que no era muy devoto a las actividades sociales, que en nada le interesaban porque definitivamente tenía mejores cosas que hacer, intentó ocultar lo mejor que pudo su desgano. Tras desviar calmadamente la mirada de Mary, que parecía estar en un mundo interno de reflexiones, se acercó a su asiento y se entregó a la plática trivial de la cual evadió ciertas preguntas a la perfección, y otras las precisó con firmeza y casi monosilábicamente.
Mary, en cambio, permaneció de pie como congelada en el tiempo, con los ojos clavados en él con completo descaro, definitivamente pensando en cuantas cosas deseaba gritarle y otras tantas que podía hacerle teniendo sus pistolas en mano. Esto era peor de cómo lo imagino, no solo casarse, sino ¡Casarse con un demonio! En cuanto llegó a unas cuantas conclusiones, le dio una mirada torva a su padre que no mostró signos de alteración, y pronto recuperó el habla.
_ "Si me disculpas madre, yo me retiro" La joven dio media vuelta para volverse a su habitación, aunque fue detenida por una mano que se cerró con precisión en su brazo. Ella se volvió con el ceño marcado.
_ "¿Realmente desea privarme de su presencia… señorita Arkham?" Esa voz la volvió a estremecer.
Ella intentó soltarse disimuladamente, porque aunque no le importara lo que él creyera de ella, no podía seguir actuando como una mocosa malcriada, no en frente de su madre, y mucho menos de Arkham que le daría un tiempo bastante duro más tarde. Sin embargo… su mordacidad no podía ser detenida…
_ "Su merced no debe de poner tanto énfasis en sus declaraciones, pues pareciera que realmente le importara mi insignificante presencia. Después de todo, no parece ser el tipo de persona clemente a una simple vida… humana" Le alzó una ceja, como diciendo 'Prueba que me equivoco… demonio'
_ "Curioso, no creí que una joven con su… vehemencia, se dejara llevar por las apariencias y las habladurías. Sin embargo, querida, admito que tiene razón. Mi clemencia a una simple vida humana puede ser discutida, pero ¿decir insignificante su presencia? No podría estar más equivocada, si esta cita la he pedido solo para verla. Después de todo, es mi prometida… ¿No es así?"
El albino le dio una mirada más que elocuente: "Atrévete a desmentirlo delante de tu madre y estás acabada" Si esta mocosa creyó que iba a retroceder con sus insultos adornados, estaba muy equivocada. Vergil era habilidoso en más de un sentido y la elocuencia jamás le fallaba. Sí, no tenía reparos de declarar su boda, aquí mismo y ahora, porque no importaba agotar los recursos necesarios para llegar al objetivo.
Él necesitaba que llegara viva al momento de la luna sangrante, y si para ello debía mantener su custodia legal como 'esposo', entonces lo haría, pues estaba seguro que su socio aquí no estaba enterado de los cambios de último momento; cambios en los que el hombre de ojos bicolor, ya no estaba incluido en las ecuaciones. De hecho nunca lo estuvo.
_ "¿Cómo es eso de prometida, señor?" Kalina estaba realmente confundida. Comenzó a mirar a los tres acompañantes en la habitación que parecían haberle ocultado algo. _ "Mary, jamás me ha dicho nada"
_ "Eso es porque quería sorprenderla, ¿no es así Mary?" Arkham la miró fijamente.
La joven boquiabierta, admitió que la declaración impulsiva de su 'prometido' la había tomado con la guardia baja y como resultado, no tuvo qué objetar. Con un gusto amargo de desencanto por la pequeña batalla perdida, Mary se entregó a mirar a su madre confundida, para darle una sonrisa forzada y temblorosa, que era más por la ira que le causaba tener que retroceder en una pelea, ya sea verbal… o física, que por el dolor de estómago que le ocasionaba mentirle.
_ "Así es, madre" Mary finalmente habló. Se acercó a ella que le extendía los brazos con una amplia sonrisa y la abrazó con suavidad.
_ "Mi niña, estoy tan contenta" Su madre le murmuró sobre el cabello, acariciándolo suavemente y debido a la posición, Mary no alcanzó a ver la sonrisa entristecida de la mujer.
Kalina la separó de si y le sonrió esta vez con mayor entusiasmo, la nostalgia en su mirada parda apagada que supo en su momento brillar con salud, como su piel pálida y ojerosa ocultando bajo la ligera capa de maquillaje, intentaban ocultar el agotamiento de un largo sufrimiento. Se volvió al hombre de cabello blanco, que inmute la observaba fijamente, con seriedad pero serenidad al mismo tiempo.
_ "Mis felicitaciones para ambos"
Una vez más, la descendiente de la sacerdotisa miró con calma a los dos jóvenes, mientras les sonreía con ternura. A pesar de sentir que conocía a ese par de ojos azules demasiado claros y ese cabello tan blanco como la nieve, no podía recordar de dónde; sin embargo, de algo estaba segura, esa extraña sensación, como una reconfortante calidez en su pecho, le daba una rara seguridad de que no podría entregar a su hija en mejores manos… extraño como parezca, sabía que el tiempo le daría la razón.
El destino haría lo suyo…
...
Ok. Odio el final de este capítulo, me ha traído tantos dolores de cabeza esta parte de la historia –sobre todo los diálogos de Verge- que me pareció desvariar en muchas ocasiones, no obstante, quise dejarlo abierto para el próximo, pues no veo la hora de escribir a la parejita ya junta :3 Buenas noticias: ¡Apareció Dante! Y al parecer ya conocía a Lady desde hace un tiempito y como en la verdadera historia, él le dio su nombre; no podía dejar a mi gemelo favorito fuera de esto :3 *Choca puños con Dante*… veremos cómo sigue, por ahora déjame saber lo que piensas de este capítulo.
* Balio –El caballo de Dante- Cuenta la historia que la yegua Podarga parió dos potros, Janto y Balio. Mientras el primero era negro e inmortal, el segundo era blanco y mortal. Ambos iguales, tanto fuertes como rápidos, fueron obsequiados a Peleo y Tetis en su boda, padres de Aquiles; padrillos que más tarde, acompañarían al héroe en el relato de la Ilíada. Ya se imaginarán el nombre del azulejo negro de Vergil xD.
Saludos, LadySky!
