Hola fanfic-readers, como va? Acá les traigo este capítulo bastante largo, espero sea de su agrado :)
Capítulo 6
Habían pasado unos días desde la salida de Rosalie con Emmett. Ella estaba cada día más sonriente, no había momento que no pensara en él. Sus hijos la veían diferente, pero ellos iban a la escuela y realizaban actividades extracurriculares, lo cual hacían que pasaran por alto el hermoso humor de su madre.
Rosalie se encontraba en su despacho, mirando su agenda y esperando que sea la hora de irse a casa para descansar.
Estaba echándole un vistazo a la lista de pacientes que le quedaban por atender, cuando el apellido McCarty llama su atención, Rose mira el nombre y aparecen los nombres de Mía y Zoey, ella sonríe y llama a Emmett a su celular. Ella sabía que las hijas de Emmett eran muy sanas, y Mía se encontraba mucho mejor ahora, no necesitaban una revisión.
Emmett contestó al primer timbre, y Rose sonrió.
–Hola, ángel–le dijo él, de forma seductora como solía hacerlo.
–Hola, oso–le respondió ella sin dejar de sonreír– ¿a qué se debe la cita médica de tus hijas? No las uses de escusa para vernos…
–¡Claro que no! ¿Qué cosas dices? Soy incapaz de hacer algo así…–empezó a decir él a la defensiva. Rosalie rió.
–Amor, tranquilo…
–Bien, quiero que te conozcan–dijo él, muy serio al otro lado de la línea.
–¿Y te parece que traerlas en una consulta conmigo es una buena forma para que nos conozcamos?–le preguntó ella conteniendo la risa. Emmett, se tomó su tiempo para contestar. Era obvio que estaba equivocado en hacer eso, pero prefería ese tipo de contacto antes de llevar a Rose y sus hijos a cenar con él y sus pequeños demonios.
–Si…
–¿Emm?
–Bien, no sé en qué pensaba, pero después de todo creo que a Zoey no le vendría mal una revisión, y quiero ver si están todas sus vacunas, tanto de Mía como de Zoey, ya sabes, hace un año no me encargo de esas cosas y…–Rosalie empezó a reírse y comprendió a Emmett.
–Está bien cariño, las atenderé como si fueran solo unas pacientes, no te preocupes–Emmett sonrió.
–Genial, estaremos allí en una hora–le dijo antes de colgar. Rose suspiró, el tiempo que había tenido a Mía en el hospital era una simple ida y vuelta, no la conocía en nada, y a Zoey sólo la había visto una vez. Rose pensó que tal vez estaba yendo muy rápido al querer que sus hijas la conocieran, si ella hacía eso con los gemelos, sabía de antemano que tendría problemas.
Tal como lo había dicho su novio, él y sus hijas llegaron puntuales. Rose se arregló un poco antes de recibirlos y le dijo a su asistente, Anne, que los llamara.
–Buenos días, doctora–le dijo Emmett, haciendo un tono burlón–por si no lo recuerda, me llamo Emmett–dijo tendiéndole la mano. Dos personitas aferradas a la pierna de Emmett la miraban con atención. Ella le tendió la mano también para tomarla, y antes de que hicieran contacto la mano de Mía estaba estrechando la de Rose. Ella trató de contenerse y miró a la niña, que la miraba seria y con el ceño fruncido.
–Oh, yo si me acuerdo de ti, preciosa, que mano firme tienes–le dijo Rose sonriéndole. La niña parpadeó sorprendida por la reacción de Rose y fue a colocarse detrás de su padre.
–¿Y tú debes de ser Zoey cierto?–le dijo Rose a la niña más pequeña. Zoey le dedicó una sonrisa a Rose y asintió en respuesta.
–Aquí tienes las libretas sanitarias…–empezó a decir Emmett mientras le daba a Rose la libretas de las niñas, ella las estudió atentamente, esperando que a ninguna le faltara ninguna vacuna.
–Papá, ¿para qué es esto?–le pregunta Mía a su padre, ella estaba al otro extremo del escritorio de Rose con un instrumento bastante extraño en sus manos. Emmett la miró preocupado.
–Hija, deja eso donde estaba, sabes que no tienes que tocar nada–le dijo Emmett.
–Pero yo quiero saber que es–dijo la niña haciendo un puchero. Rose levantó los ojos hacia ella sin levantar la mirada de las libretas.
–Es un Otoscopio mi amor, y sirve para revisar tu garganta, oídos, nariz o boca–le dijo Rose amablemente. La niña hizo un gesto de asco al pensar en todas las funciones que cumplía ese aparato. Lo dejó donde estaba y fue a sentarse en una de las piernas de su padre, en la otra estaba su hermana.
–Al parecer, según estas libretas, tus hijas están bastante saludables–le dijo Rose a Emm, bastante sonriente. Mía no le quitaba la vista de encima, le agradaba Rose, y a la vez le molestaba mucho que sonriera a su padre.
–Es bueno escuchar eso–dijo él– ¿estás segura que no necesitan una revisión?–le preguntó Emmett.
–Papá, si la doctora dijo que estamos bien es porque así es, ¿no es cierto?–le dijo Mía a su padre, mientras acariciaba su barba de unos días con una de sus manos. A Rose le daba mucha curiosidad esa criatura, al parecer Emmett si tenía trabajo cuando iba a casa.
–Deberías hacerle caso a tu hija, ellas no necesitan nada–le dijo sonriente, y levantándose para despedirlos de su despacho.
–Gracias–le dijo él, esta vez estrechando su mano sin importarle el intento de su hija por evitarlo– nos vemos luego.
–Así será–le dijo ella despidiéndolos con una sonrisa.
Emmett salió con una sonrisa resplandeciente en el rostro, llevaba a sus hijas tomadas de cada mano a sus costados y ambas iban tratando de seguirle el paso.
Una vez que las acomodó en el auto, se fue a su asiento de conductor, se puso el cinturón de seguridad y encendió el motor.
–Y preciosas, ¿les cae bien la doctora Rose?–preguntó Emmett, mirando por el espejo retrovisor a las niñas. Zoey le respondió con una sonrisa y aplaudiendo, algo que se le había pegado de Alice. Mía en cambio tenía el ceño fruncido, ¿por qué su padre le preguntaba si le caía bien su doctora?
–¿Debería?–preguntó ella. Emmett la miró con cara de reprobación, no le gustaban ese tipo de conductas que su hija tenía. Eso en parte era culpa de Alice, él lo sabía, pero ya no tenía remedio.
–Mía, deberías ser más amable, no me gusta que contestes de esa manera–le dijo él sin levantar la voz. Mía se cruzó de brazos.
–Rose fue un ángel conmigo cuando estaba enferma, pero eso no significa que me caiga bien, papá, pero habla como mamá–dijo finalmente ella. Emmett la miró sorprendido, ¿a qué se refería su hija con eso?
–¿Habla como mamá?–le preguntó. Mía soltó un suspiro exagerado.
–Cuando se dirigió a mí, me dijo mi amor, nadie me habla así más que Alice o la abuela algunas veces, y mamá lo hacía todo el tiempo…–dijo la niña. Emmett sonrió, él había pasado eso por alto, pero su hija no. Él suponía que Rose se dirigía así a todos sus pacientes, pero tal vez para Mía no era así. "Buen inicio" pensó.
Al llegar a su casa, las niñas corrieron a su habitación para jugar y hacer lo que siempre hacían. Emm las dejó, puesto que ese día el no las llevó al colegio para pasarlo con ellas e ir al doctor con Rose.
Emmett preparó el almuerzo, a base de verduras y cosas que Mía tenia permitido comer después de la cirugía. A la niña no le gustaba mucho, pero el siempre la compensaba dándole un postre de frutas.
–Chicas, el almuerzo ya está en la mesa–avisó, acto seguido escucho como dos pares de pies bajaban las escaleras a toda velocidad. Mía miró con desagrado su plato, mientras que su padre ayudaba a Zoey a sentarse.
–Vamos, dale una oportunidad, es lo único que puedes comer, o ¿quieres que te duela el estómago de nuevo?–le dijo él. Ella simplemente no dijo nada y continuó con la comida.
Una vez que terminaron de almorzar y Emmett lavó los platos, el timbre se hizo escuchar por toda la casa.
–¡Yo abro!–gritó Mía. Emmett rodó los ojos y se aseguró de ir a ver quién era.
–¡Tía Alice!–gritó la niña arrojándose a los brazos de Alice que estaba con cara de sorpresa.
–Hola, mi cielo, ¿te sientes mucho mejor, no es así?–le preguntó dándole muchos besos a su sobrina.
–Sí, aunque todavía debo comer esos vegetales asquerosos–hizo un puchero muy idéntico al de Alice. Ella la observó y rió.
–Pero mi vida, si comes todos esos vegetales, serás muy hermosa como yo y ¿quién sabe? Podrías llegar a ser modelo.
–No le des ideas, Alice–le dijo Emmett a su hermana, quien rió antes de abrazarlo.
–¿Piensas salir esta tarde?–le preguntó ella mirando a los ojos de su hermano. El sabía que se refería a Rosalie, Jasper ya se lo había contado todo.
–No lo creo, todavía tengo que hablar con mi hija sobre la escuela, hablar con unos compañeros de trabajo y tu seguro quieres salir con Jasper…
–Así es, esperaba que al volver todo a su normalidad, pudiera tener tiempo para mí–le dijo ella sonriendo, dejando a la vista sus relucientes dientes.
–Lo siento, sé que te he causado muchas molestias estos días…
–Está bien, Emm, estaba bromeando, ¿crees que no me divierto con esas dos?– ambos se sonrieron.
–¿A qué viniste?–le preguntó Emmett. Generalmente, cuando todo iba bien, Alice nunca iba a su casa, siempre estaba con Jasper o estudiando un curso de moda. Ahora las chicas no necesitaban niñera, y si fuera así, él se encargaría de contratar a alguien.
–Mamá me llamó, quiere conocer a Jasper–dijo ella apenas en un susurro.
–¿Y?–le dijo él.
–Quiere saber si tu también…–Alice se mordió el labio, no sabía si era seguro hablar de ese tema ahí, con sus sobrinas estando quien sabe dónde.
–Ya entiendo… No sé si Rose esté lista todavía– después de unos meses del fallecimiento de su esposa, la madre de Emmett, le había insistido con volver a casarse. Pero cómo le insistía, hasta había veces en las que ella misma le organizaba citas, ella no quería que sus nietas crecieran sin una figura materna a su lado, y era ese el motivo principal por el cual obligaba a Emmett a buscar una madre para las niñas.
–¿Y qué tal si le pides que mienta frente a mamá?–Alice tenía muchas ideas bastante disparatadas a veces.
–No puedo, la amo–los ojos de Alice se abrieron como platos, era la primera vez que su hermano hablaba de esa forma– además no creo que a Mía le guste la idea, y menos si tiene que fingir…–Alice hizo una mueca.
–Deberías encontrar una mejor manera de criar a ese monstruito.
–Hoy le pregunté si Rose le había caído bien, y me preguntó si debería caerle bien. Dime ¿de dónde saca esa forma de responder? Ya sé que eres tú, no importa–Alice sonrió con inocencia.
–Lo siento.
–Ya, de acuerdo. Gracias por avisarme Alice, pero no era necesario que vengas, con una llamada alcanzaba–dijo él, despidiéndola con un abrazo.
–De todas formas quería venir a ver a mis sobrinas, deberías arreglar una cita con Rose, sus hijos y tus hijas, seguro van a llevarse bien–dijo ella, dándole un sonoro beso en la mejilla. Emmett rodó los ojos.
–¿Quieres que te lleve?–le preguntó.
–No, traje el porsche–dijo ella guiñándole un ojo, para salir por la puerta.
–Adiós, cuídate mucho–le dijo a su hermana, sonriendo.
–Igual tu–dijo ella, y luego se fue.
Rose había vuelto a su casa, y sólo le quedaban quince minutos de descanso para después salir nuevamente a buscar a los gemelos.
Se preparó unas tostadas y las acompañó con un jugo de naranja. Desde que Royce se había ido, no volvió a poner un pie en la casa, ni siquiera llamaba. Rose estaba molesta, porque pensaba que a él no le interesaban siquiera sus hijos, algo que en parte era cierto pero le costaba reconocer.
Terminó de comer y llevó los platos al fregadero, pero el tiempo ya estaba justo y debía irse. Los puso en agua, agarró su cartera y las llaves del auto y se fue.
–¡Mamá!–gritaron los gemelos a la vez cuando la vieron, Rose apenas había bajado del auto, al parecer llegando unos minutos tarde.
–Hola mis amores, ¿Cómo les fue hoy?–dijo Rose abrazándolos y recibiendo un beso en cada mejilla por parte de los niños.
–Muy bien, ¿ahora vamos a clase de karate?–le preguntó Thomas. Rose asintió y les abrió la puerta del auto para que subieran.
–Mamá, ¿Cuándo salgamos de karate podemos ir a McDonalds?–Rose rodó los ojos, odiaba esos lugares por la comida que ofrecían. Ella no quería intoxicar a sus hijos.
–Tal vez mañana, cielo, hoy se hará muy tarde y deben ducharse–les dijo ella mirando la carretera. Llevó a los chicos a karate y decidió volver a su casa para dejar las mochilas de los niños y tener una hora exclusiva para ella.
Su teléfono sonó varias veces antes de hacerla despertar. Luego de dos llamas perdidas y con la tercera insistiendo, Rose despertó. Miró la hora, que marcaba las 18:30 pm, sólo le quedaban diez minutos para después salir a buscar a sus hijos.
–Rosalie Hale–respondió a la llamada, sin mirar de quien era.
–Hola, ángel–Rose sonrió al instante–¿te desperté?
–Mmm, tal vez, pero gracias por hacerlo–dijo ella sin dejar de sonreír– ¿sucede algo?
–Quiero invitarte a cenar… con tus hijos–dijo él decidió. Rose se sentó en la cama y analizó la situación.
–No sé si sea correcto…–dijo ella. Para empezar, ella todavía no le había dicho a los chicos que salía con Emmett, y no sabía cómo tomarían la noticia.
–Escucha, creo que es lo mejor, al fin de cuentas terminarán enterándose tarde o temprano. Es mejor que lo sepan de nosotros y no de otras personas, ¿no crees?–Rose lo pensó un momento, y sabía que Emm tenía razón.
–¿Pero no te parece que sea muy pronto? Digo, sólo llevamos saliendo unas semanas, ni siquiera un mes.
–Cariño, por cómo van las cosas entre nosotros, no necesitamos que pase un mes si sabemos que estaremos años eternos juntos–dijo él de forma seductora. Rose se sonrojó.
–Emmett… hablo en serio–dijo ella mordiéndose el labio.
–Y yo también hablo en serio, ¿Qué dices?–Rose rió.
–De acuerdo, está bien–dijo sonriendo–pero debo dejarte, la clase de karate de los chicos termina en quince minutos, no quiero llegar tarde–dijo ella.
–Está bien, preciosa, te llamo mañana, ¿sí? Saluda a esos muchachos de mi parte– dijo él riendo. Rose rodó los ojos.
–Hasta luego, Emm.
–Hasta luego, Rose–dijo y colgó.
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