Capítulo 4:

El fuego lo consumió todo.

Así como el sol se tornaba anaranjado y el día moría lentamente en el crepúsculo, las chicharras se anunciaban a campo abierto, donde la vida que se conoció ya no volvería a ser la misma.

_ "Te digo que ya está abandonado. ¿A caso no lo ves?"

_ "No me gusta este lugar, me da mala espina, por algo la casona aún está en llamas, eso quiere decir que deben estar cerca todavía. ¡Vamos Emmet! Volvamos al burdel por algunas chicas"

_ "¡Enzo, todavía no entiendo cómo te uniste a los Rebeldes con lo cobarde que eres!"

La discusión normal entre los novatos forasteros había ganado terreno en las caballerizas de esta estancia que habían hallado abandonada mientras deambulaban por el bosque a pocos kilómetros de aquí. La vieja mansión había sido consumida por las llamas, pero el establo que estaba bien alejado se mantuvo en buenas condiciones; afortunadamente con todos los caballos sanos.

_ "Te digo que no hay más que caballos aquí Emmet ¿Qué carajo vas a encontrar más que bosta y heno?"

_ "Enzo si te vino el período entonces ¡muévete y déjame inspeccionar a mí! Estos ricachones tienen que tener algún escondite secreto donde guardan las cosas valiosas. ¿Sabes lo que son cosas valiosas? Esas que te pagan las putas, Enzo. Y las que te pagan el alcohol, borracho estúpido"

_ "Pues supongo que-"

Y entonces un sonido interrumpió.

_ "¿Qué fue eso?"

_ "Shhh" Emmet le tapó la boca con una mano. _ "¿Oíste?" Sus ojos revolotearon por el lugar, tratando de agudizar el oído.

_ "Mh-nh-mh-mhmm" Enzo rezongó.

_ "Shhh. Ahí está de nuevo" El sonido era como un jadeo entrecortado y de a momentos lejano.

Con mucha cautela, Emmet desenfundó su Remington que llevaba terciada sobre la espalda y apuntó entre unas matas de heno en el esquinero del fondo. La poca iluminación del anochecer comenzaba a dificultar la visión, sin embargo, se acercó despacio soltando el agarre del italiano, que curioseando mantuvo la guardia detrás de él. Reguló la respiración y a la cuenta de tres, Emmet empujó un poco de heno con la punta de su rifle mientras sentía golpear algo metálico en el proceso.

Los dos retrocedieron de un salto.

_ "¡¿Pero que-?!" Enzo se tapó la boca con las manos.

Era un lío de sangre, cubierto de heno y hollín. Asido con fuerza a una enorme espada de diseño medieval, un pequeño tiritaba, hipaba y jadeaba, intentando contener las lágrimas y controlar su respiración. Sin embargo, cuando alzó esa mirada azul grisácea oculta bajo su cabello oscurecido por el hollín, Emmet descubrió un par de ojos que lo paralizaron por minutos, hasta golpearlo con una dura realización.

_ "Es él" Rompió el silencio.

_ "¿Qué?"

_ "Es… es igual que el tipo de la pintura"

_ "¿Qué pintura, de que-?"

_ "Enzo" Lo miró directamente a los ojos. _ "Es idéntico al tipo de la pintura. Esa que vimos el otro día cuando nos colamos en el castillo. ¿Recuerdas cuando Grue se quedó como raro y pensativo mirándola?"

_ "Oh…" El italiano cayó en la cuenta. Volvió su atención al niño tembloroso. Parecía mal herido. _ "Hey crío… ¿Te encuentras bien?" Y con cuidado acercó la mano para ayudarlo.

_ "¡GRRrrr!" El pequeño albino enseñó sus dientes filosos, con los iris cobalto bordeados por una fina línea escarlata y pequeñas venas púrpuras latiéndole en el cuello. El hombre retiró la mano con rapidez.

_ "¡¿Qué carajo?! ¡¿Viste eso?!" Con los ojos ensanchados, Enzo retrocedió unos pasos. Emmet se quedó mirando al pequeño detenidamente.

_ "Hazlo de nuevo"

_ "¿Qué? ¿Estás loco? Hazlo tú si quieres perder la mano"

_ "Maricón" Murmuró.

Como si se tratase de una fiera, Emmet acercó la punta de su rifle para tocar al niño en el hombro. No se esperaba la próxima reacción, pues el pequeño híbrido gruñó más fuerte y esta vez se abalanzó hacia los Rebeldes. El repentino movimiento tomó por sorpresa al joven, que por acto reflejo, estremeció el dedo en el gatillo.

Un disparo inquietó a los caballos y luego… silencio.

_ "¡Lo mataste! ¡Mataste a un niño!"

Enzo, completamente horrorizado, se llevó las manos a la cabeza. Jamás lo creyó capaz. Estaba comenzando a creer que había sido mala idea unirse a los rebeldes para ganar plata 'fácil'.

El peliblanco había flaqueado ante el impacto en el pecho, que por inercia le hizo perder el agarre de su espada y caer de espaldas de nuevo al heno, donde ahora, yacía su cuerpo con una flor escarlata brotando de la herida que comenzaba a sanar lentamente.

_ "¡No lo puedo creer! ¡Lo mataste!" Enzo negó con la cabeza. _ "Yo me largo de aquí"

_ "¡Cierra el pico Enzo y mira!" Emmet estudió al albino con fijeza; su compañero italiano intentó calmarse y hacer lo mismo. _ "Dame tu chaqueta"

_ "¿Qué? ¿Para qué quieres mi chaqueta?"

_ "Solo dámela"

_ "No"

_ "¡Enzo! Voy a envolverlo con ella y lo llevaremos para que Grue lo vea"

_ "¡No vas a meter a un cadáver en mi chaqueta!"

_ "¡Que no está muerto! ¡¿Ves?!"

A pesar de ser casi imperceptible, el movimiento del pequeño pecho indicaba la respiración calmada, como si estuviera en un sueño profundo. Con ligero temblor, Enzo se quitó el abrigo y se lo entregó a Emmet, quien envolvió cuidadosamente al pequeño mestizo en ella. Se agachó para conseguir la espada medieval y se la arrojó a Enzo, que con torpeza intentó sobrellevar el peso del filoso acero. Se llevó al niño sobre el hombro y con determinación, Emmet tomó uno de los caballos para llegar cuanto antes a Grue. No se imaginaría ni en millones de años lo que tenía para mostrarle. Se ganaría la confianza del jefe y quizás algún otro beneficio más.

Enzo se quedó mirándolo con incredulidad y sacudió la cabeza, no queriendo pensar en las consecuencias de sus actos, pues tenía el presentimiento de que pagarían caro por esto. Sin embargo, antes de salir se volteó rápidamente a sus espaldas, ya que le había parecido oír un quejido muy débil proveniente desde el mismo rincón; aunque quizás a estas alturas estaba algo paranoico. Salió con rapidez, montando uno de los caballos para seguir a Emmet, perdiéndose en aquél rincón una delgada mano ensangrentada que se estremeció casi imperceptiblemente.

Pronto ambos mercenarios se perdieron por el camino hacia las colinas Ferrum, a unos cuantos kilómetros al este, donde el sol anaranjado se ocultaba tras sus espaldas y le coronaban el final del día.

El día en que nada volvería a ser lo mismo.

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Miles de pequeños copos bailoteaban al aire helado de la noche, sumándose a ese colchón blanco que se extendía a lo largo y a lo ancho de Fortuna brillando en su esplendor albo bajo la luna perfectamente redonda en lo alto de la oscuridad; esa luz que se difuminaba entre el ramaje deshojado de los altos cipreses a su alrededor y se perdía en las sombras.

Exhaló suavemente una nube blanca de vapor mientras cerró los ojos, entregándose a oír el silencio con calma, el puño apretando firmemente a Yamato entre sus dedos. Su capa azul oscura ondeaba milimétricamente, rozándole las botas que se hundían bajo la nieve, y aun podía sentir cómo los copos acariciaban su rostro pétreo al inclinarlo hacia arriba, abriendo lentamente los parpados caídos de aburrimiento. Él miró fijamente la luna. Sus orbes cerúleos helados brillaban como perfectas esferas de plata.

Vergil no estaba pensando ni mucho menos tramando algo. De hecho, estaba reflexionando.

Ya habían pasado dos semanas de haber contraído nupcias con la 'mocosa obstinada' y vagamente se preguntaba si había sido una buena idea traerla a casa consigo. Se negó a creer que se había equivocado, más aun sabiendo el destino que le esperaba si ella permanecía bajo el mismo techo que William. Apegarse al plan había parecido lo más lógico al momento.

La boda se había efectuado en la más estricta confidencialidad de la mansión Arkham, donde no más de treinta personas acudieron a la ceremonia, todos por parte de la novia; por parte del novio no hubo invitados y nadie cometió la indiscreción de preguntar el porqué. Se sabía de su padre, pero nada de su madre, y aunque se sospechaba quien lo había criado, nadie se animaba a darlo por sentado. El silencio era la elección más inteligente si se quería conservar la vida.

A ciencia cierta, Vergil no estaba interesado en absoluto que la gente supiera de sus planes, sabía que tarde o temprano el rumor correría de todos modos. Y en cuanto a Mary, también lo prefería así; ella se ahorraría la humillación, aunque sabía que se había convertido en el blanco perfecto de los cotilleos recelosos de las solteronas en todo Fortuna.

Sin embargo, tras dos semanas de convivencia, el semidiablo supo que esa insolente se había convertido en una molestia. Una de las grandes. De esas que traen varios dolores de cabeza. No, no era por sus constantes miradas de desprecio o esos patéticos juegos de palabras a los que ella llamaba insultos; no, nada de eso. Él fácilmente evadía su existencia. El punto de quiebre sobrevino cuando ella sobrepasó los límites de su tolerancia, lo cual fue el comienzo de una innegable cadena de sucesos que lo trajo hasta aquí a estas horas de la media noche.

Un momento. Un estúpido e insignificante acto que se inició como una muestra de superioridad, bastó para literalmente rasgar una parte de sus convicciones dejando que entre la luz. Era como un claro de sol calentando suavemente un cubo duro de hielo; un frío y calculador iceberg que era su alma, dejándolo gotear lentamente en su interior para descubrir algo que había muerto hace mucho. O al menos… él creía haber asesinado con eficacia hace tiempo.

¿A caso Cassandra había tenido razón?

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...

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_ "Ya la acomodé en su cuarto sobre el ala sur" Le comentó la mujer con las manos enguantadas y los dedos entrelazados frente al torso. _ "Parece que no ha tenido quejas hasta el momento. Es amplia y tiene una linda vista al bosque"

El escritorio los dividía y más aún la indiferencia de Vergil sobre el tema, ya que sumido en la lectura de su libro, apoyaba cómodamente las botas sobre el roble y aguardaba que su taza de té se tornara a una temperatura potable. La mujer suspiró ante la evasiva, recorriendo sus ojos por las estanterías que abarcaban las paredes en su totalidad, desde el cielorraso al piso repletas de libros, antes de volverse al heredero de Sparda.

_ "Deberías considerar la opción que te ofrecí, Vergil" Comentó tranquilamente. _ "Más vale prevenir que curar"

_ "Cassandra, recuérdame cuándo fue que pedí tu consejo" Comentó el albino, volviendo la página amarillenta cuidadosamente. Su tono no era para nada bromista. No en absoluto.

_ "Vergil" Ella sentenció firmemente y sin miedo.

El hombre alzó una ceja delgada ante la impertinencia y le devolvió la mirada aburrida, encontrándose con los pacíficos pero determinantes orbes níveos de la mujer. Azotando el libro cerrado contra el escritorio, el híbrido suspiró con desgano.

_ "Te dije que no es necesario. No pasará" Afirmó, alzando su taza para beber un sorbo.

Un silencio palpable se adueñó del lugar, dejando al diablo de azul en la espera a que se desalojara la sala de su uso privado antes de perder la paciencia, sin embargo, la mujer no parecía dispuesta a marcharse en el corto plazo. Este era un tema de suma importancia al que Vergil no debía subestimar. Ella podía sentir que se avecinaban grandes problemas con solo ver esa tensión entre ellos, y el predecirlo mediante su psiquis había sido alarmante…

El fuego tenaz de ella contra la déspota e inhumana naturaleza de él. La sangre pura de la sacerdotisa contra el alma oscura del heredero de Sparda… Nueve lunas sangrantes… Nueve meses era demasiado tiempo para mantenerlos desinteresados el uno del otro…

_ "Ella es una mujer joven y hermosa…" Comentó mirándolo fijamente, buscando una reacción. _ "… Y tú un hombre de pocas palabras que siempre consigue lo que quiere-"

_ "Fuera" Le espetó con firmeza, retomando su lectura. _ "No tengo tiempo para tus parrafadas"

La anciana lo observó por unos minutos en silencio antes de suspirar y volverse a la puerta para salir. Con la mano sobre la falleba, inclinó la cabeza para hablarle por encima del hombro.

_ "No olvides para qué la trajiste, Vergil. Odiarás involucrarte con ella y luego tener que-"

_ "Jamás lo haré. No te confundas, yo no soy mi padre" Él la fulminó con una mirada a muerte. _ "Ahora vete. No te lo diré una tercera vez"

_ "… Solo… no pierdas de vista el final del camino… Eso es todo"

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Vergil gruñó por lo bajo, la empuñadura de Yamato sonó quejándose ante el apriete de sus dedos pálidos alrededor. No podía tolerar este tipo de pensamientos vagando por su mente; su cuerpo completo era como un mecanismo finamente pulido al que exigía completa obediencia, por ello no podía permitirse este estado vacilante que lo desconcertaba. Esto era totalmente desquiciante.

'Maldita mocosa obstinada' Resopló con frustración y enojo, volviendo la mirada de desprecio sobre un hombro, donde muy a lo lejos se veía la mansión como un pequeño bulto en el horizonte.

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Mary suspiró pacíficamente al sentir el aire fresco de la madrugada. El sol aún no se asomaba por el horizonte, pero la claridad bañaba los campos con su luz tenue, obsequiándole un efecto soporífero a sus ojos cuando la bruma del campo se elevaba a sus fosas nasales para deleitarla con el aroma a tierra húmeda, y las chicharras parecían cantar al son de sus pasos sobre los pastizales.

Todo estaba tan calmo. Se sentía tan bien, con una paz que no había tenido durante mucho tiempo...

Parpadeando con pereza, Mary notó una casona en medio del campo por el que se habría paso a zancadas lentas, y rápidamente se encontró frente a la puerta principal, como atraída por una fuerza mayor. Descubrió que el viejo pero bien cuidado roble estaba sin cerrojo y se animó a empujarlo para abrirlo con suavidad, reconociendo una sala de estar que le parecía familiar.

_ "¿Hola?" Ella frunció el ceño cuando su voz lejana apenas sonó como un eco.

Sin embargo, el taconeo de unos pasos nerviosos sobre los tablones de madera despertó aun más su curiosidad. Vio a un hombre caminando de un lado a otro, fregándose la cara y el cabello con una ansiedad más que palpable, y vagamente se preguntó si él había notado su presencia. No obstante, la cazadora no se sintió inescrupulosa al avanzar por el pasillo del fondo, cuando una claridad la sedujo, sin importarle la impertinencia. Mary avanzó por los tablones de madera pulida, sin hacer ruido alguno, hasta que se encontró con la puerta entre abierta de una habitación. Las bisagras chillaron abiertas cuando suavemente empujó el roble pintado de blanco, para presenciar una escena que le hizo fruncir el ceño, nuevamente por la familiaridad.

Esa luz de las velas rellenando el ambiente con calidez aclaraba un poco más la madrugada, donde el tiempo pareció detenerse para la mujer tendida en la cama, o al menos eso hubiera deseado. Trataba con todas sus fuerzas, gruñendo cuando el dolor se hizo vivo en cada terminación nerviosa de su cuerpo. Se aferró con fuerza de los barrotes de bronce en el respaldo de la cama y sus nudillos emblanquecieron, mientras su rostro se enrojecía brillando de sudor.

_ "Vamos… solo un poco más" Le murmuró la mujer frente a ella, alistada para recibir a la criatura.

Con un último gruñido, la morocha tendida en la cama ofreció su última cuota de fuerza, antes de azotar su cabeza cansada sobre la almohada, oyendo el llanto tan esperado y tan desgarrador para su alma, que ella también comenzó a llorar cuando las fuerzas le volvieron. Sabía que le sería arrancada de sus brazos. Su traición costaría un alto precio.

_ "¡No! ¡No por favor! ¡Se lo suplico!"

Mary oyó la voz del hombre por el pasillo a sus espaldas y no pudo evitar sentir escalofríos que endurecieron su estómago de nervios; como si supiera lo que estaba a punto de suceder. ¿Acaso ya había vivido esto? ¿Era todo un sueño? Se apartó de la puerta avanzando por la habitación, en silencio buscando respuestas y dejando que la secuencia difusa le aclarara las ideas. ¿Cómo es que nadie se percataba de su presencia?

La puerta se azotó con fuerza para dejar pasar al hombre alto y distinguido que se adueñó del lugar con su aura oscura, ganando un par de jadeos de sorpresa por parte de las mujeres presentes en la habitación. La dama tendida en la cama no pudo evitar temblar, la que sostenía al bebé arropado lo abrazó contra su pecho. Mary solo se sorprendió por la sensación angustiosa que le presionó el pecho.

La capa púrpura oscura ondeó a su paso cuando marchó hacia la mujer parada al final del lecho sosteniendo el bebé en brazos. Ella lo miró sin miedo y le enseñó a la criatura llorando. Como sus gélidos ojos muertos se posaron en la pequeña, él la estudió sin mueca en su semblante pálido y duro, y alzó una mano con suave determinación.

_ "¡No! ¡No por favor!" El hombre que había gritado en el pasillo momentos atrás, se abalanzó al medio de la sala.

_ "¡Tú!" Advirtió en esa voz oscura y déspota que solo él podía poseer, haciéndolo frenar al instante. _ "Ustedes…" Corrigió, señalando con desdén a la dama postrada en el lecho. _ "Me traicionaron"

_ "No, no, no es cierto" La mujer negaba con la cabeza; sus ojos húmedos estaban inyectados por la angustia de su llanto y las manos le temblaban por alcanzar a su bebé envuelto que sollozaba incesantemente.

_ "¿Me llamas mentiroso?" El albino la fulminó con una mirada altiva.

_ "¡No! Por favor, su Majestad, no. Y-yo solo…" El miedo hacía temblar sus labios y esa mirada tan clara y tan oscura al mismo tiempo, le hacía bajar su propia vista hacia el edredón que la cubría.

_ "Tú solo… desobedeciste una orden" Se acercó lenta y calculadamente.

La mujer visiblemente temblaba.

_ "¿A caso no fui claro?"

Su condescendencia era más que abrumadora. Más bien espeluznante.

_ "O quizás aún no comprendes bien lo que acabas de hacer…"

Se inclinó a centímetros de su rostro, donde su aliento helado le golpeaba las mejillas abarrotadas de lágrimas, mientras cerraba el puño en uno de los barrotes de la cama.

_ "Te ordené que fueras la última descendiente de tu línea de sangre ¡¿A caso no fui claro?!" Vociferó aunque su rostro ni se inmutó.

La mujer hipó cerrando los ojos con fuerza cuando el sonido del metal siendo arrancado de su materia vibró en el aire.

Mary juró que moría de ganas de tener su 'Kalina Ann' en este momento para enseñarle cuan clara ella podía ser con los demonios. La ira que a la vanguardia le aceleraba el pulso, se asimilaba con la adrenalina que le recorría cada vez que cazaba a esos bastardos.

_ "¡¿A caso no entiendes lo que debo hacer con ella ahora?!" Señaló al bebé alterado.

_ "¡NO!"

Desbordado, el hombre detrás de ellos se abalanzó al evidentemente más alto y fuerte de los dos, que con un solo barrido al aire de su mano enguantada lo dejó inconsciente en el piso, como si lo hubiera bloqueado con solo usar su energía.

'¿Por qué haces esto?' Gruñó Mary '¡¿A caso no eres el Salvador?!'

Lo vio incorporarse y volver la mirada a la joven mujer con el bebé en brazos, soltando el barrote de metal al suelo. El 'clang' contra los tablones de madera, marcó a fuego cada segundo tenso. Sin embargo, la dama de cabellos oscuros y ojos demasiado claros, parecía tranquila, transmitiendo una paz que aun así no amenguaba los sollozos de la criatura en sus brazos.

_ "Tú también me desobedeciste… Cassandra" Se acercó a ella lentamente.

'¿Cassandra?' Mary repitió con sorpresa. Su boca se abrió, pero no pudo modular una simple palabra. Quiso moverse pero su cuerpo no respondió.

_ "¡Por favor!" La joven recostada tuvo el impulso de moverse. Fue inútil pues el dolor y el agotamiento la mantuvieron inmóvil. _ "Ella solo me ayudó… Yo la traje hasta aquí"

Se hizo una pausa donde los sollozos de la criatura eran lo único que se oía en toda la casa y la tensión casi visible esperaba por el tan ansiado desenlace.

_ "Solo… Déjeme calmarla… Se lo ruego" La mujer abatida murmuró con voz ronca.

_ "… Un minuto" La voz oscura y exigente rompió el silencio. _ "No querrás encariñarte demasiado con ella" Finalizó antes de asentirle en un gesto a Cassandra.

Con pasos calmos, el hombre salió por la puerta y se detuvo en el pasillo, mientras oía a la mujer olfatear para calmar su propio llanto.

Mary lo observó con furia. Sabía que no se había equivocado. No se podía esperar menos de un demonio. Si tan solo Patty o todos los habitantes de Fortuna lo vieran en este momento… Se volvió a la madre sosteniendo al bebé y se acercó a pasos lentos. ¿Por qué le era tan familiar?

La dama tarareaba con entrecortada pero dulce voz una canción de cuna, mientras la mecía suavemente en sus brazos. Sonrió cuando, como por arte de magia, el bebé se calmó y abrió los ojos con un pequeño arrullo que equivalía al reconocimiento de su madre.

La joven cazadora tragó saliva cuando la vio apretar al bebé contra su pecho. Nunca había sido tan sentimental con estos asuntos, pero algo le decía que esta vez era diferente. Muy diferente.

_ "Por Dios… ¿qué te he hecho?" Se mortificó la dama.

_ "¿Has elegido un nombre?" Preguntó Cassandra. Ella le devolvió la mirada confusa.

_ "Si…" Gimió tragando un sollozo. _ "Kalina… Kalina Ann, como mi madre"

'¿K-kalina Ann?' Mary sintió como si la sangre abandonara su cuerpo y sus rodillas casi cedieron. Casi. ¿Qué era todo esto?... ¿Por qué? De repente, la secuencia se volvía más rápida de lo que hubiera deseado, pues aún no hallaba con la razón de todo esto.

_ "Fue suficiente" La voz en el vano de la puerta aclaró.

Con un último beso en la frente de la pequeña, la mujer intentó aferrarse de la niña todo el trayecto hasta entregársela a Cassandra, quien la tomó con delicadeza.

'No' Mary rompió, negando compulsivamente con la cabeza.

Naturalmente, al sentir como le desgarraban el alma, la mujer postrada en la cama rompió en el más amargo y abatido llanto desconsolador, mientras veía a ese par alejarse con su pequeña llorando.

'¡No!'

Como instinto, Mary se entregó a seguirlos. Intentó correr pero sus piernas comenzaron a pesar toneladas, por lo que caminaba con muchísimo esfuerzo. Agitada, se aferró al marco de la puerta y les gritó que se detuvieran, pero su voz aún se negaba a salir. Esa claridad en el horizonte que se filtraba por la puerta abierta y deslumbraba las siluetas abandonando la casona, comenzaba a lastimarle la vista y ella frunció el ceño.

'No, no' Repetía, mientras un dolor punzante la atravesó de sien a sien logrando que cayera de rodillas. Llevando sus manos a la cabeza como impulso, Mary sintió una calidez fluir por su labio superior, llenándole la boca con un desagradable gusto metálico, hasta gotear en el mentón. Las sospechas se disiparon cuando se cubrió la nariz con la mano y la retiró para ver sus dedos manchados por un escarlata profundo.

'¿Sangre?'

Demasiada sangre. Sus manos saturadas comenzaron a temblar y una calidez que rápidamente se convirtió en incómodo calor ardiente se apoderó de su alrededor. Con mucha dificultad, Mary alzó la vista adolorida para llevarse una nueva sorpresa, una que la ahogó al tiempo que descolocaba todo el rompecabezas que eran sus ideas ahora. Las paredes del pasillo ya no eran las mismas y estaban ardiendo en fuego, el humo negro le cegaba la vista y comenzó a toser cuando el oxígeno se consumía ante el calor insoportable.

Como pudo, la joven cazadora se alzó en sus pies agotados y se volvió hacia atrás cuando oyó unos pasos apurados y pequeños, arrastrando algo por los tablones de madera.

'¿Qué es todo esto?'

Vio a un pequeño de no más de siete años acarreando sobre su espalda y con dificultad el peso de una mujer adulta muy mal herida, ambos indescifrables bajo los mantos de hollín y sangre. Solo podía oír la voz angustiada del pequeño que se mezclaba con el crepitar ardiente del fuego, rogándole a su madre que no lo abandonara.

'¿Quiénes eran?' '¡¿Qué es todo esto?!'

Frustrada, enfadada y cada vez más confundida, Mary tropezó siguiendo los pasos del niño hasta la salida. Esto tenía que ser una pesadilla.

El aire puro fluyó salvajemente por sus vías respiratorias y ella cayó nuevamente de rodillas al suelo firme, tras haber escapado del incendio. Tosiendo desesperadamente, Mary intentó llamar al niño, pero fue en vano, solo lo vio con los ojos muy nublados, alejarse hacia un establo a varios metros de distancia. Se dejó caer por completo al suelo y giró sobre su espalda para descansar; se sentía exhausta y muy confundida.

Instantes después sus parpados se movieron para dejar brillar al pardo rojizo y verde azulado de sus orbes desiguales, encontrándose con el cielo oscureciendo en sus violetas, azules y rojizos. Abrumada, se sentó en el crujir de los pastizales y se mareó.

La joven parpadeó y se fregó los ojos antes de alzarse cuidadosamente sobre sus pies, sin perderle la mirada fija al pequeño dándole la espalda. Lucía terrible, probablemente porque estaba enfocado en la horrible visión de la mansión engullida por el fuego ardiente. Llevaba la ropa rasgada, sangre y suciedad cubriéndole la piel blanca, el cabello revuelto y temblaba con el frío acreciente del crepúsculo. ¿Era el mismo pequeño de hace un rato?

Inevitablemente se acercó a zancadas cuidadosas, extendiendo una mano para tocarle el hombro con suavidad.

- "Hey, ¿Te encuentras bien?" Mary murmuró con tiento.

Él no reaccionó, no se negó, ni se apartó o se quejó, solo giró muy lentamente hacia ella. Con las mariposas invadiendo su estómago y una presión extraña oprimiéndole el pecho, la joven abrió los ojos con sorpresa al descubrir que el pequeño, en cuestiones de segundos, era un demonio tamaño adulto de ojos oscuros, piel dura como cuero azulado y negro, de garras y dientes afilados, abalanzándose sobre ella para hincarle los colmillos a la altura de la yugular.

_ "¡Nahgg!"

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_ "¡No!" Con un jadeo, Mary se incorporó súbitamente en su lecho.

La frente le relucía en sudor frío y con una mano temblorosa se acarició el pendiente rubí colgando de su cuello, ese que su madre le había obsequiado antes de su boda como 'amuleto de la buena suerte'; fue solo por acto reflejo, presumió. Y suspiró. Había sido la pesadilla más interminable y vivida que tuvo en toda su vida. Las imágenes goleaban su memoria una y otra vez, obligándola a apartar la mirada hacia el enorme ventanal que tenía su habitación con vista al bosque, para cerciorarse de que había despertado a mitad de la noche.

En el exterior, los copos continuaban cayendo lenta pero constantemente bajo la brisa suave y el reflejo de la luna le barría las tonalidades de las paredes y los muebles a su alrededor.

_ "¿Qué tiene que ver mi madre con Sparda… y Cassandra? ¿Sangre y fuego? ¿Qué fue todo eso?" Murmuró para sí misma, barriéndose el flequillo a un lado.

Sabiendo que no volvería a conciliar el sueño fácilmente, Mary apartó las sábanas revueltas y se incorporó sobre sus pies descalzos, sintiendo el inminente frío invernal clavarse en la planta de sus pies como pequeñas agujas de hielo. Se estremeció ante la sensación que le erizó la piel, sin embargo creyó que al menos el frío la mantendría ocupada, lejos de sus pensamientos mientras paseaba por los pasillos de la enorme mansión hasta la cocina. Necesitaba un poco de agua para digerir tanta información.

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Vergil oteó perezosamente su alrededor, respirando lo más calmadamente posible. El 'clic' de Yamato desenvainándose con solo un movimiento de su pulgar podría haber hecho eco en el silencio sepulcral del bosque, sin embargo, ese silencio no tardó en romperse. 'Justo lo que necesitaba'

Siete sombras que oscurecían detrás de los altos cipreses se movieron como humo negro tomando forma. Sus risas sardónicas no tardaron en hacerse oír, aunque el hibrido y su temple de acero –para ciertas ocasiones- se aprestaba solo a mirarlos con la altiveza y aburrimiento usual de sus ojos plateados. Les tomó segundos moldearse a su imagen, como espejos a su alrededor, oscuros y humeantes demonios que lo rodeaban y se reían, se mofaban de él.

_ "Vástago de Sparda… ¿Listo para sufrir?" Las voces satánicas sonaron al unísono.

Vergil se rio suavemente, negando con la cabeza muy despacio.

_ "Patética escusa de demonio" Suspiró, mirando a ninguno en particular. _ "Si lo único que sabes hacer es este truco barato, pues…"

Yamato zumbó desenvainada por completo, cortando los copos de nieve a su alrededor con facilidad. Les tomó segundos arrinconarlo con sus réplicas del arma, intentando cortarlo, empalarlo o simplemente herir su orgullo; aunque con un movimiento veloz sobre sus talones, Vergil batió su arma de confianza al tiempo que giraba, haciéndolos retroceder visiblemente.

Uno de los demonios aulló cuando el filo le atravesó la carne de su brazo a la altura de la muñeca que sostenía el arma humeante. Y el hijo de Sparda siseó suavemente en reconocimiento. Frunciendo el ceño bajó la mirada a la mano que sujetaba su legado, solo para notar con ligera sorpresa el corte profundo en su abrigo azul oscuro manchado por su propia sangre. El valor carmesí chorreaba a sus nudillos pálidos y endurecidos de tanto sostener a Yamato con firmeza. Él ladeó una ligera sonrisa.

_ "Interesante" Admitió con un movimiento de cabeza. Se volvió a los demonios frente a él, alzando una ceja arrogante. _ "Pero no lo suficiente"

Con sus sonrisas diabólicas ampliándole los labios delgados, los siete doppelgängers humeando en negro se fundieron en uno solo.

_ "Jhm… jhm… hm… Tan arrogante como tu padre…"Vergil frunció aún más el ceño con un tinte amenazante en su mirada; las comparaciones nunca fueron de su agrado. _ "Pero no lo suficientemente bueno como para entretenerme… Vergil"

_ "Jhn"

El descendiente de Sparda concentró su energía alrededor, formando dagas cobaltos brillantes que resplandecían en la noche. Inmóvil, Vergil lanzó el primer grupo de dagas, con la mirada siguiendo cada esquive de la sombra y oyendo con claridad la risa oscura que prometía fastidiarlo por unos cuantos minutos. Los puñales de energía azul se clavaban en los árboles y en ocasiones los astillaban como si fueran balazos.

Súbitamente una imagen surcó sus pensamientos, trasladándolo al momento exacto donde el quiebre de su autocontrol había puesto en duda su capacidad para mantenerse alejado de las trivialidades mundanas. Ese tacto tan presente, esos dulces sonidos y ese calor, habían vuelto para joderle la existencia. Enfadado con incomparable ira, porque ella se había colado nuevamente en sus pensamientos, no había notado que el demonio seguía moviéndose hasta sorprenderlo por detrás.

Vergil sonrió con confianza y giró para empalarlo con Yamato, aunque un pequeño error de cálculo le valió un corte bastante profundo y transversal desde el hombro izquierdo hasta la mitad del pecho y un poco más. Siseó ligeramente, pero como era de esperarse su curación acelerada se puso en marcha, dejando la estela carmesí y su abrigo y chaleco rasgado. Él lo miró con enfado antes de contra atacar.

Con la mente aun perturbada por los recuerdos, Vergil batió su legado, luchando contra su propio reflejo oscuro. Con cada movimiento errado, su sangre mancillaba la blancura del suelo nevado que brillaba ante la energía azul expelidas por las dagas a su alrededor y la luna coronando el cielo nocturno. Las heridas le suturaban con rapidez a pesar de que su sangre hervía y fluía con intensidad por sus venas, y en lo único que podía pensar en ese momento, era aquel día en la biblioteca. Su olor estaba tan presente, el calor de su piel suave y la mirada desafiante aun blandían su mejor arma dentro de él. Era su carta de venganza y sin que ella lo supiera, iba ganando.

'Jhm. Eso está por verse' Vergil murmuró para sí.

Un ruido ahogado quedó atrapado en su garganta cuando sintió al oscuro y humeante filo atravesar fácilmente la carne, rompiendo un par de costillas hasta abrirse paso por los músculos y el estómago, penetrándolo de lado a lado. El sucio bastardo lo había empalado por la espalda y ahora se reía, soplándole el aliento fétido al oído. Vergil probó el gusto metálico en su boca que lo ahogaba y con una tos convulsa escupió el valor carmesí a la blancura del suelo.

_ "Jhm, Jhm, Jhm, ¿Qué sucede vástago de Sparda? ¿No fui lo suficientemente amable?"

Con un tirón súbito, el demonio intentó retirar su espada, pero se encontró con una mano asida con fuerza desde el otro extremo, apretando lo suficiente como para evitar su escape. El semidiablo sintió el filoso acero humeante desgarrar sin esfuerzo alguno la carne de sus dedos, sin embargo, el dolor fue contrarrestado con la humillación y la ira que crecían dentro de él como una tormenta en su clímax. De su mano saturada en sangre, se sintió la vibración de energía acreciente como una luz azul incrementaba y se expandía por el arma oscura que lo atravesaba. Su demonio interno estaba desatando las ataduras…

Esto no terminaría bien… Al menos, no para su copia barata…

El doppelgänger ensanchó su mirada amarillenta con sorpresa y de súbito retiró la mano de su arma, como si la luz cegadora le ardiera. Se entregó a caminar lentamente hacia atrás, pasmado cuando sintió la energía acreciente del hijo de Sparda y el halo de luz azul que electrificó todo a su alrededor. Una bandada de pájaros advirtió el peligro y aletearon presurosos entre los ramajes de los cipreses, mientras el demonio se retiraba sigilosamente.

_ "Escapar…" La voz con ligero siseo y metálica se dio a conocer. _ "No te servirá de nada"

Vergil llevó una mano tras la espalda y comenzó a retirar el arma que lo empalaba, al tiempo que su piel adquiría la dureza del cuero, como escamas negras y azules oscuras cubrían cada centímetro de su cuerpo musculoso; las alas en su espalda, las facciones endurecidas de su rostro perfecto y los colmillos filosos, eran la viva imagen del caballero oscuro; no por nada era su heredero y el demonio había dado crédito a ello.

Jamás vio venir al par de dagas azules que con una fuerza incomparable lo atravesaron por los hombros y lo clavaron al ciprés más cercano a sus espaldas. El demonio gruñó ante el dolor y la histeria de notarse atrapado, mientras que la agónica luz de la luna que se filtraba por los huecos entre el ramaje desojado del bosque, esfumaban lentamente su carne. Lo vio acercarse con tranquilidad y determinación, y la desesperación invadió sus nervios, retorciéndose para soltarse.

Vergil arrojó con desdén el arma humeante pringada por su propio valor escarlata, que al encontrarse con la luz de la luna se esfumó por completo, y continuó acercándose. Estaba agitado como nunca, la sangre le molestaba en su interior y la falta de autocontrol había invadido sus pensamientos, todavía abrumados por los recuerdos. Al final, a pocos pasos de la criatura desesperada por escapar, Vergil zumbó a Yamato por el aire y lo empaló sin misericordia, clavándolo al árbol por detrás.

La bestia aulló de dolor y conociendo su absurdo final, se rio amargamente antes de toser un líquido negro y espeso.

_ "No importa cuanto lo intentes, Vergil. Vendremos por su sangre y la tuya ¡Agh- Agh!… Y- Cuando al fin el portal- esté abierto… caerás de rodillas- frente a- mi amo, justo donde perte-ne-ces"

_ "Jhm… eso ya lo veremos" Vergil retiró de súbito a Yamato, dejando que el demonio gritara en su final, derritiéndose como barro negro hasta caer al suelo albo.

Agitado, Vergil enfundó a Yamato y la llevó al costado de la cadera, mientras lentamente volvía a su forma humana. Estaba sorprendido, absurdamente humillado y extremadamente colérico por haber necesitado activar su diablo para combatir con esta simple escoria. Todo esto se debía por la mocosa. Sí, lo sabía. Ella era la culpable de que ahora estuviera fuera de control, que sus instintos más animales y bajos estuvieran concentrados en una sola cosa.

El hijo de Sparda volvió la mirada furiosa hacia el horizonte, donde la mansión dormida era un pequeño bulto oscuro. Él sabía lo que debía hacer, pues si estaba dispuesto a entrar a las fauces del mismísimo Averno por el poder de su padre, él se hundiría en un acto de eliminar la debilidad en sí mismo; la eliminación de la incertidumbre para poder controlar sus emociones nuevamente. Necesitaba controlar.

.

.

Tras el largo trayecto desde la planta alta hacia la cocina, Mary se encontró con la calma de la inmensidad lúgubre, ese mismo silencio que durante el día ella trataba de evitar, más que nada porque la repentina calma incrementaba la incertidumbre de sus memorias confusas. Sacudió la cabeza inconscientemente para alejar los pensamientos.

Mary avanzó por la cocina y tras servirse una copa de agua, la vació de un solo sorbo mientras se apoyaba sobre el borde de la encimera, pensando. Sus orbes desiguales se fijaron en las piedras pulidas del suelo frío bajo sus pies desnudos, y jugueteó un poco con los dedos para desentumecerlos. Debía desenmascarar toda esta situación, pues sabía que de algún u otro modo todo estaba relacionado con todo. Su madre, Sparda, ese incendio y quizás incluso su propio matrimonio convenido con el hijo del diablo 'Salvador'… y no debía olvidarse también de…

_ "¡Cassandra!" Con sorpresa, Mary alzó la mirada rápidamente, donde en el vano de la puerta, la figura de la anciana yacía de pie inmóvil.

¿Acaso esta mujer nunca duerme?

Con su vestido de género bordó oscuro y su chal azabache envolviéndola, la anciana de cabellos blancos impecablemente retirados hacia atrás en un moño y sus sesgados ojos blancos como la nieve, taconeó hacia Mary, cargando el silencio con la marcha lúgubre de sus botas.

_ "Disculpe si la asusté, señora de Sparda. Oí ruidos y vine a verificar"

¿Ruidos? ¿Qué Ruidos? Si ella no hizo ninguno.

Ante la pronunciación de su nuevo apellido, a Mary se le endureció el estómago con acidez e instintivamente frunció el ceño.

_ "Solo Mary" Gruñó en voz baja, ajustando distraídamente el nudo de su bata de lana.

_ "¿Cómo dice?"

_ "Solo dígame Mary" Le aclaró secamente, volviéndose a servir un poco más de agua y dándole la espalda.

_ "¿Puedo servirle de algo?"

_ "No" Se apresuró a contestar. _ "No la necesito" Agregó con altanería, que en parte era para evitar el avance de la mujer.

Había algo en esa mirada que la perturbaba. No le gustaba en absoluto la forma escrutiñadora que utilizaba para con ella, como si estuviera examinando un espécimen raro.

Era más que evidente que a Mary no le agradaba en absoluto la anciana, y Cassandra tampoco era demasiado devota a la cazadora. A pesar de haber convivido las últimas dos semanas, su trato mutuo era de ama de llaves a 'dueña de casa' – cosa que Mary tercamente se negaba a admitir- y simplemente cruzaban órdenes o comentarios, más luego se ignoraban. Definitivamente, algo misterioso se ocultaba tras esos orbes blanquecinos de perfecta puntería, y ella se encargaría de averiguarlo. Ahora más que nunca.

_ "Bueno, de ser así me retiro. Que tenga buenas noches… Señora de Sparda" Cassandra abandonó calmadamente la cocina. Su voz con un tinte de diversión ante la última mención.

Mary apretó los dientes y conteniendo su colérico carácter, le devolvió las buenas noches con un tono muy seco y aireado. Bebiendo un poco más de agua, la joven cazadora sintió el refresco en su garganta y suspiró, apretando la copa en su puño cuando apoyó ambas manos sobre el frío mármol, dejándose llevar nuevamente por sus pensamientos.

_ "Cassandra, Cassandra… ¿Qué es lo que tanto ocultas?" Murmuró para sí.

No cabían dudas de que la anciana sabía mucho de esto y peor aún formaba parte de ello, pero por supuesto no podía preguntarle; después de todo era aliada del demonio y su fiel mano derecha, por lo que la tarea de investigación caía en sus propias manos. Debía filtrarse nuevamente en la biblioteca para hurgar un poco más en las estanterías. Algún indicio tendría que haber.

_ "La biblioteca" Mary volvió a murmurar. Sus ojos se perdieron en algún punto del espacio.

Pensar en esa enorme habitación le arrancó un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo erizándole la piel. Los minutos se habían transformado en horas interminables cuando ese bastardo infeliz osó jugar con ella. Todavía podía recordar la impertinencia de su toque atrevido, del aliento caliente sobre la piel de su cuello y el murmullo de sus palabras oscuras con voz aterciopelada. La humillación y el pudor le había endurecido el estómago hasta las arcadas momentos luego, pero su cuerpo la traicionó, puesto que durante la experiencia solo pudo sentir el más agudo placer que ella jamás creyó que existiera.

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Mary sofocó un bufido de fastidio. Tras varios intentos fallidos y alguna que otra grosería murmurada, había logrado abrir el cerrojo de la puerta con una horquilla para el cabello, arrojándose dentro de la habitación sin tiempo que perder.

Era el tercer día desde que se había mudado y luego de acomodarse en su nueva habitación – agradecida mentalmente porque el semidiablo había decidido mantenerse alejado de ella en una de las tantas habitaciones del ala norte, además de permitirle traerse consigo a sus dos criados, Josefina y Eliseo- se entregó a curiosear por la mansión, a lo que ella llamó reconocimiento de campo; puro instinto cazador claro está.

Le había llamado la atención esta habitación en particular debido a que era la única con cerrojo y como, naturalmente ella era una criatura muy curiosa, se dispuso a averiguar que secreto ocultaba su esposo allí dentro. Después de todo 'Lo mío es tuyo y lo tuyo mío ¿No es así? No debería existir secretos en un matrimonio feliz' Ella rio con amarga ironía.

Abrió la puerta con sigilo y se adentró en puntitas de pie. Había elegido el espacio minutos luego del mediodía, justo cuando Vergil se dirigía a la capital por algunos 'negocios' y el resto de sus empleados estaban ocupados en sus quehaceres. Incluso le había ordenado a Josefina que entretuviera a Cassandra en la cocina con alguna tontería sobre los preparativos para la cena de esa noche, y así darle pista libre a su investigación.

La imagen la dejó boquiabierta mientras sus botas golpeaban con suavidad los tablones de madera, avanzando por el espacioso salón. Se había olvidado de ser sigilosa. Mary cabeceaba de un lado al otro, completamente fascinada por la cantidad innumerable de libros que ordenadamente se disponían en los estantes ornamentados, desde el cielorraso al suelo y en todas las paredes. La luz débil de la tarde invernal se filtraba por los ventanales con vista al parque de la mansión, regalando sus destellos carmesí debido a los cortinados pesados y oscuros anudados a los costados. El canapé en las mismas tonalidades se ubicaba a un lado de la chimenea crepitante débilmente para templar el aire y, contrapuesto, un escritorio bastante amplio y muy ordenado que formaba parte del mobiliario soberbio.

Mary pasó la punta de los dedos por un par de libros hasta que, como una niña codiciosa haciendo lo prohibido, sus ojos se posaron en el asiento detrás del escritorio. Ella avanzó decidida y tras pasar los dedos por los apoyabrazos de pana, tomó asiento para curiosear un poco. Echó una mirada rápida y de ojos grandes cautelosos hacia la puerta cerrada antes de comenzar a abrir algunos cajones.

Se encontró con unos cuantos papeles y cartas que parecían ser negocios sin mucha relevancia, al menos para ella; un abrecartas filoso, un pequeño frasco de tinta negra, un poco de lacre y un par de plumas, hasta toparse con un libro de tapa de cuero bordo gastado y cerrado por un cordón bien grueso. Con otra rápida mirada hacia la puerta, Mary se lamió los labios en concentración y desató el nudo con avidez.

La confusión le moldeó un ceño marcado, cuando observó la cantidad de letras y símbolos completamente desconocidos que componían las páginas ambarinas. Por su aspecto, eran escrituras muy antiguas y en otro idioma. Quizás, y solo era una suposición, eran escrituras demoníacas; por supuesto tenía sentido ya que su 'esposo' lo era. Un demonio. Aleluya.

Continuó ojeando hasta que se detuvo en una imagen que le robó el aliento. Era un detallado ritual de un sacrificio en lo que parecía un lugar muy remoto, casi como si fuera el centro de la tierra. Una luna oscura coronaba el cielo nebuloso y sórdido, y un espacio cargado por demonios sedientos, dispuestos a atacar a la mujer que yacía en lo alto de un pedestal; una roca perfectamente labrada de la cual destellaba una luz que representaba un poder, como abriéndose a nuevos horizontes, destruyendo todo a su paso. Si bien el impacto de la imagen la perturbó, no podía dejar de admirar esa página. '¿Un sacrificio? ¿Qué es esto y para qué?'

_ "¿Has encontrado algo de tu interés?"

Mary dio un respingo y velozmente se levantó del asiento, con los ojos muy grandes y la sensación de tener el corazón en la garganta, ante la voz penetrante del híbrido rompiendo el silencio. De pie a unos cuantos metros de ella y cerrando la puerta con suavidad, Vergil la estudiaba con esa fijeza que tanto la irritaba. Su mera arrogancia al caminar hacia ella la indignaba, y esa estúpida condescendencia más que burlona bastaba para colorear sus mejillas en un grana profundo de pura molestia. Lentamente frunció el ceño al verlo cada vez más cerca.

_ "Te hice una pregunta"

_ "... Yo solo…" Ella maldijo la falta de velocidad para inventar una excusa creíble. Se aclaró la garganta, apretando el libro entre sus dedos pálidos. Ya se había olvidado que lo tenía en su mano. _ "Encontré este libro en la sala de estar y supuse que era suyo… Solo quería devolverlo a su lugar"

_ "Ya veo" Vergil exhaló y sin quitarle la vista de encima avanzó con determinación. Ella se educaría por las buenas o por las malas. Y él se encargaría de ello.

No queriendo que el demonio la supiera nerviosa ante su cercanía, Mary alzó una ceja arrogante y con una mirada desdeñosa dejó el libro sobre el escritorio, como ignorando el corto trecho que ahora los separaba.

_ "En fin. Aquí se lo dejo… con su permiso" Dijo en una sátira de cordialidad mientras hacía una ligera reverencia y taconeaba con agilidad para abandonar la biblioteca.

Confundió la tranquilidad de él con una rara sensación de alivio, puesto que cuando su mano apenas rozó el picaporte, sintió una ráfaga de aire zumbar por detrás de ella sin darle tiempo a reaccionar, y mientras que una mano se apretaba contra el roble cerca de su cabeza, la otra se cerraba alrededor de su cuello, dejando su cuerpo atrapado entre la puerta y un firme pecho que se cernía contra su espalda.

_ "¿Pero qué-?" Mary protestó con voz forzada.

Sorprendida y enojada al mismo tiempo, la cazadora codeó por instinto intentando zafarse del agarre, pero lo único que consiguió fue ser acorralada aún más contra la puerta, tanto que ahora su frente se pegaba duramente contra la superficie plana, y el apriete alrededor de su cuello se intensificó con la suficiente fuerza como para permitir una milimétrica fuga de jadeo desesperado por aire. Mary clavó las uñas en la mano alrededor de su cuello, ejerciendo presión como para extraer sangre, sin embargo fue inútil, pues observó con aprensión los rasguños cicatrizados al instante.

_ "Ahora…" Vergil se inclinó, apretando los labios contra la oreja. _ "Creo que debo explicarte como son las cosas aquí. Esta puerta…" Le dio un firme golpecito al roble con sus dedos. _ "No se vuelve a abrir… y nadie vuelve a entrar ¿Está claro?"

Aflojó un poco el ajuste en su cuello solo para oír una respuesta coherente. Estaba harto de lidiar con una mocosa obstinada de la cual dependían todos sus planes; debido a ello se había controlado bastante hasta el momento. Mary tosió una bocanada ronca y apretó los dientes con impotencia. Aunque sabía que su propio mal genio no cerraría la boca ante una simple amenaza.

_ "Púdrete" Le escupió por encima del hombro.

Él la observó. Sus dedos aún entorno al cuello delicado se aflojaron y acariciaron con suavidad la piel blanca, mientras le sonreía ligeramente con arrogancia al descubrir los cardenales purpúreos que sus dedos le habían marcado. Se fijó en sus labios pulposos entreabiertos, en la forma en que jadeaba, en el ceño marcado de sus ojos exóticos y las mejillas como la grana; y de repente lo supo. Además de enojada y un poco asustada, no cabían dudas de que ella estaba excitada. Podía sentir como crecía la agitación y sus pupilas se dilataban mientras lo observaba con altanería. 'Estúpida' Pensó. 'No tienes ni idea en donde te estás metiendo' Aunque quizás así aprendería cuál es su lugar aquí.

No, Vergil no era un violador, por supuesto que sería algo completamente por debajo de él, pero por otro lado, tomaba lo que quería bajo su propio código de honor oscuro, y si una mujer se dejó seducir por él, se explicaba como simplemente la fuerza prevalece sobre la debilidad y esto era perfectamente aceptable.

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_ "Buenos modales… justo como lo esperaba" Le sopló sobre la piel, la punta de su nariz cosquillándole el cuello.

La joven cazadora gruñó cuando sintió la dolorosa sensación de su cuerpo prensado contra el roble. A pesar de que estaba utilizando todas sus fuerzas mientras palanqueaba con sus manos para encontrar algo de espacio, fue inútil. Por primera vez experimentó la sensación desesperante de no tener las riendas de la situación y eso no le gustó en absoluto.

Sintió como esos dedos fríos recorrían la curva de su cuello erizándole la piel y ella por instinto sacudió en cuanto pudo la cabeza para apartarlo, intentando negar el aleteo en el estómago y el erizado de la piel. Se preguntó alarmada qué haría con ella ahora. No creía que él estuviera interesado en nada físico puesto que –gracias a todas las deidades creíbles hasta el momento- su matrimonio no había sido consumado. Mary había estado segura de ello, pero ahora, una duda crecía en su interior. ¿Qué sería capaz de hacerle con tal de enseñarle 'quién manda aquí'?

Los orbes desiguales se ensancharon con sorpresa cuando esas manos pálidas de dedos largos, suavizaron las curvas de sus caderas cubiertas por un pantalón beige y se detuvieron en su bajo vientre, justo donde su blusa blanca se había levantado ante el forcejeo, dejando la piel caliente y erizada expuesta al aire fresco. Fue allí cuando supo que debía reanudar la lucha.

_ "¡Qué! ¡Suéltame demonio o haré que te arrepientas! ¡Lo juro!" Forcejeó con nuevos bríos.

_ "¿Ah sí?..." Su aliento cálido aunque con aroma fresco, volvió a susurrarle demasiado cerca. _ "…No creo que te encuentres en posición de amenazarme"

_ "¡Suéltame o te juro que-!" La fuerza en su voz la abandonó cuando sintió las manos hábiles deshacerse del cinturón y desprender el botón de sus pantalones con un solo movimiento que no acertaba ser agresivo, pero sí de carácter impaciente y firme.

_ "Creo que deberías aprender más sobre el poder y la tentación… Mary"

Las cuatro letras que más odiaba se habían vuelto un puñal específico que atentó con cada terminación nerviosa de su cuerpo, y el matiz de esa voz oscura, alcanzó para hacerla temblar con un movimiento convulso. Instintivamente, Mary le clavó las uñas en las muñecas tratando de detenerlo, sin embargo, eso no bastó para que la fuerza inhumana de una de esas manos masculinas serpenteara por dentro de sus pantalones; ella jadeó ante la invasión descarada.

_ "Ya suéltame" Cada segundo su voz se tornaba débil y ronca; y ella se odió por eso.

_ "Tendrías que haber sabido que provocarme nunca es una buena idea. Siempre saldrás perdiendo… ¿Acaso no te das cuenta lo débil que eres?... ¿Cuán indefensa estás?"

Mientras le hablaba sus dedos caminaban lentamente por la cálida piel oculta bajo los pantalones; la sintió apretar las piernas juntas, pero eso no le impidió abrirse paso duramente entre ellas, haciéndola sollozar con amarga sorpresa. Su otra mano, hizo su camino lento y delicado por el vientre de la joven cazadora, subiendo por debajo de la blusa para acunar un pecho que cabía perfectamente entre sus dedos. Sonrió ligeramente al sentir en su palma el pezón ya erecto. 'Pervertida' Negó divertido para sí.

_ "Bastardo pervertido, te arrepentirás por esto. Lo juro" Ella murmuró con los dientes apretados.

_ "¿Pervertido yo?" Dijo con un pequeño matiz jocoso. Su sonrisa diabólica ensanchándose, cuando el sondeo de sus dedos descubrió la humedad gradual y el galopar del corazón de ella vibrándole en la espalda apoyada contra su pecho.

Mary intentó en vano sofocar un gemido; el sonido abandonó su garganta como un débil sollozo lastimero cuando esas manos rozaron y apretaron los lugares justos. Estaba horriblemente avergonzada por maravillarse ante esta- a su creencia- humillación; el cosquilleo y el pulso allí no ayudaban en absoluto a calmar el martilleo de su corazón y la agitación de su respiración. El índice frío y suave rodeó la cálida perla nerviosa solo para dejar escapar un nuevo gemido como respuesta, mientras cerraba los ojos fuertemente con las mejillas ardiendo en un furioso escarlata.

_ "… No seas hipócrita, Mary. Eres tan perversa como yo; sino no disfrutarías matar a lo que tanto aborreces, ni responderías tan dulce a mi tacto como lo haces ahora, sabiendo que soy parte de lo que tanto odias"

La joven cazadora se sorprendió ante la declaración, más no pudo concentrarse en ello al momento.

Su voz era un susurro ronco, bajo y oscuro, mientras su dígito largo pretendía anidar en el punto más íntimo de su terca y casta 'esposa'. Vergil la sintió ahogar un nuevo sollozo, como si torpemente quisiera ocultar su miedo y excitación bajo una débil capa de dureza, y en un lugar muy recóndito de su mente algo se encendió. Se aclaró las ideas a sí mismo con un parpadeo, antes de volver la mirada a ese cuello blanco lechoso y suave; y de nuevo debió reprimir las ganas de hincarle los dientes con avidez. ¿Qué estaba pasándole?

_"Sé que tienes miedo a perder lo último que te hace inocente…" Le volvió a murmurar, arrastrando sus labios delicadamente por el cuello hasta subir al oído y dejando una estela de humedad dulce sobre la piel. Su perfume natural lentamente lo engatusaba, recreando las ideas que su cuerpo ansiaba y que su mente dudaba en poder negar. _"Pues yo te quitaré ese miedo… porque si hay algo que odio más que la debilidad… es la hipocresía" Solo con hundir una falange le bastó para confirmar lo obvio.

Mary jadeó con sorpresa al sentir la invasión brusca. Pareció que el tiempo se había detenido y por algunos instantes la respiración se le cortó, no tanto por la intrusión, sino más bien por la pausa que el hombre mitad diablo detrás de ella había impuesto. Se quedó muy quieta, con los ojos enormes clavados en la puerta, por primera vez reconociendo la situación mientras respiraba con dificultad.

Algo lo detuvo. Vergil no supo qué fue ni por qué, pero no pudo. Lentamente sus manos abandonaron posiciones y las uñas alrededor de sus muñecas parecieron comprender, haciendo lo mismo. Se quedaron muy quietos por un par de segundos, ella mirando fijamente con sorpresa la puerta, y él detrás, fijando con fastidio sus orbes plateados hacia la más que evidente erección en sus pantalones.

¿Cómo sucedió esto? ¿Qué le pasó a su autocontrol y a su déspota naturaleza que sin miramientos conseguían lo que quería? Estaba muy confundido y eso, además de no ser un buen presagio, no le gustaba en absoluto.

Se apartó lentamente de ella y por simple gravedad Mary cayó suavemente de rodillas al suelo, apoyando la frente contra la puerta y con las manos temblorosas manipulando el cinturón de su pantalón. Él la observó de pie detrás de ella y antes de tragar saliva discretamente, moduló su voz al tono frío y calculador que siempre utilizaba.

_ "Espero que hayas aprendido la lección. No te lo repetiré otra vez" Aclaró como cuestión de hecho.

Un zumbido se adueñó del silencio en el gran salón, seguido por un ligero y rápido destello de luz azul que se desvaneció en el tiempo y espacio. Demasiado ocupada tratando de volver a recuperar el aliento e intentando controlar el pulso acelerado que se expandía por todo su cuerpo y que torturaba una parte específica en su anatomía, Mary no notó cuando el hijo de Sparda se desmaterializó, dejándola sola en medio de la confusión que le había creado.

¿Por qué?

.

.

Un escalofrío volvió a erizarle la piel hasta lograr parpadear, volviendo al momento. Se acomodó la bata de lana, como negando la sensación que los recuerdos le habían despertado y se volvió a su habitación, caminando lentamente todo el trayecto a las escaleras.

Luego de aquél día en la biblioteca, Mary no supo de Vergil hasta unos cuantos días después; exactamente hace horas atrás, donde en la cena que compartieron jamás cruzaron miradas ni mucho menos palabras; él comiendo con avidez, ella sin probar bocado y jugueteando con la comida. Segundos después de haber arrojado la servilleta de su regazo a la mesa larga que los dividía, el híbrido se puso de pie y abandonó el salón comedor sin acotar nada, dejándola sola en el silencio una vez más.

Internamente se preguntó a dónde había ido esa quincena que se mantuvo alejado y si pensaba en lo mismo que ella desde entonces, pero jamás formularía esa pregunta; se reprendió a sí misma por darle importancia.

Subió los peldaños muy despacio con sus pies adoloridos por el entumecimiento, hasta que se detuvo en el descanso donde las escaleras se bifurcaban hacia las dos alas de la mansión, volviendo la mirada hacia el sonido que repentinamente sus sentidos descubrieron en la planta baja; realmente había estado tan inmersa en sus pensamientos que no había notado la melodía resonando en el silencio de la inmensa propiedad. Mary maldijo su curiosidad nuevamente y se volvió a bajar con sigilo los peldaños.

Notó que el sonido se hacía cada vez más claro a cada paso que avanzaba por el corredor largo que costeaba las escaleras, adornado por una espesa alfombra que sus pies helados agradecieron e iluminado por la luz de la luna que rellenaba el ambiente gracias a los cristales del ventanal al final del pasillo, azulando y emblanqueciendo en lo que podía los cuadros de las paredes. Se percató que una de las tantas puertas al final del pasaje estaba entreabierta y que de allí provenía una melodía hechizante que pronto reconoció. Enigmática como pocas, las notas de Claro de Luna de Ludwin Van Beethoven, vibraban en el aire magníficamente interpretadas por un piano de cola.

Su inevitable curiosidad la instó a asomarse por el hueco de la puerta semiabierta. Con sorpresa, Mary echó un vistazo amplio a la habitación que ya había conocido en sus primeros días aquí.

Con los copos de nieve emblanqueciendo los cristales del exterior e iluminado a duras penas por la luz que se filtraba entre los cortinados pesados, el salón principal de la mansión estaba encantado por las notas flotando a su alrededor. Un par de sofás y otras mesitas con jarrones y esculturas que evidenciaban el elegante gusto del mitad diablo, decoraban al llamado 'Salón azul', bautizado así por sus paredes estucadas en un intenso cerúleo oscuro que ahora era engullido por la noche, y coronando el elegante espacio un piano de cola caoba atraía toda la atención; aún más lo hacía el intérprete de la canción.

Por algunos segundos que parecieron horas, Mary se arrimó un poco más para poder verlo mejor. Realmente no encontraba explicación a la fascinación que sentía con respecto a este hombre diablo, sin importar lo que le hiciera. El odio y repulsión que todos los demonios le provocaban, en especial este que la había 'comprado' con propósitos que ella aún no descubría, se contraponía con esta nueva sensación, como una mezcla de cosquilleo ansioso y escalofríos, que crecía en su interior cada vez que lo observaba detenidamente. Su propia dualidad la sorprendía al límite de la exasperación.

Su cabello blanco algo alborotado relucía de luz y era lo único que Mary podía distinguir en la oscuridad, junto a su piel porcelana y los fríos rasgos de su rostro pétreo, mientras cerraba los ojos y dejaba que sus dedos acariciaran las teclas del piano.

Quizás fuera su imaginación o el mal dormir, pero la cazadora juró ver manchas de sangre opacándole la piel pálida en las mejillas y algo en el cuello y el pecho, que se exponía mediante su camisa negra abierta por completo y sorprendentemente rasgada. Mary frunció el ceño y tragó saliva; el sonido olvidado ante la imagen del híbrido. Parecía calmo, muy comprometido en su interpretación, sin embargo, ella solo podía ver a su alrededor con intriga, puesto que descubrió el abrigo azul a pocos pasos de la entrada, completamente destrozado, como si se lo hubiera arrancado en el camino, y un sendero mojado desde la puerta hasta él, que probablemente se debía a la nieve derretida de sus botas.

Repentinamente las notas sonaron discordantes cuando las manos de Vergil cayeron pesadamente sobre las teclas, rompiendo la armonía de la melodía y dejando que la última nota se propalarse en el silencio repentino. Mary se sobresaltó cuando lo observó girar el rostro hacia la puerta con el mentón ligeramente alzado y los ojos azules demasiado claros maniáticamente tranquilos fijándose en ella. Habría echado el cuerpo hacia atrás de no ser porque lo oyó hablarle con un tono de voz muy distinto a su calmo habitual.

_ "¿Por qué insistes en provocarme?" La voz se le oscureció en la última palabra y un brillo peligrosamente carmesí destelló en sus orbes naturalmente helados antes de oscurecerse en su omisión.

Mary no era de escapar o rendirse fácilmente, pero en ese momento su instinto de supervivencia le gritó que no presionara su suerte, porque tenía el presentimiento de que nada bueno podía salir si su brío porfiado se apoderaba de la situación. Lentamente y sin quitarle la mirada de encima, la cazadora se retiró con sigilo, apurando el paso por el corredor hasta las escaleras.

Con la respiración ligeramente acelerada, Mary entró a su habitación y echó el cerrojo, apoyando las manos y la frente contra el roble para descansar. Se estaba comenzando a irritar consigo misma. ¿Por qué estaba tan alterada? No era la primera vez que se enfrentaba a un demonio ¿Qué tenía de distinto este? ¿Por qué huyó de él con tanta agitación?

Oyó un zumbido rápido que pareció atravesarle como un cosquilleo agudo a lo largo de la espina dorsal y se humedeció los labios en respuesta ansiosa, secretamente dudando en voltear para descubrir el causante de esa sensación. Segundos después, se volvió en sus talones y fue entonces cuando jadeó de sorpresa, dando un paso hacia atrás para chocar contra la puerta.

Vergil estaba de pie frente a ella, la luna por detrás delineando la silueta de su cuerpo fibroso y el cabello alborotado; sus ojos ya no eran fríos determinantes, sino que constituían una mirada turbada que Mary no lograba definir, puesto que su inexperiencia con los hombres solo le dictaba dos miradas que ella recordaba; de desprecio o de burlesca amabilidad. Esta mirada cerúlea, en cambio, era de un azul oscuro que remolineaba como una tormenta alrededor de un par de pupilas bien dilatadas. Sus delgadas aletas nasales se movían con la respiración pesada y se humedeció el labio superior con la lengua en un movimiento rápido que ella apenas notó. Un considerable camino carmesí seco se extendía por la línea de la yugular descendiendo por el esternón, salpicando la camisa negra rasgada y surcando cada músculo abdominal bien marcado hasta hundirse en las profundidades del pantalón azul oscuro colgando de sus caderas delgadas.

No se había percatado que lo estaba escrutando descaradamente hasta que lo vio cerrar el trecho que los separaba, acercándose con lentitud calculada. Mary sintió un vuelco en su corazón y se obligó a mantener la guardia, echando un rápido vistazo por encima del hombro de Vergil, donde debajo de la almohada en su cama de sábanas alborotadas, yacía rutinariamente su dragoon cal 41. Con un ligero ademán, la cazadora probó sus reflejos y al verlo que se mantenía completamente estático frente a ella, se abalanzó hacia su cama, esquivándolo con agilidad para alcanzar el arma.

Lo juzgó un pésimo movimiento, ya que sintió caer de bruces sobre el colchón cuando perdió el equilibrio. Lo siguiente que encontró fue su cara enterrada entre las sabanas, y un peso que le sujetaba la respiración y la inmovilizaba. Su mano se apretó alrededor de la dragoon, incapaz de flexionar los brazos para girarse y vaciarle el tambor de plomos al bastardo sobre su espalda. Mary gruñó mordiendo las sábanas de pura frustración; enfadada consigo misma, molesta con su cuerpo, fastidiada por la forma en la que volvía a reaccionar ante él.

Estaba completamente fuera de sí. Él no era esto. No era un animal sin control de sus instintos básicos; no era un débil humano lascivo, ni un patético demonio sin dominio de sí. Era un diablo, inclemente, déspota, implacable. No podía comprender cómo su control estaba completamente agrietado por el deseo físico que crecía inexplicablemente en él. Pero así como acertaba desconcertarlo la excitación que le provocaba esta hembra humana, también lo hacía consciente de que negarlo era una empresa titánica que con gusto su brío porfiado hubiera luchado por superar, de no ser porque muy poco quería contenerse y otro poco le importaba las consecuencias de las que tanto Cassandra le había predicado.

La oyó gruñir y eso, en vez de enfriarlo, obtuvo la reacción contraria; la contracción de todos sus músculos inferiores lo llevaron a espejar ese gruñido, aunque con voz más rasposa y oscura que la de ella. Estar a horcajadas sobre sus nalgas y pegando el pecho a su espalda mientras ella se retorcía por escapar, no estaba ayudando en absoluto a calmarlo. Le apartó un mechón de cabello que le ocultaba el rostro e inspiró profundamente la esencia resguardada en la piel detrás de su oreja; esa fragancia que atentaba con sus débiles intentos de mesura. Pegó la boca delgada a su oído y le mordisqueó la carnosidad del lóbulo, mientras sus dedos tiraban de la bata de lana por sus hombros.

El mero descuido de Mary, que al sentir los filosos dientes cerrarse en su oreja la hizo exhalar gemido brusco, bastó para quitarle la bata en un solo movimiento rápido que le hizo perder el agarre de la dragoon, mientras caía al suelo con un sonoro impacto que se mezcló con el rasgado de las costuras de la prenda. Centésimas de segundos después, ella jadeó alarmada y comenzó a luchar nuevamente hasta el cansancio, arañando las sábanas con fuerza para girar sobre su estómago. Sorprendentemente encontró un hueco y al fin pudo girarse, aunque él todavía se cernía sobre ella como un titán, sus muslos y rodillas apretándole los flancos.

Ninguno fue capaz de apartar la mirada cuando se encontraron por primera vez solo en un espacio confinado. Él la miraba con hambre de depredador, por ello Mary no se permitió bajar la guardia. No era su primera cacería.

Ella lo miraba tan desafiante, tan confiada de sí, que Vergil no hubiera dudado en esquivar el puñetazo en su pómulo, de no ser porque quería recibir ese golpe. En nada logró aliviarlo y sacarlo del trance.

El puño de Mary le agrietó el pómulo con una fuerza desmedida que a él siquiera mosqueó. Le permitió aterrizar unos cuantos azotes en su pecho y brazos, pero cuando creyó que ya había tenido suficiente y que ni siquiera un disparo en el cráneo lo calmaría, decidió tragarse el ego y hacer algo que jamás había hecho con ninguna de las tantas mujeres que habían testeado sus sábanas; se inclinó sujetándole las muñecas contra el colchón y probó la morbidez de su boca, con la suavidad de quien degusta un manjar.

Mary ensanchó los ojos de sorpresa y bajo él se rigidizó como una tabla, sin saber corresponder. La pequeña niña interior, a la que siempre reprimió, caviló 'Mi primer beso' y al segundo la rechazó como torpe e inescrupulosa. 'Mi primer beso… con un demonio' La cabeza le daba vueltas y ahogó un gemido cuando la lengua abrió el camino entre sus dientes apretados, obsequiándole el sabor fresco de su boca. El aliento le sabía a invierno y se fascinó por la suavidad con la que la besó; la descolocó por completo la caricia, porque eso era, una caricia suave pero recargada de abrumadora pasión. Esa exploración tan lenta y calculada que no acertaba combinar con la desesperación que bullía en el interior de esos orbes de fuego cobalto.

Con un chasquido acentuando en el silencio la respiración agitada de ambos, el beso culminó, dejando a un par de bocas anhelantes y jadeantes a un palmo de distancia.

La sensación eléctrica que le sacudió el cuerpo por primera vez, lo colmó de una exasperación a la que no encontraba explicación. En sus veintiocho años, Vergil jamás había encontrado una mujer que le hiciera hervir la sangre como lo hacía en este momento la mujer menos indicada para ello; sus planes con ella eran otros. No podía existir una explicación emocional para esto, porque jamás lo permitiría. Él sabía que no tenía tiempo y redaños para continuar con la supuesta lógica que intentaba descifrar, así que sin más, una de sus rodillas separaron las piernas curvilíneas de Mary, anidando lo más cerca que el camisón permitió; sus manos pálidas rápidamente encontraron el camino al ruedo puntillado de la prenda, tirando suavemente hacia arriba entre sus cuerpos. Todos sus movimientos calculados, fueron acompañados por un par de orbes cerúleos que jamás cesaron de estudiar el rostro de la dama bajo él; fascinado por la belleza exótica, excitado por el miedo en sus ojos.

Mary tembló cuando los dedos le rosaron la piel desnuda de las caderas, recibiendo el inminente frío de la habitación con un erizado notorio en su piel porcelana. La caricia le cosquilleaba, le inflamaba un nudo en el estómago y le hacía temblar el cuerpo debajo de él; incapaz de detenerlo. Se sintió curiosa, repentinamente y sin mucha lógica, Mary creyó ver en esos ojos fríos una turbulenta mezcla de sensaciones que la instaban a averiguar qué las despertaba, y por sobre todo, si se asimilaban a las que ella sentía en su interior. Se obligó a no mirarlo, cerrando los ojos con fuerza, cuando él le quitó por completo el camisón sobre la cabeza, desechándolo al suelo. Le echó un vistazo largo y hasta apreciativo a su cuerpo completamente desnudo.

Vergil solo había despegado su torso del de ella por pocos milímetros, solo para devorar su belleza con ojos hambrientos y salvajes que aun luchaban por contenerse; difícil pues, la redondez de sus caderas, la curva pronunciada de la cintura, las piernas blancas curvilíneas, el vientre de músculos duros y sus pechos generosos; toda la castidad de ese cuerpo hecho para el pecado era más que evidente ante el sonrojo de sus mejillas, el temblor de su cuerpo y los ojos bicolores cerrados con fuerza; a pesar de todo, había algo que lo detenía; no quería mancillar su pureza. Le pasó los dedos por algunas cicatrices en los brazos y se dijo secretamente que era lo que más le gustaba de su cuerpo. Lo que más le gustaba de ella.

Se detuvo en sus cavilaciones y apartó la mirada, irguiéndose un poco más y perdiendo los ojos azules en un punto indefinido tras los cristales del ventanal. ¿Realmente le importaba? ¿Desde cuándo comenzó a importarle alguien que en nueve meses tendría que perecer para que él cumpliera con sus planes? ¿Desde cuándo le importaba alguien? Pureza e inocencia no se encontraban en su índole desde hace mucho tiempo, se las habían arrebatado a una temprana edad junto a lo más preciado. ¿Preciado? ¿Aprecio? ¿Hacía cuánto que no lo sentía?

Mary abrió un ojo con cuidado y lo observó por el rabillo. Se había quedado quieto con la mirada perdida en el ventanal tras su cabeza, y por mera curiosidad, ella siguió su rango de visión, tirando la cabeza hacia atrás. Frunció el ceño al notar el tono rojizo que comenzaba paulatinamente a teñir la luz de la luna y se preguntó si la situación la estaba llevando a tener alucinaciones. Pero en cuanto volvió la vista a Vergil, recordando su desnudez y la situación en la que se encontraban, se alarmó con un jadeo audible.

Su rostro perfecto estaba a escasos milímetros, observándola con una abrumadora y amenazante mirada.

Él no lo haría. No había forma de que él fuera vencido por la lascivia inocente e inconsciente de esta mujer. Ella debía perecer en sus manos bajo el filo de Yamato y él no dudaría en hacerlo cuando el momento lo ameritara. Los planes se acatarían al pie de la letra, así tuviera que abandonar su propia mansión para mantenerse alejado de esta tentación durante todo el tiempo que durara la luna escarlata.

Con un gruñido animal, bajo y oscuro mientras su mandíbula tensa delataba los dientes apretados, Vergil se retiró con rudeza de encima de Mary y se escabulló en la oscuridad de la habitación, para que segundos después ella oyera el azote claro de la puerta.

Mientras la luna bañaba la habitación con su extraña claridad carmín suave, la joven cazadora no podía apartar sus enormes ojos pasmados del cielorraso. Su cuerpo desnudo temblaba inconteniblemente y no era exactamente de frío; el aire caliente se filtraba por entre sus carnosos labios entre abiertos, y apretó un puñado de las sábanas con tanta fuerza que aun así podía sentir la uñas clavándosele en las palmas de las manos. Se sentía ultrajada, humillada, confundida. ¿Por qué le había permitido jugar de esa manera con ella? ¿Por qué no se resistió hasta el final? ¿Por qué lo dejó invadir su mente, su cuerpo … y su alma?

Demasiadas preguntas que la aturdían y pocas respuestas que no quería siquiera pensar, la obligaron a volcarse sobre un costado, abrazándose a sus piernas cuando se ovilló en posición fetal. La máxima que ella siempre había sostenido con tanta jactancia, 'jamás confiar, siquiera en mi propia sombra', la había rasgado él, dejándola sin ningún baluarte. Él, al que debía odiar más que a nadie, le había permitido demasiadas cosas, y ella no se lo perdonaría a sí misma tan fácilmente. No le quedaba nada, solo un orgullo lastimado y una ira difícil de controlar.

No cabían dudas, ella lo destruiría.

Salió por la puerta de servicio y recibió la gélida brisa de la noche con cierto alivio. Su pecho desnudo y agitado brillaba ante la luna suavemente escarlata y el vapor de su respiración le empañaba la vista perdida en el horizonte. Vergil hundió sus piernas largas en la espesa nieve, caminando con fiereza hasta el establo; su mente abrumada comenzaba a entumecerse gracias a las tres copas repletas de Brandy que había bebido en su despacho antes de salir definitivamente.

Halló a Janto inquieto en su caballeriza. Al igual que su dueño, el animal era de poco dormir, siempre atento a su amo. Vergil lo ensilló con rapidez y se montó con agilidad para salir del establo en un galope temerario. Necesitaba alejarse porque en la misma circunscripción que ella no encontraría la frialdad necesaria para tomar el control nuevamente. La distancia parecía lo más prudente por el momento.

Pronto el purasangre Janto y su jinete oscuro se perdieron en la espesura del bosque níveo, dispuestos a recorrer y ganar distancia. La batalla contra su propia voluntad aún no estaba perdida.

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El ruido familiar de un lienzo siendo escurrido en una aljofaina, lo trajo a la realidad, abriendo los párpados con una lentitud extrema; todo su cuerpo ardía y dolía como si Dante le hubiera asestado una paliza sin que él se hubiera defendido; cosa jamás sucedía, ambos peleaban a la par con su propio código de honor. Aun adormilado, soliviantó la idea de que quizás sus memorias turbadas eran solo una pesadilla horrible, que despertaría en su habitación, con su gemelo mirándolo tan fijamente con su sonrisa pícara y amplia, para despertarlo como todas las mañanas, y que junto a él, Kalina Ann le apartaría las cortinas para dejar entrar la luz del día y les serviría el desayuno en la cama, donde su hermano menor se dedicaría la mayor parte del tiempo a planear el día y él pretendía no escucharlo mientras desayunaba calmo.

Todas sus cavilaciones se vinieron abajo cuando al abrir los ojos, aún mareado y con nauseas, comprobó que definitivamente esa enorme cama no era suya y que la habitación abismalmente enorme y fastuosa no era la suya. A la sorpresa le sobrellevó una exaltación cuando notó la espada delgada de lineamientos orientales que yacía apoyada sobre un pequeño sofá a unos cuantos pasos de él.

¿Qué hacía su espada fuera del escondite? ¿Quién la encontró? ¿Dónde estaba?

Atinó a levantarse pero una mano sobre el pecho suavemente lo envió sobre el colchón nuevamente. Vergil parpadeó con dificultad y gruñó sin poder aclarar la nebulosa frente a sus ojos, que solo permitieron percibir un bulto oscuro de cabello blanco, que lo siseaba para calmarlo.

_ "Shh, tranquilo, shh"

_ "Mi… m-mi…"

_ "Todo va a estar bien…"

Fue lo último que oyó antes de que esa anciana, dedujo por su voz femenina, le posara el paño frío sobre los ojos y le transmitiera la suficiente paz como para dormitar nuevamente. A la oscuridad de sus ojos la recibió con resignación, y mientras aún no dormía, se aprestaba a oír una conversación lejana que surgió tras haber oído los goznes de una puerta chirriando al abrirse. Había agudizado sus sentidos gracias a Dante, que al ser inquieto y ruidoso siempre se delataba cuando jugaban a las escondidas.

_ "Merced" Oyó a la mujer.

_ "¿Cómo se encuentra?" La voz penetrante de un hombre joven le resultó extraña por lo familiar.

_ "Mejorando, aunque todavía aturdido. Temo que lo más difícil sobrevendrá después"

_ "Yo me haré cargo de eso, Cassandra" Aseguró, mientras Vergil podía oír las botas livianas golpear con firmeza sobre las maderas pulidas. _ "¿Y ella?"

_ "Aún inconsciente. Se llevó la peor parte, sin embargo, guardo esperanzas que mi aprendiz logre hacerse con los ingredientes que le pedí lo antes posible para preparar el brebaje"

_ "Ya te he dicho que no confío en ese muchacho"

_ "General, despreocúpese… de Agnus me encargo yo"

_ "Eso espero" Afirmó con cierta desconfianza. _ "Estaré en mi despacho. No permitas el acceso a nadie. Siquiera de Cornelia, ella sobre todo debe mantenerse ajena de esto. No quiero que ellos se conviertan en el objeto de sus vacuas charlas de té con sus amigas"

_ "Por supuesto, Señor"

Aquel intercambio era cada vez más lejano, las voces se distorsionaban y la pesadez de sus músculos agotados lo doblegaba a un sueño profundo, mientras su perturbada mente de casi siete años se hacía de una realidad más que clara y firme. Su vida había mutado drásticamente y jamás volvería a ser la misma.

Solo quedaba su orgullo lastimado y una ira difícil de controlar.

Él los destruiría a todos.

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Aquellos que aún les interese esta historia, les pido perdón por la tardanza de la actualización. Han sido épocas complicadas y ni que hablar de la inspiración. Entre tanto perdía la cabeza por intentar finalizar este capítulo que había comenzado a mediados del año pasado, se sumó mi nuevo hobbie, dibujar. Si estás interesado en ver que estuve haciendo todo este tiempo, mi ID de DeviantArt es Celes32, ahí van a encontrar a Dante, Vergil y Lady, junto a Hellsing y algo de Dragon Ball z también. Me encantaría saber tu opinión, déjame un comentario. Espero que el próximo capítulo no se tarde tanto como este. Lo bueno que van apareciendo más personajes...

Muchas gracias por la paciencia y por leer. Abrazo, Celes!