Hola, perdonen el retraso, pero he aquí un nuevo capítulo! Es hora de que las familias sean unidas! Gracias por los reviews y seguir la historia, los quiero!
Capítulo 7
La tarde se había pasado bastante lenta para Rose, ella no veía la hora de que el día terminara y poder irse a la cama.
En cambio, para Emmett, el día pasaba bastante deprisa y eso significaba que le quedaba poco tiempo del día para pasar con sus hijas.
–Mía, ven, quiero que hablemos–la llamó él. Emmett estaba concentrado en la cocina preparando la cena mientras sus hijas veían televisión. Mía se bajó del sofá donde estaba con su hermana, y fue donde estaba su padre.
– ¿Qué sucede, papi?–le preguntó ella. Emmett la miró y la alzó para sentarla en uno de los taburetes de la cocina.
–No andes descalza, puedes enfermarte–le dijo– sucede que ya estás dada de alta y tus vacaciones con excusa de reposo terminaron–le dijo él. Mía frunció el ceño molesta.
– ¿Y eso qué significa?–le preguntó.
–Significa que volverás a la escuela
–No, papá–dijo ella haciendo un puchero.
–Si, hija, mañana debes ir. Hoy me tomé el día libre y mañana vuelvo a trabajar, tu hermana irá al jardín y tú a la escuela. Es nuestra responsabilidad y trabajo–le dijo él volviendo a cortar las verduras.
–No puedes obligarme, me voy a quedar con mi tía–dijo ella cruzándose de brazos.
–Alice volvió a trabajar, no puede cuidarte. Y si puedo obligarte, soy tu padre. Ahora ayúdame a poner la mesa–le ordenó.
–Olvídalo–le respondió, bajándose del taburete y yendo a su cuarto.
– ¡Mía, vuelve aquí ahora!–le gritó Emmett.
– ¡No quiero!– Emmett se paso las manos por su rostro en un acto nervioso, y fue a ver a Zoey, que se encontraba en el sofá con los ojos cerrados y las manos tapando sus oídos. Tomó a la pequeña en sus brazos y le dio muchos besos en su rostro.
– ¿Te molesta que le grite a tu hermana?– le preguntó él. La niña asintió y abrazó a su padre.
–Lo siento, Zoey, ¿podrías ir con ella y convencerla de que mañana vaya a la escuela?–le preguntó el con cariño. La niña le sonrió y asintió con la cabeza. Emmett le dio otro beso y la dejó en el suelo.
Al otro día Emmett llevó a las niñas a la escuela, Mía estaba enojada y pasó todo el camino callada. Él no le dijo nada, pues prefería eso a que ella le gritara. Luego de dejarlas, fue a su trabajo. Tenía bastantes papeles atrasados, entre otras cosas atrasadas.
A la hora del almuerzo, llamó a Rose, necesitaba hablar con ella para relajarse.
–Hola–contestó ella. Él sonrió al instante, esa mujer le podía y mucho.
–Hola, hermosa, ¿Cómo está tu día?–le preguntó él, más animado.
–Ahora que hablo contigo, mucho mejor– Emmett sabía que Rose sonreía.
–Estamos igual. Quería preguntarte lo de nuestra cita… con los niños, ¿te parece bien este sábado?–le preguntó él.
–Estoy de acuerdo, hoy mismo hablaré con los chicos, ¿Cómo están tus princesas?–le preguntó ella. Emmett rodó los ojos.
–Mejor ni hablemos de mis princesas, van a volverme loco… hoy también voy a decirles–dijo él– aunque eso empeorará mi día mas de lo que ya está.
– ¿Qué sucede cariño?
–Nada con lo que debas molestarte, pasaré a buscarte el sábado–le dijo él, tratando de no perder los ánimos.
–Claro, hasta luego, debo seguir trabajando–dijo ella.
–Te quiero, Rose–le dijo él muy serio, esperando la respuesta de Rose.
–Te quiero, Emm–respondió ella. Emmett sonrió y colgó la llamada.
Durante la cena, Rose habló con sus hijos. Y esperaba que se lo tomaran lo mejor posible.
–Chicos–dijo ella, dejando la comida y llamando la atención de los niños.
–¿Qué sucede mamá?– habló Thomas. De los gemelos, Thomas era el más travieso y el más osado, en cambio Noah era tímido y prefería no meterse en problemas.
–Este sábado me han invitado a cenar, con ustedes…–empezó a decir. Noah soltó los cubiertos haciendo que estos golpearan con el plato de una forma molesta. Rose lo miró seria– Noah, no hagas eso, y menos quiero que lo hagas el sábado, ¿de acuerdo?– Noah la miró, y luego volvió la vista a su plato.
–Mamá, ¿te estás viendo con alguien?–preguntó el niño sin dejar de ver su plato, que en ese momento le parecía bastante interesante.
–Si, me estoy viendo con alguien, y quiero que lo conozcan, ¿les parece bien?– Los niños se miraron entre ellos. Thomas que hasta el momento había permanecido callado, dejó sus cubiertos y se levantó de la mesa, no sin antes decir un "gracias". Noah se quedó mirando su plato, tratando de que las lágrimas de sus ojos no salieran.
–Thomas, ven, quiero hablar con los dos…–lo llamó Rose.
–Ahora no, mamá–le respondió él. Acto seguido, Noah se levantó y siguió a su hermano. "Resultó mejor de lo que esperaba" pensó Rosalie.
Por otro lado, Emmett ya les había soltado la noticia a sus hijas, ambas estaban en la mesa con cara de pocos amigos. Zoey había sonreído luego de unos segundos, ya que Emmett había utilizado la palabra "mamá" en cuanto habló de Rosalie. Mía, en cambio...era Mía, mucho no podía esperar. Tardó más tiempo en reaccionar, pero no dijo nada y fue a su habitación. Emmett dejó que se fuera, pensando que eso era una buena reacción, comparado con las rabietas que ella solía dar.
El día sábado había llegado, Emmett estaba nervioso, y sentía que todo le podría salir mal en cualquier momento.
–Relájate, ¿qué posibilidades hay de que la cena se arruine?–le preguntaba Alice, al otro lado del teléfono. Emmett rodó los ojos mientras trataba de peinar a su hija Zoey, mientras ella comía un helado.
–¿En serio lo preguntas?
–Hermano, tú mismo me dijiste que la amabas, así que no importe lo que pase, no la vas a dejar ir–dijo ella. Emmett supo que estaba sonriendo.
–Muchas gracias, Alice–dijo él. En ese momento, Mía entra en la habitación, usando rollers y comiendo un helado. Ahora se encontraba mucho mejor y Emm sólo le daba algo fuera de la dieta una vez a la semana.
–¡Alice! ¡Yo quiero hablar con la tía Alice, papá!–le dijo ella, y sin siquiera esperar a que su padre responda, le quitó el teléfono de las manos. Alice reía del otro lado de la línea.
–Hola, tía–le saludó. Emm rodó los ojos y se fue, sabiendo que su hija tendría una de esas profundas conversaciones con Alice.
Rosalie se encontraba en su casa dándose un relajante baño de burbujas mientras sus hijos jugaban con la Xbox. Estaba tan relajada que apenas escuchaba las discusiones de los niños.
–¡Mamá, tienes una llamada!–dijo Thomas entrando en el baño. Rose abrió los ojos como platos y fulminó a su hijo con la mirada.
–Thomas, hijo, sabes que debes tocar antes de entrar–le dijo ella tomando el teléfono–ahora vete y deja a mamá unos minutos más de privacidad–Thomas rió y salió del baño.
–Hola–dijo Rose.
–¿Qué tal, querida? ¿Me extrañaste?– Rosalie se mordió el labio, molesta.
–¿Qué quieres, Royce?
–¿Qué mas voy a querer? La semana que viene estaré en Boston, pasaré a buscar a los chicos y los llevaré al cine o donde ellos quieran–le dijo él.
–Ya era hora que aparecieras. Primero le preguntaré a los chicos si quieren, no voy a obligarlos a ir contigo–le dijo ella suspirando.
–¿Insinúas que mis hijos no querrán verme, Rose?–ella rodó los ojos.
–Como sea, te llamo mañana–dijo y cortó. Royce solo daba problemas y aparecía cuando menos se lo necesitaba.
Rose salió de la bañera, se secó el cuerpo y se puso los jeans y remera que tenía preparados para esa noche. Se secó el pelo un poco, y se maquilló. Salió del baño y fue a ver a sus hijos.
–Chicos, vayan a cambiarse, en veinte minutos los quiero preparados– les ordenó. Ambos niños asintieron, apagaron la Xbox y fueron a su habitación.
–Y pónganse perfume–les dijo ella mientras veía como subían las escaleras.
A las siete en punto, tocaron la puerta. Rose sonrió nerviosa y se dio una última mirada en el espejo.
Llamó a sus hijos y abrió la puerta.
Emmett sonreía de oreja a oreja, dejando a la vista sus hoyuelos. Llevaba una camisa y pantalones negros, que lo hacían ver más sexy, en sus manos tenía un ramo de rosas, el cual le entregó a Rose en cuanto abrió la puerta.
–Buenas noches, señorita Hale–le dijo él sin dejar de sonreír. Rosalie rió y le dio un beso en la mejilla.
–Buenas noches, señor McCarty, gracias por las flores–le dijo ella.
–Por nada–le respondió él. Thomas carraspeó detrás de su madre para hacerse notar, Noah simplemente miraba la escena y trataba de descifrar si ese hombre era jugador de soccer o era boxeador.
–Oh, Emmett, ellos son mis hijos Thomas y Noah–dijo ella señalando a los chicos con un gesto de mano. Emm sonrió y le tendió la mano a Thomas.
–Un gusto señor, finalmente puedo conocer a los muchachos de Rosalie Hale–dijo él guiñándole un ojo a Rose.
–El gusto es mío, es bueno saber con quién sale mi mamá–le respondió Thomas. Emmett le sonrió y pasó su mano con Noah.
–Y ellas son mis hijas, Mía y Zoey–dijo Emm, dejando un espacio para mostrar a sus hijas. Mía llevaba una remera rosa con un unicornio y jeans azules con zapatillas rosas, converse. Zoey llevaba una remera blanca y una pollera rosa con detalles celestes, tenía unas botitas color verde agua, ella misma se había vestido.
–Hola–dijeron Thomas y Noah a la vez.
–Es bueno verlas de nuevo señoritas–les dijo Rose, Mía la miró seria y tomó la mano de su padre sin decir nada.
–Están algo tímidas–explicó Emmett– ¿nos vamos?
Emmett ayudó a las niñas a subir a su auto, ya que eran muy pequeñas todavía. Thomas y Noah subieron después. Rose iba en el copiloto, y se sentía bastante incómoda, no sabía si era correcto lo que hacían.
–¿A dónde iremos a cenar, papá?–preguntó Mía. Emmett le sonrió por el espejo retrovisor.
–Al restaurante que da una bella vista al río Charles.
–Pero ahí vamos cuando suceden cosas importantes–le dijo la niña haciendo un puchero. Rose se mordió él labio.
–¿Y esto no es importante?–le preguntó Emm.
–Con mamá ya fuimos a uno de los restaurantes que tienen esa vista–dijo Thomas mirando a Mía.
–Yo también fui ahí con mi papá y mi tía Alice…–Rose rodó los ojos, ya sabiendo por donde iría la conversación.
–Con mi mamá subimos a la terraza del restaurante y pudimos ver toda la ciudad–le dijo Thomas.
–Thomas…–empezó a decir Noah.
–Con mi papá y mi tía fuimos por el río Charles en barco, todo un día–le dijo ella. Zoey ya se había tapado las orejas con sus manos.
–Thomas basta–dijo Noah.
–Mi papá tiene un helicóptero privado, y si queremos nos lleva a pasear–dijo Thomas.
–Niños, basta, ya vamos a llegar. Thomas basta–le dijo Rose.
–Ella empezó.
–No es cierto–respondió Mía.
–Llegamos–suspiró Emmett. Todos bajaron y fueron al restaurante. El mozo los llevó hacia una mesa que Emmett había reservado.
Rosalie y Emmett se tiraban una que otra mirada por el momento incómodo que estaban pasando.
–Bueno, y ¿qué van a pedir?–le preguntó Rose a los niños.
–Papi, ¿puedo ir a los juegos con Zoey?–preguntó Mía.
–Amor, primero vamos a pedir lo que vamos a comer, luego pueden ir a jugar–le dijo Emmett.
–Pero yo quiero ir a los juegos, puedes elegirme tu la comida–le dijo sonriendo. Emmett miró a Rose en un gesto de disculpa.
–No, Mía, todos vamos a pedir la comida juntos, y eso te incluye.
–Aghh, ¿porqué?–el rostro de la niña se estaba poniendo rojo debido al enojo. Emmett trataba de controlar la situación pero claramente le tenía miedo a su hija.
–De acuerdo, pero comerás lo que yo te ordene–le dijo él, Mía asintió y salió corriendo a los juegos.
–Mamá, ¿podemos…
–No, ustedes van a esperar con nosotros–interrumpió Rose a su hijo.
–Chicos, ¿les gusta el deporte?–les preguntó Emmett. Ambos niños se miraron, pero fue Thomas el que respondió.
–Nos gusta el karate, también practicamos futbol.
–¿Eres boxeador?–le preguntó Noah.
–No, no soy boxeador. En la universidad practicaba deportes, y ahora me mantengo yendo al gimnasio–le dijo él, orgulloso.
–Mamá también va al gimnasio–le dijo Noah. Rose se sonrojo un poco.
–¿En serio? No lo sabía–le dijo Emmett sonriendo y mirando a Rose, divertido.
–Si, es porque no le gusta verse gorda…–empezó a decir Thomas.
–Thomas, cariño, no des detalles, Emmett sabe para qué se va al gimnasio–le dijo ella a su hijo. El mozo llegó y todos realizaron su pedido, sólo faltaba que les trajeran la comida.
–¿Ahora podemos ir a jugar?–preguntó Noah. Rose asintió y ambos gemelos fueron a los juegos.
Mía y Thomas se habían llevado muy bien, ambos eran muy traviesos y eso era lo que tenían en común. Los dos pidieron helado de postre, y jugaban usándolo de bigote. Noah en cambio, prefería quedarse callado y ver a Zoey, que estaba bastante entretenida con una de sus colitas.
Noah le preguntó a Emmett porqué Zoey no hablaba, y él simplemente le dijo que ella simplemente no lo hacía. Rose se disculpó por la pregunta de su hijo pero a Emmett no le molestó en absoluto.
La cena terminó bastante bien al fin de cuentas, Rose pasó por alto la forma en que Mía trataba a Emmett, a la vez que Emmett trataba de prestar atención a como Rose tenía el mando con sus hijos.
–Lamento si te hice sentir incómoda esta noche–le dijo él tomando sus manos. Las niñas dormían en el auto y los chicos ya habían entrado a la casa, Emm y Rose se estaban despidiendo.
–Emm, no te preocupes, creo que ambos hemos estado algo incómodos, pero aun así la pasamos bien ¿no?– Emmett sonrió y tomo el rostro de Rose con sus dos manos para besarla. No se habían besado en toda la noche, y Emmett deseaba tanto como Rosalie besarla. Ella se aferró a su cuello profundizando el beso, provocando una danza entre sus lenguas.
–Te amo–le dijo ella, separándose. Su frente estaba pegada a la de Emmett.
Emm besó su frente y la miró a los ojos.
–También te amo, más de lo que creí amar a alguien–le dijo, sintiendo como ese vacío que tenía, se iba llenando con cada cariño de ella. Tal como le había dicho Alice, no la iba a dejar ir.
–Te veré mañana–le dijo Rose besándolo de nuevo. Emmett no pudo contenerse y acercó el cuerpo de ella al suyo. En un movimiento delicado, presionó el trasero de Rose con su mano y sonrió. Ella a cambio le mordió el labio.
–Hasta mañana–le dijo él, y se fue al auto. Una vez que vio a Rose entrar a su casa, se fue.
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