Hola mis bellos lectores! Como siempre gracias por seguir la historia, y gracias Vane por ser la que está pendiente de cada capítulo(sos una de las lectoras que mas sigue mis historias) En fin, sin nada mas que decir los dejo leer :)
Capítulo 9
El teléfono de Rosalie no dejaba de sonar, en un intento por apagarlo entre sueños, Rose lo tira al piso. Al notar un peso caliente sobre ella, abre los ojos. Pero sólo se trataba de Emmett, ella sonrió al recordar la hermosa noche que ambos habían pasado. Se acercó a él y comenzó a despertarlo entre besos. Emmett sonrió sin abrir los ojos, con sus brazos atrajo mas el cuerpo de Rose al suyo, sintiendo el calor de su piel.
–Eres hermosa, no necesito tener los ojos abiertos para saberlo–le dijo él. Rose rió y le dio un casto beso en los labios.
–Buenos días, oso–dijo sonriendo. Perezosamente, Emmett abrió sus ojos, encontrándose con los de Rose.
–Buenos días, Ángel–dijo besándola nuevamente.
–Cariño, debemos levantarnos o nuestros hijos van a comenzar a pensar cualquier cosa–dijo ella.
–Que piensen lo que quieran, nunca sabrán lo que hicimos– ambos rieron, y Emmett juguetonamente se puso encima de Rose.
–Estas de buen humor eh–dijo ella señalando su entrepierna.
–Siempre y cuando despierte contigo, estaré de buen humor–dijo volviéndola a besar. Su juego de caricias y besos fue interrumpido por el celular de Rosalie, que nuevamente sonaba desesperado.
–Debo atender, o no nos dejarán en paz–dijo ella rodando los ojos y sentándose en la cama para buscar su teléfono.
–Hola–dijo tratando de parecer relajada. Emmett estaba acostado, acariciando la espalda desnuda de Rose, sin poder ver su rostro. Rosalie abrió los ojos como platos al recibir la respuesta del otro lado del teléfono.
–Rosalie, ¿porqué no contestabas? Se supone que debías llamarme ayer, ¿recuerdas?– Con una mano, Rose se tapó el rostro, deseando que esa llamada nunca se hubiera producido.
–Yo… lo siento Royce, eh estado muy ocupada y lo olvidé, lo siento–dijo ella. Emmett al escuchar el nombre de Royce, se levantó para sentarse al lado de su ángel, atrayéndola más hacia él.
–Olvídalo, no importa. Sólo te llamaba para confirmar lo del miércoles, probablemente ese día me encuentre en Boston, pasaré por los gemelos a la escuela–dijo él.
–Royce, los chicos tienen karate el miércoles, te lo dije y se supone que deberías saberlo–dijo Rose enojada.
–Bueno, faltar una clase no les hace daño, y si tanto te molesta los llevaré a su clase, no te preocupes– Rose rodó los ojos.
–De acuerdo, les avisaré, hasta luego– dijo sin dar oportunidad a Royce de hablar– va a volverme loca–dijo Rose, recostando su cabeza en el hombro de Emmett. Él depositó un dulce beso en su cabeza.
–No te preocupes amor, de todos los días que antes solía molestarte, ahora te molesta solo uno, todo va a estar bien–dijo él besándola. Rose sonrió de placer, y sintió que no había mejor lugar en el mundo que los brazos de Emmett.
–Gracias por estar aquí–le dijo ella.
–Siempre que quieras.
Luego de desayunar y ya arreglados de una manera formal y sin rastro de lo que hicieron esa noche, subieron al Jeep donde Emmett comenzó el viaje de regreso.
–Tienes una casa muy bonita–le dijo Rose, recordando la casa de Emmett.
–Gracias, mi ex esposa la eligió–dijo él. Rose se mordió el labio– espero que mis dos criaturas no hayan puesto la casa de cabeza–dijo Emmett comenzando a acariciarse el cabello con una mano.
–Yo espero que mis criaturas sigan siendo las mismas que dejé ayer–dijo Rose riendo.
Emmett estacionó el auto, bajó de su asiento y fue a abrir la puerta de Rose para ayudarla a bajar.
En el patio trasero de la casa, se escuchaban muchas risas y gritos.
–Diablos–dijo Emmett cerrando la puerta del copiloto para después tomar la mano de Rose e ir donde procedían las risas.
–Tranquilo, amor, no creo que sea para tanto–dijo Rose al tiempo que se arrepentía de haberlo dicho.
El patio trasero estaba lleno de barro y lodo por todas partes, la piscina que se encontraba en medio del patio estaba llena de hojas de arboles. Mía y Thomas llevaban puesto un traje de baño, los cuales estaban cubiertos de lodo también, hasta el cabello. Zoey se encontraba sentada en el césped, armando una especie de torta de lodo mientras que Noah perseguía a Mía y a Thomas con una pistola de agua.
–Cariño…–lo atajó Rose, sosteniéndolo de uno de sus enormes brazos.
–¡ALICE!–gritó Emmett, llamando la atención de los cuatro niños. Alice apareció seguida por Jasper, ambos también se encontraban bastante sucios. El rostro de Alice demostraba el temor que ella tenía, por instinto tomó la mano de Jasper.
–¡Papi!–gritó Mia, corriendo en dirección a su padre. Emmett abrió los ojos como platos, Alice se tapo la boca con ambas manos, Jasper se tapó los ojos y Rose se hizo a un lado.
Emmett recibió un fuerte abrazo de su pequeña, lo cual lo enfureció más, pero aun así tomó a su hija en brazos. Zoey no tardó en unirse.
–Mira papi, ahora si eres uno de nosotros–le dijo Mia señalando su ropa.
–¡Mamá!–gritaron los gemelos, yendo a abrazar a Rose. Aunque ella no se lo tomó tan bien como Emmett.
–¿Porqué están tan sucios ustedes dos?–les preguntó ella, haciéndose a un lado.
–Lo sentimos, mamá–respondieron los gemelos a coro.
–Alice, ¿qué es todo esto?
–Yo…–empezó Alice.
–Emmett, no seas así con tu hermana, ¿porqué no me dijiste que estabas saliendo con una mujer?– Una mujer mayor, que parecía no tener más de treinta años, apareció en el patio con una bandeja con galletas en sus manos–niños, ya están las galletas, pero lávense las manos primero–dijo la mujer. Los cuatro niños corrieron al interior de la casa a hacer lo que la señora les había mandado.
–Mamá, ¿qué estás haciendo aquí?–preguntó Emmett, ahora más preocupado que antes.
–Llamé anoche, para hablar con mis nietas, y me encuentro con que Alice las está cuidando…
–No puedo creerlo–dijo Emmett pasándose las manos por su rostro.
–Ay cariño, no pasa nada, ahora preséntame a esa bonita mujer que tienes a tu lado–le ordenó. Emmett respiró hondo y tomó la mano de Rose para guiarla hasta donde estaba su madre.
–Mamá, ella es Rose. Rose ella es Grace Platt, mi madre– Rose le tendió la mano a la señora Platt, pero ella la arrastró hasta darle un abrazo.
–Nada de presentaciones formales querida, dime Grace–le sonrió.
–Un gusto conocerla, Grace–le sonrió Rose.
Luego de las presentaciones y de comer las deliciosas galletas de la señora Platt, Emmett finalmente perdonó a su hermana. Rose y Jasper se despidieron de todos, al igual que los gemelos y se fueron a casa.
–¿Cómo la pasaron?–preguntó Jass a su hermana, fijando la vista en la carretera. Ella le sonrió.
–Muy bien, ¿sabes? No conocía ese lado romántico de Emmett, fue realmente hermoso.
–¿Qué hicieron?...bueno, mas bien, ¿qué NO hicieron?–le preguntó él, resaltando la palabra "no".
–Jasper–dijo ella, señalando con la cabeza los asientos de atrás, donde los gemelos se encontraban profundamente dormidos.
Jasper ayudó a su hermana a acostar a los niños y luego se fue. Él estaba cansado, al igual que Alice, luego le contaría a su hermana lo que habían hecho con los niños.
Rosalie fue a darse un baño, realmente lo necesitaba. Estaba cansada y deseaba mas estar cerca de su oso. Esa noche finalmente habían terminado de cerrar ese espacio que había entre ellos, pero ella lo necesitaba.
–Oh Emmett–dijo suspirando, cerrando los ojos dentro de la bañera.
Por su parte, Emmett había dejado a sus hijas un rato con su madre para ordenar la casa con Alice.
–Alice, ¿cómo se portaron las niñas?–le preguntó el, mientras limpiaba la piscina. Ella se encontraba levantando los peluches y juguetes que se encontraban por todo el patio.
–Ehh...bastante bien, lo normal, ya sabes–respondió nerviosa, evitando su mirada.
–¿Alice?
–Ya sabes como son, Emm, nunca dejaría que nada malo les pase…
–Muchachos, ya terminó mi estadía aquí. Les dejo estas dos princesas, y me voy a casa– les dijo Grace, llegando a ellos con ambas niñas en sus brazos.
Emmett se acercó para ayudarla.
–Gracias, mamá, esperamos verte pronto–le dijo él, algo molesto. No le gustaba que su madre se presentara de esa forma en su casa.
–Adios, mis niños–se despidió ella de Alice y Emmett. Mía se rió ocultando su rostro en el cuello de su padre.
–Adios, ma–saludó Alice, sacando a Zoey de los brazos de Emmett– vamos a ordenar estos juguetes, preciosa– Zoey le sonrió y se aferro a su cuello con sus brazos rodeando la cintura de su tía con sus piernas.
–Papi–lo llamó Mía, captando su atención.
–Si, princesa
–¿Puedo preguntarte algo?–le dijo ella, jugando con sus manitos en un gesto nervioso. Mentalmente Emmett se repetía "Por favor que no sea de dónde vienen los bebés, que no sea de dónde vienen los bebés…"
–Claro, princesa, lo que quieras–dijo a la vez que se lamentaba. Mía lo miró frunciendo el ceño, con sus ojos azul profundo.
–¿Amas a Rosalie?–le preguntó de forma directa, sin quitar sus ojos de los de su padre. Él la miró confundido, su hija no estaba alterada, no hacía ninguna rabieta y le preguntaba eso como si fuera lo más normal del mundo. Cosa que en realidad era, pero para algunos niños, era difícil asimilar que sus padres vuelvan a salir con otras mujeres.
–Si, la amo–le respondió él de forma pacífica, aprovechando el momento para hablar con su hija. Le quitó un mechón de cabello y lo puso detrás de su oreja.
–¿Y te vas a casar con ella?–volvió a preguntar la niña, esta vez mirando sus manitos.
–No lo sé, aun es muy pronto para decidirlo. ¿Por qué lo preguntas? ¿No quieres que me case con Rose?– Mía levantó su mirada, y sus mejillas se tiñeron de un tono rosado haciendo que se viera adorable.
–¿Mía?–le instó Emmett.
–Papi, si no te casas con Rose ¿saldrás con otras mujeres?– Emmett abrió los ojos como platos. Se preguntaba por qué su hija de repente tiraba tantas preguntas. La llevó donde estaban las sillas del patio, y se acomodó con ella en brazos, de esa forma ambos estaban más cómodos.
–¿Por qué dices eso? – Mía soltó un suspiro.
–Porque si te casas con Rose eso significa que nos darán un hermanito a Zoey, Thomas, Noah y a mí, pero si no, eso quiere decir que solo tienes sexo con ella. le dijo la niña inocentemente. La cara de Emmett se descompuso en el momento en que su hija dijo la palabra "sexo"– Papi, ¿tu sales con Rosalie porque quieres tener sexo con ella?
–¿Dónde escuchaste eso?–le preguntó sin despegar la vista de ella. Tal vez Mia ni siquiera sabía el significado de la palabra, pero quería estar seguro de aquello. Mia levantó la mirada hacia su padre.
–La abuelita Grace y tía Alice hablaban de eso mientras tío Jasper jugaba con nosotros, yo las escuché porque fui por un vaso de agua–le respondió. Emmett se pasó ambas manos por la cara, sin saber que decirle.
–Mia…–trató de buscar las palabras correctas, no quería confundirla.
–¿Papi que es el sexo?–le preguntó de repente. "Mierda" pensó.
–¡Alice!–la llamó. Su hermana tardó un tiempo, pero luego apareció en el patio, dirigiéndose con pasos inseguros hacia ellos.
–¿Si, hermano?–le preguntó sonriendo como quien no quiere la cosa. De vez en cuando miraba a su sobrina para saber de qué hablaban.
–¿Mía, quieres preguntarle a tu tía lo que me preguntaste?–le dijo él, haciéndole mimos en el cabello a su hija. La niña miró a su tía muy seria.
–Tía Alice, ¿qué es el sexo?– decir que a Alice casi se le cae la mandíbula es quedarse corto. Miró espantada a Emmett quien le sonreía como si ella fuera responsable de la pregunta y luego a su sobrina, que miraba a ambos expectante.
–¿Quién te habló de eso, bonita?–le preguntó ella, yéndose por la tangente.
–Tu–le respondió Mia, inocentemente. Alice abrió más los ojos y en su boca se formó una "oh" de sorpresa.
–¿Segura, cariño? Yo no recuerdo haberte pronunciado nada de eso… Notengoniidea–le dijo por último a su hermano, apenas en un susurro.
–Sí, tía, tu y la abuela discutían de si mi papi amaba a Rose o solo salía con ella para tener sexo, ¿qué es el sexo?
–Mia, mil veces te dije que es de mala educación escuchar conversaciones ajenas, eso no se hace–la reprendió Alice. Emmett atrajo más a su hija a su pecho, no era su culpa.
–Princesa, no tienes porqué saber eso, aun eres muy pequeña pero te prometo que cuando tengas la edad tu tía Alice será la que te lo cuente–le dijo él. Alice lo miró echando chispas por los ojos. La había enviado al muere.
–Emmett McCarty–empezó a decir.
–Tía Alice, ¿tú también me dirás de donde vienen los bebés?
–Ah no, eres hombre muerto…–Alice se giró sobre sus pies, y se fue a la casa–¡Hombre muerto!–gritó entrando. Emmett rió y abrazó más a su hija.
–Te amo demasiado–le dijo dándole pequeños besos.
–Yo también papi–le dijo ella sin parar de reír a causa de los besos.
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