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Capítulo 11
El gran prado era lo que llamaba su atención, Rosalie miraba todo maravillada. El cielo estaba de un hermoso color celeste, cubierto por varias nubes blancas y esponjosas.
Se quedó contemplando el lugar con una sonrisa. Unos brazos la rodearon y ella sonrió al sentir sus labios en su cuello.
–Mamá– la llamaban. Ella seguía sumida en esas caricias.
–Mami…– de repente comenzó a sentir como esos mismos brazos la sacudían.
–Ma… Mami– Rose abrió los ojos de golpe, encontrándose con su hijo Noah llorando a su lado de la cama. Instintivamente se sentó y lo abrazó.
–¿Qué pasa mi vida? ¿Qué tienes?–le preguntó preocupada, secando sus lágrimas. Noah hipaba por las lágrimas, incapaz de hablar. Rose lo tomó en brazos, arrullándolo, como hacía cuando él era pequeño.
Al tener su cuerpo pegado al de ella, lo notó con un poco de temperatura; apoyó sus labios en la frente del niño para sentir mejor la temperatura. Cuando logró calmarlo, lo tomó en brazos y lo llevó a su habitación. Lo dejó en la cama a duras penas ya que él se quejaba, y buscó otro pijama. Fue hasta su cuarto, y de su maletín de primeros auxilios sacó un termómetro y un jarabe.
–Tranquilo, bebé, vas a estar bien–dijo ella, besándolo. Le tomó la temperatura, que daba casi cuarenta grados, se mordió el labio al saber que la temperatura era bastante alta– ven, amor, vamos a darte un baño–dijo tomándolo en brazos de nuevo. Lo dejó en el suelo y encendió la ducha con agua fría.
–No quiero, mami, está muy frió–dijo Noah, apoyándose en la puerta.
–Ven, yo entraré contigo, no voy a dejarte solo–le dijo sonriendo. Su hijo asintió y dejó que su madre lo metiera en la ducha. Ella trató de no mojarse tanto, ya que ella no quería enfermarse. Una vez que le bajó un poco la temperatura, le puso el otro pijama y le dio el jarabe.
Cuando quiso dejarlo en su cama, Noah se aferró a su cuello.
–¿Quieres dormir con mamá?–le preguntó, sintiendo como su hijo asentía con la cabeza en su cuello. Hizo el esfuerzo por cargarlo hasta su habitación, lo acostó y arropó, dándole un beso en la frente.
–Mami, no te vayas–le dijo él, extendiendo su mano. Ella se acercó a él y comenzó a mimarlo y cantarle para que se relaje. A los pocos minutos Noah se quedó dormido.
Rosalie lo contemplaba y lo veía como su bebé que una vez llegó a ser. Sus hijos habían crecido mucho, pero cuando enfermaban, se volvían bastantes dependientes de ella. Rose no soportaba ver a sus pequeños enfermos, le dolía ver cómo estaban decaídos, buscando las energías que le faltaban.
Acarició los cabellos de su hijo una última vez antes de levantarse e ir a la habitación de Thomas. Generalmente, cuando uno enfermaba, el otro también. Rose suponía que debía ser algo de gemelos.
Al ir a la habitación de su otro hijo, se fijó en la hora, que marcaba las cuatro treinta de la madrugada. Suspiró.
Thomas estaba profundamente dormido, parecía que él no iba a enfermarse todavía. Rose lo veía más sano que cualquiera. Le dio un beso y lo tapó antes de salir de nuevo.
Fue a su habitación y se acostó al lado de su hijo, le dio un dulce beso y se dispuso a seguir durmiendo.
Su despertador sonó como cada mañana. Se sobresaltó al escucharlo, ya que estaba profundamente dormida. Su hijo se encontraba sobre su brazo izquierdo, como pudo apagó el despertador antes de que lo despertara.
Sonrió al ver que su hijo ya no tenía fiebre, y cuidadosamente lo hizo a un lado y se levantó.
Fue a cepillarse los dientes, se dio una ducha y se puso ropa cómoda. Hoy no pensaba ir a trabajar.
Mientras se preparaba un café, buscó en su celular el número de su oso y lo llamó. Luego del segundo tono, Emmett habló.
–¿Amaneció extrañándome señorita Hale?–le preguntó él. Rose sonrió por el tono seductor que Emm había usado.
–Se podría decir… aunque, te extraño desde el momento en que te digo adiós hasta que finalmente estoy en tus brazos–dijo ella sonriendo como boba.
–Extrañándome y sentimental, no conocía ese lado bonita, ¿a qué se debe tu llamada tan temprano?–le preguntó.
–No quería molestarte, uno de mis hijos está enfermo. Sé que tienes a tus hijas, pero me preguntaba si…
–¿Si puedo llevar a su hermano a la escuela?–la interrumpió él, viendo que ella no se animaba a formular la pregunta.
–Claro, si no es mucho problema…
–Amor, tranquila, se supone que somos una pareja ahora, no debe darte vergüenza preguntarlo. No te preocupes, pasaré a buscarlo a las siete cincuenta–dijo él.
–Gracias osito, ¿cómo están las princesas?–preguntó ella tratando de cambiar de tema.
–Todavía duermen, pero bastante bien… Hablando de mis princesas, Zoey cumplirá seis dentro de unas semanas, Alice ya está preparando algo… ¿te gustaría colaborar?–Rose sonrió.
–Claro que sí, no tengo problema.
–Bueno, te veo en un rato entonces, ¿quién es el enfermo?
–Es Noah, anoche me despertó porque tenía fiebre… espero que Thomas no se enferme –dijo ella preocupada.
–Seguro es el cambio de clima, va a estar bien–le dijo él.
–Hey, yo soy la doctora–ambos rieron.
–Buenos días, mamá–la saludó Thomas.
–Buenos días cariño. Emm, debo dejarte, tengo que hacer el desayuno–le dijo ella.
–Claro, yo iré a ver porqué las chicas no despertaron todavía, te veo en un rato–ambos finalizaron la llamada y Rose fue a la cocina. Thomas se encontraba en uno de los taburetes, con ambos codos en la mesa sosteniendo su cabeza con las manos.
–Mamá, ¿porqué Noah duerme en tu habitación?–le preguntó él.
–Porque está enfermo… ¿tú como te sientes?–le preguntó mientras sacaba el polvo de chocolate instantáneo.
–Cansado
–Mmm, no tienes fiebre–dijo ella cuando se acercó a él para tocar su frente– ¿quieres pasar el día conmigo y tu hermano? Aunque no sea tan divertido…
–¡Claro que sí! ¿Puedo ir a acostarme de nuevo?–Rose sonrió al ver el drástico cambio de humor en su hijo.
–Bueno, pequeño, ve
–No me digas pequeño, ¿puedo ir a tu habitación también?– Rose asintió y continuó con su café. Guardó el chocolate, y llamó nuevamente a Emmett, aunque él no le contestó. Supuso que debía estar ayudando a sus hijas.
Le mandó un mensaje:
Thomas tampoco irá a la escuela hoy, lamento haberte molestado. Te quiero.
Al terminar su desayuno, fue a su habitación. Ambos niños estaban profundamente dormidos, Rose se acercó y los tapó para que estuvieran mas abrigados.
El timbre de la casa la sorprendió y bajó rápido las escaleras.
Un Emmett muy apuesto, con traje y corbata, se encontraba en su puerta.
–Buenos días–dijo ella–pensé que no vendrías, por el mensaje…–Emmett la tomó de la cintura y la besó en los labios.
–Lo sé, no vine por eso…– Rose vio como detrás de Emm, la puerta de su auto se abría.
–Rose, ¿hoy puedo venir a estudiar con Thomas?– le preguntó la niña sonriendo. Emmett miró a Rose señalando a su hija con la cabeza, dando a entender que ese era el motivo.
–Eh…claro, cariño–dijo ella poniéndose a su altura– ¿puedo saber por qué quieres estudiar con Thomas?
–Porque él me prometió que iba a ayudarme, así papá me llevará al concierto de One Direction–dijo ella saltando. Rose le sonrió y le guiñó un ojo.
–Haremos que tengas esas entradas entonces–le dijo.
–Bueno, enana, debemos irnos o llegarás tarde…–dijo él. Mia volvió al auto.
–¿Por qué simplemente no me llamaron?
–Quería preguntártelo en persona, ni me preguntes…–dijo él cuando vio que Rose iba a volver a preguntar.
Se despidieron con un beso y Rose volvió a acostarse con sus bebés. Ella tenía planeado dormir lo que quedaba del día, o hasta que Mia llegara para estudiar. ¿Quién lo diría? La hija de él y el hijo de ella, estudiando juntos.
A las cinco de la tarde, Rose le servía chocolate a Mia y a Thomas. Ambos niños se encontraban muy concentrados, Thomas le explicaba a Mía matemáticas y la ayudaba con sus tareas.
–Si tienes diez manzanas y te compran cinco, ¿Cuántas manzanas te quedan?– le preguntaba Thomas a Mia. Ella hacía una mueca con su boca y se rascaba la cabeza pensando, algo que la hacía ver igual a Emmett. Hasta ese momento, Rose no había notado ese parecido.
Dejó un plato con galletitas y se retiró. Noah se encontraba todavía en su cuarto, ahora se sentía mucho mejor, pero Rosalie no lo dejaba ver televisión ni leer. Así que se encargaba de entretenerlo jugando cartas o rompecabezas.
–Mamá, ¿crees que Emmett va a llevar a Mia al concierto?–le preguntó el, dejando una carta y alzando otra del mazo.
–Si ella cumple con lo que Emmett le pidió, entonces sí.
–Yo iba a ayudarla, pero ahora no puedo… ¿puedes ayudarla tu también?–Rose lo miró sorprendida.
–¿Yo?
–Si, como cuando nos ayudabas a Thomas y a mí, era muy sencillo. Por favor, mami, ayuda a que Mia vaya al concierto–le pidió él, tirándose al regazo de su madre. Rosalie le dio un beso en la cabeza.
–De acuerdo… no mires televisión en mi ausencia–le dijo ella antes de irse.
Ahora Thomas y Mia estaban con un libro bastante grande, parecía de historia. Rose los observó un momento.
–Los verbos son cosas que hacemos todo el tiempo, como correr, caminar, jugar…–Rose sonrió. Su hijo nunca había sido de esa manera con nadie, él odiaba estudiar. Se acercó a ellos para darles una mano.
–… o pedir entradas para un concierto–dijo ella. Mia le sonrió.
–Mamá, tratamos de estudiar.
–Lo sé, pero la ortografía no es lo tuyo, cielo… si le explicas así la vas a confundir
–Lo siento–dijo él mirando a Mia.
–Rose, ¿tú sabes esto?–la niña le tendió el cuaderno, mostrándole las tareas que tenía. Rosalie lo vio demasiado sencillo.
–Claro que lo sabe, mamá lo sabe todo– Rose se rió y se mordió el labio.
–Digamos que sí… lo que Thomas te dijo sobre correr, caminar y otras cosas que hacemos todo el tiempo, no son verbos, son infinitivos–le dijo ella. Mia fue a sentarse a su lado y ambas se quedaron así otra hora de estudio.
Alice pasó a buscarla un rato mas tarde. Ambas hablaron un rato de lo que sería la fiesta de Zoey.
–¿Y cuál es el tema?–le preguntó Rose.
–Princesas, aunque creo que a ella le gustaría algo más de Frozen–dijo Alice pensando
–¿Un disfraz de Frozen estaría bien? Las decoraciones en celeste y blanco…
–Y azul, para que no sea todo muy pastel–dijo Alice– debo llamar a la decoradora, y a la pastelería, y preparar las invitaciones–dijo Alice.
–¿Siempre son así?–preguntó Rose. Ella nunca había armado la gran fiesta para sus hijos, siempre dejaba que inviten a los amigos que ellos quisieran, compraba un pastel y eso era todo. Royce siempre les regalaba grandes cosas y pasaba todo el día con ellos.
–Es esencial, no todos los días se cumplen seis años, ni diez, ni ocho, ni…
–Espera, ¿piensas hacer lo mismo para los gemelos?–le preguntó.
–Claro, ahora son mis sobrinos, por si no lo sabías, ellos merecen lo mejor de lo mejor.
–Alice…
–Tía, ya estoy cansada, ¿podemos irnos?– dijo Mia, apoyándose en su tía Alice.
–Claro, mi amor. Rose, luego seguimos hablando sobre la fiesta de hielo–dijo Alice guiñándole un ojo. Rose rió.
–¿Qué fiesta de hielo, tía Alice?
–Ya después lo sabrás, vayámonos a casa antes de que tu padre se ponga loco–dijo ella alzándola, Mia rodeó la cintura de su tía con sus piernas y apoyó la cabeza en su cuello.
–Buenas noches Rose, que tus hijos estén bien–saludó Alice.
–Adiós, cuídense.
–Rose, gracias–dijo la niña ruborizándose. Rose le dio un beso en la mejilla, haciendo que Mia se sorprenda y llevara su mano al lugar del beso.
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