HOLA, al fin pude subir el capítulo! tuve unos problemas con la página :/ En fin, lamento la demora. Disfruten!


Capítulo 16

Nuevamente era viernes, Rose y Emm habían dejado a los niños con su abuela para ellos pasar un tiempo a solas.

¿Qué era lo que tenías que decirme?–preguntó Emm.

–¿Eh?

–El otro día… antes de que nos interrumpieran, ibas a decirme algo– Rose se mordió el labio recordándolo.

–Ah sí, emm…–sus manos, que estaban entrelazadas con las de Emmett, empezaron a sudar de los nervios. Las apartó suavemente para que Emm no malinterpretara el gesto.

–Es sobre mi embarazo…–Emmett la miró asustado.

–¿Qué? ¿No es mío?–Rose se asustó ante el comentario.

–¿No confías en mi?–Emmett suspiró aliviado y le dio un piquito en los labios.

–Si…pero, lo siento, amor. Fue lo primero que me vino a la cabeza–Rose le sonrió como boba.

–Eres un tonto, claro que el bebé es tuyo–dijo ella volviéndolo a besar.

–¿Y bien? Anda Rose, por favor, dímelo… me pongo muy nervioso– ella se muerde el labio y juguetea con sus manos para no mirarlo.

–Yo… Esto no es fácil–empezó, levantando la mirada hacia él– cuando tuve a los gemelos, perdí mucha sangre a causa de un desgarro… me dijeron que podría ser riesgoso que vuelva a quedar embarazada, ya que el embarazo sería complicado y probablemente tengan que hacerme una cesárea y el bebé naciera prematuro–Rose le contó la experiencia que había pasado en el parto de los gemelos. Que fue antes de tiempo, y que por un momento ella pensó que no iba a llegar a vivir.
Emmett la escuchó atento y sorprendido, se puso triste al saber por todo lo que ella había pasado y le alegró mucho que haya sobrevivido y ahora esté a su lado.

–¿Y este bebé?–preguntó, poniendo una de sus manos en el vientre de ella. Rose lo miró con la misma preocupación que él tenía en sus ojos.

–No lo sé, Emm– Emmett acercó a Rosalie a su pecho y besó sus cabellos.

–Vamos a salir adelante con esto, no te preocupes.

Rosalie se sintió agradecida de tener a ese hombre a su lado. Cuando ella quedó embarazada de los gemelos, Royce ni siquiera estaba con ella, y cuánto le hubiera gustado que él haya estado en esos momentos.
Se quedaron acurrucados un momento que parecía infinito, pero ambos se sentían muy a gusto.

–Gracias por contarme, ángel

–Debía hacerlo… además, nunca encontré la oportunidad. Me alegra tanto habértelo dicho finalmente–dijo ella suspirando.

El silencio fue interrumpido por el ruido de las llantas de un auto. Rose se separó de Emm con una sonrisa en el rostro, sabiendo de quien se trataba.
Emmett miró al techo, poniendo los ojos en blanco, al escuchar las risas de los niños corriendo hacia la casa.

–¡Yo se lo daré primero!–gritaba Mia.

–No, ¡yo lo haré!–gritaba Noah.

–Ninguno de los dos lo hará, yo soy más rápido–decía Thomas.

–Se los regalo, hijo que pasen buena noche… Saludos Rosalie–habló Grace desde la puerta. Emmett se volteo y la saludó con la mano.

–Buenas noches Grace–saludó Rosalie.

Los tres niños corrieron hacia donde Rose y Emm se encontraban, ambos miraron lo que ellos traían en sus manos. Las hojas con dibujos hechos con témperas estaban levantadas delante de sus rostros. Emmett miró a Rose, dudando cual agarrar primero.

–Mira mami–Zoey apareció al lado del sofá, alejada de los tres niños. La niña tenía puesto un vestido morado y le mostraba el dibujo a Rose sin tapar su carita. El dibujo mostraba a cuatro niños y a sus padres, claramente se trataba de ellos.
Rose sonrió de ternura y tomó en brazos a Zoey.

–Es precioso mi amor–la felicitó Rose, dándole un beso en la mejilla. Mia, Thomas y Noah se quedaron boquiabiertos, viendo como Zoey se robaba toda la atención de Rose.

–Eso no es justo, ella ni siquiera se apresuró a llegar–se quejó Thomas.

–Ya, tranquilos… todos sus dibujos son preciosos, vamos a colocarlos en la puerta del refrigerador, ¿les parece?

–Papi–dijo Mia, extendiendo sus brazos para que Emmett la alzara– él mío primero–le sonrió ella una vez que estuvo en sus brazos.

–Mamá, ¿podemos quedarnos todo el fin de semana aquí, por favor?–pidió Thomas a Rosalie, volviendo de la cocina. Rose todavía tenía a Zoey en sus brazos y había encendido la televisión para ver Disney juntas.

–Pues…primero debemos preguntarle a Emmett

–Ya sabes que yo no tengo problema en que se queden–dijo Emmett, guiñándole un ojo.

–De acuerdo, pero debemos ir a buscar nuestras cosas primero–dijo ella, poniéndose de pie dejando a Zoey en el sofá.

–Tenemos que darnos prisa o llegaremos muy tarde–dijo Noah saltando agitadamente. Rose se rió por la actitud de su hijo.

Rose se fue con sus hijos a buscar las cosas que necesitarían para todo el fin de semana. Emmett se quedó con sus hijas y decidió que debían ordenar un poco.

–Saben, ¿porqué no recogen sus juguetes mientras yo ordeno mis cosas?, así se ve todo mas prolijo para cuando ellos vengan–les sugirió Emmett.

–¡Siii!–chilló Zoey, empezando a recoger los peluches y otros juguetes del suelo.

–Odio ordenar–dijo Mia recogiendo las cosas a duras penas.

–La que termina primero tendrá un premio–les dijo Emmett. En ese momento Mia apresuró el paso haciendo que su hermana y su padre rieran.

–¡Termine!–gritó cinco minutos después. Emmett se encontraba en la cocina, viendo si tenía algo para los seis esa noche.

–Muy bien princesa–la felicitó dándole un beso en la cabeza.

–Papá, ¿puedo hablar contigo?–pidió ella a su padre. Emmett la miró, Mia estaba seria esperando una respuesta de su padre.

–Claro, ¿qué pasa?–le preguntó, sentándose en uno de los taburetes de la cocina alzando a su hija en su regazo.

–Yo quería saber si…–el timbre de la casa sonó, y Zoey apareció corriendo por el pasillo para abrir la puerta.

–¡Vino mami Rose!–gritaba la pequeña. Emmett bajó a Mia de su regazo y fue a abrir la puerta.

–Luego me dices–le dijo a Mia antes de irse. Ella hizo un puchero mientras observaba como Rose, Thomas y Noah entraban en la casa. Zoey le decía mamá nuevamente y Rose la tomaba en brazos.

–Hola enana–la saludó Thomas. Ella miró a los gemelos un segundo, sin decir nada y subió a su habitación.

–¿Qué vamos a cenar?–preguntó Rose, entrando con Zoey en brazos.

–Estube viendo… y creo que tal vez se nos ocurra hacer algo elaborado, ¿Qué te parece?–le preguntó Emmett, quitándole a Zoey.

–Me parece bien, ¿qué quieren comer ustedes, niños?–preguntó Rose en general.

–Pasta–dijo Noah.

–Yo iba a decir pasta–discutió Thomas.

–Pasta–repitió Zoey.

–Cariño, ¿dónde está Mia?–Emmett hasta ese momento no se había dado cuenta de la ausencia de su hija.
Miró a Rose con la duda en el rostro y ella frunció el ceño.

–Iré a buscarla–dijo él–ocúpate de la pasta un momento

–¿Crees que a ella le gustará?

–Mia come de todo, no te preocupes–respondió con una sonrisa.

–Te ayudamos mamá–dijeron los gemelos.

Emmett dejó a Rose con los niños un momento, y fue a buscar a su hija.

–Mia…–la llamó. Abrió un poco la puerta de su habitación que se encontraba a oscuras. El reflejo de la luz del pasillo iluminaba la cama de Mia, que se encontraba vacía.
Emmett entró despacio, sabiendo que probablemente ella estaba escondida.

–¿Mia?–le habló cuando la vio sentada en forma india, peinando una de sus muñecas. Ella lo ignoró y siguió con lo que estaba haciendo.
Emmett se sentó a su lado y la observó un momento. La niña derramaba lágrimas en sus ojos y parecía no estar observando nada en realidad.

–¿Qué tienes princesa?–le preguntó, corriendo unos pelos de su rostro. Mia se corrió de su toque, asustada–¿Mia?– ella soltó su muñeca y salió corriendo de la habitación.

–¿Todo está bien?–preguntó Rose, apareciendo en el marco de la puerta justo cuando Emmett salía.

–Rose, me asustaste–dijo él, haciendo que ella se ría–¿los niños?

–Mirando televisión, vine a ver porqué tardabas…

–Mia está rara–Rose frunció el ceño– y volvió a desaparecer, no se que tiene–ella le dio un tierno beso en los labios.

–Mia–llamó Rose, sin obtener respuesta.

–Sabes, no creo que sea buena idea que la busques, cuando está así es porque algo la molestó.

–Busquémosla, que tengo hambre y tengo una boca más que alimentar–dijo ella tratando de animar un poco a Emm.
Mia apareció frente a ellos abrazando una manta color lila con estrellas blancas, las mejillas rosas y los ojos llenos de lágrimas.

–Princesa, ¿qué tienes?–le preguntó Emmett, queriendo tomarla en brazos pero ella se alejó.

–Mia, ¿estás bien?–Rose se acercó a ella, poco a poco para que no se alejara al igual que Emmett.

–¿Porqué Zoey puede decirte mamá y yo no?– Rose miró a Emm y le indicó con un movimiento de cabeza que las dejara solas.

–Cariño, ven aquí–le dijo, acercándola. La niña rodeó su cuello con sus brazos, abrazándola y soltando pequeños sollozos. Al tener el cuerpo de ella pegado al suyo, sintió que la temperatura de Mia estaba un poco alta–shh, tranquila. También puedes decirme mamá, cielo, no me molestaría–Rose se separó un poco de ella y le dio besos por toda su cara., haciendo que Mia sonría.

–¿No vas a enojarte?

–Claro que no, sería una madre muy feliz sabiendo que tengo a dos bellas princesas para mimar–le respondió. Mia volvió a abrazarla, apoyando su cabeza en el cuello de Rose.

–Emm–lo llamó, tomando a Mia en brazos.

–¿Qué? ¿Qué pasa?–Rose rodó los ojos.

–Cariño, debes dejar de asustarte por todo… Está enfermita, tiene fiebre–le informó. Emmett se acercó, colocando su mano en la frente de su hija.

–Me dices que no me asuste y después que mi hija tiene fiebre… ¿crees que sea por la operación?

–No, cielo, Mia ya está curada del apéndice, ve con los niños–le pidió Rose. Emmett le dio un beso a su hija y fue con los otros niños.

–¿Vamos a comer pasta?–preguntó Zoey.

–Si, ya tenemos hambre–se quejó Thomas. Emmett levantó ambas manos, sintiéndose derrotado.

–Eh… Mia está enferma, así que… ¿quieren hamburguesas?

–¿Qué tiene Mia?

–Sólo es una gripe–mintió Emmett– no se preocupen, Rose está con ella. ¿Hamburguesas?

–¡Si!–gritaron los tres. Emmett se dispuso a cocinarles y prepararles todo en la mesa.

–Noah, Thomas, tengan cuidado al servirse la bebida… no lo vuelquen–les pidió–iré a ver cómo está Mia–les avisó.

–¿Cómo está?

–Mejor–respondió Rose–creo que ha sido el choque de emociones, ella estará bien–Mia estaba dormida profundamente, mientras Rose le hacía mimos en el rostro y colocaba un paño húmedo en su frente.


El sábado Mia ya estaba mucho mejor. Emmett y Rosalie llevaron a los niños a un día de campo, los seis se divirtieron. Anduvieron en un paseo en barco, comieron sándwiches. Emmett jugó a la pelota con los gemelos y Rose había dibujado con las niñas.
El domingo, Emmett llevó a sus hijas al recital de One Direction. Ambas estaban eufóricas y volvieron sin voz a casa. Emmett estaba agotado.

–Papá, queremos hablar con mamá–le pidió Mia– Emmett sonrió tirándose al sofá.

–Pues llámenla–les dijo tapándose la cara con su brazo.

–No sabemos su numero– Emmett se levantó a buscar el teléfono y llamó a Rose.

–Tengan, no se peleen–Mia agarró el teléfono y lo puso en alta voz.

Hola–saludó Rose.

–Hola mamá–dijeron las dos al mismo tiempo.

–Vayan a hablar a otro lado–pidió Emmett.

Hola preciosas, veo que están agotando la paciencia de papá–dijo Rose.

–Acabamos de llegar del concierto–dijo Mia.

–Fue genial–comentó Zoey.

–Me alegra mucho que les haya gustado–Rose sonreía del otro lado de la línea, escuchando como las niñas le relataban detalladamente el concierto. Cada vez que le decían "mamá" se derretía por dentro. Amaba tanto a sus hijos, que ahora eran cuatro y pronto cinco. Ella no podía pedir nada mas.

–Te quiero, mami–dijo Mia.

–Yo también te quiero–le dijo Zoey.

Yo las amo a las dos, que descansen–se despidió de ellas haciendo el sonido de un beso.

Mañana sería un largo día, Emmett trabajaría una jornada completa, por lo tanto Rose iba a pasar a buscar a sus hijas a la escuela y las llevaría de compras. La felicidad que sentía cada día iba llenando los espacios de soledad que Rose había sentido en su pasado.


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