2. Un aries para una amazona

—¿Por dónde empiezo?— preguntó Shaina, al día siguiente de haber hablado con Marin sobre su plan. Frente a ella, tenía un papel en blanco donde había escrito los nombres de todos los caballeros de oro para pedirles consejo. Golpeó el lápiz contra el folio sin decidirse quién podría ser su primera víctima.

A su lado, sentada en la cama leyendo una revista, la amazona de Águila escuchaba los titubeos de su compañera quien no terminaba de decidirse.
—¿Por qué no empiezas desde el principio?— aconsejó la japonesa, dejando la revista a un lado—. Mu es un hombre tranquilo y seguro que no se negará a pasar un rato contigo y darte una visión objetiva sobre tus puntos fuertes y tus puntos débiles. Además, sois del mismo signo zodiacal, él sabrá mejor como encauzarte.

Sin embargo, la amazona de Ofiuco tenía sus recelos y mordisqueó la punta del lapicero.
—Pero suele estar ocupado entrenando a Kiki o reparando armaduras. Por no decir si está en el Santuario, igual ha marchado a Jamir. Seguro que le supondría más un estorbo— dijo pensativa—. Además, es de los pocos caballeros de oro de los que se le desconoce relación alguna con el género femenino, ¿cómo podría él aconsejarme?
—Que lo desconozcamos no implica que no existan. También se desconocen relaciones de Afrodita y Shaka y no por ello debes dejarles de lado. Te darán un consejo desde su punto de vista.
Shaina dejó escapar una risa de incredulidad.
—No compares. Afrodita no ama a nadie, sólo al espejo que tiene delante. Está todo lleno de sus propios besos, según me dijo Deathmask. Y en cuanto a Shaka, aunque haya decidido permanecer célibe, puede darme una visión espiritual y ayudarme a ser mejor mujer. Pero Mu…¿en qué podría ayudarme?
—Pues mira, así de bote pronto, es el más adecuado para guiarte en lo que quiere un hombre con un hijo.
—¡Pero si Kiki no es su hijo!—soltó la italiana—. No me digas que…
Marin compuso una cara de susto y negó rápidamente con la cabeza.
—Que no loca, se llevan doce años de diferencia. En todo caso podría ser su hermano mayor, pero nunca su padre— contestó la japonesa contando con los dedos—. No nos desviemos del tema principal. Lo que quiero decirte es que Mu es un hombre que tiene una ocupación que le absorbe mucho, que es el entrenamiento de su alumno. Si un día te enamorases de un hombre con un hijo o que tuviera alumnos que entrenar, él es el ejemplo perfecto para saber si a ti te gustaría eso. Ahora se trata de saber qué clase de hombre te gusta y qué estás dispuesta a tolerar en una relación. ¿Comprendes?
Shaina tamborileó el lapicero sobre la mesa y subrayó el nombre del caballero de Aries.
—Sea pues, voy a por ti Mu.

Un rato después, las dos muchachas se hallaban frente al templo del carnero. La italiana estaba algo nerviosa por todo aquello y se dedicó a retorcer un mechón de pelo mientras hacía como que escuchaba a su amiga.
—...No insultes, no seas descortés…y recuerda dejarle claro que no es una cita propiamente dicha, sino que es para saber qué buscas en un hombre. ¿Me estás escuchando?— dijo Marin, al percibir que su amiga estaba en la inopia, por lo que le dio un ligero golpe en el hombro, despertando así a la italiana de su ensimismamiento.
—¡Oye, que eso ha dolido!— gimoteó la amazona de Ofiuco frotándose el área golpeada—. Que ya te escuché, no te preocupes. ¡Venga escóndete ya!

Marin dejó a su amiga frente a la puerta, no muy convencida de que Shaina fuera a hacerlo bien y corrió a esconderse tras unas ruinas.
Entonces la italiana agarró la aldaba con forma de carnero y golpeó la puerta de Aries. Como nadie salía a abrirla, golpeó con más fuerza, desencajando el objeto de hierro de la puerta. Al cabo de unos segundos se abrió la puerta y apareció Kiki, hurgándose la nariz.
—¿Sabes? Mi maestro instaló un timbre, precisamente para evitar eso— dijo señalando con la mano libre el pedazo que Shaina había arrancado sin querer.
La muchacha suspiró y preguntó por su maestro.
—Está en el taller, reparando una armadura.
—Entonces vuelvo más tarde, si está ocupado—respondió la joven, dándose media vuelta.
—No te preocupes— dijo Kiki sonriente—, así descansa un poco, lleva un buen rato trabajando y me duele la cabeza de tanto golpe. Por mi puedes interrumpirle todo lo que quieras.
—Bueno, quizás más tarde…
De repente, Marin se incorporó de su escondite y señaló a su amiga.
—¡Entra ahí dentro, por Zeus!
Kiki y Shaina dieron un respingo, y el pequeño lemuriano que no entendía nada se quedó perplejo por la situación, por lo que la amazona de Ofiuco lo empujó hacia dentro y cerró la puerta.

—¿Qué le pasa a Marin?— preguntó el pequeño, aún asustado por esa aparición súbita de la amazona de Águila.
—Nada que no arregle un buen tortazo…esto…¿dónde decías que está tu maestro?— preguntó la muchacha, poniéndose más nerviosa de lo que estaba.
—Sígueme y te llevo— dijo el niño, pero la joven le agarró de la camiseta.
—Si no te importa, dime qué puerta es y ya voy yo sola. Es que tengo que hablar con él un asunto de mayores.
Kiki parpadeó un par de veces y le dijo que estaba obligado siempre a informar de quién venía a verle y de guiarle, pero la muchacha le tranquilizó diciéndole que no se preocupara por ello.
—Pues…es tirando por ese pasillo, cruzas la puerta de madera, sigues hasta el fondo donde hay dos puertas, una a la derecha y otra de frente. Pues la de la derecha, que es de metal, es la que lleva a su taller— dijo el niño a medida que la muchacha se alejaba—. Pero ten cuidado con…
Pero la chica ya había atravesado la primera puerta sin atender a la explicación completa del niño. Kiki aguardó unos segundos hasta que escuchó un grito y un golpe.
—…el escalón— completó la frase para él mismo.

Detrás de la puerta que daba al taller, había un escalón de altura considerable que la amazona no vio y se dio de bruces contra el suelo.
—¿Estás bien?— preguntó una voz masculina, al tiempo que ayudaba a incorporarse a la joven—. ¿Por qué Kiki no ha venido contigo?
Shaina se llevó la mano a la cara y notó que comenzaba a salirle sangre por la nariz, y lo que era peor de todo, su máscara se había abollado, perdiendo la forma. Al percibir que las manos de Mu le retiraban la máscara con cuidado, la muchacha comenzó a temblar y en un acto reflejo abofeteó al caballero de Aries.
—¡Perdón, perdón, perdón!— exclamó la amazona al darse cuenta de lo que había hecho—. ¡Es la costumbre!

Mu sacudió la cabeza, aturdido por ese sopapo inesperado y miró a la joven, quien finalmente se había retirado la máscara por sí misma.
—Shaina, te sangra la nariz— dijo él, mesándose la mejilla que iba enrojeciendo por segundos y guió a la joven hasta una banqueta, para que se sentara—. Presiónate con los dedos allí donde se unen el hueso y el cartílago y aguanta presionando unos minutos para cortar la hemorragia. No te inclines hacia atrás, hazlo hacia delante.
La joven hizo lo que le dijo su compañero y abrió la boca para respirar, mientras él buscaba un trapo para que ella pudiera limpiarse los restos de sangre.
Mu recogió otra banqueta y la situó frente a la joven, sentándose mientras le tendía un trapo no muy limpio.
Shaina observó el trapo con asco y lo recogió con dos dedos.
—Es que ya sabes que trabajando aquí uno se pone perdido— dijo excusándose. La joven observó el torneado torso desnudo del caballero de Aries, brillante de sudor y lleno de restos negros de tizones, así como el mandil de cuero. El pelo lo llevaba atado en una coleta, pero el sudor había apelmazado sus cabellos lilas por el rostro y el cuello.

Al lavarse la cara, ella soltó los dedos que presionaban su nariz, pasándole el trapo a Mu, quien se incorporó del taburete y se dirigió a un fregadero a lavarlo. Estando de espaldas a ella, la joven contempló su sudorosa y musculosa espalda mientras él deshacía la coleta y desparramaba los cabellos, para a continuación volver a atarlos.
—Bien Shaina, ¿qué es lo que te trae por aquí?— dijo él sonriendo como si no pasara nada, pero la amazona tuvo que llevarse de nuevo los dedos a la nariz para evitar más hemorragias, aunque esta vez no era la culpa del tortazo que se dio contra el suelo.

"Está buenísimo" pensó la muchacha sin poder quitarle la vista de encima.
—No te preocupes— dijo ella tomando aire—, terminará por parar…parece que ya— informó, al retirar los dedos y no sentir más la sangre deslizarse por dentro.

Más tranquilos los dos, la italiana realmente no sabía cómo iniciar la conversación hasta que se acordó de la aldaba.
—Oye, que sin querer rompí el cacharro este de tu puerta. Lo siento— comenzó a modo de disculpa. El lemuriano asintió y le dijo que ya la había visto cuando ella se tropezó.
—Pero para romperla tuviste que golpear la puerta con ella, por lo tanto, algo querrías de mi antes de arrancarla.
La joven se quedó unos segundos callada, sin saber qué decir.
—¿Me puedes arreglar la máscara?— soltó de improviso, pero esta nueva treta tampoco convenció al caballero de Aries, quien le dijo que esa máscara se había abollado al caerse de bruces.
—Shaina, me estás asustando— dijo preocupado Mu—, ¿te golpeaste la cabeza y no te acuerdas de qué querías? Intenta pensar…

La amazona se estaba poniendo más nerviosa y esto provocó que el lemuriano la atosigara a preguntas generales sobre el Santuario, pensando que la chiquilla estaba sufriendo un episodio de amnesia tras el golpe.
—¡Que no es eso!— gritó la italiana, que al ver la reacción del caballero de Aries, suavizó el tono—. Es que lo que vine a pedirte…era una cita. Pero ya da igual, no importa, será mejor que me marche y ya está. Le diré a Marin que esto es una locura y punto.

La confusión de Mu iba en aumento.
—¿Cómo una cita?¿Conmigo?— dijo señalándose y ruborizándose—. ¿Una cita de…salir, te refieres?
Ahora Shaina había conseguido tranquilizarse y negó con la cabeza.
—No exactamente. Verás, lo que yo quiero es salir contigo, pero para saber qué tipo de hombre me gusta. Y así saber qué cosas de mi te gustan y cuáles no.
Cruzándose de brazos y componiendo un rostro serio, Mu no terminaba de entender todo aquello y pidió que Shaina se explicara mejor.
—Pues es que quiero tener novio y para ello tengo que cambiar algunas actitudes mías, porque resulta que no tengo novio porque todos huyen de mi, porque tienen miedo y…
—Para, para, para…— pidió Mu cerrando los ojos al escuchar la repentina verborrea de la muchacha—, osea, que lo que quieres es que te aconseje, ¿no?
—¡Sí!— exclamó Shaina—. Pero necesito que seas sincero conmigo. Quiero salir contigo un rato y que me digas qué puedo cambiar, qué os gusta a los hombres…esas cosas.
—Entiendo…
—¿Entonces?— preguntó la muchacha—. ¿Vas a ayudarme?
Mu se rascó la cabeza y finalmente accedió.
—De acuerdo, así de paso me despejo de aquí. Pero antes deja que me duche.

Dicho y hecho, Shaina se quedó esperando a Mu junto a Kiki y cuando el caballero de Aries estuvo preparado, ambos salieron del templo.
—¿Dónde te apetece ir?— preguntó el lemuriano mientras descendían las escaleras.
—Donde quieras tú— resolvió la joven sin darle demasiada importancia a aquello—, pero mejor fuera del Santuario. Ya sabes, para evitar malas lenguas…
Como a su compañero le pareció bien la idea, ambos se dirigieron hacia Rodorio tras salir del recinto y caminaron por las calles teniendo una charla amena, pero frecuentemente interrumpida por las llamadas de Kiki a su maestro.

Shaina no lo estaba pasando mal, pero llegó un punto en que empezó a molestarle que el alumno de Mu no cesara de llamarle para las cosas más nimias.
—Oye, ¿Kiki siempre es así?— se aventuró a preguntar la joven.
El lemuriano asintió con la cabeza.
—Aún es pequeño y aunque quiere hacer las cosas por sí solo, no deja de preguntarme si lo que va a hacer está bien o no—respondió Mu sin darle mucha importancia—. Es algo normal y no me molesta en absoluto.
—Ya pero es que a mí sí me molesta— soltó de improviso la italiana, a lo que su compañero dejó de caminar y miró a la muchacha.
—¿Te molesta que Kiki me pregunte cosas?
La chica resopló hastiada y se cruzó de brazos.
—Desde que hemos salido tu alumno no ha parado de llamarte al móvil. Llevo contadas doce llamadas ya. ¿No deberías decirle que pare, que estás ocupado conmigo?
Mu abrió los ojos sorprendido ante esto y se rascó la cabeza.
—Shaina, esto no es una cita romántica— dijo con un tono visiblemente molesto—, y no deberías meterte en cómo atiendo a mi alumno, es mi responsabilidad.

La amazona se encogió de hombros.
—Te recuerdo que yo también entreno, y no hubiera permitido que mi alumno fuera tan pesado. Yo quiero hablar contigo pero no hay manera, ya que no para de interrumpirnos Kiki y me desagrada. Si estás conmigo, tienes que estar conmigo, no a otras historias.
Aquellas palabras molestaron aún más al caballero de Aries quien comenzó a caminar en dirección al Santuario.
—¿Sabes? Creo que ahora entiendo lo que dicen de ti…
Ahora fue ella quien comenzó a enfadarse.
—¿Qué dicen de mi? A ver, habla…
Mu se paró en seco y volviéndose hacia la muchacha la agarró de los hombros.
—Shaina, eres excesivamente posesiva— dijo manteniendo un tono de voz neutral—. No puedes pretender que todo el mundo esté a tu servicio para cuando a ti te de la gana. Y por favor, evita meterte en los asuntos de los demás. Si te molesta que mi alumno me llame continuamente, entonces es que no entiendes nada de niños pequeños. Cassios solo tiene un año o dos menos que tú, y seguramente le hayas obligado a que no te acose a preguntas, pero mi sistema educativo es distinto al tuyo y no por ello es peor—no había terminado de hablar cuando se le acercó un joven portando una caja con una armadura dentro, pidiéndole que si por favor podía arreglársela—. Claro que sí, déjame ver qué armadura es…ah, excelente, tú debes ser Zaurak, el reciente portador de la armadura de Erídano. Vi tu combate para conseguirla desde las gradas, ¿cómo es que ya las has roto?...

La amazona de Ofiuco no aguantó más que de repente Mu se pusiera a charlar animadamente con aquel joven, por lo que se marchó de vuelta al Santuario, dejando a los dos hombres conversando.
Al verla marchar, el caballero de Aries la llamó.
—¡Shaina! ¡Para esta tarde tendré tu máscara arreglada, no te olvides de pasar a recogerla!— y seguidamente siguió charlando con el muchacho.

Cuando ella llegó al recinto de las amazonas, Marin la esperaba en su cabaña, ansiosa por saber qué tal le había ido.
—Una mierda— respondió secamente su compañera, sentándose en la silla y tomando el papel de la mesa.
—¿Y eso por qué?—preguntó la japonesa al ver el rostro cabreado de su amiga—. ¿Y tu máscara? Bueno, y tu cara, que tienes la nariz hinchada…
—Luego la recogeré, me tropecé al entrar al taller de Mu y se abolló. Pero vamos, que definitivamente, él no es mi tipo.
—¿Por?
Shaina cogió el lapicero y tachó en nombre del caballero de Aries.
—Está demasiado pendiente de su alumno y de otras personas antes que de mí— masculló airada—; además dijo que yo era demasiado posesiva. No me gusta ese tipo de hombres, quiero que cuando estén conmigo, sea yo la única.

Sin querer preguntar más, la amazona de Águila decidió levantarse de la cama y salir fuera de la cabaña. No se había alejado demasiado cuando escuchó a su amiga golpear la pared.
—¡Estúpido Mu!


NOTAS:

Muchísimas gracias a Victoria Nike, Artemiss90, beauty4ever, Kimi-Sousuke, lala ligth, milo de geminis, ryuko hyuuga, Lule de Zodiak, lasacari29 y lenk por marcar como favorita y/o seguir esta historia. ¡Espero que os guste esta nueva aventura!

Guest: Sí, este fic es de humor-parodia, aunque no sé yo si encontrarás mucho romanticismo. Aún así, espero que te siga gustando la historia. ¡Gracias por el comentario y por leer!
sslove: Al fin puedo verlos XD seguramente andarían con cambios dentro de la web y por eso no se podían visualizar correctamente. ¡Gracias por dejarme un comentario y leer esta historia!
Rosa de Castilla: Tranqui, que Afrodita en los fics de parodia no suele ser emparejado, aunque tiene ese punto hedonista. Este fic tiene varios capítulos escritos, por lo que no he tenido que cambiar nada al respecto XD ¡Gracias leer el primer capítulo y por dejar un comentario!

¡Nos vemos!