4. Un Leo para una amazona

No había podido pegar ojo en toda la noche. Se sentía extremadamente cansada y lo peor de todo es que el sentimiento de culpa no remitía. Es más, se acrecentó cuando el día anterior vio a Cassios esperándola, como siempre había hecho, aunque su amor nunca había sido correspondido. Y estuvo curándole la quemadura de la mano, con sumo cuidado lavándola con agua fría y untándole la pomada con mimo, para después envolverla con unas vendas.

El rudo griego mostraba un semblante abatido, y probablemente estaba muy dolido con la actitud de su maestra. Sin embargo, permaneció callado todo el tiempo que duró la cura.

Al acabar, se marchó de la cabaña, dejando a la muchacha sola. Sabía lo que había pasado. Estimaba a Aldebarán y comprendía el dolor por el que estaba atravesando el caballero de Tauro, soterrando la punzada de celos que tuvo cuando los observó juntos desde la distancia.

La noche anterior se enteró de todo lo acontecido, no tanto por parte del brasileño, quien se encerró en su templo para llorar en silencio y ajeno a las miradas, sino por el caballero de Aries, quien había sido su paño de lágrimas.

—Ingenuo— murmuró para sí mismo Cassios, mientras deambulaba por los alrededores de los templos—; Shaina no está hecha para estar con ninguno de los dos. Sigue enamorada de Seiya y nadie puede cambiar eso, a no ser que sea ella quien lo decida por su propia voluntad.

Aquellas palabras las escuchó Aioria, quien frunció el ceño y decidió hacer acto de presencia.
—Saludos Cassios— dijo el caballero de Leo, esbozando una franca sonrisa—, ¿qué es lo que te trae por aquí?

El muchacho alzó la vista y vio a su compatriota. Un rostro perfectamente tallado, de ojos de un verde vivo, que llevaba la alegría allá donde iba. Los mechones de su cabello castaño claro destellaban tonos rubios gracias al sol.

Sintió envidia de aquel hombre. Un cuerpo mucho más proporcionado que el suyo. Una voz más agradable. Un físico que cautivaría a cualquier mujer. Aioria no era tan excesivamente musculoso, ni tenía el cabello blanco, ni un aspecto fiero en el rostro. Cassios era un coloso, al igual que Aldebarán, de aspecto tosco y rudo. Y frente a él, otros caballeros como el que tenía delante tenían un porte más elegante y masculino. Si no fueran caballeros al servicio de Atenea, muchos de ellos podrían ganarse la vida como reputados modelos masculinos que se disputarían los grandes diseñadores.

¿Pero él? ¿O Aldebarán? No eran guapos. Jamás atraerían la atención de Shaina y probablemente de otras mujeres, más preocupadas por el físico que por otras razones.

Sumergido en tales pensamientos negativos, no escuchó la pregunta que le había realizado el caballero de Leo, quien simplemente se retiró sigilosamente, intuyendo que el muchacho no quería ser importunado.

—Aioria— finalmente prorrumpió inesperadamente, provocando la vuelta del nombrado—, se dice que tú y Marin sois más que amigos, ¿cierto?

Ante tal inesperada pregunta, el caballero de Leo asintió divertido.
—Hablaréis mucho, supongo...
—Así es— declaró Aioria, aún preguntándose a dónde quería ir a parar Cassios.
—¿Sabes entonces qué le pasa a Shaina?

Marin le había pedido el mayor de los silencios al respecto del tema que se traían entre manos las dos muchachas. Se mordió el labio inferior y desvió la mirada, pero finalmente asintió, aunque no quiso dar más detalles.

Cassios se quedó callado unos segundos mirando al infinito.
—Imagino que no podrás contármelo, pero solamente te pido una cosa.
—Claro Cassios, dime— dijo Aioria.
—Tienes que conseguir que Shaina se de cuenta de que el dolor que Seiya le ha provocado lo está proyectando en los demás.

El caballero de Leo tragó saliva. Conocía al caballero de Pegaso. Sabía de la obsesión insana que Shaina había desarrollado hacia el alumno de su amada y como también conocía el deseo de ella de dar carpetazo al asunto.

Tras decirle un "haré lo que esté en mi mano" al rudo guerrero, éste prosiguió su ascenso por los templos, sin tener un objetivo claro.

Por su parte, Aioria bajó las escaleras de su templo, en busca de su compañera.

Tras preguntar a varios soldados por la localización de Marin, le indicaron que se hallaba en la cabaña de Shaina, lugar donde se dirigió raudo.

No se había acercado lo suficiente cuando escuchó una fuerte discusión entre ambas mujeres y entró en la cabaña. Inmediatamente, las dos miraron en dirección a la puerta.

—¡Menos mal que estás aquí!— exclamó Marin—. A ver si eres capaz de hacer entrar en razón a esta mula testaruda.
—¿¡Yo testaruda!?— bufó la amazona de Ofiuco—. ¡Nada hubiera pasado si tú no me hubieras metido esas ideas absurdas en la cabeza!
—¡No te metí nada! ¡Malinterpretaste mis palabras y heriste a Aldebarán!— gritó de vuelta la japonesa.

Los gritos entre ellas generaban un intenso dolor de cabeza al caballero de Leo, que pidió calma entre las dos, pero viendo que no terminaban, metió una voz y las separó.

—¡Basta ya! ¡Las dos!— dijo mirando a una y a otra, mientras se tocaba los oídos—. Vamos a ver, ¿qué ha pasado ahora?

—Aquí la reina, que ayer se puso a tontear con Aldebarán y sólo se dio cuenta del error cuando ya era demasiado tarde— informó la amazona de Águila, cruzándose de brazos.

—¡Porque tú me retaste!— contestó Shaina.

Aioria se quedó unos segundos asimilando la información y dejó escapar un suspiro.

—Marin, vete de aquí. Tengo que hablar con Shaina a solas para que me cuente lo ocurrido, ¿de acuerdo? La versión de Aldebarán ya la conozco.

La amazona de Águila suspiró y salió de la cabaña, dejando a su pareja y a su amiga a solas.

Nada más cerrar la puerta, la italiana comenzó a llorar desconsolada.

—Te juro que no lo hice adrede, yo sólo quería saber si Aldebarán era mi tipo— comenzó a decir entre sollozos—. No imaginé que él malinterpretaría mis gestos.
—Pues las has liado bien gorda— respondió secamente el caballero de Leo—. ¿Le dijiste acaso que solamente querías consejo o no le dijiste nada?
Ella agachó la cabeza mientras sentía que se mareaba por momentos.
—Sí…no…no sé…todo fue muy rápido, ni siquiera recuerdo qué conversación manteníamos. Sólo me acuerdo de que me invitó a comer y me quiso regalar una rosa. Ya no me acuerdo de más.

—Shaina— dijo el caballero de Leo mirando a la joven—, Aldebarán comentó que no le dijiste nada. Es más, que tú insististe para salir con él tras el entrenamiento con sus terneros. Le rompiste el corazón. Hace años y a ahora otra vez. ¿Cómo te sentirías si te rompieran el corazón constantemente?— lanzó directo el golpe—. Es que eso es lo peor de todo, Shaina. Que tú ya lo has sufrido por parte de Seiya y ahora se lo has hecho a Aldebarán. Has hecho pasar a mi amigo por algo que tú sabes que hace daño, porque lo has sentido en tu corazón. Has proyectado tu frustración sobre mi amigo, condenándole al mismo sufrimiento que padeciste. ¿Se lo merecía?

—¡Tampoco yo me merecía ser rechazada por Seiya!— gritó ella a la desesperada, sintiendo cada golpe que le propinaba el griego en el alma. Comenzó a llorar de nuevo.

—¡Más razón me das para no haberle hecho pasar aquel mal trago!— bramó Aioria, pero rápidamente se apaciguó—. Si piensas que Seiya era consciente del daño que te hacía, es que no le conoces. Sabes de sobra qué relación existe entre Saori y él. No había nada que pudieras hacer al respecto. Seiya te quiere y te admira, y te considera su amiga. ¿Jode? Claro que jode Shaina, entiendo tu dolor. Pero no hagas pasar a Aldebarán por lo mismo que pasaste tú. Porque ya ves que no sólo el dolor va hacia él, sino para ti también.

—¿Cuántos sabéis esto?— preguntó ella entre sollozos.

—¿Y eso qué importa?— devolvió la pregunta Aioria.

Shaina repitió la pregunta por lo que el griego contestó que aparte de él y de Mu, no le constaba nadie más, por el momento.
—Está bien— murmuró ella, desviando la mirada al suelo.

Un silencio incómodo corrió entre ambos guerreros, hasta que el griego resopló.
—Shaina, ¿no piensas hacer nada para solucionarlo?

Ella alzó la vista con gesto interrogativo.
—¿Qué quieres que haga?
—Por lo pronto, deberías ir a hablar con Aldebarán, pedirle disculpas— dijo enfatizando aquellas dos palabras—, y sobre todo explicarle la razón de tu comportamiento de ayer.

Shaina tragó saliva y suspiró.
—Supongo que tienes razón…— murmuró—; pero ahora mismo no puedo, tengo que ir hacer unos recados a Rodorio y…
—De eso nada— dijo el caballero de Leo, sujetándola por el hombro—. Ahora mismo sí vas a ir a hablar con Aldebarán.
—¡Pero vienes conmigo!— pidió la italiana con gesto amenazador.
—Ya lo tenía pensado, a ver si te piensas que me voy a tragar tus caritas de pena y creerme tus palabras— contestó él sin darle la mayor importancia—. Tus trucos de mujer para remolonear en lugar de hacer lo que se te ordena no funcionan conmigo.

Shaina chasqueó la lengua disgustada.
—No es justo, Marin usa mis técnicas contigo y ya no hay manera…
—Tu rostro no me inspira para que puedas usarlas— bromeó él, tratando de serenar el ambiente.
Un gruñido avisó al caballero de Leo, pero la posterior tímida sonrisa apareció en los labios de la muchacha le indicó que no se lo estaba tomando a pecho.
—Te recuerdo que cuando me llevaste de vuelta al Santuario me viste sin máscara y te quedaste mirándome
—Sí bueno…— respondió Aioria sin querer darle importancia al asunto.
—Eso es porque te gustaba mi cara— siguió pinchando Shaina.
El caballero de Leo alzó una ceja y prorrumpió en una sonora carcajada.
—¿En serio crees que fue por eso?— dijo socarronamente—. Mejor no quieras saber la verdadera razón por la que me quedé mirando tu cara.
—¡Sólo lo dices por hacerme enfadar!—gruñó ella, cruzándose de brazos—. Pero confiesa que si no hubieras conocido antes a Marin, yo te hubiera gustado.

El giego apretó los labios tratando de no seguir la risa y terminó dejando escapar un resoplido.
—Seré más condescendiente que Milo, que piensa que eres la hermana perdida de Shun— esta frase provocó un gruñido de parte de ella, pero Aioria prosiguió—. Desde mi punto de vista, físicamente eres agradable, pero mis gustos van en otra dirección. Además tu carácter siempre me resultó bastante…
—¿Bastante qué?— inquirió ella, tratando de sonsacar al caballero—. Sabes que me interesa saber qué narices pasa para que nadie quiera estar conmigo.
—Difícil— soltó Aioria, tras haber repasado diferentes calificativos y escogiendo el menos peyorativo de todos—. Eso. Carácter difícil.

La italiana bufó contrariada. No terminaba de encajar aquellas palabras del todo.
—¿A qué te refieres con difícil? ¿Qué es difícil ligar conmigo? ¿Es eso?

El hombre sacudió la cabeza.
—Bueno entre otras cosas, pero no es eso— ponderó—; más bien me refiero a que tienes una personalidad muy complicada…demasiado…masculina.

—¿Insinúas que soy un hombre?— exclamó Shaina, fuera de sí.

Marin se sobresaltó al escuchar aquel grito y por unos momentos estuvo tentada de entrar para evitar que se enzarzaran entre ellos.

—¡No!— respondió acobardado el caballero de Leo—. ¡No es eso! Digo que tu carácter es poco femenino. Entiéndeme, me refiero a que eres muy beligerante. Te gustan las broncas y mírate, ya me estás gritando. Las mujeres, por lo general, soléis ser más reacias a entrar en conflicto, y que tú tienes mecha corta…te enfadas a la mínima y eso provoca malestar alrededor. ¿Entiendes lo que quiero decir?

Al fin Marin decidió intervenir entrando en la cabaña. Se acercó a su amiga y la agarró de los hombros.
—Tienes que aprender a controlar tu genio, Shaina— dijo la japonesa, acariciándola—. Eso es lo que quiere decirte Aioria, pero como es tan cabeza hueca, pues no sabe expresarse— gruñó lanzando una mirada reprobatoria a su pareja, quien se rascó la cabeza confundido.

La amazona de Ofiuco exhaló un suspiro y se sentó en su cama.
—¿Tan desagradable soy?— preguntó a sus amigos, quienes se cruzaron una mirada sin saber muy bien qué responder.
—Es que tus precedentes son bastante fuertes— se atrevió a decir Aioria—. Fuiste a matar a Seiya sin ni siquiera preguntarle nada, y eso que estabas enamorada de él. Y continuamente le acosas de maneras muy extrañas. Tienes que relajarte y poner orden.
—Ese asunto ya está completamente zanjado— cortó la italiana—. Seiya forma parte de mi pasado, no puedo seguir arrastrándome por un hombre que no me hace caso en el sentido que deseaba. Quizás aquella situación era la que me hacía ser tan borde con los demás…igual Milo tenía razón…— musitó ella pensativa, recordando la charla que mantuvo con el caballero de Escorpio en cabo Sunión.
—¿En lo de que te pareces demasiado a Shun?— preguntó el caballero de oro, recibiendo un golpe en la cabeza por parte de Marin.

Shaina desdeñó aquel comentario.
—Él me dijo que yo estaba confundida con los gestos que me prodigaba Seiya, que yo malinterpretaba como de amor, pero realmente estaba siendo amable conmigo. Y quizás esa actitud de confusión me provocaba esos cambios de humor tan violentos…y puede que fuera tan borde hacia los demás por esa razón, ¿no? Y como Aioria me dijo antes, también puede que sea la razón por la que he pagado con Aldebarán lo que me hizo Seiya...— preguntó a la pareja.

Marin meditó aquello unos segundos.
—Es un razonamiento plausible, cierto— comentó ella—. Una frustración por no conseguir la atención que deseabas de Seiya provoca que tengas un carácter más explosivo, por lo que lo pagabas con los demás.

Aioria esbozó media sonrisa, y se mordió el labio inferior, gesto al que solía incurrir cuando quería reírse pero no debía hacerlo.
—¿Qué pasa?— preguntó la japonesa, intuyendo aquel gesto—. ¿Qué te hace tanta gracia?

—No, nada— respondió rápidamente él, pero aún con cierta chispa de malicia en los ojos.
—Márchate ya de aquí, que todavía provocas más a Shaina, ahora que hemos conseguido calmarla— ordenó Marin, señalando la puerta.

El griego rápidamente se incorporó de la silla y salió de la cabaña, momento en el cual pudo dar rienda suelta a su contenida risa.

A pesar de los esfuerzos de Marin por contener a su amiga, Shaina frunció el ceño y salió al exterior.
—¿De qué te ríes, idiota?— saltó la italiana, razón por la cual Marin se llevó las manos al rostro, pensando que había perdido de nuevo el rumbo—. Y a ver contéstame, cuál era la razón de que te quedases mirando mi rostro, listo.

Marin abrió los ojos desmesuradamente y desde detrás de la italiana, intentaba por todos los medios a base de mímica que Aioria no contestara. Pero el caballero de Leo tenía el duende del cachondeo dentro del cuerpo.
—Como estuviste llorando en brazos de Seiya, tenías mocos asomando como cascadas de tu nariz.

El servicio estaba hecho. Shaina salió corriendo tras el caballero de Leo quien huía de la amazona riéndose al recordar aquella escena pero por otro motivo también.

—Como sigamos así, no habrá manera de hacer cambiar a Shaina— vaticinó la amazona de Águila, al escuchar el grito de dolor de su pareja, cuando recibió un ataque de su amiga.


NOTAS:
Muchas gracias a todos los que habéis ido marcando como favorita o los que seguís la historia. ¡Espero que os esté gustando este fic!

A ver, ante el aluvión de anónimos, recuerdo que los tengo desactivados para que aparezcan inmediatamente. Si vuestro comentario no sale al minuto, es porque los tengo que moderar previamente, y hasta que no los apruebe, no salen. Tened en cuenta que soy de España, y la diferencia horaria hace que cuando vosotros estéis despiertos, yo estoy sobando a pierna suelta, con lo cual hasta que no me despierto, y me conecto al ordenador, no lo veréis publicado. De todas maneras, lo digo siempre, hacerse una cuenta en FanFiction es gratis y fácil, además que así os puedo contestar por privado los mensajes que me dejáis :)

Sslove: ajajaja un poco locos sí, pero la gran mayoría es buena gente. Igual me voy a otra temporada a vivir y trabajar en Londres, me gusta mucho la ciudad y así vería de nuevo a mis amigos. Pobre Shaina xD pero sí que se merecía un tortazo para quitarle la tontería de encima. Todos tenemos derecho a cometer errores, lo malo es repetirlos una y otra vez. ¡Gracias por el comentario y por leer!

Rosa de Castilla: aunque Shaina tenga problemas personales, los caballeros de oro tampoco se quedan cortos a veces…Mu sería, como bien apuntó una amiga, "workaholic", es decir, adicto al trabajo. Y eso tampoco es normal…ni el exceso de celo de Shaina ni el exceso de dejadez de Mu. ¡Gracias por el comentario y por leer!

Amatizta: xD sí, cada uno tiró de un extremo para arruinarse. Pero aunque Aldebarán da pena, peca de ingenuo con las mujeres. Hay que ser más espabilado en la vida. ¡Gracias por leer y por tu comentario!

Guest: el sirviente ya lo tiene con Cassios. Creo que ella quiere dos XD ¡Gracias por dejar el comentario y leer el capítulo!

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!