5. Un Sagitario para una amazona
Marin había puesto orden entre su pareja y su mejor amiga. Los dos guerreros habían recibido un par de golpes por parte de la japonesa y ambos se dirigían hacia las escaleras que daban hacia los templos de oro.
Al pie de Aries, Shaina reculó unos segundos antes de atreverse a adentrarse en el templo del Carnero. Sabía que Mu conocía lo que ella le había hecho a Aldebarán. Y los caballeros de Tauro y Aries tenían una relación de amistad muy estrecha. Por lo que estaba segura de que Mu estaría enfadado con ella.
—¡Venga, sigue avanzando!— gruñó Aioria empujando a la muchacha, quien se había quedado petrificada.
—Es que Mu me va a regañar— musitó ella en voz baja. Parecía una niña pequeña temerosa de la implacable respuesta de su progenitor al saberse responsable de una travesura.
—Pues mira, si te regaña, es porque te lo mereces— soltó el caballero de Leo, incitando a la joven a seguir—. ¡No seas niña!
—¡Que no soy una niña!— gritó furiosa la amazona.
—¡Pues deja de comportarte como tal!— respondió Aioria, igualmente nervioso.
—¡Eres igual que Milo! ¡INSOPORTABLE!— escupió ella, aún enfurecida por aquello. Dicho esto atravesó rápidamente el templo de Aries, sin tan siquiera pedir permiso al inquilino.
El griego se llevó las manos a las sienes y comenzó a masajearlas.
—No sé cómo narices pudo aguantarte él en Cabo Sunión…—gruñó airado, al tiempo que veía a su hermano mayor descendiendo por las escaleras con paso despreocupado.
—¿Qué te pasa?— preguntó Aioros, al haber escuchado aquello—. ¿Te duele la cabeza?
Aioria resopló hastiado y señaló el templo de Aries por donde la muchacha había desaparecido apenas unos segundos antes.
—La histérica de Shaina, que se comporta como una cría y tiene que ir a pedirle perdón a Aldebarán.
Con cara de circunstancias se quedó el caballero de Sagitario. Se rascó la cabeza confuso, en un gesto que ambos hermanos compartían a menudo.
—Acabo de cruzármela y no me ha dicho ni hola, ¿qué sucede? ¿Qué pasa con Aldebarán?
Pero su hermano pequeño ya subía por las escaleras.
—¡Espera!— ordenó Aioros, por lo que Aioria paró a medio ascenso—. No puedes ir tras ella con esa energía tan negativa. Déjame a mi lidiar con esto, ¿de acuerdo? Confía en mi.
—Pero si no sabes nada de lo que ha pasado…— dijo su hermano pequeño—. Bueno, en fin, casi mejor, porque como siga en ese plan, acabaré loco yo también.
Aioros sonrió complacido y dando una palmada a su hermano, se despidió de él, siguiendo entonces a la amazona. Por su parte, Aioria regresó con Marin.
El caballero de Sagitario atravesó de nuevo el templo de Aries y se encaminó hacia el de Tauro. Un cosmos trémulo le indicó la posición de la amazona, pero prefirió ignorarlo por aquel entonces. Llamó a la puerta del segundo templo y apareció Mu, quien le hizo pasar al interior del mismo.
—No sabía que estabas aquí— dijo Aioros al lemuriano, quien se dirigió a la cocina, donde estaba preparando unas bebidas—. ¿Y Aldebarán?
—Está en su habitación— informó Mu, tras añadir un poco de azúcar a las tazas—. ¿Quieres tomar algo?
—No, gracias— respondió el griego—. Aioria me ha contado que algo le pasa. ¿Podrías contarme qué ha sucedido? ¿Tiene algo que ver con Shaina?
El caballero de Aries, comenzó a verter el agua caliente en las tazas y esbozó media sonrisa.
—¿Algo que ver?— dijo socarronamente—. Tiene todo que ver. Ella es la responsable del estado de Aldebarán.
Aioros se sorprendió al escuchar aquello y pensó en lo menuda que era ella y lo enorme que era él.
—¿Ha vencido ella en un combate?— preguntó sin tan siquiera dilucidar la verdadera razón.
Mu lanzó una mirada de confusión al caballero de Sagitario, y relajó la expresión al recordar que Aioros falleció con apenas catorce años. Si bien ahora aparentaba una edad superior, apenas tuvo tiempo de experimentar temática amorosa desde que fue resucitado. El griego prefería entretenerse con otros menesteres, y su vida afectiva se limitaba a ser amigo de sus amigos y a probar cosas extrañas estando bajo los efluvios del alcohol.
Por ello, invitó a su compañero a sentarse en la mesa de la cocina.
—Subiré el té a Aldebarán, ya que no creo que esté de ánimos para hablar sobre ello ahora, pero enseguida bajo y te cuento.
Dicho y hecho, el caballero de Aries desapareció de improviso delante de sus ojos. Escuchó en el piso de arriba el grito que pegó Aldebarán al ver a Mu teletransportándose y al cabo de un par de minutos, apareció de nuevo ante sus ojos.
Tomando asiento y recuperando su taza, el lemuriano comenzó a relatar lo que había sucedido el día anterior.
Aioros escuchó con interés todo aquello y se reclinó hacia atrás en la silla al terminar.
—Entonces, ¿todo esto viene de que Shaina anda pidiendo consejos a nosotros o es que ella anda flirteando con todos?
Mu se encogió de hombros y removió con la cucharilla.
—Por lo que a mí me comentó, fue que buscaba consejo. Pero ayer estuvo flirteando con Aldebarán claramente. Realmente, no sé qué pensar, pero en cualquier caso, su comportamiento es totalmente inaceptable. No se puede ir jugando con las ilusiones de los demás como mero entretenimiento.
El gesto de confusión, rascarse la cabeza, volvió a aparecer repentinamente en el caballero de Sagitario, quien frunció el ceño.
—¿Y no podría haber una tercera versión, en la que todo sea un malentendido?— preguntó—. Es que, por lo que puedo entender, Shaina no actuó correctamente pero Aldebarán fue excesivamente confiado. Ingenuo, más bien.
El lemuriano dio un sorbo a su taza y la depositó de nuevo en el platillo.
—Puede ser— respondió pensativo y esbozó una sonrisa—. Tiene guasa que tú, quien no ha tenido pareja conocida entre nosotros, pueda dar una visión diferente.
—¿Qué tal si la escuchamos?— resolvió Aioros incorporándose de la silla—. Espera un momento…
El griego salió del templo de Tauro y se dirigió hacia donde el temblor de un cosmos se debatía entre el miedo y la tristeza.
—Shaina— dijo el caballero de Sagitario—, ven un momento. Por favor.
El tono de voz de Aioros, suave pero firme, provocó que ella se sobresaltara al verse descubierta. No pensaba que él la había detectado previamente y ella permaneció escondida entre las ruinas, indecisa. Como un conejillo asustado, la italiana asomó el rostro descubierto y miró al guerrero, quien le tendía una mano para sacarla de allí.
Ella se aferró a la mano de él, saliendo de su escondrijo.
—Anda que no buscas lugares peligrosos para esconderte— dijo Aioros, al ver que el hueco se hallaba justo al borde del precipicio.
Shaina no contestó. Permaneció con la cabeza gacha, mientras se colocaba la máscara plateada y siguió al hombre hacia el interior del templo de Tauro.
El sonido de sus tacones resonaba al pisar cada baldosa, mientras que Aioros la conducía hacia la cocina.
Mu los esperaba sentado, sin un gesto hostil en el rostro, por lo que la muchacha se calmó un poco. Invitó a la joven a sentarse alrededor de la mesa y así lo hizo, seguida del caballero de Sagitario.
—¿Y bien?— preguntó el lemuriano a la muchacha—. ¿Tienes algo que decir? ¿O te comió la lengua un gato?
Aioros lanzó una mirada reprobatoria al caballero de Aries, pidiéndole que no fuera tan duro con ella.
—Lo…lo siento— musitó ella con la voz trémula—. En ningún momento quise hacer daño a Aldebarán. Me dejé llevar por mi ofuscación de no tener pareja y creí que me sentiría mejor si conseguía ser querida por alguien, aunque no correspondiera sus sentimientos. Me equivoqué.
El lemuriano inspiró profundamente y exhaló un suspiro.
—¿Puedes aclararnos entonces qué es lo que realmente quieres? Lo digo para saber a qué atenernos…
Ella se quedó unos segundos jugueteando con sus guantes, antes de responder.
—Sólo quiero saber qué tengo que hacer para gustar a los hombres, tal y como te dije el otro día. Para saber qué debo cambiar, qué es lo que me gustaría tener en una pareja, y esas cosas.
—Bien— dijo Aioros dando una palmada—, entonces, ¿asunto resuelto?
—Pero es que no quiero que los demás sepan esto— dijo ella rápidamente—.No hasta que yo vaya uno por uno preguntando.
Mu iba a responder, pero el griego le pidió que le dejara hablar a él.
—¿Por qué no quieres que los demás caballeros sepan tus intenciones, Shaina? ¿No sería lo más apropiado para todos, para evitar confusiones como la de Aldebarán?
La muchacha se revolvió nerviosa en la silla y tamborileó las uñas.
—Es que…— murmuró—, es que no puedo decirlo. Es un tema personal y ya está. Prefiero informar yo de esto.
—Pero eso no es justo Shaina— replicó el griego—. ¿Vas a ir uno por uno ligando para después decirles "eh, que no te lo tomes en serio, sólo estaba probando a ver si salía bien"? Es mejor ser claro desde el principio, ser sincero con tu corazón para que tu conciencia luego no te taladre por dentro.
Shaina desvió la mirada hacia el suelo.
—No voy a ir ligando con todos. No voy a repetir lo que hice con Aldebarán, si es eso lo que os preocupa— declaró la italiana, alzando la vista y mirando a los dos hombres frente a ella—. Pero no quiero que los demás caballeros de oro sepan qué busco hasta que hable con ellos.
Mu bufó airado ante tal petición.
—No estás en condiciones de exigir— dijo el lemuriano—. De hecho deberías…
—Si me prometes que no vas a repetir aquello que me hiciste con otros caballeros, entonces tienes mi palabra de que no diré a mis compañeros nada de lo que ha pasado.
La voz ronca del caballero de Tauro, de inesperada, provocó que los tres invitados saltaran de sus asientos.
—¡Pero Aldebarán!— parpadeó incrédulo Mu, pero bastó un cruce de miradas para que el lemuriano esbozara una sonrisa—. Está bien, estás en tu derecho.
Shaina se incorporó de la silla y se dirigió al caballero de Tauro. Se retiró la máscara del rostro y rodeó con sus brazos el cuerpo del brasileño, quien se inclinó para corresponder al abrazo. La joven lloraba descargando la tristeza que su actuación injusta había provocado en su compañero. Y saber que Aldebarán tenía esa nobleza, quebró su corazón en mil pedazos.
Cuando al fin terminó de llorar, se separó del caballero de Tauro, solamente para pedirle que se inclinara un poco y darle un beso en la mejilla.
—Perdón por hacerte tanto daño y…— prorrumpió la muchacha para explicarse ante él, pero Aldebarán simplemente recolocó los mechones revueltos de la joven, diciéndole que no se preocupara, que estaba todo perdonado y que ya sabía todo lo que debía saber en voz baja.
Al terminar, Shaina ya mostraba una amplia y agradecida sonrisa, que ocultó de nuevo bajo la máscara de plata.
Al despedirse de ellos, Aioros comentó que también se iba, diciendo adiós a sus compañeros.
Una vez fuera del templo de Tauro, el griego inspiró profundamente y miró alrededor, detectando el cosmos de alguien merodeando por allí.
—En fin Shaina, parece que no es tan fiero el león como lo pintan, ¿no?
Ella asintió.
—Aioros, dime, tú nunca me has temido. ¿Por qué?
El griego esbozó media sonrisa.
—Bueno, yo no tengo referencias personales de ti de antes. Sólo lo que escuchaba alguna vez a mis compañeros o los habitantes del Santuario. Y antes de juzgar a alguien, tienes que conocerla a fondo. Luego ya decides si esa persona es adecuada para tu vida o no, dependiendo de lo que esperes en diferentes ámbitos. Todos somos ángeles para unas personas y demonios para otros. Dependiendo de la visión que se tenga de una situación, no siempre sujeta a la verdad de los hechos. A mí me tacharon de traidor sin saber qué era lo que había pasado realmente, creyeron a Saga sin pararse a pensar si él estaba diciendo la verdad o una mentira.
Shaina tragó saliva. Recordó todas las veces que ella misma había dicho de Aioros, aún sin conocerle. Aún cuando él no podía defenderse, por estar muerto. Palabras tan duras como "traidor", aquella que acababa de mencionar.
El griego podría haber actuado como ella misma hizo, aniquilándola con malas palabras tan solo tomando como referencia de las personas que habían sufrido la ira de Shaina, pero sin conocer a fondo a la muchacha. Pero no lo hizo. Prefirió darle una oportunidad para que se explicara.
Antes de que ella pudiera decir nada, el caballero de Sagitario había desaparecido. Shaina miró por todos lados, pero no le vio por ningún lado, por lo que comenzó a descender en dirección a su cabaña, dispuesta a dormir largo y tendido durante toda la noche.
Aioros se había ido, sí. No esperó a que la muchacha se despidiera o pudiera decirle algo. Porque él quería ver algo. Aquella sombra que vigilaba los pasos de Shaina. Desde la distancia, callado, pero cuya sombra protegía a la joven dondequiera que estuviese.
El griego sonrió al verle.
—Hay amores que valen muchísimo más que el que una pareja pueda ofrecerte…
NOTAS:
Como siempre, agradezco desde este rincón a todos los que marcáis como favorita o seguís la historia capítulo a capítulo. Sólo espero que os esté gustando y que os divirtáis con ella, ya que no tiene mayor pretensión que esa :)
Contesto a los comentarios anónimos:
Sslove: Me alegra saber que te divierte la historia y te hace reír, muy a pesar de Shaina. A su manera, hizo reír a Aioria. Lo de regresar a Londres es, de momento, imposible (para vivir y trabajar, para ir de visita sí, de hecho ya he ido varias veces de nuevo). Más que nada porque tengo pareja en mi país y no quiero dejarle. Pero quién sabe…de momento tengo programados un par de viajes por otros países de Europa este año, así que con eso me conformo. ¡Gracias por leer el capítulo y dejar un comentario!
Guest: ¿Cuándo saldrá Milo? Cuando Shaina se arme de paciencia para aguantar los continuos golpes del caballero de Escorpio. Después de Aioria, tiene pocas ganas de tener que andar buscando maneras de enfrentarse a alguien que puede acabar con ella xD Especialmente cuando busca recuperar a Jabu. ¡Gracias por el comentario y por leer!
Athenalatina1: Sentiste entonces lo mismo que Aioria en ese momento XD ¡Gracias por dejar un comentario y leer el capítulo!
Amatizta: Los más bromistas son los más tajantes a la hora de decir las verdades a la cara. Así sabes cuándo están de guasa y cuándo no. El AldebaránGate ya está solucionado, y espero que para bien :) ¡Gracias por pasarte y dejar un comentario!
¡Muchas gracias a todos, nos vemos en el siguiente capítulo!
