6. Un Géminis para una amazona
Shaina seguía dormía cuando entró Marin en el interior de la cabaña. Era casi mediodía y no había visto a su amiga por ningún lado, por lo que decidió ir a husmear.
—¡Pero Shaina!— exclamó la japonesa, retirándole la manta hacia atrás—. ¿Aún en la cama? ¡Despierta, que ya va siendo hora!
Ni las protestas de la amazona de Ofiuco ablandaron el corazón de su compañera ni tampoco tuvo piedad para levantar la persiana y provocar que los rayos del sol incidieran de lleno en el rostro adormilado de la italiana.
Su amiga se movía a toda velocidad por la cabaña, preparando un desayuno rápido. Pero lo que quería saber de verdad era el estado de Shaina, por lo que no tardó en sentarse en una banqueta junto a la cama y presionarla para que soltara prenda.
—Marin, déjame en paz— gruñó la muchacha italiana, cubriéndose con la manta—. Necesito dormir más.
—Has recuperado tu mal humor habitual, eso significa que ya estás bien— contestó sonriente la japonesa, mirando hacia la mesa. Se incorporó de un salto y se dirigió hacia ella, recogiendo el papel donde estaban escritos los nombres de los caballeros de oro.
Ya habían sido tachados los nombres de Mu, con la nota "pasa de mi y adora trabajar"; junto al nombre de Tauro había dibujado una cara triste y sólo había escrito "no me gusta, pero es bueno conmigo"; Aioria "aparte de ser el novio de mi amiga, es tonto", hecho que provocó que Marin suspirara reprobatoriamente y por último el hermano de éste, Aioros, junto a la anotación "poca experiencia sentimental".
—¿Poca experiencia sentimental?— preguntó la amazona de Águila, regresando al lado de la cama de Shaina, quien se revolvió rápidamente al darse cuenta de que su amiga tenía entre manos aquellos apuntes.
—Eso es mío, déjalo donde estaba— pidió la italiana, alargando los brazos para poder recuperar el pedazo de papel, pero Marin lo alejó de su alcance.
—Primero explícame esto sobre Aioros— dijo la japonesa, por lo que Shaina refunfuñó.
—Es majo, no digo que no, pero creo que él es…quiero decir…a ver cómo lo digo…¿paternalista? Y tengo entendido que no tiene experiencia sentimental…tú ya me entiendes.
—Pues no— declaró la japonesa—. ¿A qué te refieres con eso de poca experiencia sentimental? ¿Acaso te dijo algo que te molestara?
—No realmente— dijo Shaina, incorporándose en la cama—. Pero creo que su forma de ser es más protectora que amante. Ayer me dijo una serie de cosas que me impactaron profundamente, pero su actitud hacia mi fue más la de un padre regañando a una hija. No es mi tipo. Yo quiero a alguien que tenga más experiencia en ciertos terrenos…— el rostro de la italiana se ruborizó suavemente.
—¡Ah! Ya veo por donde vas…— dijo Marin, moviendo el papel con picardía—. Bueno, es verdad que Aioros no ha tenido relaciones porque no le dio tiempo. Pero bueno, si no quieres a un hombre sin experiencia sentimental como dices tú, me parece bien. Por cierto anoche me dijo que ya te arreglaste con Aldebarán…
—Sí— respondió con una triste sonrisa la amazona de Ofiuco—, ya está todo solucionado, no te preocupes. Pero ahora necesito seguir adelante, además así puedo seguir mi labor de buscar consejo pero no voy a volver a flirtear de esa manera…me equivoqué y punto.
—¿Significa eso que ya vas a olvidarte de tener a uno de los caballeros de oro como posible pareja?— preguntó Marin incisiva.
Shaina se llevó un dedo a los labios, pensando en la respuesta.
—¡Oye, que la culpa de lo de Aldebarán la tuviste tú, por presionarme! Así que, prefiero que no— dijo cruzándose de brazos—. O al menos no ahora…las decisiones que deba tomar las haré en su momento. No quiero meter la pata de nuevo. Además, quisiera poder descansar la cabeza un poco hoy— musitó llevándose una mano a la frente.
—Me parece bien, ¿y con quién piensas descansar?— preguntó la amazona de Águila, repasando los nombres de la lista—. ¿Qué te parecería ir a ver a Shaka? Podrías meditar con él.
—De eso nada— gruñó su amiga—, me aburro con él. Quiero descansar, pero no amuermarme. No sé…me iré a dar una vuelta y ya veré a quién pillo desprevenido— dijo saltando de la cama y dirigiéndose a la pequeña cocina, comenzó a devorar las tostadas que había preparado la japonesa.
Marin miró de reojo a su amiga y suspiró.
—Por favor, no vuelvas a liarla— suplicó al ver a Shaina beber de un trago el zumo.
La amazona de Ofiuco se limpió la boca y aún terminando de masticar, salió de su cabaña.
Al ver a su maestra, Cassios se acercó a ella. Intuía que ella estaba de mejor humor, o al menos, no triste. Que ella estuviera feliz era demasiado pedir. Por lo que se acercó a ella.
—Buenos días, Shaina—saludó formalmente.
La joven alzó la mano derecha devolviendo el saludo y se acercó a él.
—Veo que estás de mejor humor— dijo el muchacho, tanteando a su maestra—; me alegra verte así.
—Gracias Cassios— respondió ella y señaló la palestra—, durante un tiempo no podré entrenar contigo, ya que otros asuntos requieren mi atención, por lo que si así lo deseas, te dejo un esquema de ejercicios básicos.
El rudo muchacho se quedó un poco patidifuso al escuchar a su maestra regresando a su estado normal. Sabía que había hecho las paces con Aldebarán, por lo que por unos segundos pensó que ya volvería la rutina. Decepcionado, asintió con un leve cabeceo y se alejó de allí raudo. No entendía qué pasaba realmente.
Por su parte, Shaina se alejó de allí con intención de pensar a quién debía visitar hoy, cuando su víctima apareció ante ella de improviso.
A grandes zancadas, el caballero de Géminis atravesaba el camino con una bolsa a sus espaldas. Seguramente iría al nuevo gimnasio que habían remodelado en Rodorio.
—Con lo vanidoso que es, fijo que se dirige allí para esculpir aún más sus músculos— intuyó la amazona, quien siguió sigilosa a Saga.
Efectivamente, el griego se marchó del Santuario en dirección al pueblo y se adentró en un edificio con grandes ventanales.
La muchacha se quedó fuera, mirando el interior del recinto. Pudo observar a mujeres y hombres ejercitándose en diversas máquinas. Algunos completamente concentrados, subiendo y bajando pesas; otros corrían en las cintas con los auriculares puestos; incluso había dos señoras de edad avanzada ataviadas con su respectiva ropa deportiva charlando mientras usaban las bicicletas estáticas.
—Como si fueran de paseo— gruñó la joven—. ¡Señoras, que esas bicis son para hacer spinning! Si es que solo les falta la cesta con verduras y el timbre…
Indignada con ello, no dudo en retirarse la máscara y atravesar la puerta del gimnasio, retirándose la máscara plateada.
Frente a ella, una sonriente y bella recepcionista la saludó detrás de la mesa.
—¡Buenos días! Bienvenida al nuevo Fitness & Wellness SPA de Rodorio. ¿En qué puedo ayudarla?
Shaina se quedó unos instantes mirando a la muchacha, y después miró a ambos lados.
—¿Señorita?— preguntó de nuevo la recepcionista.
—Eh…¿necesitan entrenadores?— respondió con una pregunta la italiana.
—¡Ah es eso!— respondió entusiasmada la chica—. Imagino que vienes por el anuncio. Actualmente necesitamos un monitor personal para la zona de máquinas en horario de mañana, como se explica. Sería de nueve de la mañana a…
—Sí, sí— cortó la amazona de Ofiuco rápidamente—, ¿está a la derecha, cierto? La sala de máquinas, digo.
Y ante la respuesta afirmativa, la joven se adentró en la sala, obviando las reclamaciones de la recepcionista, quien se encogió de hombros y comenzó a indagar entre los currículum recibidos por internet la identidad de aquella joven de cabellos verdes.
Shaina buscó con la mirada a las dos señoras que estaban en las bicicletas estáticas y se dirigió hacia ellas rauda. Ambas eran mujeres maduras, seguramente rebasaban los sesenta años. Una, morena con el pelo corto y rizado. La otra, rubia con el pelo corto y rizado. Y con un evidente sobrepeso típico de su edad. Hubieran podido pasar por gemelas, pero sus rostros eran distintos. Quizás hermanas o amigas.
—Señoras— dijo a modo de saludo—, hagan el favor de utilizar correctamente las máquinas del gimnasio. Esto no es para dar un paseo por la Provenza francesa, sino para ejercitar los músculos.
Las dos mujeres dejaron de hablar y miraron a la joven. Aunque su atuendo era un tanto extraño, les recordó levemente al de algunas monitoras que habían visto por otras partes del recinto, por lo que dedujeron que Shaina era una de ellas.
—Disculpe, pero nosotras hemos pagado la mensualidad y tenemos derecho a usarlas como mejor nos convenga— respondió la morena, quien fue chistada por su compañera.
Ante tal atrevimiento, la amazona colocó los brazos en jarra, pero la señora rubia se disculpó.
—Perdona a mi amiga, es que verá, llevamos aquí una semana, y no hemos bajado ni un kilo— soltó con una increíble verborrea—. Dentro de dos meses se casa mi nieto y queremos llevar unos vestidos que no nos entran, porque ya sabes, uno se hace viejo y engorda…
Shaina alzó una ceja incrédula y se apoyó en el manillar de la bici de la rubia.
—¿Me estás diciendo que queréis adelgazar? ¿Para poder ir a una boda?
—Sí— prosiguió la morena—. Eso mismo. Pero no bajamos ni un gramo.
—Normal— soltó la amazona—. Con ese ritmo de ancianas que me lleváis es lógico que no queméis la grasa que os sobra. Además, estoy segura de que no complementáis el ejercicio con una dieta sana y equilibrada, ¿me equivoco?
Las dos señoras bajaron la cabeza avergonzadas, por lo que Shaina comenzó a decirles lo que tenía que hacer.
—Seguid mis indicaciones y mi ritmo—indicó la italiana, saltando encima de otra bici—. ¡Vamos!
La amazona no esperó por ellas. Comenzó a pedalear con mucha velocidad, al tiempo que instaba a las señoras a seguirla a base de gritos. Shaina aceleraba el cada vez más y acompañaba el ejercicio incorporándose del sillín intermitentemente, para después bajar el ritmo unos minutos y volver a hacer un sprint.
Las dos señoras jadeaban exhaustas por aquel ritmo vertiginoso que eran incapaces de seguir, pero los gritos de la amazona las alentaban.
Aquella algarabía había alertado a varios usuarios del gimnasio, que enseguida avisaron a otros empleados.
Saga, que se hallaba ejercitando dorsales en una sala contigua, al tiempo que trataba de impresionar a una joven, que observaba a aquel hombre con evidente deseo. Por eso, cuando la joven dejó de presarle atención, se incorporó del banco molesto por el jaleo y se dirigió a la otra sala.
Vio a Shaina con el rostro desencajado, haciendo spinning tan rápido que las juntas de los pedales chirriaban de manera escandalosa. Y al ver a las dos señoras al borde del colapso, el caballero de Géminis se acercó rápidamente a ellas sólo para poder cogerlas a tiempo antes de que cayeran desplomadas al suelo, haciéndolas sentar en un banco y pidiendo a la gente alrededor que dejaran de mirar y que trajeran un par de botellas de agua, mientras él trataba por todos los medios de mantenerlas despiertas.
Su compañera no se había dado cuenta de aquello y seguía pegando voces para que siguieran su ritmo, pero solamente paró cuando los pedales se desencajaron completamente de la bicicleta, impidiendo su uso.
Al ver aquello, la italiana descendió de la bicicleta y al alzar la vista se topó de bruces con Saga, con los brazos cruzados frente a ella y cara de mala leche. Tras él, los servicios médicos del gimnasio reanimando a las dos señoras y al fondo, la recepcionista indicando a los de seguridad la situación de la intrusa.
—¿Te parece bonito el espectáculo que has dado, que casi matas a un par de señoras?— dijo Saga abruptamente, antes de agarrar a la amazona del brazo y llevársela consigo—. Discúlpenla, es una amiga que está un poco loca. Me la llevo de aquí, no se preocupen— indicó el caballero de Géminis al hombre de seguridad y a la recepcionista, quienes aún estaban estupefactos por lo acontecido.
Acto seguido, Saga la arrastró hasta las duchas del gimnasio.
—¿Pero a ti qué coño te pasa?— exclamó el caballero de Géminis—. Te lo advierto, como me echen de este gimnasio por tu culpa, le digo a Shion que te instale una pulsera telemática.
El griego comenzó a desvestirse delante de ella, sin pudor alguno, mientras proseguía su retahíla de advertencias hacia la amazona. Shaina se quedó petrificada al verle tan despreocupado quitándose la ropa sudada y arrojándola a una bolsa que cerró con un fuerte nudo. Antes de que terminara de hacerlo, desvió la mirada a otro lado.
—¡Vamos a qué esperas!— gritó el caballero—. ¡Desvístete y ve a ducharte!— le dijo, ya completamente desnudo. La italiana dio un sobresalto y miró a su compañero. Saga señalaba una de las duchas, con todas sus intimidades al descubierto. Y a él no parecía importarle.
—¿Te da vergüenza desnudarte delante de mí o qué?— preguntó Saga, percatándose del rubor de la joven—. No tienes nada que no haya visto ya antes, así que venga, corre que no tenemos tiempo. Hay que irse de aquí enseguida.
Sin decir nada más, él se introdujo en la ducha y abrió el grifo, mientras comenzaba a enjabonarse la abundante melena azul.
Aún en estado de shock al ver el apolíneo y extremadamente bien dotado cuerpo del gemelo, tragó saliva y comenzó a desvestirse ella también, introduciéndose en la ducha, pero usando las paredes que separaban cada compartimento para impedir que su compañero pudiera ver más allá de su cabeza.
Al terminar, él salió pingando agua, y rápidamente se envolvió una toalla alrededor del cabello para secarse, mientras que con otra secaba su cuerpo.
Sin embargo, ella no se atrevía a salir.
—¿No tienes una toalla de más?— preguntó la joven, sin apartar la vista del cuerpo de Saga. Éste le lanzó una que apenas cubría el cuerpo de la joven, quien se secó dentro de la misma ducha.
—Supongo que también necesitarás esto— dijo él sujetando una camiseta y unos pantalones limpios y secos.
La italiana pegó un grito y rápidamente agarró de nuevo la toalla para cubrir su cuerpo desnudo.
Saga resopló media risa.
—Shaina, que me da igual verte desnuda, ya te lo dije antes. No se me va a poner tiesa por ti, no te preocupes.
La amazona agarró la ropa que le tendía su compañero y se cubrió el cuerpo furiosa. Le quedaba enorme, ya que era la ropa de repuesto de él, pero mejor eso que volver a ponerse la ropa sudada.
Anudó sus tacones y se miró a un espejo. Llevaba una camiseta blanca muy grande y unos pantalones azules que se le caían. Y encima con los tacones. Si no hubiera sido tan impetuosa, no se habría subido a la bicicleta para hacer ejercicio.
El caballero de Géminis, sin embargo, se había colocado la ropa con la que entró en el gimnasio. Un chándal negro y una camiseta azul. Shaina conocía la animadversión que tenía Saga de ponerse encima ropa que el consideraba "sucia", por lo que siempre llevaba en su bolsa de deporte, ropa específica para hacer deporte dentro del recinto, que ahora estaba en la bolsa y el cambio para después de la ducha, que era la que vestía Shaina. Nunca salía con la ropa con la que había entrado, a pesar de que técnicamente estaba limpia, ya que sólo la había usado para ir del Santuario hasta el gimnasio. Manías de exceso de higiene. Algo que no supiera ya de él.
Como cuando era Patriarca y cambiaba de túnica cada dos por tres. Y su afición por los baños. Y aquellos rumores de orgías en el Templo del Patriarca…
—¿Puedo preguntarte una cosa?— dijo la joven mirándose al espejo, sujetando la máscara de plata, poniéndosela y quitándosela.
Saga lanzó una mirada de reojo y terminó de vestirse, accediendo a la petición de la joven.
—¿Tú crees que soy guapa?
El caballero de Géminis se colocó la chaqueta negra del chándal y subió la cremallera hasta la mitad. Se pasó una mano por la barbilla antes de responder.
—Sí. Al menos fea no eres. No como la aspirante a la armadura de Jirafa que madre mía…menudo aborto de pez abisal…
Shaina dejó escapar una risa cuando el hombre dejó escapar aquella frase, pero volvió a mirarse al espejo.
—¿Crees que debería cambiar algo de mi físico?— dijo dando media vuelta, sujetándose los senos, después poniendo las manos en las caderas y achinar sus ojos, poniendo morritos.
—¿Qué querrías cambiar?— preguntó el griego, apoyándose en la pared del baño—. Estás bien como estás. No tienes un cuerpo escombro. Estás atlética.
—¿Y saldrías con alguien como yo? ¿O conmigo mismamente?
La pregunta a bocajarro desestabilizó al hombre, quien miró a la puerta en un deseo de escapar.
—Vaya ideas tienes Shaina, te saco demasiada edad y no eres mi tipo de mujer. No sé, sería extraño que yo saliera contigo. Además te conozco desde que eras un bebé, no te considero como alguien con quien pudiera tener algo— dijo él, recogiendo la ropa sucia de la muchaha y metiéndola en la bolsa de deporte.
La muchacha dejó de juguetear con la máscara y la dejó sobre el lavabo.
—Entonces me mientes cuando me dices que soy guapa— disparó ofendida—. ¿Por qué no soy tu tipo? ¿Qué debería cambiar? ¿Aumento de pecho? ¿De labios? ¿Teñirme el pelo? ¿El qué?
Saga se sentía acorralado por ella, ya que no deseaba proseguir la conversación sino salir del gimnasio, pero el intento que tuvo de cogerla para salir de allí provocó la ira de ella, quien se negó a moverse si no le respondía.
—Vamos a ver— contestó él, ya visiblemente cansado por aquello—. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Te puede parece una persona bella y sin embargo no querer tener algo. Y ahí influyen muchos factores, como la personalidad, los objetivos que tengan en común, no sé…
—¿Entonces? ¿Aceptarías salir conmigo? ¿Sí o no?—insistió ella.
Al ver que no se daría por vencida y de que su suscripción al gimnasio peligraba cuanto más permaneciera allí con ella, decidió coger en volandas a la muchacha y cargándosela a los hombros, salió raudo del lugar.
La italiana chillaba y pataleaba furiosa, por lo que al salir, Saga simplemente alzó el brazo a modo de despedida del guarda de seguridad y de la recepcionista, quienes se llevaron los dedos a la frente en un claro gesto de indicar que la amazona estaba loca de remate.
Una vez fuera, Saga la depositó en el suelo, no sin antes llevarse multitud de arañazos y golpes por parte de la joven, quien seguía gritando que la soltara, entre una retahíla de insultos.
—Tienes suerte de que ya no soy Patriarca, que por montar esos numeritos te mandaba al calabozo a que te dieran latigazos hasta que se te abrieran las carnes— contestó él, cabreado por todo aquello. No entendía qué le pasaba a Shaina y por qué se comportaba tan mal. Conocía su mala leche, pero nunca hubiera imaginado que fuera a revolverse de aquella manera.
—¡No me has contestado!— gritó ella.
Saga se agachó para ponerse a la altura de ella y la miró a los ojos.
—Basta ya— dijo pausadamente el gemelo—. No sé por qué te comportas así y no quiero saberlo, pero o te calmas o hablo con Shion. Tú misma.
—Solamente quiero saber si tú saldrías conmigo— soltó ella de improviso, descolocando aún más al caballero de Géminis, quien suspiró y cerró los ojos, negando con la cabeza.
—Ya te lo dije. Y no tiene nada que ver con tu cuerpo. Tiene que ver con tu comportamiento. Físicamente no estás nada mal, pero repito, me resultaría muy raro acostarme con alguien a quien conozco desde tan pequeña. ¿Esto a qué viene Shaina? No me digas ahora que tú…
Ella negó con la cabeza, intuyendo lo que el caballero de Géminis temía.
—A ver, no es que no me parezcas guapo, porque lo eres, pero no me sentiría a gusto siendo tu pareja.
Entonces Saga resopló tratando de calmar los nervios.
—Osea, me montas un numerito en el baño del gimnasio porque te digo que no eres mi tipo de mujer al negarme a salir contigo, y ahora me contestas lo mismo. Si ya sabes cómo funciona esto, ¿para qué preguntas? ¡Aclárate! ¿Qué quieres de mí?
Shaina esbozó media sonrisa y agarró al hombre de la mano, obligándole a sentarse junto a ella en un banco.
—Es que quiero saber qué es lo que debo hacer para agradar a los hombres. Si tengo que cambiar mi forma de ser, o tengo que cambiar físicamente…no sé, esas cosas— informó ella, tamborileando los dedos sobre sus muslos.
Ante tal panorama, el gemelo se reclinó hacia el respaldo del banco y carraspeó, sin apartar la vista de la muchacha.
—Así que quieres que te aconseje, ¿es eso?— preguntó él, mesándose el cabello.
—¡Por favor!— pidió la amazona agarrando la mano libre del caballero de Géminis—. Cualquier sugerencia, lo que sea. Quiero tener novio y no sé qué es lo que hago para que todos huyan de mí…
El hombre comenzó a reírse y atrajo hacia sí a Shaina, acariciándole el rostro.
—De físico no cambies nada, porque así estás bien— ronroneó con un tono de voz más bajo, provocando una sacudida dentro de la joven—, pero quizás deberías cambiar tu estilo de ropa. Ponerte una más actualizada, y no me refiero a ahora mismo que llevas la mía, sino a la usual. Deberías vestir más femenina. Y sobre todo, hablar en un tono de voz más suave, que te pasas el día gritando, como en el gimnasio. Todos sabemos dónde te encuentras en el Santuario porque no paras de berrear. No seas tan camionera.
Ella ponderó aquellas palabras y aunque le molestó un poco aquello, controló su mal genio, recordando las palabras de otros caballeros.
—¿Y tú cómo lo haces para atraer tanto a las mujeres?— preguntó al recordar lo de las supuestas orgías que se realizaban cuando fue Patriarca—. Se rumoreaba que tú…bueno, que lo pasabas bastante bien cuando eras Sumo Sacerdote…muchas chicas…ya sabes…— repentinamente, percibió cierta presión en las manos del griego.
—¿Ah sí?— preguntó él, manteniendo aquel tono de voz, ahora con un tinte más seductor—. ¿Eso decían?— prosiguió, jugueteando con los mechones verdes de la muchacha—. Puede que sea mentira…o puede que sea verdad.
Los ojos turquesas de Saga estaban clavados en los de ella. Shaina tragó saliva. Ahora entendía por qué tantas mujeres sucumbían ante los encantos de aquel hombre. Era puro magnetismo. La amazona se dejó llevar por el cosquilleo que comenzaba a sentir en ciertas zonas de su anatomía y fue a cerrar los ojos, para acercar su rostro aún más al de Saga, pero repentinamente, él se movió su y se incorporó del banco.
—Así que ya sabes— dijo él como si no hubiera pasado nada—. Si lo que quieres es atraer a los hombres, ya sabes cómo debes comportarte. Vamos a regresar al Santuario que quiero poder darme un baño y ponerme ropa que esté limpia.
Con un fuerte rubor en las mejillas, Shaina trató de apaciguar su respiración agitada y se mordió los labios, antes de ponerse la máscara de nuevo. Saga había echado a andar despreocupado, sin esperar a la joven.
Pero los latidos que sentía en su corazón reverberaban en su entrepierna. El caballero de Géminis había conseguido excitarla, para después despreciarla con un simple gesto. Y lo peor es que era consciente de que Saga sabía lo que había provocado en ella, por lo que su rabia fue en aumento.
—¿No vienes?— preguntó el gemelo, girándose al notar que ella iba demasiado atrasada. Al escuchar una respuesta negativa, él se encogió de hombros y siguió adelante, no sin antes decirla que le devolviera la ropa lo más pronto posible.
Shaina recuperó al fin la serenidad en el espíritu y su zona íntima. Masculló una maldición por haber caído en la trampa que le había tendido el caballero de Géminis.
Culpándose de ello, sintió una mano en el hombro. Pensando que sería Saga, se dio la vuelta furiosa.
—¡Serás hijo de…!— y al encontrarse de frente con Cassios, calló la última palabra. Suspiró aliviada y se recostó sobre el pecho de su alumno, quien la cogió en brazos.
—¿Quién es un hijo de…?— preguntó el rudo muchacho, cargando con su maestra, que estaba agotada por tantas emociones.
—Nadie, Cassios, nadie— respondió ella con un suspiro.
El joven no dijo nada y prosiguió avanzando hasta adentrarse en el Santuario.
NOTAS:
Este capítulo me ha salido más largo de lo habitual, pero necesitaba cambiar el estilo lacrimógeno de los últimos capítulos.
Espero que os haya gustado, y si no, tampoco pasa nada. ¡Gracias a los que marcáis como favorita o seguís la historia!
Contesto a los anónimos. Bueno, una pequeña pregunta antes, cuando recibes un anónimo y hay que moderarlo, creo que se puede escribir en la casilla, ¿cierto? Porque si es así, casi que puedo responder a los anónimos por ahí. Aunque saldría como comentario. Los implicados, ¿preferís que os conteste en el nuevo capítulo o directamente en el comentario que dejáis? ¡Gracias!
Sslove: definitivamente, Aldebarán tiene un corazón tan grande como su cuerpo. XD sí, él dio su palabra de "sin rencores", aunque eso no quita que aún le escueza un poco. Pero el tiempo cura todo. ¿La sombra? Creo que está bastante claro quién es ;) ¡Gracias por comentar el fic y leerlo!
Rosa de Castilla: Saga en su línea, hace lo que le sale de la peineta siempre. ¿Shaina le fastidia el ligoteo del gimnasio? Pues calienta a la joven para dejarla con hambre xD Se las devuelve con estilo. ¡Gracias por el comentario y por leer el capítulo!
Marielys: eso es algo que mucha gente debería aprender de una vez. Desafortunadamente no todo el mundo tiene la capacidad de entenderlo. Por envidia, por miedo, por celos…quién sabe las razones de ese comportamiento. Y lo digo con conocimiento de causa, que yo también he prejuzgado sin conocer a la persona (en mi caso, por defender a alguien), para luego llevarme una agridulce sorpresa. Pero lo aprendí hace muchos años. Ahora solo juzgo cuando tengo el conocimiento necesario de la persona en cuestión. Gracias por pasarte y dejar un comentario.
¡Nos vemos en el próximo capítulo!
