Ay, ajá.
(La peligrosa trampa de Merci)
–¡Devuélveme a Tauro de una vez! –clamaba Benkei, al borde de las lágrimas o un colapso nervioso (todavía no decidía cuál reacción melodramática tomar).
–Calma, calma –lo apaciguó Madoka, entregando el yoblade citado en antecedentes–. Toma tiempo darle mantenimiento a un yoblade que estaba en la condición de Tauro. Pero ya está listo.
–¡Agh, mis ojos! –profirió Benkei, deslumbrado por el resplandor inconcebible que emitía su yoblade tras haber sido limpiado, pulido, encerado, y recubierto con una ingeniosa combinación de bling-blings y leds–. Tauro jamás se había visto así de brillante.
–Je, gracias.
–Es que Madoka es la mejor –asintió Kenta.
–Pero esto no significa que seamos amigos –dijo Benkei tsunderescamente, arrugando la nariz.
–Claro, claro –le respondieron a coro Kenta y Madoka.
–Ni que te vaya a pagar –añadió, como quien no quiere la cosa.
–¡Oye!
Benkei dio la vuelta para irse, y Madoka se apresuró a cambiar su tono. No era sabio dejar que una montaña humanizada estuviera enojada contigo, y aunque Madoka desconocía la orográfica naturaleza de Benkei, probablemente la intuía.
–... ¿ya te vas? Y yo que preparé más comida hoy, pensando que nos acompañarías.
Abrió la vianda que contenía su almuerzo y el incitante olor de un filete cocido a la perfección y a la temperatura perfecta para ser comido inundó el lugar. Benkei abrió mucho los ojos.
–¿Fi... filete?
–Sí. ¿No te gusta?
Benkei rompió a llorar.
–¡Toritoooooooooooooooo!
–Huy, eso se ve bueno –dijo Ginga, entrando de improviso y dirigiendo toda su atención al filete. Sin el más mínimo miramiento, lo tomó y lo engulló con la habilidad tragasónica propia del protagonista de yoblade.
–¡Monstruo! –lo increpó Benkei–. ¡La pobre Clodomira no merecía terminar así! ¡Ahora, más que nunca, debo derrotarte, Ginga Hagane!
Ignorando la sufrida lamentación de Benkei, Ginga tragó, se desatoró con un palillo una fibrilla de carne que le había quedado atorada entre el incisivo y el colmillo izquierdos, y suspiró, satisfecho. Carraspeó.
–Oye, ¿y porqué tanto interés en vencerme?
–Cierto, ya ni siquiera eres un Smiley Chaser –apuntó Madoka.
–¡Claro, échale sal a la herida! –bramó Benkei, y luego frunció el ceño y adoptó una actitud meditabunda–. Mmmh, bueno... Es que Kyouya perdió una batalla y fue shanghaiado por un tipo extraño, que luego se me apareció y me dijo que, si te derrotaba, devolvería a Kyouya sano y salvo.
–¿En serio eso te dijo? –preguntó Kenta, incrédulo.
–Noooo, qué va. Lo acabo de inventar nada más porque sí. Me divierte inventar historias.
Benkei habría dedicado más tiempo a ser sarcástico, pero los tres tipos por los que no hay que tener cuidado entraron como un vendaval, coreando las mismas frases.
–¿Es cierto, Kenta? ¡Cuenta la leyenda que desarrollaste tu propio movimiento especial! ¡Y hay quien asevera que fue gracias a la ayuda del mismísimo Benkei!
Benkei resopló, molesto, ya que preferiría no convivir con más gente "amigable", y esos tipos le bloqueaban la salida.
–Síp, todo es cierto. No habría podido hacerlo sin Benkei –afirmó Kenta.
–¿Podrías entrenarnos a nosotros también? –diciendo esto, los tres encajosos intentaron poner sus más tiernos ojitos de venado lampareado, pero no surtieron efecto en Benkei, que sólo resopló y se volvió hacia el fondo de la tienda, con el afán de salir por la puerta trasera. Pero se topó con los más tiernos ojos de perrito atropellado cruzado con borreguito en matadero y zorrito abandonado por viejita solitaria, enarbolados por Kenta.
–Porfaaaa, entréeeeenalooos~~...
Las defensas de Benkei cedieron por completo. Sólo le habría sido posible resistirse si un pingüino tierno, pensando en un unicornio abrazando a un patito bebé, le hubiera pedido negarse a la petición de Kenta.
Pero no había pingüinos por ahí, así que todos fueron a acompañar a Benkei en su primer entrenamiento de Los Tres Irrelevantes.
Fueron al río.
–Lo más importante en el yoblade es la fuerza, sobre todo la de voluntad –empezó Benkei, todo seriedad y formalidad–. El ejercicio básico para un yoluchador...
–¿El lanzamiento? –lo interrumpió uno de sus nuevos pupilos.
–¡No, so-tonto! ¡El ejercicio básico para un yoluchador es GRITAR!
–Tsk, Enata. Matamos al yoluchador que había en ti.
–... ¿y eso es malo?
–Jamás lo sabremos.
Pero ni los más feroces vociferares, ni ninguna otra clase de sonido o espectáculo, podría haber sacado a Ginga del ensimismamiento en que había caído tras las revelaciones de Benkei. Por lo mismo, el molesto cuchicheo de Kenta y Madoka respecto a su abstracción no le afectó en lo más mínimo.
Quizá, si hubiera sabido que, lejos de ahí, el sujeto que había enviado a Benkei a derrotarlo había pasado su mañana riendo malvadamente, en un centro de mando lleno de sujetos uniformados con lentes ridículos, y conversando con una inteligencia artificial malvada y requeridora de querencias imposibles, Ginga podría reírse de lo absurdo de su situación, que consideraba totalmente seria. Después de todo, de su misión, que no había confiado a nadie, dependían la existencia del mundo, la libertad de los pueblos libres, la tasa de inflación, y que produjeran o no Golden Sun IV.
Resuelto, se levantó de improviso, tomando por sorpresa a Madoka y Kenta, que erróneamente creyeron que lo habían molestado con su cuchicheo.
–¿Pasa algo, Ginga? –preguntó Madoka tímidamente.
–Sí. Tengo que ir al baño.
–Ah... pues... ¡que todo salga bien!
Ginga se encaminó hacia el baño público más cercano y entró sin fijarse en que no era el baño de siempre. De entrada, estaba en la caja de un vehículo, así que tuvo que recorrer un tramo de escalera que normalmente no estaba ahí. Además, olía mucho a aceite y era un lugar demasiado estrecho. Pero el papel de baño era más suavecito, así que Ginga se encogió de hombros y tomó las cosas como venían. Se dispuso a atender el asunto que lo había llevado ahí.
Lejos de ahí, Doji había graduado a Kyouya de su programa de entrenamiento intensivo, antes incluso de lo que él esperaba. Tras felicitarlo, descorchar una botella de jugo de naranja, y comer pastel, abordaron el helicóptero de Shining Quasar. Ahí, Doji se despojó de toda máscara de alegría y adoptó una expresión seria y determinada.
–Kyouya, no estás listo para vencer a Ginga.
–¿Que QUÉ? ¡Pero si ya soy...!
–3.7 veces más fuerte, 4.2 veces más rápido, 2.8 veces más preciso, y 3.6 veces más altísono. Pero no basta. Ginga puede enfrentarse a oponentes más fuertes que él y ganar, aunque le hagan trampa, porque tiene algo que tú no.
–... ¿una bufanda almidonada?
–Eh, sí, y aparte es el protagonista. Por tanto, cualquier tontería que él crea que lo hace ganar en el yoblade se convertirá en la auténtica razón por la que gana en yoblade.
–¿Y esa razón es...? –cuestionó Kyouya, aunque ya conocía la respuesta, y le aterraba.
–Su corazón de yoluchador. Por eso, te estamos llevando a un lugar inhóspito e incróspido, donde prácticamente nada puede sobrevivir, para que desarrolles lo que llamamos "colmillos del corazón".
–¿Colmillos del corazón?
–Sí, colmillos del corazón.
–... ¿cómo puedes decir una ridiculez así sin reírte? –se sorprendió Kyouya.
Doji apretó los labios, endureció la mirada, y arrojó a Kyouya del helicóptero.
–¡Sobrevive, mi preciado aprendiz! –le gritó–. ¡Llega a la cima y habrás obtenido tus colmi...!
Curiosamente, ya no podía decir la frase sin sentirse profundamente abochornado.
–Huuuy, dieciséis notificaciones del féis... ah, todas son de Hyoma.
Entretenido como estaba no se dio cuenta de que el "baño" había comenzado a moverse. No lo notó hasta que dio un frenón brusco y sintió que la puerta frente a él amenazaba con abrirse. Se apresuró a ponerse presentable, justo a tiempo. Se encontró en un cuarto que, a pesar de estar iluminado con reflectores, estaba algo penumbroso.
–¡Bienvenido, participante!
–¿Eh?
–... ¿No has oído de nuestro programa, líder en rating, "Yo Desafío"?
–No, la verdad que no –dijo Ginga, detectando la fuente del sonido. Venía de una cámara frente a él, que tenía adosada una bocina. Además, había un gigantesco foco rojo ahí. Madoka lo había prevenido sobre confiar en cosas que hablaran y tuvieran un foco rojo–. ¿Quién eres?
–Ah, mucho gusto, soy Merci. Las siglas significan Máquina Evidentemente Rufianesca Corcusidamente Incróspida –Ginga frunció el ceño. Si el foco rojo estaba conectado a una máquina, esa máquina era obviamente malvada. Quizá, si no le hubieran puesto el foco rojo, no habría desconfiado–. Bueno, te decía que Yo Desafío es un programa de concursos. Shanghaiamos yoluchadores de todo el país para que enfrenten nuestros diversos retos y...
–¡Pero shanghaiar a alguien es ilegal!
–Eh, bueno, sí, pero sólo es tantito.
–¡Me niego!
–... Ah, ya veo. Tienes miedo.
–¡Pues claro! ¡Una máquina endemoniada me secuestró para sólo sabe el cielo qué atrocidades! Compermisito –dijo entre dientes, y de un certero yobladazo derribó una de las paredes del lugar, le sacó la lengua a Merci, y se fue.
O eso intentó.
–¡El premio es...!
–Ah, ¿hay un premio? Por ahí debiste empezar.
Y así, Ginga se enfrentó a todos los retos con presteza, mientras Merci lo grababa y se reía en sus procesadores internos con un tono muy preocupante, como de acosador pedófilo enmermelador de nachos.
Kyouya iba a mitad de la escalada, cuando se encontró con una cueva geológicamente improbable. Llena de lobos muy feos y sospechosamente gordos (vivían en una zona donde no había vegetación suficiente para que los lobos pudieran encontrar algo que comer).
–Aish, no frieguen –se quejó Kyouya por lo bajo, mientras los lobos lo observaban, como para tomarle la medida.
Kyouya sopesó por unos momentos la posibilidad de que se apaciguaran si les daba unos coscorrones con su yoblade.
–¡Grabación completa! –anunció Merci alegremente–. ¡Gracias por participar, vuelva pronto!
Y Merci se desconectó de esa ubicación remota, apagando todos los sistemas, para no escuchar las reclamaciones de Ginga por el premio no recibido.
Enmuinado, Ginga regresó a donde seguían Kenta, Madoka, Benkei y cía. La cía. ya estaba arrastrando las piernas y sudando de los ijares y resollando por las resolladeras.
–Vaya que te tardaste –comentó Madoka–. ¿Fuiste a hacer del baño o a hacer el baño?
–Tuve un contratiempo. ¿Alguno de ustedes ha oído hablar de un programa llamado Yo Desafío?
–Nop –respondieron ambos a la vez. Ginga no dio más explicaciones y se quedó rumiando su coraje y sus sospechas.
Finalmente, Kyouya llegó a la cima, sin lesiones aparentes ni gran problema, y una alarma fanfarrienta sonó por todo el cuartel de Shining Quasar, mientras Doji practicaba su risa de villano. Un achichincle cualquiera, que no tenía nada mejor que hacer, fue a recoger a Kyouya.
