8. Un Cáncer para una amazona

Shaina mordisqueó la punta del lapicero, leyendo la lista de nombres y aquellos con los que había tenido encuentro, realizó las anotaciones pertinentes respecto al susodicho.

Escribió una cruz junto al nombre de Afrodita. No por descarte, sino para indicar que ya había tenido el encuentro con él. Al lado, escribió que le había generado dudas respecto al objetivo de la misión que tenía entre manos y ahora se encontraba más confundida.
Al mismo tiempo, observaba la rosa amarilla colocada en un pequeño jarrón blanco con la imagen de un niño y una niña de la mano. Regalo de Cassios cuando eran más jóvenes.

Shaina pensó en su alumno. Aquel muchacho grandote, que mostraba un aspecto fiero, pero que sentía una pasión desbordante por todo lo que hacía. Y ahí seguía al pie del cañón. Fiel alumno. Que jamás se alejó de ella a pesar de las circunstancias.
Ella intuía que algo sucedía con él. No era normal que sólo él aceptara quedarse a su lado, pero lo hacía. Por alguna misteriosa razón que en esos momentos no acertaba a dilucidar.

Quizás porque se conocían desde muy pequeños y lo más probable aún, porque ambos habían mantenido un fuerte lazo de unión de maestra y alumno, a pesar del fracaso. Igual que Marin y Seiya, sólo que ellos unidos en la victoria. Muchas noches compartiendo inquietudes en aquella cabaña tan pequeña, hasta que Cassios fue lo suficientemente grande para tener su propio espacio y se marchó para que ella tuviera intimidad.

A veces echaba de menos las charlas con su alumno. Él sacaba lo mejor de ella casi involuntariamente.

Volvió a mirar la rosa que le había regalado Afrodita y sonrió con dulzura, gesto que se transformó en uno de fastidio al percatarse del desorden reinante en su casita.

Desde que el día anterior no había sacado la ropa nueva de las bolsas, que se apilaban en una esquina. Y además, la ropa de Saga seguía en su armario. Y la suya, aquella que Kanon le devolvió, también estaba en la bolsa.
—Qué desastre…— musitó mientras se incorporaba de la silla y comenzaba a sacar los trapos, poniéndolos sobre su cama.

En ese momento, Marin entró en la cabaña, saludando con un efusivo "buenos días". Al ver el percal, comenzó a ayudar a su amiga a doblar la ropa y colocarla.
—Oye, qué ropa tan bonita— dijo al ver la nueva—. Me gusta esta camiseta— dijo colocándose encima una camiseta de cuello barco con manga francesa, rayas blancas y turquesas—, ¿dónde fuiste a comprarla?

—Ayer con Afrodita— contestó la amazona de Ofiuco, arrancando las etiquetas de las botas y calzándoselas—, fui de compras con él, pero será mejor que le preguntes porque no recuerdo el nombre de la tienda.

—Ya veo…oye, ¿y qué tal con él? ¿Hablaste algo?— siguió preguntando su colega japonesa, mientras abría la bolsa donde estaba la ropa antigua de su amiga—. Esto imagino que lo tirarás de una vez…

Marin había cogido el body marrón, las mallas verdes y los calentadores rosas. La italiana alargó la mano y se lo arrebató, comenzando a doblarlos con cuidado.
—De eso nada— señaló la joven—. Aunque la ropa nueva me guste mucho, también quiero conservar la antigua. No quiero perder cosas que son esenciales. Cambiar sí, pero no todo.

Esta frase dejó un poco preocupada a la amazona de Águila, quien le preguntó por ello.
—Fácil— respondió Shaina—. Afrodita me dijo que hay que cambiar si realmente uno está dispuesto. Y hay cosas de mi que no quiero cambiar, porque soy feliz así.

Por lo que la italiana prosiguió doblando la ropa y metiéndola en el armario, hasta que Marin dio con el chándal de Saga.
—¿Y eso también te lo has comprado?— preguntó a su amiga—. ¿No te quedará demasiado grande? Hay ropa deportiva más cómoda y de tu talla…

—Eso no es mío— espetó la amazona de Ofiuco—, es del imbé…de Saga— dijo corrigiéndose, por lo que la japonesa dedujo que estaba tomando nota de los consejos que le daban. Preguntó a su compañera si iría a devolvérselo, pero la italiana respondió que bajo ningún concepto ella iría a ver a Saga y darle su ropa, faltaría más. Después de humillarla de aquella manera, la joven tenía pocas ganas de hacer frente a aquel hombre. Se sentía como un ratón en manos de un gato, solo que el caballero de Géminis disfrutaba más jugando con ella.

—Igual que otros—murmuró la amazona de Ofiuco—, no solamente Saga disfruta haciéndome sufrir, sino que Aioria y en especial Milo también. Les odio. Seguro que siempre andan tramando maneras de joderme.

Marin suspiró y se sentó en la cama, mesándose los cabellos.
—¿Por qué lo tomas todo tan personal?— preguntó—. Solamente bromean contigo y nada más, no deberías ofenderte. Sé que a veces se pasan, pero no es para tanto…y eso de que andan tramando, lo pongo en duda. Nadie tiene tanto tiempo para ti— dijo con un tono molesto.

Shaina la había ofendido con aquel comentario respecto a su pareja y ella no iría dejar pasar aquello fácilmente.
—Pues lo parece— contestó la italiana—. Si no, ¿a santo de qué se emperró Milo en que Jabu estuviera bajo tu tutela?

—¿Otra vez con eso?— gruñó la japonesa—. Shaina, no empieces, te lo pido por favor. Eso es algo entre tú y Jabu y nadie más. Si tantas ganas tienes de recuperarlo, ve a hablar con él y convéncele, pero deja de hacer sangre con un tema tan absurdo. Y si Jabu decide regresar contigo, no pondré ninguna objeción, lo sabes. Pero deberías avisar a Milo también.

—¡Al que menos tengo ganas de ir a ver!— exclamó la amazona de Ofiuco—. No, ni de coña. Ni a él, ni a Saga ni a Aioria. Paso. Me ponen enferma de los nervios, saben dónde darme para que me duela.

—Pues a Saga no sé, pero tienes que ir a devolverle su ropa o de lo contrario te buscará él a ti y eso, créeme, será muchísimo peor para ti— dijo Marin, sujetando el chándal del caballero de Géminis.

La amazona de Ofiuco se debatía entre el temor y la rabia, pero sabía que no tendría escapatoria. Mejor ahora que no más tarde. Por lo que agarró una bolsa, arrojó la ropa dentro de ella y salió de su cabaña.

Se quedó unos instantes en la puerta y volvió a abrirla.
—¿Por qué siempre te quedas en mi casa?— preguntó a Marin.
—Porque siempre te piras sin decir ni adiós— respondió la japonesa, saliendo al mismo tiempo que ella.

Las dos mujeres se despidieron y cada una fue en una dirección.

Shaina se dedicó a buscar al caballero de Géminis, pero sin atreverse a ir al tercer templo.
Masculló una maldición y preguntó a los guardias, quienes dijeron que el hombre se había ido en dirección a Rodorio hacía escasos minutos. Igual si apuraba el paso, le daría alcance antes de que llegara al gimnasio, si es que, como ella sospechaba, hubiera ido allá.

Así que se puso en marcha. En su camino, al pasar por delante del bar Atlantis, divisó una espesa melena azul muy característica.
La joven inspiró profundamente y atravesó la puerta. En la barra, apoyado, Saga hablaba con Tethys en voz baja, mientras se dedicaban miradas cómplices y risas nerviosas.

Como no quería perder más tiempo, la italiana carraspeó fuertemente, provocando la atención de los dos.
—Esto es tuyo— dijo secamente, arrojando la bolsa frente al griego, quien compuso una mirada interrogativa, mientras que la danesa componía una mueca de desagrado por la interrupción.

Antes de salir de nuevo por la puerta, el hombre le preguntó que qué era esa ropa.
—¡Pues la tuya, idiota!— gruñó airada la amazona de Ofiuco. Detestaba ver al caballero de Géminis coqueteando con todas, pero sabiendo que Tethys era la víctima, incluso se alegró.

—¡Oye!— espetó la rubia—. ¡Cuidado con lo que le dices a mi novio!

—¿Tu novio?— preguntó con una mezcla de incredulidad y sarcasmo la amazona, quien se cruzó de brazos y avanzó de nuevo hacia la pareja—. Pues tu novio, querida, hace un par de días se dedicó a calentarme la entrepierna. Se desnudó delante de mí en el gimnasio.

La nereida miró al hombre muy extrañada, a lo que el griego se tocó la cabeza en un claro gesto de indicar la locura de la amazona.
—¿Me lo vas a negar?— amenazó la joven.
—Pues claro que te lo niego— respondió el caballero de Géminis—, y como vuelvas a lanzar una acusación de tal calibre contra mí, puedes ir preparándote. Ya aguanté ayer las ganas de devolverte la bofetada, pero es que ahora no me voy a privar de hacerlo…

Shaina se llevó las manos a la boca con cara de sorpresa.
—¡Otra vez!— exclamó temerosa, al ver que a quien tenía en frente era Kanon y no Saga, y esta vez el gemelo menor no dudaría en atacarla—. ¡Lo siento, lo siento, lo siento!— comenzó a decir rápidamente al percatarse del error cometido—. ¡Te he confundido con Saga yo no…!

—¡Eh!— exclamó una voz desde detrás de la amazona, sujetándola por los brazos—. Vale, ha sido un malentendido, no iremos a liarla ahora, ¿verdad?

Kanon se quedó de pie frente a las dos personas, mirando con desprecio a la amazona. Después se giró hacia su pareja, quien simplemente le indicó con un gesto que lo dejara pasar.
—No sé qué narices te ha hecho mi hermano— dijo Kanon—. Ni lo sé, ni me interesa. ¡Pero ponte gafas y deja de confundirme con él! Y esto— dijo dándole la bolsa—, se lo das tú. Paso de ser el recadero entre ambas partes, porque siempre recibo.

Dicho esto, el gemelo menor regresó junto a Tethys y prosiguieron sus intimidades, ajenos al resto.

—Come stai?— preguntó el hombre a las espaldas de Shaina, quien se giró y miró al caballero de Cáncer.
—Grazie per l'aiuto…che cosa ci fai qui?—preguntó ella, ya más tranquila.

Deathmask se dirigió a la mesa donde estaba e invitó a la joven a sentarse.
—Ahogando las penas— dijo señalando la jarra de cerveza a medio vaciar—, ¿y tú? ¿Buscando vendetta, eh? Come buona italiana…

A continuación, el siciliano soltó una carcajada. Igual llevaba más de dos jarras encima, pero no le importaba. La muchacha dejó escapar una risa y terminó relajándose completamente.
—Sólo buscaba a Saga, para devolverle su ropa— dijo ella—, pero no quiero tener que verle.

—Si quieres se lo llevo yo— soltó el caballero de Cáncer, dando un trago largo a su jarra—. Total, me pilla de camino el templo de Géminis…

—Si me haces el favor…— pidió la muchacha, retirándose la máscara.
—¡Claro que sí!— estalló el siciliano—. ¡Por una amiga lo que sea y si es compatriota, con mucho más gusto!

Tanta efusividad comenzaba a inquietar a la joven, quien pidió al siciliano que hablara más bajo.
—Perché?— preguntó con una sonrisa maliciosa el hombre, fijando los ojos en los de ella. Porque no sólo la mirada penetrante del caballero de Cáncer estaba en ella, sino que los de los demás clientes también. Tethys no dudaría en echarlos de una patada si seguían en ese plan, bastante cabreada estaba ya.

—¿Cuántas llevas ya?— preguntó la amazona, señalando la jarra.
—¿Y eso qué importa?— devolvió la pregunta el hombre, acomodando su rostro entre sus manos, sin apartar la vista de la italiana.
—Porque creo que deberías parar ya de beber— sugirió ella—. Es de muy mal gusto emborracharse en público, debería darte vergüenza.

Deathmask se reclinó en la silla. Shaina se sentía intimidada por él, ya que no apartaba los ojos de ella.
—No estoy borracho, sólo estoy tomando un poco de cerveza para pasar el tedio. No me seas prejuiciosa, ni siquiera insinúes que soy un borracho. Además— dijo volviendo a inclinarse en la mesa—, si lo estuviera, seguramente ahora te comería la boca...

Aquella frase desequilibró a Shaina, quien se ruborizó súbitamente y frunció el ceño.
—¡Ni se te ocurra!— amenazó ella retirándose hacia atrás, y levantando la mano, que fue agarrada por la muñeca y Deathmask la atrajo hacía sí.
Depositó un suave beso sobre el dorso de la mano de su compatriota.
—No te pongas nerviosa, que sólo estoy bromeando mujer— dijo soltando la mano de Shaina.
—Pues estoy de vuestras bromas hasta el mismísimo— gruñó ella—, no sé por qué todos la tenéis tomada conmigo…

El siciliano le dio un trago a su cerveza, vaciándola. Con un gesto, pidió a Tethys que le trajera otra.
—Es que saltas a la mínima— dijo riéndose su compatriota—. Tienes un mal humor constante y es divertido hacerte rabiar. ¿Ves? Te enfureces rápidamente, me encanta chincharte, sólo tú captas las bromas en mi idioma.
—Pues a mí me molesta, ¿sabes? ¿Crees que estoy de mal humor porque me gusta?— dijo elevando el tono—. ¡Pues no! ¡No me gusta! ¡Pero como no paráis de darme por culo entre unos y otros acabo cabreada al final del día!

Cuando ella terminó de gritar, la sala se quedó en silencio. El resto de comensales miraban con desaprobación a la muchacha.
Tethys tenía la jarra en las manos sin atreverse a acercarse a la mesa, mientras que Kanon observaba con el ceño fruncido la escena. Deathmask levantó las cejas con cara de sorpresa y carraspeó.
—Cálmate Shaina— soltó un poco cabreado, mientras recogía la jarra de manos de la nereida—. No hace falta que grites ni te pongas así.

—¡Pues me pongo así porque tengo que ponerme!—siguió la joven al borde del llanto—. ¡Ya está bien!
Dicho esto, se levantó de la mesa recogiendo su máscara y salió del bar a toda prisa, dando un portazo.

—Que mujer más insoportable— espetó Kanon, agarrando a Tethys por la cintura y besándola en los labios—. No te asustes por ella, es algo habitual en su carácter.
—Algo le pasa— musitó la nereida—. Está muy alterada, ya tuve un par de enganches con ella cuando estuvo en cabo Sunión. No es normal esa agresividad…

La pareja divisó al caballero de Cáncer, quien comenzaba a beber su jarra de cerveza como ajeno a lo que había sucedido.
—¿Qué?— soltó inocentemente—. Oh vamos…no me miréis así— gimoteó de mala gana, al ver la cara de la danesa—. Vale, está bien, iré a hablar con ella…pero le apuntas estas cervezas…

Tethys alzó una ceja incrédula.
—Debes más de cincuenta euros en consumiciones aquí…pero bueno, tú te las arreglas con ella.

Incorporándose de la silla, Deathmask apuró el resto de la jarra y salió del bar en busca de la amazona.

Preguntó a varias personas hasta que dio con ella. La joven estaba sentada en un columpio del parque de Rodorio.

El caballero de Cáncer saludó elevando la barbilla y acercándose a zancadas, jugueteando. Se situó tras su compañera y comenzó a balancearla.
—¿Qué ocultas tras la máscara?— preguntó el siciliano, empujando a la joven—. Sabes que soy experto en retirarlas…
Shaina no dijo nada. Su cuerpo se elevaba hacia el cielo y después hacia atrás, hasta que sentía al hombre empujándola de nuevo. Le gustaba sentir sus cabellos meciéndose al mismo ritmo.
—¿No te apetece hablar ahora?— insistió Deathmask, empujando más fuerte.
Un poco más y casi la amazona da la vuelta entera en el columpio.
—¡No tan fuerte, animal!— pidió ella con cierto tono de temor.

Deathmask comenzó a reírse y paró el columpio. Alargó la mano y retiró la máscara plateada del rostro de su compañera. Tenía las pestañas apelmazadas y los ojos rojos de llorar. Una suave caricia para retirar el rastro húmedo de sus lágrimas y Deathmask se sentó en el columpio colindante.

—Ay la mia bambina!— dijo limpiando la máscara por dentro—. Tienes el carácter explosivo único de las mujeres mediterráneas. Sólo aquellas nacidas en Italia, Grecia y España lo tienen. Muy fuertes en apariencia— prosiguió mirando la máscara por delante—, pero frágiles por dentro.
—El mar Mediterráneo baña las costas de más países.
—Cierto— apuntilló el siciliano—, pero existen más diferencias. Sin embargo, las mujeres italianas, griegas y españolas tenéis una forma de ser muy parecida. Desde que sois niñas hasta que os convertís en dulces nonnas. Y te lo digo yo, que las conozco muy bien— dijo guiñando un ojo a su compatriota—. Pero puedes preguntar al otro hombre mediterráneo, Shura. Te dirá lo mismo.

Shaina comenzó a reírse inesperadamente. Le hacía gracia escuchar aquello. La verdad es que, dentro del Santuario, casi todos los que habían nacido en Grecia, Italia y España tenían caracteres parecidos. Eran como una piña, sin despreciar al resto, pero entre ellos estaban más unidos que quizás otros nacidos en lugares lejos del mar Mediterráneo.

—Supongo que marca— musitó ella, recordando a los caballeros nacidos en esos tres países concretos—, tener raíces comunes tan fuertes, ¿no? Somos como primos hermanos.

—Sí— respondió Deathmask—. Los griegos dejaron huella profunda en el sur de Europa, después los romanos aprendieron de ellos y se extendieron por el resto del continente, prácticamente…todos tenemos sangre griega en el fondo, ¿cierto?
—Es probable…— contestó la amazona de Ofiuco.
—Amamos mediterráneamente, con todo lo que ello supone, tanto bueno, como malo— siguió el siciliano, devolviéndole la máscara a su legítima dueña—. No te ofusques tanto Shaina. Sé que quieres amar y deseas ser correspondida, de ahí tu revuelo de los últimos meses, pero tienes que serenarte mujer. Las cosas llegan cuando tienen que venir, no cuando tú quieras.

La joven comenzó a balancearse suavemente con los pies.
—¿Crees que debo cambiar?— preguntó, recordando la conversación con Afrodita.
Deathmask se mordió los labios un momento.
—¿Tú crees que he cambiado?— le preguntó el hombre de vuelta—. Desde que me conoces, dime si he cambiado.
—Está claro que lo has hecho— respondió ella—. Antes eras un hombre cruel que no dudaba en asesinar mujeres y niños y colgar sus rostros en el interior de su templo.

El caballero de Cáncer miró al cielo y dejó escapar un suspiro.
—Nada de lo que hice puede ser modificado, pero sí pude cambiar para poder ver que fui un hombre cruel e insensible y ser quien soy ahora.
—Pero tú ya no matas gente inocente— señaló la amazona.
—Claro que no— contestó el siciliano—. Y tú tampoco. Todos hemos cambiado, pero mantenemos nuestra esencia. Cambiar no implica dejar de ser uno mismo, sino ser una versión mejorada de nosotros mismos.
—¿Como cuando actualizas un programa?— preguntó ella jugando con su máscara.
—Eso es— replicó Deathmask—. Eliminamos aquellas partes defectuosas y las sustituimos por otras mejores. Es un proceso duro, porque implica que tienes que ser muy objetivo contigo mismo para saber que debes hacerlo por el bien de los que te rodean. Pero necesario al fin y al cabo. No puedes esperar que todos te acepten como eres si eres mala persona, ¿verdad?

Shaina inspiró profundamente y musitó un "desde luego que no".
—Por el bien de los que te rodean— repitió la amazona, entendiendo lo que su compatriota le quería decir.
—Ah oye— dijo Deathmask, incorporándose del asiento y colocándose de nuevo detrás de Shaina, empujándola para columpiarla de nuevo—, que sepas que he apuntado a tu cuenta las cervezas que me he tomado en el Atlantis.
—¡Serás roñoso!— gritó la joven—. ¡Me tenías que haber invitado tú a algo!
—¡Mis consejos no son gratuitos!— exclamó él riéndose, mientras seguía empujando a la muchacha, quien masculló una serie de insultos en italiano hacia su compatriota—. Un favor por otro, recuerda que tengo que llevar la bolsa con la ropa de Saga…por cierto, ¿dónde está?
—Para que luego digas que has cambiado— rezongó Shaina—. Cabeza hueca, la dejarías en el bar. Ya puedes ir a por ella que yo no quiero tener que lidiar con Saga.

El suave viento refrescaba su rostro a medida que subía y bajaba en el columpio, y le gustaba ver el tono entre anaranjado y rosado del reflejo de los rayos del sol en las nubes.

Tirada en el suelo, la máscara de plata de Ofiuco estaba dada la vuelta.


NOTAS:

Suena fatal el título de este capítulo, pero no tengo la culpa de ello. Este capítulo viene a ser una combinación con el anterior, y dando una visión que anteriormente no me había permitido con ciertos caballeros.

Gracias a los que marcáis como favorita o seguís la historia, espero que haya sido de vuestro agrado.

Yunmari: Sí, la verdad es que le queda bien ese aspecto a Afrodita. Dicen que el personaje estaba basado en Lady Oscar. Me alegro de que te gustara el capítulo. Al final he hecho un tándem entre Piscis y Cáncer.

SSLove: Es que en SoG lleva unas ropas…pobre hombre…todos han contribuido en algo, unos enfocados más en aspectos de cambios físicos y otros en psíquicos. Ambos necesarios para la joven. Shaina se sonroja enseguida, cualquier mención subida de tono la hace sonrojar, pero sin significar algo especial. ¡Gracias por tu mensaje y leer el capítulo!

Leonor: no hay palabra mal dicha sino mal interpretada. Y Marin tiende a malinterpretar todo, porque ve romances en todos lados XD Mi color favorito también es el azul, sobre todo en tonos turquesas. El que menos me gusta es el marrón, de ahí que no me guste la indumentaria de Shaina en el anime. Me gusta más en el manga, que lleva un body negro. Todos dan cnsejos sensatos a Shaina, lo único que cada cual lo enfoca de una manera o de otra, centrándose en sugerencias para la personalidad o para su físico. ¡Gracias por el mensaje dejado!

¡Nos vemos en el próximo capítulo! ¡Gracias por leer y que paséis un buen fin de semana!